• Jean se había tomado un tiempo libre fuera de su oficina, sin embargo, no salió a caminar ni a estirarse. Aprovechó para ir a la arena de entrenamiento con los Caballeros de Favonius. Miró el entrenamiento de ellos detenidamente miró errores, fallas casi de inmediato.

    -Deberé regañar a Kaeya. Los está consintiendo demasiado...

    Al escuchar a la Gran Maestra, los caballeros se tensaron, se pusieron en posición de firmes y saludaron en coro a la maestra. Ella, no sonrió, por primera vez, pudo haber respondido con aquella sonrisa amable con la que siempre saludaba, pero era preocupante lo que vio. Caminó por las escaleras bajando a la arena dejando que su paso firme resonara sobre el suelo de piedra.

    -Agradezco su disposición y su esfuerzo para mejorar enormemente. Sin embargo, no están siendo óptimos. ¿Dónde está Kaeya? -Dijo mientras buscaba al peli azul con la mirada-.

    +E-el Capitán Ka-Kaeya... dijo: "Consideren esto una prueba de iniciativa. Si necesitan que esté aquí para entrenar, entonces ya van retrasados".

    -.....

    Jean puso sus dedos en el puente de su nariz cerrando los ojos emitiendo un profundo suspiro "Me las va a pagar", pensó de inmediato, el caballero se puso nervioso y tragó seco.

    -No están en problemas. Pero vamos a organizar algunas cosas. Los movimientos que están usando carecen de funcionalidad, son movimientos muertos, eso al final cansa al cuerpo, para cuando necesitan responder ya hicieron seis o siente movimientos entre estocada, dejan mucho espacio, no hay una buena guardia.

    Después de irlos corrigiendo e indicando los movimientos que deberían hacer. Jean los puso a prueba. Tomó a siete caballeros en el centro de la arena. La Gran Maestra se enfrentó a todos al mismo tiempo, movimientos fluidos, elegantes, casi automáticos, instinto desarrollado y entrenamiento pulido juntos, esquivaba, bloqueaba, aprovechaba la fuerza de ellos y sus errores para usar el mínimo de fuerza necesario. Todos terminaron derrotados en el suelo, agotados, Jean, en el centro con a penas dos gotas de sudor en su frente por el sol.

    +N-no puede ser...no puede haber tanta diferente...
    Dijeron algunos. Los caballeros expectantes fuera de la arena murmuraban, otros silbaban por ver en acción a la Maestra porque casi nunca pasaba ello.

    -¿Ven lo que les dije?...Tienen "programado" la mala rutina que estuvieron haciendo. Comiencen desde cero con los ejercicios que les puse hasta que se les haga un hábito. Los errores que comentan aquí serán su sentencia en el campo de batalla. No quiero que ninguno de mis caballeros caiga.

    Los Caballeros se miraron entre ellos entendiendo una cosa, no los estaba maltratando, no los estaba humillando, les estaba enseñando, los estaba reconociendo, no como un número en las filas, como personas.

    -No quiero poner un valor a sus vidas, pero si debo hacerlo. Ninguno de ustedes puede morir en un campo de batalla hasta matar a 200 enemigos, uno menos a ello, le diré a Babara que los sane lo antes posible y los mataré yo misma. ¿Queda claro?

    Los caballeros terminaron sonriendo y riendo por el comentario, de alguna forma se habían motivado y entre risas y aplausos hubo un grito de guerra.

    -Bien. Entonces sigan con lo que les enseñé. 10 vueltas a los muros exteriores de Mondstadt, 100 estocadas y 100 bloqueos. ¡Coman, descansen, hidrátense, vayan con Sara al Gran Cazador! ¡La cuenta corre por Kaeya!.

    Jean guardó su espada mientras hablaba y llevó sus manos a la altura de su pecho dando dos aplausos fuertes para romper filas. Los caballeros gritaron, silbaron y rieron por la cuenta de Kaeya mientras se fueron a cumplir el entrenamiento. Jean ahora si sonrió y con aquella sonrisa, sacudió su ropa y caminó por la ciudad.
    Jean se había tomado un tiempo libre fuera de su oficina, sin embargo, no salió a caminar ni a estirarse. Aprovechó para ir a la arena de entrenamiento con los Caballeros de Favonius. Miró el entrenamiento de ellos detenidamente miró errores, fallas casi de inmediato. -Deberé regañar a Kaeya. Los está consintiendo demasiado... Al escuchar a la Gran Maestra, los caballeros se tensaron, se pusieron en posición de firmes y saludaron en coro a la maestra. Ella, no sonrió, por primera vez, pudo haber respondido con aquella sonrisa amable con la que siempre saludaba, pero era preocupante lo que vio. Caminó por las escaleras bajando a la arena dejando que su paso firme resonara sobre el suelo de piedra. -Agradezco su disposición y su esfuerzo para mejorar enormemente. Sin embargo, no están siendo óptimos. ¿Dónde está Kaeya? -Dijo mientras buscaba al peli azul con la mirada-. +E-el Capitán Ka-Kaeya... dijo: "Consideren esto una prueba de iniciativa. Si necesitan que esté aquí para entrenar, entonces ya van retrasados". -..... Jean puso sus dedos en el puente de su nariz cerrando los ojos emitiendo un profundo suspiro "Me las va a pagar", pensó de inmediato, el caballero se puso nervioso y tragó seco. -No están en problemas. Pero vamos a organizar algunas cosas. Los movimientos que están usando carecen de funcionalidad, son movimientos muertos, eso al final cansa al cuerpo, para cuando necesitan responder ya hicieron seis o siente movimientos entre estocada, dejan mucho espacio, no hay una buena guardia. Después de irlos corrigiendo e indicando los movimientos que deberían hacer. Jean los puso a prueba. Tomó a siete caballeros en el centro de la arena. La Gran Maestra se enfrentó a todos al mismo tiempo, movimientos fluidos, elegantes, casi automáticos, instinto desarrollado y entrenamiento pulido juntos, esquivaba, bloqueaba, aprovechaba la fuerza de ellos y sus errores para usar el mínimo de fuerza necesario. Todos terminaron derrotados en el suelo, agotados, Jean, en el centro con a penas dos gotas de sudor en su frente por el sol. +N-no puede ser...no puede haber tanta diferente... Dijeron algunos. Los caballeros expectantes fuera de la arena murmuraban, otros silbaban por ver en acción a la Maestra porque casi nunca pasaba ello. -¿Ven lo que les dije?...Tienen "programado" la mala rutina que estuvieron haciendo. Comiencen desde cero con los ejercicios que les puse hasta que se les haga un hábito. Los errores que comentan aquí serán su sentencia en el campo de batalla. No quiero que ninguno de mis caballeros caiga. Los Caballeros se miraron entre ellos entendiendo una cosa, no los estaba maltratando, no los estaba humillando, les estaba enseñando, los estaba reconociendo, no como un número en las filas, como personas. -No quiero poner un valor a sus vidas, pero si debo hacerlo. Ninguno de ustedes puede morir en un campo de batalla hasta matar a 200 enemigos, uno menos a ello, le diré a Babara que los sane lo antes posible y los mataré yo misma. ¿Queda claro? Los caballeros terminaron sonriendo y riendo por el comentario, de alguna forma se habían motivado y entre risas y aplausos hubo un grito de guerra. -Bien. Entonces sigan con lo que les enseñé. 10 vueltas a los muros exteriores de Mondstadt, 100 estocadas y 100 bloqueos. ¡Coman, descansen, hidrátense, vayan con Sara al Gran Cazador! ¡La cuenta corre por Kaeya!. Jean guardó su espada mientras hablaba y llevó sus manos a la altura de su pecho dando dos aplausos fuertes para romper filas. Los caballeros gritaron, silbaron y rieron por la cuenta de Kaeya mientras se fueron a cumplir el entrenamiento. Jean ahora si sonrió y con aquella sonrisa, sacudió su ropa y caminó por la ciudad.
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    Primera parte: https://ficrol.com/posts/387422

