• Salir al patio me relaja bastante, sentir el aire y el sol en mi piel me encanta, aún que siento algo extraño, mis padres quieren ver a mis cuñados y novio, ahora, en lo único que pienso es contratar un equipo de seguridad y una empresa de decoración para que quiten todo peligro durante ese día, la carta de la torre me atormentaba desde que llegué a esa familia, no voy con la guardia baja nunca...ni siquiera cuando estoy con Lorenzo...todo puede pasar...
    Salir al patio me relaja bastante, sentir el aire y el sol en mi piel me encanta, aún que siento algo extraño, mis padres quieren ver a mis cuñados y novio, ahora, en lo único que pienso es contratar un equipo de seguridad y una empresa de decoración para que quiten todo peligro durante ese día, la carta de la torre me atormentaba desde que llegué a esa familia, no voy con la guardia baja nunca...ni siquiera cuando estoy con Lorenzo...todo puede pasar...
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  • -La biblioteca prohibida se encontraba bajo el Reino del Eclipse, oculta en las profundidades de la montaña negra sobre la que se alzaba el castillo. No había guardianes. No hacian falta. Pocos seres poseian el valor suficiente para descender hasta aquel lugar donde se almacenaban conocimientos olvidados por los dioses.-

    -Vaelith caminaba entre los interminables pasillos de piedra oscura con una lampara antigua en una mano. No buscaba armas, tesoros ni secretos para aumentar su poder. Buscaba historias. Miles de libros cubrian las estanterias, algunos escritos por imperios desaparecidos, otros por pueblos cuyos nombres ya no existian en ningun mapa. Alli, entre el polvo y el silencio, el Rey del Eclipse Carmesi parecia mas un estudioso solitario que un monarca inmortal.-

    -Finalmente encontro un volumen pequeño, gastado por el tiempo. Al abrirlo, una sonrisa casi imperceptible apareció en su rostro. No contenía magia ni profecías. Era el diario de un campesino que había vivido hacía más de mil años. Sus páginas hablaban de cosechas, lluvias, amores sencillos y preocupaciones mundanas. Vaelith tomó asiento sobre una vieja escalera de madera y comenzó a leer.-

    -Las horas transcurrieron sin que él lo notara. Mientras el reino dormía y las estrellas giraban sobre las torres del Eclipse, el soberano permaneció allí, pasando páginas con cuidado. Había contemplado guerras capaces de destruir continentes y observado el nacimiento de civilizaciones enteras. Sin embargo, eran aquellas pequeñas vidas olvidadas las que más captaban su atencion. Porque para alguien que había vivido demasiado tiempo, los verdaderos tesoros no eran las coronas ni los imperios. Eran los recuerdos de quienes el mundo había olvidado.-
    -La biblioteca prohibida se encontraba bajo el Reino del Eclipse, oculta en las profundidades de la montaña negra sobre la que se alzaba el castillo. No había guardianes. No hacian falta. Pocos seres poseian el valor suficiente para descender hasta aquel lugar donde se almacenaban conocimientos olvidados por los dioses.- -Vaelith caminaba entre los interminables pasillos de piedra oscura con una lampara antigua en una mano. No buscaba armas, tesoros ni secretos para aumentar su poder. Buscaba historias. Miles de libros cubrian las estanterias, algunos escritos por imperios desaparecidos, otros por pueblos cuyos nombres ya no existian en ningun mapa. Alli, entre el polvo y el silencio, el Rey del Eclipse Carmesi parecia mas un estudioso solitario que un monarca inmortal.- -Finalmente encontro un volumen pequeño, gastado por el tiempo. Al abrirlo, una sonrisa casi imperceptible apareció en su rostro. No contenía magia ni profecías. Era el diario de un campesino que había vivido hacía más de mil años. Sus páginas hablaban de cosechas, lluvias, amores sencillos y preocupaciones mundanas. Vaelith tomó asiento sobre una vieja escalera de madera y comenzó a leer.- -Las horas transcurrieron sin que él lo notara. Mientras el reino dormía y las estrellas giraban sobre las torres del Eclipse, el soberano permaneció allí, pasando páginas con cuidado. Había contemplado guerras capaces de destruir continentes y observado el nacimiento de civilizaciones enteras. Sin embargo, eran aquellas pequeñas vidas olvidadas las que más captaban su atencion. Porque para alguien que había vivido demasiado tiempo, los verdaderos tesoros no eran las coronas ni los imperios. Eran los recuerdos de quienes el mundo había olvidado.-
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  • Los Caballeros Bastardos-Arco III:
    Fandom Culto de Saturno
    Categoría Acción
    Era una mañana fría. El cielo se teñía de tonos rosados mientras la ciudad despertaba lentamente. Los primeros automóviles comenzaban a llenar las calles y las cafeterías abrían sus puertas a los trabajadores que iniciaban una nueva jornada.

    Entre aquella multitud se encontraban nuestros protagonistas: Zelkova, el cura exiliado. Nami, la ladrona. Marco, el vengador.

    Los dos hermanos ocultaban sus identidades bajo pelucas, maquillaje y ropa distinta a la habitual. A simple vista eran sólo ciudadanos más entre la multitud. Fugitivos ante la ley, no podían permitirse cometer errores.

    Zelkova, en cambio, caminaba con relativa tranquilidad. Según los registros alterados por el Culto de Saturno, estaba muerto. Aquella circunstancia lo convertía en el único miembro del grupo capaz de moverse libremente dentro del ojo del huracán.

