• 𝑂𝑓 𝑤𝘩𝑎𝑡 𝑟𝑒𝑚𝑎𝑖𝑛𝑒𝑑 𝑢𝑛𝑠𝑙𝑎𝑖𝑛, 𝑜𝑓 𝑎 𝑑𝑎𝑟𝑘𝑛𝑒𝑠𝑠 𝑘𝑛𝑜𝑤𝑛 𝑏𝑦 𝑛𝑎𝑚𝑒
    Fandom 𝑵/𝑨
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    𝑹𝒐𝒍 𝒄𝒐𝒏: 𝑨𝒆𝒍𝒊𝒂𝒏𝒏𝒂


    𝑨𝒃𝒂𝒅𝜾́𝒂 𝒅𝒆 𝑺𝒂𝒊𝒏𝒕 𝑬𝒊𝒓𝒊𝒍𝒅, 𝑬𝒊𝒄𝒉𝒆𝒏𝒘𝒂𝒍𝒅

    𝐴 𝑙𝑎 𝑑𝑢𝑜𝑑𝑒́𝑐𝑖𝑚𝑎 𝑐𝑎𝑚𝑝𝑎𝑛𝑎𝑑𝑎; 𝑎 𝑙𝑎 𝘩𝑜𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑙𝑜𝑏𝑜𝑠 - 𝙢𝙚𝙙𝙞𝙖 𝙣𝙤𝙘𝙝𝙚.


    La tormenta había terminado dos días atrás, pero el barro seguía aferrándose a las botas melladas de acero y al borde de la capa como si algo en el camino se negara a dejarlo marchar. El Vaeltaja no regresó a la abadía con prisa. Nunca lo hacía, pues durante el viaje hubo una incomodidad persistente acompañándolo entre árboles, una sensación que ni las bestias del bosque ni los espectros de los viejos caminos habían logrado provocarle jamás. Había enfrentado criaturas nacidas antes que sus reinos. Había contemplado horrores que hacían retroceder a hombres de fe y guerreros por igual. Aquello era diferente.

    Era duda que lo devora por dentro como una maldición.

    La abadía apareció finalmente entre la niebla de la madrugada, erguida sobre la colina como siempre había estado. Inmutable, familiar. Durante un instante permaneció observándola desde la distancia. Las agujas de piedra elevándose hacia un cielo gris, los muros antiguos, los vitrales oscuros y todos donde la luz moría antes de atravesarlos del todo. Allí dentro sabe que estaba esperando. Lo sabía con la misma certeza con la que conocía el peso de su espada o el sonido de su propia respiración. Y precisamente por eso había tardado tanto en regresar.

    𝑃𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑜 𝑠𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑞𝑢𝑒́ 𝘩𝑎𝑐𝑒𝑟 𝑐𝑜𝑛 𝑎𝑞𝑢𝑒𝑙𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝘩𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎𝑑𝑜.

    La pesada puerta cedió bajo su mano enguantada de acero negro. El interior lo recibió con el olor familiar a muerte, a cadáveres, el incienso antiguo. La piedra húmeda y algo más difícil de nombrar. Algo que siempre parecía pertenecerle únicamente a ella. Sus pies resonaron por la piedra caliza a paso silencioso, mientras avanzaba sin anunciarse. No traía presas para alimentar su hambre, no arrastraba cadáveres ni trofeos de alguna cacería. Tampoco estaba herido. A simple vista parecía el mismo hombre que había partido semanas atrás.

    No lo era.

    Bajo uno de sus brazos descansaba un objeto envuelto en tela oscura. Grande, plano, protegido con más cuidado del que normalmente reservaba para cualquier reliquia. Y cuando finalmente se detuvo, el silencio permaneció entre las columnas durante varios segundos antes que su voz rompiera la quietud.

    —𝘌𝘯𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘦́ 𝘵𝘶 𝘳𝘰𝘴𝘵𝘳𝘰 —la frase salió simple, directa. Como una herida que no ha sido sanada. Sus ojos permanecieron fijos en algún punto de la oscuridad, esperando sentir su presencia incluso antes de verla—. 𝘈 𝘵𝘳𝘦𝘴 𝘴𝘦𝘮𝘢𝘯𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘢𝘲𝘶𝜄́.

    La tela fue retirada lentamente. Debajo apareció una tabla de madera ennegrecida por los siglos; los bordes estaban consumidos por el tiempo y las grietas recorrían la superficie como venas secas. En el centro, apenas conservado por milagro o maldición, permanecía el retrato de una mujer.

    Cabello claro y níveo, rasgos delicados. La misma curva de sus labios y... extrañamente, asumía que los mismos ojos. No parecida, sino idéntica. La inscripción inferior estaba casi destruida, pero todavía podían leerse fragmentos de una fecha tan antigua que pertenecía a una época anterior a varios reinos que hoy seguro gobernaban aquellas tierras. Kanwulf no apartó la mirada del retrato todavía.

    —𝘋𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘮𝘪𝘯𝘰 𝘪𝘯𝘵𝘦𝘯𝘵𝘦́ 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘦𝘯𝘤𝘦𝘳𝘮𝘦 𝘥𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘦𝘳𝘢𝘴 𝘵𝘶́ —la confesión fue apenas más baja, honesta—. 𝘕𝘰 𝘧𝘶𝘯𝘤𝘪𝘰𝘯𝘰́.

    Por primera vez levantó la vista. No hacia la pintura, sino hacia donde —𝘦́𝘭 𝘱𝘪𝘦𝘯𝘴𝘢— ella está, en algún lugar de la inmensa y abandonada abadía. Porque aquello era lo que realmente le siembra una duda que aterra en el pecho. No la posibilidad de que la mujer fuera un retrato de Aelianna; no la posibilidad de que algo imposible estuviera ocurriendo. Lo que le inquietaba era haberse dado cuenta, en algún punto del regreso, de que la respuesta no cambiaría nada. Si aquel rostro había esperado por siglos sumido en la oscuridad. Si existían más o si ella era algo mucho más antiguo de lo que muchos pudieran imaginar.

