• #Enigma
    ───────────────
    Si te dejas guiar por la apariencia,
    sólo caerás en el abismo.
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    ¡Bienvenid@ a FicRol!
    Hoy damos la bienvenida a un nuevo personaje que se une a la comunidad de Personajes 3D:

    ㅤㅤ¡Hua Yong !
    Raza: Enigma
    Fandom: ABO Desire / Omegaverse
    Heredero ilegítimo de "X Holdings"

    Es un placer tenerte por aquí . Esperamos que disfrutes creando historias, conexiones y momentos memorables en FicRol.

    Soy Arwen, RolSage de Personajes 3D. Si tienes dudas, necesitas orientación o simplemente quieres charlar, mis DMs están abiertos. En mi fanpage encontrarás guías útiles para moverte por la plataforma.

    Recursos útiles para empezar:

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    #RolSage3D #Personajes3D #Bienvenida3D
    ✨ ¡Bienvenid@ a FicRol! ✨ Hoy damos la bienvenida a un nuevo personaje que se une a la comunidad de Personajes 3D: ㅤㅤ¡[lunar_malachite_panda_938]! 🧬Raza: Enigma 👾Fandom: ABO Desire / Omegaverse 💼 Heredero ilegítimo de "X Holdings" Es un placer tenerte por aquí 🍂. Esperamos que disfrutes creando historias, conexiones y momentos memorables en FicRol. 🧙‍♀️ Soy Arwen, RolSage de Personajes 3D. Si tienes dudas, necesitas orientación o simplemente quieres charlar, mis DMs están abiertos. En mi fanpage encontrarás guías útiles para moverte por la plataforma. 🔎 Recursos útiles para empezar: Normas básicas: https://ficrol.com/static/guidelines Guías y miniguías: https://ficrol.com/posts/147711 Grupo de Personajes 3D: https://ficrol.com/groups/Personajes3D Directorio 3D: https://ficrol.com/posts/181793 ¡Nos vemos en el Inicio! 🍁 #RolSage3D #Personajes3D #Bienvenida3D
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  • 「I҉̖̖̓̑̐̍̚n҈͈̜̙̮̣̍̂ t̴͎͇͔͎̃͊ḫ̴̗͓̱͚̔̿e̴͔̪̫̓͂̊ f҉̩͖͓̐͛́̅ả̷͉̞̖̙̔͂̂̚k̶̞̱̰̩̿̔̈̒̉ͅe҉̗̗̙̤̃͗͑ ṕ̵̘̭̣͎̇͗̿̅l̵͈̙̪͐̑̚ḁ̵̘͆̌̎̐̎s̷̭̲̊̈̚̚t̵͈̤͋̒̉͒i҈͍̘̳͎͇͐̇̀c̶͈̥̲̬͐̋ Ẹ̴̦̖͊̍ͅa̶̫̳͈̪͕̍̂̍̚r̷̘͍̍͒t̶̗͉͉̣̯́́̋̂̒h̷̦͙̽́」

    Le perturbaba.

    El concepto del tiempo humano era, con sinceridad, un enigma indescifrable. ¿Habían pasado dos años? ¿Quizás tres? La magnitud de los ciclos terrestres se le escapaba entre los dedos. No hacía mucho (en términos cósmicos) que había sido despojado de su rango y de gran parte de su esencia, viéndose obligado a habitar un cuerpo ineficiente, un montón de carne y hueso que le resultaba humillante. Había tenido que aprender procesos rudimentarios, pero el que aún le exigía un esfuerzo visceral era el acto de caminar. Se desplazaba con la fragilidad de un cervatillo recién nacido: sus tobillos cedían con frecuencia y terminaba colapsando contra el suelo de forma estrepitosa. Sin embargo, ante la ausencia de otras facultades, el desplazamiento bipedal no era una opción, sino una condena necesaria.

    Sariel deambulaba por donde quería y cuando quería, dedicando una atención insana a cualquier detalle del entorno, siempre y cuando no fuera un rostro humano.

