• Otra vez mirando al cielo a punto de morir.
    El agua helada del río se cerraba sobre mí como un puño de hierro líquido, tiñéndose de un rojo oscuro que se diluía en remolinos perezosos. El cielo era un borrón sucio de nubes bajas, sin estrellas que valieran la pena, solo ese turquesa enfermizo que reflejaba mi propia ruina. La sangre brotaba caliente desde el flanco destrozado, donde las garras de la bestia habían rasgado la armadura como si fuera pergamino viejo.

    Una bestia salida de las profundidades, un engendro de escamas negras y ojos como brasas, mitad dragón fallido, mitad pesadilla olvidada. Me había emboscado en el vado, rugiendo con un hambre antigua, y yo había sido lo suficientemente estúpido como para plantarle cara solo. La espada yacía a un palmo de mi mano, la hoja mellada y manchada de icor negro que aún humeaba en el agua fría. Recordaba el impacto, el crujido de las placas al ceder, el aliento fétido que olía a carne podrida. Había clavado el acero en su cuello, sí. Pero la bestia se había llevado un trozo de mí antes de huir, aullando, hacia las sombras del bosque.
    El frío subía por mi cuello. El mundo se volvía más lento, más pesado.

    ¿𝐶𝑢𝑎́𝑛𝑡𝑎𝑠 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠 𝑚𝑎́𝑠 𝑣𝑎𝑠 𝑎 𝑒𝑠𝑐𝑢𝑝𝑖𝑟𝑚𝑒 𝑑𝑒 𝑣𝑢𝑒𝑙𝑡𝑎.ᐣ

    Cerré los ojos un segundo y vi flashes, las caras de las personas que vi morir a lo largo de esta existencia sin sentido. Mis dedos intentaron rozar la empuñadura, el dolor era un viejo compañero, casi reconfortante. Tosí, y el agua se tiñó más de rojo.

    𝐵𝑒𝑠𝑡𝑖𝑎 𝑑𝑒 𝑚𝑖𝑒𝑟𝑑𝑎...

    Murmuré al cielo vacío, con una risa que se ahogó en burbujas.

    𝐴𝑙 𝑚𝑒𝑛𝑜𝑠 𝑒𝑠𝑡𝑎 𝑣𝑒𝑧 𝑛𝑜 𝑓𝑢𝑒 𝑢𝑛 𝘩𝑢𝑚𝑎𝑛𝑜 𝑡𝑟𝑎𝑖𝑐𝑖𝑜𝑛𝑎́𝑛𝑑𝑜𝑚𝑒. 𝐶𝑎𝑠𝑖 𝑒𝑠 𝑢𝑛 𝘩𝑜𝑛𝑜𝑟.

    El río seguía tirando de mí hacia abajo. Pero mis ojos seguían abiertos, clavados en esa nada turquesa, desafiando al destino una vez más.
    Otra vez mirando al cielo a punto de morir. El agua helada del río se cerraba sobre mí como un puño de hierro líquido, tiñéndose de un rojo oscuro que se diluía en remolinos perezosos. El cielo era un borrón sucio de nubes bajas, sin estrellas que valieran la pena, solo ese turquesa enfermizo que reflejaba mi propia ruina. La sangre brotaba caliente desde el flanco destrozado, donde las garras de la bestia habían rasgado la armadura como si fuera pergamino viejo. Una bestia salida de las profundidades, un engendro de escamas negras y ojos como brasas, mitad dragón fallido, mitad pesadilla olvidada. Me había emboscado en el vado, rugiendo con un hambre antigua, y yo había sido lo suficientemente estúpido como para plantarle cara solo. La espada yacía a un palmo de mi mano, la hoja mellada y manchada de icor negro que aún humeaba en el agua fría. Recordaba el impacto, el crujido de las placas al ceder, el aliento fétido que olía a carne podrida. Había clavado el acero en su cuello, sí. Pero la bestia se había llevado un trozo de mí antes de huir, aullando, hacia las sombras del bosque. El frío subía por mi cuello. El mundo se volvía más lento, más pesado. ¿𝐶𝑢𝑎́𝑛𝑡𝑎𝑠 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠 𝑚𝑎́𝑠 𝑣𝑎𝑠 𝑎 𝑒𝑠𝑐𝑢𝑝𝑖𝑟𝑚𝑒 𝑑𝑒 𝑣𝑢𝑒𝑙𝑡𝑎.ᐣ Cerré los ojos un segundo y vi flashes, las caras de las personas que vi morir a lo largo de esta existencia sin sentido. Mis dedos intentaron rozar la empuñadura, el dolor era un viejo compañero, casi reconfortante. Tosí, y el agua se tiñó más de rojo. 𝐵𝑒𝑠𝑡𝑖𝑎 𝑑𝑒 𝑚𝑖𝑒𝑟𝑑𝑎... Murmuré al cielo vacío, con una risa que se ahogó en burbujas. 𝐴𝑙 𝑚𝑒𝑛𝑜𝑠 𝑒𝑠𝑡𝑎 𝑣𝑒𝑧 𝑛𝑜 𝑓𝑢𝑒 𝑢𝑛 𝘩𝑢𝑚𝑎𝑛𝑜 𝑡𝑟𝑎𝑖𝑐𝑖𝑜𝑛𝑎́𝑛𝑑𝑜𝑚𝑒. 𝐶𝑎𝑠𝑖 𝑒𝑠 𝑢𝑛 𝘩𝑜𝑛𝑜𝑟. El río seguía tirando de mí hacia abajo. Pero mis ojos seguían abiertos, clavados en esa nada turquesa, desafiando al destino una vez más.
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  • La luz del atardecer se filtraba entre las hojas, dibujando manchas doradas sobre el sendero de piedra. La joven mujer avanzaba lentamente, sosteniendo un viejo libro. Había escapado del bullicio de la academia una vez más después de mucho tiempo. Los estudiantes, las reuniones y las responsabilidades podían esperar unas horas.