    Y quizá esa era la parte verdaderamente oscura de toda la historia. Que la duda había viajado con él durante semanas, pero la devoción había llegado primero. En cómo los Vaeltaja fueron creados para reconocer la oscuridad allí donde se ocultara. Quizá por eso la encontró; la tragedia nunca fue haberla amado. La tragedia fue reconocer exactamente lo que era... y permanecer de todos modos.

    𝐻𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑙𝑙𝑒𝑔𝑎𝑑𝑜 𝑎 𝑙𝑎 𝑎𝑏𝑎𝑑𝜄́𝑎 𝑏𝑢𝑠𝑐𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑢𝑛 𝑚𝑜𝑛𝑠𝑡𝑟𝑢𝑜. 𝐶𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑡𝑖𝑒𝑚𝑝𝑜 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜́ 𝑎𝑙𝑔𝑜 𝑚𝑎́𝑠 𝑝𝑒𝑙𝑖𝑔𝑟𝑜𝑠𝑜: 𝑢𝑛𝑎 𝑟𝑎𝑧𝑜́𝑛 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑟 𝑑𝑒 𝑏𝑢𝑠𝑐𝑎𝑟.
    𝑹𝒐𝒍 𝒄𝒐𝒏: [meine.sehnsucht] 𝑨𝒃𝒂𝒅𝜾́𝒂 𝒅𝒆 𝑺𝒂𝒊𝒏𝒕 𝑬𝒊𝒓𝒊𝒍𝒅, 𝑬𝒊𝒄𝒉𝒆𝒏𝒘𝒂𝒍𝒅 𝐴 𝑙𝑎 𝑑𝑢𝑜𝑑𝑒́𝑐𝑖𝑚𝑎 𝑐𝑎𝑚𝑝𝑎𝑛𝑎𝑑𝑎; 𝑎 𝑙𝑎 𝘩𝑜𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑙𝑜𝑏𝑜𝑠 - 𝙢𝙚𝙙𝙞𝙖 𝙣𝙤𝙘𝙝𝙚. La tormenta había terminado dos días atrás, pero el barro seguía aferrándose a las botas melladas de acero y al borde de la capa como si algo en el camino se negara a dejarlo marchar. El Vaeltaja no regresó a la abadía con prisa. Nunca lo hacía, pues durante el viaje hubo una incomodidad persistente acompañándolo entre árboles, una sensación que ni las bestias del bosque ni los espectros de los viejos caminos habían logrado provocarle jamás. Había enfrentado criaturas nacidas antes que sus reinos. Había contemplado horrores que hacían retroceder a hombres de fe y guerreros por igual. Aquello era diferente. Era duda que lo devora por dentro como una maldición. La abadía apareció finalmente entre la niebla de la madrugada, erguida sobre la colina como siempre había estado. Inmutable, familiar. Durante un instante permaneció observándola desde la distancia. Las agujas de piedra elevándose hacia un cielo gris, los muros antiguos, los vitrales oscuros y todos donde la luz moría antes de atravesarlos del todo. Allí dentro sabe que estaba esperando. Lo sabía con la misma certeza con la que conocía el peso de su espada o el sonido de su propia respiración. Y precisamente por eso había tardado tanto en regresar. 𝑃𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑜 𝑠𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑞𝑢𝑒́ 𝘩𝑎𝑐𝑒𝑟 𝑐𝑜𝑛 𝑎𝑞𝑢𝑒𝑙𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝘩𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎𝑑𝑜. La pesada puerta cedió bajo su mano enguantada de acero negro. El interior lo recibió con el olor familiar a muerte, a cadáveres, el incienso antiguo. La piedra húmeda y algo más difícil de nombrar. Algo que siempre parecía pertenecerle únicamente a ella. Sus pies resonaron por la piedra caliza a paso silencioso, mientras avanzaba sin anunciarse. No traía presas para alimentar su hambre, no arrastraba cadáveres ni trofeos de alguna cacería. Tampoco estaba herido. A simple vista parecía el mismo hombre que había partido semanas atrás. No lo era. Bajo uno de sus brazos descansaba un objeto envuelto en tela oscura. Grande, plano, protegido con más cuidado del que normalmente reservaba para cualquier reliquia. Y cuando finalmente se detuvo, el silencio permaneció entre las columnas durante varios segundos antes que su voz rompiera la quietud. —𝘌𝘯𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘦́ 𝘵𝘶 𝘳𝘰𝘴𝘵𝘳𝘰 —la frase salió simple, directa. Como una herida que no ha sido sanada. Sus ojos permanecieron fijos en algún punto de la oscuridad, esperando sentir su presencia incluso antes de verla—. 𝘈 𝘵𝘳𝘦𝘴 𝘴𝘦𝘮𝘢𝘯𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘢𝘲𝘶𝜄́. La tela fue retirada lentamente. Debajo apareció una tabla de madera ennegrecida por los siglos; los bordes estaban consumidos por el tiempo y las grietas recorrían la superficie como venas secas. En el centro, apenas conservado por milagro o maldición, permanecía el retrato de una mujer. Cabello claro y níveo, rasgos delicados. La misma curva de sus labios y... extrañamente, asumía que los mismos ojos. No parecida, sino idéntica. La inscripción inferior estaba casi destruida, pero todavía podían leerse fragmentos de una fecha tan antigua que pertenecía a una época anterior a varios reinos que hoy seguro gobernaban aquellas tierras. Kanwulf no apartó la mirada del retrato todavía. —𝘋𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘮𝘪𝘯𝘰 𝘪𝘯𝘵𝘦𝘯𝘵𝘦́ 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘦𝘯𝘤𝘦𝘳𝘮𝘦 𝘥𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘦𝘳𝘢𝘴 𝘵𝘶́ —la confesión fue apenas más baja, honesta—. 𝘕𝘰 𝘧𝘶𝘯𝘤𝘪𝘰𝘯𝘰́. Por primera vez levantó la vista. No hacia la pintura, sino hacia donde —𝘦́𝘭 𝘱𝘪𝘦𝘯𝘴𝘢— ella está, en algún lugar de la inmensa y abandonada abadía. Porque aquello era lo que realmente le siembra una duda que aterra en el pecho. No la posibilidad de que la mujer fuera un retrato de Aelianna; no la posibilidad de que algo imposible estuviera ocurriendo. Lo que le inquietaba era haberse dado cuenta, en algún punto del regreso, de que la respuesta no cambiaría nada. Si aquel rostro había esperado por siglos sumido en la oscuridad. Si existían más o si ella era algo mucho más antiguo de lo que muchos pudieran imaginar. Y quizá esa era la parte verdaderamente oscura de toda la historia. Que la duda había viajado con él durante semanas, pero la devoción había llegado primero. En cómo los Vaeltaja fueron creados para reconocer la oscuridad allí donde se ocultara. Quizá por eso la encontró; la tragedia nunca fue haberla amado. La tragedia fue reconocer exactamente lo que era... y permanecer de todos modos. 𝐻𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑙𝑙𝑒𝑔𝑎𝑑𝑜 𝑎 𝑙𝑎 𝑎𝑏𝑎𝑑𝜄́𝑎 𝑏𝑢𝑠𝑐𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑢𝑛 𝑚𝑜𝑛𝑠𝑡𝑟𝑢𝑜. 𝐶𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑡𝑖𝑒𝑚𝑝𝑜 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜́ 𝑎𝑙𝑔𝑜 𝑚𝑎́𝑠 𝑝𝑒𝑙𝑖𝑔𝑟𝑜𝑠𝑜: 𝑢𝑛𝑎 𝑟𝑎𝑧𝑜́𝑛 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑟 𝑑𝑒 𝑏𝑢𝑠𝑐𝑎𝑟.
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  • «-Finalmente, tras jornadas extenuantes, logré concluir con la montaña de papeleo que Charlie me había encomendado. Sin embargo, no hubo tregua; apenas puse el sello final, fui convocado a la Corporación Vortex. Según el itinerario, me esperaba una nueva presentación en vivo. Apenas llegué, me vi rodeado por un enjambre de estilistas y maquilladores que trabajaban con precisión quirúrgica, preparándome para el rodaje de un nuevo videoclip enfocado en promover la inclusión. Aunque aquel concepto me resultaba ajeno y confuso, mi única prioridad era terminar cuanto antes.
    Uno de los asistentes se acercó y me entregó un libreto con la letra de la canción. Al leerlo, una revelación me detuvo en seco: el guion exigía que apareciera utilizando mi forma mortal. Me resultó curioso descubrir que Vox se había tomado la molestia de ocultar mi apariencia actual ante el público. De algún modo, sentí un extraño atisbo de respeto hacia él; al menos, estaba cumpliendo con las reglas que yo mismo había impuesto.
    Minutos después, el escenario me recibió sumergido en una oscuridad absoluta, apenas rota por la silueta de una pantalla gigantesca que se erguía a mis espaldas. Lo que ignoraba, mientras esperaba la señal para comenzar, era que mi figura no solo estaba siendo observada por los asistentes, sino que estaba siendo retransmitida en tiempo real a lo largo y ancho de todos los anillos de Ciudad Pentagrama.-»