    Finalmente llegaron frente al Hospital Privado Germánico Nueva Esperanza. El edificio se elevaba majestuoso sobre los demás, una torre de cristal y acero que reflejaba los colores del amanecer. Su reputación era impecable. Médicos prestigiosos, tecnología de vanguardia y pacientes capaces de pagar tratamientos imposibles de encontrar en otros lugares.

    En la cima del octavo piso, observando la ciudad desde una amplia oficina, se encontraba el director: Cassius Vagner.

    Un apellido respetado en el ámbito médico. Una figura influyente cuya red de hospitales se extendía por varias regiones del país.

    Abajo, las puertas automáticas se abrieron silenciosamente al detectar la presencia de los recién llegados. Por ahora, sus disfraces seguían funcionando.

    Porque mientras los tres cruzaban aquellas puertas, lejos de su vista comenzaban a moverse piezas mucho más peligrosas que cualquier policía o cultista al que hubieran enfrentado antes. Los enemigos estaban cerca. Y cuando finalmente mostraran sus rostros, la guerra contra el Culto de Saturno entraría en una nueva fase.

    Una fase marcada por sangre, secretos y hombres que habían renunciado a toda nobleza para convertirse en algo peor.

    Los Caballeros Bastardos habían comenzado a cabalgar.
    Era una mañana fría. El cielo se teñía de tonos rosados mientras la ciudad despertaba lentamente. Los primeros automóviles comenzaban a llenar las calles y las cafeterías abrían sus puertas a los trabajadores que iniciaban una nueva jornada. Entre aquella multitud se encontraban nuestros protagonistas: Zelkova, el cura exiliado. Nami, la ladrona. Marco, el vengador. Los dos hermanos ocultaban sus identidades bajo pelucas, maquillaje y ropa distinta a la habitual. A simple vista eran sólo ciudadanos más entre la multitud. Fugitivos ante la ley, no podían permitirse cometer errores. Zelkova, en cambio, caminaba con relativa tranquilidad. Según los registros alterados por el Culto de Saturno, estaba muerto. Aquella circunstancia lo convertía en el único miembro del grupo capaz de moverse libremente dentro del ojo del huracán. Finalmente llegaron frente al Hospital Privado Germánico Nueva Esperanza. El edificio se elevaba majestuoso sobre los demás, una torre de cristal y acero que reflejaba los colores del amanecer. Su reputación era impecable. Médicos prestigiosos, tecnología de vanguardia y pacientes capaces de pagar tratamientos imposibles de encontrar en otros lugares. En la cima del octavo piso, observando la ciudad desde una amplia oficina, se encontraba el director: Cassius Vagner. Un apellido respetado en el ámbito médico. Una figura influyente cuya red de hospitales se extendía por varias regiones del país. Abajo, las puertas automáticas se abrieron silenciosamente al detectar la presencia de los recién llegados. Por ahora, sus disfraces seguían funcionando. Porque mientras los tres cruzaban aquellas puertas, lejos de su vista comenzaban a moverse piezas mucho más peligrosas que cualquier policía o cultista al que hubieran enfrentado antes. Los enemigos estaban cerca. Y cuando finalmente mostraran sus rostros, la guerra contra el Culto de Saturno entraría en una nueva fase. Una fase marcada por sangre, secretos y hombres que habían renunciado a toda nobleza para convertirse en algo peor. Los Caballeros Bastardos habían comenzado a cabalgar.
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    Cualquier línea
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  • # Expediente de Miembro Honorario

    ## Nombre

    Boris Madai

    ## Estado Actual

    Prisionero en la Cárcel del Fin del Mundo

    ## Edad

    33 años

    ## Altura

    175 cm

    ## Complexión

    Delgada.

    ## Habilidad Anómala

    ### Ruleta del Destino

    Un poder extraordinariamente impredecible capaz de alterar las probabilidades y someter a terceros a desafíos gobernados por el azar. Los detalles exactos de su funcionamiento continúan siendo materia de estudio, aunque existen numerosos registros que confirman su efectividad en operaciones de interrogatorio y obtención de información.

    ---

    # Antecedentes

    Boris Madai es considerado una figura histórica dentro del Culto de Saturno. Su nombre es conocido entre múltiples facciones y goza del respeto de numerosos altos cargos de la organización.

    Sus inicios fueron humildes. Durante años trabajó como chófer y pasaba el tiempo jugando a las cartas con guardias y mercenarios destinados a distintas instalaciones del culto. En aquella época nadie imaginaba que terminaría convirtiéndose en una de las figuras más reconocidas de la organización.

    Su ascenso comenzó durante una operación particularmente delicada.

    Un importante empresario, perteneciente a una élite política de gran influencia, poseía información financiera que el culto necesitaba obtener. La tortura estaba descartada debido a las repercusiones políticas que podría generar.

    La situación parecía estancada.

    Fue entonces cuando Boris manifestó por primera vez su habilidad.

    Ante numerosos testigos activó la Ruleta del Destino y sometió al objetivo a una experiencia que los informes describen como "psicológicamente devastadora". El empresario sobrevivió, pero desarrolló un severo cuadro de estrés postraumático.

    La información fue obtenida en su totalidad.

    Aquel día Boris fue aceptado formalmente en el culto.

