• La arena no era arena, eran fragmentos de deseos olvidados que crujían como huesos bajo sus pies. El mar no era mar, sino una masa oscura y espesa que reflejaba las caras distorsionadas cada vez que la luna falsa se asomaba entre las nubes. El aire olía a sal, hierro, y...a electricidad estática. Los dedos enguantados de los Vigilantes le hundían las garras en sus brazos, marcando su piel a través de la fina tela de su vestido. Ella respiró hondo, sintiendo como las runas de supresión en sus muñecas latían en sincronía con su pulso acelerado. Cada símbolo era un clavo en su magia, un intento del Consejo por domesticar lo que era indomable.

    El Capitán de los Vigilantes avanzó, su armadura chirriaba con cada paso sobre la arena brillante. La espada rúnica en su mano dejaba un rastro de luz azulada en el aire, como si cortara la realidad misma.

    — Terminemos esto, Kael —dijo uno de Los Vigilantes, mientras ajustaba su agarre en el brazo izquierdo de Svetla— hay que llevarla ante el Consejo antes de que...

    — Antes de que ¿qué? —interrumpió ella, alzando la vista con una sonrisa desafiante. Su mechón blanco brillaba bajo la luz lunar— ¿antes de que él Capitán recuerde que...su esposa también pidió un deseo una vez? Uno que él no supo darle.

    El Capitán se tensó. El filo de su espada tembló levemente

    "Si...ahí está. La grieta en tu armadura, capitán" Pensó.

    «𝘌𝘴𝘤𝘶𝘱𝘦 𝘦𝘯 𝘴𝘶 𝘤𝘢𝘳𝘢 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘮𝘰𝘳𝘪𝘳.» Murmuró Luc, con su silueta semitransparente flotando a un lado de ella. Pero él sabía que ella no moriría. No hoy.

    Svetla cerró los ojos y escuchó. Más allá de las palabras de los Vigilantes, que seguían discutiendo que hacer. Más allá de la voz de la sombra fantasmal que siempre la acompañaba. Más allá del crujir de sus propios pasos. Allí, estaba el verdadero sonido de ese lugar:

    𝙀𝙡 𝙢𝙖𝙧.

    No. 𝘕𝘰 𝘦𝘳𝘢 𝘴𝘰𝘭𝘰 𝘦𝘭 𝘮𝘢𝘳. No era el simple oleaje de un océano humano, sino el susurro del Primer Caos, aquel que existía antes de que los deseos tuvieran un nombre. Era un murmullo que le hablaba en lenguas olvidadas, que le recordaba lo que era: hija del abismo, tejedora de costuras entre mundos, vendedora de deseos.

    — ¿Sabes que le pasa al mar cuando alguien le pide un deseo...? —susurró Svetla.

    — Cállate —gruñó el capitan, ignorando el significado tras las palabras de la castaña— No puedes escapar, Le'ron. tus poderes están...

    — ¿Bloqueados? —Svetla rió, y en ese momento, la primera gota de sangre cayó de su nariz a la arena. Los vigilantes no la vieron hundirse en el suelo, no sintieron como los granos de deseos olvidados absorbían la gota rojiza— quizás los poderes pueden ser robados, Kael. Pero el caos... 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘰𝘴 𝘴𝘪𝘮𝘱𝘭𝘦𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘴.

    Con un movimiento brusco, la castaña retorció su brazo izquierdo hasta sentir el crujido del hueso dislocándose. El dolor no importaba, porque había algo que callaría al dolor pronto...la libertad.

    Las runas de supresión necesitaban contacto completo para funcionar. Un hueso fuera de lugar, una herida abierta, y la cadena se rompía por un instante. Un segundo. Un segundo era todo lo que necesitaba.

    "Ven a mi" Susurró al mar, pero no con palabras, sino con el lenguaje de las cosas que se rompen. "Cómo yo voy a ti."

    𝙀𝙡 𝙤𝙘𝙚𝙖𝙣𝙤 𝙧𝙪𝙜𝙞𝙤.

    No fue una ola lo que vino, sino una herida en el mundo que se abrió desde las profundidades hasta la orilla. Los Vigilantes gritaron cuando el agua negra les golpeó, pero el verdadero horror llegó cuando vieran lo que realmente era:

    Millones de manos translucidas, bocas abiertas en gritos silenciados, dedos que buscaban agarrar, arrastrar. Los restos de todos los deseos no pagados, las promesas rotas que el mar había recolectado desde el principio de los tiempos.

    — ¡Sueltenla! —alcanzó a gritar uno de Los Vigilantes antes de que la primera mano se cerrara alrededor de su tobillo.

    No necesitó que se lo dijeran dos veces. Con un movimiento fluido –como si el dolor de su brazo le perteneciera a otro cuerpo–, se zafó de los agarres y saltó hacia la brecha.