    "La Rata de los Dormitorios 2"

    Después de revisar las investigaciones de Loki una y otra vez, terminé llegando siempre a la misma conclusión: yo era la brújula. No importaba cuántas veces repasara los cálculos, las notas o las teorías, todas apuntaban a lo mismo. Un portal estable necesitaba una referencia capaz de reconocer el mundo que buscaba y yo junto con mis hermanos eramos las únicas personas en la Tierra que cumplían con esa condición. Había nacido en Makyora, mi núcleo de maná se había formado allí y mi energía seguía conservando la huella de aquel mundo. Sin embargo, cuanto más convencida estaba de la teoría, más me molestaba una pregunta que no dejaba de rondar mi cabeza. Si Loki había llegado tan lejos en sus investigaciones, ¿por qué nunca publicó todo de forma directa?

    Mientras más pensaba en ello, menos sentido tenía. En lugar de escribir una investigación completa, había repartido información importante entre artículos académicos y novelas de fantasía, obligando a cualquiera que quisiera comprender el conjunto a reconstruirlo pieza por pieza. Era un método tan absurdamente difícil que terminé sospechando que había una razón detrás. Tal vez aquella investigación estaba prohibida y Loki necesitaba ocultarla sin llamar la atención. Tal vez la academia jamás habría permitido publicar ciertas conclusiones. O quizás simplemente era una mujer excéntrica con una obsesión enfermiza por las conspiraciones. Sinceramente, cualquiera de las tres explicaciones me parecía posible.

    Aun así, no estaba dispuesta a intentar abrir un portal sin antes comprobar que la teoría funcionaba. Fue entonces cuando recordé algo que había llamado mi atención en las novelas, en estas aparecía constantemente una referencia al llamado Mundo de los Sueños. Al principio pensé que se trataba de una metáfora filosófica, pero cuanto más leía más claro quedaba que Loki hablaba de algo real. Según sus escritos, no era exactamente un mundo, sino una especie de red que conectaba múltiples realidades, una inmensa telaraña donde innumerables universos estaban unidos por caminos invisibles. La descripción me recordó de inmediato a ciertas experiencias relacionadas con Veythra y el corazón de Akane, aunque aquello parecía mucho más vasto. Según Loki, el Mundo de los Sueños era la forma más segura de explorar otras realidades porque permitía observarlas sin atravesar físicamente las barreras dimensionales. Era como asomarse por una ventana antes de abrir una puerta.

    Me decidí en probarlo, preparé el círculo mágico exactamente como indicaban las investigaciones, revisé varias veces cada símbolo y finalmente me acomodé sobre la cama. No esperaba que funcionara realmente, pero cuando cerré los ojos sentí que algo tiraba de mi conciencia y un instante después me encontré en un lugar imposible de describir. No había suelo ni cielo, solo una inmensa oscuridad atravesada por incontables hilos de luz que se extendían en todas direcciones como una telaraña. Cada hilo parecía conducir a un mundo diferente, cada punto luminoso representaba una realidad distinta y la cantidad de información que percibí fue tan abrumadora que un dolor insoportable atravesó mi cabeza. Apenas pude soportarlo unos segundos antes de despertar de golpe en mi habitación.

    Me tomó varios minutos recuperar el aliento, pero había sido suficiente, la teoría era real. Durante las semanas siguientes me dediqué a perfeccionar el proceso. Modifiqué círculos mágicos, corregí errores, ajusté las fórmulas y repetí los intentos una y otra vez hasta que finalmente logré construir un acceso mucho más estable. La siguiente vez fue diferente. Cuando entré al Mundo de los Sueños seguía sintiendo la inmensidad de aquella red, pero ya no me aplastaba como antes. Podía observarla sin perder la conciencia y fue entonces cuando encontré lo que estaba buscando. Makyora.

    Lo reconocí de inmediato, una de las incontables ventanas de la telaraña se abrió ante mí y sentí una atracción imposible de ignorar. Me lancé hacia ella y al instante me encontré volando sobre los cielos de mi mundo natal. No estaba allí físicamente. Era más parecido a una proyección astral, un sueño o un fantasma incapaz de interactuar con lo que veía, pero no me importó. Después de tanto tiempo había vuelto a casa.

    La emoción apenas me permitió pensar con claridad durante los primeros minutos. Volé sobre montañas, bosques y ciudades familiares, disfrutando de una sensación que creí perdida para siempre. Sin embargo, poco a poco comencé a notar algo extraño. Algunas zonas parecían dañadas, otras estaban demasiado silenciosas, al principio pensé que era un error y llegué a creer que había terminado observando otra época distinta, pero mientras más avanzaba más difícil era ignorar aquella sensación.

    Entonces decidí dirigirme directamente a mi hogar, volé hacia la Mansión Azraeth y cuando la vi, sentí que el corazón se me detenía. La mansión estaba en ruinas, parte de la estructura había colapsado, los jardines habían desaparecido y muchas de las paredes estaban destruidas. Durante varios segundos me quedé inmóvil, incapaz de aceptar lo que estaba viendo. Luego atravesé la entrada y recorrí desesperadamente los pasillos. Busqué habitaciones, salones, patios, cualquier lugar donde pudiera encontrar una señal de vida o una pista sobre lo que había ocurrido. Busqué a mi padre, a los sirvientes, ahora buscaba cualquier cosa pero no encontré nada.

    El silencio era absoluto, mientras avanzaba por aquella mansión destruida sentí cómo el miedo comenzaba a apoderarse de mí. Mi concentración empezó a romperse y la presión en mi mente se volvió cada vez más fuerte. Las imágenes se distorsionaron, los contornos comenzaron a deshacerse y comprendí que estaba perdiendo la conexión. Intenté resistir. Intenté quedarme un poco más. Necesitaba respuestas.