    La noción del dolor también era una novedad. A pesar de convivir con él desde su primer segundo de exilio, la sensación constante de tener la dermis desgarrada era una tortura más profunda de lo que sus escasas ganas de hablar podrían expresar. Incluso el acto de caminar se volvía un campo de minas; doblarse un pie no era placentero, y debía ser meticuloso con la fricción de la ropa sobre su espalda desollada o el contacto del dorso de sus manos con cualquier superficie. En comparación, las heridas circulares de su rostro eran un suplicio llevadero, algo que casi lograba ignorar.

    Prefería la noche. El día poseía una belleza que disfrutaba, pero la luz solar al incidir en él generaba una sobreexposición visual que le resultaba... incómoda. Sí, esa era la palabra. En la oscuridad, no solo poseía la agudeza visual de un depredador nocturno, sino que las personas se mantenía a una distancia prudente. No alcanzaba a comprender si era por su estatura inusual o por su gélida falta de respuesta, pero la soledad absoluta era un refugio mejor de lo que esperaba. Hacía más de ¿Un año? que no utilizaba su voz; el simple hecho de intentar organizar el sistema de unidades de tiempo le provocaba un mareo físico nauseabundo.

    Recientemente había descubierto la existencia de los dispositivos de captura audiovisual. Le resultaba vagamente entretenido el hecho de que su presencia fuera irrepresentable: en el mejor de los casos, la imagen era un granulado indescifrable; en el peor, el archivo simplemente sucumbía a la corrupción de datos. Esa invisibilidad digital era su mejor arma; no era un acto consciente, pero le daba una cierta paz el saber que nadie podría percibir su rostro a través de una lente.

    Aquella noche, mientras recorría una zona desolada y de iluminación precaria, sus piernas volvieron a ceder. Cayó de costado por segunda vez en el día; una cuota mínima de torpeza para sus estándares. Se quedó en el suelo unos minutos, con las piernas flexionadas y las manos desnudas sosteniendo el peso de su cuerpo contra el asfalto. No le importó si la fricción había lacerado su piel; después de todo, esas heridas sí estaban destinadas a cerrar. Permaneció allí, en silencio, antes de retomar su errática caminata hacia el único placer humano que sí disfrutaba: el sueño.
    「I҉̖̖̓̑̐̍̚n҈͈̜̙̮̣̍̂ t̴͎͇͔͎̃͊ḫ̴̗͓̱͚̔̿e̴͔̪̫̓͂̊ f҉̩͖͓̐͛́̅ả̷͉̞̖̙̔͂̂̚k̶̞̱̰̩̿̔̈̒̉ͅe҉̗̗̙̤̃͗͑ ṕ̵̘̭̣͎̇͗̿̅l̵͈̙̪͐̑̚ḁ̵̘͆̌̎̐̎s̷̭̲̊̈̚̚t̵͈̤͋̒̉͒i҈͍̘̳͎͇͐̇̀c̶͈̥̲̬͐̋ Ẹ̴̦̖͊̍ͅa̶̫̳͈̪͕̍̂̍̚r̷̘͍̍͒t̶̗͉͉̣̯́́̋̂̒h̷̦͙̽́」 Le perturbaba. El concepto del tiempo humano era, con sinceridad, un enigma indescifrable. ¿Habían pasado dos años? ¿Quizás tres? La magnitud de los ciclos terrestres se le escapaba entre los dedos. No hacía mucho (en términos cósmicos) que había sido despojado de su rango y de gran parte de su esencia, viéndose obligado a habitar un cuerpo ineficiente, un montón de carne y hueso que le resultaba humillante. Había tenido que aprender procesos rudimentarios, pero el que aún le exigía un esfuerzo visceral era el acto de caminar. Se desplazaba con la fragilidad de un cervatillo recién nacido: sus tobillos cedían con frecuencia y terminaba colapsando contra el suelo de forma estrepitosa. Sin embargo, ante la ausencia de otras facultades, el desplazamiento bipedal no era una opción, sino una condena necesaria. Sariel deambulaba por donde quería y cuando quería, dedicando una atención insana a cualquier detalle del entorno, siempre y cuando no fuera un rostro humano. La noción del dolor también era una novedad. A pesar de convivir con él desde su primer segundo de exilio, la sensación constante de tener la dermis desgarrada era una tortura más profunda de lo que sus escasas ganas de hablar podrían expresar. Incluso el acto de caminar se volvía un campo de minas; doblarse un pie no era placentero, y debía ser meticuloso con la fricción de la ropa sobre su espalda desollada o el contacto del dorso de sus manos con cualquier superficie. En comparación, las heridas circulares de su rostro eran un suplicio llevadero, algo que casi lograba ignorar. Prefería la noche. El día poseía una belleza que disfrutaba, pero la luz solar al incidir en él generaba una sobreexposición visual que le resultaba... incómoda. Sí, esa era la palabra. En la oscuridad, no solo poseía la agudeza visual de un depredador nocturno, sino que las personas se mantenía a una distancia prudente. No alcanzaba a comprender si era por su estatura inusual o por su gélida falta de respuesta, pero la soledad absoluta era un refugio mejor de lo que esperaba. Hacía más de ¿Un año? que no utilizaba su voz; el simple hecho de intentar organizar el sistema de unidades de tiempo le provocaba un mareo físico nauseabundo. Recientemente había descubierto la existencia de los dispositivos de captura audiovisual. Le resultaba vagamente entretenido el hecho de que su presencia fuera irrepresentable: en el mejor de los casos, la imagen era un granulado indescifrable; en el peor, el archivo simplemente sucumbía a la corrupción de datos. Esa invisibilidad digital era su mejor arma; no era un acto consciente, pero le daba una cierta paz el saber que nadie podría percibir su rostro a través de una lente. Aquella noche, mientras recorría una zona desolada y de iluminación precaria, sus piernas volvieron a ceder. Cayó de costado por segunda vez en el día; una cuota mínima de torpeza para sus estándares. Se quedó en el suelo unos minutos, con las piernas flexionadas y las manos desnudas sosteniendo el peso de su cuerpo contra el asfalto. No le importó si la fricción había lacerado su piel; después de todo, esas heridas sí estaban destinadas a cerrar. Permaneció allí, en silencio, antes de retomar su errática caminata hacia el único placer humano que sí disfrutaba: el sueño.
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  • —Creo que ya le agarre el truco a esto de instagram. Al parecer solo hay que poner cara de enigma existencial (?)
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  • La muerte es tan enigmatica...a faust le encantaría controlarla. La inmortalidad es algo inmoral...y es algo que a faust le obsesiona...¿hasta cuantos experimentos lo logrará averiguar?...
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  • Rol libre:

