• #ConfesionesDecorosas

    Les he contado acerca de mi faceta de doble de accion? Pueden creer que aun para esa idiotez piden fotografias como si de verdad fueras a mostrar tu rostro? Quiero decir, en donde mas encontrarias a semejante y sexy especimen extraterrestre?
    #ConfesionesDecorosas Les he contado acerca de mi faceta de doble de accion? Pueden creer que aun para esa idiotez piden fotografias como si de verdad fueras a mostrar tu rostro? Quiero decir, en donde mas encontrarias a semejante y sexy especimen extraterrestre?
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  • [Escena: Es un atardecer en una iglesia cuyo dios ha sido olvidado. Casi vacía, la gente llega usualmente a descansar y rezar por sus respectivos dioses.

    Elizabeth está sentada dentro de la cabina de confesiones. En el lado de escucharlas de las personas. Ella apenas y puede ver sus rostros por los patrones de la madera recién pulida. Esta ciudad le pidió un favor: atender las iglesias. Y más que nada, hacer algunas "labores" divinas de clériga Para el desdén de Elizabeth. Ella no sabe ni tres cuartos sobre ser clériga Pero la gente, al escuchar sobre ella siendo bendecida por los dioses, pensaron ella seria apta para esta labor.

    Ella espera y espera. Hasta escuchar a ~tu personaje~ entrar a la cabina por la puerta del otro lado. Ella se sorprende un poco. No esperaba que alguien viniera buscando confesarse. Aún más en una iglesia sin un dios. Aunque pensándolo bien, si no tienes un dios, no tienes a qué temerle. Confesarte en ese sentido es solo una limpieza de conciencia. Liberar fantasmas internos.

    "Bienvenido, adelante. Confiesa lo que gustes. No importa lo grande o pequeño que esto sea."

    Le invita ella a sacar sus males y dudas que sientan amenazar sus corazones... los pesos de la conciencia. La voz de Elizabeth es suave como seda, dulce y femenina como esferas de azúcar.
    [Escena: Es un atardecer en una iglesia cuyo dios ha sido olvidado. Casi vacía, la gente llega usualmente a descansar y rezar por sus respectivos dioses. Elizabeth está sentada dentro de la cabina de confesiones. En el lado de escucharlas de las personas. Ella apenas y puede ver sus rostros por los patrones de la madera recién pulida. Esta ciudad le pidió un favor: atender las iglesias. Y más que nada, hacer algunas "labores" divinas de clériga Para el desdén de Elizabeth. Ella no sabe ni tres cuartos sobre ser clériga Pero la gente, al escuchar sobre ella siendo bendecida por los dioses, pensaron ella seria apta para esta labor. Ella espera y espera. Hasta escuchar a ~tu personaje~ entrar a la cabina por la puerta del otro lado. Ella se sorprende un poco. No esperaba que alguien viniera buscando confesarse. Aún más en una iglesia sin un dios. Aunque pensándolo bien, si no tienes un dios, no tienes a qué temerle. Confesarte en ese sentido es solo una limpieza de conciencia. Liberar fantasmas internos. "Bienvenido, adelante. Confiesa lo que gustes. No importa lo grande o pequeño que esto sea." Le invita ella a sacar sus males y dudas que sientan amenazar sus corazones... los pesos de la conciencia. La voz de Elizabeth es suave como seda, dulce y femenina como esferas de azúcar.
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  • ---

    Ella inspira incluso en el Silencio.

    En este tributo de maravillas, perdura una conquista;
    Ya consciente, la más amada;

    el terreno de mi corazón aún no ha sido tocado; por un beso tuyo;
    pero si la tarde que sangra; como un reflejo de mí mismo.

    Oh, me recreo en mí mismo para hallarte tan vestida;
    como una emperatriz de las estrellas;
    pero sin corona; más que con el grácil de tu sonrisa;
    tu matiz insalvable;
    ese que ha iluminado el aclarado de mis noches;
    en la que las que la Luna;
    me susurra promesas y candores ante un propio e inmortal amor.
    Que no comprendo.

