˚‧⁺. ╎ 𝑪𝑬𝑹𝑺𝑬𝑰 🔥 ╎ .⁺˚‧
「❛❛¿Porqué temer al cambio, si nos acerca a la perfección?❜❜」
• • • • • • •
˚‧⁺.🍷╰─➤𝑾𝑯𝑶 𝑰𝑺 𝑪𝑬𝑹𝑺𝑬𝑰 :
Cersei es una de los primarcas del Imperio de la Humanidad. Originaria de Chemos y dotada de una mente brillante, posee una gran sensibilidad artística y una obsesión feroz por la perfección. Artista y guerra, está convencida de que la humanidad solo puede transcender a través de la excelencia. Tras su trágica caída, Cersei se vuelve una esteta del arte de la destrucción; transforma la guerra en espectáculo, y el dolor en una obra de arte sublime.

Es, a través de los excesos y la búsqueda de la experiencia más extrema, que cree posible alcanzar una forma superior de existencia.
  • Premium
  • Género Femenino
  • Raza Primarca
  • Fandom Warhammer 40k
  • Esteta de los excesos╎Primarca de la III Legión
  • Es complicado
  • Cumpleaños 20 de enero
  • 7 Publicaciones
  • 7 Escenas
  • Se unió en diciembre 2025
  • 36 Visitas perfil
Otra información
  • Tipo de personaje
    2D
Publicaciones Recientes
  • ────Cuidado, Gorgona. Si sigues golpeando de esa forma tan bruta, terminarás partiendo la forja en dos –le advertí a Ferrus.

    Ella resopló. No levantó la vista para mirarme, y contrario a lo que le dije, comenzó a golpear el metal con más fuerza de la necesaria. La base sólida sobre la que trabajábamos fue sabia y supo absorber sus brutales impactos. Poco refinados, como era su costumbre. Me irritaba cuando hacía eso.

    ────El metal no necesita halagos –gruñó absorta en su labor–. Necesita disciplina. Aguantar.

    ────Claro que sí –respondí, ladeando la cabeza. A diferencia suya, cada impacto de mi martillo sobre el bloque era preciso, exacto. Tomé el metal con las pinzas, me calentó el rostro al alzarlo frente a mí–. El metal de este no solo será certero en combate, despertará admiración en cualquiera que vea quién lo está portando.

    ────Un arma no es un accesorio de belleza. –replicó. Hizo un ademán despectivo, ceñuda, como si hubiera desafiado cualquier lógica existente. Por fin me miraba–Además, ¿qué es esa cosa?

    Abrí los ojos, exageradamente ofendida.

    ────Que comentario tan cruel. «Esa cosa», como tú lo llamas, no solo será hermoso, será devastador con quién se interponga en su camino en la Gran Cruzada.

    Ferrus negó con la cabeza y retomó su trabajo. Jamás se lo dije, pero era adorable cuando lograba sacarla de sus casillas. Su ceja espesa dramatizaba sus gestos, el color le trepaba por el cuello y un brote de manchas rojas le salpicaba el rostro severo. Parecía una fresa fresca salida de los jardines de Iax. Solo que si yo le hincaba el diente, lo que explotaría no sería precisamente un sabor que se quedaría impreso en mi boca.

    ────Si se rompe en batalla, no vengas llorando.

    ────Si se rompe –sonreí–, será porque la galaxia no estaba preparada para él. Y tú sabes bien que, para cualquier cosa que pase en mis manos, eso es... imposible.

    Fui infantil en ese instante y le sacudí de lado a lado el bloque incandescente junto a ella. Solo con Ferrus me permitía bromear de esa forma. El metal emitió un leve zumbido. Casi un ronroneo de un felino peludo.

    ────¿Ves? Le agradas. Pero... –hice una pausa y miré el bloque como si fuera mi mayor confidente– yo te agrado más, ¿verdad?

    ────Cersei, estoy a punto de arrojar a tu amiguito a la lava, como sigas así.

    ────Una amenaza vacía. No lo admites, pero puedes observar la calidad y la perfección con la que esta arma se está forjando. Te conozco, Ferrus, y sé que nunca dejarías salir de tu forja una pieza tan bien trabajada sin terminar.

    Su columna permaneció quieta por un momento. La siguiente sucesión de golpes sobre el yunque confirmó mis sospechas. Ella nunca permitiría que se corriera la voz de que un trabajo mal hecho había salido del calor de su forja.

    ────Haces demasiadas bromas –gruñó. Más golpes brutales se precipitaron sobre el metal, este se desplegó como un pergamino antiguo sobre nuestro espacio de trabajo. Lo que estaba creando sería una espada–. Hablas mucho y trabajas tan poco.