    Sentada en un especie de bagon:
    Mi vida es un enigma más vids actual es solitaria para camuflarme entre los demás seres que vea es mi proteccion..

    Sus dedos tocan delicamente tocan la guitarra entre sus dedos empezando a tocarla:

    Mmh auu aquí ando sola sintiendo el aire entre mi cabello se que estoy lejos de todo pero esta es mi vida..

    Quiero regresar pero se que mi destino es estar así, algún tiempo pondré mis pies en el suelo y diré aquí es mi casa...

    Extraño esa sensación de quedarme en un solo lugar pero debo de segur viajando. Un día pisare los suelos pero espero que sea algo bueno o simplemente desaparece como el viento que hay en todos los mundos libre sin ataduras...
    Rol libre: Sentada en un especie de bagon: Mi vida es un enigma más vids actual es solitaria para camuflarme entre los demás seres que vea es mi proteccion.. Sus dedos tocan delicamente tocan la guitarra entre sus dedos empezando a tocarla: Mmh auu aquí ando sola sintiendo el aire entre mi cabello se que estoy lejos de todo pero esta es mi vida.. Quiero regresar pero se que mi destino es estar así, algún tiempo pondré mis pies en el suelo y diré aquí es mi casa... Extraño esa sensación de quedarme en un solo lugar pero debo de segur viajando. Un día pisare los suelos pero espero que sea algo bueno o simplemente desaparece como el viento que hay en todos los mundos libre sin ataduras...
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    ──────────────────────────
    NOTA PARA LA AGENCIA
    ──────────────────────────

    Portada Oficial — “Forbidden Desire”
    Modelos Estelares:
    Lilith Ishtar — “The Allure of the Alpha”
    Kairi Ishtar Yokin — “Unveiling the Enigma”

    La sesión de portada se posiciona como una de las más impactantes del ciclo editorial, capturando la esencia dual del linaje Ishtar: poder, magnetismo, misterio y una unión que trasciende los velos de la sombra.