    El agua fría la envolvió como un vientre materno. Por un momento, todo fue silencio y oscuridad. Luego, las voces comenzaron. "𝘜𝘯 𝘰𝘫𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘭𝘢 𝘷𝘪𝘴𝘵𝘢 𝘮𝘢𝘴 𝘢𝘨𝘶𝘥𝘢..." "𝘜𝘯 𝘨𝘳𝘪𝘵𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘦𝘭 𝘴𝘪𝘭𝘦𝘯𝘤𝘪𝘰..." "𝘜𝘯 𝘩𝘪𝘫𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘦𝘭 𝘱𝘰𝘥𝘦𝘳..."

    Eran los ecos de los pactos que el mar recordaba. Sintió cómo sus pulmones ardían, pero no por falta de aire –nadie se ahoga aqui– sino porque el caos le preguntaba: "¿𝘘𝘶𝘦 𝘥𝘢𝘴 𝘢 𝘤𝘢𝘮𝘣𝘪𝘰, 𝘱𝘦𝘲𝘶𝘦ñ𝘢 𝘮𝘦𝘯𝘵𝘪𝘳𝘰𝘴𝘢?"

    — ¡Lo que sea! —gritó, y su voz resonó en el mismo caos como un disparo.

    El mar rió. Y entonces, la escupió.

    La castaña cayó de rodillas en la arena. Una arena que no era más que solo arena. Frente a un mar que si era mar. Otra playa, está vez en el plano primario. El agua salada que escupió estaba teñida de rojo, pero no era sangre... 𝘦𝘳𝘢𝘯 𝘱𝘦𝘵𝘢𝘭𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘶𝘯𝘢 𝘧𝘭𝘰𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘦𝘹𝘪𝘴𝘵𝘪𝘢 𝘦𝘯 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘮𝘶𝘯𝘥𝘰.

    A su lado, Luc se materializó, más pálido que de costumbre –como si eso fuera posible–.

    «𝘕𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘮𝘢𝘴 𝘩𝘢𝘨𝘢𝘴 𝘦𝘴𝘰. 𝘕𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘮𝘢𝘴 𝘭𝘭𝘢𝘮𝘦𝘴 𝘢 𝘦𝘴𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘦𝘯𝘵𝘪𝘦𝘯𝘥𝘦𝘴.» Murmuró.

    Ella no respondió. Se limitó a mirar hacia el horizonte, dónde la luna –esta vez, una real. La luna que conocía– se reflejaba sobre aguas demasiado tranquilas.

    En su muñeca, dónde antes estaban las runas de supresión, ahora había una marca nueva. Una que parecía girar si la mirabas demasiado tiempo.