    Le sonreí, dejé mis herramientas a un lado y me senté en el borde del área de trabajo. El sudor me resbalaba por la piel como una película líquida de la que quería deshacerme con el vapor de una ducha caliente.

    ────Porque eres aburrida hasta la muerte.

    ────Idiota.

    ────Una idiota perfecta –la corregí–. Y tú una herrera cabeza dura... con gran talento.

    Levanté una ceja cuando me observó de reojo. Yo no exageraba; no era un elogio dicho a la ligera, jamás lo eran. Ferrus era una herrera excepcional, nadie superaba su destreza en el arte de la forja. Ningunas manos podrían igualarla, ni replicar nada de lo que ella era capaz de hacer. Y aún así allí estaba yo, aceptando aquel desafío, apunto de descubrir quién de las dos sería capaz de crear el arma perfecta. La respetaba.

    Entonces la vi. Justo debajo de su mejilla, se dibujó una sonrisa. La primera en aquellas interminables horas. No recuerdo cuánto tiempo pasamos dentro de esa forja, trabajando hombro con hombro, rodeadas por el incesante golpear de los martillos, intercambiando insultos y bromas sanas que nos lanzábamos mutuamente. El metal siseó al enfriarse, hasta que su brillo se apagó.

    Esos largos días dieron dos frutos. Yo forjé un martillo de guerra, recio y de peso formidable. En la cabeza tenía esculpida una gloriosa águila, su pico se alzaba amenazante, marcando el punto de impacto, capaz de someter a una montaña. Lo llamé Rompeforjas.

    Ferrus, en cambio, fabricó una espada dorada que ardía permanentemente, conteniendo en su hoja afilada el calor de la forja. Su nombre era Filo de Fuego.

    Me quedé sin palabras al observar su creación en sus manos. Filo de Fuego era imponente, pensé en las tantas formas con las que se podría bailar con ella en el campo de batalla; perforando el acero y cauterizando heridas al mismo tiempo que las trazaba sobre la piel. Bajé a Rompeforjas y mi frente ante la Gorgona. Admití mi derrota, su espada era mejor que mi martillo.

    Y para mi sorpresa, ella hizo exactamente mismo.

    Intercambiamos nuestras armas; yo me quedé con la espada, y ella con el martillo. La forja no solo moldeó a nuestras creaciones, también una amistad que creíamos eterna. Hasta que el destino la puso a prueba de la peor forma posible.

