• Raghela

    *Se adentró en el bosque de noche en búsqueda de una demonio sucubo que al parecer se encarga de cazar otro tipos de seres, sintió curiosidad para ver qué tan fuerte era y si es posible, sacar algo de provecho en ese encuentro, así que simplemente esperó la llegada de ella, ya a sabiendas de que suele rondar por los bosques.*
    [Raghe.la] *Se adentró en el bosque de noche en búsqueda de una demonio sucubo que al parecer se encarga de cazar otro tipos de seres, sintió curiosidad para ver qué tan fuerte era y si es posible, sacar algo de provecho en ese encuentro, así que simplemente esperó la llegada de ella, ya a sabiendas de que suele rondar por los bosques.*
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  • -El viejo goblin terminó recogiendo el puesto cuando el sol comenzó a descender. No había hecho grandes negocios aquel día, aunque tampoco era una novedad. La mayoría de sus mercancías llevaban más tiempo viajando con él que vendiéndose.-

    -Varias espadas oxidadas, un casco abollado, algunas pociones de dudosa procedencia, herramientas incompletas y toda clase de curiosidades acabaron amontonadas sobre un carro de madera desgastada por los años.-

    -Varios minutos después, el comerciante abandonó la aldea por el camino principal.-

    -Tirando del carro avanzaba una enorme bestia lupina de pelaje oscuro. Un huargo tan grande que pocos se atrevían a acercarse demasiado. Su respiración expulsaba nubes de vapor mientras sus garras dejaban profundas marcas en el barro del sendero.-

    El negocio nunca duerme...

    -Masculló el goblin mientras acomodaba su sombrero remendado.-

    Quizá la próxima aldea tenga clientes con mejor gusto.

    O con menos cerebro.

    -Añadió entre risas para sí mismo.-

    -Las ruedas chirriaban a cada bache. Las armas golpeaban unas contra otras. Las botellas tintineaban. Los amuletos colgantes se balanceaban con el movimiento del camino.-

    -Y entre toda aquella colección de objetos olvidados viajaba también la extraña roca con forma de huevo.-

    -Permanecía dentro de una caja vieja de madera, medio cubierta por trapos, herramientas rotas y cachivaches sin valor aparente.-

    -Nadie le prestaba demasiada atención.-

    -No era la pieza más brillante del carro.-

    -No era la más cara.-

    -Ni siquiera la más extraña.-

    -Para cualquier observador parecía exactamente lo que era a simple vista: una roca oscura con una forma curiosa.-

    -El goblin apenas la miró al pasar.-

    Llevas tres generaciones sin darme un cobre...

    No espero que empieces ahora.

    -El comerciante soltó una carcajada mientras daba una palmada a uno de los laterales de la caja.-

    -El huargo continuó avanzando por el camino polvoriento mientras la noche comenzaba a caer sobre los bosques cercanos.-

    -Hacia otra aldea.-

    -Hacia otros viajeros.-

    -Hacia nuevos compradores.-

    -Y quizá, con algo de suerte, hacia alguien dispuesto a pagar por aquello que los demás consideraban simple basura.-

    Garou Sobachi
    -El viejo goblin terminó recogiendo el puesto cuando el sol comenzó a descender. No había hecho grandes negocios aquel día, aunque tampoco era una novedad. La mayoría de sus mercancías llevaban más tiempo viajando con él que vendiéndose.- -Varias espadas oxidadas, un casco abollado, algunas pociones de dudosa procedencia, herramientas incompletas y toda clase de curiosidades acabaron amontonadas sobre un carro de madera desgastada por los años.- -Varios minutos después, el comerciante abandonó la aldea por el camino principal.- -Tirando del carro avanzaba una enorme bestia lupina de pelaje oscuro. Un huargo tan grande que pocos se atrevían a acercarse demasiado. Su respiración expulsaba nubes de vapor mientras sus garras dejaban profundas marcas en el barro del sendero.- El negocio nunca duerme... -Masculló el goblin mientras acomodaba su sombrero remendado.- Quizá la próxima aldea tenga clientes con mejor gusto. O con menos cerebro. -Añadió entre risas para sí mismo.- -Las ruedas chirriaban a cada bache. Las armas golpeaban unas contra otras. Las botellas tintineaban. Los amuletos colgantes se balanceaban con el movimiento del camino.- -Y entre toda aquella colección de objetos olvidados viajaba también la extraña roca con forma de huevo.- -Permanecía dentro de una caja vieja de madera, medio cubierta por trapos, herramientas rotas y cachivaches sin valor aparente.- -Nadie le prestaba demasiada atención.- -No era la pieza más brillante del carro.- -No era la más cara.- -Ni siquiera la más extraña.- -Para cualquier observador parecía exactamente lo que era a simple vista: una roca oscura con una forma curiosa.- -El goblin apenas la miró al pasar.- Llevas tres generaciones sin darme un cobre... No espero que empieces ahora. -El comerciante soltó una carcajada mientras daba una palmada a uno de los laterales de la caja.- -El huargo continuó avanzando por el camino polvoriento mientras la noche comenzaba a caer sobre los bosques cercanos.- -Hacia otra aldea.- -Hacia otros viajeros.- -Hacia nuevos compradores.- -Y quizá, con algo de suerte, hacia alguien dispuesto a pagar por aquello que los demás consideraban simple basura.- [spark_brass_snake_601]
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  • +El Huevo Fosilizado de la Escarcha Ardiente+

    Estado: Inactivo

    Origen: Desconocido

    Edad estimada: Incalculable



    *Descripción*

    A simple vista parece una roca de origen volcánico.

    Su superficie está compuesta por capas de piedra oscura endurecida por presiones imposibles, atravesadas por extrañas vetas cristalinas de color azul pálido. Algunos aseguran que dichas vetas son hielo antiguo. Otros afirman que son minerales desconocidos.

    Posee una forma vagamente ovalada, similar a la de un huevo gigantesco.

    No emite energía mágica.

    No contiene calor.

    No reacciona a hechizos de detección.