    "Todo deseo tiene un costo..." Pensó, acariciando la marca.
    La arena no era arena, eran fragmentos de deseos olvidados que crujían como huesos bajo sus pies. El mar no era mar, sino una masa oscura y espesa que reflejaba las caras distorsionadas cada vez que la luna falsa se asomaba entre las nubes. El aire olía a sal, hierro, y...a electricidad estática. Los dedos enguantados de los Vigilantes le hundían las garras en sus brazos, marcando su piel a través de la fina tela de su vestido. Ella respiró hondo, sintiendo como las runas de supresión en sus muñecas latían en sincronía con su pulso acelerado. Cada símbolo era un clavo en su magia, un intento del Consejo por domesticar lo que era indomable. El Capitán de los Vigilantes avanzó, su armadura chirriaba con cada paso sobre la arena brillante. La espada rúnica en su mano dejaba un rastro de luz azulada en el aire, como si cortara la realidad misma. — Terminemos esto, Kael —dijo uno de Los Vigilantes, mientras ajustaba su agarre en el brazo izquierdo de Svetla— hay que llevarla ante el Consejo antes de que... — Antes de que ¿qué? —interrumpió ella, alzando la vista con una sonrisa desafiante. Su mechón blanco brillaba bajo la luz lunar— ¿antes de que él Capitán recuerde que...su esposa también pidió un deseo una vez? Uno que él no supo darle. El Capitán se tensó. El filo de su espada tembló levemente "Si...ahí está. La grieta en tu armadura, capitán" Pensó. «𝘌𝘴𝘤𝘶𝘱𝘦 𝘦𝘯 𝘴𝘶 𝘤𝘢𝘳𝘢 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘮𝘰𝘳𝘪𝘳.» Murmuró Luc, con su silueta semitransparente flotando a un lado de ella. Pero él sabía que ella no moriría. No hoy. Svetla cerró los ojos y escuchó. Más allá de las palabras de los Vigilantes, que seguían discutiendo que hacer. Más allá de la voz de la sombra fantasmal que siempre la acompañaba. Más allá del crujir de sus propios pasos. Allí, estaba el verdadero sonido de ese lugar: 𝙀𝙡 𝙢𝙖𝙧. No. 𝘕𝘰 𝘦𝘳𝘢 𝘴𝘰𝘭𝘰 𝘦𝘭 𝘮𝘢𝘳. No era el simple oleaje de un océano humano, sino el susurro del Primer Caos, aquel que existía antes de que los deseos tuvieran un nombre. Era un murmullo que le hablaba en lenguas olvidadas, que le recordaba lo que era: hija del abismo, tejedora de costuras entre mundos, vendedora de deseos. — ¿Sabes que le pasa al mar cuando alguien le pide un deseo...? —susurró Svetla. — Cállate —gruñó el capitan, ignorando el significado tras las palabras de la castaña— No puedes escapar, Le'ron. tus poderes están... — ¿Bloqueados? —Svetla rió, y en ese momento, la primera gota de sangre cayó de su nariz a la arena. Los vigilantes no la vieron hundirse en el suelo, no sintieron como los granos de deseos olvidados absorbían la gota rojiza— quizás los poderes pueden ser robados, Kael. Pero el caos... 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘰𝘴 𝘴𝘪𝘮𝘱𝘭𝘦𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘴. Con un movimiento brusco, la castaña retorció su brazo izquierdo hasta sentir el crujido del hueso dislocándose. El dolor no importaba, porque había algo que callaría al dolor pronto...la libertad. Las runas de supresión necesitaban contacto completo para funcionar. Un hueso fuera de lugar, una herida abierta, y la cadena se rompía por un instante. Un segundo. Un segundo era todo lo que necesitaba. "Ven a mi" Susurró al mar, pero no con palabras, sino con el lenguaje de las cosas que se rompen. "Cómo yo voy a ti." 𝙀𝙡 𝙤𝙘𝙚𝙖𝙣𝙤 𝙧𝙪𝙜𝙞𝙤. No fue una ola lo que vino, sino una herida en el mundo que se abrió desde las profundidades hasta la orilla. Los Vigilantes gritaron cuando el agua negra les golpeó, pero el verdadero horror llegó cuando vieran lo que realmente era: Millones de manos translucidas, bocas abiertas en gritos silenciados, dedos que buscaban agarrar, arrastrar. Los restos de todos los deseos no pagados, las promesas rotas que el mar había recolectado desde el principio de los tiempos. — ¡Sueltenla! —alcanzó a gritar uno de Los Vigilantes antes de que la primera mano se cerrara alrededor de su tobillo. No necesitó que se lo dijeran dos veces. Con un movimiento fluido –como si el dolor de su brazo le perteneciera a otro cuerpo–, se zafó de los agarres y saltó hacia la brecha. El agua fría la envolvió como un vientre materno. Por un momento, todo fue silencio y oscuridad. Luego, las voces comenzaron. "𝘜𝘯 𝘰𝘫𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘭𝘢 𝘷𝘪𝘴𝘵𝘢 𝘮𝘢𝘴 𝘢𝘨𝘶𝘥𝘢..." "𝘜𝘯 𝘨𝘳𝘪𝘵𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘦𝘭 𝘴𝘪𝘭𝘦𝘯𝘤𝘪𝘰..." "𝘜𝘯 𝘩𝘪𝘫𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘦𝘭 𝘱𝘰𝘥𝘦𝘳..." Eran los ecos de los pactos que el mar recordaba. Sintió cómo sus pulmones ardían, pero no por falta de aire –nadie se ahoga aqui– sino porque el caos le preguntaba: "¿𝘘𝘶𝘦 𝘥𝘢𝘴 𝘢 𝘤𝘢𝘮𝘣𝘪𝘰, 𝘱𝘦𝘲𝘶𝘦ñ𝘢 𝘮𝘦𝘯𝘵𝘪𝘳𝘰𝘴𝘢?" — ¡Lo que sea! —gritó, y su voz resonó en el mismo caos como un disparo. El mar rió. Y entonces, la escupió. La castaña cayó de rodillas en la arena. Una arena que no era más que solo arena. Frente a un mar que si era mar. Otra playa, está vez en el plano primario. El agua salada que escupió estaba teñida de rojo, pero no era sangre... 𝘦𝘳𝘢𝘯 𝘱𝘦𝘵𝘢𝘭𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘶𝘯𝘢 𝘧𝘭𝘰𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘦𝘹𝘪𝘴𝘵𝘪𝘢 𝘦𝘯 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘮𝘶𝘯𝘥𝘰. A su lado, Luc se materializó, más pálido que de costumbre –como si eso fuera posible–. «𝘕𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘮𝘢𝘴 𝘩𝘢𝘨𝘢𝘴 𝘦𝘴𝘰. 𝘕𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘮𝘢𝘴 𝘭𝘭𝘢𝘮𝘦𝘴 𝘢 𝘦𝘴𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘦𝘯𝘵𝘪𝘦𝘯𝘥𝘦𝘴.» Murmuró. Ella no respondió. Se limitó a mirar hacia el horizonte, dónde la luna –esta vez, una real. La luna que conocía– se reflejaba sobre aguas demasiado tranquilas. En su muñeca, dónde antes estaban las runas de supresión, ahora había una marca nueva. Una que parecía girar si la mirabas demasiado tiempo. "Todo deseo tiene un costo..." Pensó, acariciando la marca.
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  • —¿Quieres ser inmortal?