    Pero el impacto fue demasiado grande, la conexión terminó rompiéndose y desperté de golpe en mi habitación, me incorporé sobresaltada, respirando con dificultad y sintiendo las manos temblar. Durante varios segundos permanecí inmóvil mirando la oscuridad del techo mientras intentaba convencerme de que aquello había sido un sueño pero yo sabia que no lo era, lo que había visto era real, algo terrible había ocurrido en Makyora, ahora estaba convencida que tenía que regresar.
    Primera parte: https://ficrol.com/posts/387422 "La Rata de los Dormitorios 2" Después de revisar las investigaciones de Loki una y otra vez, terminé llegando siempre a la misma conclusión: yo era la brújula. No importaba cuántas veces repasara los cálculos, las notas o las teorías, todas apuntaban a lo mismo. Un portal estable necesitaba una referencia capaz de reconocer el mundo que buscaba y yo junto con mis hermanos eramos las únicas personas en la Tierra que cumplían con esa condición. Había nacido en Makyora, mi núcleo de maná se había formado allí y mi energía seguía conservando la huella de aquel mundo. Sin embargo, cuanto más convencida estaba de la teoría, más me molestaba una pregunta que no dejaba de rondar mi cabeza. Si Loki había llegado tan lejos en sus investigaciones, ¿por qué nunca publicó todo de forma directa? Mientras más pensaba en ello, menos sentido tenía. En lugar de escribir una investigación completa, había repartido información importante entre artículos académicos y novelas de fantasía, obligando a cualquiera que quisiera comprender el conjunto a reconstruirlo pieza por pieza. Era un método tan absurdamente difícil que terminé sospechando que había una razón detrás. Tal vez aquella investigación estaba prohibida y Loki necesitaba ocultarla sin llamar la atención. Tal vez la academia jamás habría permitido publicar ciertas conclusiones. O quizás simplemente era una mujer excéntrica con una obsesión enfermiza por las conspiraciones. Sinceramente, cualquiera de las tres explicaciones me parecía posible. Aun así, no estaba dispuesta a intentar abrir un portal sin antes comprobar que la teoría funcionaba. Fue entonces cuando recordé algo que había llamado mi atención en las novelas, en estas aparecía constantemente una referencia al llamado Mundo de los Sueños. Al principio pensé que se trataba de una metáfora filosófica, pero cuanto más leía más claro quedaba que Loki hablaba de algo real. Según sus escritos, no era exactamente un mundo, sino una especie de red que conectaba múltiples realidades, una inmensa telaraña donde innumerables universos estaban unidos por caminos invisibles. La descripción me recordó de inmediato a ciertas experiencias relacionadas con Veythra y el corazón de Akane, aunque aquello parecía mucho más vasto. Según Loki, el Mundo de los Sueños era la forma más segura de explorar otras realidades porque permitía observarlas sin atravesar físicamente las barreras dimensionales. Era como asomarse por una ventana antes de abrir una puerta. Me decidí en probarlo, preparé el círculo mágico exactamente como indicaban las investigaciones, revisé varias veces cada símbolo y finalmente me acomodé sobre la cama. No esperaba que funcionara realmente, pero cuando cerré los ojos sentí que algo tiraba de mi conciencia y un instante después me encontré en un lugar imposible de describir. No había suelo ni cielo, solo una inmensa oscuridad atravesada por incontables hilos de luz que se extendían en todas direcciones como una telaraña. Cada hilo parecía conducir a un mundo diferente, cada punto luminoso representaba una realidad distinta y la cantidad de información que percibí fue tan abrumadora que un dolor insoportable atravesó mi cabeza. Apenas pude soportarlo unos segundos antes de despertar de golpe en mi habitación. Me tomó varios minutos recuperar el aliento, pero había sido suficiente, la teoría era real. Durante las semanas siguientes me dediqué a perfeccionar el proceso. Modifiqué círculos mágicos, corregí errores, ajusté las fórmulas y repetí los intentos una y otra vez hasta que finalmente logré construir un acceso mucho más estable. La siguiente vez fue diferente. Cuando entré al Mundo de los Sueños seguía sintiendo la inmensidad de aquella red, pero ya no me aplastaba como antes. Podía observarla sin perder la conciencia y fue entonces cuando encontré lo que estaba buscando. Makyora. Lo reconocí de inmediato, una de las incontables ventanas de la telaraña se abrió ante mí y sentí una atracción imposible de ignorar. Me lancé hacia ella y al instante me encontré volando sobre los cielos de mi mundo natal. No estaba allí físicamente. Era más parecido a una proyección astral, un sueño o un fantasma incapaz de interactuar con lo que veía, pero no me importó. Después de tanto tiempo había vuelto a casa. La emoción apenas me permitió pensar con claridad durante los primeros minutos. Volé sobre montañas, bosques y ciudades familiares, disfrutando de una sensación que creí perdida para siempre. Sin embargo, poco a poco comencé a notar algo extraño. Algunas zonas parecían dañadas, otras estaban demasiado silenciosas, al principio pensé que era un error y llegué a creer que había terminado observando otra época distinta, pero mientras más avanzaba más difícil era ignorar aquella sensación. Entonces decidí dirigirme directamente a mi hogar, volé hacia la Mansión Azraeth y cuando la vi, sentí que el corazón se me detenía. La mansión estaba en ruinas, parte de la estructura había colapsado, los jardines habían desaparecido y muchas de las paredes estaban destruidas. Durante varios segundos me quedé inmóvil, incapaz de aceptar lo que estaba viendo. Luego atravesé la entrada y recorrí desesperadamente los pasillos. Busqué habitaciones, salones, patios, cualquier lugar donde pudiera encontrar una señal de vida o una pista sobre lo que había ocurrido. Busqué a mi padre, a los sirvientes, ahora buscaba cualquier cosa pero no encontré nada. El silencio era absoluto, mientras avanzaba por aquella mansión destruida sentí cómo el miedo comenzaba a apoderarse de mí. Mi concentración empezó a romperse y la presión en mi mente se volvió cada vez más fuerte. Las imágenes se distorsionaron, los contornos comenzaron a deshacerse y comprendí que estaba perdiendo la conexión. Intenté resistir. Intenté quedarme un poco más. Necesitaba respuestas. Pero el impacto fue demasiado grande, la conexión terminó rompiéndose y desperté de golpe en mi habitación, me incorporé sobresaltada, respirando con dificultad y sintiendo las manos temblar. Durante varios segundos permanecí inmóvil mirando la oscuridad del techo mientras intentaba convencerme de que aquello había sido un sueño pero yo sabia que no lo era, lo que había visto era real, algo terrible había ocurrido en Makyora, ahora estaba convencida que tenía que regresar.
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    Primera parte: https://ficrol.com/posts/387250

    "La rata de los dormitorios"

    Después de terminar varias de las novelas de la profesora Loki, mi curiosidad terminó llevándome a buscar qué más había publicado. Pensé que encontraría más historias de fantasía, pero en realidad descubrí algo mucho más interesante. Loki tenía decenas de investigaciones publicadas sobre magia. Algunas hablaban de conjuros básicos, otras de invocaciones, control de maná, criaturas mágicas y teoría avanzada. Sin embargo, fueron sus trabajos sobre otros mundos los que captaron toda mi atención.

    Aquellos textos hablaban sobre la posibilidad de que existieran realidades diferentes a la Tierra, sobre conexiones dimensionales y sobre la teoría de viajar entre mundos. Al principio me parecieron fascinantes, pero seguían siendo eso: teorías e hipótesis acompañadas de cálculos, observaciones y advertencias sobre los enormes riesgos que implicaría intentar algo semejante. Todo estaba escrito de forma académica y cuidadosa, como si la propia autora admitiera que no tenía pruebas suficientes para confirmar ninguna de sus conclusiones.

    Seguí leyendo durante semanas y cuanto más avanzaba, más extraña era la sensación que tenía. Las investigaciones parecían incompletas, no porque estuvieran mal escritas, sino porque constantemente me daba la impresión de que faltaba información. Había vacíos, ideas que parecían conducir a algo importante pero que nunca terminaban de desarrollarse, entonces recordé las novelas.

    La idea me pareció ridícula. ¿Quién usaría novelas de fantasía para complementar investigaciones académicas? Aun así, la curiosidad pudo más que el sentido común. Volví a la biblioteca y comencé a releer algunas de las historias de Loki mientras comparaba ciertos pasajes con sus trabajos de investigación. Lo que encontré me dejó sin palabras.

    Las novelas llenaban los vacíos, situaciones que en los trabajos académicos aparecían como simples hipótesis, en las novelas eran narradas como experiencias. Errores que en las investigaciones apenas eran mencionados, en las historias aparecían convertidos en aventuras completas. Poco a poco empecé a comprender que ambos tipos de publicaciones estaban conectados.