    ---

    # Intentos de Ascenso

    A pesar de sus éxitos operativos, muchos miembros nunca llegaron a tomarlo completamente en serio. Algunos consideraban que sus victorias dependían demasiado de la suerte y no de su propia capacidad.

    Cansado de las burlas y la condescendencia, Boris desafió al Recaudador de Impuestos, uno de los miembros más temidos de la organización.

    El resultado fue humillante. Tres rondas consecutivas. Tres derrotas.

    El Recaudador abandonó el enfrentamiento prácticamente ileso y sin mostrar el menor signo de preocupación.

    Meses después, durante una cena privada con el Fundador del Culto, Boris volvió a intentarlo.

    El resultado fue similar. Derrotado nuevamente. Esta vez decidió rendirse tras la segunda ronda, temiendo repetir la experiencia anterior.

    A partir de aquel momento abandonó cualquier ambición de integrarse en los Guardianes del Séptimo Sello y se concentró en labores menores, acumulando desde entonces una impresionante racha de éxitos operativos.

    ---

    # Incidente del Pendrive

    El robo del pendrive marcó el punto de inflexión de su carrera.

    Debido a su proximidad geográfica fue asignado inmediatamente a la operación de recuperación.

    La misión inicial fue un éxito.

    Boris consiguió localizar el objeto robado e identificar a los responsables.

    Sin embargo, los acontecimientos posteriores desafían toda explicación racional.

    Los agentes bajo su mando fueron encontrados muertos.

    Los análisis forenses determinaron una causa de muerte inusual: asfixia provocada por la presencia masiva de cenizas en los pulmones.

    Ninguna teoría oficial ha logrado explicar satisfactoriamente lo ocurrido.

    Las hipótesis actualmente consideradas son las siguientes:

    ●Boris Madai fue derrotado durante una partida relacionada con su propia habilidad.

    ●Existió un tercer participante desconocido involucrado en el enfrentamiento.

    ●Una entidad o fenómeno aún no identificado intervino en el incidente.

    La investigación permanece abierta.

    ---

    # Evaluación Actual

    Aunque su fracaso culminó con su captura y posterior encarcelamiento en la Cárcel del Fin del Mundo, el Consejo reconoce que Boris cumplió adecuadamente con los objetivos asignados hasta el momento de su derrota.

    Su contribución permitió identificar a casi todos los enemigos del culto y recuperar información crítica para futuras operaciones.

    ---

    # Valoración Oficial

    Nivel de Amenaza: Moderado.

    Lealtad: Incuestionable.

    Competencia Operativa: Elevada.

    Potencial de Ascenso: Cancelado.

    Estado Honorífico: Aprobado.

    ---

    "Pocos agentes han servido con tanta constancia durante tantos años. Boris Madai jamás alcanzó las cimas que ambicionaba, pero donde otros habrían abandonado, él continuó trabajando. Un profesional de los que ya no quedan."
    # Expediente de Miembro Honorario ## Nombre Boris Madai ## Estado Actual Prisionero en la Cárcel del Fin del Mundo ## Edad 33 años ## Altura 175 cm ## Complexión Delgada. ## Habilidad Anómala ### Ruleta del Destino Un poder extraordinariamente impredecible capaz de alterar las probabilidades y someter a terceros a desafíos gobernados por el azar. Los detalles exactos de su funcionamiento continúan siendo materia de estudio, aunque existen numerosos registros que confirman su efectividad en operaciones de interrogatorio y obtención de información. --- # Antecedentes Boris Madai es considerado una figura histórica dentro del Culto de Saturno. Su nombre es conocido entre múltiples facciones y goza del respeto de numerosos altos cargos de la organización. Sus inicios fueron humildes. Durante años trabajó como chófer y pasaba el tiempo jugando a las cartas con guardias y mercenarios destinados a distintas instalaciones del culto. En aquella época nadie imaginaba que terminaría convirtiéndose en una de las figuras más reconocidas de la organización. Su ascenso comenzó durante una operación particularmente delicada. Un importante empresario, perteneciente a una élite política de gran influencia, poseía información financiera que el culto necesitaba obtener. La tortura estaba descartada debido a las repercusiones políticas que podría generar. La situación parecía estancada. Fue entonces cuando Boris manifestó por primera vez su habilidad. Ante numerosos testigos activó la Ruleta del Destino y sometió al objetivo a una experiencia que los informes describen como "psicológicamente devastadora". El empresario sobrevivió, pero desarrolló un severo cuadro de estrés postraumático. La información fue obtenida en su totalidad. Aquel día Boris fue aceptado formalmente en el culto. --- # Intentos de Ascenso A pesar de sus éxitos operativos, muchos miembros nunca llegaron a tomarlo completamente en serio. Algunos consideraban que sus victorias dependían demasiado de la suerte y no de su propia capacidad. Cansado de las burlas y la condescendencia, Boris desafió al Recaudador de Impuestos, uno de los miembros más temidos de la organización. El resultado fue humillante. Tres rondas consecutivas. Tres derrotas. El Recaudador abandonó el enfrentamiento prácticamente ileso y sin mostrar el menor signo de preocupación. Meses después, durante una cena privada con el Fundador del Culto, Boris volvió a intentarlo. El resultado fue similar. Derrotado nuevamente. Esta vez decidió rendirse tras la segunda ronda, temiendo repetir la experiencia anterior. A partir de aquel momento abandonó cualquier ambición de integrarse en los Guardianes del Séptimo Sello y se concentró en labores menores, acumulando desde entonces una impresionante racha de éxitos operativos. --- # Incidente del Pendrive El robo del pendrive marcó el punto de inflexión de su carrera. Debido a su proximidad geográfica fue asignado inmediatamente a la operación de recuperación. La misión inicial fue un éxito. Boris consiguió localizar el objeto robado e identificar a los responsables. Sin embargo, los acontecimientos posteriores desafían toda explicación racional. Los agentes bajo su mando fueron encontrados muertos. Los análisis forenses determinaron una causa de muerte inusual: asfixia provocada por la presencia masiva de cenizas en los pulmones. Ninguna teoría oficial ha logrado explicar satisfactoriamente lo ocurrido. Las hipótesis actualmente consideradas son las siguientes: ●Boris Madai fue derrotado durante una partida relacionada con su propia habilidad. ●Existió un tercer participante desconocido involucrado en el enfrentamiento. ●Una entidad o fenómeno aún no identificado intervino en el incidente. La investigación permanece abierta. --- # Evaluación Actual Aunque su fracaso culminó con su captura y posterior encarcelamiento en la Cárcel del Fin del Mundo, el Consejo reconoce que Boris cumplió adecuadamente con los objetivos asignados hasta el momento de su derrota. Su contribución permitió identificar a casi todos los enemigos del culto y recuperar información crítica para futuras operaciones. --- # Valoración Oficial Nivel de Amenaza: Moderado. Lealtad: Incuestionable. Competencia Operativa: Elevada. Potencial de Ascenso: Cancelado. Estado Honorífico: Aprobado. --- "Pocos agentes han servido con tanta constancia durante tantos años. Boris Madai jamás alcanzó las cimas que ambicionaba, pero donde otros habrían abandonado, él continuó trabajando. Un profesional de los que ya no quedan."
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  • -Mucho antes de que los reinos mortales aprendieran a nombrar las estrellas, ya existía un lugar donde los horrores nacidos entre galaxias eran encerrados. No era una prisión construida por dioses ni por imperios. Era una herida abierta en el tejido de la realidad, suspendida entre dimensiones muertas y eclipses eternos. Allí, en el corazón de aquella necrópolis cósmica, permanecían cautivas entidades capaces de devorar mundos enteros con un pensamiento, criaturas cuyo simple despertar bastaría para borrar civilizaciones de la existencia.-