    Vox Whittman

    https://youtu.be/AWiccrTB4LM?si=YWM1inWUBzZT1dEn
    «-Finalmente, tras jornadas extenuantes, logré concluir con la montaña de papeleo que Charlie me había encomendado. Sin embargo, no hubo tregua; apenas puse el sello final, fui convocado a la Corporación Vortex. Según el itinerario, me esperaba una nueva presentación en vivo. Apenas llegué, me vi rodeado por un enjambre de estilistas y maquilladores que trabajaban con precisión quirúrgica, preparándome para el rodaje de un nuevo videoclip enfocado en promover la inclusión. Aunque aquel concepto me resultaba ajeno y confuso, mi única prioridad era terminar cuanto antes. Uno de los asistentes se acercó y me entregó un libreto con la letra de la canción. Al leerlo, una revelación me detuvo en seco: el guion exigía que apareciera utilizando mi forma mortal. Me resultó curioso descubrir que Vox se había tomado la molestia de ocultar mi apariencia actual ante el público. De algún modo, sentí un extraño atisbo de respeto hacia él; al menos, estaba cumpliendo con las reglas que yo mismo había impuesto. Minutos después, el escenario me recibió sumergido en una oscuridad absoluta, apenas rota por la silueta de una pantalla gigantesca que se erguía a mis espaldas. Lo que ignoraba, mientras esperaba la señal para comenzar, era que mi figura no solo estaba siendo observada por los asistentes, sino que estaba siendo retransmitida en tiempo real a lo largo y ancho de todos los anillos de Ciudad Pentagrama.-» [fire_garnet_hawk_362] https://youtu.be/AWiccrTB4LM?si=YWM1inWUBzZT1dEn
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  • ─ ¿Misión encubierto? Está bien. Luzco casi normal, solo tengo que ocultar mi halo para lucir civil. ─
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  • [era una hermosa noche donde la ciudad demostraba estar más viva que nunca con aquella iluminación tan vistosa. Gyuseki se dirigía al trabajo entrando por los callejones de siempre aunque esté sabía que nuevamente lo estaban siguiendo y que está vez no tendría la misma suerte se escapar]

    Muy bien esto se acabó sal de una vez puedo escuchar como tu pulso se intensifica así que deja de ocultarte y dime ¿Quien eres?