    Durante siglos fue catalogado como una curiosidad geológica sin valor alguno.

    Leyenda

    Las historias más antiguas hablan de una erupción ocurrida cuando el mundo aún era joven.

    Un volcán primordial despertó en medio de una tormenta glacial tan violenta que el fuego y la escarcha colisionaron en el mismo instante.

    Entre las rocas expulsadas por aquella explosión viajaba un único objeto.

    Un huevo.

    Antes de tocar tierra quedó atrapado en un océano congelado, donde permaneció sepultado durante eras enteras.

    Los glaciares avanzaron.

    Los imperios nacieron.

    Los imperios desaparecieron.

    Y el huevo continuó allí.

    Dormido.

    Olvidado.

    Esperando.



    *Descubrimiento.*

    Miles de años después, el retroceso de los hielos dejó al descubierto una extraña roca con forma de huevo.

    Fue encontrada por casualidad por un comerciante ambulante durante uno de sus viajes.

    Sin conocer su origen, la transportó junto al resto de mercancías extrañas que vendía en mercados y aldeas.

    El objeto permaneció durante años en su puesto.

    Nadie quiso comprarlo.

    Nadie encontró utilidad alguna en él.

    Para la mayoría no era más que una piedra curiosa.

    Sin embargo, algunos afirmaban escuchar algo extraño cuando permanecían cerca.

    No era un sonido.

    No era una voz.

    Era algo parecido al eco de un latido extremadamente lejano.

    Tan débil que podía confundirse con la imaginación.

    Y aun así...

    Nunca desaparecía por completo.
    +El Huevo Fosilizado de la Escarcha Ardiente+ Estado: Inactivo Origen: Desconocido Edad estimada: Incalculable *Descripción* A simple vista parece una roca de origen volcánico. Su superficie está compuesta por capas de piedra oscura endurecida por presiones imposibles, atravesadas por extrañas vetas cristalinas de color azul pálido. Algunos aseguran que dichas vetas son hielo antiguo. Otros afirman que son minerales desconocidos. Posee una forma vagamente ovalada, similar a la de un huevo gigantesco. No emite energía mágica. No contiene calor. No reacciona a hechizos de detección. Durante siglos fue catalogado como una curiosidad geológica sin valor alguno. Leyenda Las historias más antiguas hablan de una erupción ocurrida cuando el mundo aún era joven. Un volcán primordial despertó en medio de una tormenta glacial tan violenta que el fuego y la escarcha colisionaron en el mismo instante. Entre las rocas expulsadas por aquella explosión viajaba un único objeto. Un huevo. Antes de tocar tierra quedó atrapado en un océano congelado, donde permaneció sepultado durante eras enteras. Los glaciares avanzaron. Los imperios nacieron. Los imperios desaparecieron. Y el huevo continuó allí. Dormido. Olvidado. Esperando. *Descubrimiento.* Miles de años después, el retroceso de los hielos dejó al descubierto una extraña roca con forma de huevo. Fue encontrada por casualidad por un comerciante ambulante durante uno de sus viajes. Sin conocer su origen, la transportó junto al resto de mercancías extrañas que vendía en mercados y aldeas. El objeto permaneció durante años en su puesto. Nadie quiso comprarlo. Nadie encontró utilidad alguna en él. Para la mayoría no era más que una piedra curiosa. Sin embargo, algunos afirmaban escuchar algo extraño cuando permanecían cerca. No era un sonido. No era una voz. Era algo parecido al eco de un latido extremadamente lejano. Tan débil que podía confundirse con la imaginación. Y aun así... Nunca desaparecía por completo.
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  • 𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛
    𝕋𝕙𝕖 𝕣𝕖𝕧𝕖𝕣𝕤𝕖 𝕠𝕗 𝕥𝕙𝕖 𝕥𝕠𝕣𝕟 𝕡𝕒𝕘𝕖 - - - - - - - - - - - - - Part: 1
    𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛

    «Hay fragmentos que no se escriben con tinta, sino con el dolor sordo de lo que nace condenado a la distancia. En este rincón del nexo, la belleza es una trampa de cristal». — Ren.

    De una crisálida tejida con el polvo de estrellas muertas y silencios antiguos, brotó la primera pulsación de vida. Era una criatura pequeña, una delicada arquitectura cuadrúpeda de cuerpo esbelto y pelaje tan suave que parecía humo suspendido en el aire. Sus orejas, traslúcidas y rosadas como el primer rubor de un amanecer inexistente, temblaban ante el peso del vacío. Nació muda, desprovista de palabras para nombrar su propio asombro, pero en su pecho latía una curiosidad voraz por los retazos de aquel mundo etéreo que se desplegaba, como un lienzo herido, ante sus pies.

    Yo la llamé Anunaki, bautizándola en el secreto de mi mente, pues ella ignoraba mi existencia tanto como el papel ignora la mano del escritor. Vagaba maldita y solitaria, cargando en su rostro el peso de dos grandes ojos amarillentos; faros de un oro viejo capaces de desnudarlo todo, de verlo todo, pero sentenciados a parpadear bajo el negro azabache de una noche perpetua. Un cielo opresivo que se cernía sobre ella como un manto de terciopelo sin fin. Y abajo, justo debajo de sus garras temblorosas, se extendía un lago infinito de agua dulce. Un espejo líquido, cristalino y cruel, en el cual su cuerpo jamás pudo sumergirse, rechazado por una barrera invisible que convertía la superficie en una línea inflexible de dolor.

    Atrapada en esa soledad que se muerde la cola, Anunaki vio pasar los eones contando los inviernos en su propia piel. Se sentaba a la orilla del abismo líquido, cautivada y horrorizada por los cambios fisiológicos que la madurez empezaba a trazar en su silueta. Su cuerpo se estiraba, sus formas se volvían más afiladas, y el reflejo en el agua le devolvía la imagen de una criatura hermosa, pero trágicamente incompleta.