    -Aquel dominio era conocido como La Cárcel del Eclipse Eterno. Miles de cadenas forjadas con materia imposible sostenían inmensos receptáculos cristalinos donde descansaban seres que jamás debieron existir. Algunos habían nacido antes que el tiempo. Otros eran fragmentos conscientes del vacío primordial. Todos permanecían inmóviles bajo el resplandor enfermizo del gran eclipse que observaba desde lo alto como un ojo celestial condenado a nunca cerrarse.-

    -Y sobre todos ellos reinaba una única figura.-

    -"Vaelith Crimsom Lunae, el Rey del Eclipse Carmesí."-

    -Su título no era honorífico ni simbólico. Era una responsabilidad impuesta por fuerzas tan antiguas como la propia creación. Mientras los monarcas mortales gobernaban ciudades, ejércitos y naciones, Vaelith gobernaba el silencio entre las estrellas. Era el vigilante de los condenados, el guardián de los horrores cósmicos y el último muro que separaba al universo de aquello que aguardaba tras las cadenas.-

    -Desde la plataforma central de la prisión, observaba las gigantescas cámaras suspendidas en la oscuridad. Sus ojos rojizos recorrían cada celda, cada grieta, cada vibración anómala de los sellos ancestrales. Sabía que muchas de aquellas criaturas llevaban incontables eras intentando escapar. Algunas susurraban promesas de poder. Otras maldiciones. Otras simplemente aguardaban pacientemente el inevitable desgaste del tiempo.-

    |No es posible ingresar a este lugar, sin el Permiso de Vaelith.|
    -Mucho antes de que los reinos mortales aprendieran a nombrar las estrellas, ya existía un lugar donde los horrores nacidos entre galaxias eran encerrados. No era una prisión construida por dioses ni por imperios. Era una herida abierta en el tejido de la realidad, suspendida entre dimensiones muertas y eclipses eternos. Allí, en el corazón de aquella necrópolis cósmica, permanecían cautivas entidades capaces de devorar mundos enteros con un pensamiento, criaturas cuyo simple despertar bastaría para borrar civilizaciones de la existencia.- -Aquel dominio era conocido como La Cárcel del Eclipse Eterno. Miles de cadenas forjadas con materia imposible sostenían inmensos receptáculos cristalinos donde descansaban seres que jamás debieron existir. Algunos habían nacido antes que el tiempo. Otros eran fragmentos conscientes del vacío primordial. Todos permanecían inmóviles bajo el resplandor enfermizo del gran eclipse que observaba desde lo alto como un ojo celestial condenado a nunca cerrarse.- -Y sobre todos ellos reinaba una única figura.- -"Vaelith Crimsom Lunae, el Rey del Eclipse Carmesí."- -Su título no era honorífico ni simbólico. Era una responsabilidad impuesta por fuerzas tan antiguas como la propia creación. Mientras los monarcas mortales gobernaban ciudades, ejércitos y naciones, Vaelith gobernaba el silencio entre las estrellas. Era el vigilante de los condenados, el guardián de los horrores cósmicos y el último muro que separaba al universo de aquello que aguardaba tras las cadenas.- -Desde la plataforma central de la prisión, observaba las gigantescas cámaras suspendidas en la oscuridad. Sus ojos rojizos recorrían cada celda, cada grieta, cada vibración anómala de los sellos ancestrales. Sabía que muchas de aquellas criaturas llevaban incontables eras intentando escapar. Algunas susurraban promesas de poder. Otras maldiciones. Otras simplemente aguardaban pacientemente el inevitable desgaste del tiempo.- |No es posible ingresar a este lugar, sin el Permiso de Vaelith.|
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  • • 「𝔗𝔯𝔞𝔦𝔩𝔟𝔩𝔞𝔷𝔢」
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    𝑓𝑡. Elina Drakon