    El bosque, fuera de ser exigente, la deliraba con el suave murmullo de las hojas y el canto lejano de las aves. El cálido piso de piedra le recordaba, que no importaba que tan imponente fuera su apellido o que tan alta sea su reputación, aún podía permitirse sentir con libertad.

    Todo resultaba tan íntimo hasta que la inconfundible sensación de que alguien la observaba desde algún lugar se presentó.
    Sue levantó la mirada lentamente y examinó su alrededor.

    —Puedes salir.

    Su voz fue serena.

    —No te haré daño, solo dime ¿Que he hecho para ser vigilada?
    La luz del atardecer se filtraba entre las hojas, dibujando manchas doradas sobre el sendero de piedra. La joven mujer avanzaba lentamente, sosteniendo un viejo libro. Había escapado del bullicio de la academia una vez más después de mucho tiempo. Los estudiantes, las reuniones y las responsabilidades podían esperar unas horas. El bosque, fuera de ser exigente, la deliraba con el suave murmullo de las hojas y el canto lejano de las aves. El cálido piso de piedra le recordaba, que no importaba que tan imponente fuera su apellido o que tan alta sea su reputación, aún podía permitirse sentir con libertad. Todo resultaba tan íntimo hasta que la inconfundible sensación de que alguien la observaba desde algún lugar se presentó. Sue levantó la mirada lentamente y examinó su alrededor. —Puedes salir. Su voz fue serena. —No te haré daño, solo dime ¿Que he hecho para ser vigilada?
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  • La pesada puerta de la taberna se cerró lentamente a sus espaldas.

    El último rastro de calidez desapareció junto con el murmullo de las conversaciones y el aroma de la cerveza recién servida. Frente a él sólo quedaba un sendero de tierra húmeda que se perdía entre una espesura de árboles antiguos.

    Gavlan ajustó las correas de la enorme mochila que descansaba sobre su espalda. El tintineo de frascos, cuchillos arrojadizos y pequeñas bolsas con veneno rompía el silencio con cada paso que daba.

    El bosque no tardó en envolverlo.

    Los troncos eran tan gruesos que varios hombres no habrían podido rodearlos con los brazos. Sus copas ocultaban casi por completo el cielo, permitiendo que únicamente algunos delgados rayos de luz atravesaran aquel techo de hojas. El aire era frío, pesado, impregnado por el olor a tierra mojada y madera envejecida.

    No había aves.

    Ni insectos.

    Sólo el sonido de las botas de Gavlan hundiéndose sobre hojas secas y raíces retorcidas.

    —Hm...

    El mercader rompió el silencio con un leve gruñido.

    —Demasiado tranquilo.

    Su mano descendió hasta uno de los cuchillos ocultos en el cinturón. No lo desenfundó, pero dejó los dedos apoyados sobre la empuñadura.