    En el cosmos hemos sido uno;
    manos con manos;
    cuerpos entrelazados en la distancia;
    en los que se gobiernan la crisma de tus labios; sobre mí;
    Aunque no conozco el roce más que el de tus cabellos;
    sobre el génesis de mis mejillas.
    Mis rosas; mis más amargos sueños;
    quedan resquebrajados desde que existes en mis sueños;

    Ah, no existen suficientes confesiones;
    ante este cielo que sangra por tí;
    Y en el que he añorado el tributo de una majestad;
    en las que perdura tu rostro.
    Oh, sagradas son las cascadas de heraldos de invierno;
    que se derrite;
    en las que he imaginado amarte;

    Oh, como lo que debí medir y desmedir;
    Y ya no importa;
    mi propio eco, ese que proviene de la euforia;
    Más allá de marchar en la lontananza.
    de tanto en tanto se quebranta;
    En este; el amparo de una mañana que no llega.

    Pero tú; doncella de ébano y marfil;
    de sidéreo amar consagrado;
    me revistes con tus caricias;
    que como una;
    me vi raptar de tus mejillas;
    en el instante que te amé;
    sin conocerte.

    Un silencio que habla;
    tan solo por y para mí.

    --- Ella inspira incluso en el Silencio. En este tributo de maravillas, perdura una conquista; Ya consciente, la más amada; el terreno de mi corazón aún no ha sido tocado; por un beso tuyo; pero si la tarde que sangra; como un reflejo de mí mismo. Oh, me recreo en mí mismo para hallarte tan vestida; como una emperatriz de las estrellas; pero sin corona; más que con el grácil de tu sonrisa; tu matiz insalvable; ese que ha iluminado el aclarado de mis noches; en la que las que la Luna; me susurra promesas y candores ante un propio e inmortal amor. Que no comprendo. En el cosmos hemos sido uno; manos con manos; cuerpos entrelazados en la distancia; en los que se gobiernan la crisma de tus labios; sobre mí; Aunque no conozco el roce más que el de tus cabellos; sobre el génesis de mis mejillas. Mis rosas; mis más amargos sueños; quedan resquebrajados desde que existes en mis sueños; Ah, no existen suficientes confesiones; ante este cielo que sangra por tí; Y en el que he añorado el tributo de una majestad; en las que perdura tu rostro. Oh, sagradas son las cascadas de heraldos de invierno; que se derrite; en las que he imaginado amarte; Oh, como lo que debí medir y desmedir; Y ya no importa; mi propio eco, ese que proviene de la euforia; Más allá de marchar en la lontananza. de tanto en tanto se quebranta; En este; el amparo de una mañana que no llega. Pero tú; doncella de ébano y marfil; de sidéreo amar consagrado; me revistes con tus caricias; que como una; me vi raptar de tus mejillas; en el instante que te amé; sin conocerte. Un silencio que habla; tan solo por y para mí.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ¿Qué les parece si jugamos a las confesiones de quienes eran nuestros crushes en la infancia, adolescencia y algún otro que quieran agregar?(Con 3 basta).

    Comienzo: Cuando era adolescente, antes de los 2000's, mi crush indiscutible era Lucy Lawless en el papel de Xena: la princesa guerrera.

    Seguido de Jill Valentine de RE Némesis.

    Y no demoró nada en llegar a mi corazón Regina, de Dino Crisis. Qué hasta día de hoy lo sigue siendo.

    ¿Qué les parece si jugamos a las confesiones de quienes eran nuestros crushes en la infancia, adolescencia y algún otro que quieran agregar?(Con 3 basta). Comienzo: Cuando era adolescente, antes de los 2000's, mi crush indiscutible era Lucy Lawless en el papel de Xena: la princesa guerrera. Seguido de Jill Valentine de RE Némesis. Y no demoró nada en llegar a mi corazón Regina, de Dino Crisis. Qué hasta día de hoy lo sigue siendo.
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  • Desde aquella noche no se habían visto de nuevo.

    Una noche cargada de confesiones donde ambos se mostraron más vulnerables de lo que pretendían. Quizás por eso, al día siguiente y su noche, ni Kazuo ni 𝑬𝒍𝒊𝒛𝒂𝒃𝒆𝒕𝒉 se vieron. No por querer evitarse, sino quizás porque necesitaban tiempo para asentar los pensamientos y sensaciones de aquella noche.

    Kazuo había dedicado la mayor parte del día a preparar medicinas y atender a Milenka. Había suturado su herida, la cual estaba teniendo una excelente recuperación. Ya podría levantarse y hacer una vida "normal" dentro de las limitaciones; no podría hacer grandes esfuerzos aún.

