• Miró con un aire de nostalgia aquel edificio en ruinas, su querida librería, en la que el el segundo piso se hallaba su cafetería. Ahora estaban destruídas, el ataque de aquellas criaturas se estaba haciendo cada vez más violento, la aparición de aquellas bestias era preocupante, los autómatas se hallaban cada vez más frecuentes arrasando todo.

    Las fuerzas de la humanidad se volvían inútiles ante el poderío de tecnología antigua e insensible al dolor, indiferente a la piedad y el sufrimiento que causaba a sus víctimas, parecía que todo había sido preparado con minuciosidad.

    El viento soplaba, su larga y oscura cabellera se mecía con el viento que se llevaba junto con partículas de polvo, algunas de las memorias y sentimientos de alegría que había vivido en ese sitio. Los seres amados que ya no están, sus memorias, todas reemplazadas por los momentos de guerra, combate y resentimiento. Había que poner un alto.

    Caminó por un momento entre los escombros, solo ladrillos y pedazos de papel volando, el crujir de la roca en su camino resonaba con dolor. Su mirada se hallaba perdida en todo lo que había perdido.

    — No queda nada... Parece que esta vez ese doctor lo logró... —
    Miró con un aire de nostalgia aquel edificio en ruinas, su querida librería, en la que el el segundo piso se hallaba su cafetería. Ahora estaban destruídas, el ataque de aquellas criaturas se estaba haciendo cada vez más violento, la aparición de aquellas bestias era preocupante, los autómatas se hallaban cada vez más frecuentes arrasando todo. Las fuerzas de la humanidad se volvían inútiles ante el poderío de tecnología antigua e insensible al dolor, indiferente a la piedad y el sufrimiento que causaba a sus víctimas, parecía que todo había sido preparado con minuciosidad. El viento soplaba, su larga y oscura cabellera se mecía con el viento que se llevaba junto con partículas de polvo, algunas de las memorias y sentimientos de alegría que había vivido en ese sitio. Los seres amados que ya no están, sus memorias, todas reemplazadas por los momentos de guerra, combate y resentimiento. Había que poner un alto. Caminó por un momento entre los escombros, solo ladrillos y pedazos de papel volando, el crujir de la roca en su camino resonaba con dolor. Su mirada se hallaba perdida en todo lo que había perdido. — No queda nada... Parece que esta vez ese doctor lo logró... —
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  • 《El día que por fin deje de existir, seré el último viento que acaricie los rostros de quienes alguna vez me quisieron, y les susurraré que viviré eternamente en sus recuerdos. Pues habré cumplido mi propósito, abrazar los días más felices, incluso cuando todo a mi alrededor se haya hecho pedazos.

    Y en ese susurro leve, casi imperceptible, se quedará también lo que no dije, lo que no pude salvar… porque aun cuando el mundo se rompía bajo mis pies, elegí sonreírle a la vida como quien sabe que el adiós siempre llega demasiado pronto. Incluso para un ser como yo... 》

    Releyó la última línea como si intentara recordar quién era realmente. Los últimos días se habían sentido demasiado extraños, incluso para ella. El parque seguía lleno de murmullos lejanos y pasos distraídos, pero en su banca el mundo parecía suspendido.

    Un suspiro cansado escapó de sus labios. Cerró la libreta con cuidado y apoyó las manos sobre ella, como si necesitara sentir su peso para mantenerse en el presente.

    Alzó la vista hacia el atardecer. No miraba solo los colores, los absorbía, como si temiera que fueran los últimos que sus ojos inmortales alcanzaran a guardar. Su expresión era difícil de descifrar. No era simple nostalgia. Había algo más profundo, una inquietud que ni siquiera ella sabía nombrar. Y que nadie podía ver.

    Justo cuando ese pensamiento cruzó su mente, una hoja cayó del árbol que le daba sombra. Era demasiado verde, demasiado viva para el final del día. La sostuvo entre los dedos unos segundos, observando el contraste entre aquella vida intacta y la sombra que siempre la acompañaba.