    —Hmm… sí, puedo decirte cómo.

    —No es tan difícil como crees.

    —Hay muchas formas: rituales, pactos, juegos con el tiempo, cosas que ni siquiera tienen nombre en tu idioma.

    —Pero no te lo recomiendo.

    —No porque sea imposible, sino porque duele.

    —Mucho.

    —Para volverte inmortal, tienes que renunciar a todo lo que más amas.

    —Y no me refiero solo a personas.

    —Me refiero a tu hogar, tus recuerdos felices, el sonido de la risa sincera, la sensación de un abrazo que significa algo.

    —Al principio, piensas que puedes soportarlo.

    —Que vale la pena.

    —Que el sacrificio es pequeño comparado con la eternidad.

    —Pero luego… un día te das cuenta de que ya no recuerdas el rostro de quien más querías.

    —Otro día, olvidas por qué alguna vez reíste de verdad.

    —Y al final, solo eres un nombre flotando en el vacío, sin significado, sin raíces, sin nadie.

    —¿Sigue sonando atractivo?

    —Porque te lo digo como alguien que ha visto a muchos tomar ese camino…

    —Y ninguno, ni uno solo, ha terminado feliz.
    —¿Quieres ser inmortal? —Hmm… sí, puedo decirte cómo. —No es tan difícil como crees. —Hay muchas formas: rituales, pactos, juegos con el tiempo, cosas que ni siquiera tienen nombre en tu idioma. —Pero no te lo recomiendo. —No porque sea imposible, sino porque duele. —Mucho. —Para volverte inmortal, tienes que renunciar a todo lo que más amas. —Y no me refiero solo a personas. —Me refiero a tu hogar, tus recuerdos felices, el sonido de la risa sincera, la sensación de un abrazo que significa algo. —Al principio, piensas que puedes soportarlo. —Que vale la pena. —Que el sacrificio es pequeño comparado con la eternidad. —Pero luego… un día te das cuenta de que ya no recuerdas el rostro de quien más querías. —Otro día, olvidas por qué alguna vez reíste de verdad. —Y al final, solo eres un nombre flotando en el vacío, sin significado, sin raíces, sin nadie. —¿Sigue sonando atractivo? —Porque te lo digo como alguien que ha visto a muchos tomar ese camino… —Y ninguno, ni uno solo, ha terminado feliz.
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  • El bosque era espeso y fresco, con el murmullo de las hojas danzando en la brisa. "X" avanzaba por el sendero sin prisa, dejando que el sonido de la naturaleza lo envolviera. Era un día tranquilo, de esos en los que el mundo parecía respirar en calma.

    Pero, entonces, algo alteró la armonía.

    Un golpe seco retumbó entre los árboles. Luego otro. Y otro más.

    "X" se detuvo, agudizando el oído. No eran pasos, ni el crujir de una rama al romperse. Eran impactos, repetitivos y fuertes, como si algo estuviera castigando la madera con violencia.

    Con curiosidad, desvió su camino, moviéndose con sigilo entre los arbustos. Se asomó entre las sombras y lo vio.

    Un joven, no mayor de veinte años, con guantes de boxeo y la ropa empapada de sudor, lanzaba golpes contra un grueso tronco seco. Su postura era firme, su mirada concentrada. No notaba nada más, solo el desafío que tenía frente a él.

    Cada golpe hacía vibrar la madera. La corteza se astillaba con cada impacto, pero el joven no se detenía. Su respiración era pesada, rítmica, casi como un ritual.

    Entonces, "X" vio el instante en que todo cambió.

    El muchacho inhaló profundo, tensó los músculos y lanzó un último golpe con toda su fuerza.

    El sonido fue como un trueno. La madera crujió, se partió de inmediato, y el tronco entero cayó al suelo con un estruendo seco. Al mismo tiempo, el guante en su mano derecha se rasgó, incapaz de soportar la fuerza descomunal que había liberado.

    "X" contuvo la respiración, observando al joven que ahora miraba su guante roto con indiferencia. No parecía sorprendido. No parecía satisfecho. Solo suspiró, comenzando a quitárselo con calma.