    Las investigaciones contenían la teoría, las novelas contenían la práctica, por separado parecían incompletas, juntas formaban algo mucho más grande. Fue entonces cuando comencé a pedir prestados libros de ambas categorías, salía de la biblioteca cargando montones de novelas y tratados mágicos para leerlos en mi habitación. Con el tiempo dejé de asistir a varias clases y terminé encerrándome durante días enteros. Apenas salía para comer y muchas veces ni siquiera respondía cuando alguien llamaba a la puerta.

    La academia terminó notificando a mi madre, cuando Akane apareció en mi habitación parecía genuinamente preocupada. Creo que incluso llegó a pensar que me estaba costando adaptarme a la Tierra o que otros estudiantes me estaban molestando, pero siempre he sido previsora, entre todos los libros sobre portales y teoría dimensional también había pedido varios tratados sobre control de maná terrestre. Los dejé cuidadosamente visibles sobre mi escritorio y la trampa funcionó.

    Después de ver habitación, mi madre terminó convencida de que me había obsesionado con aprender a controlar mejor mi energía, que hasta incluso me felicitó. Me dijo que estaba orgullosa de mi dedicación y que era bueno verme esforzarme por adaptarme al mundo en el que ahora vivíamos. Lo único que me pidió fue que no siguiera faltando a clases.

    Yo acepté y me disculpé por preocuparla, por supuesto, solo le dije lo que quería escuchar, la verdad era que seguía sin interesarme la mayoría de las clases. A partir de entonces comencé a asistir con normalidad para evitar sospechas, pero eso solo significó que ahora tenía menos tiempo libre. Durante meses llevé una doble vida, en el día asistía a clases y fingía ser una estudiante normal pero en las noches permanecía despierta investigando, comparando textos, tomando notas y reconstruyendo poco a poco el verdadero significado de los escritos de Loki.

    Fueron meses agotadores pero finalmente encontré la pieza que faltaba, una teoría aparecía repetidamente tanto en las investigaciones como en las novelas. A veces era mencionada de forma directa y otras veces aparecía disfrazada dentro de una historia. Hablaba sobre la necesidad de una guía para los viajes dimensionales. Una referencia, una brújula capaz de indicar el camino correcto hacia el mundo de destino y de pronto lo entendí.

    Ese había sido el problema desde el principio, abrir una grieta entre mundos era posible, lo difícil era saber hacia dónde abrirla. Los desgarres dimensionales podían conectar cualquier lugar, cualquier época o cualquier realidad porque no tenían una referencia estable, necesitaban una brújula, algo que conociera el mundo que estaban buscando y entonces comprendí algo todavía más importante. Yo era esa brújula.

    Había nacido en Makyora, mi núcleo de maná se había formado allí. Mi energía todavía conservaba la huella de aquel mundo, no necesitaba buscar una referencia porque la llevaba dentro de mí desde el día en que nací.

    Por primera vez desde que había comenzado aquella investigación, vi una posibilidad real, no una hipótesis,, ni una teoría sino una posibilidad real, era posible regresar a Makyora y si las conclusiones de Loki eran correctas, también era posible hacerlo mediante portales estables, sin desgarres temporales, sin siglos perdidos y sin las anomalías que habían marcado la vida de mi familia. Por primera vez, el camino de regreso parecía existir.
    Primera parte: https://ficrol.com/posts/387250 "La rata de los dormitorios" Después de terminar varias de las novelas de la profesora Loki, mi curiosidad terminó llevándome a buscar qué más había publicado. Pensé que encontraría más historias de fantasía, pero en realidad descubrí algo mucho más interesante. Loki tenía decenas de investigaciones publicadas sobre magia. Algunas hablaban de conjuros básicos, otras de invocaciones, control de maná, criaturas mágicas y teoría avanzada. Sin embargo, fueron sus trabajos sobre otros mundos los que captaron toda mi atención. Aquellos textos hablaban sobre la posibilidad de que existieran realidades diferentes a la Tierra, sobre conexiones dimensionales y sobre la teoría de viajar entre mundos. Al principio me parecieron fascinantes, pero seguían siendo eso: teorías e hipótesis acompañadas de cálculos, observaciones y advertencias sobre los enormes riesgos que implicaría intentar algo semejante. Todo estaba escrito de forma académica y cuidadosa, como si la propia autora admitiera que no tenía pruebas suficientes para confirmar ninguna de sus conclusiones. Seguí leyendo durante semanas y cuanto más avanzaba, más extraña era la sensación que tenía. Las investigaciones parecían incompletas, no porque estuvieran mal escritas, sino porque constantemente me daba la impresión de que faltaba información. Había vacíos, ideas que parecían conducir a algo importante pero que nunca terminaban de desarrollarse, entonces recordé las novelas. La idea me pareció ridícula. ¿Quién usaría novelas de fantasía para complementar investigaciones académicas? Aun así, la curiosidad pudo más que el sentido común. Volví a la biblioteca y comencé a releer algunas de las historias de Loki mientras comparaba ciertos pasajes con sus trabajos de investigación. Lo que encontré me dejó sin palabras. Las novelas llenaban los vacíos, situaciones que en los trabajos académicos aparecían como simples hipótesis, en las novelas eran narradas como experiencias. Errores que en las investigaciones apenas eran mencionados, en las historias aparecían convertidos en aventuras completas. Poco a poco empecé a comprender que ambos tipos de publicaciones estaban conectados. Las investigaciones contenían la teoría, las novelas contenían la práctica, por separado parecían incompletas, juntas formaban algo mucho más grande. Fue entonces cuando comencé a pedir prestados libros de ambas categorías, salía de la biblioteca cargando montones de novelas y tratados mágicos para leerlos en mi habitación. Con el tiempo dejé de asistir a varias clases y terminé encerrándome durante días enteros. Apenas salía para comer y muchas veces ni siquiera respondía cuando alguien llamaba a la puerta. La academia terminó notificando a mi madre, cuando Akane apareció en mi habitación parecía genuinamente preocupada. Creo que incluso llegó a pensar que me estaba costando adaptarme a la Tierra o que otros estudiantes me estaban molestando, pero siempre he sido previsora, entre todos los libros sobre portales y teoría dimensional también había pedido varios tratados sobre control de maná terrestre. Los dejé cuidadosamente visibles sobre mi escritorio y la trampa funcionó. Después de ver habitación, mi madre terminó convencida de que me había obsesionado con aprender a controlar mejor mi energía, que hasta incluso me felicitó. Me dijo que estaba orgullosa de mi dedicación y que era bueno verme esforzarme por adaptarme al mundo en el que ahora vivíamos. Lo único que me pidió fue que no siguiera faltando a clases. Yo acepté y me disculpé por preocuparla, por supuesto, solo le dije lo que quería escuchar, la verdad era que seguía sin interesarme la mayoría de las clases. A partir de entonces comencé a asistir con normalidad para evitar sospechas, pero eso solo significó que ahora tenía menos tiempo libre. Durante meses llevé una doble vida, en el día asistía a clases y fingía ser una estudiante normal pero en las noches permanecía despierta investigando, comparando textos, tomando notas y reconstruyendo poco a poco el verdadero significado de los escritos de Loki. Fueron meses agotadores pero finalmente encontré la pieza que faltaba, una teoría aparecía repetidamente tanto en las investigaciones como en las novelas. A veces era mencionada de forma directa y otras veces aparecía disfrazada dentro de una historia. Hablaba sobre la necesidad de una guía para los viajes dimensionales. Una referencia, una brújula capaz de indicar el camino correcto hacia el mundo de destino y de pronto lo entendí. Ese había sido el problema desde el principio, abrir una grieta entre mundos era posible, lo difícil era saber hacia dónde abrirla. Los desgarres dimensionales podían conectar cualquier lugar, cualquier época o cualquier realidad porque no tenían una referencia estable, necesitaban una brújula, algo que conociera el mundo que estaban buscando y entonces comprendí algo todavía más importante. Yo era esa brújula. Había nacido en Makyora, mi núcleo de maná se había formado allí. Mi energía todavía conservaba la huella de aquel mundo, no necesitaba buscar una referencia porque la llevaba dentro de mí desde el día en que nací. Por primera vez desde que había comenzado aquella investigación, vi una posibilidad real, no una hipótesis,, ni una teoría sino una posibilidad real, era posible regresar a Makyora y si las conclusiones de Loki eran correctas, también era posible hacerlo mediante portales estables, sin desgarres temporales, sin siglos perdidos y sin las anomalías que habían marcado la vida de mi familia. Por primera vez, el camino de regreso parecía existir.
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  • Sury vs Kael