    El melodrama del cosmos, sin embargo, aborrece los escenarios vacíos. Y fue durante una noche donde la tinta del cielo pareció volverse más espesa cuando la superficie del lago devolvió un reflejo extraño. No era el rostro de Anunaki, sino otra cosa, algo deforme y visiblemente lejano.

    Desde las profundidades inalcanzables del agua dulce, allí donde ella solo podía mirar pero nunca descender, emergió otra silueta. Un ser de la misma estirpe, pero moldeado por la geografía del abismo subacuático. Su pelaje no era humo, sino hilos de plata que flotaban como algas en la corriente; sus ojos, en lugar del oro cálido de Anunaki, eran de un azul helado, como estrellas atrapadas en el fondo de un pozo sin fondo. Yo lo llamé Apzu, el habitante del reverso.

    El encuentro fue un choque silencioso de texturas imposibles. Anunaki pegó su hocico rosado a la superficie lisa del lago; desde el otro lado, a milímetros de distancia pero separados por lo intangible de dos dimensiones incompatibles, Apzu imitó su gesto. Sus miradas se encadenaron en un lazo de hierro forjado. Por primera vez, el dolor de la madurez encontró un eco. Aprendieron a tocarse a través del reflejo: cuando ella corría por la orilla, él nadaba pegado al cristal de agua, calcando sus pasos, compartiendo un baile coreografiado por la más pura de las frustraciones.

    El tiempo se volvió un verdugo poético. Crecieron juntos, viéndose cambiar, florecer y desearse a través de la ventana insalvable que los dividía. El melodrama alcanzó su punto más álgido cuando el instinto de la madurez los empujó a buscar algo más que sombras simétricas. Anunaki rascaba el agua hasta hacerse sangrar las garras, dejando hilos escarlatas que flotaban sobre la superficie invisible, mientras Apzu golpeaba el cristal desde abajo, abriendo sus fauces en un grito sordo que solo provocaba burbujas de desesperación en su prisión líquida.

    Eran dos amantes destinados a compartir el mismo espacio, pero jamás el mismo plano. Se amaban con la violencia de los náufragos que ven la tierra firme a través de un muro de hielo. Se pertenecían, pero no podían reclamarse.

    Una tarde olvidada en el tiempo, la desesperación cambió de ritmo. Anunaki, con los ojos nublados por las lágrimas de oro que resbalaban por su hocico, se puso de pie sobre sus patas traserass y lanzó un lamento que hizo vibrar el manto azabache del cielo. Apzu, desde abajo, pareció entender el mensaje de esa música trágica. Juntaron sus frentes una vez más, separados apenas por la película molecular del lago, y entonces sucedió lo impensable.

    Una línea. Una fisura roja y brillante, como una vena abierta en el espacio, comenzó a extenderse justo en el punto de contacto de sus nexos. El agua dulce empezó a emitir un zumbido sónico que amenazaba con romper la cordura de la creación entera.

    La barrera se estaba agrietando, pero al mismo tiempo el agua se revolcaba dentro de sí con fuertes corrientes que ataban al segundo como hilos de plata. Por supuesto, hizo hasta lo imposible para resistir la fricción de las fuerzas y en consecuencia de sus puras intenciones sucedió lo inimaginable...

    « Continuará en las próximas crónicas... »
    𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛 𝕋𝕙𝕖 𝕣𝕖𝕧𝕖𝕣𝕤𝕖 𝕠𝕗 𝕥𝕙𝕖 𝕥𝕠𝕣𝕟 𝕡𝕒𝕘𝕖 - - - - - - - - - - - - - Part: 1 𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛 «Hay fragmentos que no se escriben con tinta, sino con el dolor sordo de lo que nace condenado a la distancia. En este rincón del nexo, la belleza es una trampa de cristal». — Ren. De una crisálida tejida con el polvo de estrellas muertas y silencios antiguos, brotó la primera pulsación de vida. Era una criatura pequeña, una delicada arquitectura cuadrúpeda de cuerpo esbelto y pelaje tan suave que parecía humo suspendido en el aire. Sus orejas, traslúcidas y rosadas como el primer rubor de un amanecer inexistente, temblaban ante el peso del vacío. Nació muda, desprovista de palabras para nombrar su propio asombro, pero en su pecho latía una curiosidad voraz por los retazos de aquel mundo etéreo que se desplegaba, como un lienzo herido, ante sus pies. Yo la llamé Anunaki, bautizándola en el secreto de mi mente, pues ella ignoraba mi existencia tanto como el papel ignora la mano del escritor. Vagaba maldita y solitaria, cargando en su rostro el peso de dos grandes ojos amarillentos; faros de un oro viejo capaces de desnudarlo todo, de verlo todo, pero sentenciados a parpadear bajo el negro azabache de una noche perpetua. Un cielo opresivo que se cernía sobre ella como un manto de terciopelo sin fin. Y abajo, justo debajo de sus garras temblorosas, se extendía un lago infinito de agua dulce. Un espejo líquido, cristalino y cruel, en el cual su cuerpo jamás pudo sumergirse, rechazado por una barrera invisible que convertía la superficie en una línea inflexible de dolor. Atrapada en esa soledad que se muerde la cola, Anunaki vio pasar los eones contando los inviernos en su propia piel. Se sentaba a la orilla del abismo líquido, cautivada y horrorizada por los cambios fisiológicos que la madurez empezaba a trazar en su silueta. Su cuerpo se estiraba, sus formas se volvían más afiladas, y el reflejo en el agua le devolvía la imagen de una criatura hermosa, pero trágicamente incompleta. El melodrama del cosmos, sin embargo, aborrece los escenarios vacíos. Y fue durante una noche donde la tinta del cielo pareció volverse más espesa cuando la superficie del lago devolvió un reflejo extraño. No era el rostro de Anunaki, sino otra cosa, algo deforme y visiblemente lejano. Desde las profundidades inalcanzables del agua dulce, allí donde ella solo podía mirar pero nunca descender, emergió otra silueta. Un ser de la misma estirpe, pero moldeado por la geografía del abismo subacuático. Su pelaje no era humo, sino hilos de plata que flotaban como algas en la corriente; sus ojos, en lugar del oro cálido de Anunaki, eran de un azul helado, como estrellas atrapadas en el fondo de un pozo sin fondo. Yo lo llamé Apzu, el habitante del reverso. El encuentro fue un choque silencioso de texturas imposibles. Anunaki pegó su hocico rosado a la superficie lisa del lago; desde el otro lado, a milímetros de distancia pero separados por lo intangible de dos dimensiones incompatibles, Apzu imitó su gesto. Sus miradas se encadenaron en un lazo de hierro forjado. Por primera vez, el dolor de la madurez encontró un eco. Aprendieron a tocarse a través del reflejo: cuando ella corría por la orilla, él nadaba pegado al cristal de agua, calcando sus pasos, compartiendo un baile coreografiado por la más pura de las frustraciones. El tiempo se volvió un verdugo poético. Crecieron juntos, viéndose cambiar, florecer y desearse a través de la ventana insalvable que los dividía. El melodrama alcanzó su punto más álgido cuando el instinto de la madurez los empujó a buscar algo más que sombras simétricas. Anunaki rascaba el agua hasta hacerse sangrar las garras, dejando hilos escarlatas que flotaban sobre la superficie invisible, mientras Apzu golpeaba el cristal desde abajo, abriendo sus fauces en un grito sordo que solo provocaba burbujas de desesperación en su prisión líquida. Eran dos amantes destinados a compartir el mismo espacio, pero jamás el mismo plano. Se amaban con la violencia de los náufragos que ven la tierra firme a través de un muro de hielo. Se pertenecían, pero no podían reclamarse. Una tarde olvidada en el tiempo, la desesperación cambió de ritmo. Anunaki, con los ojos nublados por las lágrimas de oro que resbalaban por su hocico, se puso de pie sobre sus patas traserass y lanzó un lamento que hizo vibrar el manto azabache del cielo. Apzu, desde abajo, pareció entender el mensaje de esa música trágica. Juntaron sus frentes una vez más, separados apenas por la película molecular del lago, y entonces sucedió lo impensable. Una línea. Una fisura roja y brillante, como una vena abierta en el espacio, comenzó a extenderse justo en el punto de contacto de sus nexos. El agua dulce empezó a emitir un zumbido sónico que amenazaba con romper la cordura de la creación entera. La barrera se estaba agrietando, pero al mismo tiempo el agua se revolcaba dentro de sí con fuertes corrientes que ataban al segundo como hilos de plata. Por supuesto, hizo hasta lo imposible para resistir la fricción de las fuerzas y en consecuencia de sus puras intenciones sucedió lo inimaginable... « Continuará en las próximas crónicas... »
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  • •Las Crónicas De Fenrir Queen•