    Lo que quedó de tarde, Kazuo fue a ver a su caballo. Este estaba más que bien atendido, pero aún así Kazuo era incapaz de estar demasiado tiempo sin verlo; había sido y era su fiel compañero en aquellos meses de viaje.

    La necesidad de Kazuo de visitar pronto su templo se hacía cada vez más latente. Podía usar su magia para entrar y salir del castillo sin ser visto. Pero no quería que la reina sintiera que este podría estar en cualquier momento observando o espiando a través de las sombras, por lo que prefería limitar sus habilidades a lo imprescindible. Así que necesitaba saber cuál era la salida real, aquella salida secreta usada en asedios para escapar la reina y los allegados, siempre y cuando aquella propuesta siguiese en pie.

    Apenas comenzó a despuntar el alba, Kazuo no pudo esperar más. Este no sabía dónde estaría Elizabeth, pero apostaría todo a que aquella obstinada mujer estaría inmersa en sus mapas, libros y pergaminos. Él no sabía dónde se encontraba dicha sala; pero el olor a velas, papel y el propio que Elizabeth dejaba tras de sí guiaban sus pasos con precisión.

    Entre los pasillos se cruzó con algunos consejeros, incluso con Gunar. Quien le dedicó lo que pareció una especie de gruñido de hastío al saludarle el zorro. En general, ninguno de aquellos con los que se había cruzado parecían estar cómodos con su presencia; excepto el servicio, que siempre era amable con él.

    Finalmente llegó a una puerta de madera maciza, donde el olor a pergamino antiguo se hacía más intenso. La puerta estaba entreabierta, por lo que Kazuo la abrió despacio, dando unos pequeños golpecitos con los nudillos para pedir permiso.

    -Su majestad...- se le hacía un poco raro llamarla así desde la noche anterior.

    -Otra noche sin dormir, supongo... Vengo porque necesito hablar sobre mi necesidad de poder salir del castillo. Ya que tengo prohibido salir de este por evitar... revuelos... - dijo el zorro con esa calma tan característica en él.
    Desde aquella noche no se habían visto de nuevo. Una noche cargada de confesiones donde ambos se mostraron más vulnerables de lo que pretendían. Quizás por eso, al día siguiente y su noche, ni Kazuo ni [Liz_bloodFlame] se vieron. No por querer evitarse, sino quizás porque necesitaban tiempo para asentar los pensamientos y sensaciones de aquella noche. Kazuo había dedicado la mayor parte del día a preparar medicinas y atender a Milenka. Había suturado su herida, la cual estaba teniendo una excelente recuperación. Ya podría levantarse y hacer una vida "normal" dentro de las limitaciones; no podría hacer grandes esfuerzos aún. Lo que quedó de tarde, Kazuo fue a ver a su caballo. Este estaba más que bien atendido, pero aún así Kazuo era incapaz de estar demasiado tiempo sin verlo; había sido y era su fiel compañero en aquellos meses de viaje. La necesidad de Kazuo de visitar pronto su templo se hacía cada vez más latente. Podía usar su magia para entrar y salir del castillo sin ser visto. Pero no quería que la reina sintiera que este podría estar en cualquier momento observando o espiando a través de las sombras, por lo que prefería limitar sus habilidades a lo imprescindible. Así que necesitaba saber cuál era la salida real, aquella salida secreta usada en asedios para escapar la reina y los allegados, siempre y cuando aquella propuesta siguiese en pie. Apenas comenzó a despuntar el alba, Kazuo no pudo esperar más. Este no sabía dónde estaría Elizabeth, pero apostaría todo a que aquella obstinada mujer estaría inmersa en sus mapas, libros y pergaminos. Él no sabía dónde se encontraba dicha sala; pero el olor a velas, papel y el propio que Elizabeth dejaba tras de sí guiaban sus pasos con precisión. Entre los pasillos se cruzó con algunos consejeros, incluso con Gunar. Quien le dedicó lo que pareció una especie de gruñido de hastío al saludarle el zorro. En general, ninguno de aquellos con los que se había cruzado parecían estar cómodos con su presencia; excepto el servicio, que siempre era amable con él. Finalmente llegó a una puerta de madera maciza, donde el olor a pergamino antiguo se hacía más intenso. La puerta estaba entreabierta, por lo que Kazuo la abrió despacio, dando unos pequeños golpecitos con los nudillos para pedir permiso. -Su majestad...- se le hacía un poco raro llamarla así desde la noche anterior. -Otra noche sin dormir, supongo... Vengo porque necesito hablar sobre mi necesidad de poder salir del castillo. Ya que tengo prohibido salir de este por evitar... revuelos... - dijo el zorro con esa calma tan característica en él.
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  • ((Escena cerrada. Referencia a https://ficrol.com/posts/361632 ))