    Continuó avanzando.

    Con el paso de los minutos, el sendero comenzó a transformarse. Las raíces dieron paso a enormes losas de piedra cubiertas de musgo. Fragmentos de columnas emergían del suelo como si un antiguo reino hubiera sido tragado por el bosque siglos atrás.

    Entonces los vio.

    A lo lejos.

    Entre la neblina.

    No eran árboles.

    Eran piernas.

    Colosales.

    Tan inmensas que durante un instante su mente tardó en comprender lo que contemplaba. Más arriba, apenas visible entre las copas, se distinguía la silueta de un gigante caminando lentamente entre el bosque. Cada uno de sus pasos hacía vibrar la tierra con un estremecimiento apenas perceptible.

    ...

    Otro.

    Y un tercero.

    Se desplazaban sin prestar atención al pequeño viajero que cruzaba su territorio.

    Gavlan levantó ligeramente el visor de su casco para observar mejor.

    —Bueno...

    Murmuró con una risa seca.

    —Mientras ellos no necesiten flechas... yo tampoco necesitaré correr.

    Volvió a bajar el visor.

    La enorme barba rojiza se balanceó sobre la coraza mientras retomaba el camino con la tranquilidad de quien había sobrevivido a demasiadas expediciones como para dejarse intimidar por el tamaño de sus vecinos.

    Después de todo...

    Los gigantes podían aplastar a un hombre con un solo paso.

    Pero ninguno de ellos sabía preparar flechas envenenadas.

    Y eso, según Gavlan, siempre era una ventaja.
    La pesada puerta de la taberna se cerró lentamente a sus espaldas. El último rastro de calidez desapareció junto con el murmullo de las conversaciones y el aroma de la cerveza recién servida. Frente a él sólo quedaba un sendero de tierra húmeda que se perdía entre una espesura de árboles antiguos. Gavlan ajustó las correas de la enorme mochila que descansaba sobre su espalda. El tintineo de frascos, cuchillos arrojadizos y pequeñas bolsas con veneno rompía el silencio con cada paso que daba. El bosque no tardó en envolverlo. Los troncos eran tan gruesos que varios hombres no habrían podido rodearlos con los brazos. Sus copas ocultaban casi por completo el cielo, permitiendo que únicamente algunos delgados rayos de luz atravesaran aquel techo de hojas. El aire era frío, pesado, impregnado por el olor a tierra mojada y madera envejecida. No había aves. Ni insectos. Sólo el sonido de las botas de Gavlan hundiéndose sobre hojas secas y raíces retorcidas. —Hm... El mercader rompió el silencio con un leve gruñido. —Demasiado tranquilo. Su mano descendió hasta uno de los cuchillos ocultos en el cinturón. No lo desenfundó, pero dejó los dedos apoyados sobre la empuñadura. Continuó avanzando. Con el paso de los minutos, el sendero comenzó a transformarse. Las raíces dieron paso a enormes losas de piedra cubiertas de musgo. Fragmentos de columnas emergían del suelo como si un antiguo reino hubiera sido tragado por el bosque siglos atrás. Entonces los vio. A lo lejos. Entre la neblina. No eran árboles. Eran piernas. Colosales. Tan inmensas que durante un instante su mente tardó en comprender lo que contemplaba. Más arriba, apenas visible entre las copas, se distinguía la silueta de un gigante caminando lentamente entre el bosque. Cada uno de sus pasos hacía vibrar la tierra con un estremecimiento apenas perceptible. ... Otro. Y un tercero. Se desplazaban sin prestar atención al pequeño viajero que cruzaba su territorio. Gavlan levantó ligeramente el visor de su casco para observar mejor. —Bueno... Murmuró con una risa seca. —Mientras ellos no necesiten flechas... yo tampoco necesitaré correr. Volvió a bajar el visor. La enorme barba rojiza se balanceó sobre la coraza mientras retomaba el camino con la tranquilidad de quien había sobrevivido a demasiadas expediciones como para dejarse intimidar por el tamaño de sus vecinos. Después de todo... Los gigantes podían aplastar a un hombre con un solo paso. Pero ninguno de ellos sabía preparar flechas envenenadas. Y eso, según Gavlan, siempre era una ventaja.
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  • 𝔐𝔶𝔰𝔱𝔦𝔠 𝔉𝔞𝔩𝔩𝔰
    ₂₀₁₄