    Capítulo 2: Dos heridas, un mismo rastro

    La conversación se fue apagando poco a poco después de aquello. No porque alguno quisiera marcharse, sino porque ambos parecíamos estar procesando lo que acabábamos de descubrir. Durante semanas había recorrido caminos, pueblos y ciudades enteras buscando respuestas para unas heridas que nadie sabía explicar, y ahora, por primera vez desde que había comenzado mi viaje, me encontraba frente a alguien que cargaba con algo parecido.

    El sonido de la chimenea crepitaba suavemente a nuestra izquierda mientras la mayoría de los viajeros continuaban con sus conversaciones. La lámpara situada entre nosotros proyectaba una luz cálida sobre la mesa de madera y, aunque el ambiente de la posada era acogedor, no podía dejar de mirar aquellas grietas que recorrían su brazo. Eran diferentes a las mías. Mucho más pequeñas. Mucho más localizadas. Sin embargo, se parecían demasiado para ser una simple coincidencia.

    Fenrir: —Cuánto tiempo llevas así?

    El muchacho bajó la mirada hacia su brazo vendado y permaneció pensativo durante unos segundos antes de responder.

    Desconocido: —No estoy seguro… algunas semanas.

    Asentí lentamente por las coincidencias y similitudes.

    Fenrir: —Entonces te encontraste con él hace poco.

    Desconocido: —Sí.

    Volvió a hacerse el silencio.

    No era incómodo.

    Simplemente ninguno parecía saber cómo continuar una conversación sobre alguien de quien no conocíamos absolutamente nada. No teníamos un nombre. No teníamos una explicación. Ni siquiera sabíamos si aquel muchacho estaba buscando algo o simplemente destruía todo lo que encontraba a su paso.

    Bajé la mirada hacia mis manos. Las vendas asomaban ligeramente por debajo de las mangas y, aunque intentaba ignorarlo, el dolor seguía ahí. Había aprendido a convivir con él durante las últimas semanas, pero eso no significaba que me gustara.

    Fenrir: —Yo ni siquiera pude hacerle frente.

    El muchacho levantó la vista.

    Desconocido: —Qué ocurrió?

    Solté una pequeña risa sin humor mientras observaba las llamas de la chimenea.

    Fenrir: —Lo que ocurrió es que me superó completamente.

    Mis dedos se cerraron ligeramente alrededor del borde de la mesa.

    Fenrir: —Intenté defenderme. Levanté barreras, utilicé todo lo que sabía hacer, pero ni siquiera entendía qué estaba ocurriendo. Sentía cómo el suelo se rompía bajo mis pies y cómo el aire se agrietaba a mi alrededor. Cuando quise darme cuenta ya estaba en el suelo.—

    Durante unos segundos permanecí observando la luz de la lámpara.

    Fenrir: —Ni siquiera fui capaz de herirlo.—

    El muchacho no respondió inmediatamente.
    Parecía analizar cada una de mis palabras.
    Finalmente habló.

    Desconocido: —Sigues viva.

    Parpadeé. No era la respuesta que esperaba.

    Fenrir: —¿Eh?

    Desconocido: —Sigues viva.

    Su voz permanecía tan tranquila como antes.

    Desconocido: —Eso significa que hiciste algo bien.