    Solo por una noche.
    Solo por una noche —por menos de lo que duró aquella— dejaron las etiquetas de lado. Hubo confesiones: algunas, secretos ancestrales; otras, verdades crudas; otras más, fragmentos de pasados marcados por el dolor compartido.

    Dejaron atrás, aunque fuera por un instante, todo aquello que los definía, para ser simplemente dos jóvenes: uno en espíritu y la otra en edad. Parecían cómplices de una travesura entre los largos pasillos de piedra, aferrándose a una adrenalina que, en algún momento, les fue arrebatada por las circunstancias que habían moldeado sus vidas.

    Ambos se sintieron vulnerables entre palabras, miradas y gestos. Temían incluso de sí mismos, al descubrir emociones para las que aún no existía un nombre.
    Aquella noche no fueron “el sanador” ni “su majestad”… Aquella noche fueron Kazuo y Elizabeth, sin miradas que juzgaran sus palabras o sus actos.

    Pero lo triste de aquella historia era que la realidad siempre termina golpeando con fuerza. Sus mundos —y sus propios miedos— alzaban muros que parecían impenetrables. Y aun así… siempre existía la posibilidad de encontrar alguna grieta entre ellos.

    𝑬𝒍𝒊𝒛𝒂𝒃𝒆𝒕𝒉
    ((Escena cerrada. Referencia a https://ficrol.com/posts/361632 )) Solo por una noche. Solo por una noche —por menos de lo que duró aquella— dejaron las etiquetas de lado. Hubo confesiones: algunas, secretos ancestrales; otras, verdades crudas; otras más, fragmentos de pasados marcados por el dolor compartido. Dejaron atrás, aunque fuera por un instante, todo aquello que los definía, para ser simplemente dos jóvenes: uno en espíritu y la otra en edad. Parecían cómplices de una travesura entre los largos pasillos de piedra, aferrándose a una adrenalina que, en algún momento, les fue arrebatada por las circunstancias que habían moldeado sus vidas. Ambos se sintieron vulnerables entre palabras, miradas y gestos. Temían incluso de sí mismos, al descubrir emociones para las que aún no existía un nombre. Aquella noche no fueron “el sanador” ni “su majestad”… Aquella noche fueron Kazuo y Elizabeth, sin miradas que juzgaran sus palabras o sus actos. Pero lo triste de aquella historia era que la realidad siempre termina golpeando con fuerza. Sus mundos —y sus propios miedos— alzaban muros que parecían impenetrables. Y aun así… siempre existía la posibilidad de encontrar alguna grieta entre ellos. [Liz_bloodFlame]
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    Confesiones, la mayoría de mis escritos y poemas siempre son pensadon en él XD
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  • 𝐋𝐚 𝐧𝐚𝐭𝐮𝐫𝐚𝐥𝐞𝐳𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐞𝐬𝐢𝐨́𝐧.





    El hombre habla con la urgencia de quien teme que el silencio revele demasiado. Sus palabras llegan en ráfagas desordenadas: insomnio, ansiedad, una irritación constante que dice no comprender. Intenta hilar los hechos como si fuesen síntomas de algo externo, algo que pudiera señalarse, nombrarse, tratarse.

    Frente a él, el Dr. Lecter permanece inmóvil.

    Las manos descansan entrelazadas por encima de una de sus rodillas, las cuales están cruzadas una encima de la otra. La postura es impecable, la expresión serena, casi indulgente. A primera vista parece la imagen perfecta de la atención profesional. El paciente interpreta esa quietud como paciencia. Como compasión.

    Es un error garrafal como delicado, cabe mencionar. Hannibal escucha, sí, pero no las palabras.

    Observa.