    ×mientras decía esto me di la vuelta para mirar hacia atrás esperando respuesta, en ese momento me encontraba vestido con un elegante traje para asistir formal al trabajo×

    Mercenario: supuse que ya sabías sobre mí presencia, después de todo la noche anterior me engañaste y no pude llegar al club.

    ×un mercenario con ropas de soldado se hizo presente, su cabello era rubio mientras que sus ojos tenían algo raro y es que sus pupilas parecían las de un reptil×

    Así que tu objetivo es el club ¿Que estás buscando? Acaso quieres joyas.

    Mercenario: lo que vengo a buscar es a la dragona que esconden ahí dentro y quiero que entiendas algo no puedo dejar que ese bebé nazca.

    Por lo visto sabes demasiadas cosas.. ¿Sabes algo? Ahora te recuerdo eres el obrero que dejó caer las vigas de metal cuando preparamos el terrario.

    Mercenario: ¿Y que si lo soy? Mejor déjame ir a ese club antes de que te mate porque si algo se sobre ti es que no lastimarlas ni a una mosca.

    De hecho yo no deseo lastimar a los humanos pero viendo tus ojos.. tu no eres tan humano ¿Verdad?~

    ×mis ojos se tornaron de un rojo carmesí mientras dejaba salir mis cuernos, en ese momento me lance a gran velocidad hacia aquel mercenario creando en mi mano derecha una espada de hoja carmesí para atacarlo en una estocada aunque el mercenario termino por cubrirse con su arma la cual termino destruida mientras aquel se alejaba unos metros×

    Mercenario: ¿que demonios fue eso..? ¡Creí que jamás atacaba a otros! Jeje veo que me equivoque.

    Aprovecharé que nadie me está observando y te asesinare rápidamente.. no puedo permitir que te acerques a ese bebé.

    ×aquel mercenario de repente mostró una sonrisa mientras que en su cuerpo hacia aparecer unas pocas escamas de color verde×

    No me digas que.. acaso tu eres..

    Mercenario: si soy que cosa ¿Un dragón? Así es lo soy y veo que eso te sorprende.

    ¿Acaso sabes el precio a pagar? Estás cometiendo traición hacia los tuyos y es algo que no tiene perdón.

    Mercenario: conozco el precio de la traición pero no me interesa.. ahora entiendo que si eres capaz de atacar a otros así que tendré que retirarme por ahora pero nos volveremos a ver muchacho.

    ¿¡Piensas que te dejare escapar!? Soy el ejecutor por algo.

    ×me movería hacia delante a gran velocidad para tratar de asesinar a aquel traidor pero en ese momento aquel mercenario empezó a soltar un gas venenoso de su boca cubriendo todo el espacio donde el estaba y esto me obligó a retroceder×

    ¿Un dragón venenoso? Desgraciado creo una nube de veneno para que no me acerque.. se nota que recibió un buen entrenamiento y sabe que ahora mismo no puedo volar o sino me verán..

    ×luego de que e gas se disperso por completo solté un suspiro pesado antes de esconder mis partes de dragón y volver mis ojos a la normalidad para así poder caminar hacia el club y cumplir mí jornada como siempre×

    (Está no será la última vez que veré a ese sujeto.. es muy probable que deje de seguirme durante un tiempo hasta que todo se calme.. tengo que aprovechar ese tiempo para conseguir información sobre su paradero y capturarlo yo mismo)
    [era una hermosa noche donde la ciudad demostraba estar más viva que nunca con aquella iluminación tan vistosa. Gyuseki se dirigía al trabajo entrando por los callejones de siempre aunque esté sabía que nuevamente lo estaban siguiendo y que está vez no tendría la misma suerte se escapar] Muy bien esto se acabó sal de una vez puedo escuchar como tu pulso se intensifica así que deja de ocultarte y dime ¿Quien eres? ×mientras decía esto me di la vuelta para mirar hacia atrás esperando respuesta, en ese momento me encontraba vestido con un elegante traje para asistir formal al trabajo× Mercenario: supuse que ya sabías sobre mí presencia, después de todo la noche anterior me engañaste y no pude llegar al club. ×un mercenario con ropas de soldado se hizo presente, su cabello era rubio mientras que sus ojos tenían algo raro y es que sus pupilas parecían las de un reptil× Así que tu objetivo es el club ¿Que estás buscando? Acaso quieres joyas. Mercenario: lo que vengo a buscar es a la dragona que esconden ahí dentro y quiero que entiendas algo no puedo dejar que ese bebé nazca. Por lo visto sabes demasiadas cosas.. ¿Sabes algo? Ahora te recuerdo eres el obrero que dejó caer las vigas de metal cuando preparamos el terrario. Mercenario: ¿Y que si lo soy? Mejor déjame ir a ese club antes de que te mate porque si algo se sobre ti es que no lastimarlas ni a una mosca. De hecho yo no deseo lastimar a los humanos pero viendo tus ojos.. tu no eres tan humano ¿Verdad?~ ×mis ojos se tornaron de un rojo carmesí mientras dejaba salir mis cuernos, en ese momento me lance a gran velocidad hacia aquel mercenario creando en mi mano derecha una espada de hoja carmesí para atacarlo en una estocada aunque el mercenario termino por cubrirse con su arma la cual termino destruida mientras aquel se alejaba unos metros× Mercenario: ¿que demonios fue eso..? ¡Creí que jamás atacaba a otros! Jeje veo que me equivoque. Aprovecharé que nadie me está observando y te asesinare rápidamente.. no puedo permitir que te acerques a ese bebé. ×aquel mercenario de repente mostró una sonrisa mientras que en su cuerpo hacia aparecer unas pocas escamas de color verde× No me digas que.. acaso tu eres.. Mercenario: si soy que cosa ¿Un dragón? Así es lo soy y veo que eso te sorprende. ¿Acaso sabes el precio a pagar? Estás cometiendo traición hacia los tuyos y es algo que no tiene perdón. Mercenario: conozco el precio de la traición pero no me interesa.. ahora entiendo que si eres capaz de atacar a otros así que tendré que retirarme por ahora pero nos volveremos a ver muchacho. ¿¡Piensas que te dejare escapar!? Soy el ejecutor por algo. ×me movería hacia delante a gran velocidad para tratar de asesinar a aquel traidor pero en ese momento aquel mercenario empezó a soltar un gas venenoso de su boca cubriendo todo el espacio donde el estaba y esto me obligó a retroceder× ¿Un dragón venenoso? Desgraciado creo una nube de veneno para que no me acerque.. se nota que recibió un buen entrenamiento y sabe que ahora mismo no puedo volar o sino me verán.. ×luego de que e gas se disperso por completo solté un suspiro pesado antes de esconder mis partes de dragón y volver mis ojos a la normalidad para así poder caminar hacia el club y cumplir mí jornada como siempre× (Está no será la última vez que veré a ese sujeto.. es muy probable que deje de seguirme durante un tiempo hasta que todo se calme.. tengo que aprovechar ese tiempo para conseguir información sobre su paradero y capturarlo yo mismo)
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  • Genuinamente había querido hablar con ella. Lo había intentado. A pesar de la tormenta carmesí que latía con fuerza dentro de su pecho, amenazando con salir y arrasar con absolutamente todo a su paso; a pesar de la punzante molestia que le carcomía el orgullo, a pesar de que cada acción de la castaña parecía hecha justo y únicamente con la intención de sacarla de quicio. Pero Veyra Leˑron parecía estar absoluta y peligrosamente fuera de sí. ¿Quizás no lo había intentado lo suficiente? Si, tal vez. Tal vez no las suficientes veces antes de que el descarado discurso de la castaña terminara por colmarle la poquita paciencia que tenía. No las suficientes veces antes de que el cielo de aquel bizarro plano, al que ella misma las había arrastrado para hablar a solas, comenzara a poblarse con asfixiantes y desquiciantes portales dorados que exhibían futuros y realidades alternas.