    ♧ Qué complicado se pone todo a veces… —susurró. Y aunque su voz fue apenas un hilo, en sus ojos se encendió un destello, como si detrás del cansancio aún latiera algo que se negaba a rendirse, pero que en fondo, sabía que ya estaba empezando a soltarse.
    《El día que por fin deje de existir, seré el último viento que acaricie los rostros de quienes alguna vez me quisieron, y les susurraré que viviré eternamente en sus recuerdos. Pues habré cumplido mi propósito, abrazar los días más felices, incluso cuando todo a mi alrededor se haya hecho pedazos. Y en ese susurro leve, casi imperceptible, se quedará también lo que no dije, lo que no pude salvar… porque aun cuando el mundo se rompía bajo mis pies, elegí sonreírle a la vida como quien sabe que el adiós siempre llega demasiado pronto. Incluso para un ser como yo... 》 Releyó la última línea como si intentara recordar quién era realmente. Los últimos días se habían sentido demasiado extraños, incluso para ella. El parque seguía lleno de murmullos lejanos y pasos distraídos, pero en su banca el mundo parecía suspendido. Un suspiro cansado escapó de sus labios. Cerró la libreta con cuidado y apoyó las manos sobre ella, como si necesitara sentir su peso para mantenerse en el presente. Alzó la vista hacia el atardecer. No miraba solo los colores, los absorbía, como si temiera que fueran los últimos que sus ojos inmortales alcanzaran a guardar. Su expresión era difícil de descifrar. No era simple nostalgia. Había algo más profundo, una inquietud que ni siquiera ella sabía nombrar. Y que nadie podía ver. Justo cuando ese pensamiento cruzó su mente, una hoja cayó del árbol que le daba sombra. Era demasiado verde, demasiado viva para el final del día. La sostuvo entre los dedos unos segundos, observando el contraste entre aquella vida intacta y la sombra que siempre la acompañaba. ♧ Qué complicado se pone todo a veces… —susurró. Y aunque su voz fue apenas un hilo, en sus ojos se encendió un destello, como si detrás del cansancio aún latiera algo que se negaba a rendirse, pero que en fondo, sabía que ya estaba empezando a soltarse.
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  • Parte 1...

    Los meses siguieron pasando, uno tras otro; las palabras que usaba Abel para sobrevivir eran "Un día a la vez", todo el tiempo esa frase taladraba su cabeza, errante como un cachorro sin dueño, viajó a lugares distintos, desde América Latina y Europa. Destacando y permaneciendo en un lugar en Panamá, el lenguaje fue lo de menos; inmediatamente aprendió el español.

    Trabajando de lo que fuera, logró comprar una pequeña cabaña; la arregló de una forma familiar; la madera, jardines se veían sumamente restablecidos, cada tarde llegaba a fumarse un cigarrillo a la orilla del ojo de agua, el cual era libre tanto para la fauna como para los aldeanos. No dejaba de ver las flores, cuando calaba aquel humo.

    — Sabía que estaría aquí.
    -Una voz femenina a sus espaldas; era María, una joven aldeana, con ese canasto de bocadillos sobre su diestra. 
    —¡Qué tal, María!- Sorprendido dejó el cigarrillo en el suelo, apagándolo con el zapato. —No deberías andar sola tan tarde.
    -Desde que lo conoció, sus intenciones con el mayor eran claras, aunque siempre fue rechazada por Abel, dejándole las cosas claras, el amor de su vida ya no existía en este plano terrenal, pero en su corazón y mente Yelena siempre estaría ahí.
    —Sé cuidarme sola, tú mismo lo has visto con los hombres del pueblo; los pongo en su lugar si se quieren pasar de listos, al único que dejaría que me faltara al respe...
     — ...Ya hemos hablado de eso, María. - Abel la interrumpió en seco; ella solo cambió su rostro a nostalgia; sus intentos por ser su mujer fueron en vano.  — Sé que encontrarás a alguien que valore tu esencia y lo buena mujer que eres; ahora bien, supongo que me traes los víveres, ¿verdad?, dale las gracias a don Fermín; por la mañana pasaré a liquidar la cuenta.