    ℙ𝕣𝕚𝕤𝕠𝕟 𝕨𝕠𝕣𝕝𝕕

    Después del enfrentamiento con aquella bruja y de verse envuelto en una brillante luz Damon abrió los ojos sin recordar bien como había llegado hasta aquel lugar...se encontraba justo en medio del bosque, y por lo que podia ver, estaba cerca del lago Comenzó a caminar por el bosque reconociendo un poco del lugar, estaba seguro de que si avanzaba un poco más encontraría su cabaña pero al irse aproximando al lago se encontró con que esta no estaba ahí, No entendía que pasaba, estaba seguro de que era el lugar correcto, pero su cabaña no estaba ahí, asi que, confundido, decidió regresar al pueblo pero cuando intentó correr usando su velocidad sobrehumana se dió cuenta que no podía hacerlo, desconcertado por decir lo menos, se dirigió al pueblo a través del bosque llevándose un par de horas en llegar a este.

    Estaba inusualmente quieto, no es que fuera particularmente avivado por las noches pero algo en la atmósfera se sentía diferente, pero no era solo eso, el pueblo mismo lucía diferente, similar aunque no podia determinar que era lo que estaba mal.

    Anduvo un poco más hasta llegar al centro del pueblo, ahí fue que identificó el primer gran cambio...su bar ya no estaba, en lugar de este se encontraba una tienda de discos, la misma que había estado ahi antes de que comprara el edificio para el bar, algo no estaba bien y un presentimiento lo recorrió por completo.

    Apresuradamente se dirigió hacia el grill para comprobar su pensamiento y al entrar ahí estaba...el Mystic Grill en pleno funcionamiento sin una sola alma a la vista...estaba completamente vacío.

    – mierda... – Exclamó al darse cuenta de que aquella sensación familiar se debía a que ya había estado en ese lugar...o al menos eso pensaba.

    – de vuelta al maldito mundo prisión...
    𝔐𝔶𝔰𝔱𝔦𝔠 𝔉𝔞𝔩𝔩𝔰 ₂₀₁₄ ℙ𝕣𝕚𝕤𝕠𝕟 𝕨𝕠𝕣𝕝𝕕 Después del enfrentamiento con aquella bruja y de verse envuelto en una brillante luz Damon abrió los ojos sin recordar bien como había llegado hasta aquel lugar...se encontraba justo en medio del bosque, y por lo que podia ver, estaba cerca del lago Comenzó a caminar por el bosque reconociendo un poco del lugar, estaba seguro de que si avanzaba un poco más encontraría su cabaña pero al irse aproximando al lago se encontró con que esta no estaba ahí, No entendía que pasaba, estaba seguro de que era el lugar correcto, pero su cabaña no estaba ahí, asi que, confundido, decidió regresar al pueblo pero cuando intentó correr usando su velocidad sobrehumana se dió cuenta que no podía hacerlo, desconcertado por decir lo menos, se dirigió al pueblo a través del bosque llevándose un par de horas en llegar a este. Estaba inusualmente quieto, no es que fuera particularmente avivado por las noches pero algo en la atmósfera se sentía diferente, pero no era solo eso, el pueblo mismo lucía diferente, similar aunque no podia determinar que era lo que estaba mal. Anduvo un poco más hasta llegar al centro del pueblo, ahí fue que identificó el primer gran cambio...su bar ya no estaba, en lugar de este se encontraba una tienda de discos, la misma que había estado ahi antes de que comprara el edificio para el bar, algo no estaba bien y un presentimiento lo recorrió por completo. Apresuradamente se dirigió hacia el grill para comprobar su pensamiento y al entrar ahí estaba...el Mystic Grill en pleno funcionamiento sin una sola alma a la vista...estaba completamente vacío. – mierda... – Exclamó al darse cuenta de que aquella sensación familiar se debía a que ya había estado en ese lugar...o al menos eso pensaba. – de vuelta al maldito mundo prisión...
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  • Vida pasada o un bello sueño

