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    ****La Edad del Caos****
    -La calma antes del juicio

    Lejos de los templos, lejos de la guerra, existía un lugar donde el mundo aún respiraba, la aldea de los nómadas. Allí, el viento no llevaba plegarias a los dioses sino historias de supervivencia, Onix fue la primera en volver a casa. Su presencia, inesperada y marcada por el dolor, no pasó desapercibida. Entre los suyos aún quedaban rostros que recordaban y entre ellos, uno que no la había olvidado, su tío, el hermano de su padre.

    El mismo hombre que había sobrevivido cuando los Elunai arrasaron con su gente en otra aldea, llevándose a los niños como si fueran herramientas, como si sus vidas no tuvieran valor. Cuando vio a Onix no hizo preguntas simplemente la abrazó y eso fue suficiente.

    Yen llegó como una sombra ajena pero no fue rechazada. Su apariencia, su esencia, su forma de existir, la acercaban más a ellos que a cualquier templo. Para los nómadas, no era una aberración, era solo una niña y eso era suficiente.

    El tiempo, por primera vez desde la tragedia, comenzó a avanzar sin violencia, Yen aprendió a vivir, a caminar sin miedo constante, a comer sin mirar sobre su hombro, a dormir… sin gritar.

    Pero la paz no era completa nunca lo sería, el tío de Onix comenzó a entrenarlas, no como soldados, no como herramientas sino como sobrevivientes.

    Les enseñó a moverse, a resistir, a leer el entorno pero sobre todo, a entender algo que los templos jamás enseñaban: El mundo no era justo y nadie vendría a salvarlas.

    Mientras tanto en las alturas donde aún se aferraban los dioses, el miedo crecía, los restos del templo destruido no quedaron en silencio. Entre los escombros, entre los cuerpos, los registros sobrevivieron. Los Elunai los recuperaron y con ellos la verdad, Yen no era solo una anomalía, no era solo la hija de que ellos llamaban un “Señor del Caos”, era algo peor. Su esencia era pura, demasiado pura, compatible y capaz de unir lo que nunca debia mezclarse.

    Los informes eran claros, si crecía, si sobrevivía, si llegaba a engendrar no habría límite para lo que podría nacer de ella: Elunai, Nómadas, Demonios e Incluso… algo que superara a los propios dioses y ahí estaba el verdadero terror.

    Porque los demonios no eran simples criaturas, no como los mortales creían, ellos nacieron del poder original, del eco de aquello que dio origen a todo cuando los primeros fragmentos se separaron y tomaron forma.

    Los dioses alguna vez estuvieron conectados a ese poder pero lo perdieron, lo rompieron y con ello perdieron la capacidad de crear vida.

    Los demonios no, ellos heredaron ese derecho, por eso los dioses les temían. No por lo que eran sino por lo que podían llegar a ser y Yen era el puente.

    La decisión fue tomada sin discusión, no habría captura, no habría estudio, ya no habría segundas oportunidades... Yen debía morir.

    Mientras ese destino se sellaba en las alturas el mundo abajo ardía, Oz continuaba su avance. Templo tras templo caía, no había estrategia compleja, no había negociación solo destrucción. Cada santuario que caía era un golpe directo al dominio de los dioses, cada ruina un mensaje.

    El mundo ya no les pertenecía pero no era el único problema. En otro continente lejos de su alcance inmediato una nueva amenaza comenzaba a tomar forma.

    Una demonio poderosa, antigua en esencia aunque joven en forma, había reunido a los suyos, no como bestias, no como criaturas salvajes sino como un pueblo.

    Le dio un nombre: Ishtar. Y con él una intención, un reino. Los dioses ahora estaban atrapados.

    Si perseguían a Oz, perdían control sobre Ishtar, si atacaban a Ishtar, Oz seguiría destruyendo todo lo que quedaba.

    Y en medio de todo Yen, la pieza más peligrosa de todas. Sin saberlo la niña entrenaba en la aldea Nómada, Yen comenzaba a moverse con más seguridad. Su cuerpo aprendía… pero su mente avanzaba más rápido.

    Siempre más rápido, observaba, adaptaba, comprendía y en lo profundo de su ser aquel pensamiento seguía creciendo silencioso y firme: "Matar… no era incorrecto, era necesario".
    ****La Edad del Caos**** -La calma antes del juicio Lejos de los templos, lejos de la guerra, existía un lugar donde el mundo aún respiraba, la aldea de los nómadas. Allí, el viento no llevaba plegarias a los dioses sino historias de supervivencia, Onix fue la primera en volver a casa. Su presencia, inesperada y marcada por el dolor, no pasó desapercibida. Entre los suyos aún quedaban rostros que recordaban y entre ellos, uno que no la había olvidado, su tío, el hermano de su padre. El mismo hombre que había sobrevivido cuando los Elunai arrasaron con su gente en otra aldea, llevándose a los niños como si fueran herramientas, como si sus vidas no tuvieran valor. Cuando vio a Onix no hizo preguntas simplemente la abrazó y eso fue suficiente. Yen llegó como una sombra ajena pero no fue rechazada. Su apariencia, su esencia, su forma de existir, la acercaban más a ellos que a cualquier templo. Para los nómadas, no era una aberración, era solo una niña y eso era suficiente. El tiempo, por primera vez desde la tragedia, comenzó a avanzar sin violencia, Yen aprendió a vivir, a caminar sin miedo constante, a comer sin mirar sobre su hombro, a dormir… sin gritar. Pero la paz no era completa nunca lo sería, el tío de Onix comenzó a entrenarlas, no como soldados, no como herramientas sino como sobrevivientes. Les enseñó a moverse, a resistir, a leer el entorno pero sobre todo, a entender algo que los templos jamás enseñaban: El mundo no era justo y nadie vendría a salvarlas. Mientras tanto en las alturas donde aún se aferraban los dioses, el miedo crecía, los restos del templo destruido no quedaron en silencio. Entre los escombros, entre los cuerpos, los registros sobrevivieron. Los Elunai los recuperaron y con ellos la verdad, Yen no era solo una anomalía, no era solo la hija de que ellos llamaban un “Señor del Caos”, era algo peor. Su esencia era pura, demasiado pura, compatible y capaz de unir lo que nunca debia mezclarse. Los informes eran claros, si crecía, si sobrevivía, si llegaba a engendrar no habría límite para lo que podría nacer de ella: Elunai, Nómadas, Demonios e Incluso… algo que superara a los propios dioses y ahí estaba el verdadero terror. Porque los demonios no eran simples criaturas, no como los mortales creían, ellos nacieron del poder original, del eco de aquello que dio origen a todo cuando los primeros fragmentos se separaron y tomaron forma. Los dioses alguna vez estuvieron conectados a ese poder pero lo perdieron, lo rompieron y con ello perdieron la capacidad de crear vida. Los demonios no, ellos heredaron ese derecho, por eso los dioses les temían. No por lo que eran sino por lo que podían llegar a ser y Yen era el puente. La decisión fue tomada sin discusión, no habría captura, no habría estudio, ya no habría segundas oportunidades... Yen debía morir. Mientras ese destino se sellaba en las alturas el mundo abajo ardía, Oz continuaba su avance. Templo tras templo caía, no había estrategia compleja, no había negociación solo destrucción. Cada santuario que caía era un golpe directo al dominio de los dioses, cada ruina un mensaje. El mundo ya no les pertenecía pero no era el único problema. En otro continente lejos de su alcance inmediato una nueva amenaza comenzaba a tomar forma. Una demonio poderosa, antigua en esencia aunque joven en forma, había reunido a los suyos, no como bestias, no como criaturas salvajes sino como un pueblo. Le dio un nombre: Ishtar. Y con él una intención, un reino. Los dioses ahora estaban atrapados. Si perseguían a Oz, perdían control sobre Ishtar, si atacaban a Ishtar, Oz seguiría destruyendo todo lo que quedaba. Y en medio de todo Yen, la pieza más peligrosa de todas. Sin saberlo la niña entrenaba en la aldea Nómada, Yen comenzaba a moverse con más seguridad. Su cuerpo aprendía… pero su mente avanzaba más rápido. Siempre más rápido, observaba, adaptaba, comprendía y en lo profundo de su ser aquel pensamiento seguía creciendo silencioso y firme: "Matar… no era incorrecto, era necesario".
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    ****Edad del Caos****
    -La Primera Anomalía

    Lejos del alcance inmediato de su padre, Yen’naferiel fue trasladada a un templo secundario por orden de Arcyelle Veltharys. No fue un acto de traición, sino de desesperación. La Santa buscaba ganar tiempo, desviando su destino para poder rescatarla después. Sin embargo, el error fue sutil y fatal: aquel templo no estaba vacío, sino ocupado por investigadores Elunai que esperaban su traslado.

    Sin saberlo, Arcyelle la había entregado directamente en manos de quienes no debían encontrarla.