    -Solo asintió con la cabeza, entregó la canasta con los víveres en mano, dando media vuelta y siguió su camino al pueblo. -  

    —Vaya que es persistente, bien, acomodar esto en la alacena. 
    Parte 1... Los meses siguieron pasando, uno tras otro; las palabras que usaba Abel para sobrevivir eran "Un día a la vez", todo el tiempo esa frase taladraba su cabeza, errante como un cachorro sin dueño, viajó a lugares distintos, desde América Latina y Europa. Destacando y permaneciendo en un lugar en Panamá, el lenguaje fue lo de menos; inmediatamente aprendió el español. Trabajando de lo que fuera, logró comprar una pequeña cabaña; la arregló de una forma familiar; la madera, jardines se veían sumamente restablecidos, cada tarde llegaba a fumarse un cigarrillo a la orilla del ojo de agua, el cual era libre tanto para la fauna como para los aldeanos. No dejaba de ver las flores, cuando calaba aquel humo. — Sabía que estaría aquí. -Una voz femenina a sus espaldas; era María, una joven aldeana, con ese canasto de bocadillos sobre su diestra.  —¡Qué tal, María!- Sorprendido dejó el cigarrillo en el suelo, apagándolo con el zapato. —No deberías andar sola tan tarde. -Desde que lo conoció, sus intenciones con el mayor eran claras, aunque siempre fue rechazada por Abel, dejándole las cosas claras, el amor de su vida ya no existía en este plano terrenal, pero en su corazón y mente Yelena siempre estaría ahí. —Sé cuidarme sola, tú mismo lo has visto con los hombres del pueblo; los pongo en su lugar si se quieren pasar de listos, al único que dejaría que me faltara al respe...  — ...Ya hemos hablado de eso, María. - Abel la interrumpió en seco; ella solo cambió su rostro a nostalgia; sus intentos por ser su mujer fueron en vano.  — Sé que encontrarás a alguien que valore tu esencia y lo buena mujer que eres; ahora bien, supongo que me traes los víveres, ¿verdad?, dale las gracias a don Fermín; por la mañana pasaré a liquidar la cuenta. -Solo asintió con la cabeza, entregó la canasta con los víveres en mano, dando media vuelta y siguió su camino al pueblo. -   —Vaya que es persistente, bien, acomodar esto en la alacena. 
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  • -No sé porque me sigo encontrando este tipo de fotos, eran esos pequeños momentos, esas fotos imprevistas... No fui consciente de cuando se tomaban, pero si se quien las capturaba y con eso me hace darme cuenta de que se fijaba en cada detalle, en cada gesto... ¿Fue todo real o tan solo es la nostalgia la que me lleva a endulzar el pasado?-
    -No sé porque me sigo encontrando este tipo de fotos, eran esos pequeños momentos, esas fotos imprevistas... No fui consciente de cuando se tomaban, pero si se quien las capturaba y con eso me hace darme cuenta de que se fijaba en cada detalle, en cada gesto... ¿Fue todo real o tan solo es la nostalgia la que me lleva a endulzar el pasado?-
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  • Avanzo con la frente en alto, aunque en mi pecho habiten recuerdos que aún susurran.
    Soy joven y valerosa, pero llevo nostalgias como antiguas cartas selladas en el corazón.
    He caído, y en cada herida templé mi espíritu con lealtad a quien fui y a quien sueño ser.
    No reniego del ayer: lo honro como a un viejo estandarte que aún guía mis pasos.
    Sigo adelante, caballerosa y firme, porque mi destino me aguarda más allá de la melancolía.
    Avanzo con la frente en alto, aunque en mi pecho habiten recuerdos que aún susurran. Soy joven y valerosa, pero llevo nostalgias como antiguas cartas selladas en el corazón. He caído, y en cada herida templé mi espíritu con lealtad a quien fui y a quien sueño ser. No reniego del ayer: lo honro como a un viejo estandarte que aún guía mis pasos. Sigo adelante, caballerosa y firme, porque mi destino me aguarda más allá de la melancolía.
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  • ──"La nostalgia debe ser una de las peores maldiciones que existen en este y en todos los mundos posibles que hay, recordar, aferrarse a lo bueno que pudo tener un pasado.

    ¿Lo malo siquiera contaría en eso?

    No ser capaz de soltar y dejar ir.