    Año 1162 en algún lugar de Italia...
    La noche es perfecta y una enorme luna llena illumina los bosques que rodean el castillo.
    En uno de los grandes balcones de piedra Alma la mira suspirando .
    Su padre ha vuelto a regañarla por estar luchando a espada con uno de sus caballeros, porque no entiende que ella no quiere tejer ni bordar- resopla mirando la hermosa luna llena sujetando entre sus manos una hermosa espada que esconde en sus aposentos.
    Mañana al amanecer volvera a escapar a el patio de armas aunque le cueste un nuevo castigo
    Continuará.......
    Vida pasada o un bello sueño Año 1162 en algún lugar de Italia... La noche es perfecta y una enorme luna llena illumina los bosques que rodean el castillo. En uno de los grandes balcones de piedra Alma la mira suspirando . Su padre ha vuelto a regañarla por estar luchando a espada con uno de sus caballeros, porque no entiende que ella no quiere tejer ni bordar- resopla mirando la hermosa luna llena sujetando entre sus manos una hermosa espada que esconde en sus aposentos. Mañana al amanecer volvera a escapar a el patio de armas aunque le cueste un nuevo castigo Continuará.......
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  • Nunca perteneció a ningún lugar.
    Lo único seguro es que lleva una katana desgastada por los años, una hoja que parece más vieja que él mismo.

    Creció observando cómo las personas encontraban algo por lo que vivir: una familia, un sueño, una promesa. Él, en cambio, solo encontró una katana.

    Con el tiempo aprendió a cazar aquello que otros temían enfrentar. Monstruos ocultos en bosques olvidados, asesinos protegidos por las sombras, criaturas cuyos nombres apenas sobreviven en viejas leyendas.

    Acepta cualquier encargo mientras la recompensa sea suficiente, pero no por codicia. El dinero solo le permite seguir caminando un poco más.
    Nunca perteneció a ningún lugar, Y, durante toda su vida, solo ha sabido blandir su katana.

    Después de tantos años de soledad, ya no está seguro de si sigue buscando una razón para vivir... o simplemente un motivo para no dejar de avanzar.

    Porque detenerse significaría enfrentarse a una verdad que lleva años evitando..No sabe quién es cuando no está luchando.
    Nunca perteneció a ningún lugar. Lo único seguro es que lleva una katana desgastada por los años, una hoja que parece más vieja que él mismo. Creció observando cómo las personas encontraban algo por lo que vivir: una familia, un sueño, una promesa. Él, en cambio, solo encontró una katana. Con el tiempo aprendió a cazar aquello que otros temían enfrentar. Monstruos ocultos en bosques olvidados, asesinos protegidos por las sombras, criaturas cuyos nombres apenas sobreviven en viejas leyendas. Acepta cualquier encargo mientras la recompensa sea suficiente, pero no por codicia. El dinero solo le permite seguir caminando un poco más. Nunca perteneció a ningún lugar, Y, durante toda su vida, solo ha sabido blandir su katana. Después de tantos años de soledad, ya no está seguro de si sigue buscando una razón para vivir... o simplemente un motivo para no dejar de avanzar. Porque detenerse significaría enfrentarse a una verdad que lleva años evitando..No sabe quién es cuando no está luchando.
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  • Transformación
    Fandom Free rol
    Categoría Fantasía
    Aprovechando que Amanda tiene un par de días libres en el laboratorio y yo hace una semana pedí en el parque de bomberos tomarme una excedencia.
    Lo necesito, ya que tengo varias cosas que aclarar y trabajando me habría costado.

    Para el día de hoy decidimos aprovecharlo en adentrarnos en las profundidades del bosque, donde disfrutar de la naturaleza y un picnic con comida deliciosa.
    Y sobre todo y más importante la compañía de mi novia.
    No se lo reconoceré pero hoy estoy bastante nervioso, aunque por fuera me encuentro muy relajado.
    Si lo estoy es por qué a la noche, tras convertirme en hombre lobo la morderé.
    La decisión de convertirla nos llevó ciertas conversaciones pasadas que mantuvimos en estos últimos meses, no ha sido una decisión que los dos hayamos tomado a la ligera.