    El bosque no figuraba en ninguno de los mapas.

    Aquello, por supuesto, habría resultado fascinante de no ser porque llevaba varias horas caminando en círculos.

    La espesura se alzaba a su alrededor como una arquitectura primitiva y hostil: troncos desmesurados, raíces retorcidas y copas tan densas que no permitían el paso de la luz; lo que le hacía incapaz de distinguir la mañana del anochecer. Toda la zona olía a tierra húmeda, corteza vieja y algo más difícil de nombrar, una presencia tenue que parecía observarlo desde detrás de cada árbol.

    Vestía un traje negro de corte impecable, ligeramente manchado de barro en el borde del pantalón. Aquella diminuta imperfección había conseguido irritarlo más que la posibilidad de no encontrar la salida.

    Se detuvo frente a una bifurcación idéntica a las seis anteriores.

    — Extraordinario. —murmuró, contemplando ambos senderos con una sonrisa sin humor—. Un reino oculto, completamente protegido y no por ejércitos, sino por algo más...

    Había seguido rumores durante semanas: relatos incompletos, pergaminos deslavados por el tiempo, testimonios pronunciados por personas demasiado aterradas para mentir. Todos hablaban de una nación apartada del mundo, preservada entre montañas y hechicería, un lugar cuyo nombre rara vez era escrito y jamás pronunciado dos veces seguidas.

    Él no buscaba sus tesoros.

    Buscaba algo más que aquel reino, algo que había sido ocultado mucho antes de su propia muerte.

    O quizá algo que había sido ocultado de él.

    Acomodó el puño de su camisa, aunque la tela ya descansaba en su sitio, y examinó el suelo. No había huellas, ramas rotas ni marcas recientes. Solo hojas negras llenas de humedad y una bruma baja que reptaba entre las raíces con una lentitud sospechosamente deliberada.

    — Muy bien. —dijo al bosque—. Admito que la primera hora tuvo cierto encanto.

    El silencio respondió.

    — La segunda fue repetitiva.

    Una rama crujió a su espalda.

    No volteó de inmediato.

    Su expresión permaneció serena, cortés, cuidadosamente compuesta. Sin embargo, bajo aquella elegancia fingida; algo en él se tensó. La oscuridad que habitaba su alma reconoció una presencia cercana; antigua, contenida y ajena a las criaturas ordinarias.

    — Y esta parte... —añadió, ladeando el rostro hacia un costado—. Empieza a parecer una emboscada.

    El viento atravesó las hojas, aunque ninguna rama se movió.

    Entonces distinguió, entre la niebla, una figura.

    No podía determinar si se trataba de un guardián, un viajero o una de las muchas cosas que el bosque había aprendido a imitar. Aun así, giró con completa calma y ofreció una inclinación mínima de su cabeza, como si ambos se encontraran en un salón y no en una espesura que parecía querer tragárselo entero.

    — Buenas noches. O días... Este lugar tiene una relación, francamente, pretenciosa con la luz.

    Sus ojos recorrieron a la presencia con precisión meticulosa.

    — Estoy buscando un reino que, según parece, ha invertido un esfuerzo considerable en no ser encontrado.

    Una pausa. Los labios se le curvaron con suavidad.

    — Y antes de que preguntes, no, no estoy perdido. —desvió la mirada y observó brevemente los dos caminos a su espalda: ambos idénticos.