    Mantuvo el semblante serio, la mirada fija hacia un costado, ligeramente hacia abajo, mientras escuchaba la voz de la otra arrastrarse mimosamente justo detrás de su nuca.

    —...Ah, así que eso fue lo que descubriste, ¿no? —un murmullo extrañamente bajo. Giró sobre sus talones después, para encararla de frente, señalando el cielo con el dedo índice— ... vaya, me gustaría saber qué se siente...

    Alzó la mirada finalmente, observando con sus ojos carmesí todas esas visiones que la perturbaban más de lo que jamás admitiría, encendiendo sus impulsos delictivos con la misma intensidad que esa vocecita chillona e insoportable. (?) Pero no lo demostro. En su lugar, sonrió lento y dejo escapar una risa baja y contenida.

    —Dimelo, Veyra... ¿Qué se siente descubrir que existen cientos de líneas temporales diferentes donde eres feliz junto a él... —se le acercó, acortando la distancia— ...y que te haya tocado existir JUSTAMENTE EN LA UNICA LINEA DE TODO EL JODIDO UNIVERSO en la que él no te elige, HM?!?!

    Su sonrisa se extendio y sus ojos brillaron en un carmesí casi incandescente. Ella lo había intentado, ¿no? Había intentado ser la maldita adulta madura en la habitación, Kieran había sido testigo de que lo había intentado, incluso sus portalitos dorados habían sido trstigos. (?) Así que nadie podría culparla... antes de que la castaña pudiera balbucear una sola palabra, rompió a reír. Veyra la había sacado de quicio; no sabía si ese era el retorcido objetivo de su llanto de oro, pero lo había logrado con creces. (??)

    —¡HAHAAHAH! ¿Agradecerte?!? —exclamó, mostrando los dientes en una mueca algo desquiciada— ¡Ah, de verdad muchas gracias, Vey! Gracias por existir en la única línea espacio-temporal donde el hombre por el que lloras lágrimas doradas te prefiere como un segundo lugar. De verdad, no sé qué habría hecho si no fuera así... Tsk.

    Giró sobre sus talones abruptamente, dándole la espalda con desdén. Comenzó a caminar en sentido contrario, y a cada paso que sus pies daban contra el suelo de aquel plano, la tierra a ambos costados se iba agrietando, abriendo fisuras que brillaban con un tono carmesí. Los árboles alrededor comenzaron a agitarse de forma errática, azotados por un viento súbito.

    —¿Que si de verdad te lo propusieras podrías llevártelo lejos y ocultarlo de mí...? ¡Hahaha! . . . Bien, bien. Estaré encantada de verte intentarlo...