    𝙰𝚖𝚊𝚗𝚍𝚊 𝚂𝚠𝚊𝚗
    Aprovechando que Amanda tiene un par de días libres en el laboratorio y yo hace una semana pedí en el parque de bomberos tomarme una excedencia. Lo necesito, ya que tengo varias cosas que aclarar y trabajando me habría costado. Para el día de hoy decidimos aprovecharlo en adentrarnos en las profundidades del bosque, donde disfrutar de la naturaleza y un picnic con comida deliciosa. Y sobre todo y más importante la compañía de mi novia. No se lo reconoceré pero hoy estoy bastante nervioso, aunque por fuera me encuentro muy relajado. Si lo estoy es por qué a la noche, tras convertirme en hombre lobo la morderé. La decisión de convertirla nos llevó ciertas conversaciones pasadas que mantuvimos en estos últimos meses, no ha sido una decisión que los dos hayamos tomado a la ligera. [ThxSwanMoon]
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
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  • El murmullo constante del agua llenaba el aire con una calma casi sobrenatural. Una enorme cascada descendía desde los riscos de una montaña olvidada, levantando una fina niebla que cubría las rocas cercanas como un velo plateado. El bosque circundante permanecía en silencio, respetando la serenidad de aquel lugar apartado del mundo.
    Sobre una roca lisa junto al borde del estanque natural, una figura permanecía inmóvil. Vestido con su característico abrigo azul oscuro, Vergil reposaba en posición de meditación. Sus ojos estaban cerrados y sus brazos descansaban sobre sus piernas mientras mantenía una respiración lenta y controlada.
    Yamato se encontraba a su lado, clavada firmemente en la piedra, como una extensión de su propia presencia. Incluso en reposo, el aura que emanaba era intensa, afilada como el filo de la katana. Sin embargo, aquella energía permanecía contenida, dormida bajo una disciplina inquebrantable.
    Los minutos pasaban sin que el hijo de Sparda se moviera un solo centímetro. Su mente navegaba por recuerdos lejanos, batallas ganadas, derrotas sufridas y decisiones que habían marcado su existencia. Allí, lejos de los conflictos y del ruido de la civilización, buscaba algo que rara vez admitía necesitar: paz.
    El murmullo constante del agua llenaba el aire con una calma casi sobrenatural. Una enorme cascada descendía desde los riscos de una montaña olvidada, levantando una fina niebla que cubría las rocas cercanas como un velo plateado. El bosque circundante permanecía en silencio, respetando la serenidad de aquel lugar apartado del mundo. Sobre una roca lisa junto al borde del estanque natural, una figura permanecía inmóvil. Vestido con su característico abrigo azul oscuro, Vergil reposaba en posición de meditación. Sus ojos estaban cerrados y sus brazos descansaban sobre sus piernas mientras mantenía una respiración lenta y controlada. Yamato se encontraba a su lado, clavada firmemente en la piedra, como una extensión de su propia presencia. Incluso en reposo, el aura que emanaba era intensa, afilada como el filo de la katana. Sin embargo, aquella energía permanecía contenida, dormida bajo una disciplina inquebrantable. Los minutos pasaban sin que el hijo de Sparda se moviera un solo centímetro. Su mente navegaba por recuerdos lejanos, batallas ganadas, derrotas sufridas y decisiones que habían marcado su existencia. Allí, lejos de los conflictos y del ruido de la civilización, buscaba algo que rara vez admitía necesitar: paz.
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  • [Durante aquella noche fría drogo decidió salir a un bosque, uno conocido por el peligro que representa gracias a las criaturas que lo habitan, pero para Drogo esto no sería más que un simple entrenamiento]

    Levi: creo que somos el único par de tontos que visitan un bosque como este a altas horas de la noche ¿No lo crees? Mí estimado.

    Por supuesto que lo creo mí peludo aprendiz pero esto es un entrenamiento, debemos dejarte preparado para la batalla que se aproxima, en fin ¿Estás listo? ¡Ya llegaron nuestros amigos!

    -varios hombres lobo y goblins se lanzaron desde la oscuridad del bosque para atacarme solo a mí pero el descuido de estos fue pensar que Levi sería débil pero aquel pequeño conejo los sorprendería al elevarse en el cielo-

    Levi: veo que se confían por el tamaño de un conejito inocente ¿No es así? Vaya error cometieron chicos ¡Paso lento!

    Goblin 1: ¿¡Que sucede!? Mí cuerpo se mueve pero va muy lento..

    -Levi había invocado un hechizo para disminuir la velocidad de sus enemigos hasta hacerlos parecer tortugas, y después hizo aparecer a su alrededor varios cristales rojos y puntiagudos-

    Levi: lamento ser yo quien deba acabar con la existencia de todos ustedes pero les deseo mucha suerte para que al renacer sean buenas personas ¡Adiosito!~

    -los cristales descendieron a la velocidad de un rayo atravezando a todos sus enemigos uno por uno, después de unos segundos no quedaría ninguno en pie-

    Jajaja
    Eso fue increíble compañero ¡Tu muy bien!

