• « ¿En qué momento sucedió esto? »

    Fue una pregunta casual que cruzó su mente. De esas que llegan repentinamente cuando se intenta tener lucidez mental, como cuando intentas retroceder para entender ese pequeño momento donde las cosas se salieron de control. Así estaba Vincent, de pie, observando cómo ahora tenía tres gatos que alimentar en lugar de dos; no era algo habitual que tomara una decisión tan impulsiva de agregar una mascota más a su hogar pero, en realidad, no entendía aún cómo habían sucedido las cosas.

    "Debe ser porque tienes un corazón blando". Los comentarios de Monique siempre lo hacían reflexionar cuando parecían tan extraños como acertados. Sí, era cierto, solía ser débil ante ciertos impulsos como ese, ante la idea de no poder brindarle un hogar a una criatura que lo necesitaba o imaginarse el sufrimiento que debía estar pasando en soledad. En el frío y peligro de las calles, en el hambre del abandono y la tristeza del olvido. Cada vez que Vincent pensaba en cómo había encontrado a Massimo, más se sentía seguro de que la decisión era la correcta.

    "Debe ser por la culpa". Volvió a pensar. Lo hizo con profundidad y con pesadez, como si realmente no tuviera otra opción con la cual sentirse a gusto o una conclusión que lo dejara satisfecho. Era la idea de que podía ayudarlo por los gatos que, en su infancia, hubiese tenido que dejar de lado por no contar con los recursos en su hogar o no estar en su posibilidad. Ahora que tenía el espacio, el tiempo y los recursos, sentía que podía hacer una diferencia en la vida de sus tres gatos: Alessandro, Serafina y, ahora, Massimo.

    Vincent los volvió a observar y, otra vez, se quedó absorto intentando comprender la forma en que sus tres mininos habían terminado por relacionarse tan bien. En ese momento ni parecían ser los gatos que lo despertaban en la mañana, a primera hora, para pedir comida ni tampoco parecían ser los rebeldes que tenían su departamento patas arriba con el caos de sus juegos.

    — ¿Qué haría sin ustedes, chiquillos? Entonces, ¿aceptarían un gato más?
    « ¿En qué momento sucedió esto? » Fue una pregunta casual que cruzó su mente. De esas que llegan repentinamente cuando se intenta tener lucidez mental, como cuando intentas retroceder para entender ese pequeño momento donde las cosas se salieron de control. Así estaba Vincent, de pie, observando cómo ahora tenía tres gatos que alimentar en lugar de dos; no era algo habitual que tomara una decisión tan impulsiva de agregar una mascota más a su hogar pero, en realidad, no entendía aún cómo habían sucedido las cosas. "Debe ser porque tienes un corazón blando". Los comentarios de Monique siempre lo hacían reflexionar cuando parecían tan extraños como acertados. Sí, era cierto, solía ser débil ante ciertos impulsos como ese, ante la idea de no poder brindarle un hogar a una criatura que lo necesitaba o imaginarse el sufrimiento que debía estar pasando en soledad. En el frío y peligro de las calles, en el hambre del abandono y la tristeza del olvido. Cada vez que Vincent pensaba en cómo había encontrado a Massimo, más se sentía seguro de que la decisión era la correcta. "Debe ser por la culpa". Volvió a pensar. Lo hizo con profundidad y con pesadez, como si realmente no tuviera otra opción con la cual sentirse a gusto o una conclusión que lo dejara satisfecho. Era la idea de que podía ayudarlo por los gatos que, en su infancia, hubiese tenido que dejar de lado por no contar con los recursos en su hogar o no estar en su posibilidad. Ahora que tenía el espacio, el tiempo y los recursos, sentía que podía hacer una diferencia en la vida de sus tres gatos: Alessandro, Serafina y, ahora, Massimo. Vincent los volvió a observar y, otra vez, se quedó absorto intentando comprender la forma en que sus tres mininos habían terminado por relacionarse tan bien. En ese momento ni parecían ser los gatos que lo despertaban en la mañana, a primera hora, para pedir comida ni tampoco parecían ser los rebeldes que tenían su departamento patas arriba con el caos de sus juegos. — ¿Qué haría sin ustedes, chiquillos? Entonces, ¿aceptarían un gato más?
    0 turnos 0 maullidos
  • Fallen's Bar
    Fandom OC
    Categoría Original
    En medio de la noche, un bar inicia sus operaciones, el letrero de neón, parpadeando indica "Fallen's Bar".
    Una vez adentro, el lugar ofrece un espacio cálido para resguardarse de las inclemencias del clima. La rockola se encuentra reproduciendo música rock de los 80's a un nivel decente para poder platicar alrededor.

    Algunas cuantas personas están sentadas en las sillas, un par se encuentran en la barra perdidos entre sí.

    Detrás de la barra se encuentra Kyle, atendiendo los pedidos, con una dedicación única para cada uno, haciendo que quien llegue se sienta especial y dispuesto a regresar, en los ratos en los que no hay algún cliente pidiendo algo, comienza a limpiar los vasos y la barra.