    Aún no sabía que estaba siendo observado.
    El bosque era espeso y fresco, con el murmullo de las hojas danzando en la brisa. "X" avanzaba por el sendero sin prisa, dejando que el sonido de la naturaleza lo envolviera. Era un día tranquilo, de esos en los que el mundo parecía respirar en calma. Pero, entonces, algo alteró la armonía. Un golpe seco retumbó entre los árboles. Luego otro. Y otro más. "X" se detuvo, agudizando el oído. No eran pasos, ni el crujir de una rama al romperse. Eran impactos, repetitivos y fuertes, como si algo estuviera castigando la madera con violencia. Con curiosidad, desvió su camino, moviéndose con sigilo entre los arbustos. Se asomó entre las sombras y lo vio. Un joven, no mayor de veinte años, con guantes de boxeo y la ropa empapada de sudor, lanzaba golpes contra un grueso tronco seco. Su postura era firme, su mirada concentrada. No notaba nada más, solo el desafío que tenía frente a él. Cada golpe hacía vibrar la madera. La corteza se astillaba con cada impacto, pero el joven no se detenía. Su respiración era pesada, rítmica, casi como un ritual. Entonces, "X" vio el instante en que todo cambió. El muchacho inhaló profundo, tensó los músculos y lanzó un último golpe con toda su fuerza. El sonido fue como un trueno. La madera crujió, se partió de inmediato, y el tronco entero cayó al suelo con un estruendo seco. Al mismo tiempo, el guante en su mano derecha se rasgó, incapaz de soportar la fuerza descomunal que había liberado. "X" contuvo la respiración, observando al joven que ahora miraba su guante roto con indiferencia. No parecía sorprendido. No parecía satisfecho. Solo suspiró, comenzando a quitárselo con calma. Aún no sabía que estaba siendo observado.
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  • Un nuevo visitante
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    Categoría Acción
    > Las semanas anteriores, el joven fue entrenado por su salvador: Dante. Éste le otorgó un arco con flechas encantadas; una del hielo y otra de fuego. Durante ese tiempo, pasaron las mañanas y tardes entrenando su puntería y combate para convertirse en un cazador como lo era su maestro. Conforme pasaban los días, el castaño cogió una gran admiración al albino, tomándolo como su aspiración para continuar en ese mundo caótico, en lo que antes era la bella Fortuna. No solo perfeccionó sus técnicas de pelea, sino que si olfato se acostumbró a los nuevos olores de esa cuidad, reconociendo el aroma de los demonios y bestias que debía cazar a varios metros de distancia; junto a ello, sus orejas captaban los sonidos provenientes de ellos, siendo que sus habilidades híbridas se agudizaron. Un humano con las capacidades y fortalezas de un canino: se volvió un cazador ejemplar.

    > Esa tarde, le encomendaron una misión individual: eliminar a los demonios de la zona norte de Fortuna. Habían recibido reportes de sobrevivientes en aquel lugar. Mandar a un perro era crucial; un rescatista. Aceptó la misión sin dudar. Su orgullo y afán de no decepcionar a Dante jugabna un papel al aceptar misiones sin compañía. Se encontraba en dicha zona, dentro de un edificio abandonado y destruido por los impactos de las criaturas. Apuntó su arco a una de ellas, cargado con una flecha de fuego; su intención era quemar a las cercanas y al que impactara. Pero algo cambió ese plan. Un hombre vagaba por las calles, encubierto de la cabeza a los pies; se dirigía directamente a ellos. Si disparaba, podría dañar al civil. Pero, hubo algo que captó toda su atención, más que el hecho de que un hombre se acercara a esas bestias sin un arma.

    (Huele similar a Dante, mas no es él... ¿Quién es?)

    > Salió el edificio; su paso fue al hombre. Las bestias lo percibieron y corrieron hacia él. Preparó nuevamente su flecha; esta vez la lanzó, acertando en la cabeza de una de las criaturas, la cual al caer prendió en fuego, tocando a las demás.