    La niña fue llevada a un laboratorio oculto, donde su consciencia fue apagada mediante magia de sueño. Bajo hechizos de evaluación, los Elunai comenzaron a estudiar su esencia. Los resultados los inquietaron desde el inicio: su capacidad de aprendizaje superaba incluso la de los magos más dotados. Uno de ellos, en un intento de restar peso a lo que observaba, bromeó con que la niña parecía poseer una insaciable hambre de conocimiento, una "Gula" según sus palabras.

    Su estructura era anómala. Su “pureza” no significaba perfección, sino compatibilidad absoluta. Yen’naferiel no estaba limitada por las barreras que regían a los Elunai. En teoría, podría engendrar descendencia con cualquier raza: Elunai, Nómadas… incluso demonios.

    Ese pensamiento sembró temor, no por lo que era… sino por lo que podría llegar a crear.

    Cuando despertó, no fue recibida por cadenas ni interrogatorios, sino por una ilusión cuidadosamente diseñada. Ante ella apareció una vasta biblioteca, y junto a ella, la figura de su madre, Selin, construida con magia.

    Yen no dudó, corrió hacia ella, la ilusión respondió con dulzura, guiándola hacia los libros, observando y esperando. Aquello no era compasión, sino experimento. Querían medir cuánto podía aprender y qué tan rápido.

    La niña tomó un libro. Sus páginas estaban llenas de complejos círculos mágicos, diseñados para producir un efecto trivial: pequeñas burbujas de agua. Hechizos inútiles, usados solo como prueba de comprensión.

    Los ojos de Yen recorrieron las líneas y sonrió, sin pronunciar palabra, trazó el círculo con su propio maná bajo los pies de la falsa Selin. Las burbujas comenzaron a emerger, flotando suavemente en el aire. Los observadores, ocultos tras su velo de invisibilidad contuvieron la respiración, aquello ya era impresionante, pero luego algo cambió.

    Las burbujas dejaron de ser transparentes. Su color se tornó rojo, espeso, como si cada una estuviera hecha de sangre. La más grande envolvió a la falsa Selin, sellándola en su interior. El aire desapareció y la ilusión comenzó a fallar, el cuerpo que la sostenía, la Elunai real, no podía escapar.

    No había oxígeno, no había forma de romper la prisión. Yen la observaba ya no como una niña.

    La voz que salió de ella no era furiosa, sino fría, precisa y sobre todo molesta. Aquella figura no era su madre, podía sentirlo, su maná era incorrecto, incompleto, además faltaba algo. Faltaba la vida que Selin llevaba dentro.

    Yen le expreso el asco que sintió por ella al sentir su mana sucio y falso. Los investigadores emergieron entonces, abandonando su escondite e intentaron contenerla, pero ya era tarde. Las mismas burbujas que consideraban inofensivas se convirtieron en jaulas mortales. Uno a uno, fueron atrapados en esferas donde el aire no existía.

    El experimento había terminado y el resultado era claro. Tuvieron que intervenir soldados para someterla por la fuerza. No fue fácil e incluso siendo una niña, su control era preciso, casi instintivo pero finalmente, fue contenida y encerrada.

    Los informes posteriores fueron unánimes... Yen’naferiel no era solo una anomalía, era un peligro, no solo por su poder bruto… sino por su capacidad de comprender, alterar y perfeccionar.

    Donde otros veían un hechizo inútil… ella veía una herramienta, donde otros seguían reglas… ella las reescribía.

    Y en medio del silencio que siguió a aquel incidente, uno de los Elunai se atrevió a decir lo que muchos ya pensaban pero ninguno quería admitir. Aquello que habitaba en la niña no podía ser llamado poder, no en el sentido puro que ellos conocían. No era la luz de los dioses, ni la armonía del maná. Era algo distinto, algo que tomaba lo simple, lo inocente y lo deformaba en algo peligroso. Un hechizo infantil convertido en una trampa mortal. Una risa suave escondiendo una mente que analizaba sin emoción. Para ellos, eso no era el don de una niña… sino la manifestación de algo oscuro. Algo que corrompía desde su origen. Y fue entonces cuando, por primera vez, comenzaron a llamarla en susurros: La hija del monstruo.

    No porque conocieran la verdad… sino porque, incluso antes de que el caos descendiera sobre ellos, ya temían aquello que la había creado.
    ****Edad del Caos**** -La Primera Anomalía Lejos del alcance inmediato de su padre, Yen’naferiel fue trasladada a un templo secundario por orden de Arcyelle Veltharys. No fue un acto de traición, sino de desesperación. La Santa buscaba ganar tiempo, desviando su destino para poder rescatarla después. Sin embargo, el error fue sutil y fatal: aquel templo no estaba vacío, sino ocupado por investigadores Elunai que esperaban su traslado. Sin saberlo, Arcyelle la había entregado directamente en manos de quienes no debían encontrarla. La niña fue llevada a un laboratorio oculto, donde su consciencia fue apagada mediante magia de sueño. Bajo hechizos de evaluación, los Elunai comenzaron a estudiar su esencia. Los resultados los inquietaron desde el inicio: su capacidad de aprendizaje superaba incluso la de los magos más dotados. Uno de ellos, en un intento de restar peso a lo que observaba, bromeó con que la niña parecía poseer una insaciable hambre de conocimiento, una "Gula" según sus palabras. Su estructura era anómala. Su “pureza” no significaba perfección, sino compatibilidad absoluta. Yen’naferiel no estaba limitada por las barreras que regían a los Elunai. En teoría, podría engendrar descendencia con cualquier raza: Elunai, Nómadas… incluso demonios. Ese pensamiento sembró temor, no por lo que era… sino por lo que podría llegar a crear. Cuando despertó, no fue recibida por cadenas ni interrogatorios, sino por una ilusión cuidadosamente diseñada. Ante ella apareció una vasta biblioteca, y junto a ella, la figura de su madre, Selin, construida con magia. Yen no dudó, corrió hacia ella, la ilusión respondió con dulzura, guiándola hacia los libros, observando y esperando. Aquello no era compasión, sino experimento. Querían medir cuánto podía aprender y qué tan rápido. La niña tomó un libro. Sus páginas estaban llenas de complejos círculos mágicos, diseñados para producir un efecto trivial: pequeñas burbujas de agua. Hechizos inútiles, usados solo como prueba de comprensión. Los ojos de Yen recorrieron las líneas y sonrió, sin pronunciar palabra, trazó el círculo con su propio maná bajo los pies de la falsa Selin. Las burbujas comenzaron a emerger, flotando suavemente en el aire. Los observadores, ocultos tras su velo de invisibilidad contuvieron la respiración, aquello ya era impresionante, pero luego algo cambió. Las burbujas dejaron de ser transparentes. Su color se tornó rojo, espeso, como si cada una estuviera hecha de sangre. La más grande envolvió a la falsa Selin, sellándola en su interior. El aire desapareció y la ilusión comenzó a fallar, el cuerpo que la sostenía, la Elunai real, no podía escapar. No había oxígeno, no había forma de romper la prisión. Yen la observaba ya no como una niña. La voz que salió de ella no era furiosa, sino fría, precisa y sobre todo molesta. Aquella figura no era su madre, podía sentirlo, su maná era incorrecto, incompleto, además faltaba algo. Faltaba la vida que Selin llevaba dentro. Yen le expreso el asco que sintió por ella al sentir su mana sucio y falso. Los investigadores emergieron entonces, abandonando su escondite e intentaron contenerla, pero ya era tarde. Las mismas burbujas que consideraban inofensivas se convirtieron en jaulas mortales. Uno a uno, fueron atrapados en esferas donde el aire no existía. El experimento había terminado y el resultado era claro. Tuvieron que intervenir soldados para someterla por la fuerza. No fue fácil e incluso siendo una niña, su control era preciso, casi instintivo pero finalmente, fue contenida y encerrada. Los informes posteriores fueron unánimes... Yen’naferiel no era solo una anomalía, era un peligro, no solo por su poder bruto… sino por su capacidad de comprender, alterar y perfeccionar. Donde otros veían un hechizo inútil… ella veía una herramienta, donde otros seguían reglas… ella las reescribía. Y en medio del silencio que siguió a aquel incidente, uno de los Elunai se atrevió a decir lo que muchos ya pensaban pero ninguno quería admitir. Aquello que habitaba en la niña no podía ser llamado poder, no en el sentido puro que ellos conocían. No era la luz de los dioses, ni la armonía del maná. Era algo distinto, algo que tomaba lo simple, lo inocente y lo deformaba en algo peligroso. Un hechizo infantil convertido en una trampa mortal. Una risa suave escondiendo una mente que analizaba sin emoción. Para ellos, eso no era el don de una niña… sino la manifestación de algo oscuro. Algo que corrompía desde su origen. Y fue entonces cuando, por primera vez, comenzaron a llamarla en susurros: La hija del monstruo. No porque conocieran la verdad… sino porque, incluso antes de que el caos descendiera sobre ellos, ya temían aquello que la había creado.
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  • Lleva rato reduciendo el ritmo de sus pasos. Se está dejando dar alcance. El viento cambió de dirección hace más de media hora y sintió un olor incómodo. No por desagradable. Por su origen. Sentirse observado le tensa la mandíbula.