    - Bievenido, qué desea tomar? - Pregunta con amabilidad, pasándose una mano por el cabello para acomodarlo, antes de tomar la siguiente orden.

    Sean bienvenidos a Fallen's Bar, el lugar donde cualquier cosa puede ocurrir. Un café, un tinto, una cerveza, un cóctel, o algo más. Lo que desees, lo podemos preparar. Pero si preguntas por la especialidad de la casa, prepárate para que tu paladar descubra sabores y sensaciones que jamás había visto antes.
    En medio de la noche, un bar inicia sus operaciones, el letrero de neón, parpadeando indica "Fallen's Bar". Una vez adentro, el lugar ofrece un espacio cálido para resguardarse de las inclemencias del clima. La rockola se encuentra reproduciendo música rock de los 80's a un nivel decente para poder platicar alrededor. Algunas cuantas personas están sentadas en las sillas, un par se encuentran en la barra perdidos entre sí. Detrás de la barra se encuentra Kyle, atendiendo los pedidos, con una dedicación única para cada uno, haciendo que quien llegue se sienta especial y dispuesto a regresar, en los ratos en los que no hay algún cliente pidiendo algo, comienza a limpiar los vasos y la barra. - Bievenido, qué desea tomar? - Pregunta con amabilidad, pasándose una mano por el cabello para acomodarlo, antes de tomar la siguiente orden. Sean bienvenidos a Fallen's Bar, el lugar donde cualquier cosa puede ocurrir. Un café, un tinto, una cerveza, un cóctel, o algo más. Lo que desees, lo podemos preparar. Pero si preguntas por la especialidad de la casa, prepárate para que tu paladar descubra sabores y sensaciones que jamás había visto antes.
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    1
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    2
    2 turnos 0 maullidos
  • La fe: la forma más fácil de manipular a la gente.
    Es el atajo más rápido para dominar a alguien. No necesitas demostrar nada. Sólo prometerlo.
    Cuando una persona cree, baja la guardia.
    Entrega su duda, su criterio, su miedo.
    Y en ese espacio vacío entra la voz que dice: "Dios quiere esto".
    Con fe puedes hacer que alguien soporte abuso.
    Que justifique pobreza.
    Que acepte dolor como prueba.
    Que obedezca sin entender.
    No hace falta violencia. La creencia hace el trabajo sucio.
    Todo en nombre de algo invisible.
    La fe convierte órdenes humanas en mandatos divinos.
    Y contra Dios no se discute.
    Por eso es tan peligrosa en manos equivocadas. Porque no controla el cuerpo: controla la conciencia.
    No te quitan la libertad. Te hacen creer que entregarla es virtud.
    Y cuando dudar se vuelve pecado, la manipulación ya no necesita cadenas.
    Sólo necesita creencias.
    La fe: la forma más fácil de manipular a la gente. Es el atajo más rápido para dominar a alguien. No necesitas demostrar nada. Sólo prometerlo. Cuando una persona cree, baja la guardia. Entrega su duda, su criterio, su miedo. Y en ese espacio vacío entra la voz que dice: "Dios quiere esto". Con fe puedes hacer que alguien soporte abuso. Que justifique pobreza. Que acepte dolor como prueba. Que obedezca sin entender. No hace falta violencia. La creencia hace el trabajo sucio. Todo en nombre de algo invisible. La fe convierte órdenes humanas en mandatos divinos. Y contra Dios no se discute. Por eso es tan peligrosa en manos equivocadas. Porque no controla el cuerpo: controla la conciencia. No te quitan la libertad. Te hacen creer que entregarla es virtud. Y cuando dudar se vuelve pecado, la manipulación ya no necesita cadenas. Sólo necesita creencias.
    Me gusta
    Me encocora
    10
    7 turnos 0 maullidos
  • Vaya.. Por fin despiertas, creí que dormirias todo el dia..
    *rie despacio mientras mira directo al lector*
    no te molesta que haya tomado tu camisa o si..?
    Vaya.. Por fin despiertas, creí que dormirias todo el dia.. *rie despacio mientras mira directo al lector* no te molesta que haya tomado tu camisa o si..?
    Me encocora
    Me gusta
    Me endiabla
    8
    3 turnos 0 maullidos
  • El despertador de Vega sonó a las siete y cuarto, un jazz suave que había puesto como alarma para no odiar las mañanas. No lo apagó de inmediato, se quedó unos segundos mirando el techo blanco del dormitorio.

    Se incorporó despacio, con el pelo revuelto cayéndole por la cara, y buscó a tientas el móvil para silenciar la música. Afuera, Londres está gris —como casi siempre— y una luz fría se cuela entre las cortinas mal cerradas.

    Suspiró y se incorporó. Fue descalza hasta la cocina, arrastrando un poco los pies. Encendió la cafetera casi de memoria, y mientras el café caía lento, abrió la ventana un poco para que entrara aire fresco.