    Soy inmune a la nostalgia, si alguna vez lo hubo en mí, ya no existe."
    ──"La nostalgia debe ser una de las peores maldiciones que existen en este y en todos los mundos posibles que hay, recordar, aferrarse a lo bueno que pudo tener un pasado. ¿Lo malo siquiera contaría en eso? No ser capaz de soltar y dejar ir. Soy inmune a la nostalgia, si alguna vez lo hubo en mí, ya no existe."
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  • -La chica se encontraba frente a una tienda que vendía televisores, los cuales transmitían la serie del viaje al oeste de 1986. Sonreía con algo de nostalgia lejana, como si de alguna forma, a pesar de no haber visto esas escenas con sus ojos, pudiese imaginar cuan épico fue realmente aquel acontecimiento-

    A pesar de ser actores y con efectos anticuados para la actualidad...Realmente representan bien a padre...o al menos...como me suelen decir que era. Y esa vez que derrotó solo a todos aquellos dioses y al mismo cielo...¡Eso debió verse asombroso!

    -La chica reía levemente mientras imaginaba aquella batalla que tuvo un claro vencedor. Sin embargo, por unos segundos su rostro perdió aquel brillo. Seguramente recordando lo que le ocurrió después. Aquello, era una memoria agridulce-

    https://youtu.be/yX7cb-rDlBM?feature=shared
    -La chica se encontraba frente a una tienda que vendía televisores, los cuales transmitían la serie del viaje al oeste de 1986. Sonreía con algo de nostalgia lejana, como si de alguna forma, a pesar de no haber visto esas escenas con sus ojos, pudiese imaginar cuan épico fue realmente aquel acontecimiento- A pesar de ser actores y con efectos anticuados para la actualidad...Realmente representan bien a padre...o al menos...como me suelen decir que era. Y esa vez que derrotó solo a todos aquellos dioses y al mismo cielo...¡Eso debió verse asombroso! -La chica reía levemente mientras imaginaba aquella batalla que tuvo un claro vencedor. Sin embargo, por unos segundos su rostro perdió aquel brillo. Seguramente recordando lo que le ocurrió después. Aquello, era una memoria agridulce- https://youtu.be/yX7cb-rDlBM?feature=shared
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  • El rugido del motor se apagó lentamente, devorado por el silencio del atardecer. Sniffles bajó una pierna, deteniendo su motocicleta al borde de un acantilado. La brisa suave le agitaba el pelaje y las luces doradas del horizonte pintaban su rostro con tonos cálidos, haciendo brillar con fuerza sus ojos azabache.

    Se quitó los guantes sin dedos y apoyó ambos brazos sobre el manillar. Frente a él, el sol se rendía al final del día, derramando su luz como si el cielo se estuviera incendiando con suavidad. El mundo parecía más quieto, más limpio desde ese lugar elevado.

    Sniffles soltó una breve risa nasal, como si aquel espectáculo fuera irónico, casi cruel.

    Había algo en el resplandor que lo hacía recordar que la vida aún podía ser más que niebla o cicatrices. Algo que hacía doler el pecho, pero de una forma suave… parecida a la nostalgia.

    Con el casco apoyado en la motocicleta, simplemente observó.

    Y por un instante, solo uno, creyó que aún no era tarde para decidir hacia dónde seguir conduciendo.
    El rugido del motor se apagó lentamente, devorado por el silencio del atardecer. Sniffles bajó una pierna, deteniendo su motocicleta al borde de un acantilado. La brisa suave le agitaba el pelaje y las luces doradas del horizonte pintaban su rostro con tonos cálidos, haciendo brillar con fuerza sus ojos azabache. Se quitó los guantes sin dedos y apoyó ambos brazos sobre el manillar. Frente a él, el sol se rendía al final del día, derramando su luz como si el cielo se estuviera incendiando con suavidad. El mundo parecía más quieto, más limpio desde ese lugar elevado. Sniffles soltó una breve risa nasal, como si aquel espectáculo fuera irónico, casi cruel. Había algo en el resplandor que lo hacía recordar que la vida aún podía ser más que niebla o cicatrices. Algo que hacía doler el pecho, pero de una forma suave… parecida a la nostalgia. Con el casco apoyado en la motocicleta, simplemente observó. Y por un instante, solo uno, creyó que aún no era tarde para decidir hacia dónde seguir conduciendo.
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  • Adrián entró al restaurante con la misma cautela de siempre, como si el lugar pudiera romperse si hacía demasiado ruido. Era uno de los favoritos de su madre; no venía seguido, pero algunas mañanas sentía la necesidad de hacerlo, aunque no supiera muy bien por qué.