    Y... esa fue toda la historia. ¿Quieres más vino de la victoria? Yo sí. Aún conserva ese sabor añejado que Eidolon le dio al barril. Sería una descortesía desperdiciarlo. Mi garganta está seca.
    ────Cuidado, Gorgona. Si sigues golpeando de esa forma tan bruta, terminarás partiendo la forja en dos –le advertí a Ferrus. Ella resopló. No levantó la vista para mirarme, y contrario a lo que le dije, comenzó a golpear el metal con más fuerza de la necesaria. La base sólida sobre la que trabajábamos fue sabia y supo absorber sus brutales impactos. Poco refinados, como era su costumbre. Me irritaba cuando hacía eso. ────El metal no necesita halagos –gruñó absorta en su labor–. Necesita disciplina. Aguantar. ────Claro que sí –respondí, ladeando la cabeza. A diferencia suya, cada impacto de mi martillo sobre el bloque era preciso, exacto. Tomé el metal con las pinzas, me calentó el rostro al alzarlo frente a mí–. El metal de este no solo será certero en combate, despertará admiración en cualquiera que vea quién lo está portando. ────Un arma no es un accesorio de belleza. –replicó. Hizo un ademán despectivo, ceñuda, como si hubiera desafiado cualquier lógica existente. Por fin me miraba–Además, ¿qué es esa cosa? Abrí los ojos, exageradamente ofendida. ────Que comentario tan cruel. «Esa cosa», como tú lo llamas, no solo será hermoso, será devastador con quién se interponga en su camino en la Gran Cruzada. Ferrus negó con la cabeza y retomó su trabajo. Jamás se lo dije, pero era adorable cuando lograba sacarla de sus casillas. Su ceja espesa dramatizaba sus gestos, el color le trepaba por el cuello y un brote de manchas rojas le salpicaba el rostro severo. Parecía una fresa fresca salida de los jardines de Iax. Solo que si yo le hincaba el diente, lo que explotaría no sería precisamente un sabor que se quedaría impreso en mi boca. ────Si se rompe en batalla, no vengas llorando. ────Si se rompe –sonreí–, será porque la galaxia no estaba preparada para él. Y tú sabes bien que, para cualquier cosa que pase en mis manos, eso es... imposible. Fui infantil en ese instante y le sacudí de lado a lado el bloque incandescente junto a ella. Solo con Ferrus me permitía bromear de esa forma. El metal emitió un leve zumbido. Casi un ronroneo de un felino peludo. ────¿Ves? Le agradas. Pero... –hice una pausa y miré el bloque como si fuera mi mayor confidente– yo te agrado más, ¿verdad? ────Cersei, estoy a punto de arrojar a tu amiguito a la lava, como sigas así. ────Una amenaza vacía. No lo admites, pero puedes observar la calidad y la perfección con la que esta arma se está forjando. Te conozco, Ferrus, y sé que nunca dejarías salir de tu forja una pieza tan bien trabajada sin terminar. Su columna permaneció quieta por un momento. La siguiente sucesión de golpes sobre el yunque confirmó mis sospechas. Ella nunca permitiría que se corriera la voz de que un trabajo mal hecho había salido del calor de su forja. ────Haces demasiadas bromas –gruñó. Más golpes brutales se precipitaron sobre el metal, este se desplegó como un pergamino antiguo sobre nuestro espacio de trabajo. Lo que estaba creando sería una espada–. Hablas mucho y trabajas tan poco. Le sonreí, dejé mis herramientas a un lado y me senté en el borde del área de trabajo. El sudor me resbalaba por la piel como una película líquida de la que quería deshacerme con el vapor de una ducha caliente. ────Porque eres aburrida hasta la muerte. ────Idiota. ────Una idiota perfecta –la corregí–. Y tú una herrera cabeza dura... con gran talento. Levanté una ceja cuando me observó de reojo. Yo no exageraba; no era un elogio dicho a la ligera, jamás lo eran. Ferrus era una herrera excepcional, nadie superaba su destreza en el arte de la forja. Ningunas manos podrían igualarla, ni replicar nada de lo que ella era capaz de hacer. Y aún así allí estaba yo, aceptando aquel desafío, apunto de descubrir quién de las dos sería capaz de crear el arma perfecta. La respetaba. Entonces la vi. Justo debajo de su mejilla, se dibujó una sonrisa. La primera en aquellas interminables horas. No recuerdo cuánto tiempo pasamos dentro de esa forja, trabajando hombro con hombro, rodeadas por el incesante golpear de los martillos, intercambiando insultos y bromas sanas que nos lanzábamos mutuamente. El metal siseó al enfriarse, hasta que su brillo se apagó. Esos largos días dieron dos frutos. Yo forjé un martillo de guerra, recio y de peso formidable. En la cabeza tenía esculpida una gloriosa águila, su pico se alzaba amenazante, marcando el punto de impacto, capaz de someter a una montaña. Lo llamé Rompeforjas. Ferrus, en cambio, fabricó una espada dorada que ardía permanentemente, conteniendo en su hoja afilada el calor de la forja. Su nombre era Filo de Fuego. Me quedé sin palabras al observar su creación en sus manos. Filo de Fuego era imponente, pensé en las tantas formas con las que se podría bailar con ella en el campo de batalla; perforando el acero y cauterizando heridas al mismo tiempo que las trazaba sobre la piel. Bajé a Rompeforjas y mi frente ante la Gorgona. Admití mi derrota, su espada era mejor que mi martillo. Y para mi sorpresa, ella hizo exactamente mismo. Intercambiamos nuestras armas; yo me quedé con la espada, y ella con el martillo. La forja no solo moldeó a nuestras creaciones, también una amistad que creíamos eterna. Hasta que el destino la puso a prueba de la peor forma posible. Y... esa fue toda la historia. ¿Quieres más vino de la victoria? Yo sí. Aún conserva ese sabor añejado que Eidolon le dio al barril. Sería una descortesía desperdiciarlo. Mi garganta está seca.
    Me gusta
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • ────Mis instrumentos se están afinando para la próxima fiesta. No será solo un espectáculo de luces, también de sonido. Queremos que la música se sienta, que se deslice por los sentidos. Que viaje y llegue a otros rincones de la galaxia.