    El aire en el cielo comenzó a ondularse y a distorsionarse de manera violenta. Los portales dorados de Veyra empezaron a retorcerse, sus imágenes fracturándose a medida que otros portales inestables y mucho más caóticos brotaban a diestra y siniestra con la única intención de hacer desaparecer a los primeros. El cielo de aquel lugar se transformó instantáneamente en una batalla donde el carmesí y el dorado de Veyra luchaban por cubrir más extensión como si fueran plagas brillantes. (?)
    Genuinamente había querido hablar con ella. Lo había intentado. A pesar de la tormenta carmesí que latía con fuerza dentro de su pecho, amenazando con salir y arrasar con absolutamente todo a su paso; a pesar de la punzante molestia que le carcomía el orgullo, a pesar de que cada acción de la castaña parecía hecha justo y únicamente con la intención de sacarla de quicio. Pero [vey.ra] parecía estar absoluta y peligrosamente fuera de sí. ¿Quizás no lo había intentado lo suficiente? Si, tal vez. Tal vez no las suficientes veces antes de que el descarado discurso de la castaña terminara por colmarle la poquita paciencia que tenía. No las suficientes veces antes de que el cielo de aquel bizarro plano, al que ella misma las había arrastrado para hablar a solas, comenzara a poblarse con asfixiantes y desquiciantes portales dorados que exhibían futuros y realidades alternas. Mantuvo el semblante serio, la mirada fija hacia un costado, ligeramente hacia abajo, mientras escuchaba la voz de la otra arrastrarse mimosamente justo detrás de su nuca. —...Ah, así que eso fue lo que descubriste, ¿no? —un murmullo extrañamente bajo. Giró sobre sus talones después, para encararla de frente, señalando el cielo con el dedo índice— ... vaya, me gustaría saber qué se siente... Alzó la mirada finalmente, observando con sus ojos carmesí todas esas visiones que la perturbaban más de lo que jamás admitiría, encendiendo sus impulsos delictivos con la misma intensidad que esa vocecita chillona e insoportable. (?) Pero no lo demostro. En su lugar, sonrió lento y dejo escapar una risa baja y contenida. —Dimelo, Veyra... ¿Qué se siente descubrir que existen cientos de líneas temporales diferentes donde eres feliz junto a él... —se le acercó, acortando la distancia— ...y que te haya tocado existir JUSTAMENTE EN LA UNICA LINEA DE TODO EL JODIDO UNIVERSO en la que él no te elige, HM?!?! Su sonrisa se extendio y sus ojos brillaron en un carmesí casi incandescente. Ella lo había intentado, ¿no? Había intentado ser la maldita adulta madura en la habitación, Kieran había sido testigo de que lo había intentado, incluso sus portalitos dorados habían sido trstigos. (?) Así que nadie podría culparla... antes de que la castaña pudiera balbucear una sola palabra, rompió a reír. Veyra la había sacado de quicio; no sabía si ese era el retorcido objetivo de su llanto de oro, pero lo había logrado con creces. (??) —¡HAHAAHAH! ¿Agradecerte?!? —exclamó, mostrando los dientes en una mueca algo desquiciada— ¡Ah, de verdad muchas gracias, Vey! Gracias por existir en la única línea espacio-temporal donde el hombre por el que lloras lágrimas doradas te prefiere como un segundo lugar. De verdad, no sé qué habría hecho si no fuera así... Tsk. Giró sobre sus talones abruptamente, dándole la espalda con desdén. Comenzó a caminar en sentido contrario, y a cada paso que sus pies daban contra el suelo de aquel plano, la tierra a ambos costados se iba agrietando, abriendo fisuras que brillaban con un tono carmesí. Los árboles alrededor comenzaron a agitarse de forma errática, azotados por un viento súbito. —¿Que si de verdad te lo propusieras podrías llevártelo lejos y ocultarlo de mí...? ¡Hahaha! . . . Bien, bien. Estaré encantada de verte intentarlo... El aire en el cielo comenzó a ondularse y a distorsionarse de manera violenta. Los portales dorados de Veyra empezaron a retorcerse, sus imágenes fracturándose a medida que otros portales inestables y mucho más caóticos brotaban a diestra y siniestra con la única intención de hacer desaparecer a los primeros. El cielo de aquel lugar se transformó instantáneamente en una batalla donde el carmesí y el dorado de Veyra luchaban por cubrir más extensión como si fueran plagas brillantes. (?)
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  •  El joven cura permanecía inmóvil mientras el sudor descendía lentamente por su rostro, frío a pesar del viento que golpeaba su cuerpo como una ola invisible surgida de la oscuridad. Se encontraba perdido en el purgatorio de sus propias pesadillas; un lugar silencioso y distorsionado donde el cielo parecía muerto y el aire cargaba una sensación insoportable de culpa. Miró a ambos lados con respiración agitada. A lo lejos, las únicas luces visibles provenían de las ventanas de enormes edificios sin forma clara, pequeños destellos cálidos en medio de aquel vacío interminable. Él, en cambio, permanecía atrapado entre campos de herbáceos dorados que se mecían lentamente bajo el viento, como si ocultaran algo bajo sus raíces.

    -¿Este será mi castigo eterno...?

    Por un instante bajó la mirada, sintiendo cómo el peso en su pecho se hacía más insoportable que el propio miedo. Comprendió, con amarga resignación, que su pecado seguía vivo dentro de él… carcomiéndolo lentamente desde el alma.
     El joven cura permanecía inmóvil mientras el sudor descendía lentamente por su rostro, frío a pesar del viento que golpeaba su cuerpo como una ola invisible surgida de la oscuridad. Se encontraba perdido en el purgatorio de sus propias pesadillas; un lugar silencioso y distorsionado donde el cielo parecía muerto y el aire cargaba una sensación insoportable de culpa. Miró a ambos lados con respiración agitada. A lo lejos, las únicas luces visibles provenían de las ventanas de enormes edificios sin forma clara, pequeños destellos cálidos en medio de aquel vacío interminable. Él, en cambio, permanecía atrapado entre campos de herbáceos dorados que se mecían lentamente bajo el viento, como si ocultaran algo bajo sus raíces. -¿Este será mi castigo eterno...? Por un instante bajó la mirada, sintiendo cómo el peso en su pecho se hacía más insoportable que el propio miedo. Comprendió, con amarga resignación, que su pecado seguía vivo dentro de él… carcomiéndolo lentamente desde el alma.
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  • La Presentación de Absalon
    Categoría Anime / Mangas
    El sol finalmente comenzó a elevarse sobre las gigantescas torres de la Academia Absalon, tiñendo de tonos dorados los enormes vitrales y las estructuras de piedra oscura que dominaban el paisaje. El sonido de las campanas principales resonó lentamente por todo el campus mientras el viento recorría los jardines y hacía ondear los estandartes púrpura y dorado de la academia.

    Un nuevo día había comenzado.

    Y con él… el inicio oficial de una nueva generación de estudiantes.