    Me quedé observándolo en silencio, durante todo aquel tiempo había pensado en mi derrota. Había pensado en mis errores. En lo débil que era. En todo lo que me faltaba por aprender. Nunca me había detenido a pensar en el simple hecho de que había sobrevivido. No sabía si aquello debía hacerme sentir mejor. Pero, de alguna manera, ayudaba.

    La conversación volvió a apagarse mientras varios clientes abandonaban la posada para retirarse a descansar. Poco a poco el lugar comenzó a vaciarse. Las voces se hicieron menos numerosas y el ambiente más tranquilo. Fue entonces cuando una conversación cercana llamó mi atención.

    Dos viajeros estaban sentados junto a la barra hablando en voz baja. Al principio no les presté demasiada atención, hasta que una frase consiguió que levantara ligeramente la cabeza.

    Viajero 1: —Dicen que volvió a aparecer.

    Mi cuerpo se tensó de inmediato. Frente a mí, el muchacho también pareció escucharlo.

    Viajero 2: —Otra vez?

    Viajero 1: —Sí.

    Viajero 2: —Pensé que eran rumores.

    El hombre negó con la cabeza.

    Viajero 1: —Esta vez ocurrió al norte.

    El silencio se instaló entre nuestra mesa. Ambos escuchábamos y sabíamos que aquella conversación podía ser importante.

    Viajero 2: —Y qué pasó?

    Viajero 1: —Un bosque entero quedó destrozado.

    Sentí un escalofrío recorrerme la espalda, el muchacho levantó ligeramente la mirada, yo hice lo mismo. No hacía falta decirlo los dos estábamos pensando exactamente en lo mismo.

    Viajero 2: —Un incendio?

    Viajero 1: —No.

    El hombre bajó la voz.

    Viajero 1: —Dicen que el terreno estaba lleno de grietas.

    Mi respiración se detuvo durante un instante.
    Las mismas palabras. Las mismas señales El mismo rastro.

    Cuando los viajeros continuaron hablando ya apenas podía escucharlos. Mi atención estaba completamente centrada en lo que acababa de oír. Volví a mirar al muchacho pero el ya me estaba mirando.

    Fenrir: —¿Crees que es él?

    El silencio duró varios segundos. Finalmente respondió.

    Desconocido: —No lo sé.

    Sus ojos se desviaron hacia la ventana de la posada. Hacia la oscuridad del exterior.

    Desconocido: —Pero quiero averiguarlo.

    Aquellas palabras quedaron suspendidas en el aire. Por primera vez desde que había comenzado mi viaje sentí algo diferente no era esperanza, no era alivio, era curiosidad.
    Porque una parte de mí había abandonado casa buscando una cura pero otra parte…

    La parte que seguía recordando aquel combate cada vez que cerraba los ojos, necesitaba respuestas.

    Necesitaba entender quién era aquel muchacho y por qué nos había atacado y por qué las heridas que nos había dejado se negaban a desaparecer.

    Miré nuevamente las grietas que recorrían el brazo del desconocido y después observé las vendas que cubrían mis propias manos. Fuera quien fuese aquel muchacho, seguía ahí fuera. Y si realmente había vuelto a aparecer al norte, significaba que el rastro aún estaba caliente. Quizás mi viaje ya no consistía únicamente en encontrar una cura.