    Las modelos Lilith Ishtar y Kairi Ishtar Yokin brillan con una sinergia hipnótica que resalta los conceptos clave del número:
    Atracción prohibida
    Elegancia oscura
    Un vínculo tejido entre fuego y sombra

    ──────────────────────────

    Destacados de la portada:
    • “Deepest Secrets: A Bond Forged in Shadow” — La conexión oculta entre ambas.
    • “Golden Threads: Weaving Destinies Together” — El entrelazo simbólico de dos fuerzas alfa.

    ──────────────────────────

    Mensaje para la Agencia:
    Esta portada consolida la imagen de Lilith y Kairi Ishtar como la dupla más poderosa y seductora del catálogo. Su química visual, acompañada por la estética refinada del linaje Ishtar, garantiza impacto mediático, alta retención y proyección en campañas futuras.

    Recomendamos utilizar esta edición como pieza central para:
    Lanzamientos de temporada
    Promociones de alto perfil
    Presentaciones premium del Clan Ishtar
    Material publicitario para próximos eventos y desfiles

    ──────────────────────────
    “Dos almas alfa… un mismo deseo prohibido.”
    ──────────────────────────

    ────────────────────────── ✨ NOTA PARA LA AGENCIA ✨ ────────────────────────── 🌑 Portada Oficial — “Forbidden Desire” ⭐ Modelos Estelares: 🔸 Lilith Ishtar — “The Allure of the Alpha” 🔸 Kairi Ishtar Yokin — “Unveiling the Enigma” La sesión de portada se posiciona como una de las más impactantes del ciclo editorial, capturando la esencia dual del linaje Ishtar: poder, magnetismo, misterio y una unión que trasciende los velos de la sombra. Las modelos Lilith Ishtar y Kairi Ishtar Yokin brillan con una sinergia hipnótica que resalta los conceptos clave del número: ✨ Atracción prohibida ✨ Elegancia oscura ✨ Un vínculo tejido entre fuego y sombra ────────────────────────── 💠 Destacados de la portada: • “Deepest Secrets: A Bond Forged in Shadow” — La conexión oculta entre ambas. • “Golden Threads: Weaving Destinies Together” — El entrelazo simbólico de dos fuerzas alfa. ────────────────────────── 🔥 Mensaje para la Agencia: Esta portada consolida la imagen de Lilith y Kairi Ishtar como la dupla más poderosa y seductora del catálogo. Su química visual, acompañada por la estética refinada del linaje Ishtar, garantiza impacto mediático, alta retención y proyección en campañas futuras. Recomendamos utilizar esta edición como pieza central para: 💠 Lanzamientos de temporada 💠 Promociones de alto perfil 💠 Presentaciones premium del Clan Ishtar 💠 Material publicitario para próximos eventos y desfiles ────────────────────────── ✨ “Dos almas alfa… un mismo deseo prohibido.” ✨ ──────────────────────────
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    Oh… ¿ya caíste en mi telaraña?
    Qué adorable. Bienvenido, curioso imprudente: este espacio es mío, y yo soy Loki, princesa del caos y del engaño.
    No esperes solemnidad, aquí todo es un juego… y tú acabas de aceptar las reglas sin leerlas.

    Encontrarás imágenes que capturan mis reflejos, historias que forman parte del canon de nuestro legado Queen, y también relatos de universos alternos: realidades paralelas que no tocan la línea original, pero que respiran en las telarañas infinitas que sostienen el multiverso.

    ¿Confuso? Excelente. Esa es la idea.

    Cada publicación será una travesura:
    a veces un recuerdo fiel, otras veces un espejismo que te hará dudar de lo que sabes.
    Porque en mis manos, lo verdadero y lo falso son amantes inseparables.