    Saberse perseguido, le pone los nudillos blancos.

    Y se gira. No es un movimiento brusco. Lo hace encorvado, de lado. El mentón se levanta. No es desafío, eso sería algo.

    Los párpados caen a media asta. Clava la mirada. Los dedos se encierran sobre la empuñadura de su espada. Se queda quieto, como una gran roca.

    Afilada.

    El viento no sopla. Azota. A ambos. Él no parpadea.
    Lleva rato reduciendo el ritmo de sus pasos. Se está dejando dar alcance. El viento cambió de dirección hace más de media hora y sintió un olor incómodo. No por desagradable. Por su origen. Sentirse observado le tensa la mandíbula. Saberse perseguido, le pone los nudillos blancos. Y se gira. No es un movimiento brusco. Lo hace encorvado, de lado. El mentón se levanta. No es desafío, eso sería algo. Los párpados caen a media asta. Clava la mirada. Los dedos se encierran sobre la empuñadura de su espada. Se queda quieto, como una gran roca. Afilada. El viento no sopla. Azota. A ambos. Él no parpadea.
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    Basado en el relato publicado por Ozma

    ***Edad del Caos***
    El Encuentro con Arcyelle

    El Templo del Norte se alzaba imponente entre los árboles, antiguo y silencioso, como si observara el paso del tiempo sin pertenecer a él.

    Oz avanzaba sin detenerse, a su lado, Onix lo seguía en silencio, atenta a cada detalle. No comprendía del todo lo que ocurría, pero podía sentirlo con claridad: el ser que caminaba frente a ella ya no era simplemente un hombre, era algo más, algo que incluso el mundo parecía rechazar pero aun así, para esta niña, aquel ser era el único en el que ella podía confiar.

    Los guardianes Elunai descendieron los escalones del templo y bloquearon el camino. Sus armaduras reflejaban la luz plateada de Yue, pero sus expresiones estaban tensas, marcadas por una mezcla de desconfianza y temor.

    Oz no redujo el paso hasta estar frente a ellos, los guardianes percibían lo mismo: el rastro de poder que venía con él. Una energía que no pertenecía a ese lugar, era poder corrupto, algo que no debía existir. Para ellos, no había duda, Oz era el origen de ese caos y entonces lo llamaron "Señor del Caos", un título no fue rechazado ni negado. Por primera vez, Oz no solo permitió que lo definieran de esa forma… sino que lo llevó más allá.

    Si aquello era lo que veían en él, entonces no tenía sentido ocultarlo, n cuando el mundo ya había decidido lo que era. Su presencia se volvió más pesada, más opresiva, como si el aire mismo comenzara a ceder ante su voluntad.

    Los guardianes intentaron detenerlo pero no fue suficiente, un solo movimiento bastó para apartarlos. Sus cuerpos fueron lanzados contra las estructuras del templo, cayendo sin conciencia. No hubo combate, solo una diferencia absoluta de poder.

    Fue entonces cuando ella apareció, Arcyelle Veltharys, la luz lunar la envolvía, dándole una presencia casi irreal, como si perteneciera a otro plano, pero Oz no vio divinidad en ella, por lo que no le importo que el titulo de Santa que los guardianes usaban con ella para exigir respeto al intruso.

    Oz solo vio a alguien que había tenido el poder de actuar y no lo hizo. La distancia entre ambos desapareció en un instante.

    Oz se lanzó hacia ella sin contenerse. Arcyelle reaccionó de inmediato, levantó una barrera de luz pero no era una defensa cualquiera, era una creación específica. Ella conocía la verdad, había sido parte del grupo que investigó los cuerpos artificiales. Sabía que el cuerpo actual de Oz estaba basado en los Nómadas, una estructura imperfecta, vulnerable a ciertos tipos de energía.

    Aquella barrera había sido diseñada para romperlo pero algo había cambiado. Cuando Oz la atravesó, la barrera no lo destruyó, sino que lo reveló.

    El poder que recorría su cuerpo reaccionó al contacto, se expandió, se desbordó, tomó forma. Lo que antes estaba contenido dejó de estarlo, su cuerpo mutó y creció aun mas.

    Se volvió más denso, más violento en su estructura. La piel verde se oscureció, endurecida como si ya no fuera completamente orgánica. Sus músculos se tensaron con una fuerza que parecía romper los límites de su forma anterior.

    Sus colmillos se alargaron, sus rasgos se deformaron hacia algo más primitivo y más cercano a una bestia que a un hombre.

    No era una transformación elegante, sino que era una verdad expuesta. Onix retrocedió, incapaz de ocultar el miedo, Arcyelle, por su parte, comprendió de inmediato lo que estaba ocurriendo.

    No lo había herido, había liberado algo y eso era peor. Oz avanzó un paso más y con él, el peso de su existencia pareció aplastar el entorno.

    Pero más allá de la ira… había algo más, "Dolor". Arcyelle lo entendió y supo que no podía detenerlo. Así que eligió la única opción que le quedaba, la verdad. La revelación cayó como un balde agua fria. Su hija estaba viva.

    El cambio fue inmediato, el poder dejó de crecer, la presión desapareció, el caos… se detuvo.

    Oz no se movió pero todo en él cambió, por primera vez desde que había llegado, no era destrucción lo que lo sostenía. Era algo más frágil, era esperanza.

    Arcyelle continuó, ya no confiaba en los dioses. Había visto señales y escuchado rumores. Los experimentos con los niños Nómadas ya no eran simples teorías, ya que aquella niña que acompañaba a Oz era la prueba de sus mas grandes temores.

    Anteriormente, aunque sus sospechas no se habían confirmado, Arcyelle uso la escusa que la pequeña Yen’naferiel no soportaría el viaje hasta el templo principal de los Dioses, esto porque había sido herida durante su secuestro, por lo que la Santa de los Elunia ordeno que la llevaran a otro templo mientras se recuperaba, de esa forma había ganado algo de tiempo mientras investigaba el templo del Oeste.

    Le llegada de Oz cambio los planes de Arcyelle, si bien había confirmado sus sospechas, también había perdido la oportunidad de escapar con la niña, pero aun tenia la esperanza de recuperar a Yen’naferiel, ya que tampoco podía dejarla con su padre.

    Oz escuchó todo en silencio mientras Arcyelle le decía la ubicación de su hija. Antes de irse le dejo algo muy claro, si Yen’naferiel no estaba en aquel lugar con vida, no habría lugar en el mundo donde ocultarse.

    Oz salio del templo acompañado de Onix, habia dejado vivir un poco mas a Arcyelle, no por compasión ni por perdón, sino porque había algo más importante que la venganza en ese momento,

    Arcyelle permaneció inmóvil, consciente de que había sobrevivido a algo que no debía tener forma.

    Mientras tanto, el mundo comenzaba a susurrar un nuevo nombre, un nombre nacido del miedo: "Mao" , y con el tiempo… uno que ni siquiera los dioses podrían ignorar... Ozma.