    Apoyada en la encimera, repasó mentalmente el día: clase de técnica por la mañana (bien), teoría por la tarde (mal, seguro). Sus labios se curvaron en una media sonrisa automática. Ya se veía discutiendo con el profesor por alguna interpretación “demasiado emocional”.
    Cuando el café empezó a burbujear, volvió al cuarto.

    Se desvistió sin pensar demasiado y se metió en la ducha rápida. Cerró los ojos un momento, respirando hondo, como si se preparara mentalmente para otro día de demostrar que merecía estar allí.
    Luego vino el ritual de siempre: crema hidratante, un poco de corrector bajo los ojos, rímel ligero y labios naturales. Nada exagerado.

    Se puso unos vaqueros, una camiseta blanca amplia y una chaqueta de cuero, ademas de recogerse el pelo en un moño desordenado que siempre acababa soltándose a mitad de mañana.

    Antes de irse, agarró su cuaderno de bocetos, y luego metió un par de pinceles viejos en la mochila.
    Justo antes de salir, volvió a la cocina, dio otro sorbo al café ya frío y se miró en el espejo del recibidor. Sonrió de medio lado por ese último repaso y agarró las llaves.

    Cerró la puerta y bajó las escaleras con paso ligero, ya con la mente llena de nuevas ideas. Si iba a pelear contra el mundo académico, al menos lo haría con café en las venas y un cuaderno listo para devorarlo todo.
    El despertador de Vega sonó a las siete y cuarto, un jazz suave que había puesto como alarma para no odiar las mañanas. No lo apagó de inmediato, se quedó unos segundos mirando el techo blanco del dormitorio. Se incorporó despacio, con el pelo revuelto cayéndole por la cara, y buscó a tientas el móvil para silenciar la música. Afuera, Londres está gris —como casi siempre— y una luz fría se cuela entre las cortinas mal cerradas. Suspiró y se incorporó. Fue descalza hasta la cocina, arrastrando un poco los pies. Encendió la cafetera casi de memoria, y mientras el café caía lento, abrió la ventana un poco para que entrara aire fresco. Apoyada en la encimera, repasó mentalmente el día: clase de técnica por la mañana (bien), teoría por la tarde (mal, seguro). Sus labios se curvaron en una media sonrisa automática. Ya se veía discutiendo con el profesor por alguna interpretación “demasiado emocional”. Cuando el café empezó a burbujear, volvió al cuarto. Se desvistió sin pensar demasiado y se metió en la ducha rápida. Cerró los ojos un momento, respirando hondo, como si se preparara mentalmente para otro día de demostrar que merecía estar allí. Luego vino el ritual de siempre: crema hidratante, un poco de corrector bajo los ojos, rímel ligero y labios naturales. Nada exagerado. Se puso unos vaqueros, una camiseta blanca amplia y una chaqueta de cuero, ademas de recogerse el pelo en un moño desordenado que siempre acababa soltándose a mitad de mañana. Antes de irse, agarró su cuaderno de bocetos, y luego metió un par de pinceles viejos en la mochila. Justo antes de salir, volvió a la cocina, dio otro sorbo al café ya frío y se miró en el espejo del recibidor. Sonrió de medio lado por ese último repaso y agarró las llaves. Cerró la puerta y bajó las escaleras con paso ligero, ya con la mente llena de nuevas ideas. Si iba a pelear contra el mundo académico, al menos lo haría con café en las venas y un cuaderno listo para devorarlo todo.
    0 turnos 0 maullidos
  • 10 a 30 líneas por Día
    Fandom
    𝐸𝓈𝓉𝓊𝒹𝒾𝑜 𝒹𝑒 𝓁𝓊𝓏 𝓎 𝓈𝑜𝓂𝒷𝓇𝒶𝓈
    Búsqueda de
    Rol
    Estado
    Disponible
    Busco personas dispuestas a construir una historia donde el drama sea el hilo conductor y el slow-burn la norma.

    Vínculos de Interés que busco:

    I. Interés Romántico - Hombre o Mujer.
    Puede ser un estudiante de otra facultad, un artista consolidado o alguien del pasado.
    • La dinámica: Tensión sexual no resuelta, discusiones intelectuales, silencios cargados en el estudio de arte y un acercamiento lento. Quiero que se descubran poco a poco.

    II. Rivalidad / Amistad Tóxica
    Alguien que compita con ella por la excelencia. Un compañero/a de carrera que envidie su talento natural.
    • La dinámica: Una relación de "te odio pero eres la única persona que me entiende". Competencia feroz por becas o espacios en galerías.

    III. Mejor amigo/a
    Esa persona que conoce la verdad sobre su familia y el desprecio de su padre hacia su carrera. El que la recoge cuando se queda dormida sobre un lienzo o cuando el peso de las expectativas la hace colapsar.
    • La dinámica: Confianza ciega, pero con matices de drama. Quizás hay sentimientos no correspondidos o un secreto compartido que podría arruinar la reputación de ambos en la alta sociedad.