    El ritmo irregular de la respiración. La forma en que los dedos del hombre se crispan cuando menciona a su hermano. La manera casi imperceptible en que su mirada se aparta cada vez que la conversación se aproxima a algo que preferiría no mirar directamente. Las confesiones humanas rara vez se encuentran en lo que dice.

    𝑆𝑒 𝑒𝑠𝑐𝑜𝑛𝑑𝑒𝑛 𝑒𝑛 𝑙𝑜𝑠 𝑝𝑒𝑞𝑢𝑒𝑛̃𝑜𝑠 𝑎𝑐𝑡𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑒𝑣𝑎𝑠𝑖𝑜́𝑛.

    Qué criatura más transparente, piensa Hannibal con una calma que roza lo contemplativo.

    El paciente continúa hablando, ahora más rápido, como si el simple acto de hablar pudiera mantener a raya aquello que se agita en su interior. Habla de frustración. De rabia contenida, o de una incomodidad de impulso.

    La palabra no llega siquiera a pronunciarse. No todavía.

    Hannibal inclina apenas la cabeza, observándolo como un conservador de museo examinaría una pintura antigua bajo una luz más cuidadosa. Cada grieta en la superficie revela algo del artista.

    Cada silencio revela algo del alma.

    El paciente finalmente se queda sin palabras. El aire del consultorio se aquieta, cargado con esa tensión suave que aparece cuando alguien espera ser juzgado.

    El Dr. Lecter sostiene su mirada durante un instante. Luego una leve sonrisa, tan educada como inescrutable, aparece en sus labios.

    —Es curioso —dice finalmente, con una voz baja y perfectamente cálida—.

    Una pausa elegante, casi pensativa.

    —Las personas suelen venir aquí creyendo que desean respuestas.

    Sus ojos permanecen tranquilos, atentos.

    —Pero con frecuencia... lo que realmente buscan es permiso para reconocer aquello que ya saben.
    𝐋𝐚 𝐧𝐚𝐭𝐮𝐫𝐚𝐥𝐞𝐳𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐞𝐬𝐢𝐨́𝐧. El hombre habla con la urgencia de quien teme que el silencio revele demasiado. Sus palabras llegan en ráfagas desordenadas: insomnio, ansiedad, una irritación constante que dice no comprender. Intenta hilar los hechos como si fuesen síntomas de algo externo, algo que pudiera señalarse, nombrarse, tratarse. Frente a él, el Dr. Lecter permanece inmóvil. Las manos descansan entrelazadas por encima de una de sus rodillas, las cuales están cruzadas una encima de la otra. La postura es impecable, la expresión serena, casi indulgente. A primera vista parece la imagen perfecta de la atención profesional. El paciente interpreta esa quietud como paciencia. Como compasión. Es un error garrafal como delicado, cabe mencionar. Hannibal escucha, sí, pero no las palabras. Observa. El ritmo irregular de la respiración. La forma en que los dedos del hombre se crispan cuando menciona a su hermano. La manera casi imperceptible en que su mirada se aparta cada vez que la conversación se aproxima a algo que preferiría no mirar directamente. Las confesiones humanas rara vez se encuentran en lo que dice. 𝑆𝑒 𝑒𝑠𝑐𝑜𝑛𝑑𝑒𝑛 𝑒𝑛 𝑙𝑜𝑠 𝑝𝑒𝑞𝑢𝑒𝑛̃𝑜𝑠 𝑎𝑐𝑡𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑒𝑣𝑎𝑠𝑖𝑜́𝑛. Qué criatura más transparente, piensa Hannibal con una calma que roza lo contemplativo. El paciente continúa hablando, ahora más rápido, como si el simple acto de hablar pudiera mantener a raya aquello que se agita en su interior. Habla de frustración. De rabia contenida, o de una incomodidad de impulso. La palabra no llega siquiera a pronunciarse. No todavía. Hannibal inclina apenas la cabeza, observándolo como un conservador de museo examinaría una pintura antigua bajo una luz más cuidadosa. Cada grieta en la superficie revela algo del artista. Cada silencio revela algo del alma. El paciente finalmente se queda sin palabras. El aire del consultorio se aquieta, cargado con esa tensión suave que aparece cuando alguien espera ser juzgado. El Dr. Lecter sostiene su mirada durante un instante. Luego una leve sonrisa, tan educada como inescrutable, aparece en sus labios. —Es curioso —dice finalmente, con una voz baja y perfectamente cálida—. Una pausa elegante, casi pensativa. —Las personas suelen venir aquí creyendo que desean respuestas. Sus ojos permanecen tranquilos, atentos. —Pero con frecuencia... lo que realmente buscan es permiso para reconocer aquello que ya saben.
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    ╔═══ ✧༺ 𝑰𝑺𝑯𝑻𝑨𝑹’𝑺 𝑪𝑶𝑴𝑴𝑨𝑵𝑫𝑬𝑹 ༻✧ ═══╗
    Edición Suprema — “Paparazzi Paradise”
    ╚══════════════════════════════════╝