    Basado en el relato publicado por [Oz_The_Chaos] ***Edad del Caos*** El Encuentro con Arcyelle El Templo del Norte se alzaba imponente entre los árboles, antiguo y silencioso, como si observara el paso del tiempo sin pertenecer a él. Oz avanzaba sin detenerse, a su lado, Onix lo seguía en silencio, atenta a cada detalle. No comprendía del todo lo que ocurría, pero podía sentirlo con claridad: el ser que caminaba frente a ella ya no era simplemente un hombre, era algo más, algo que incluso el mundo parecía rechazar pero aun así, para esta niña, aquel ser era el único en el que ella podía confiar. Los guardianes Elunai descendieron los escalones del templo y bloquearon el camino. Sus armaduras reflejaban la luz plateada de Yue, pero sus expresiones estaban tensas, marcadas por una mezcla de desconfianza y temor. Oz no redujo el paso hasta estar frente a ellos, los guardianes percibían lo mismo: el rastro de poder que venía con él. Una energía que no pertenecía a ese lugar, era poder corrupto, algo que no debía existir. Para ellos, no había duda, Oz era el origen de ese caos y entonces lo llamaron "Señor del Caos", un título no fue rechazado ni negado. Por primera vez, Oz no solo permitió que lo definieran de esa forma… sino que lo llevó más allá. Si aquello era lo que veían en él, entonces no tenía sentido ocultarlo, n cuando el mundo ya había decidido lo que era. Su presencia se volvió más pesada, más opresiva, como si el aire mismo comenzara a ceder ante su voluntad. Los guardianes intentaron detenerlo pero no fue suficiente, un solo movimiento bastó para apartarlos. Sus cuerpos fueron lanzados contra las estructuras del templo, cayendo sin conciencia. No hubo combate, solo una diferencia absoluta de poder. Fue entonces cuando ella apareció, Arcyelle Veltharys, la luz lunar la envolvía, dándole una presencia casi irreal, como si perteneciera a otro plano, pero Oz no vio divinidad en ella, por lo que no le importo que el titulo de Santa que los guardianes usaban con ella para exigir respeto al intruso. Oz solo vio a alguien que había tenido el poder de actuar y no lo hizo. La distancia entre ambos desapareció en un instante. Oz se lanzó hacia ella sin contenerse. Arcyelle reaccionó de inmediato, levantó una barrera de luz pero no era una defensa cualquiera, era una creación específica. Ella conocía la verdad, había sido parte del grupo que investigó los cuerpos artificiales. Sabía que el cuerpo actual de Oz estaba basado en los Nómadas, una estructura imperfecta, vulnerable a ciertos tipos de energía. Aquella barrera había sido diseñada para romperlo pero algo había cambiado. Cuando Oz la atravesó, la barrera no lo destruyó, sino que lo reveló. El poder que recorría su cuerpo reaccionó al contacto, se expandió, se desbordó, tomó forma. Lo que antes estaba contenido dejó de estarlo, su cuerpo mutó y creció aun mas. Se volvió más denso, más violento en su estructura. La piel verde se oscureció, endurecida como si ya no fuera completamente orgánica. Sus músculos se tensaron con una fuerza que parecía romper los límites de su forma anterior. Sus colmillos se alargaron, sus rasgos se deformaron hacia algo más primitivo y más cercano a una bestia que a un hombre. No era una transformación elegante, sino que era una verdad expuesta. Onix retrocedió, incapaz de ocultar el miedo, Arcyelle, por su parte, comprendió de inmediato lo que estaba ocurriendo. No lo había herido, había liberado algo y eso era peor. Oz avanzó un paso más y con él, el peso de su existencia pareció aplastar el entorno. Pero más allá de la ira… había algo más, "Dolor". Arcyelle lo entendió y supo que no podía detenerlo. Así que eligió la única opción que le quedaba, la verdad. La revelación cayó como un balde agua fria. Su hija estaba viva. El cambio fue inmediato, el poder dejó de crecer, la presión desapareció, el caos… se detuvo. Oz no se movió pero todo en él cambió, por primera vez desde que había llegado, no era destrucción lo que lo sostenía. Era algo más frágil, era esperanza. Arcyelle continuó, ya no confiaba en los dioses. Había visto señales y escuchado rumores. Los experimentos con los niños Nómadas ya no eran simples teorías, ya que aquella niña que acompañaba a Oz era la prueba de sus mas grandes temores. Anteriormente, aunque sus sospechas no se habían confirmado, Arcyelle uso la escusa que la pequeña Yen’naferiel no soportaría el viaje hasta el templo principal de los Dioses, esto porque había sido herida durante su secuestro, por lo que la Santa de los Elunia ordeno que la llevaran a otro templo mientras se recuperaba, de esa forma había ganado algo de tiempo mientras investigaba el templo del Oeste. Le llegada de Oz cambio los planes de Arcyelle, si bien había confirmado sus sospechas, también había perdido la oportunidad de escapar con la niña, pero aun tenia la esperanza de recuperar a Yen’naferiel, ya que tampoco podía dejarla con su padre. Oz escuchó todo en silencio mientras Arcyelle le decía la ubicación de su hija. Antes de irse le dejo algo muy claro, si Yen’naferiel no estaba en aquel lugar con vida, no habría lugar en el mundo donde ocultarse. Oz salio del templo acompañado de Onix, habia dejado vivir un poco mas a Arcyelle, no por compasión ni por perdón, sino porque había algo más importante que la venganza en ese momento, Arcyelle permaneció inmóvil, consciente de que había sobrevivido a algo que no debía tener forma. Mientras tanto, el mundo comenzaba a susurrar un nuevo nombre, un nombre nacido del miedo: "Mao" , y con el tiempo… uno que ni siquiera los dioses podrían ignorar... Ozma.
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  • -Logan tenia poco tiempo de haber regresado ah su universo de origen. Unos dias al menos pero claro la felicidad no pudo durarle mucho. Estaban desayunando el y Loona asta que escucharon disparos en la parte inferior de su departamento algo extraño penso Loona. Algo Normal para Logan, pero entre esos disparos habia voces que reconocia eran esos cientificos otra vez. Rapidamente tomo sus armas y le ordeno a Loona
    Y su acompañante que se escondieran dandole un arma a cada uno para asi equiparse con un machete y una pistola solamente ademas de algunos cargadores. No portaba su mascara ya que creyo que no la nesecitaria más. Que equivocado estaba-

    Quedense aqui...no salgan...

    -mencionaba antes de salir por la puerta principal. Se escuchaba el elevador de el edificio subiendo ademas de diferentes pasos en las escaleras. Armados asta los dientes al ver la chamarra de logan lo identidicaron ademas de por sus visores con reconocimiento facial, Logan comenzo a disparar a algunos hombres dando en la cabeza perfectamente para despues entrar a un departamento tomando covertura -

    - esperaba a que se asecaran y al aserlo tomo el cañon de el arma de uno de ellos seguido de bajarlo y disparar con su arma en el cuello enemigo y despues a la pierna de otros dos hombres, le hacia un derribe al hombre que tenia enfrente para despues disparar a la cabeza de los hombres con disparos en las piernas. Despues volvía a tomar covertura. Las balas llovian como gotas de agua pesadas, se escuchaba como pasaban serca de el y su covertura golpeando la pared de vez en cuando -

    -Al escuchar que recargaban salio de su luhar para asi disparar a sus abdomenes luego sus cabezas seguido de hacer una recarga tactica lanzando el cargador eh introduciendo el nuevo para despues jalar la corredera ligeramente hacia atras comprobando su munición para despues dejarla ir hacia enfrente . . . Pasarian una hora de lucha entre disparos y golpes en los que mato a 200 hombres. Habia uno en especial que recordaba con mucho odio, era el que lo aparto de su hermana-

    -lo miraba enfundando su arma para asi sacar su machete, el hombre suplicaba y rogaba que lo perdonara. Pero Logan no decia ni una palabra, se escucharon pasos detras de el pero sabia quienes eran-

    Fue el...el me aparto de ti

    -dise para despues elevar su brazo y encajar el machete en su cabeza repetidas veces asta que la cabeza de el hombre quedo irreconocible. Hecha pedazos-

    Seguiran viniendo...pero se les agotaran los recursos...se pelearan entre ellos... y al fin de cuentas...acabe con ellos

    -dise elevando el machete mirando la sangre en su rostro y la hoja de el machete-
    -Logan tenia poco tiempo de haber regresado ah su universo de origen. Unos dias al menos pero claro la felicidad no pudo durarle mucho. Estaban desayunando el y Loona asta que escucharon disparos en la parte inferior de su departamento algo extraño penso Loona. Algo Normal para Logan, pero entre esos disparos habia voces que reconocia eran esos cientificos otra vez. Rapidamente tomo sus armas y le ordeno a Loona Y su acompañante que se escondieran dandole un arma a cada uno para asi equiparse con un machete y una pistola solamente ademas de algunos cargadores. No portaba su mascara ya que creyo que no la nesecitaria más. Que equivocado estaba- Quedense aqui...no salgan... -mencionaba antes de salir por la puerta principal. Se escuchaba el elevador de el edificio subiendo ademas de diferentes pasos en las escaleras. Armados asta los dientes al ver la chamarra de logan lo identidicaron ademas de por sus visores con reconocimiento facial, Logan comenzo a disparar a algunos hombres dando en la cabeza perfectamente para despues entrar a un departamento tomando covertura - - esperaba a que se asecaran y al aserlo tomo el cañon de el arma de uno de ellos seguido de bajarlo y disparar con su arma en el cuello enemigo y despues a la pierna de otros dos hombres, le hacia un derribe al hombre que tenia enfrente para despues disparar a la cabeza de los hombres con disparos en las piernas. Despues volvía a tomar covertura. Las balas llovian como gotas de agua pesadas, se escuchaba como pasaban serca de el y su covertura golpeando la pared de vez en cuando - -Al escuchar que recargaban salio de su luhar para asi disparar a sus abdomenes luego sus cabezas seguido de hacer una recarga tactica lanzando el cargador eh introduciendo el nuevo para despues jalar la corredera ligeramente hacia atras comprobando su munición para despues dejarla ir hacia enfrente . . . Pasarian una hora de lucha entre disparos y golpes en los que mato a 200 hombres. Habia uno en especial que recordaba con mucho odio, era el que lo aparto de su hermana- -lo miraba enfundando su arma para asi sacar su machete, el hombre suplicaba y rogaba que lo perdonara. Pero Logan no decia ni una palabra, se escucharon pasos detras de el pero sabia quienes eran- Fue el...el me aparto de ti -dise para despues elevar su brazo y encajar el machete en su cabeza repetidas veces asta que la cabeza de el hombre quedo irreconocible. Hecha pedazos- Seguiran viniendo...pero se les agotaran los recursos...se pelearan entre ellos... y al fin de cuentas...acabe con ellos -dise elevando el machete mirando la sangre en su rostro y la hoja de el machete-
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  • << El terrible y seco impacto contra el suelo se escuchó. Detrás de ello, un peso aún mayor cayó, y con ello el salpicar del agua del asfalto. Un charco formado por la intensa lluvia hasta hace un par de horas durante aquella noche. Un hombre había caído, o mejor dicho, había sido azotado contra el suelo mientras cuatro espectadores, que cobijados por la penumbra, yacían de pie mientras se encontraban a la espera de que aquel hombrecillo finalmente revelara la información que ellos tanto habían estado buscando.