    Por ahora, hazme un favor; cierra los ojos y déjate llevar por la música. Y si sientes que algo se está rompiendo por dentro... relájate. Es completamente normal.
    ────Mis instrumentos se están afinando para la próxima fiesta. No será solo un espectáculo de luces, también de sonido. Queremos que la música se sienta, que se deslice por los sentidos. Que viaje y llegue a otros rincones de la galaxia. Por ahora, hazme un favor; cierra los ojos y déjate llevar por la música. Y si sientes que algo se está rompiendo por dentro... relájate. Es completamente normal.
    Me encocora
    Me gusta
    6
    2 turnos 0 maullidos
  • Me gusta
    Me encocora
    3
    0 comentarios 0 compartidos
  • Me gusta
    1
    0 comentarios 0 compartidos
  • La antigua sala de entrenamiento de la Orgullo del Emperador aún conservaba la estructura perfecta de sus épocas de esplendor. Ahora, esa perfección de la que orgullosamente se había jactado durante esos tiempos dorados, no era más que la sombra de algo perverso. Un instrumento afinado para los más exquisitos excesos.

    Sus imponentes puertas y solidas paredes habían sido profanadas con símbolos oscuros. En otro tiempo, la Orgullo del Emperador habría sido un paraíso para los amantes del arte de Terra, con célebres esculturas erigiéndose como representantes de piedra de la belleza y la naturaleza, y cuadros enmarcados en oro decorando las paredes. Cualquiera que entrara en su interior habría pensado que se encontraba dentro de un museo andante, más que una nave insignia. Ahora la corrupción del caos exaltaba su presencia en formas imposibles y deformes. El aire estaba cargado del aroma del metal caliente y algo dulce, corrupto, que se adhería a los sentidos.

    El piso, del color del más fino vino, le devolvió el reflejo de su armadura. La música del caos reverberaba en el interior de la sala, expectante, como un testigo sin ojos ni voz, preparado para vitorear gritos de asombro por lo que iba a ocurrir allí dentro a continuación. Cersei observó las marcas en el suelo, antes habían sido líneas rectas, disciplinadas; ahora se extendían en surcos irregulares marcados por uñas y algo que quizá había sido acero. O quizá no.

    ────Antes solía entrenar aquí para servir al Emperador… ─murmuró. La música era lenta, como un espectador llegando a un estadio y buscaba su asiento entre las filas antes del espectáculo── Ahora… ahora puede tener un uso mucho más divertido, ¿no lo crees? Morgana Blight
    La antigua sala de entrenamiento de la Orgullo del Emperador aún conservaba la estructura perfecta de sus épocas de esplendor. Ahora, esa perfección de la que orgullosamente se había jactado durante esos tiempos dorados, no era más que la sombra de algo perverso. Un instrumento afinado para los más exquisitos excesos. Sus imponentes puertas y solidas paredes habían sido profanadas con símbolos oscuros. En otro tiempo, la Orgullo del Emperador habría sido un paraíso para los amantes del arte de Terra, con célebres esculturas erigiéndose como representantes de piedra de la belleza y la naturaleza, y cuadros enmarcados en oro decorando las paredes. Cualquiera que entrara en su interior habría pensado que se encontraba dentro de un museo andante, más que una nave insignia. Ahora la corrupción del caos exaltaba su presencia en formas imposibles y deformes. El aire estaba cargado del aroma del metal caliente y algo dulce, corrupto, que se adhería a los sentidos. El piso, del color del más fino vino, le devolvió el reflejo de su armadura. La música del caos reverberaba en el interior de la sala, expectante, como un testigo sin ojos ni voz, preparado para vitorear gritos de asombro por lo que iba a ocurrir allí dentro a continuación. Cersei observó las marcas en el suelo, antes habían sido líneas rectas, disciplinadas; ahora se extendían en surcos irregulares marcados por uñas y algo que quizá había sido acero. O quizá no. ────Antes solía entrenar aquí para servir al Emperador… ─murmuró. La música era lenta, como un espectador llegando a un estadio y buscaba su asiento entre las filas antes del espectáculo── Ahora… ahora puede tener un uso mucho más divertido, ¿no lo crees? [pulse_pink_fox_501]
    Me gusta
    1
    11 turnos 0 maullidos
  • ────He escuchado que hay otros mundos en donde celebran una fiesta especial, llena de luces, música que acobija con sus coros, sabores y reuniones para compartir. Ese esfuerzo colectivo por crear algo así es... hermoso y completamente ajeno al lugar del que provengo. Nunca nos permitimos algo así.
    ────He escuchado que hay otros mundos en donde celebran una fiesta especial, llena de luces, música que acobija con sus coros, sabores y reuniones para compartir. Ese esfuerzo colectivo por crear algo así es... hermoso y completamente ajeno al lugar del que provengo. Nunca nos permitimos algo así.
    Me gusta
    Me encocora
    Me endiabla
    Me shockea
    6
    0 turnos 0 maullidos
Ver más…