    — ¡Aléjate! — Gritó al hombre misterioso. Debía protegerlo.
    > Las semanas anteriores, el joven fue entrenado por su salvador: Dante. Éste le otorgó un arco con flechas encantadas; una del hielo y otra de fuego. Durante ese tiempo, pasaron las mañanas y tardes entrenando su puntería y combate para convertirse en un cazador como lo era su maestro. Conforme pasaban los días, el castaño cogió una gran admiración al albino, tomándolo como su aspiración para continuar en ese mundo caótico, en lo que antes era la bella Fortuna. No solo perfeccionó sus técnicas de pelea, sino que si olfato se acostumbró a los nuevos olores de esa cuidad, reconociendo el aroma de los demonios y bestias que debía cazar a varios metros de distancia; junto a ello, sus orejas captaban los sonidos provenientes de ellos, siendo que sus habilidades híbridas se agudizaron. Un humano con las capacidades y fortalezas de un canino: se volvió un cazador ejemplar. > Esa tarde, le encomendaron una misión individual: eliminar a los demonios de la zona norte de Fortuna. Habían recibido reportes de sobrevivientes en aquel lugar. Mandar a un perro era crucial; un rescatista. Aceptó la misión sin dudar. Su orgullo y afán de no decepcionar a Dante jugabna un papel al aceptar misiones sin compañía. Se encontraba en dicha zona, dentro de un edificio abandonado y destruido por los impactos de las criaturas. Apuntó su arco a una de ellas, cargado con una flecha de fuego; su intención era quemar a las cercanas y al que impactara. Pero algo cambió ese plan. Un hombre vagaba por las calles, encubierto de la cabeza a los pies; se dirigía directamente a ellos. Si disparaba, podría dañar al civil. Pero, hubo algo que captó toda su atención, más que el hecho de que un hombre se acercara a esas bestias sin un arma. (Huele similar a Dante, mas no es él... ¿Quién es?) > Salió el edificio; su paso fue al hombre. Las bestias lo percibieron y corrieron hacia él. Preparó nuevamente su flecha; esta vez la lanzó, acertando en la cabeza de una de las criaturas, la cual al caer prendió en fuego, tocando a las demás. — ¡Aléjate! — Gritó al hombre misterioso. Debía protegerlo.
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    30
    Estado
    Disponible
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  • «Lealtad.

    Pertenecerse a uno mismo y a alguien más por desición propia. Afrenta completa al egoísta sentido de preservación. ¿O una extensión de él?

    Lealtad. Pactos que se crean, por los que se vive, se sangra, se sufre y se muere. Pactos que otorgan significado. Dos meñiques que se unen.

    Lealtad, eso que surge cuando alimentas a un cachorro con la idea de que lucha por algo más grande que él, y haces que ataque con la ferocidad de un león.»
    «Lealtad. Pertenecerse a uno mismo y a alguien más por desición propia. Afrenta completa al egoísta sentido de preservación. ¿O una extensión de él? Lealtad. Pactos que se crean, por los que se vive, se sangra, se sufre y se muere. Pactos que otorgan significado. Dos meñiques que se unen. Lealtad, eso que surge cuando alimentas a un cachorro con la idea de que lucha por algo más grande que él, y haces que ataque con la ferocidad de un león.»
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  • - "No puedo permitir que otros caigan en sus manos. El parásito esta saliendose de control, ha logrado adaptar la forma de una sustancia similar a la sangre. Su comportamiento agresivo ha devorado demasiados huéspedes.. Necesito eliminarlo..."

    Herido, avanza hasta la siguiente habitación. Su perdida de sangre ha estado desafiando las intensas ganas de vivir de Vladimir. Entre el hilo de la vida y la muerte, llegando ya a las instalaciones de refrigerado de sustancias o prototipos experimentales. Solo quedaba destruir al sujeto experimental, solo quedaba...

    ▪︎ "¡Detenerlo ahora mismo! Que no se acerque al parásito, es peligroso para todos aquí."

    Habiendo escuchado sus voces tan cercanas, intenta apresurarse, pero la perdida de sangre ha ralentizado sus desesperados movimientos. Subiendo su mirada notaba que habria llegado, liberando el contenedor de la maquina de refrigeración aquella cápsula.

    - "Si te destruyo aquí mismo, nadie tendrá que pasar por las torturas por las que pasó mi hermana... Se acabó."

    Finalmente encuentran al individuo con la cápsula, y sin titubear el guardia arremete una rafaga de disparos sobre Vladimir buscando no dañar la capsula. Este por movimiento brusco antes de los impactos, abre la capsula en lo que seria acribillado. Asi, liberando el virus parasitario de su encierro.

    . . .

    "¿Realmente sigues con vida, Heller?"
    - "No puedo permitir que otros caigan en sus manos. El parásito esta saliendose de control, ha logrado adaptar la forma de una sustancia similar a la sangre. Su comportamiento agresivo ha devorado demasiados huéspedes.. Necesito eliminarlo..." Herido, avanza hasta la siguiente habitación. Su perdida de sangre ha estado desafiando las intensas ganas de vivir de Vladimir. Entre el hilo de la vida y la muerte, llegando ya a las instalaciones de refrigerado de sustancias o prototipos experimentales. Solo quedaba destruir al sujeto experimental, solo quedaba... ▪︎ "¡Detenerlo ahora mismo! Que no se acerque al parásito, es peligroso para todos aquí." Habiendo escuchado sus voces tan cercanas, intenta apresurarse, pero la perdida de sangre ha ralentizado sus desesperados movimientos. Subiendo su mirada notaba que habria llegado, liberando el contenedor de la maquina de refrigeración aquella cápsula. - "Si te destruyo aquí mismo, nadie tendrá que pasar por las torturas por las que pasó mi hermana... Se acabó." Finalmente encuentran al individuo con la cápsula, y sin titubear el guardia arremete una rafaga de disparos sobre Vladimir buscando no dañar la capsula. Este por movimiento brusco antes de los impactos, abre la capsula en lo que seria acribillado. Asi, liberando el virus parasitario de su encierro. . . . "¿Realmente sigues con vida, Heller?"
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  • ▭▬▬ ▬ ▬▬▬▬▛ ▜▬▬▬▬ ▬

    (TEMA SENSIBLE NO APTO PARA TODO PÚBLICO)

    𝑹𝒆𝒅 𝑷𝒂𝒓𝒕𝒊𝒆𝒔 ꧂





    Las "Fiestas Rojas" por su traducción del inglés, son ostentosas reuniones donde solo asisten, la crema de la crema, la Elite.