    La humedad se alzaba dando frescura al ambiente y con ello el olor del tabaco del cigarro hacía más placentera la experiencia de fumar. De hecho, uno de ellos ya se encontraba en dicho acto, aunque el gusto no le duró demasiado al percibir el aroma a sangre filtrarse por la nariz pues aquel hombre en el suelo comenzaba a derramar algo del líquido vital debido a sus anteriores heridas durante el viaje en la van.

    —¿Qué es lo que quieren? Ya he respondido a sus preguntas.—

    Era joven, de tez morena y ojos rasgados, sin duda alguna de origen asiático. Su voz titubeaba ante la golpiza que le habían metido durante cinco minutos, pues su ojo derecho ya se hallaba hinchado. Un hilo de sangre corría por la comisura izquierda de su labio hasta su barbilla, seguramente le habían tirado algunos dientes.

    Con trabajos pudo adoptar una posición más cómoda debido a que sus manos estaban atadas con cinchos a su espalda, tan justo era su atadura que incluso el mismo plástico comenzaba a cortar las muñecas en un angustioso dolor.Y de pronto… una patada directa al rostro recibió para derribarlo de nuevo, no tuvo piedad, ahora la hemorragia era mucho peor. Aquel hombre que fumaba su cigarrillo había sido, aquel que se paraba en el medio de los otros tres.

    — Hemos sido pacientes, querido Terry, demasiado. Ahora quiero que hables… ¿Porqué morder la mano que alimentar a tu y tu familia? —

    Una voz ligeramente rasposa, pero joven; se escuchó finalmente de aquel grupo y con ello aquel se acercó tanto que incluso sostuvo firmemente la cabeza del interrogado con su derecha, pero de la cabellera del hombre caído. Sólo para azotarla contra el suelo un par de veces sin importarle si su cráneo estaba por quebrarse.

    — ¿Tan inconforme eres que obligarte a actuar en mi contra? —

    Giovanni, quien tenía una expresión terriblemente fría se detuvo y alzó el rostro del hombre que rondaba entre los cuarentas, ahora con el rostro bañado en sangre tierra y algo de agua. Había sido bastante paciente por el momento, pero sin duda alguna lo que había hecho aquella víctima era algo que el ruso no podía perdonar.

    Sujetó al sujeto ahora desde su mentón y procedió a sacar un cuchillo que guardaba en una funda adherida a su cinturón. Colocó el filo de dicho cuchillo ante sus ojos para que pudiese observarlo.

    — Escucha, Terry… necesito sinceridad. ¿Puedo tenerla de ti? — cuestionó sin desesperar.
    — Ya te dije todo… Mark el de contabilidad movió todo. — responde aquel hombre. — Yo solo me encargaba de los embarques. —.
    — Lo quieres de manera difícil ¿Terry? — cuestionó. —Será difícil… ¡Баженлос!—

    Tan pronto dio la orden aquellos hombres que aguardaban fueron al área de carga de la van y bajaron a otros dos sujetos que igual que Terry, estaban maniatados y con bolsas en la cabeza para evitar que sus secuestradores fuesen reconocidos. De manera forzada cayeron de rodillas en el asfalto, a la izquierda de Terry.

    — Vamos a hacer manera difícil, Terry..— declaró Giovanni. — Si no querer hablar, entonces motivación ayuda mucho. —

    Fue entonces que el cuchillo se acercó a la oreja de Terry amenazando con cortarla. Una táctica bastante brutal, pero efectiva a la hora de convencer a las víctimas de confesar a ponerlas en una situación de alta tensión, para presionar y para obtener lo que él buscaba.

    — Ya te dije todo lo que sé. No sé que más quieres que te diga. — agregó Terry con desesperación.
    — No lo sé, Terry, veo que hay cosas… — Giovanni comenzó a cortar el cartílago de la oreja de manera lenta y dolorosa, Terry sólo se limitaba a gritar con dolor y agonía.
    — Te lo dije ¡Aaaaah! — respondió mientras sus alaridos crecían y resonaban en el vacío callejón en el que se encontraban. Todo continuó hasta que finalmente separó la oreja del rostro de Terry.

    — Ahora… ¿Vas a hablar?— cuestiona el rubio sin ápice de remordimiento.
    — Está bien, está bien… fui yo, fui yo… yo ideé todo esto… — confesó Terry.
    — Eso ya lo sé, Terry. Decir cosas que yo ya conozco. — replicó Gio. — Quiero saber… por qué… Данте, стреляет. —

    En ese instante, uno de los tres ayudantes que le acompañaron retiró la capucha a uno de los que estaban ahí, en el suelo; disparó a quemarropa. Directo en la cabeza y de manera instantánea aquel otro sujeto cayó desplomado en el suelo, vertiendo su sangre en el suelo.

    — ¡No! ¡Philip! — exclamó Terry mientras lágrimas caían de sus ojos.
    — Terry, Terry, Terry… ¿En serio, ser tu nombre? ¿O debo decir Qian Zhou Xi?— reveló.
    — ¿Por qué Zhou? ¿Hablar? — reiteró el ruso.
    — Yo le dije a Mark que lo hiciera… — recalcó Terry en desesperación.
    — ¿Es verdad eso, Mark? — dijo.

    Giovanni chasqueó sus dedos para hacer que descubrieran al segundo hombre sometido a un lado del cadáver llamado Philip, y al igual que Terry, estos eran de origen asiático. Una detonación provocada por el revólver se hizo presente de nuevo, esta vez hiriendo la pierna de aquel tercer hombre. Era Mark.

    — ¡No diré nada! — dijo desafiante el llamado Mark. Fue entonces que un tercer disparo fue directo a su cabeza. Y mientras tanto, Giovanni cortó la garganta de Terry para que terminase desangrado.