    — Estoy permitiendo que el bosque se divierta antes de que colme mi paciencia y lo reduzca todo a cenizas.
    𝑓𝑡. Elina Drakon El bosque no figuraba en ninguno de los mapas. Aquello, por supuesto, habría resultado fascinante de no ser porque llevaba varias horas caminando en círculos. La espesura se alzaba a su alrededor como una arquitectura primitiva y hostil: troncos desmesurados, raíces retorcidas y copas tan densas que no permitían el paso de la luz; lo que le hacía incapaz de distinguir la mañana del anochecer. Toda la zona olía a tierra húmeda, corteza vieja y algo más difícil de nombrar, una presencia tenue que parecía observarlo desde detrás de cada árbol. Vestía un traje negro de corte impecable, ligeramente manchado de barro en el borde del pantalón. Aquella diminuta imperfección había conseguido irritarlo más que la posibilidad de no encontrar la salida. Se detuvo frente a una bifurcación idéntica a las seis anteriores. — Extraordinario. —murmuró, contemplando ambos senderos con una sonrisa sin humor—. Un reino oculto, completamente protegido y no por ejércitos, sino por algo más... Había seguido rumores durante semanas: relatos incompletos, pergaminos deslavados por el tiempo, testimonios pronunciados por personas demasiado aterradas para mentir. Todos hablaban de una nación apartada del mundo, preservada entre montañas y hechicería, un lugar cuyo nombre rara vez era escrito y jamás pronunciado dos veces seguidas. Él no buscaba sus tesoros. Buscaba algo más que aquel reino, algo que había sido ocultado mucho antes de su propia muerte. O quizá algo que había sido ocultado de él. Acomodó el puño de su camisa, aunque la tela ya descansaba en su sitio, y examinó el suelo. No había huellas, ramas rotas ni marcas recientes. Solo hojas negras llenas de humedad y una bruma baja que reptaba entre las raíces con una lentitud sospechosamente deliberada. — Muy bien. —dijo al bosque—. Admito que la primera hora tuvo cierto encanto. El silencio respondió. — La segunda fue repetitiva. Una rama crujió a su espalda. No volteó de inmediato. Su expresión permaneció serena, cortés, cuidadosamente compuesta. Sin embargo, bajo aquella elegancia fingida; algo en él se tensó. La oscuridad que habitaba su alma reconoció una presencia cercana; antigua, contenida y ajena a las criaturas ordinarias. — Y esta parte... —añadió, ladeando el rostro hacia un costado—. Empieza a parecer una emboscada. El viento atravesó las hojas, aunque ninguna rama se movió. Entonces distinguió, entre la niebla, una figura. No podía determinar si se trataba de un guardián, un viajero o una de las muchas cosas que el bosque había aprendido a imitar. Aun así, giró con completa calma y ofreció una inclinación mínima de su cabeza, como si ambos se encontraran en un salón y no en una espesura que parecía querer tragárselo entero. — Buenas noches. O días... Este lugar tiene una relación, francamente, pretenciosa con la luz. Sus ojos recorrieron a la presencia con precisión meticulosa. — Estoy buscando un reino que, según parece, ha invertido un esfuerzo considerable en no ser encontrado. Una pausa. Los labios se le curvaron con suavidad. — Y antes de que preguntes, no, no estoy perdido. —desvió la mirada y observó brevemente los dos caminos a su espalda: ambos idénticos. — Estoy permitiendo que el bosque se divierta antes de que colme mi paciencia y lo reduzca todo a cenizas.
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  • 𝐶𝑟𝑜́𝑛𝑖𝑐𝑎 𝑑𝑒 𝑆𝑖𝑒𝑔𝑚𝑒𝑦𝑒𝑟 — 𝑆𝑎𝑛𝑔𝑟𝑒 𝑁𝑒𝑔𝑟𝑎
    Fandom OC
    Categoría Fantasía
    Estaba sentado sobre una roca helada, con la capa pesada de nieve y mi espada descansando sobre las rodillas, contemplaba a lo lejos aquel gran bastión. Sus torres se alzaban imponentes entre la ventisca, envueltas en un halo de misterio. Valdrakkar. Calculé que aún me faltaban tres días de marcha dura para llegar, cruzar el barranco helado, atravesar los bosques densos y subir la última cordillera. Tres días de frío que cala hasta los huesos, incluso para alguien como yo. El viento aullaba, la nieve caía sin descanso, y yo solo pensaba en el camino que tenía por delante.

    En ese preciso momento, mientras yo observaba el castillo con serenidad, sin sospechar nada, dentro de sus muros ya había comenzado el infierno. Una orden de asesinos se había infiltrado como sombras silenciosas. Dagas envenenadas, pasos que no hacían ruido sobre la nieve de los tejados. Guardias caían uno tras otro, nobles eran degollados en sus salones, y la traición se extendía como una plaga por los pasillos de Valdrakkar. El reino que desde lejos parecía un refugio de paz ya sangraba por dentro.

    Yo no lo sabía, simplemente me levanté, me ajusté el yelmo y continué mi camino con pasos firmes, dejando huellas profundas en la nieve, ajeno todavía al caos que me esperaba al final de esas tres jornadas.

    Cuando crucé las puertas de Valdrakkar, el castillo ya era un matadero. El olor a sangre caliente mezclada con nieve me golpeó como un puñetazo. Apenas había dado unos pasos cuando las sombras se movieron. Eran muchos. Demasiados. Al menos una docena de aquellos asesinos se lanzaron sobre mí desde los balcones, los pasillos y las vigas del techo. Vestían negro absoluto, máscaras lisas sin ojos.

    Sus dagas envenenadas buscaban las juntas de mi armadura. Desenvainé mi espada, con un movimiento corté el aire con un rugido metálico. Partí a dos de un solo tajo, el impacto resonando en las placas de mi peto. Giré, y mi codo blindado aplastó el cráneo de otro contra una columna. La nieve y la sangre salpicaban mi yelmo mientras avanzaba, es una de las razones por las que llevo armadura, menos posibilidades de quedar incapacitado de golpe.

    Aun así eran demasiados. Sus golpes llovían sobre mí, dagas resbalando contra el acero, pero algunas encontraron las uniones. Una se hundió bajo la axila, otra atravesó la juntura del muslo, y varias más perforaron la espalda donde las placas se unían. Sentí el veneno entrar como fuego líquido que quemaba a través de la carne bajo el metal. Aun así seguí luchando. Maté tantos que el salón principal era un matadero de sombras y acero. Mi armadura resonaba con cada impacto, abollada y rayada, pero yo seguía en pie.
    Hasta que me rodearon por completo.
    Un golpe de maza en la parte trasera del yelmo me hizo caer de rodillas con un estruendo metálico. Luego vinieron las dagas: una docena perforando las juntas, clavándose profundo. El líder de los asesinos hundió su hoja larga directamente a través de la visera de mi yelmo, atravesándome el ojo y el cerebro.
    Todo se volvió negro dentro del acero.