    Así que acomódate, lector curioso.
    Yo prometo caos, enigmas y carcajadas.
    Y recuerda: si te pierdes en estas realidades, no me culpes a mí… Culpa a tu propia curiosidad por seguir a una diosa que nunca juega limpio.
    Oh… ¿ya caíste en mi telaraña? Qué adorable. Bienvenido, curioso imprudente: este espacio es mío, y yo soy Loki, princesa del caos y del engaño. No esperes solemnidad, aquí todo es un juego… y tú acabas de aceptar las reglas sin leerlas. Encontrarás imágenes que capturan mis reflejos, historias que forman parte del canon de nuestro legado Queen, y también relatos de universos alternos: realidades paralelas que no tocan la línea original, pero que respiran en las telarañas infinitas que sostienen el multiverso. ¿Confuso? Excelente. Esa es la idea. Cada publicación será una travesura: a veces un recuerdo fiel, otras veces un espejismo que te hará dudar de lo que sabes. Porque en mis manos, lo verdadero y lo falso son amantes inseparables. Así que acomódate, lector curioso. Yo prometo caos, enigmas y carcajadas. Y recuerda: si te pierdes en estas realidades, no me culpes a mí… Culpa a tu propia curiosidad por seguir a una diosa que nunca juega limpio.
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    Las Enseñanzas de Oz

    El Hombre que Susurra**

    El susurro se desliza entre los árboles como un viento que no pertenece a este mundo.

    A mi lado, junto al poste,
    se materializa un hombre.

    No es un monstruo.
    No es un dios.
    No es humano.
    Es algo distinto.

    Hermoso de una forma antigua,
    como una estatua que respira.
    Sus ojos…
    ocultan un secreto que nadie podría leer,
    un enigma eterno.

    Oz:
    —Así no vas a conseguir nada más que lastimarte…

    Me quedo inmóvil.
    Congelada.
    El miedo se me enreda en los huesos.
    Mis madres están lejos,
    demasiado lejos para escuchar mi respiración acelerada.

    El hombre se agacha un poco
    y posa una mano cálida en mi cabecita.
    Al instante, mi torso se cubre con una sudadera preciosa,
    de estampados imposibles:
    formas que no encajan,
    símbolos sin sentido,
    como si hubieran aparecido ahí por voluntad propia.
    Caos puro.

    Oz:
    —Estás sudando… y ya está oscureciendo.
    No querrás resfriarte, ¿verdad?
    Ven. Acércate. Mira bien el poste.

    Se acerca al metal negro,
    levanta un dedo
    y lo posa en el centro.

    El poste se quiebra en mil pedazos
    como si se deshiciera de forma obediente,
    silenciosa, perfecta.
    No estalla.
    No ruge.
    No se rompe:
    se rinde.

    Y de los fragmentos surge una sola pieza intacta:
    una flor de mineral,
    tallada con una precisión imposible.

    Me quedo boquiabierta un segundo.
    Pero solo un segundo.

    Luego me enfado.

    Lili:
    —¿Cómo has hecho eso? ¡Tramposo!
    Enséñame a hacerlo…

    Lo digo con pucheritos,
    las manos ensangrentadas escondidas en las mangas nuevas,
    la dignidad por los suelos.

    El hombre sonríe.
    Una sonrisa peligrosa,
    pero dulce de una forma que no entiendo.

    Oz:
    —Pero tú ya sabes hacerlo, Lili.
    Tú tienes el poder del Caos latiendo en tu corazón,
    en tu sangre…
    Eres como este poste:
    una linda florecilla indestructible.

    Se inclina un poco más,
    y con un gesto elegante, casi teatral, añade:

    Oz:
    —Déjame presentarme.
    Soy Oz.
    Tu abuelo…
    el padre de Jennifer.

    El aire se me corta.

    Él continúa:

    Oz:
    —Tu madre estará preocupada.
    Deberías volver a casa.
    Tranquila…
    todo es nuevo para ti.
    Descansa.
    Yo te enseñaré lo que tu legado significa.

    Y antes de que pueda decir nada,
    con un simple movimiento de su mano derecha
    me envuelve una onda suave,
    como un parpadeo del universo.

    Cuando abro los ojos
    estoy frente a casa.

    Ayane está preparando la cena.
    Huele delicioso…
    pero sólo hay dos platos en la mesa esta vez.

    Ella me ve.
    No dice nada.
    Me abraza, me besa la frente
    y con un tono suave, como temiendo romper algo, dice:

    Ayane:
    —Ve a lavarte las manos antes de cenar, mi amor.