    — Malditos perros mentirosos… ¡Пойдем!— >>
    << El terrible y seco impacto contra el suelo se escuchó. Detrás de ello, un peso aún mayor cayó, y con ello el salpicar del agua del asfalto. Un charco formado por la intensa lluvia hasta hace un par de horas durante aquella noche. Un hombre había caído, o mejor dicho, había sido azotado contra el suelo mientras cuatro espectadores, que cobijados por la penumbra, yacían de pie mientras se encontraban a la espera de que aquel hombrecillo finalmente revelara la información que ellos tanto habían estado buscando. La humedad se alzaba dando frescura al ambiente y con ello el olor del tabaco del cigarro hacía más placentera la experiencia de fumar. De hecho, uno de ellos ya se encontraba en dicho acto, aunque el gusto no le duró demasiado al percibir el aroma a sangre filtrarse por la nariz pues aquel hombre en el suelo comenzaba a derramar algo del líquido vital debido a sus anteriores heridas durante el viaje en la van. —¿Qué es lo que quieren? Ya he respondido a sus preguntas.— Era joven, de tez morena y ojos rasgados, sin duda alguna de origen asiático. Su voz titubeaba ante la golpiza que le habían metido durante cinco minutos, pues su ojo derecho ya se hallaba hinchado. Un hilo de sangre corría por la comisura izquierda de su labio hasta su barbilla, seguramente le habían tirado algunos dientes. Con trabajos pudo adoptar una posición más cómoda debido a que sus manos estaban atadas con cinchos a su espalda, tan justo era su atadura que incluso el mismo plástico comenzaba a cortar las muñecas en un angustioso dolor.Y de pronto… una patada directa al rostro recibió para derribarlo de nuevo, no tuvo piedad, ahora la hemorragia era mucho peor. Aquel hombre que fumaba su cigarrillo había sido, aquel que se paraba en el medio de los otros tres. — Hemos sido pacientes, querido Terry, demasiado. Ahora quiero que hables… ¿Porqué morder la mano que alimentar a tu y tu familia? — Una voz ligeramente rasposa, pero joven; se escuchó finalmente de aquel grupo y con ello aquel se acercó tanto que incluso sostuvo firmemente la cabeza del interrogado con su derecha, pero de la cabellera del hombre caído. Sólo para azotarla contra el suelo un par de veces sin importarle si su cráneo estaba por quebrarse. — ¿Tan inconforme eres que obligarte a actuar en mi contra? — Giovanni, quien tenía una expresión terriblemente fría se detuvo y alzó el rostro del hombre que rondaba entre los cuarentas, ahora con el rostro bañado en sangre tierra y algo de agua. Había sido bastante paciente por el momento, pero sin duda alguna lo que había hecho aquella víctima era algo que el ruso no podía perdonar. Sujetó al sujeto ahora desde su mentón y procedió a sacar un cuchillo que guardaba en una funda adherida a su cinturón. Colocó el filo de dicho cuchillo ante sus ojos para que pudiese observarlo. — Escucha, Terry… necesito sinceridad. ¿Puedo tenerla de ti? — cuestionó sin desesperar. — Ya te dije todo… Mark el de contabilidad movió todo. — responde aquel hombre. — Yo solo me encargaba de los embarques. —. — Lo quieres de manera difícil ¿Terry? — cuestionó. —Será difícil… ¡Баженлос!— Tan pronto dio la orden aquellos hombres que aguardaban fueron al área de carga de la van y bajaron a otros dos sujetos que igual que Terry, estaban maniatados y con bolsas en la cabeza para evitar que sus secuestradores fuesen reconocidos. De manera forzada cayeron de rodillas en el asfalto, a la izquierda de Terry. — Vamos a hacer manera difícil, Terry..— declaró Giovanni. — Si no querer hablar, entonces motivación ayuda mucho. — Fue entonces que el cuchillo se acercó a la oreja de Terry amenazando con cortarla. Una táctica bastante brutal, pero efectiva a la hora de convencer a las víctimas de confesar a ponerlas en una situación de alta tensión, para presionar y para obtener lo que él buscaba. — Ya te dije todo lo que sé. No sé que más quieres que te diga. — agregó Terry con desesperación. — No lo sé, Terry, veo que hay cosas… — Giovanni comenzó a cortar el cartílago de la oreja de manera lenta y dolorosa, Terry sólo se limitaba a gritar con dolor y agonía. — Te lo dije ¡Aaaaah! — respondió mientras sus alaridos crecían y resonaban en el vacío callejón en el que se encontraban. Todo continuó hasta que finalmente separó la oreja del rostro de Terry. — Ahora… ¿Vas a hablar?— cuestiona el rubio sin ápice de remordimiento. — Está bien, está bien… fui yo, fui yo… yo ideé todo esto… — confesó Terry. — Eso ya lo sé, Terry. Decir cosas que yo ya conozco. — replicó Gio. — Quiero saber… por qué… Данте, стреляет. — En ese instante, uno de los tres ayudantes que le acompañaron retiró la capucha a uno de los que estaban ahí, en el suelo; disparó a quemarropa. Directo en la cabeza y de manera instantánea aquel otro sujeto cayó desplomado en el suelo, vertiendo su sangre en el suelo. — ¡No! ¡Philip! — exclamó Terry mientras lágrimas caían de sus ojos. — Terry, Terry, Terry… ¿En serio, ser tu nombre? ¿O debo decir Qian Zhou Xi?— reveló. — ¿Por qué Zhou? ¿Hablar? — reiteró el ruso. — Yo le dije a Mark que lo hiciera… — recalcó Terry en desesperación. — ¿Es verdad eso, Mark? — dijo. Giovanni chasqueó sus dedos para hacer que descubrieran al segundo hombre sometido a un lado del cadáver llamado Philip, y al igual que Terry, estos eran de origen asiático. Una detonación provocada por el revólver se hizo presente de nuevo, esta vez hiriendo la pierna de aquel tercer hombre. Era Mark. — ¡No diré nada! — dijo desafiante el llamado Mark. Fue entonces que un tercer disparo fue directo a su cabeza. Y mientras tanto, Giovanni cortó la garganta de Terry para que terminase desangrado. — Malditos perros mentirosos… ¡Пойдем!— >>
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  • *El desdoblamiento del ser... Y la esencia se dividió en cuatro. El poder demoniaco funcionó, y así la manifestación de cuatro nuevas mujeres fue posible.
    Todas eran una, y a la vez eran partes distintas de la misma esencia. Cada una obtuvo su propia identidad, y eso les adquirió formas distintas. El Señor Tenebroso no era el único que logró dividir su alma más de una vez.
    Pero llegará el momento en que las partes habrán de retornar a su origen de nuevo. Al igual que, cuando Ubbo Sathla despierte, no habrá más diferencias entre nosotros...
    Igual que las distintas faces de la luna tan solo son distintas áreas que reflejan la luz del sol. La luna siempre es la misma, pero de acuerdo a su posición hay un área mayor o un área menor que se ilumina. Lo mismo ahora. La habilidad en el uso del poder demoniaco logró este proceso complicado. Se podría llamar milagro, si no fuera porque la chica demonio que lo consiguió es un ser de oscuridad, y los milagros siempre son cosas que se consiguen en la luz.*
    *El desdoblamiento del ser... Y la esencia se dividió en cuatro. El poder demoniaco funcionó, y así la manifestación de cuatro nuevas mujeres fue posible. Todas eran una, y a la vez eran partes distintas de la misma esencia. Cada una obtuvo su propia identidad, y eso les adquirió formas distintas. El Señor Tenebroso no era el único que logró dividir su alma más de una vez. Pero llegará el momento en que las partes habrán de retornar a su origen de nuevo. Al igual que, cuando Ubbo Sathla despierte, no habrá más diferencias entre nosotros... Igual que las distintas faces de la luna tan solo son distintas áreas que reflejan la luz del sol. La luna siempre es la misma, pero de acuerdo a su posición hay un área mayor o un área menor que se ilumina. Lo mismo ahora. La habilidad en el uso del poder demoniaco logró este proceso complicado. Se podría llamar milagro, si no fuera porque la chica demonio que lo consiguió es un ser de oscuridad, y los milagros siempre son cosas que se consiguen en la luz.* :STK-19:
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    ***La Llegada de Oz***
    (Tercera Edad)

    Siglos después del nacimiento de los dioses y del surgimiento de los demonios primordiales, ocurrió un evento silencios pero trascendental: la llegada de una entidad proveniente del poder primordial. Para entonces, los fragmentos de aquel poder original ya habían desarrollado algo que antes no poseían: identidad. Entre ellos, uno destacaba.... Aquel que más tarde sería conocido como Oz.

    A diferencia de los dioses, que rompieron su vínculo con el poder primordial al intentar apropiarse de él, las entidades que permanecieron en su origen aprendieron a comprenderlo, dominarlo y coexistir con él. Oz era uno de esos seres.

    No tenía nombre, porque no lo necesitaba, porque entre los suyos, la identidad no se nombraba… simplemente se sentía.

    Pero algo comenzó a cambiar en él. Los intentos fallidos de los dioses por regresar al poder primordial llamaron su atención, le parecieron… curiosos, imperfectos y esa curiosidad fue suficiente.

    Oz decidió descender, no para conquistar, ni mucho menos para gobernar, sino para ver.

    Conteniendo su esencia pero sin romper su conexión con el poder primordial, comenzó a visitar los distintos mundos nacidos tras la era divina. A diferencia de los dioses, Oz entendía el peligro de interferir demasiado. Su objetivo era simple: explorar… y luego regresar.

    Pero algo cambió cuando llegó a un mundo en particular.

    * Selin, la elegida sin saberlo.

    En ese mundo conoció a una joven elunai, su nombre era Selin, ella, como todos los de su raza, estaba acostumbrada a la presencia divina.
    Pero lo que percibió en Oz no era igual, era… más puro, y termino por confundirlo con un dios, aunque él no corrigió ese error.

    Oz quedó cautivado, no solo por su belleza, sino por su forma de existir; limitada, frágil… pero auténtica. Comenzó a visitarla una y otra vez.
    De todos los mundos, ese se convirtió en su favorito, el mundo de Selin.

    * El nombre de lo innombrable.

    Una noche, Selin le hizo una pregunta simple: "¿Cómo te llamas?" El supuesto Dios no tenía respuesta, pero entendió que, para ella, un nombre era necesario. Entonces respondió lo primero que surgió de su incipiente identidad: Oz. Ese fue su primer acto como individuo pero sin saber que no estaban solos.

    Arcyelle Veltharys, oráculo de Yue y maestra de Selin, había seguido a su discípula. Al presenciar el encuentro y sentir el poder de Oz, llegó a una conclusión inmediata: Estaba ante un dios, por lo que no dudo en arrodillarse ante el, y en ese acto, cometió un error que cambiaría el curso de la historia.

    * El secreto de los dioses

    Arcyelle reveló a Oz información prohibida, "El proyecto de los contenedores elunai". Los dioses, incapaces de reproducirse y atrapados en cuerpos que ya no podían sostener su existencia, buscaban nuevas formas de permanecer en el mundo. Cuerpos nuevos, pero había un problema.

    Los elunai, aunque compatibles con la magia divina, eran físicamente débiles, no podían soportar el peso real de un dios. Oz comprendió de inmediato lo que los propios dioses se negaban a aceptar y que incluso los Elunai por su enorme ego, no querían ver.

    No era un problema de compatibilidad… sino de inferioridad estructural. Intrigado, Oz se alejó temporalmente de Selin y en su búsqueda, encontró una raza ignorada y despreciada;
    guerreros nómadas de piel verde, fuertes, resistentes, estables. Temidos por los Elunai y
    despreciados por los dioses, aunque para Oz, eran perfectos.