    Las grietas recorrían el aire mientras fragmentos de roca flotaban alrededor de la cueva. El hielo cubría lentamente el suelo a cada paso que daba, extendiéndose como una marea silenciosa bajo mis pies. Al otro lado de las fracturas violetas distinguía una silueta inmóvil suspendida entre los restos de una realidad que parecía incapaz de soportar su presencia. Durante unos segundos observé aquella figura sin decir nada. Había escuchado demasiadas historias sobre él. Algunas parecían exageradas. Otras directamente imposibles. Y aun así, después de todo lo que había visto en mi vida, ninguna sonaba tan absurda como debería.

    Sury: Así que eras tú…

    La nieve comenzó a girar a mi alrededor mientras pequeños cristales nacían junto a la hoja de mi espada. El frío se extendió por toda la cueva, cubriendo las paredes con una fina capa de escarcha. No sentía miedo. Tampoco rabia. Solo curiosidad. Quería ver con mis propios ojos si aquel monstruo era realmente tan aterrador como contaban.

    Sury: He escuchado bastante sobre ti.

    Las grietas vibraron lentamente.

    Kael: ¿Y qué es lo que cuentan?

    Una pequeña sonrisa apareció en mi rostro. El hielo siguió extendiéndose mientras las fracturas del aire respondían a la presión de ambos poderes.

    Sury: Curioso… siempre que escucho hablar de ti, la historia termina igual.

    Miles de cristales aparecieron detrás de mí.

    Sury: Una chica de cabello plateado.

    La temperatura descendió varios grados.

    Sury: Ojos azules.

    La escarcha cubrió completamente las paredes.

    Sury: Orejas puntiagudas.

    Las grietas permanecieron inmóviles durante un instante.

    Sury: Y una costumbre bastante molesta de intentar resolver sola problemas que claramente la superan.

    Solté una pequeña risa mientras apoyaba la espada sobre mi hombro.

    Sury: Sinceramente… empieza a preocuparme cuánto habla de ti.

    Por primera vez la figura al otro lado de las grietas pareció reaccionar. No por el hielo. No por la presión. Sino por aquellas palabras. Fragmentos de roca comenzaron a girar a su alrededor mientras el aire volvía a agrietarse.

    Kael: Ya veo…

    La presión aumentó ligeramente.

    Kael: Así que has hablado con ella.

    Una nueva grieta atravesó la cueva de lado a lado.

    Kael: Debí imaginarlo.

    Las grietas avanzaron lentamente mientras la presión aumentaba por toda la cueva. Durante unos segundos el silencio regresó. Un silencio incómodo. El hielo continuó extendiéndose bajo mis pies mientras observaba la silueta suspendida entre las fracturas del aire.

    Kael: Entonces ya sabes cómo termina esta historia.

    Fragmentos de roca comenzaron a girar a su alrededor.

    Kael: No importa cuánto corra.

    Una nueva grieta atravesó el aire.

    Kael: No importa cuántos intenten protegerla.

    Las fracturas violetas se expandieron por las paredes.

    Kael: La sangre de su familia acabará pagando la deuda que dejaron atrás.

    El hielo crujió bajo mis pies.

    Kael: Y ella…

    La presión aumentó.

    Kael: Apenas puede protegerse a sí misma.

    Por primera vez mi sonrisa desapareció. La nieve dejó de girar. El frío descendió varios grados de golpe mientras observaba aquellas grietas durante unos segundos sin apartar la mirada.

    Sury: Eso es algo muy complicado para una niña.

    El silencio volvió a llenar la cueva.

    Sury: Apenas está comenzando su historia.

    Miles de cristales aparecieron detrás de mí.

    Sury: Apenas está aprendiendo quién quiere ser.

    La escarcha cubrió completamente el techo.

    Sury: Y sinceramente…

    El invierno absoluto despertó.

    Sury: Creo que ya tiene suficientes problemas sin que alguien de tu nivel siga intentando arrastrarla a los errores de generaciones anteriores.

    Las grietas vibraron.

    La nieve explotó a mi alrededor.

    Sury: Por eso estoy aquí.

    Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada. El hielo avanzaba. Las grietas respondían. Dos fuerzas completamente opuestas luchaban por dominar el mismo espacio mientras la cueva comenzaba a temblar bajo la presión de ambos.

    Entonces, por primera vez, Kael sonrió. La realidad volvió a fracturarse alrededor de su cuerpo y nuevas grietas recorrieron el aire como si el propio mundo estuviera cediendo ante su presencia.

    Kael: Entonces deja de hablar.

    Las fracturas avanzaron hacia mí devorando todo lo que encontraban a su paso.

    Kael: Ven y compruébalo.

    La nieve comenzó a arremolinarse violentamente a mi alrededor. Miles de cristales iluminaron la oscuridad de la cueva mientras llevaba lentamente la espada a una posición de combate. El invierno absoluto despertó por completo dentro de mí. La temperatura cayó en picado y la escarcha cubrió cada rincón de aquel lugar.

    Sury: Apenas está comenzando su historia.

    Los cristales flotaron alrededor de la hoja de mi espada mientras el hielo se extendía por las paredes.

    Sury: Y yo me aseguraré de que llegue a ver el siguiente capítulo.

    Las grietas vibraron.

    La nieve explotó.

    El frío descendió todavía más.

    Sury: Aunque tenga que derribar una grieta para conseguirlo.