    Poco a poco los alumnos comenzaron a atravesar las enormes puertas principales de Absalon. Algunos caminaban con emoción imposible de ocultar, otros observaban cada rincón con nerviosismo y algunos simplemente permanecían en silencio intentando procesar la inmensidad de aquel lugar del que tanto habían escuchado hablar.

    Profesores recorrían el patio principal organizando grupos, alumnos veteranos observaban desde balcones elevados y el murmullo de conversaciones empezaba a llenar el ambiente.

    Después de todo… aquel no era un día cualquiera.

    Era el primer día en la Academia Absalon.
    El sol finalmente comenzó a elevarse sobre las gigantescas torres de la Academia Absalon, tiñendo de tonos dorados los enormes vitrales y las estructuras de piedra oscura que dominaban el paisaje. El sonido de las campanas principales resonó lentamente por todo el campus mientras el viento recorría los jardines y hacía ondear los estandartes púrpura y dorado de la academia. Un nuevo día había comenzado. Y con él… el inicio oficial de una nueva generación de estudiantes. Poco a poco los alumnos comenzaron a atravesar las enormes puertas principales de Absalon. Algunos caminaban con emoción imposible de ocultar, otros observaban cada rincón con nerviosismo y algunos simplemente permanecían en silencio intentando procesar la inmensidad de aquel lugar del que tanto habían escuchado hablar. Profesores recorrían el patio principal organizando grupos, alumnos veteranos observaban desde balcones elevados y el murmullo de conversaciones empezaba a llenar el ambiente. Después de todo… aquel no era un día cualquiera. Era el primer día en la Academia Absalon.
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  • Frente a una sencilla lápida cubierta por la neblina de la mañana, el joven cura permanecía inclinado en silencio mientras depositaba un ramo de flores moradas sobre la piedra fría. El viento movía suavemente los pétalos y también los bordes de su abrigo oscuro, pero él no apartaba la mirada del nombre grabado frente a sus ojos. Con una voz baja y temblorosa murmuró:

    -No estoy preocupado… porque sé que estás a salvo en el cielo.

    Permaneció unos segundos inmóvil antes de enderezarse lentamente. Guardó ambas manos en los bolsillos de su abrigo, adoptando una postura torpe y vulnerable, casi como la de un niño intentando ocultar sus miedos. Bajó un poco la cabeza y confesó con honestidad quebrada:

    -Solo estoy pensando si seré capaz de cumplir con mi cometido. Estoy asustado y temo volver a decepcionarte.

    El silencio del cementerio pareció abrazar sus palabras. Finalmente, se santiguó, cerrando los ojos por un instante antes de susurrar con una tristeza cálida y sincera:

    -Te amo.
    Frente a una sencilla lápida cubierta por la neblina de la mañana, el joven cura permanecía inclinado en silencio mientras depositaba un ramo de flores moradas sobre la piedra fría. El viento movía suavemente los pétalos y también los bordes de su abrigo oscuro, pero él no apartaba la mirada del nombre grabado frente a sus ojos. Con una voz baja y temblorosa murmuró: -No estoy preocupado… porque sé que estás a salvo en el cielo. Permaneció unos segundos inmóvil antes de enderezarse lentamente. Guardó ambas manos en los bolsillos de su abrigo, adoptando una postura torpe y vulnerable, casi como la de un niño intentando ocultar sus miedos. Bajó un poco la cabeza y confesó con honestidad quebrada: -Solo estoy pensando si seré capaz de cumplir con mi cometido. Estoy asustado y temo volver a decepcionarte. El silencio del cementerio pareció abrazar sus palabras. Finalmente, se santiguó, cerrando los ojos por un instante antes de susurrar con una tristeza cálida y sincera: -Te amo.
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  • Espina de mercenarios
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    Categoría Aventura
    El interior de aquel lugar parecía más una cicatriz abierta en la montaña que una simple taberna. Las paredes de piedra labrada se alzaban húmedas y oscuras, cubiertas de grietas antiguas y estandartes desgarrados de compañías mercenarias desaparecidas hacía años.

    La llamaban La Espina de los Mercenarios, un refugio para asesinos, cazadores de recompensas, desertores y monstruos con rostro humano. Cada mesa estaba ocupada por figuras peligrosas.

    Entonces la enorme puerta de madera se abrió lentamente. El murmullo disminuyó apenas un instante. Un joven cura entró con evidente cautela. Vestía un largo abrigo oscuro empapado por la lluvia exterior y llevaba una llamativa gorra de caza roja que contrastaba con la penumbra del lugar. Sus pasos eran inseguros, casi demasiado suaves para un sitio como aquel. La tensión en sus hombros delataba miedo, aunque intentaba ocultarlo manteniendo la mirada firme.

    El cura tragó saliva mientras avanzaba entre las mesas, ignorando las miradas hostiles y las sonrisas burlonas. Sus manos permanecían ocultas dentro del abrigo, aferrándose probablemente a algo que le daba valor: quizá un rosario, quizá una carta, quizá una promesa imposible de abandonar.

    Había llegado buscando contratar a alguien para una misión.
    El interior de aquel lugar parecía más una cicatriz abierta en la montaña que una simple taberna. Las paredes de piedra labrada se alzaban húmedas y oscuras, cubiertas de grietas antiguas y estandartes desgarrados de compañías mercenarias desaparecidas hacía años. La llamaban La Espina de los Mercenarios, un refugio para asesinos, cazadores de recompensas, desertores y monstruos con rostro humano. Cada mesa estaba ocupada por figuras peligrosas. Entonces la enorme puerta de madera se abrió lentamente. El murmullo disminuyó apenas un instante. Un joven cura entró con evidente cautela. Vestía un largo abrigo oscuro empapado por la lluvia exterior y llevaba una llamativa gorra de caza roja que contrastaba con la penumbra del lugar. Sus pasos eran inseguros, casi demasiado suaves para un sitio como aquel. La tensión en sus hombros delataba miedo, aunque intentaba ocultarlo manteniendo la mirada firme. El cura tragó saliva mientras avanzaba entre las mesas, ignorando las miradas hostiles y las sonrisas burlonas. Sus manos permanecían ocultas dentro del abrigo, aferrándose probablemente a algo que le daba valor: quizá un rosario, quizá una carta, quizá una promesa imposible de abandonar. Había llegado buscando contratar a alguien para una misión.
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  • [La hora del alimento y lo que regularmente escucha la criatura como "hora de cena" ha tardado el día de hoy. El científico lider a cargo del sector Q de Umbra corp. El Dr Stephen Steel. Se acerca a la celda y graba un pista de audio].