    Dentro de las paredes de esa fiesta se esconden: pactos satánicos, rituales virginales, ab*sos y v*olaciones de todo tipo, sacrificios y derramamiento de sangre, pr*stitucion y redes de tr*fico de toda indole.

    También se pactan el exito de artistas, compañías, políticos, ideologías, personas influyentes como también el fracaso, la ruina incluso la muerte de cualquier estorbo a los intereses de la Elite 𝕴𝖑𝖑𝖚𝖒𝖎𝖓𝖆𝖙𝖎.

    Solo celebra una vez al año...

    Y todo invitado tiene que vestir una túnica roja simbolizando una sola cosa:

    Ellos están manchados de sangre de sus víctimas, sangre que acumulan para 𝐿𝑢𝑐𝑖𝑓𝑒𝑟 𝑜 𝐵𝑎𝑝ℎ𝑜𝑚𝑒𝑡

    ɪʟʟᴜᴍɪɴᴀᴛɪ
    ◢✥𝐆azú✥◣
    ▭▬▬ ▬ ▬▬▬▬▛ 👁️ ▜▬▬▬▬ ▬ (TEMA SENSIBLE NO APTO PARA TODO PÚBLICO) ⸻🍷 𝑹𝒆𝒅 𝑷𝒂𝒓𝒕𝒊𝒆𝒔 ꧂ 🎃 Las "Fiestas Rojas" por su traducción del inglés, son ostentosas reuniones donde solo asisten, la crema de la crema, la Elite. Dentro de las paredes de esa fiesta se esconden: pactos satánicos, rituales virginales, ab*sos y v*olaciones de todo tipo, sacrificios y derramamiento de sangre, pr*stitucion y redes de tr*fico de toda indole. También se pactan el exito de artistas, compañías, políticos, ideologías, personas influyentes como también el fracaso, la ruina incluso la muerte de cualquier estorbo a los intereses de la Elite 𝕴𝖑𝖑𝖚𝖒𝖎𝖓𝖆𝖙𝖎. Solo celebra una vez al año... Y todo invitado tiene que vestir una túnica roja simbolizando una sola cosa: Ellos están manchados de sangre de sus víctimas, sangre que acumulan para 𝐿𝑢𝑐𝑖𝑓𝑒𝑟 𝑜 𝐵𝑎𝑝ℎ𝑜𝑚𝑒𝑡 ɪʟʟᴜᴍɪɴᴀᴛɪ ◢✥𝐆azú✥◣
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  • —Las nuevas leyes salen hoy...

    Suspiró un poco, observando atentamente por el ventanal.

    —Supongo que algo bueno traerá el exterminio al menos una vez más.
    No deseo imponerme como un tirano pero... las cosas deben comenzar a cambiar.

    En pro de mejorar el infierno, pasó meses escribiendo leyes, como cualquier constitución de un país en aras de mejorar la moralidad, ética y convivencia.
    ¿Era necesario tratándose del infierno?
    Por supuesto...

    Así fueran pecadores o demonios de nacimiento, seguían siendo moradores, muchos sólo buscaban continuar con esa vida que perdieron, otros totalmente se habían desvocado y era su trabajo hacer del infierno aquella segunda vida que tanto prometió, sin necesidad de redención o pactos celestiales.
    —Las nuevas leyes salen hoy... Suspiró un poco, observando atentamente por el ventanal. —Supongo que algo bueno traerá el exterminio al menos una vez más. No deseo imponerme como un tirano pero... las cosas deben comenzar a cambiar. En pro de mejorar el infierno, pasó meses escribiendo leyes, como cualquier constitución de un país en aras de mejorar la moralidad, ética y convivencia. ¿Era necesario tratándose del infierno? Por supuesto... Así fueran pecadores o demonios de nacimiento, seguían siendo moradores, muchos sólo buscaban continuar con esa vida que perdieron, otros totalmente se habían desvocado y era su trabajo hacer del infierno aquella segunda vida que tanto prometió, sin necesidad de redención o pactos celestiales.
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  • ≫ ──────── ≪•◦ ❈ ◦•≫──────── ≪
    Elizabeth estuvo toda la tarde en el prado, rodeada por el suave murmullo del viento y el susurro de las flores chocando unas con otras. El horizonte se tiñó de un rojo profundo, como si la propia tierra llorara la pérdida de tiempos que ya no volverían.