    Tras unos minutos mi cuerpo inmortal se rebeló. Dentro de la armadura, el infierno comenzó. El veneno ardía como ácido fundido, quemando venas y órganos, mientras la regeneración luchaba contra él. Se podía oír desde fuera, el crujido grotesco de huesos recomponiéndose, la carne retorciéndose y burbujeando bajo las placas, expulsando chorros de sangre ennegrecida y veneno por las juntas del yelmo y los guanteletes. Mi espalda se arqueaba violentamente dentro del peto, haciendo que la armadura entera se sacudiera y crujiera como si un demonio estuviera naciendo dentro de ella. Trozos de carne muerta y venenosa salían expulsados por las aberturas del yelmo, humeando en el aire frío.

    Los asesinos que aún quedaban retrocedieron aterrorizados al ver cómo la figura blindada se levantaba sola, tambaleante, con líquido negro chorreando por todas las ranuras de la armadura. El yelmo, abollado y perforado, se giró hacia ellos con un movimiento lento y antinatural.

    — Un monstruo... — Susurró uno.

    Mi espada volvió a alzarse, aún empuñada por una mano que se regeneraba dentro del guantelete. Maté a los últimos en un frenesí brutal y lento, cada golpe acompañado del sonido metálico de mi armadura y los sonidos húmedos y grotescos de mi carne reconstruyéndose.
    Cuando todo terminó, me derrumbé contra una pared, la armadura abollada y chorreando sangre y veneno. Respiraba con dificultad dentro del yelmo, el dolor aún recorriéndome como llamas eternas. La hija del señor y los pocos supervivientes me observaban entre horror y esperanza.

    En cuanto pude levantarme nuevamente me marche de allí, siempre odie esa mirada de agradecimiento falsa, ya habían reportado el incidente a la Orden. No tardarían en llegar a intentar terminar lo que alguna vez comenzaron.
    Estaba sentado sobre una roca helada, con la capa pesada de nieve y mi espada descansando sobre las rodillas, contemplaba a lo lejos aquel gran bastión. Sus torres se alzaban imponentes entre la ventisca, envueltas en un halo de misterio. Valdrakkar. Calculé que aún me faltaban tres días de marcha dura para llegar, cruzar el barranco helado, atravesar los bosques densos y subir la última cordillera. Tres días de frío que cala hasta los huesos, incluso para alguien como yo. El viento aullaba, la nieve caía sin descanso, y yo solo pensaba en el camino que tenía por delante. En ese preciso momento, mientras yo observaba el castillo con serenidad, sin sospechar nada, dentro de sus muros ya había comenzado el infierno. Una orden de asesinos se había infiltrado como sombras silenciosas. Dagas envenenadas, pasos que no hacían ruido sobre la nieve de los tejados. Guardias caían uno tras otro, nobles eran degollados en sus salones, y la traición se extendía como una plaga por los pasillos de Valdrakkar. El reino que desde lejos parecía un refugio de paz ya sangraba por dentro. Yo no lo sabía, simplemente me levanté, me ajusté el yelmo y continué mi camino con pasos firmes, dejando huellas profundas en la nieve, ajeno todavía al caos que me esperaba al final de esas tres jornadas. Cuando crucé las puertas de Valdrakkar, el castillo ya era un matadero. El olor a sangre caliente mezclada con nieve me golpeó como un puñetazo. Apenas había dado unos pasos cuando las sombras se movieron. Eran muchos. Demasiados. Al menos una docena de aquellos asesinos se lanzaron sobre mí desde los balcones, los pasillos y las vigas del techo. Vestían negro absoluto, máscaras lisas sin ojos. Sus dagas envenenadas buscaban las juntas de mi armadura. Desenvainé mi espada, con un movimiento corté el aire con un rugido metálico. Partí a dos de un solo tajo, el impacto resonando en las placas de mi peto. Giré, y mi codo blindado aplastó el cráneo de otro contra una columna. La nieve y la sangre salpicaban mi yelmo mientras avanzaba, es una de las razones por las que llevo armadura, menos posibilidades de quedar incapacitado de golpe. Aun así eran demasiados. Sus golpes llovían sobre mí, dagas resbalando contra el acero, pero algunas encontraron las uniones. Una se hundió bajo la axila, otra atravesó la juntura del muslo, y varias más perforaron la espalda donde las placas se unían. Sentí el veneno entrar como fuego líquido que quemaba a través de la carne bajo el metal. Aun así seguí luchando. Maté tantos que el salón principal era un matadero de sombras y acero. Mi armadura resonaba con cada impacto, abollada y rayada, pero yo seguía en pie. Hasta que me rodearon por completo. Un golpe de maza en la parte trasera del yelmo me hizo caer de rodillas con un estruendo metálico. Luego vinieron las dagas: una docena perforando las juntas, clavándose profundo. El líder de los asesinos hundió su hoja larga directamente a través de la visera de mi yelmo, atravesándome el ojo y el cerebro. Todo se volvió negro dentro del acero. Tras unos minutos mi cuerpo inmortal se rebeló. Dentro de la armadura, el infierno comenzó. El veneno ardía como ácido fundido, quemando venas y órganos, mientras la regeneración luchaba contra él. Se podía oír desde fuera, el crujido grotesco de huesos recomponiéndose, la carne retorciéndose y burbujeando bajo las placas, expulsando chorros de sangre ennegrecida y veneno por las juntas del yelmo y los guanteletes. Mi espalda se arqueaba violentamente dentro del peto, haciendo que la armadura entera se sacudiera y crujiera como si un demonio estuviera naciendo dentro de ella. Trozos de carne muerta y venenosa salían expulsados por las aberturas del yelmo, humeando en el aire frío. Los asesinos que aún quedaban retrocedieron aterrorizados al ver cómo la figura blindada se levantaba sola, tambaleante, con líquido negro chorreando por todas las ranuras de la armadura. El yelmo, abollado y perforado, se giró hacia ellos con un movimiento lento y antinatural. — Un monstruo... — Susurró uno. Mi espada volvió a alzarse, aún empuñada por una mano que se regeneraba dentro del guantelete. Maté a los últimos en un frenesí brutal y lento, cada golpe acompañado del sonido metálico de mi armadura y los sonidos húmedos y grotescos de mi carne reconstruyéndose. Cuando todo terminó, me derrumbé contra una pared, la armadura abollada y chorreando sangre y veneno. Respiraba con dificultad dentro del yelmo, el dolor aún recorriéndome como llamas eternas. La hija del señor y los pocos supervivientes me observaban entre horror y esperanza. En cuanto pude levantarme nuevamente me marche de allí, siempre odie esa mirada de agradecimiento falsa, ya habían reportado el incidente a la Orden. No tardarían en llegar a intentar terminar lo que alguna vez comenzaron.
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  • Unos guardias llegaron a mi casa, yo con una mochila con algunas cosas los seguí hasta la pista de la familia de Lorenzo Moretti , y tras un largo viaje llegamos, me llevaron con el en el auto hasta la casa de Lorenzo y al entrar no evite en correr hasta lanzarme sobre el besándolo en los labios y mejillas llegando a bajar a su cuello