    Notas de U:
    • Estilo: Escribo en tercera persona, con una extensión considerable (busco posts que profundicen en la psicología de los personajes).
    • Ritmo: Soy partidaria de la calidad sobre la cantidad. No espero respuestas inmediatas, pero sí trabajadas.
    • Temas: Abierta a tocar temas oscuros, conflictos familiares, crisis existenciales y, por supuesto, mucho romance a fuego lento.
    • Disponibilidad: Si tienes una idea que encaje con este perfil, ¡mis MD están abiertos!
    Busco personas dispuestas a construir una historia donde el drama sea el hilo conductor y el slow-burn la norma. Vínculos de Interés que busco: I. Interés Romántico - Hombre o Mujer. Puede ser un estudiante de otra facultad, un artista consolidado o alguien del pasado. • La dinámica: Tensión sexual no resuelta, discusiones intelectuales, silencios cargados en el estudio de arte y un acercamiento lento. Quiero que se descubran poco a poco. II. Rivalidad / Amistad Tóxica Alguien que compita con ella por la excelencia. Un compañero/a de carrera que envidie su talento natural. • La dinámica: Una relación de "te odio pero eres la única persona que me entiende". Competencia feroz por becas o espacios en galerías. III. Mejor amigo/a Esa persona que conoce la verdad sobre su familia y el desprecio de su padre hacia su carrera. El que la recoge cuando se queda dormida sobre un lienzo o cuando el peso de las expectativas la hace colapsar. • La dinámica: Confianza ciega, pero con matices de drama. Quizás hay sentimientos no correspondidos o un secreto compartido que podría arruinar la reputación de ambos en la alta sociedad. Notas de U: • Estilo: Escribo en tercera persona, con una extensión considerable (busco posts que profundicen en la psicología de los personajes). • Ritmo: Soy partidaria de la calidad sobre la cantidad. No espero respuestas inmediatas, pero sí trabajadas. • Temas: Abierta a tocar temas oscuros, conflictos familiares, crisis existenciales y, por supuesto, mucho romance a fuego lento. • Disponibilidad: Si tienes una idea que encaje con este perfil, ¡mis MD están abiertos! 💋
    0 comentarios 2 compartidos
  • "Sólo quiero que todo esto termine. ¿Me promete que él no sufrirá mucho?"

    Su voz, que fuese alguna vez un coro que acariciaba el alma, se había convertido en un eco débil y lastimero, el testimonio que de ella nada quedaba. Nada que no fuese la charada que tiembla y solloza, que sangra y suplica, que al infierno pasó a pedirle un milagro cuando el cielo se negó a seguir escuchando.

    ¿Prometerle algo, a una mujer en su estado, sería un acto de crueldad, o de benevolencia? Quizás esperaba una mentira. No una piadosa, pues espacio para la piedad ya no había, sino una cómoda.

    "Prometo que será rápido", respondió el hijo del infierno, el primogénito del abismo que había llegado en respuesta a sus oscuras plegarias.

    Y en el centro de esa habitación, -esa, cuyos muros estaban plagados por un lenguaje incomprensible, tallados con sangre y rasguños, cuyas ventanas habían sido ennegrecidas por retazos de tela adheridos con desecho humano- estaba él.

    Otro hijo del abismo, aunque de uno distinto. De uno cuyos confines sólo eran visibles para el muchacho que, como si fuera cotidiano para él, a un ruiseñor despojaba de su cabeza con una cruenta mordida. ¿Y de la madre? Nada extrajo el grotesco acto más que un suspiro de hastío. Acostumbada incluso a ello, de su alma no quedaban más que retazos, el resto, desgarrado por el agotamiento, el llanto incesante, el pesar perpetuo.

    Trazas de su conversación del día anterior volvían a él. "Los doctores ya no saben qué hacer", "en ningún lado quieren aceptarlo", "dejó a tres enfermeras hospitalizadas"; frases que se manifestaban en la memoria del veneno andante con cada paso que cerraba la distancia.

    "Estaré en la sala. Hágalo rápido y sin ruido", dijo la mujer que de madre tenía ya sólo un título. ¿Y quién tendría la potestad para culparla?

    ...

    "¿Quieres ser libre?"

    La pregunta de un engendro del abismo a otro. Una que, a juzgar por la reacción del muchacho ahí preso, jamás había escuchado antes.

    ¿Libertad? Para alguien así, un concepto divorciado en totalidad de su realidad.

    "¿Quieres ser realmente libre? ¿Quieres salir allá afuera y...?"

    El mayor interrumpió su hablar. De los dedos cubiertos de sangre y plumas obtuvo el pajarillo decapitado, de su vientre sirviéndose un bocado. Compartida su carne en una comunión que expresaba una torcida, genuina, inenarrable sensación:

    Comprensión.