    Y obedezco,
    ocultando mis nudillos heridos,
    la sangre seca…
    y el recuerdo del hombre
    que me llamó florecilla indestructible.
    Relato en Post y comentarios de la imagen 🩷 Las Enseñanzas de Oz El Hombre que Susurra** El susurro se desliza entre los árboles como un viento que no pertenece a este mundo. A mi lado, junto al poste, se materializa un hombre. No es un monstruo. No es un dios. No es humano. Es algo distinto. Hermoso de una forma antigua, como una estatua que respira. Sus ojos… ocultan un secreto que nadie podría leer, un enigma eterno. Oz: —Así no vas a conseguir nada más que lastimarte… Me quedo inmóvil. Congelada. El miedo se me enreda en los huesos. Mis madres están lejos, demasiado lejos para escuchar mi respiración acelerada. El hombre se agacha un poco y posa una mano cálida en mi cabecita. Al instante, mi torso se cubre con una sudadera preciosa, de estampados imposibles: formas que no encajan, símbolos sin sentido, como si hubieran aparecido ahí por voluntad propia. Caos puro. Oz: —Estás sudando… y ya está oscureciendo. No querrás resfriarte, ¿verdad? Ven. Acércate. Mira bien el poste. Se acerca al metal negro, levanta un dedo y lo posa en el centro. El poste se quiebra en mil pedazos como si se deshiciera de forma obediente, silenciosa, perfecta. No estalla. No ruge. No se rompe: se rinde. Y de los fragmentos surge una sola pieza intacta: una flor de mineral, tallada con una precisión imposible. Me quedo boquiabierta un segundo. Pero solo un segundo. Luego me enfado. Lili: —¿Cómo has hecho eso? ¡Tramposo! Enséñame a hacerlo… Lo digo con pucheritos, las manos ensangrentadas escondidas en las mangas nuevas, la dignidad por los suelos. El hombre sonríe. Una sonrisa peligrosa, pero dulce de una forma que no entiendo. Oz: —Pero tú ya sabes hacerlo, Lili. Tú tienes el poder del Caos latiendo en tu corazón, en tu sangre… Eres como este poste: una linda florecilla indestructible. Se inclina un poco más, y con un gesto elegante, casi teatral, añade: Oz: —Déjame presentarme. Soy Oz. Tu abuelo… el padre de Jennifer. El aire se me corta. Él continúa: Oz: —Tu madre estará preocupada. Deberías volver a casa. Tranquila… todo es nuevo para ti. Descansa. Yo te enseñaré lo que tu legado significa. Y antes de que pueda decir nada, con un simple movimiento de su mano derecha me envuelve una onda suave, como un parpadeo del universo. Cuando abro los ojos estoy frente a casa. Ayane está preparando la cena. Huele delicioso… pero sólo hay dos platos en la mesa esta vez. Ella me ve. No dice nada. Me abraza, me besa la frente y con un tono suave, como temiendo romper algo, dice: Ayane: —Ve a lavarte las manos antes de cenar, mi amor. Y obedezco, ocultando mis nudillos heridos, la sangre seca… y el recuerdo del hombre que me llamó florecilla indestructible.
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    El Hombre que Susurra**

    El susurro se desliza entre los árboles como un viento que no pertenece a este mundo.

    A mi lado, junto al poste,
    se materializa un hombre.

    No es un monstruo.
    No es un dios.
    No es humano.
    Es algo distinto.

    Hermoso de una forma antigua,
    como una estatua que respira.
    Sus ojos…
    ocultan un secreto que nadie podría leer,
    un enigma eterno.

    Oz:
    —Así no vas a conseguir nada más que lastimarte…

    Me quedo inmóvil.
    Congelada.
    El miedo se me enreda en los huesos.
    Mis madres están lejos,
    demasiado lejos para escuchar mi respiración acelerada.

    El hombre se agacha un poco
    y posa una mano cálida en mi cabecita.
    Al instante, mi torso se cubre con una sudadera preciosa,
    de estampados imposibles:
    formas que no encajan,
    símbolos sin sentido,
    como si hubieran aparecido ahí por voluntad propia.
    Caos puro.

    Oz:
    —Estás sudando… y ya está oscureciendo.
    No querrás resfriarte, ¿verdad?
    Ven. Acércate. Mira bien el poste.

    Se acerca al metal negro,
    levanta un dedo
    y lo posa en el centro.

    El poste se quiebra en mil pedazos
    como si se deshiciera de forma obediente,
    silenciosa, perfecta.
    No estalla.
    No ruge.
    No se rompe:
    se rinde.