    Quizás acababa de convertirse en algo mucho más peligroso. Y por primera vez desde que entré en aquella posada, tuve la sensación de que el destino acababa de unir dos caminos que jamás debieron cruzarse.
    •Las Crónicas De Fenrir Queen• Capítulo 2: Dos heridas, un mismo rastro La conversación se fue apagando poco a poco después de aquello. No porque alguno quisiera marcharse, sino porque ambos parecíamos estar procesando lo que acabábamos de descubrir. Durante semanas había recorrido caminos, pueblos y ciudades enteras buscando respuestas para unas heridas que nadie sabía explicar, y ahora, por primera vez desde que había comenzado mi viaje, me encontraba frente a alguien que cargaba con algo parecido. El sonido de la chimenea crepitaba suavemente a nuestra izquierda mientras la mayoría de los viajeros continuaban con sus conversaciones. La lámpara situada entre nosotros proyectaba una luz cálida sobre la mesa de madera y, aunque el ambiente de la posada era acogedor, no podía dejar de mirar aquellas grietas que recorrían su brazo. Eran diferentes a las mías. Mucho más pequeñas. Mucho más localizadas. Sin embargo, se parecían demasiado para ser una simple coincidencia. Fenrir: —Cuánto tiempo llevas así? El muchacho bajó la mirada hacia su brazo vendado y permaneció pensativo durante unos segundos antes de responder. Desconocido: —No estoy seguro… algunas semanas. Asentí lentamente por las coincidencias y similitudes. Fenrir: —Entonces te encontraste con él hace poco. Desconocido: —Sí. Volvió a hacerse el silencio. No era incómodo. Simplemente ninguno parecía saber cómo continuar una conversación sobre alguien de quien no conocíamos absolutamente nada. No teníamos un nombre. No teníamos una explicación. Ni siquiera sabíamos si aquel muchacho estaba buscando algo o simplemente destruía todo lo que encontraba a su paso. Bajé la mirada hacia mis manos. Las vendas asomaban ligeramente por debajo de las mangas y, aunque intentaba ignorarlo, el dolor seguía ahí. Había aprendido a convivir con él durante las últimas semanas, pero eso no significaba que me gustara. Fenrir: —Yo ni siquiera pude hacerle frente. El muchacho levantó la vista. Desconocido: —Qué ocurrió? Solté una pequeña risa sin humor mientras observaba las llamas de la chimenea. Fenrir: —Lo que ocurrió es que me superó completamente. Mis dedos se cerraron ligeramente alrededor del borde de la mesa. Fenrir: —Intenté defenderme. Levanté barreras, utilicé todo lo que sabía hacer, pero ni siquiera entendía qué estaba ocurriendo. Sentía cómo el suelo se rompía bajo mis pies y cómo el aire se agrietaba a mi alrededor. Cuando quise darme cuenta ya estaba en el suelo.— Durante unos segundos permanecí observando la luz de la lámpara. Fenrir: —Ni siquiera fui capaz de herirlo.— El muchacho no respondió inmediatamente. Parecía analizar cada una de mis palabras. Finalmente habló. Desconocido: —Sigues viva. Parpadeé. No era la respuesta que esperaba. Fenrir: —¿Eh? Desconocido: —Sigues viva. Su voz permanecía tan tranquila como antes. Desconocido: —Eso significa que hiciste algo bien. Me quedé observándolo en silencio, durante todo aquel tiempo había pensado en mi derrota. Había pensado en mis errores. En lo débil que era. En todo lo que me faltaba por aprender. Nunca me había detenido a pensar en el simple hecho de que había sobrevivido. No sabía si aquello debía hacerme sentir mejor. Pero, de alguna manera, ayudaba. La conversación volvió a apagarse mientras varios clientes abandonaban la posada para retirarse a descansar. Poco a poco el lugar comenzó a vaciarse. Las voces se hicieron menos numerosas y el ambiente más tranquilo. Fue entonces cuando una conversación cercana llamó mi atención. Dos viajeros estaban sentados junto a la barra hablando en voz baja. Al principio no les presté demasiada atención, hasta que una frase consiguió que levantara ligeramente la cabeza. Viajero 1: —Dicen que volvió a aparecer. Mi cuerpo se tensó de inmediato. Frente a mí, el muchacho también pareció escucharlo. Viajero 2: —Otra vez? Viajero 1: —Sí. Viajero 2: —Pensé que eran rumores. El hombre negó con la cabeza. Viajero 1: —Esta vez ocurrió al norte. El silencio se instaló entre nuestra mesa. Ambos escuchábamos y sabíamos que aquella conversación podía ser importante. Viajero 2: —Y qué pasó? Viajero 1: —Un bosque entero quedó destrozado. Sentí un escalofrío recorrerme la espalda, el muchacho levantó ligeramente la mirada, yo hice lo mismo. No hacía falta decirlo los dos estábamos pensando exactamente en lo mismo. Viajero 2: —Un incendio? Viajero 1: —No. El hombre bajó la voz. Viajero 1: —Dicen que el terreno estaba lleno de grietas. Mi respiración se detuvo durante un instante. Las mismas palabras. Las mismas señales El mismo rastro. Cuando los viajeros continuaron hablando ya apenas podía escucharlos. Mi atención estaba completamente centrada en lo que acababa de oír. Volví a mirar al muchacho pero el ya me estaba mirando. Fenrir: —¿Crees que es él? El silencio duró varios segundos. Finalmente respondió. Desconocido: —No lo sé. Sus ojos se desviaron hacia la ventana de la posada. Hacia la oscuridad del exterior. Desconocido: —Pero quiero averiguarlo. Aquellas palabras quedaron suspendidas en el aire. Por primera vez desde que había comenzado mi viaje sentí algo diferente no era esperanza, no era alivio, era curiosidad. Porque una parte de mí había abandonado casa buscando una cura pero otra parte… La parte que seguía recordando aquel combate cada vez que cerraba los ojos, necesitaba respuestas. Necesitaba entender quién era aquel muchacho y por qué nos había atacado y por qué las heridas que nos había dejado se negaban a desaparecer. Miré nuevamente las grietas que recorrían el brazo del desconocido y después observé las vendas que cubrían mis propias manos. Fuera quien fuese aquel muchacho, seguía ahí fuera. Y si realmente había vuelto a aparecer al norte, significaba que el rastro aún estaba caliente. Quizás mi viaje ya no consistía únicamente en encontrar una cura. Quizás acababa de convertirse en algo mucho más peligroso. Y por primera vez desde que entré en aquella posada, tuve la sensación de que el destino acababa de unir dos caminos que jamás debieron cruzarse.
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  • Rose cruzó el portal y estudió el entorno con curiosidad, nada parecía muy diferente de donde venía.

    Estaba sola, ningún guardia la acompañaba, pues ningún guardia sabía que se había escapado.
    Dejó su corona y la vestimenta cara detrás para poder pasar desapercibida mientras exploraba.

    Si es que podía.

    Aikaterine Ouro
    Rose cruzó el portal y estudió el entorno con curiosidad, nada parecía muy diferente de donde venía. Estaba sola, ningún guardia la acompañaba, pues ningún guardia sabía que se había escapado. Dejó su corona y la vestimenta cara detrás para poder pasar desapercibida mientras exploraba. Si es que podía. [Mercenary1x]
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  • -12B mientras explora los alrededores, no esperaba encontrarse con otro ser, por su forma de vestir, supo que no era integrante de Yorha o miembro ee la resistencia.

    Con curiosidad, 12B se acercó a él, mientras su pod volaba atrás de ella, manteniéndose alerta a lo que podría pasar.-

    Pod...


    -Dijo suavemente la androide a pod qué iba tras ella. -

    ¿Tienes información de ese sujeto?

    -Preguntó esperando la respuesta, el pod por su parte analiza de pies a cabeza a varón frente a ellos. -

    Pod
    Negativo..

    -Dijo el pod, para mala suerte de la androide y de pod, aquel hombre se dio cuenta pero parecía que no les haría nada, daba aires de que pese a el poder oculto que tiene, no les hará daño.