    "¿...devorarlo todo?"

    Comprensión tan devastadora, tan intensa, que el muchacho fue capaz del llanto, por primera vez en su vida. Por vez primera, frente a él, las paredes tapizadas de su suplicio parecían poder ser demolidas.

    Por primera vez, sentía probar la libertad.

    "¿Qué está haciendo?" Apareció la mujer, alertada por el sonido del primitivo sollozo, uno que incluso ella desconocía. "Deje de hablar, hágalo, ¡hágalo! ¡Acabe ya con todo esto, por favor!"

    Una orden y una súplica al mismo tiempo. Ah, sí, ¿quién tenía potestad para juzgarla?

    ¿Quién podía juzgarla por terminar con su vida? Atrapada con un hijo que era más bestia que ser sentiente, hundida en la deuda, podridos sus vínculos por el rechazo social.

    Los vecinos encontraron su cuerpo siete días después, hinchado e irreconocible. "Se tomó un veneno y acabó con su sufrimiento", se dijo entre el pueblo.

    ¿Y de su hijo? Nada más se supo. ¿Y qué importaba? Ya no le causaría problemas al pueblo.

    Ya era libre. Libre para devorarlo todo.
    "Sólo quiero que todo esto termine. ¿Me promete que él no sufrirá mucho?" Su voz, que fuese alguna vez un coro que acariciaba el alma, se había convertido en un eco débil y lastimero, el testimonio que de ella nada quedaba. Nada que no fuese la charada que tiembla y solloza, que sangra y suplica, que al infierno pasó a pedirle un milagro cuando el cielo se negó a seguir escuchando. ¿Prometerle algo, a una mujer en su estado, sería un acto de crueldad, o de benevolencia? Quizás esperaba una mentira. No una piadosa, pues espacio para la piedad ya no había, sino una cómoda. "Prometo que será rápido", respondió el hijo del infierno, el primogénito del abismo que había llegado en respuesta a sus oscuras plegarias. Y en el centro de esa habitación, -esa, cuyos muros estaban plagados por un lenguaje incomprensible, tallados con sangre y rasguños, cuyas ventanas habían sido ennegrecidas por retazos de tela adheridos con desecho humano- estaba él. Otro hijo del abismo, aunque de uno distinto. De uno cuyos confines sólo eran visibles para el muchacho que, como si fuera cotidiano para él, a un ruiseñor despojaba de su cabeza con una cruenta mordida. ¿Y de la madre? Nada extrajo el grotesco acto más que un suspiro de hastío. Acostumbada incluso a ello, de su alma no quedaban más que retazos, el resto, desgarrado por el agotamiento, el llanto incesante, el pesar perpetuo. Trazas de su conversación del día anterior volvían a él. "Los doctores ya no saben qué hacer", "en ningún lado quieren aceptarlo", "dejó a tres enfermeras hospitalizadas"; frases que se manifestaban en la memoria del veneno andante con cada paso que cerraba la distancia. "Estaré en la sala. Hágalo rápido y sin ruido", dijo la mujer que de madre tenía ya sólo un título. ¿Y quién tendría la potestad para culparla? ... "¿Quieres ser libre?" La pregunta de un engendro del abismo a otro. Una que, a juzgar por la reacción del muchacho ahí preso, jamás había escuchado antes. ¿Libertad? Para alguien así, un concepto divorciado en totalidad de su realidad. "¿Quieres ser realmente libre? ¿Quieres salir allá afuera y...?" El mayor interrumpió su hablar. De los dedos cubiertos de sangre y plumas obtuvo el pajarillo decapitado, de su vientre sirviéndose un bocado. Compartida su carne en una comunión que expresaba una torcida, genuina, inenarrable sensación: Comprensión. "¿...devorarlo todo?" Comprensión tan devastadora, tan intensa, que el muchacho fue capaz del llanto, por primera vez en su vida. Por vez primera, frente a él, las paredes tapizadas de su suplicio parecían poder ser demolidas. Por primera vez, sentía probar la libertad. "¿Qué está haciendo?" Apareció la mujer, alertada por el sonido del primitivo sollozo, uno que incluso ella desconocía. "Deje de hablar, hágalo, ¡hágalo! ¡Acabe ya con todo esto, por favor!" Una orden y una súplica al mismo tiempo. Ah, sí, ¿quién tenía potestad para juzgarla? ¿Quién podía juzgarla por terminar con su vida? Atrapada con un hijo que era más bestia que ser sentiente, hundida en la deuda, podridos sus vínculos por el rechazo social. Los vecinos encontraron su cuerpo siete días después, hinchado e irreconocible. "Se tomó un veneno y acabó con su sufrimiento", se dijo entre el pueblo. ¿Y de su hijo? Nada más se supo. ¿Y qué importaba? Ya no le causaría problemas al pueblo. Ya era libre. Libre para devorarlo todo.
    Me entristece
    Me gusta
    Me encocora
    7
    0 turnos 0 maullidos
  • ❝ El grupo tenía razon, habían escapado y la Terminal estaba perdida, pero… ¿acaso aquellos malnacidos no llevaban haciendo esas barbaridades a todo el que se habia cruzado con ellos?