    La intensa búsqueda de respuestas la había abrumado, como un denso manto de nubes que oprime el cielo. Se sentía atrapada entre sombras y recuerdos, cuestionándose si realmente tenía sentido seguir adelante.

    Sus pensamientos se oscurecían junto con el día, esta era la primera luna de sangre que vivía lejos de sus tierras, un fenómeno que evocaba rituales pasados, danzas mágicas y pactos con el agua salada de mar.

    No podía creer que habían pasado ya diez años desde el último ritual que presenció;Esta vez bajo la luna no había bailes ni derramamiento de sangre que sellara pactos olvidados. Solo estaba ella, inmersa en una profunda tristeza, haciendo memoria de aquellos días de infancia, donde todo parecía posible a pesar del régimen que moldeaba sus sueños para convertirlos en armas. Recordaba la luz dorada que bañaba su hogar, los rostros familiares delineados por la esperanza, aunque la guerra acechara en el horizonte.

    Ahora, esa vitalidad se había desvanecido, y Liz vagaba sin rumbo, sin propósito definido, buscando un sentido en un mundo que parecía despojado de significado. Los ecos de su pasado resonaban como cantos lejanos, llevándola a preguntarse si alguna vez podría encontrar un nuevo hogar en la vasta soledad del presente.
    ≫ ──────── ≪•◦ ❈ ◦•≫──────── ≪ Elizabeth estuvo toda la tarde en el prado, rodeada por el suave murmullo del viento y el susurro de las flores chocando unas con otras. El horizonte se tiñó de un rojo profundo, como si la propia tierra llorara la pérdida de tiempos que ya no volverían. La intensa búsqueda de respuestas la había abrumado, como un denso manto de nubes que oprime el cielo. Se sentía atrapada entre sombras y recuerdos, cuestionándose si realmente tenía sentido seguir adelante. Sus pensamientos se oscurecían junto con el día, esta era la primera luna de sangre que vivía lejos de sus tierras, un fenómeno que evocaba rituales pasados, danzas mágicas y pactos con el agua salada de mar. No podía creer que habían pasado ya diez años desde el último ritual que presenció;Esta vez bajo la luna no había bailes ni derramamiento de sangre que sellara pactos olvidados. Solo estaba ella, inmersa en una profunda tristeza, haciendo memoria de aquellos días de infancia, donde todo parecía posible a pesar del régimen que moldeaba sus sueños para convertirlos en armas. Recordaba la luz dorada que bañaba su hogar, los rostros familiares delineados por la esperanza, aunque la guerra acechara en el horizonte. Ahora, esa vitalidad se había desvanecido, y Liz vagaba sin rumbo, sin propósito definido, buscando un sentido en un mundo que parecía despojado de significado. Los ecos de su pasado resonaban como cantos lejanos, llevándola a preguntarse si alguna vez podría encontrar un nuevo hogar en la vasta soledad del presente.
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    『 Ꮪꭺɴꮐꭱꭼ Ꭱꭼꭺꮮ: Ꮩꭼꭱꮪꮻ 3 』

    Con el pasar del tiempo, Gazú se ganó la confianza de Elara, le hablaba de hechizos y pactos nacidos en la penumbra del secretismo ♣️♠️

    Y ella, a su vez, le confeso de su ira y celos hacia su hermana, como también su ambición ardiente al trono.

    Gazú le susurraba promesas de poder y venganza pero antes debían pactar para confabularse, y adquirir poderes demoniacos para asegurar el trono.

    Bajo la luna, ambos fueron a un bosque retirado y apartado... Y bajo el fuego y la sangre, hicieron el pacto. Los demonios otorgaron, Gazú se confabuló y Elara obtendría el trono al precio de su sangre real...


    ◢✥𝐆azú✥◣
    #MonoRol

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    ⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘ 『 Ꮪꭺɴꮐꭱꭼ Ꭱꭼꭺꮮ: Ꮩꭼꭱꮪꮻ 3 』 Con el pasar del tiempo, Gazú se ganó la confianza de Elara, le hablaba de hechizos y pactos nacidos en la penumbra del secretismo ♣️♠️ Y ella, a su vez, le confeso de su ira y celos hacia su hermana, como también su ambición ardiente al trono. Gazú le susurraba promesas de poder y venganza pero antes debían pactar para confabularse, y adquirir poderes demoniacos para asegurar el trono. Bajo la luna, ambos fueron a un bosque retirado y apartado... Y bajo el fuego y la sangre, hicieron el pacto. Los demonios otorgaron, Gazú se confabuló y Elara obtendría el trono al precio de su sangre real... 🗡️👑 ◢✥𝐆azú✥◣ #MonoRol ⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘
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