    Oz utilizó esa base para crear un cuerpo capaz de contener su esencia sin romper su vínculo con el poder primordial, aunque el tendria que contener demasiado su poder para no romper aquel contenedor, era un cuerpo limitado… pero suficiente.

    Cuando volvió con Selin, ya no era el mismo, su apariencia había cambiado, ahora su piel era verde, colmillos marcados… una forma más cercana a aquellos nómadas. Pero su esencia seguía intacta.

    Selin lo reconoció de inmediato y en su corazón, creyó algo que nunca fue del todo cierto. Oz había renunciado a su divinidad por ella.

    * Una paz vigilada

    Ambos se alejaron de los templos y los dioses, se establecieron en un lugar apartado viviendo en paz, Pero no estaban solos, Arcyelle informó a los dioses, ellos, al escuchar sobre Oz, lo identificaron como lo que temían, nn “Señor del Caos”. Un nombre falso, una mentira creada para controlar a los mortales.

    Aun así, decidieron no intervenir, no era compasión. sino interés. Oz no se comportaba como el monstruo que ellos describían y más importante aún… Había logrado algo que ellos no, habitar un cuerpo funcional sin perder su poder.

    Así, en silencio, comenzó una nueva etapa, no estaba marcada por guerras ni cataclismos… sino por observación, por amor y por un error que los dioses aún no comprendían: "Subestimar a aquello que sí entendía el poder primordial".
    ***La Llegada de Oz*** (Tercera Edad) Siglos después del nacimiento de los dioses y del surgimiento de los demonios primordiales, ocurrió un evento silencios pero trascendental: la llegada de una entidad proveniente del poder primordial. Para entonces, los fragmentos de aquel poder original ya habían desarrollado algo que antes no poseían: identidad. Entre ellos, uno destacaba.... Aquel que más tarde sería conocido como Oz. A diferencia de los dioses, que rompieron su vínculo con el poder primordial al intentar apropiarse de él, las entidades que permanecieron en su origen aprendieron a comprenderlo, dominarlo y coexistir con él. Oz era uno de esos seres. No tenía nombre, porque no lo necesitaba, porque entre los suyos, la identidad no se nombraba… simplemente se sentía. Pero algo comenzó a cambiar en él. Los intentos fallidos de los dioses por regresar al poder primordial llamaron su atención, le parecieron… curiosos, imperfectos y esa curiosidad fue suficiente. Oz decidió descender, no para conquistar, ni mucho menos para gobernar, sino para ver. Conteniendo su esencia pero sin romper su conexión con el poder primordial, comenzó a visitar los distintos mundos nacidos tras la era divina. A diferencia de los dioses, Oz entendía el peligro de interferir demasiado. Su objetivo era simple: explorar… y luego regresar. Pero algo cambió cuando llegó a un mundo en particular. * Selin, la elegida sin saberlo. En ese mundo conoció a una joven elunai, su nombre era Selin, ella, como todos los de su raza, estaba acostumbrada a la presencia divina. Pero lo que percibió en Oz no era igual, era… más puro, y termino por confundirlo con un dios, aunque él no corrigió ese error. Oz quedó cautivado, no solo por su belleza, sino por su forma de existir; limitada, frágil… pero auténtica. Comenzó a visitarla una y otra vez. De todos los mundos, ese se convirtió en su favorito, el mundo de Selin. * El nombre de lo innombrable. Una noche, Selin le hizo una pregunta simple: "¿Cómo te llamas?" El supuesto Dios no tenía respuesta, pero entendió que, para ella, un nombre era necesario. Entonces respondió lo primero que surgió de su incipiente identidad: Oz. Ese fue su primer acto como individuo pero sin saber que no estaban solos. Arcyelle Veltharys, oráculo de Yue y maestra de Selin, había seguido a su discípula. Al presenciar el encuentro y sentir el poder de Oz, llegó a una conclusión inmediata: Estaba ante un dios, por lo que no dudo en arrodillarse ante el, y en ese acto, cometió un error que cambiaría el curso de la historia. * El secreto de los dioses Arcyelle reveló a Oz información prohibida, "El proyecto de los contenedores elunai". Los dioses, incapaces de reproducirse y atrapados en cuerpos que ya no podían sostener su existencia, buscaban nuevas formas de permanecer en el mundo. Cuerpos nuevos, pero había un problema. Los elunai, aunque compatibles con la magia divina, eran físicamente débiles, no podían soportar el peso real de un dios. Oz comprendió de inmediato lo que los propios dioses se negaban a aceptar y que incluso los Elunai por su enorme ego, no querían ver. No era un problema de compatibilidad… sino de inferioridad estructural. Intrigado, Oz se alejó temporalmente de Selin y en su búsqueda, encontró una raza ignorada y despreciada; guerreros nómadas de piel verde, fuertes, resistentes, estables. Temidos por los Elunai y despreciados por los dioses, aunque para Oz, eran perfectos. Oz utilizó esa base para crear un cuerpo capaz de contener su esencia sin romper su vínculo con el poder primordial, aunque el tendria que contener demasiado su poder para no romper aquel contenedor, era un cuerpo limitado… pero suficiente. Cuando volvió con Selin, ya no era el mismo, su apariencia había cambiado, ahora su piel era verde, colmillos marcados… una forma más cercana a aquellos nómadas. Pero su esencia seguía intacta. Selin lo reconoció de inmediato y en su corazón, creyó algo que nunca fue del todo cierto. Oz había renunciado a su divinidad por ella. * Una paz vigilada Ambos se alejaron de los templos y los dioses, se establecieron en un lugar apartado viviendo en paz, Pero no estaban solos, Arcyelle informó a los dioses, ellos, al escuchar sobre Oz, lo identificaron como lo que temían, nn “Señor del Caos”. Un nombre falso, una mentira creada para controlar a los mortales. Aun así, decidieron no intervenir, no era compasión. sino interés. Oz no se comportaba como el monstruo que ellos describían y más importante aún… Había logrado algo que ellos no, habitar un cuerpo funcional sin perder su poder. Así, en silencio, comenzó una nueva etapa, no estaba marcada por guerras ni cataclismos… sino por observación, por amor y por un error que los dioses aún no comprendían: "Subestimar a aquello que sí entendía el poder primordial".
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    ***Tercera Edad. ***
    - La Era de los Dioses.

    Esta era es conocida como la Era de los Dioses… aunque en verdad, también es la era del error y la negación.

    Hubo fragmentos del poder primordial que, incapaces de dejar de observar la creación material, desearon formar parte de ella. Intentaron manifestarse en la realidad, pero no comprendían sus leyes naturales de estas realidades. Estas entidades dividieron sus esencias para existir en múltiples dimensiones, pero sus conciencias colapsaron.

    Lo que quedó no fueron dioses… sino poder descontrolado.

    De ese fracaso nacieron las primeras aberraciones: bestias ajenas a toda lógica, entidades que no pertenecían a ningún mundo. Este suceso fue llamado por los futuros Dioses como la llegada del Caos, esta mentira simplemente fue hecha para cubrir su error.

    Con el tiempo, algunas de estas formas de vida evolucionaron. No todas permanecieron como criaturas irracionales. De aquel poder fragmentado nacieron los primeros demonios: seres con voluntad, identidad y un propósito básico… existir. A diferencia de las bestias, no buscaban destruir, sino establecerse, crecer y encontrar su lugar en el mundo.

    Pero los fragmentos que observaron este desastre aprendieron del error. Sellaron sus esencias, limitaron su poder y descendieron de forma estable a la realidad. Su primer acto fue erradicar a las aberraciones y bestias que ellos mismos llamaron Demonio Bestias.

    Los seres primitivos que presenciaron aquello les dieron un nombre que no existía hasta entonces: Dioses, estos aceptaron ese título. Guiaron a las primeras razas humanoides, aceleraron su desarrollo y moldearon la vida a su conveniencia. Sin embargo, no todos actuaron de la misma manera. Algunos vieron a estas nuevas vidas como herramientas… pero otros, como algo digno de cuidado.

    Entre estos últimos se encontraba una deidad conocida como Elune, quien mostró un afecto genuino por los seres nacidos en el mundo. Fue ella quien bendijo a un linaje en particular, marcándolo con su esencia. Con el tiempo, estos serían conocidos como los Elunia, una raza favorecida, cercana a los dioses y destinada a alcanzar un gran conocimiento.

    Otra deidad, Yue quien era asociada con la luna por su larga cabellera plateada, también influyó en ellos, otorgándoles guía y entendimiento… aunque con el paso del tiempo, su destino cambiaría, cayendo junto con otros Dioses que se corrompieron. Porque la corrupción llegó.

    Los dioses comenzaron a cambiar. Su conexión con el poder primordial se debilitó, y con ello, su comprensión del mundo. Se volvieron estáticos, incapaces de evolucionar, en lugar de eso, sus cuerpos se iban deteriorando. Lo que antes era guía se convirtió en dependencia. Lo que antes era propósito en ego.