    Durante un instante el propio mundo pareció contener la respiración. El hielo y las fracturas chocaban entre sí incluso antes de que nosotros nos moviéramos. Entonces desaparecimos al mismo tiempo. La tormenta de hielo estalló a mi alrededor mientras las grietas devoraban el espacio entre nosotros. La cueva entera tembló bajo el impacto de ambos poderes y el primer choque entre la Reina del Hielo y el portador de las grietas hizo que el cielo se resquebrajara sobre sus cabezas
    ⚠️Sury vs Kael⚠️ Las grietas recorrían el aire mientras fragmentos de roca flotaban alrededor de la cueva. El hielo cubría lentamente el suelo a cada paso que daba, extendiéndose como una marea silenciosa bajo mis pies. Al otro lado de las fracturas violetas distinguía una silueta inmóvil suspendida entre los restos de una realidad que parecía incapaz de soportar su presencia. Durante unos segundos observé aquella figura sin decir nada. Había escuchado demasiadas historias sobre él. Algunas parecían exageradas. Otras directamente imposibles. Y aun así, después de todo lo que había visto en mi vida, ninguna sonaba tan absurda como debería. Sury: Así que eras tú… La nieve comenzó a girar a mi alrededor mientras pequeños cristales nacían junto a la hoja de mi espada. El frío se extendió por toda la cueva, cubriendo las paredes con una fina capa de escarcha. No sentía miedo. Tampoco rabia. Solo curiosidad. Quería ver con mis propios ojos si aquel monstruo era realmente tan aterrador como contaban. Sury: He escuchado bastante sobre ti. Las grietas vibraron lentamente. Kael: ¿Y qué es lo que cuentan? Una pequeña sonrisa apareció en mi rostro. El hielo siguió extendiéndose mientras las fracturas del aire respondían a la presión de ambos poderes. Sury: Curioso… siempre que escucho hablar de ti, la historia termina igual. Miles de cristales aparecieron detrás de mí. Sury: Una chica de cabello plateado. La temperatura descendió varios grados. Sury: Ojos azules. La escarcha cubrió completamente las paredes. Sury: Orejas puntiagudas. Las grietas permanecieron inmóviles durante un instante. Sury: Y una costumbre bastante molesta de intentar resolver sola problemas que claramente la superan. Solté una pequeña risa mientras apoyaba la espada sobre mi hombro. Sury: Sinceramente… empieza a preocuparme cuánto habla de ti. Por primera vez la figura al otro lado de las grietas pareció reaccionar. No por el hielo. No por la presión. Sino por aquellas palabras. Fragmentos de roca comenzaron a girar a su alrededor mientras el aire volvía a agrietarse. Kael: Ya veo… La presión aumentó ligeramente. Kael: Así que has hablado con ella. Una nueva grieta atravesó la cueva de lado a lado. Kael: Debí imaginarlo. Las grietas avanzaron lentamente mientras la presión aumentaba por toda la cueva. Durante unos segundos el silencio regresó. Un silencio incómodo. El hielo continuó extendiéndose bajo mis pies mientras observaba la silueta suspendida entre las fracturas del aire. Kael: Entonces ya sabes cómo termina esta historia. Fragmentos de roca comenzaron a girar a su alrededor. Kael: No importa cuánto corra. Una nueva grieta atravesó el aire. Kael: No importa cuántos intenten protegerla. Las fracturas violetas se expandieron por las paredes. Kael: La sangre de su familia acabará pagando la deuda que dejaron atrás. El hielo crujió bajo mis pies. Kael: Y ella… La presión aumentó. Kael: Apenas puede protegerse a sí misma. Por primera vez mi sonrisa desapareció. La nieve dejó de girar. El frío descendió varios grados de golpe mientras observaba aquellas grietas durante unos segundos sin apartar la mirada. Sury: Eso es algo muy complicado para una niña. El silencio volvió a llenar la cueva. Sury: Apenas está comenzando su historia. Miles de cristales aparecieron detrás de mí. Sury: Apenas está aprendiendo quién quiere ser. La escarcha cubrió completamente el techo. Sury: Y sinceramente… El invierno absoluto despertó. Sury: Creo que ya tiene suficientes problemas sin que alguien de tu nivel siga intentando arrastrarla a los errores de generaciones anteriores. Las grietas vibraron. La nieve explotó a mi alrededor. Sury: Por eso estoy aquí. Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada. El hielo avanzaba. Las grietas respondían. Dos fuerzas completamente opuestas luchaban por dominar el mismo espacio mientras la cueva comenzaba a temblar bajo la presión de ambos. Entonces, por primera vez, Kael sonrió. La realidad volvió a fracturarse alrededor de su cuerpo y nuevas grietas recorrieron el aire como si el propio mundo estuviera cediendo ante su presencia. Kael: Entonces deja de hablar. Las fracturas avanzaron hacia mí devorando todo lo que encontraban a su paso. Kael: Ven y compruébalo. La nieve comenzó a arremolinarse violentamente a mi alrededor. Miles de cristales iluminaron la oscuridad de la cueva mientras llevaba lentamente la espada a una posición de combate. El invierno absoluto despertó por completo dentro de mí. La temperatura cayó en picado y la escarcha cubrió cada rincón de aquel lugar. Sury: Apenas está comenzando su historia. Los cristales flotaron alrededor de la hoja de mi espada mientras el hielo se extendía por las paredes. Sury: Y yo me aseguraré de que llegue a ver el siguiente capítulo. Las grietas vibraron. La nieve explotó. El frío descendió todavía más. Sury: Aunque tenga que derribar una grieta para conseguirlo. Durante un instante el propio mundo pareció contener la respiración. El hielo y las fracturas chocaban entre sí incluso antes de que nosotros nos moviéramos. Entonces desaparecimos al mismo tiempo. La tormenta de hielo estalló a mi alrededor mientras las grietas devoraban el espacio entre nosotros. La cueva entera tembló bajo el impacto de ambos poderes y el primer choque entre la Reina del Hielo y el portador de las grietas hizo que el cielo se resquebrajara sobre sus cabezas
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  • Los Caballeros Bastardos-Arco III:
    Fandom Culto de Saturno
    Categoría Acción
    Era una mañana fría. El cielo se teñía de tonos rosados mientras la ciudad despertaba lentamente. Los primeros automóviles comenzaban a llenar las calles y las cafeterías abrían sus puertas a los trabajadores que iniciaban una nueva jornada.

    Entre aquella multitud se encontraban nuestros protagonistas: Zelkova, el cura exiliado. Nami, la ladrona. Marco, el vengador.

    Los dos hermanos ocultaban sus identidades bajo pelucas, maquillaje y ropa distinta a la habitual. A simple vista eran sólo ciudadanos más entre la multitud. Fugitivos ante la ley, no podían permitirse cometer errores.

    Zelkova, en cambio, caminaba con relativa tranquilidad. Según los registros alterados por el Culto de Saturno, estaba muerto. Aquella circunstancia lo convertía en el único miembro del grupo capaz de moverse libremente dentro del ojo del huracán.

    Finalmente llegaron frente al Hospital Privado Germánico Nueva Esperanza. El edificio se elevaba majestuoso sobre los demás, una torre de cristal y acero que reflejaba los colores del amanecer. Su reputación era impecable. Médicos prestigiosos, tecnología de vanguardia y pacientes capaces de pagar tratamientos imposibles de encontrar en otros lugares.

    En la cima del octavo piso, observando la ciudad desde una amplia oficina, se encontraba el director: Cassius Vagner.

    Un apellido respetado en el ámbito médico. Una figura influyente cuya red de hospitales se extendía por varias regiones del país.

    Abajo, las puertas automáticas se abrieron silenciosamente al detectar la presencia de los recién llegados. Por ahora, sus disfraces seguían funcionando.

    Porque mientras los tres cruzaban aquellas puertas, lejos de su vista comenzaban a moverse piezas mucho más peligrosas que cualquier policía o cultista al que hubieran enfrentado antes. Los enemigos estaban cerca. Y cuando finalmente mostraran sus rostros, la guerra contra el Culto de Saturno entraría en una nueva fase.

    Una fase marcada por sangre, secretos y hombres que habían renunciado a toda nobleza para convertirse en algo peor.