    Dr Stephen Steel: -De acuerdo a la solicitud de los directivos. Hemos decido comprobar la resistencia física del sujeto de prueba número #1054 alias "Unknown" ya que aún no hemos definido el nombre en código que recibirá cuando se aliste a nuestras unidades activas para combate. *Dice con voz fría* Iniciaremos con comprobar su tolerancia a la hambruna y sed. Debido a que anticipamos que se comportará de forma hostil hemos reforzado al triple la seguridad del sector y se ha añadido una capa adicional al vidrio de su celda de contención. Esta fabricado con un alineamiento especial que contiene el componente "deterium". Haciendo que sea básicamente indestructible. Ni un lanzacohetes podría atravesarlo. Fin del reporte.

    *Unknown se impacienta. No ve las bandejas con las que habitualmente acude el científico a alimentarle. Apoya sus brazos en el vidrio. Si bien desconoce su significado. Su expresión cambia a una levemente triste. Intenta en su desesperación al sentir el gruñido de su propio estomago utilizar sus cuerdas vocales como a veces lo hace en secreto cuándo no hay cientificos frente a su celda*

    Unknown: *Su garganta emite sonidos guturales que hacen que el Dr Stephen permanezca en el lugar aún cuándo ha terminado su reporte* -Ce... Ce... *Articula torpemente con voz susurrante y rasposa debido al casi nulo uso de sus cuerdas vocales* -Ce... Ce... *Dice con mayor desesperación* -Ce... Ce... Na... Ce... Na...

    Dr Stephen Steel: *Palidece y se acerca más al vidrio* -¿Acabas de hablar?. No es posible... No te hemos enseñado como. *Dice con voz algo mas empática mientras se acerca un poco más al vidrio*

    *Una voz suena en el auricular del Dr Stephen. Se trata de Edgar Markov. Director general del sector Q de umbra corp*

    Edgar Markov: -¿Ocurre algo doctor?. ¿Necesita refuerzos?. De no ser ese el caso. Mántengase apegado al protocolo. *Dice con un subtono pasivo agresivo*

    Dr Stephen Steel: -Yo... No nada. No ocurre nada. Entendido señor. Me dispondré a seguir con mi itinerario. *Intenta ocultar sus deseos de alimentarle de todas formas. De lo cruel que parece todo esto. Los sujetos de prueba "NO SON HUMANOS" intenta repetirse a él mismo y continua su camino ignorando a Unknown quién sigue intentando comunicar su hambre*
    [La hora del alimento y lo que regularmente escucha la criatura como "hora de cena" ha tardado el día de hoy. El científico lider a cargo del sector Q de Umbra corp. El Dr Stephen Steel. Se acerca a la celda y graba un pista de audio]. Dr Stephen Steel: -De acuerdo a la solicitud de los directivos. Hemos decido comprobar la resistencia física del sujeto de prueba número #1054 alias "Unknown" ya que aún no hemos definido el nombre en código que recibirá cuando se aliste a nuestras unidades activas para combate. *Dice con voz fría* Iniciaremos con comprobar su tolerancia a la hambruna y sed. Debido a que anticipamos que se comportará de forma hostil hemos reforzado al triple la seguridad del sector y se ha añadido una capa adicional al vidrio de su celda de contención. Esta fabricado con un alineamiento especial que contiene el componente "deterium". Haciendo que sea básicamente indestructible. Ni un lanzacohetes podría atravesarlo. Fin del reporte. *Unknown se impacienta. No ve las bandejas con las que habitualmente acude el científico a alimentarle. Apoya sus brazos en el vidrio. Si bien desconoce su significado. Su expresión cambia a una levemente triste. Intenta en su desesperación al sentir el gruñido de su propio estomago utilizar sus cuerdas vocales como a veces lo hace en secreto cuándo no hay cientificos frente a su celda* Unknown: *Su garganta emite sonidos guturales que hacen que el Dr Stephen permanezca en el lugar aún cuándo ha terminado su reporte* -Ce... Ce... *Articula torpemente con voz susurrante y rasposa debido al casi nulo uso de sus cuerdas vocales* -Ce... Ce... *Dice con mayor desesperación* -Ce... Ce... Na... Ce... Na... Dr Stephen Steel: *Palidece y se acerca más al vidrio* -¿Acabas de hablar?. No es posible... No te hemos enseñado como. *Dice con voz algo mas empática mientras se acerca un poco más al vidrio* *Una voz suena en el auricular del Dr Stephen. Se trata de Edgar Markov. Director general del sector Q de umbra corp* Edgar Markov: -¿Ocurre algo doctor?. ¿Necesita refuerzos?. De no ser ese el caso. Mántengase apegado al protocolo. *Dice con un subtono pasivo agresivo* Dr Stephen Steel: -Yo... No nada. No ocurre nada. Entendido señor. Me dispondré a seguir con mi itinerario. *Intenta ocultar sus deseos de alimentarle de todas formas. De lo cruel que parece todo esto. Los sujetos de prueba "NO SON HUMANOS" intenta repetirse a él mismo y continua su camino ignorando a Unknown quién sigue intentando comunicar su hambre*
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