    Pidió un vaso de agua y algo sencillo para desayunar. Cuando el mesero lo condujo a la mesa, Adrián se detuvo un segundo.

    Era esa mesa.

    La que su madre siempre pedía. La que reservaba cuando quería sentarse cerca de la ventana, donde la luz caía mejor sobre el cristal y decía que así el día comenzaba distinto. Adrián dudó apenas un instante antes de sentarse. No pidió cambiarla.

    Dejó la cámara a un lado y apoyó los antebrazos sobre la mesa. El restaurante estaba tranquilo, envuelto en un murmullo bajo, casi respetuoso. Por un momento, pudo imaginarla ahí, acomodando las manos sobre la mesa, mirándolo con calma.

    El vaso de agua llegó. Adrián dio un sorbo lento.

    —Siempre te gustó este lugar… —murmuró para sí, casi en un susurro.

    No sonrió, pero tampoco se levantó. Se quedó ahí, desayunando en silencio, permitiéndose ese pequeño acto de nostalgia. No era tristeza pura; era costumbre, recuerdo, una forma silenciosa de mantenerse cerca.

    Cuando terminó, dejó unas monedas sobre la mesa, tomó la cámara y se levantó. Antes de irse, lanzó una última mirada a la silla frente a él… y luego salió, dejando atrás el reflejo del agua y un recuerdo que, por un momento, había vuelto a sentirse presente.
    Adrián entró al restaurante con la misma cautela de siempre, como si el lugar pudiera romperse si hacía demasiado ruido. Era uno de los favoritos de su madre; no venía seguido, pero algunas mañanas sentía la necesidad de hacerlo, aunque no supiera muy bien por qué. Pidió un vaso de agua y algo sencillo para desayunar. Cuando el mesero lo condujo a la mesa, Adrián se detuvo un segundo. Era esa mesa. La que su madre siempre pedía. La que reservaba cuando quería sentarse cerca de la ventana, donde la luz caía mejor sobre el cristal y decía que así el día comenzaba distinto. Adrián dudó apenas un instante antes de sentarse. No pidió cambiarla. Dejó la cámara a un lado y apoyó los antebrazos sobre la mesa. El restaurante estaba tranquilo, envuelto en un murmullo bajo, casi respetuoso. Por un momento, pudo imaginarla ahí, acomodando las manos sobre la mesa, mirándolo con calma. El vaso de agua llegó. Adrián dio un sorbo lento. —Siempre te gustó este lugar… —murmuró para sí, casi en un susurro. No sonrió, pero tampoco se levantó. Se quedó ahí, desayunando en silencio, permitiéndose ese pequeño acto de nostalgia. No era tristeza pura; era costumbre, recuerdo, una forma silenciosa de mantenerse cerca. Cuando terminó, dejó unas monedas sobre la mesa, tomó la cámara y se levantó. Antes de irse, lanzó una última mirada a la silla frente a él… y luego salió, dejando atrás el reflejo del agua y un recuerdo que, por un momento, había vuelto a sentirse presente.
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  • ⠀⠀
    ⠀⠀
    ⠀⠀A veces era relajante visitar esos talleres de arte, podía despejar su mente a través de la pintura.

    ⠀⠀Hacía tiempo que no veía a su familia, ahora que lo pensaba. ⸻Ya pasaron dos años...⸻ Había vivido bastantes aventuras en ese lapso.

    ⠀⠀Tocó el cuadro, con nostalgia. Se sentía oxidado luego de no tomar un pincel en unos cuantos meses, se pregunta a veces qué lo llama tanto de los mitos y leyendas que suele olvidar su pasión por el dibujo.
    ⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀A veces era relajante visitar esos talleres de arte, podía despejar su mente a través de la pintura. ⠀⠀Hacía tiempo que no veía a su familia, ahora que lo pensaba. ⸻Ya pasaron dos años...⸻ Había vivido bastantes aventuras en ese lapso. ⠀⠀Tocó el cuadro, con nostalgia. Se sentía oxidado luego de no tomar un pincel en unos cuantos meses, se pregunta a veces qué lo llama tanto de los mitos y leyendas que suele olvidar su pasión por el dibujo.
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