    Y de los fragmentos surge una sola pieza intacta:
    una flor de mineral,
    tallada con una precisión imposible.

    Me quedo boquiabierta un segundo.
    Pero solo un segundo.

    Luego me enfado.

    Lili:
    —¿Cómo has hecho eso? ¡Tramposo!
    Enséñame a hacerlo…

    Lo digo con pucheritos,
    las manos ensangrentadas escondidas en las mangas nuevas,
    la dignidad por los suelos.

    El hombre sonríe.
    Una sonrisa peligrosa,
    pero dulce de una forma que no entiendo.

    Oz:
    —Pero tú ya sabes hacerlo, Lili.
    Tú tienes el poder del Caos latiendo en tu corazón,
    en tu sangre…
    Eres como este poste:
    una linda florecilla indestructible.

    Se inclina un poco más,
    y con un gesto elegante, casi teatral, añade:

    Oz:
    —Déjame presentarme.
    Soy Oz.
    Tu abuelo…
    el padre de Jennifer.

    El aire se me corta.

    Él continúa:

    Oz:
    —Tu madre estará preocupada.
    Deberías volver a casa.
    Tranquila…
    todo es nuevo para ti.
    Descansa.
    Yo te enseñaré lo que tu legado significa.

    Y antes de que pueda decir nada,
    con un simple movimiento de su mano derecha
    me envuelve una onda suave,
    como un parpadeo del universo.

    Cuando abro los ojos
    estoy frente a casa.

    Ayane está preparando la cena.
    Huele delicioso…
    pero sólo hay dos platos en la mesa esta vez.

    Ella me ve.
    No dice nada.
    Me abraza, me besa la frente
    y con un tono suave, como temiendo romper algo, dice:

    Ayane:
    —Ve a lavarte las manos antes de cenar, mi amor.

    Y obedezco,
    ocultando mis nudillos heridos,
    la sangre seca…
    y el recuerdo del hombre
    que me llamó florecilla indestructible.

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    El Hombre que Susurra**

    El susurro se desliza entre los árboles como un viento que no pertenece a este mundo.

    A mi lado, junto al poste,
    se materializa un hombre.

    No es un monstruo.
    No es un dios.
    No es humano.
    Es algo distinto.

    Hermoso de una forma antigua,
    como una estatua que respira.
    Sus ojos…
    ocultan un secreto que nadie podría leer,
    un enigma eterno.

    Oz:
    —Así no vas a conseguir nada más que lastimarte…

    Me quedo inmóvil.
    Congelada.
    El miedo se me enreda en los huesos.
    Mis madres están lejos,
    demasiado lejos para escuchar mi respiración acelerada.

    El hombre se agacha un poco
    y posa una mano cálida en mi cabecita.
    Al instante, mi torso se cubre con una sudadera preciosa,
    de estampados imposibles:
    formas que no encajan,
    símbolos sin sentido,
    como si hubieran aparecido ahí por voluntad propia.
    Caos puro.

    Oz:
    —Estás sudando… y ya está oscureciendo.
    No querrás resfriarte, ¿verdad?
    Ven. Acércate. Mira bien el poste.

    Se acerca al metal negro,
    levanta un dedo
    y lo posa en el centro.

    El poste se quiebra en mil pedazos
    como si se deshiciera de forma obediente,
    silenciosa, perfecta.
    No estalla.
    No ruge.
    No se rompe:
    se rinde.

    Y de los fragmentos surge una sola pieza intacta:
    una flor de mineral,
    tallada con una precisión imposible.

    Me quedo boquiabierta un segundo.
    Pero solo un segundo.

    Luego me enfado.

    Lili:
    —¿Cómo has hecho eso? ¡Tramposo!
    Enséñame a hacerlo…

    Lo digo con pucheritos,
    las manos ensangrentadas escondidas en las mangas nuevas,
    la dignidad por los suelos.

    El hombre sonríe.
    Una sonrisa peligrosa,
    pero dulce de una forma que no entiendo.

    Oz:
    —Pero tú ya sabes hacerlo, Lili.
    Tú tienes el poder del Caos latiendo en tu corazón,
    en tu sangre…
    Eres como este poste:
    una linda florecilla indestructible.