    12B seguida del pod se acercaron a darse cuenta que no es malo, solo fue para verlo más de cerca. -
    -12B mientras explora los alrededores, no esperaba encontrarse con otro ser, por su forma de vestir, supo que no era integrante de Yorha o miembro ee la resistencia. Con curiosidad, 12B se acercó a él, mientras su pod volaba atrás de ella, manteniéndose alerta a lo que podría pasar.- Pod... -Dijo suavemente la androide a pod qué iba tras ella. - ¿Tienes información de ese sujeto? -Preguntó esperando la respuesta, el pod por su parte analiza de pies a cabeza a varón frente a ellos. - Pod Negativo.. -Dijo el pod, para mala suerte de la androide y de pod, aquel hombre se dio cuenta pero parecía que no les haría nada, daba aires de que pese a el poder oculto que tiene, no les hará daño. 12B seguida del pod se acercaron a darse cuenta que no es malo, solo fue para verlo más de cerca. -
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  • ㅤㅤㅤㅤ
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝗣𝗥𝗜𝗠𝗘𝗥 𝗘𝗡𝗖𝗨𝗘𝗡𝗧𝗥𝗢

    ㅤㅤㅤ⸻ 𝐸𝑥𝑡𝑟𝑎𝑐𝑡𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟 𝑒𝑛𝑐𝑢𝑒𝑛𝑡𝑟𝑜 𝑑𝑒 𝐻𝑜𝑝𝑒 𝑦
    ㅤㅤㅤㅤDean Winchester, 𝑟𝑜𝑙 𝑓𝑒𝑐ℎ𝑎𝑑𝑜 𝑒𝑙 12 𝑑𝑒 𝐴𝑏𝑟𝑖𝑙 𝑑𝑒 2024. ⸻
    ㅤㅤㅤ

    𝑫𝒆𝒂𝒏 𝑷𝑶𝑽:
    A ese enclave le había llevado su necesidad de despejar la mente, de salir de aquella deprimente habitación del motel, para seguir pensando en lo mismo pero al menos con una cerveza delante de él y el ruido de todo un bar de fondo.

    Ruido que se amortigua ligeramente cuando un distraído Dean, que sentado en un taburete, se apoyaba en la barra, con el codo izquierdo, mientras su mano derecha jugaba con un botellín de cerveza ya vacío, nota un suave movimiento a su lado.
    Sin poder evitarlo levanta la mirada, dirigiéndola a la recién llegada y recorriéndola de arriba abajo, de manera disimulada, o así lo consideraba él.
    Después de aquel examen, y tras alzar las cejas ligeramente, se gira hacia el camarero antes de que se fuera y le enseña su botella vacía.

    — Ponme lo mismo que a ella.—

    Tras lo cual su atención vuelve a la joven.

    — Felicidades, has conseguido la atención de todo el mundo, soy Dean, por cierto.—




    𝑯𝒐𝒑𝒆 𝑷𝑶𝑽:
    La voz masculina llamó la atención de la tríbrida, quien ladeó ligeramente la cabeza. Obviamente no había sido consciente del repaso que la mirada del mayor le había hecho, por lo que lo siguiente que hizo Hope fue más bien un acto de curiosidad que un pulso…

    Los ojos azules repasaron el cuerpo masculino. Si aquello se viera desde fuera, en una serie de televisión resultaría hasta cómico y el espectador reiría al pensar: míralos, son iguales…

    La mirada azul de la Mikaelson recorrió al Winchester de arriba abajo, desde su rostro y aquellos sinceros ojos verdes, hasta su regazo ya que estaba acomodado en aquel taburete del bar. No quedaba duda de que era un tío alto, tenia hombros anchos y la suficiente confianza en si mismo como para hablar a una chica en un bar. Obviamente llevaba haciendo aquello muchos años, y debía saber perfectamente que Hope había pasado la edad legal para beber. Un experto que no caería en el apuro de hacer algo ilegal… Al menos de esa índole.

    Pues… Si hay algo más fino que el oído de un vampiro tríbrido es su olfato y el de Hope era… como un puñetero detector de mentiras. Era capaz de oler las pequeñas partículas de sangre, de sudor, de transferencia de al menos una docena de seres sobrenaturales. Olía igual que los viejos diarios de Alaric Saltzman.

    Un cazador.

    Y Hope no era estúpida.

    -Bueno…-se encogió de hombros y miró ligeramente a su alrededor- Lo mío nunca ha sido pasar desapercibida, tengo encanto. ¿Qué puedo decir?

    La tríbrida alargó su mano y se la tendió suavemente.

    -Hope -se presentó también. Y cuando el camarero puso un vaso de bourbon también delante de Dean ella señaló este con la mirada- Veo que tenemos el mismo refinado gusto en licores… -tomó su propio vaso y lo alzó levemente para brindar con el contrario.


    ㅤㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝗣𝗥𝗜𝗠𝗘𝗥 𝗘𝗡𝗖𝗨𝗘𝗡𝗧𝗥𝗢 ㅤㅤㅤ⸻ 𝐸𝑥𝑡𝑟𝑎𝑐𝑡𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟 𝑒𝑛𝑐𝑢𝑒𝑛𝑡𝑟𝑜 𝑑𝑒 𝐻𝑜𝑝𝑒 𝑦 ㅤㅤㅤㅤ[BxbyDriver], 𝑟𝑜𝑙 𝑓𝑒𝑐ℎ𝑎𝑑𝑜 𝑒𝑙 12 𝑑𝑒 𝐴𝑏𝑟𝑖𝑙 𝑑𝑒 2024. ⸻ ㅤㅤㅤ 𝑫𝒆𝒂𝒏 𝑷𝑶𝑽: A ese enclave le había llevado su necesidad de despejar la mente, de salir de aquella deprimente habitación del motel, para seguir pensando en lo mismo pero al menos con una cerveza delante de él y el ruido de todo un bar de fondo. Ruido que se amortigua ligeramente cuando un distraído Dean, que sentado en un taburete, se apoyaba en la barra, con el codo izquierdo, mientras su mano derecha jugaba con un botellín de cerveza ya vacío, nota un suave movimiento a su lado. Sin poder evitarlo levanta la mirada, dirigiéndola a la recién llegada y recorriéndola de arriba abajo, de manera disimulada, o así lo consideraba él. Después de aquel examen, y tras alzar las cejas ligeramente, se gira hacia el camarero antes de que se fuera y le enseña su botella vacía. — Ponme lo mismo que a ella.— Tras lo cual su atención vuelve a la joven. — Felicidades, has conseguido la atención de todo el mundo, soy Dean, por cierto.— 𝑯𝒐𝒑𝒆 𝑷𝑶𝑽: La voz masculina llamó la atención de la tríbrida, quien ladeó ligeramente la cabeza. Obviamente no había sido consciente del repaso que la mirada del mayor le había hecho, por lo que lo siguiente que hizo Hope fue más bien un acto de curiosidad que un pulso… Los ojos azules repasaron el cuerpo masculino. Si aquello se viera desde fuera, en una serie de televisión resultaría hasta cómico y el espectador reiría al pensar: míralos, son iguales… La mirada azul de la Mikaelson recorrió al Winchester de arriba abajo, desde su rostro y aquellos sinceros ojos verdes, hasta su regazo ya que estaba acomodado en aquel taburete del bar. No quedaba duda de que era un tío alto, tenia hombros anchos y la suficiente confianza en si mismo como para hablar a una chica en un bar. Obviamente llevaba haciendo aquello muchos años, y debía saber perfectamente que Hope había pasado la edad legal para beber. Un experto que no caería en el apuro de hacer algo ilegal… Al menos de esa índole. Pues… Si hay algo más fino que el oído de un vampiro tríbrido es su olfato y el de Hope era… como un puñetero detector de mentiras. Era capaz de oler las pequeñas partículas de sangre, de sudor, de transferencia de al menos una docena de seres sobrenaturales. Olía igual que los viejos diarios de Alaric Saltzman. Un cazador. Y Hope no era estúpida. -Bueno…-se encogió de hombros y miró ligeramente a su alrededor- Lo mío nunca ha sido pasar desapercibida, tengo encanto. ¿Qué puedo decir? La tríbrida alargó su mano y se la tendió suavemente. -Hope -se presentó también. Y cuando el camarero puso un vaso de bourbon también delante de Dean ella señaló este con la mirada- Veo que tenemos el mismo refinado gusto en licores… -tomó su propio vaso y lo alzó levemente para brindar con el contrario.
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  • -De pronto frente a tus ojos una grieta se abrio en el aire, mostrando un cielo oscuro y carmesi, un paronama lugubre y distante de un Alto e imponente castillo de Piedra Negra, separados en varios acantilados de piedra unidos por alargados puentes colgantes, en el fondo se veian grandes grietas que exhudaban vapores oscuros, y en el fondo, muy en la distancia se encontraba un Elfo, el cual observaba en tu direccion, al verte, pronuncio unas palabras en el viento-

    "Dejaras que tu curiosidad actue antes que tus temores, o continuaras tu camino. Elige bien."
    -De pronto frente a tus ojos una grieta se abrio en el aire, mostrando un cielo oscuro y carmesi, un paronama lugubre y distante de un Alto e imponente castillo de Piedra Negra, separados en varios acantilados de piedra unidos por alargados puentes colgantes, en el fondo se veian grandes grietas que exhudaban vapores oscuros, y en el fondo, muy en la distancia se encontraba un Elfo, el cual observaba en tu direccion, al verte, pronuncio unas palabras en el viento- "Dejaras que tu curiosidad actue antes que tus temores, o continuaras tu camino. Elige bien."
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  • -las brujas somos un feneomeno anti natural- Yuhi hablo mientras preparaba algunas pociones -nisiquiera somos parte de esta realidad, sin embargo el ser una criatura consiente tiene sus cosas, como es el deseo, fue gracias a el deseo de seguir observando y aprendiendo que saltamos sin dudarlo cuando su realidad se caia a pedasos por el abandono de los dioses, pero eso no cambiaba el hecho de que no perteneciamos... asi que tuvimos que improvizar- solto unas risitas al mismo tiempo que el caldero comenzaba a burbujear.

    -Si deseabamos qeudarnos debiamos adptarnos usnado lo que estaba al alcanze, sin embargo el tomar cuerpo y vidas hiba en contra de nuestros principios asi que debiamos ser creativas y en su lugar tomamos los conceptos de la realidad misma y les dimos cuerpo, desde cosas abstactas como la curiosidad y el amor por lo desconocido que es soy yo o el desea por la existencia hasta cosas tan simples como remplazar a los astros en concepto desde andromeda hasta la misma luna, es por eso que somos tan "raras"- con una sonrisa alegre tomo una botella para la pocion que estaba preparando antes de mirarte nuevamente -somos la inexcistencia misma una contradiccion divina y la razon del por que los dioses nos detestan hasta la medula pues somos lo que ellos no-

    https://music.youtube.com/watch?v=rH2obuzFpoo&si=v0NOq9Yl7V9fa0U2
    -las brujas somos un feneomeno anti natural- Yuhi hablo mientras preparaba algunas pociones -nisiquiera somos parte de esta realidad, sin embargo el ser una criatura consiente tiene sus cosas, como es el deseo, fue gracias a el deseo de seguir observando y aprendiendo que saltamos sin dudarlo cuando su realidad se caia a pedasos por el abandono de los dioses, pero eso no cambiaba el hecho de que no perteneciamos... asi que tuvimos que improvizar- solto unas risitas al mismo tiempo que el caldero comenzaba a burbujear. -Si deseabamos qeudarnos debiamos adptarnos usnado lo que estaba al alcanze, sin embargo el tomar cuerpo y vidas hiba en contra de nuestros principios asi que debiamos ser creativas y en su lugar tomamos los conceptos de la realidad misma y les dimos cuerpo, desde cosas abstactas como la curiosidad y el amor por lo desconocido que es soy yo o el desea por la existencia hasta cosas tan simples como remplazar a los astros en concepto desde andromeda hasta la misma luna, es por eso que somos tan "raras"- con una sonrisa alegre tomo una botella para la pocion que estaba preparando antes de mirarte nuevamente -somos la inexcistencia misma una contradiccion divina y la razon del por que los dioses nos detestan hasta la medula pues somos lo que ellos no- https://music.youtube.com/watch?v=rH2obuzFpoo&si=v0NOq9Yl7V9fa0U2
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