    ╭─────── ❖ FICHA EXTENDIDA IMPERIAL ❖ ───────╮

    Revista: ISHTAR’S COMMANDER
    🏛 Agencia: Ishtar’s Demonic Déesse Infernal Glamour
    Número: 01 — Septiembre 2024
    Clasificación: Portada Élite de Dominio Estratégico
    Impacto global: Tendencia viral multireino

    ╰────────────────────────────────────╯

    ✦༺━━━━━━━━━━━━━━━━━━༻✦

    MODELO ESTELAR PROTAGÓNICA

    Fubuki Azuma — La Comandante Carmesí
    ┊ Rango editorial: Líder Icónica
    ┊ Aura visual: Dominio calculado
    ┊ Mirada: Superioridad táctica
    ┊ Presencia: Imponente sin esfuerzo

    Leyenda interna:

    “No conquista territorios… conquista voluntades.”

    ✦༺━━━━━━━━━━━━━━━━━━༻✦

    CONCEPTO ARTÍSTICO DE PORTADA

    🎖 Tema central → Poder + Estética Militar
    Escenario → Base táctica mediática
    Mensaje → La autoridad también puede ser elegante

    Simbolismo visual:
    ▸ Hombreras doradas → jerarquía absoluta
    ▸ Uniforme oscuro → disciplina y misterio
    ▸ Flash de cámaras → reconocimiento mundial

    ✦༺━━━━━━━━━━━━━━━━━━༻✦

    TITULARES PRINCIPALES

    EXCLUSIVA MUNDIAL: La comandante rompe el silencio
    Estrategia & Estilo: El uniforme que define una era
    Confesiones de trinchera: Secretos de su ascenso
    El secreto de Ishtar: Estética táctica revelada

    Cada titular representa un pilar del imperio visual:
    Autoridad • Imagen • Influencia • Dominio

    ✦༺━━━━━━━━━━━━━━━━━━༻✦

    DIRECCIÓN CREATIVA

    Estilo editorial:
    Military Glam Prestige

    Inspiración visual:
    Reportaje bélico + alta moda imperial

    Paleta simbólica:
    Negro → control
    Oro → supremacía
    Carmesí → liderazgo

    ✦༺━━━━━━━━━━━━━━━━━━༻✦

    ARCHIVO INTERNO DE AGENCIA

    Nombre clave:
    “Operación Reina de Hierro”