    Se inclina un poco más,
    y con un gesto elegante, casi teatral, añade:

    Oz:
    —Déjame presentarme.
    Soy Oz.
    Tu abuelo…
    el padre de Jennifer.

    El aire se me corta.

    Él continúa:

    Oz:
    —Tu madre estará preocupada.
    Deberías volver a casa.
    Tranquila…
    todo es nuevo para ti.
    Descansa.
    Yo te enseñaré lo que tu legado significa.

    Y antes de que pueda decir nada,
    con un simple movimiento de su mano derecha
    me envuelve una onda suave,
    como un parpadeo del universo.

    Cuando abro los ojos
    estoy frente a casa.

    Ayane está preparando la cena.
    Huele delicioso…
    pero sólo hay dos platos en la mesa esta vez.

    Ella me ve.
    No dice nada.
    Me abraza, me besa la frente
    y con un tono suave, como temiendo romper algo, dice:

    Ayane:
    —Ve a lavarte las manos antes de cenar, mi amor.

    Y obedezco,
    ocultando mis nudillos heridos,
    la sangre seca…
    y el recuerdo del hombre
    que me llamó florecilla indestructible.

    Ozma
    Relato en Post y en comentarios de la imagen 🩷 Las Enseñanzas de Oz El Hombre que Susurra** El susurro se desliza entre los árboles como un viento que no pertenece a este mundo. A mi lado, junto al poste, se materializa un hombre. No es un monstruo. No es un dios. No es humano. Es algo distinto. Hermoso de una forma antigua, como una estatua que respira. Sus ojos… ocultan un secreto que nadie podría leer, un enigma eterno. Oz: —Así no vas a conseguir nada más que lastimarte… Me quedo inmóvil. Congelada. El miedo se me enreda en los huesos. Mis madres están lejos, demasiado lejos para escuchar mi respiración acelerada. El hombre se agacha un poco y posa una mano cálida en mi cabecita. Al instante, mi torso se cubre con una sudadera preciosa, de estampados imposibles: formas que no encajan, símbolos sin sentido, como si hubieran aparecido ahí por voluntad propia. Caos puro. Oz: —Estás sudando… y ya está oscureciendo. No querrás resfriarte, ¿verdad? Ven. Acércate. Mira bien el poste. Se acerca al metal negro, levanta un dedo y lo posa en el centro. El poste se quiebra en mil pedazos como si se deshiciera de forma obediente, silenciosa, perfecta. No estalla. No ruge. No se rompe: se rinde. Y de los fragmentos surge una sola pieza intacta: una flor de mineral, tallada con una precisión imposible. Me quedo boquiabierta un segundo. Pero solo un segundo. Luego me enfado. Lili: —¿Cómo has hecho eso? ¡Tramposo! Enséñame a hacerlo… Lo digo con pucheritos, las manos ensangrentadas escondidas en las mangas nuevas, la dignidad por los suelos. El hombre sonríe. Una sonrisa peligrosa, pero dulce de una forma que no entiendo. Oz: —Pero tú ya sabes hacerlo, Lili. Tú tienes el poder del Caos latiendo en tu corazón, en tu sangre… Eres como este poste: una linda florecilla indestructible. Se inclina un poco más, y con un gesto elegante, casi teatral, añade: Oz: —Déjame presentarme. Soy Oz. Tu abuelo… el padre de Jennifer. El aire se me corta. Él continúa: Oz: —Tu madre estará preocupada. Deberías volver a casa. Tranquila… todo es nuevo para ti. Descansa. Yo te enseñaré lo que tu legado significa. Y antes de que pueda decir nada, con un simple movimiento de su mano derecha me envuelve una onda suave, como un parpadeo del universo. Cuando abro los ojos estoy frente a casa. Ayane está preparando la cena. Huele delicioso… pero sólo hay dos platos en la mesa esta vez. Ella me ve. No dice nada. Me abraza, me besa la frente y con un tono suave, como temiendo romper algo, dice: Ayane: —Ve a lavarte las manos antes de cenar, mi amor. Y obedezco, ocultando mis nudillos heridos, la sangre seca… y el recuerdo del hombre que me llamó florecilla indestructible. [Oz_The_Chaos]
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