    Pero, cualquier duda en la mente de Daryl se esfumó cuando escuchó unos pasos en el bosque, a su espalda. Y los ojos azules del arquero se encontraron directamente con la figura de Carol Peletier. Allí. De pie. Armada con mas armas de las que un ser humano podía cargar. Cansada y con el rostro aun manchado de barro que no habia logrado limpiar del todo. Pero era ella. Carol. A la que Rick habia echado de la prisión semanas atrás tras enterarse de lo que ella habia hecho con Karen y David para tratar de evitar el brote de gripe. Daryl no lo dudó. Siquiera pensó. Y, aunque hubiera deseado ver a Kate allí, era Carol. Y la queria. Era su mejor amiga. Y la habia dado por perdida… Y ahora estaba allí. Cubrió la distancia entre los dos en una corta carrera y la estrechó rápidamente entre los brazos, enterrando su rostro en el hombro de la mujer porque no era demasiado dado a que nadie viera su parte mas emocional. Esa que solo habia logrado sacar con las tres mujeres que habían marcado su vida: Kate, Carol y Beth.

    Se resistía a soltarla ni a dejarla ir, como si soltarla en ese momento fuera a hacerla desaparecer de nuevo. Y no podía arriesgarse a aquello. No otra vez.

    Tan solo se apartó cuando escuchó las pisadas de Rick a su espalda y buscó un espacio donde poder recomponerse.

    -¿Has sido tu? -preguntó Rick.

    Carol asintió imperceptiblemente.

    -Y Kate…

    Daryl la miró rápidamente mientras la mujer abrazaba al líder del grupo y luego miró a su alrededor, buscando a Kate con la mirada.

    -¿Dónde…? ¿Dónde está? -preguntó sintiendo que su corazón estaba a punto de escapársele del pecho.

    Y entonces… la vio. Allí. De pie. Agotada tambien. Con evidentes signos de haberlo pasado bastante mal a juzgar por la postura de su cuerpo. Demasiado pequeña y demasiado grande al mismo tiempo. Se quedó clavado en el sitio dando gracias mentalmente a quien todavia quedara observando aquel mundo podrido. Y cuando vio como Kate caminaba hacia él con evidentes signos de un dolor físico que Daryl no pudo apreciar a simple vista, fue él quien llegó hasta ella y tomó su rostro entre sus manos sin poder contener la emoción por verla, dándole igual que ella lo viera llorar.

    -Sabia que eras tú -dijo viendo el fusil de francotirador a la espalda de ella- Tenías que ser tu…

    Apoyó su frente contra la de Kate, solo para respirar el mismo aire que ella. Su aliento, su respiración entrecortada y jadeante, emocionada como la de él. Porque solo asi sintió que él podía volver a respirar de nuevo. Desde que la prisión habia caído habia sentido que una parte de si mismo nunca regresaría. Y volver a ver a Kate y a Carol habia reconstruido aquel vacío a una velocidad tan grande que daba vértigo.

    -Tenías que ser tú…- repitió como un mantra antes de buscar un beso en los labios de la mujer de su vida. Rodeó la cintura de Kate con sus brazos estrechándola contra sí. Y fue entonces cuando se dio cuenta del vendaje a su espalda, asi que se esforzó por tratar de no hacerle daño. Pero aun asi se meció con ella levemente. Y solo cuando Carol avisó de que tenían que acompañarla fue capaz de soltar a Kate para dejar que los demás la abrazaran también.❞