    Levi: Nash no me halages así que no es para tanto, harás que me ruborice tarado
    [Durante aquella noche fría drogo decidió salir a un bosque, uno conocido por el peligro que representa gracias a las criaturas que lo habitan, pero para Drogo esto no sería más que un simple entrenamiento] Levi: creo que somos el único par de tontos que visitan un bosque como este a altas horas de la noche ¿No lo crees? Mí estimado. Por supuesto que lo creo mí peludo aprendiz pero esto es un entrenamiento, debemos dejarte preparado para la batalla que se aproxima, en fin ¿Estás listo? ¡Ya llegaron nuestros amigos! -varios hombres lobo y goblins se lanzaron desde la oscuridad del bosque para atacarme solo a mí pero el descuido de estos fue pensar que Levi sería débil pero aquel pequeño conejo los sorprendería al elevarse en el cielo- Levi: veo que se confían por el tamaño de un conejito inocente ¿No es así? Vaya error cometieron chicos ¡Paso lento! Goblin 1: ¿¡Que sucede!? Mí cuerpo se mueve pero va muy lento.. -Levi había invocado un hechizo para disminuir la velocidad de sus enemigos hasta hacerlos parecer tortugas, y después hizo aparecer a su alrededor varios cristales rojos y puntiagudos- Levi: lamento ser yo quien deba acabar con la existencia de todos ustedes pero les deseo mucha suerte para que al renacer sean buenas personas ¡Adiosito!~ -los cristales descendieron a la velocidad de un rayo atravezando a todos sus enemigos uno por uno, después de unos segundos no quedaría ninguno en pie- Jajaja Eso fue increíble compañero ¡Tu muy bien! Levi: Nash no me halages así que no es para tanto, harás que me ruborice tarado
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  • • 「𝔗𝔯𝔞𝔦𝔩𝔟𝔩𝔞𝔷𝔢」
    Categoría Original


    𝑓𝑡. Elina Drakon



    El bosque no figuraba en ninguno de los mapas.

    Aquello, por supuesto, habría resultado fascinante de no ser porque llevaba varias horas caminando en círculos.

    La espesura se alzaba a su alrededor como una arquitectura primitiva y hostil: troncos desmesurados, raíces retorcidas y copas tan densas que no permitían el paso de la luz; lo que le hacía incapaz de distinguir la mañana del anochecer. Toda la zona olía a tierra húmeda, corteza vieja y algo más difícil de nombrar, una presencia tenue que parecía observarlo desde detrás de cada árbol.

    Vestía un traje negro de corte impecable, ligeramente manchado de barro en el borde del pantalón. Aquella diminuta imperfección había conseguido irritarlo más que la posibilidad de no encontrar la salida.

    Se detuvo frente a una bifurcación idéntica a las seis anteriores.

    — Extraordinario. —murmuró, contemplando ambos senderos con una sonrisa sin humor—. Un reino oculto, completamente protegido y no por ejércitos, sino por algo más...

    Había seguido rumores durante semanas: relatos incompletos, pergaminos deslavados por el tiempo, testimonios pronunciados por personas demasiado aterradas para mentir. Todos hablaban de una nación apartada del mundo, preservada entre montañas y hechicería, un lugar cuyo nombre rara vez era escrito y jamás pronunciado dos veces seguidas.

    Él no buscaba sus tesoros.

    Buscaba algo más que aquel reino, algo que había sido ocultado mucho antes de su propia muerte.

    O quizá algo que había sido ocultado de él.

    Acomodó el puño de su camisa, aunque la tela ya descansaba en su sitio, y examinó el suelo. No había huellas, ramas rotas ni marcas recientes. Solo hojas negras llenas de humedad y una bruma baja que reptaba entre las raíces con una lentitud sospechosamente deliberada.

    — Muy bien. —dijo al bosque—. Admito que la primera hora tuvo cierto encanto.

    El silencio respondió.

    — La segunda fue repetitiva.

    Una rama crujió a su espalda.

    No volteó de inmediato.

    Su expresión permaneció serena, cortés, cuidadosamente compuesta. Sin embargo, bajo aquella elegancia fingida; algo en él se tensó. La oscuridad que habitaba su alma reconoció una presencia cercana; antigua, contenida y ajena a las criaturas ordinarias.

    — Y esta parte... —añadió, ladeando el rostro hacia un costado—. Empieza a parecer una emboscada.