    — Mi amor ..mi amor ...mi amor ..grandote....grandote!!
    Unos guardias llegaron a mi casa, yo con una mochila con algunas cosas los seguí hasta la pista de la familia de [lorenzo_moretti] , y tras un largo viaje llegamos, me llevaron con el en el auto hasta la casa de Lorenzo y al entrar no evite en correr hasta lanzarme sobre el besándolo en los labios y mejillas llegando a bajar a su cuello — Mi amor ..mi amor ...mi amor ..grandote....grandote!!
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  • [al tener su agenda desocupada tras terminar cada tarea como general, Deimos decidió visitar el mundo humano para dar un paseo dentro de un bosque donde quizás nadie lo interrumpiria]

    Esto es bastante relajante y me despeja la mente de todo lo demás, ser alguien despiadado y cruel no significa que me disguste la idea de relajarme aunque sea una noche.

    •el general seguía caminando sin preocuparse por lo que sucediera a su alrededor pero esto no significaba que su guardia estuviera baja, tenía sus sentidos preparados en caso de que alguien lo atacará por sorpresa•
    [al tener su agenda desocupada tras terminar cada tarea como general, Deimos decidió visitar el mundo humano para dar un paseo dentro de un bosque donde quizás nadie lo interrumpiria] Esto es bastante relajante y me despeja la mente de todo lo demás, ser alguien despiadado y cruel no significa que me disguste la idea de relajarme aunque sea una noche. •el general seguía caminando sin preocuparse por lo que sucediera a su alrededor pero esto no significaba que su guardia estuviera baja, tenía sus sentidos preparados en caso de que alguien lo atacará por sorpresa•
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  • [Todo parecía ir bien en la nueva vida en libertad de Unknown. Sin embargo. Umbra Corp división Q y su director general aún existen. Comienzan a buscarle por la ciudad]

    Edgar Markov (Director general división Q): -Localicen a la unidad de combate sin nombre. Es demasiado valiosa como para dejarla ir y perder todos los avances que habíamos conseguido con ella. Intenten traerla con vida. No será tan difícil. Esa cosa se regenera muy rápido después de todo.

    *Los guardias avanzan rastreando las calles. Siento como me carcome la irá. Mis garras se expanden, mis ojos se tiñen de negro, mis instintos de asesinato resurgen*

    -Debo intentar controlarme... No soy un monstruo... No quiero ser un monstruo... De momento les vigilaré de cerca para ver que pretenden.
    [Todo parecía ir bien en la nueva vida en libertad de Unknown. Sin embargo. Umbra Corp división Q y su director general aún existen. Comienzan a buscarle por la ciudad] Edgar Markov (Director general división Q): -Localicen a la unidad de combate sin nombre. Es demasiado valiosa como para dejarla ir y perder todos los avances que habíamos conseguido con ella. Intenten traerla con vida. No será tan difícil. Esa cosa se regenera muy rápido después de todo. *Los guardias avanzan rastreando las calles. Siento como me carcome la irá. Mis garras se expanden, mis ojos se tiñen de negro, mis instintos de asesinato resurgen* -Debo intentar controlarme... No soy un monstruo... No quiero ser un monstruo... De momento les vigilaré de cerca para ver que pretenden.
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