    ⸻ 𝑒𝑥𝑡𝑟𝑎𝑐𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑚𝑖 𝑟𝑜𝑙 𝑐𝑜𝑛 Kate Blake
    ❝ El grupo tenía razon, habían escapado y la Terminal estaba perdida, pero… ¿acaso aquellos malnacidos no llevaban haciendo esas barbaridades a todo el que se habia cruzado con ellos? Pero, cualquier duda en la mente de Daryl se esfumó cuando escuchó unos pasos en el bosque, a su espalda. Y los ojos azules del arquero se encontraron directamente con la figura de Carol Peletier. Allí. De pie. Armada con mas armas de las que un ser humano podía cargar. Cansada y con el rostro aun manchado de barro que no habia logrado limpiar del todo. Pero era ella. Carol. A la que Rick habia echado de la prisión semanas atrás tras enterarse de lo que ella habia hecho con Karen y David para tratar de evitar el brote de gripe. Daryl no lo dudó. Siquiera pensó. Y, aunque hubiera deseado ver a Kate allí, era Carol. Y la queria. Era su mejor amiga. Y la habia dado por perdida… Y ahora estaba allí. Cubrió la distancia entre los dos en una corta carrera y la estrechó rápidamente entre los brazos, enterrando su rostro en el hombro de la mujer porque no era demasiado dado a que nadie viera su parte mas emocional. Esa que solo habia logrado sacar con las tres mujeres que habían marcado su vida: Kate, Carol y Beth. Se resistía a soltarla ni a dejarla ir, como si soltarla en ese momento fuera a hacerla desaparecer de nuevo. Y no podía arriesgarse a aquello. No otra vez. Tan solo se apartó cuando escuchó las pisadas de Rick a su espalda y buscó un espacio donde poder recomponerse. -¿Has sido tu? -preguntó Rick. Carol asintió imperceptiblemente. -Y Kate… Daryl la miró rápidamente mientras la mujer abrazaba al líder del grupo y luego miró a su alrededor, buscando a Kate con la mirada. -¿Dónde…? ¿Dónde está? -preguntó sintiendo que su corazón estaba a punto de escapársele del pecho. Y entonces… la vio. Allí. De pie. Agotada tambien. Con evidentes signos de haberlo pasado bastante mal a juzgar por la postura de su cuerpo. Demasiado pequeña y demasiado grande al mismo tiempo. Se quedó clavado en el sitio dando gracias mentalmente a quien todavia quedara observando aquel mundo podrido. Y cuando vio como Kate caminaba hacia él con evidentes signos de un dolor físico que Daryl no pudo apreciar a simple vista, fue él quien llegó hasta ella y tomó su rostro entre sus manos sin poder contener la emoción por verla, dándole igual que ella lo viera llorar. -Sabia que eras tú -dijo viendo el fusil de francotirador a la espalda de ella- Tenías que ser tu… Apoyó su frente contra la de Kate, solo para respirar el mismo aire que ella. Su aliento, su respiración entrecortada y jadeante, emocionada como la de él. Porque solo asi sintió que él podía volver a respirar de nuevo. Desde que la prisión habia caído habia sentido que una parte de si mismo nunca regresaría. Y volver a ver a Kate y a Carol habia reconstruido aquel vacío a una velocidad tan grande que daba vértigo. -Tenías que ser tú…- repitió como un mantra antes de buscar un beso en los labios de la mujer de su vida. Rodeó la cintura de Kate con sus brazos estrechándola contra sí. Y fue entonces cuando se dio cuenta del vendaje a su espalda, asi que se esforzó por tratar de no hacerle daño. Pero aun asi se meció con ella levemente. Y solo cuando Carol avisó de que tenían que acompañarla fue capaz de soltar a Kate para dejar que los demás la abrazaran también.❞ ⸻ 𝑒𝑥𝑡𝑟𝑎𝑐𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑚𝑖 𝑟𝑜𝑙 𝑐𝑜𝑛 [KateBlake] ⸻
    Me gusta
    Me encocora
    3
    0 turnos 1 maullido
  • El vestido oscuro ceñía su figura con una elegancia austera, y los pendientes en forma de lágrima atrapaban la luz como si bebieran de ella cada vez que inclinaba apenas la cabeza.

    Giró el rostro con lentitud, como si el tiempo, dócil, se curvara ante su voluntad. En su mirada no había prisa, solo calma, forjada en la eternidad de demasiadas noches contempladas y sobrevividas. Se preguntó, no sin un dejo de ironía silenciosa, qué hacía una vez más en aquel lugar condenado a repetirse.

    ♧ Supongo que los viejos hábitos siempre regresan -susurró para sí misma.

    El murmullo de la multitud llenaba el espacio, un latido ajeno y constante. Estar rodeada de gente no la incomodaba, al contrario, era un telón perfecto para no levantar sospechas de su verdadero ser.
    El vestido oscuro ceñía su figura con una elegancia austera, y los pendientes en forma de lágrima atrapaban la luz como si bebieran de ella cada vez que inclinaba apenas la cabeza. Giró el rostro con lentitud, como si el tiempo, dócil, se curvara ante su voluntad. En su mirada no había prisa, solo calma, forjada en la eternidad de demasiadas noches contempladas y sobrevividas. Se preguntó, no sin un dejo de ironía silenciosa, qué hacía una vez más en aquel lugar condenado a repetirse. ♧ Supongo que los viejos hábitos siempre regresan -susurró para sí misma. El murmullo de la multitud llenaba el espacio, un latido ajeno y constante. Estar rodeada de gente no la incomodaba, al contrario, era un telón perfecto para no levantar sospechas de su verdadero ser.
    Me gusta
    Me encocora
    7
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    - Futuro incierto.

    Akane y Veythra Lili Queen Ishtar discutían, quizás por una pequeñez, nada que no pudiera arreglarse después… o eso creía Akane.

    El aire se volvió extraño de repente.
    Un instante de silencio absoluto. Entonces ocurrió... Un rayo de energía surgió sin aviso, traicionero, brutal. Atravesó primero a Lili por la espalda, desgarrando su pecho en una explosión de luz y dolor. El impacto continuó su camino y alcanzó a Akane de frente, atravesándola sin darle tiempo siquiera a reaccionar.