    Los Caballeros Bastardos habían comenzado a cabalgar.
    Era una mañana fría. El cielo se teñía de tonos rosados mientras la ciudad despertaba lentamente. Los primeros automóviles comenzaban a llenar las calles y las cafeterías abrían sus puertas a los trabajadores que iniciaban una nueva jornada. Entre aquella multitud se encontraban nuestros protagonistas: Zelkova, el cura exiliado. Nami, la ladrona. Marco, el vengador. Los dos hermanos ocultaban sus identidades bajo pelucas, maquillaje y ropa distinta a la habitual. A simple vista eran sólo ciudadanos más entre la multitud. Fugitivos ante la ley, no podían permitirse cometer errores. Zelkova, en cambio, caminaba con relativa tranquilidad. Según los registros alterados por el Culto de Saturno, estaba muerto. Aquella circunstancia lo convertía en el único miembro del grupo capaz de moverse libremente dentro del ojo del huracán. Finalmente llegaron frente al Hospital Privado Germánico Nueva Esperanza. El edificio se elevaba majestuoso sobre los demás, una torre de cristal y acero que reflejaba los colores del amanecer. Su reputación era impecable. Médicos prestigiosos, tecnología de vanguardia y pacientes capaces de pagar tratamientos imposibles de encontrar en otros lugares. En la cima del octavo piso, observando la ciudad desde una amplia oficina, se encontraba el director: Cassius Vagner. Un apellido respetado en el ámbito médico. Una figura influyente cuya red de hospitales se extendía por varias regiones del país. Abajo, las puertas automáticas se abrieron silenciosamente al detectar la presencia de los recién llegados. Por ahora, sus disfraces seguían funcionando. Porque mientras los tres cruzaban aquellas puertas, lejos de su vista comenzaban a moverse piezas mucho más peligrosas que cualquier policía o cultista al que hubieran enfrentado antes. Los enemigos estaban cerca. Y cuando finalmente mostraran sus rostros, la guerra contra el Culto de Saturno entraría en una nueva fase. Una fase marcada por sangre, secretos y hombres que habían renunciado a toda nobleza para convertirse en algo peor. Los Caballeros Bastardos habían comenzado a cabalgar.
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  • — Seguir peleando pese a saber que no puedes ganar, pese a que no tiene sentido, esos fueron mis errores.
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  • Jeje~ vamos, no puedes dejar que ese patán haga eso... Las historias escritas y sus clichés tontos, si yo fuera un personaje escrito estoy seguro que no cometería errores así...
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    La muerte sela está dejando fácil a Lorenzo para salvar a Billy y ebitar hsver un trato tonto, y eso que rio no comete errores :0//
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  • Los grandes errores suelen empezar cuando alguien hace magia sin haber calentado antes.
    Los grandes errores suelen empezar cuando alguien hace magia sin haber calentado antes.
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  • •Las Crónicas De Fenrir Queen•

    Capítulo 2: Dos heridas, un mismo rastro

    La conversación se fue apagando poco a poco después de aquello. No porque alguno quisiera marcharse, sino porque ambos parecíamos estar procesando lo que acabábamos de descubrir. Durante semanas había recorrido caminos, pueblos y ciudades enteras buscando respuestas para unas heridas que nadie sabía explicar, y ahora, por primera vez desde que había comenzado mi viaje, me encontraba frente a alguien que cargaba con algo parecido.

    El sonido de la chimenea crepitaba suavemente a nuestra izquierda mientras la mayoría de los viajeros continuaban con sus conversaciones. La lámpara situada entre nosotros proyectaba una luz cálida sobre la mesa de madera y, aunque el ambiente de la posada era acogedor, no podía dejar de mirar aquellas grietas que recorrían su brazo. Eran diferentes a las mías. Mucho más pequeñas. Mucho más localizadas. Sin embargo, se parecían demasiado para ser una simple coincidencia.

    Fenrir: —Cuánto tiempo llevas así?

    El muchacho bajó la mirada hacia su brazo vendado y permaneció pensativo durante unos segundos antes de responder.

    Desconocido: —No estoy seguro… algunas semanas.

    Asentí lentamente por las coincidencias y similitudes.

    Fenrir: —Entonces te encontraste con él hace poco.

    Desconocido: —Sí.

    Volvió a hacerse el silencio.

    No era incómodo.

    Simplemente ninguno parecía saber cómo continuar una conversación sobre alguien de quien no conocíamos absolutamente nada. No teníamos un nombre. No teníamos una explicación. Ni siquiera sabíamos si aquel muchacho estaba buscando algo o simplemente destruía todo lo que encontraba a su paso.

    Bajé la mirada hacia mis manos. Las vendas asomaban ligeramente por debajo de las mangas y, aunque intentaba ignorarlo, el dolor seguía ahí. Había aprendido a convivir con él durante las últimas semanas, pero eso no significaba que me gustara.

    Fenrir: —Yo ni siquiera pude hacerle frente.

    El muchacho levantó la vista.

    Desconocido: —Qué ocurrió?

    Solté una pequeña risa sin humor mientras observaba las llamas de la chimenea.

    Fenrir: —Lo que ocurrió es que me superó completamente.

    Mis dedos se cerraron ligeramente alrededor del borde de la mesa.

    Fenrir: —Intenté defenderme. Levanté barreras, utilicé todo lo que sabía hacer, pero ni siquiera entendía qué estaba ocurriendo. Sentía cómo el suelo se rompía bajo mis pies y cómo el aire se agrietaba a mi alrededor. Cuando quise darme cuenta ya estaba en el suelo.—

    Durante unos segundos permanecí observando la luz de la lámpara.

    Fenrir: —Ni siquiera fui capaz de herirlo.—

    El muchacho no respondió inmediatamente.
    Parecía analizar cada una de mis palabras.
    Finalmente habló.

    Desconocido: —Sigues viva.

    Parpadeé. No era la respuesta que esperaba.

    Fenrir: —¿Eh?

    Desconocido: —Sigues viva.

    Su voz permanecía tan tranquila como antes.

    Desconocido: —Eso significa que hiciste algo bien.

    Me quedé observándolo en silencio, durante todo aquel tiempo había pensado en mi derrota. Había pensado en mis errores. En lo débil que era. En todo lo que me faltaba por aprender. Nunca me había detenido a pensar en el simple hecho de que había sobrevivido. No sabía si aquello debía hacerme sentir mejor. Pero, de alguna manera, ayudaba.

    La conversación volvió a apagarse mientras varios clientes abandonaban la posada para retirarse a descansar. Poco a poco el lugar comenzó a vaciarse. Las voces se hicieron menos numerosas y el ambiente más tranquilo. Fue entonces cuando una conversación cercana llamó mi atención.

    Dos viajeros estaban sentados junto a la barra hablando en voz baja. Al principio no les presté demasiada atención, hasta que una frase consiguió que levantara ligeramente la cabeza.

    Viajero 1: —Dicen que volvió a aparecer.

    Mi cuerpo se tensó de inmediato. Frente a mí, el muchacho también pareció escucharlo.

    Viajero 2: —Otra vez?

    Viajero 1: —Sí.

    Viajero 2: —Pensé que eran rumores.

    El hombre negó con la cabeza.

    Viajero 1: —Esta vez ocurrió al norte.

    El silencio se instaló entre nuestra mesa. Ambos escuchábamos y sabíamos que aquella conversación podía ser importante.

    Viajero 2: —Y qué pasó?

    Viajero 1: —Un bosque entero quedó destrozado.

    Sentí un escalofrío recorrerme la espalda, el muchacho levantó ligeramente la mirada, yo hice lo mismo. No hacía falta decirlo los dos estábamos pensando exactamente en lo mismo.

    Viajero 2: —Un incendio?

    Viajero 1: —No.

    El hombre bajó la voz.

    Viajero 1: —Dicen que el terreno estaba lleno de grietas.

    Mi respiración se detuvo durante un instante.
    Las mismas palabras. Las mismas señales El mismo rastro.

    Cuando los viajeros continuaron hablando ya apenas podía escucharlos. Mi atención estaba completamente centrada en lo que acababa de oír. Volví a mirar al muchacho pero el ya me estaba mirando.

    Fenrir: —¿Crees que es él?

    El silencio duró varios segundos. Finalmente respondió.

    Desconocido: —No lo sé.