    El viento atravesó las hojas, aunque ninguna rama se movió.

    Entonces distinguió, entre la niebla, una figura.

    No podía determinar si se trataba de un guardián, un viajero o una de las muchas cosas que el bosque había aprendido a imitar. Aun así, giró con completa calma y ofreció una inclinación mínima de su cabeza, como si ambos se encontraran en un salón y no en una espesura que parecía querer tragárselo entero.

    — Buenas noches. O días... Este lugar tiene una relación, francamente, pretenciosa con la luz.

    Sus ojos recorrieron a la presencia con precisión meticulosa.

    — Estoy buscando un reino que, según parece, ha invertido un esfuerzo considerable en no ser encontrado.

    Una pausa. Los labios se le curvaron con suavidad.

    — Y antes de que preguntes, no, no estoy perdido. —desvió la mirada y observó brevemente los dos caminos a su espalda: ambos idénticos.

    — Estoy permitiendo que el bosque se divierta antes de que colme mi paciencia y lo reduzca todo a cenizas.
    𝑓𝑡. Elina Drakon El bosque no figuraba en ninguno de los mapas. Aquello, por supuesto, habría resultado fascinante de no ser porque llevaba varias horas caminando en círculos. La espesura se alzaba a su alrededor como una arquitectura primitiva y hostil: troncos desmesurados, raíces retorcidas y copas tan densas que no permitían el paso de la luz; lo que le hacía incapaz de distinguir la mañana del anochecer. Toda la zona olía a tierra húmeda, corteza vieja y algo más difícil de nombrar, una presencia tenue que parecía observarlo desde detrás de cada árbol. Vestía un traje negro de corte impecable, ligeramente manchado de barro en el borde del pantalón. Aquella diminuta imperfección había conseguido irritarlo más que la posibilidad de no encontrar la salida. Se detuvo frente a una bifurcación idéntica a las seis anteriores. — Extraordinario. —murmuró, contemplando ambos senderos con una sonrisa sin humor—. Un reino oculto, completamente protegido y no por ejércitos, sino por algo más... Había seguido rumores durante semanas: relatos incompletos, pergaminos deslavados por el tiempo, testimonios pronunciados por personas demasiado aterradas para mentir. Todos hablaban de una nación apartada del mundo, preservada entre montañas y hechicería, un lugar cuyo nombre rara vez era escrito y jamás pronunciado dos veces seguidas. Él no buscaba sus tesoros. Buscaba algo más que aquel reino, algo que había sido ocultado mucho antes de su propia muerte. O quizá algo que había sido ocultado de él. Acomodó el puño de su camisa, aunque la tela ya descansaba en su sitio, y examinó el suelo. No había huellas, ramas rotas ni marcas recientes. Solo hojas negras llenas de humedad y una bruma baja que reptaba entre las raíces con una lentitud sospechosamente deliberada. — Muy bien. —dijo al bosque—. Admito que la primera hora tuvo cierto encanto. El silencio respondió. — La segunda fue repetitiva. Una rama crujió a su espalda. No volteó de inmediato. Su expresión permaneció serena, cortés, cuidadosamente compuesta. Sin embargo, bajo aquella elegancia fingida; algo en él se tensó. La oscuridad que habitaba su alma reconoció una presencia cercana; antigua, contenida y ajena a las criaturas ordinarias. — Y esta parte... —añadió, ladeando el rostro hacia un costado—. Empieza a parecer una emboscada. El viento atravesó las hojas, aunque ninguna rama se movió. Entonces distinguió, entre la niebla, una figura. No podía determinar si se trataba de un guardián, un viajero o una de las muchas cosas que el bosque había aprendido a imitar. Aun así, giró con completa calma y ofreció una inclinación mínima de su cabeza, como si ambos se encontraran en un salón y no en una espesura que parecía querer tragárselo entero. — Buenas noches. O días... Este lugar tiene una relación, francamente, pretenciosa con la luz. Sus ojos recorrieron a la presencia con precisión meticulosa. — Estoy buscando un reino que, según parece, ha invertido un esfuerzo considerable en no ser encontrado. Una pausa. Los labios se le curvaron con suavidad. — Y antes de que preguntes, no, no estoy perdido. —desvió la mirada y observó brevemente los dos caminos a su espalda: ambos idénticos. — Estoy permitiendo que el bosque se divierta antes de que colme mi paciencia y lo reduzca todo a cenizas.
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