    Mientras tanto, los demonios (primodiales) continuaban existiendo. Los dioses los rechazaron desde el inicio. No porque todos fueran una amenaza, sino porque representaban su error. Los demonios eran portadores de un poder más concentrado, nacido directamente del colapso de entidades como ellos mismos. Intentaron eliminarlos pero no pudieron.

    Los demonios continuaban surgiendo, alimentados por el poder residual del mundo y por los impulsos más primitivos de las razas vivas. Este fenómeno no era único de una sola realidad, sino que se repetía en múltiples dimensiones: dioses, demonios y caos… una constante inevitable.

    Con el paso del tiempo, los dioses de este mundo se diferenciaron de otros. En otras realidades, las deidades podían evolucionar, reproducirse y adaptarse. Aquí, en cambio, algo había cambiado. El mismo poder que dio origen a los demonios también los había afectado, ya que fue en esta realidad donde inicio el error.

    El tiempo los debilitó, los volvió incompletos y en lugar de aceptarlo… eligieron negarlo. Fue entonces cuando comenzaron a depender de los Elunia... Ya no como protegidos, sino como herramientas. A través de ellos, buscaban recuperar lo que habían perdido, e incluso erradicar a los demonios que tanto despreciaban.

    Pero para ese punto, los dioses ya no eran lo que alguna vez aparentaron ser, ya no eran guías, ni protectores. Se habían convertido en algo más cercano a parásitos… viviendo a costa de un mundo que alguna vez juraron cuidar.

    Y aun así… se seguían llamando dioses.
    ***Tercera Edad. *** - La Era de los Dioses. Esta era es conocida como la Era de los Dioses… aunque en verdad, también es la era del error y la negación. Hubo fragmentos del poder primordial que, incapaces de dejar de observar la creación material, desearon formar parte de ella. Intentaron manifestarse en la realidad, pero no comprendían sus leyes naturales de estas realidades. Estas entidades dividieron sus esencias para existir en múltiples dimensiones, pero sus conciencias colapsaron. Lo que quedó no fueron dioses… sino poder descontrolado. De ese fracaso nacieron las primeras aberraciones: bestias ajenas a toda lógica, entidades que no pertenecían a ningún mundo. Este suceso fue llamado por los futuros Dioses como la llegada del Caos, esta mentira simplemente fue hecha para cubrir su error. Con el tiempo, algunas de estas formas de vida evolucionaron. No todas permanecieron como criaturas irracionales. De aquel poder fragmentado nacieron los primeros demonios: seres con voluntad, identidad y un propósito básico… existir. A diferencia de las bestias, no buscaban destruir, sino establecerse, crecer y encontrar su lugar en el mundo. Pero los fragmentos que observaron este desastre aprendieron del error. Sellaron sus esencias, limitaron su poder y descendieron de forma estable a la realidad. Su primer acto fue erradicar a las aberraciones y bestias que ellos mismos llamaron Demonio Bestias. Los seres primitivos que presenciaron aquello les dieron un nombre que no existía hasta entonces: Dioses, estos aceptaron ese título. Guiaron a las primeras razas humanoides, aceleraron su desarrollo y moldearon la vida a su conveniencia. Sin embargo, no todos actuaron de la misma manera. Algunos vieron a estas nuevas vidas como herramientas… pero otros, como algo digno de cuidado. Entre estos últimos se encontraba una deidad conocida como Elune, quien mostró un afecto genuino por los seres nacidos en el mundo. Fue ella quien bendijo a un linaje en particular, marcándolo con su esencia. Con el tiempo, estos serían conocidos como los Elunia, una raza favorecida, cercana a los dioses y destinada a alcanzar un gran conocimiento. Otra deidad, Yue quien era asociada con la luna por su larga cabellera plateada, también influyó en ellos, otorgándoles guía y entendimiento… aunque con el paso del tiempo, su destino cambiaría, cayendo junto con otros Dioses que se corrompieron. Porque la corrupción llegó. Los dioses comenzaron a cambiar. Su conexión con el poder primordial se debilitó, y con ello, su comprensión del mundo. Se volvieron estáticos, incapaces de evolucionar, en lugar de eso, sus cuerpos se iban deteriorando. Lo que antes era guía se convirtió en dependencia. Lo que antes era propósito en ego. Mientras tanto, los demonios (primodiales) continuaban existiendo. Los dioses los rechazaron desde el inicio. No porque todos fueran una amenaza, sino porque representaban su error. Los demonios eran portadores de un poder más concentrado, nacido directamente del colapso de entidades como ellos mismos. Intentaron eliminarlos pero no pudieron. Los demonios continuaban surgiendo, alimentados por el poder residual del mundo y por los impulsos más primitivos de las razas vivas. Este fenómeno no era único de una sola realidad, sino que se repetía en múltiples dimensiones: dioses, demonios y caos… una constante inevitable. Con el paso del tiempo, los dioses de este mundo se diferenciaron de otros. En otras realidades, las deidades podían evolucionar, reproducirse y adaptarse. Aquí, en cambio, algo había cambiado. El mismo poder que dio origen a los demonios también los había afectado, ya que fue en esta realidad donde inicio el error. El tiempo los debilitó, los volvió incompletos y en lugar de aceptarlo… eligieron negarlo. Fue entonces cuando comenzaron a depender de los Elunia... Ya no como protegidos, sino como herramientas. A través de ellos, buscaban recuperar lo que habían perdido, e incluso erradicar a los demonios que tanto despreciaban. Pero para ese punto, los dioses ya no eran lo que alguna vez aparentaron ser, ya no eran guías, ni protectores. Se habían convertido en algo más cercano a parásitos… viviendo a costa de un mundo que alguna vez juraron cuidar. Y aun así… se seguían llamando dioses.
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  • *Dicen por ahí que las promesas hay que cumplirlas. Había Sido una semana complicada y no lograba planear con claridad aquella promesa que le hice a mi buena amiga [Dragon_Blood] aquel día que me acompañó a mirar las estrellas.

    Ambos tenemos sangre dracónica en las venas y por el legado de nuestra especie prometí que si encontraba algún lugar que fuese interesante la invitaría, sin embargo, no sabía qué tipo de lugares serían de su agrado, así que opté por proponerle ir a aquellas tierras donde dicen las leyendas, los Dragones primordiales nacían para que también ella pudiera conocer el origen de ambos antepasados. Aquel plano existencial tenía vistas preciosas y un paisaje único donde se podían ver 5 soles de distintos colores.

    Pero.....¿Sería un buen panorama? ¿Frecuentará ella este tipo de lugares? Tal vez no sea de su agrado, Tal vez ni siquiera sería algo novedoso, o interesante, tal vez se termine aburriendo, como si la invitase una especie de "nerd" que va a museos y hace cosas que puedan parecer 'ñoñas'.

    Muy pocas veces he invitado a nadie a ningún lado y la poca sociabilidad que manejo hacía esta, una labor bastante difícil para mí, juntando primero el valor para poder invitarla, a la vez que me planteaba dichas preguntas.

    Finalmente decidí preguntarle directamente si le apetece dicho plan, o quizás tenga alguna propuesta mejor. Si le llegase a gustar la idea bien, pero si ya de plano rechaza el plan, no pasa nada y tan amigos como siempre. Así que dependiendo de su respuesta veremos si se lleva a cabo esta salida o no.*
    *Dicen por ahí que las promesas hay que cumplirlas. Había Sido una semana complicada y no lograba planear con claridad aquella promesa que le hice a mi buena amiga [Dragon_Blood] aquel día que me acompañó a mirar las estrellas. Ambos tenemos sangre dracónica en las venas y por el legado de nuestra especie prometí que si encontraba algún lugar que fuese interesante la invitaría, sin embargo, no sabía qué tipo de lugares serían de su agrado, así que opté por proponerle ir a aquellas tierras donde dicen las leyendas, los Dragones primordiales nacían para que también ella pudiera conocer el origen de ambos antepasados. Aquel plano existencial tenía vistas preciosas y un paisaje único donde se podían ver 5 soles de distintos colores. Pero.....¿Sería un buen panorama? ¿Frecuentará ella este tipo de lugares? Tal vez no sea de su agrado, Tal vez ni siquiera sería algo novedoso, o interesante, tal vez se termine aburriendo, como si la invitase una especie de "nerd" que va a museos y hace cosas que puedan parecer 'ñoñas'. Muy pocas veces he invitado a nadie a ningún lado y la poca sociabilidad que manejo hacía esta, una labor bastante difícil para mí, juntando primero el valor para poder invitarla, a la vez que me planteaba dichas preguntas. Finalmente decidí preguntarle directamente si le apetece dicho plan, o quizás tenga alguna propuesta mejor. Si le llegase a gustar la idea bien, pero si ya de plano rechaza el plan, no pasa nada y tan amigos como siempre. Así que dependiendo de su respuesta veremos si se lleva a cabo esta salida o no.*
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