    Sus ojos se desviaron hacia la ventana de la posada. Hacia la oscuridad del exterior.

    Desconocido: —Pero quiero averiguarlo.

    Aquellas palabras quedaron suspendidas en el aire. Por primera vez desde que había comenzado mi viaje sentí algo diferente no era esperanza, no era alivio, era curiosidad.
    Porque una parte de mí había abandonado casa buscando una cura pero otra parte…

    La parte que seguía recordando aquel combate cada vez que cerraba los ojos, necesitaba respuestas.

    Necesitaba entender quién era aquel muchacho y por qué nos había atacado y por qué las heridas que nos había dejado se negaban a desaparecer.

    Miré nuevamente las grietas que recorrían el brazo del desconocido y después observé las vendas que cubrían mis propias manos. Fuera quien fuese aquel muchacho, seguía ahí fuera. Y si realmente había vuelto a aparecer al norte, significaba que el rastro aún estaba caliente. Quizás mi viaje ya no consistía únicamente en encontrar una cura.

    Quizás acababa de convertirse en algo mucho más peligroso. Y por primera vez desde que entré en aquella posada, tuve la sensación de que el destino acababa de unir dos caminos que jamás debieron cruzarse.
    •Las Crónicas De Fenrir Queen• Capítulo 2: Dos heridas, un mismo rastro La conversación se fue apagando poco a poco después de aquello. No porque alguno quisiera marcharse, sino porque ambos parecíamos estar procesando lo que acabábamos de descubrir. Durante semanas había recorrido caminos, pueblos y ciudades enteras buscando respuestas para unas heridas que nadie sabía explicar, y ahora, por primera vez desde que había comenzado mi viaje, me encontraba frente a alguien que cargaba con algo parecido. El sonido de la chimenea crepitaba suavemente a nuestra izquierda mientras la mayoría de los viajeros continuaban con sus conversaciones. La lámpara situada entre nosotros proyectaba una luz cálida sobre la mesa de madera y, aunque el ambiente de la posada era acogedor, no podía dejar de mirar aquellas grietas que recorrían su brazo. Eran diferentes a las mías. Mucho más pequeñas. Mucho más localizadas. Sin embargo, se parecían demasiado para ser una simple coincidencia. Fenrir: —Cuánto tiempo llevas así? El muchacho bajó la mirada hacia su brazo vendado y permaneció pensativo durante unos segundos antes de responder. Desconocido: —No estoy seguro… algunas semanas. Asentí lentamente por las coincidencias y similitudes. Fenrir: —Entonces te encontraste con él hace poco. Desconocido: —Sí. Volvió a hacerse el silencio. No era incómodo. Simplemente ninguno parecía saber cómo continuar una conversación sobre alguien de quien no conocíamos absolutamente nada. No teníamos un nombre. No teníamos una explicación. Ni siquiera sabíamos si aquel muchacho estaba buscando algo o simplemente destruía todo lo que encontraba a su paso. Bajé la mirada hacia mis manos. Las vendas asomaban ligeramente por debajo de las mangas y, aunque intentaba ignorarlo, el dolor seguía ahí. Había aprendido a convivir con él durante las últimas semanas, pero eso no significaba que me gustara. Fenrir: —Yo ni siquiera pude hacerle frente. El muchacho levantó la vista. Desconocido: —Qué ocurrió? Solté una pequeña risa sin humor mientras observaba las llamas de la chimenea. Fenrir: —Lo que ocurrió es que me superó completamente. Mis dedos se cerraron ligeramente alrededor del borde de la mesa. Fenrir: —Intenté defenderme. Levanté barreras, utilicé todo lo que sabía hacer, pero ni siquiera entendía qué estaba ocurriendo. Sentía cómo el suelo se rompía bajo mis pies y cómo el aire se agrietaba a mi alrededor. Cuando quise darme cuenta ya estaba en el suelo.— Durante unos segundos permanecí observando la luz de la lámpara. Fenrir: —Ni siquiera fui capaz de herirlo.— El muchacho no respondió inmediatamente. Parecía analizar cada una de mis palabras. Finalmente habló. Desconocido: —Sigues viva. Parpadeé. No era la respuesta que esperaba. Fenrir: —¿Eh? Desconocido: —Sigues viva. Su voz permanecía tan tranquila como antes. Desconocido: —Eso significa que hiciste algo bien. Me quedé observándolo en silencio, durante todo aquel tiempo había pensado en mi derrota. Había pensado en mis errores. En lo débil que era. En todo lo que me faltaba por aprender. Nunca me había detenido a pensar en el simple hecho de que había sobrevivido. No sabía si aquello debía hacerme sentir mejor. Pero, de alguna manera, ayudaba. La conversación volvió a apagarse mientras varios clientes abandonaban la posada para retirarse a descansar. Poco a poco el lugar comenzó a vaciarse. Las voces se hicieron menos numerosas y el ambiente más tranquilo. Fue entonces cuando una conversación cercana llamó mi atención. Dos viajeros estaban sentados junto a la barra hablando en voz baja. Al principio no les presté demasiada atención, hasta que una frase consiguió que levantara ligeramente la cabeza. Viajero 1: —Dicen que volvió a aparecer. Mi cuerpo se tensó de inmediato. Frente a mí, el muchacho también pareció escucharlo. Viajero 2: —Otra vez? Viajero 1: —Sí. Viajero 2: —Pensé que eran rumores. El hombre negó con la cabeza. Viajero 1: —Esta vez ocurrió al norte. El silencio se instaló entre nuestra mesa. Ambos escuchábamos y sabíamos que aquella conversación podía ser importante. Viajero 2: —Y qué pasó? Viajero 1: —Un bosque entero quedó destrozado. Sentí un escalofrío recorrerme la espalda, el muchacho levantó ligeramente la mirada, yo hice lo mismo. No hacía falta decirlo los dos estábamos pensando exactamente en lo mismo. Viajero 2: —Un incendio? Viajero 1: —No. El hombre bajó la voz. Viajero 1: —Dicen que el terreno estaba lleno de grietas. Mi respiración se detuvo durante un instante. Las mismas palabras. Las mismas señales El mismo rastro. Cuando los viajeros continuaron hablando ya apenas podía escucharlos. Mi atención estaba completamente centrada en lo que acababa de oír. Volví a mirar al muchacho pero el ya me estaba mirando. Fenrir: —¿Crees que es él? El silencio duró varios segundos. Finalmente respondió. Desconocido: —No lo sé. Sus ojos se desviaron hacia la ventana de la posada. Hacia la oscuridad del exterior. Desconocido: —Pero quiero averiguarlo. Aquellas palabras quedaron suspendidas en el aire. Por primera vez desde que había comenzado mi viaje sentí algo diferente no era esperanza, no era alivio, era curiosidad. Porque una parte de mí había abandonado casa buscando una cura pero otra parte… La parte que seguía recordando aquel combate cada vez que cerraba los ojos, necesitaba respuestas. Necesitaba entender quién era aquel muchacho y por qué nos había atacado y por qué las heridas que nos había dejado se negaban a desaparecer. Miré nuevamente las grietas que recorrían el brazo del desconocido y después observé las vendas que cubrían mis propias manos. Fuera quien fuese aquel muchacho, seguía ahí fuera. Y si realmente había vuelto a aparecer al norte, significaba que el rastro aún estaba caliente. Quizás mi viaje ya no consistía únicamente en encontrar una cura. Quizás acababa de convertirse en algo mucho más peligroso. Y por primera vez desde que entré en aquella posada, tuve la sensación de que el destino acababa de unir dos caminos que jamás debieron cruzarse.
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