Mirelle se recostó sobre la cubierta del yate, dejando que la brisa jugara con su cabello largo y dorado. Sus ojos se posaron en la última casa que había diseñado, su obra más reciente: un refugio que combinaba líneas limpias, materiales naturales y elegancia intemporal. Cada detalle, cada textura, cada sombra estaba exactamente donde ella había imaginado.

Un leve suspiro escapó de sus labios mientras sonreía para sí misma. No necesitaba aplausos ni reconocimiento ajeno; el placer de ver cómo la visión se convertía en realidad era suficiente.

El lago reflejaba la construcción, y en él se dibujaba la perfección de su trabajo. Orgullosa, dejó que el silencio la envolviera, consciente de que había creado algo más que un espacio: había plasmado su esencia.

—Perfecto —susurró con satisfacción, sin apartar la mirada de su creación—. Tal como lo imaginé.

El mundo exterior podía esperar; por un momento, todo era suyo.
Mirelle se recostó sobre la cubierta del yate, dejando que la brisa jugara con su cabello largo y dorado. Sus ojos se posaron en la última casa que había diseñado, su obra más reciente: un refugio que combinaba líneas limpias, materiales naturales y elegancia intemporal. Cada detalle, cada textura, cada sombra estaba exactamente donde ella había imaginado. Un leve suspiro escapó de sus labios mientras sonreía para sí misma. No necesitaba aplausos ni reconocimiento ajeno; el placer de ver cómo la visión se convertía en realidad era suficiente. El lago reflejaba la construcción, y en él se dibujaba la perfección de su trabajo. Orgullosa, dejó que el silencio la envolviera, consciente de que había creado algo más que un espacio: había plasmado su esencia. —Perfecto —susurró con satisfacción, sin apartar la mirada de su creación—. Tal como lo imaginé. El mundo exterior podía esperar; por un momento, todo era suyo.
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