    El mundo se quebró y ambas cayeron al suelo. Lili quedó inmóvil casi de inmediato; su respiración era débil, irregular. Akane, aunque herida, aún conservaba un hilo de conciencia. El dolor quemaba su pecho como fuego líquido, pero al ver a Lili comprendió que ella estaba peor… había recibido el ataque completo.

    —Lili…— Intentó llamarla, pero su voz apenas salió.

    Arrastrándose entre la neblina espesa, con el cuerpo negándose a obedecerle, Akane avanzó centímetro a centímetro. Cada movimiento era una tortura. Finalmente logró alcanzar la mano de Lili y la sujetó con las pocas fuerzas que le quedaban.

    Estaba fría, la vista de Akane comenzó a nublarse. El mundo se redujo a una sola imagen, el rostro inmóvil de Lili, sus ojos cerrados, sin vida. Quiso gritar, negar lo que veía, pero ya no podía.

    La oscuridad la envolvió por completo, Akane despertó sobresaltada en su cama, jadeando. El corazón le golpeaba el pecho con violencia. Instintivamente llevó la mano a su torso, esperando sentir la herida… pero no había nada, ni sangre, ni dolor físico, solo piel intacta. Aun así, el calor persistía. Esa sensación abrasadora en el pecho, como si el rayo de energía hubiese sido real. Como si la pesadilla no hubiera sido solo un sueño.

    -Fue… solo un sueño- murmuró, intentando convencerse.

    Respiró hondo, tratando de calmar el temblor de sus manos. Entonces el recuerdo volvió con claridad: Chantle, el hijo de Lili, había despertado un nuevo poder, algo desconocido, algo peligroso tal vez. Hoy debían reunirse con su abuela Jennifer para buscar pistas sobre ese poder y comprender qué significaba.

    Akane se sentó al borde de la cama, aún nerviosa. Se obligó a respirar despacio, a anclarse a la realidad.

    "Solo fue una pesadilla", repitió en su mente. Pero el calor en su pecho no desaparecía y en el fondo, una inquietante sensación le decía que aquel sueño no había sido una simple ilusión… sino una advertencia.
    - Futuro incierto. Akane y [Lili.Queen] discutían, quizás por una pequeñez, nada que no pudiera arreglarse después… o eso creía Akane. El aire se volvió extraño de repente. Un instante de silencio absoluto. Entonces ocurrió... Un rayo de energía surgió sin aviso, traicionero, brutal. Atravesó primero a Lili por la espalda, desgarrando su pecho en una explosión de luz y dolor. El impacto continuó su camino y alcanzó a Akane de frente, atravesándola sin darle tiempo siquiera a reaccionar. El mundo se quebró y ambas cayeron al suelo. Lili quedó inmóvil casi de inmediato; su respiración era débil, irregular. Akane, aunque herida, aún conservaba un hilo de conciencia. El dolor quemaba su pecho como fuego líquido, pero al ver a Lili comprendió que ella estaba peor… había recibido el ataque completo. —Lili…— Intentó llamarla, pero su voz apenas salió. Arrastrándose entre la neblina espesa, con el cuerpo negándose a obedecerle, Akane avanzó centímetro a centímetro. Cada movimiento era una tortura. Finalmente logró alcanzar la mano de Lili y la sujetó con las pocas fuerzas que le quedaban. Estaba fría, la vista de Akane comenzó a nublarse. El mundo se redujo a una sola imagen, el rostro inmóvil de Lili, sus ojos cerrados, sin vida. Quiso gritar, negar lo que veía, pero ya no podía. La oscuridad la envolvió por completo, Akane despertó sobresaltada en su cama, jadeando. El corazón le golpeaba el pecho con violencia. Instintivamente llevó la mano a su torso, esperando sentir la herida… pero no había nada, ni sangre, ni dolor físico, solo piel intacta. Aun así, el calor persistía. Esa sensación abrasadora en el pecho, como si el rayo de energía hubiese sido real. Como si la pesadilla no hubiera sido solo un sueño. -Fue… solo un sueño- murmuró, intentando convencerse. Respiró hondo, tratando de calmar el temblor de sus manos. Entonces el recuerdo volvió con claridad: Chantle, el hijo de Lili, había despertado un nuevo poder, algo desconocido, algo peligroso tal vez. Hoy debían reunirse con su abuela Jennifer para buscar pistas sobre ese poder y comprender qué significaba. Akane se sentó al borde de la cama, aún nerviosa. Se obligó a respirar despacio, a anclarse a la realidad. "Solo fue una pesadilla", repitió en su mente. Pero el calor en su pecho no desaparecía y en el fondo, una inquietante sensación le decía que aquel sueño no había sido una simple ilusión… sino una advertencia.
    Me shockea
    3
    0 comentarios 0 compartidos
Ver más resultados
Patrocinados