[Escena: Es un atardecer en una iglesia cuyo dios ha sido olvidado. Casi vacía, la gente llega usualmente a descansar y rezar por sus respectivos dioses.
Elizabeth está sentada dentro de la cabina de confesiones. En el lado de escucharlas de las personas. Ella apenas y puede ver sus rostros por los patrones de la madera recién pulida. Esta ciudad le pidió un favor: atender las iglesias. Y más que nada, hacer algunas "labores" divinas de clériga Para el desdén de Elizabeth. Ella no sabe ni tres cuartos sobre ser clériga Pero la gente, al escuchar sobre ella siendo bendecida por los dioses, pensaron ella seria apta para esta labor.
Ella espera y espera. Hasta escuchar a ~tu personaje~ entrar a la cabina por la puerta del otro lado. Ella se sorprende un poco. No esperaba que alguien viniera buscando confesarse. Aún más en una iglesia sin un dios. Aunque pensándolo bien, si no tienes un dios, no tienes a qué temerle. Confesarte en ese sentido es solo una limpieza de conciencia. Liberar fantasmas internos.
"Bienvenido, adelante. Confiesa lo que gustes. No importa lo grande o pequeño que esto sea."
Le invita ella a sacar sus males y dudas que sientan amenazar sus corazones... los pesos de la conciencia. La voz de Elizabeth es suave como seda, dulce y femenina como esferas de azúcar.
Elizabeth está sentada dentro de la cabina de confesiones. En el lado de escucharlas de las personas. Ella apenas y puede ver sus rostros por los patrones de la madera recién pulida. Esta ciudad le pidió un favor: atender las iglesias. Y más que nada, hacer algunas "labores" divinas de clériga Para el desdén de Elizabeth. Ella no sabe ni tres cuartos sobre ser clériga Pero la gente, al escuchar sobre ella siendo bendecida por los dioses, pensaron ella seria apta para esta labor.
Ella espera y espera. Hasta escuchar a ~tu personaje~ entrar a la cabina por la puerta del otro lado. Ella se sorprende un poco. No esperaba que alguien viniera buscando confesarse. Aún más en una iglesia sin un dios. Aunque pensándolo bien, si no tienes un dios, no tienes a qué temerle. Confesarte en ese sentido es solo una limpieza de conciencia. Liberar fantasmas internos.
"Bienvenido, adelante. Confiesa lo que gustes. No importa lo grande o pequeño que esto sea."
Le invita ella a sacar sus males y dudas que sientan amenazar sus corazones... los pesos de la conciencia. La voz de Elizabeth es suave como seda, dulce y femenina como esferas de azúcar.
[Escena: Es un atardecer en una iglesia cuyo dios ha sido olvidado. Casi vacía, la gente llega usualmente a descansar y rezar por sus respectivos dioses.
Elizabeth está sentada dentro de la cabina de confesiones. En el lado de escucharlas de las personas. Ella apenas y puede ver sus rostros por los patrones de la madera recién pulida. Esta ciudad le pidió un favor: atender las iglesias. Y más que nada, hacer algunas "labores" divinas de clériga Para el desdén de Elizabeth. Ella no sabe ni tres cuartos sobre ser clériga Pero la gente, al escuchar sobre ella siendo bendecida por los dioses, pensaron ella seria apta para esta labor.
Ella espera y espera. Hasta escuchar a ~tu personaje~ entrar a la cabina por la puerta del otro lado. Ella se sorprende un poco. No esperaba que alguien viniera buscando confesarse. Aún más en una iglesia sin un dios. Aunque pensándolo bien, si no tienes un dios, no tienes a qué temerle. Confesarte en ese sentido es solo una limpieza de conciencia. Liberar fantasmas internos.
"Bienvenido, adelante. Confiesa lo que gustes. No importa lo grande o pequeño que esto sea."
Le invita ella a sacar sus males y dudas que sientan amenazar sus corazones... los pesos de la conciencia. La voz de Elizabeth es suave como seda, dulce y femenina como esferas de azúcar.