    Nivel de rareza editorial:
    ★★★★★ — Reliquia de portada

    Estado histórico:
    Registro fundacional del linaje COMMANDER

    ✦༺━━━━━━━━━━━━━━━━━━༻✦

    ╔═══════════ ✦ FRASE INSIGNIA ✦ ═══════════╗
    “El mundo enfoca sus cámaras…
    pero ella enfoca el destino.”
    ╚═════════════════════════════════════════╝
    ╔═══ ⚔️✧༺ 𝑰𝑺𝑯𝑻𝑨𝑹’𝑺 𝑪𝑶𝑴𝑴𝑨𝑵𝑫𝑬𝑹 ༻✧⚔️ ═══╗ Edición Suprema — “Paparazzi Paradise” ╚══════════════════════════════════╝ ╭─────── ❖ FICHA EXTENDIDA IMPERIAL ❖ ───────╮ 📖 Revista: ISHTAR’S COMMANDER 🏛 Agencia: Ishtar’s Demonic Déesse Infernal Glamour 📅 Número: 01 — Septiembre 2024 💎 Clasificación: Portada Élite de Dominio Estratégico 🔥 Impacto global: Tendencia viral multireino ╰────────────────────────────────────╯ ✦༺━━━━━━━━━━━━━━━━━━༻✦ 👑 MODELO ESTELAR PROTAGÓNICA ⚜️ Fubuki Azuma — La Comandante Carmesí ┊ Rango editorial: Líder Icónica ┊ Aura visual: Dominio calculado ┊ Mirada: Superioridad táctica ┊ Presencia: Imponente sin esfuerzo Leyenda interna: “No conquista territorios… conquista voluntades.” ✦༺━━━━━━━━━━━━━━━━━━༻✦ 🪖 CONCEPTO ARTÍSTICO DE PORTADA 🎖 Tema central → Poder + Estética Militar 📸 Escenario → Base táctica mediática ✨ Mensaje → La autoridad también puede ser elegante Simbolismo visual: ▸ Hombreras doradas → jerarquía absoluta ▸ Uniforme oscuro → disciplina y misterio ▸ Flash de cámaras → reconocimiento mundial ✦༺━━━━━━━━━━━━━━━━━━༻✦ 📰 TITULARES PRINCIPALES 🔥 EXCLUSIVA MUNDIAL: La comandante rompe el silencio 🎯 Estrategia & Estilo: El uniforme que define una era 📜 Confesiones de trinchera: Secretos de su ascenso 🔱 El secreto de Ishtar: Estética táctica revelada Cada titular representa un pilar del imperio visual: Autoridad • Imagen • Influencia • Dominio ✦༺━━━━━━━━━━━━━━━━━━༻✦ 🎨 DIRECCIÓN CREATIVA Estilo editorial: ⚜️ Military Glam Prestige Inspiración visual: 📷 Reportaje bélico + alta moda imperial Paleta simbólica: 🖤 Negro → control 🥇 Oro → supremacía 🔴 Carmesí → liderazgo ✦༺━━━━━━━━━━━━━━━━━━༻✦ 🏆 ARCHIVO INTERNO DE AGENCIA Nombre clave: “Operación Reina de Hierro” Nivel de rareza editorial: ★★★★★ — Reliquia de portada Estado histórico: 📜 Registro fundacional del linaje COMMANDER ✦༺━━━━━━━━━━━━━━━━━━༻✦ ╔═══════════ ✦ FRASE INSIGNIA ✦ ═══════════╗ “El mundo enfoca sus cámaras… pero ella enfoca el destino.” ╚═════════════════════════════════════════╝
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  • La desaparición de Kagehiro fue como el rastro de humo de un cigarrillo en una habitación sin ventilación...simplemente dejó de estar allí.

    El mundo literario, con su memoria de pez, llenó el vacío con conjeturas vacías. Se hablaba de una enfermedad degenerativa, de un exilio espiritual en una isla remota o de un enredo legal tan complejo como una novela de Kafka.
    Nadie sabía nada. En el fondo, a nadie le importaba lo suficiente. El mundo del entretenimiento es una máquina que no tolera los espacios en blanco; si alguien se retira, la máquina simplemente ajusta sus engranajes y sigue girando buscando alguien nuevo para seguir trabajando.

    Cuando se anunció la adaptación de su obra al formato de serie en Corea del Sur, Kagehiro se limitó a enviar una nota breve, casi aséptica. No hubo conferencias de prensa ni confesiones sentimentales. Se limitó a decir, con esa frialdad técnica que lo caracterizaba, que le complacía que sus historias encontraran un eco en Seúl. Nada más. Nada menos.

    Pasó un año. Un año de grabaciones, de cortes de edición y de silencios acumulados. Entonces llegó la invitación para la alfombra roja.

    "Necesito una invitación adicional, te adjunto los datos de la persona" mando e-mail Kagehiro a su manager.

    Fue la única instrucción que recibió su manager. No era una petición; era una orden, de esas que él nunca daba porque siempre andaba de apático. Por primera vez en años, Kagehiro no solo asistiría, sino que traería consigo una pieza del rompecabezas que había mantenido oculto.

    Cuando el manager vio el nombre para la segunda acreditación, comprendió que los rumores habían fallado en su objetivo, como una flecha disparada en la oscuridad. No se trataba de una mujer. Había algo profundamente irónico en ello: el hombre que había diseccionado el deseo femenino en sus novelas eróticas, el autor que había cartografiado el romance sentimental con una precisión casi quirúrgica, se disponía a caminar hacia la luz tomado de la mano de otro hombre.

    La noche del estreno tenía ese aire pesado de las ciudades antes de la lluvia. Al bajar del coche, el estruendo de los flashes y las preguntas fue inmediato.

    Las cámaras buscaban una grieta, una señal de arrepentimiento o de escándalo. Hubo voces teñidas de esa homofobia rancia que aún flota en el aire de las ciudades modernas con el tradicionalismo asiático, olvidando que por años siempre ha existido la diversidad de preferencia sexual y géneros con otros nombres; pero también hubo gritos de aceptación, de fans que intentaban encontrar los fragmentos de esa relación oculta en las páginas de sus libros.

    Takeo, sin embargo, no parecía escuchar el ruido.

    Sonreía con esa clase de felicidad silenciosa que no necesita ser explicada, una felicidad que se siente como escuchar su viejo disco de jazz en un domingo por la tarde.

    Takeo lo sostenía de la mano, lo mantenía cerca, con una naturalidad que hacía que el resto del mundo pareciera una puesta en escena innecesaria.
    En ese momento, entre el asfalto ligeramente mojado y las luces, no había miedo.

    Solo dos hombres que habían decidido que el tiempo de las sombras había terminado. - -
    La desaparición de Kagehiro fue como el rastro de humo de un cigarrillo en una habitación sin ventilación...simplemente dejó de estar allí. El mundo literario, con su memoria de pez, llenó el vacío con conjeturas vacías. Se hablaba de una enfermedad degenerativa, de un exilio espiritual en una isla remota o de un enredo legal tan complejo como una novela de Kafka. Nadie sabía nada. En el fondo, a nadie le importaba lo suficiente. El mundo del entretenimiento es una máquina que no tolera los espacios en blanco; si alguien se retira, la máquina simplemente ajusta sus engranajes y sigue girando buscando alguien nuevo para seguir trabajando. Cuando se anunció la adaptación de su obra al formato de serie en Corea del Sur, Kagehiro se limitó a enviar una nota breve, casi aséptica. No hubo conferencias de prensa ni confesiones sentimentales. Se limitó a decir, con esa frialdad técnica que lo caracterizaba, que le complacía que sus historias encontraran un eco en Seúl. Nada más. Nada menos. Pasó un año. Un año de grabaciones, de cortes de edición y de silencios acumulados. Entonces llegó la invitación para la alfombra roja. "Necesito una invitación adicional, te adjunto los datos de la persona" mando e-mail Kagehiro a su manager. Fue la única instrucción que recibió su manager. No era una petición; era una orden, de esas que él nunca daba porque siempre andaba de apático. Por primera vez en años, Kagehiro no solo asistiría, sino que traería consigo una pieza del rompecabezas que había mantenido oculto. Cuando el manager vio el nombre para la segunda acreditación, comprendió que los rumores habían fallado en su objetivo, como una flecha disparada en la oscuridad. No se trataba de una mujer. Había algo profundamente irónico en ello: el hombre que había diseccionado el deseo femenino en sus novelas eróticas, el autor que había cartografiado el romance sentimental con una precisión casi quirúrgica, se disponía a caminar hacia la luz tomado de la mano de otro hombre. La noche del estreno tenía ese aire pesado de las ciudades antes de la lluvia. Al bajar del coche, el estruendo de los flashes y las preguntas fue inmediato. Las cámaras buscaban una grieta, una señal de arrepentimiento o de escándalo. Hubo voces teñidas de esa homofobia rancia que aún flota en el aire de las ciudades modernas con el tradicionalismo asiático, olvidando que por años siempre ha existido la diversidad de preferencia sexual y géneros con otros nombres; pero también hubo gritos de aceptación, de fans que intentaban encontrar los fragmentos de esa relación oculta en las páginas de sus libros. Takeo, sin embargo, no parecía escuchar el ruido. Sonreía con esa clase de felicidad silenciosa que no necesita ser explicada, una felicidad que se siente como escuchar su viejo disco de jazz en un domingo por la tarde. Takeo lo sostenía de la mano, lo mantenía cerca, con una naturalidad que hacía que el resto del mundo pareciera una puesta en escena innecesaria. En ese momento, entre el asfalto ligeramente mojado y las luces, no había miedo. Solo dos hombres que habían decidido que el tiempo de las sombras había terminado. - -
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