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    Sagrada rosa de textiles, inusual como ninguna que haya conocido:
    Son el tañido de las campanas que brotan en tus cosenos;
    los abren el espacio de unos labios que anhelan la geografía de tus eras;
    el solsticio de tus níveos espejismos,
    como se cuenta un encuentro, que ya no es anhelo, si no el efecto de las mariposas;
    de astros de dulzura,
    de vías lácteas a la inversa,
    de galaxias que no cesan.

    Y entonces se aman con delineados y goteos de naranjas,
    de agua miel y paraíso.

    Oh, de encontrarnos, madre de nocturna alada,
    Tú y tan sólo tú, vivirías en un castillo en el cielo,
    como una virgen de ébano; de marfil edificado.
    Desde la tierra de sidéreos amores y los océanos de tinta;
    que nos envuelven y nos engañan con los hechizos del amor.

    Con un dios en tus laureles y amatistas engarzado en los cabellos,
    que son ríos de rosáceas salinas,
    piedras que arrojan desde las nubes en un enjambre;
    de solícitas cosas, como nadas, nadie y mañanas.
    perdurables en un tiempo y espacio conocido.

    Su presencia engaña a mi realidad,
    ella es inocencia merecida;
    realidad sumida en los volcanes de la ensoñación,
    y entreveo la madera que engloba la hoguera de mi corazón;
    con el motivo de nombrarme como un arar de secuencias;
    de pócimas, de amor tenue, como un roble de mareas,
    que se encandila al vislumbrar;
    las puestas de doble sol, de doble luna, de doble estrellas.

    Ah, como un principio y fin de sigilos y finales en los que no hay fin,
    si no el sino de un principio.

    Oh, acúsame de herirte el corazón con este amor que no concibo,
    no es deseo lo que siento; sino una marea que te nombra;
    con el destino en los labios, como un anhelo de arte.
    Pero me hinco y pido por esta alma de un Dios que pelea por mí,
    y no me marcho.
    No para alejarme, si no acércame más a ti.

    Oh, en donde no hay llanto, ni dolor, si no la resurrección de todos los ponientes;
    de este umbral de mundos de muros solitarios;
    en los que germinaban las rosas más gloriosas;
    en las que tú y tan sólo tú;
    hurtaste la que fuera mi corazón.

    Y desde ese momento;
    nos convertimos en un solo ser vestido,
    con el maná y la ilusión de nuestros dioses.
    Que no tienen fin sino principio.
    Ya encontrados como los que son vestidos, en lo que se cante y en el cómo son adorados.
    Los terrenos de un cielo sin nombre, en el que tu nombre;
    ya es uno con la verdad del universo.
    --- Sagrada rosa de textiles, inusual como ninguna que haya conocido: Son el tañido de las campanas que brotan en tus cosenos; los abren el espacio de unos labios que anhelan la geografía de tus eras; el solsticio de tus níveos espejismos, como se cuenta un encuentro, que ya no es anhelo, si no el efecto de las mariposas; de astros de dulzura, de vías lácteas a la inversa, de galaxias que no cesan. Y entonces se aman con delineados y goteos de naranjas, de agua miel y paraíso. Oh, de encontrarnos, madre de nocturna alada, Tú y tan sólo tú, vivirías en un castillo en el cielo, como una virgen de ébano; de marfil edificado. Desde la tierra de sidéreos amores y los océanos de tinta; que nos envuelven y nos engañan con los hechizos del amor. Con un dios en tus laureles y amatistas engarzado en los cabellos, que son ríos de rosáceas salinas, piedras que arrojan desde las nubes en un enjambre; de solícitas cosas, como nadas, nadie y mañanas. perdurables en un tiempo y espacio conocido. Su presencia engaña a mi realidad, ella es inocencia merecida; realidad sumida en los volcanes de la ensoñación, y entreveo la madera que engloba la hoguera de mi corazón; con el motivo de nombrarme como un arar de secuencias; de pócimas, de amor tenue, como un roble de mareas, que se encandila al vislumbrar; las puestas de doble sol, de doble luna, de doble estrellas. Ah, como un principio y fin de sigilos y finales en los que no hay fin, si no el sino de un principio. Oh, acúsame de herirte el corazón con este amor que no concibo, no es deseo lo que siento; sino una marea que te nombra; con el destino en los labios, como un anhelo de arte. Pero me hinco y pido por esta alma de un Dios que pelea por mí, y no me marcho. No para alejarme, si no acércame más a ti. Oh, en donde no hay llanto, ni dolor, si no la resurrección de todos los ponientes; de este umbral de mundos de muros solitarios; en los que germinaban las rosas más gloriosas; en las que tú y tan sólo tú; hurtaste la que fuera mi corazón. Y desde ese momento; nos convertimos en un solo ser vestido, con el maná y la ilusión de nuestros dioses. Que no tienen fin sino principio. Ya encontrados como los que son vestidos, en lo que se cante y en el cómo son adorados. Los terrenos de un cielo sin nombre, en el que tu nombre; ya es uno con la verdad del universo.
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  • — La luz del lunes se filtraba por las rendijas de los shoji no como un amanecer, sino como una intrusión no deseada. Era una claridad pálida y anémica que parecía haber perdido toda su energía al rebotar contra el manto helado del patio. El aire en la habitación era gélido, un contraste brutal con el nido de mantas que la Sacerdotisa acababa de abandonar.
    ​Permanecía de rodillas sobre el futón, con la silueta de su espalda tensándose mientras estiraba los brazos hacia el techo con un quejido sordo. Cada vértebra protestaba y sus músculos se sentían rígidos por el frío y la pesadez de una noche que se le hizo corta. Sus orejas de kitsune, generalmente alertas, caían con desgana, y sus párpados plomizos apenas dejaban ver sus ojos amatista, apagados por el cansancio. Una fina voluta de vapor se escapaba de sus labios con cada aliento, materializando el frío ambiental.

    ​—Mmm... Incluso los dioses deberían tener derecho a un día de descanso remunerado —murmuró con una voz rasposa, arrastrando las palabras con una pereza casi dolorosa—. ¿Quién tuvo la "brillante" ocurrencia de construir este lugar en la cima más alta y ventosa de la isla? ¿Para estar "más cerca de los cielos"?—

    ​Soltó una risa amarga que se quebró en un bostezo interminable, estirando su mandíbula hasta el límite antes de continuar con sarcasmo.

    ​—Ah, claro... fui yo. Qué conveniente es la memoria histórica cuando se trata de mis propios errores de diseño. Y aquí estoy, pagando las consecuencias de mi propio ego arquitectónico. Qué bárbaro es tener responsabilidades un lunes...
    🌸— La luz del lunes se filtraba por las rendijas de los shoji no como un amanecer, sino como una intrusión no deseada. Era una claridad pálida y anémica que parecía haber perdido toda su energía al rebotar contra el manto helado del patio. El aire en la habitación era gélido, un contraste brutal con el nido de mantas que la Sacerdotisa acababa de abandonar. ​Permanecía de rodillas sobre el futón, con la silueta de su espalda tensándose mientras estiraba los brazos hacia el techo con un quejido sordo. Cada vértebra protestaba y sus músculos se sentían rígidos por el frío y la pesadez de una noche que se le hizo corta. Sus orejas de kitsune, generalmente alertas, caían con desgana, y sus párpados plomizos apenas dejaban ver sus ojos amatista, apagados por el cansancio. Una fina voluta de vapor se escapaba de sus labios con cada aliento, materializando el frío ambiental. ​—Mmm... Incluso los dioses deberían tener derecho a un día de descanso remunerado —murmuró con una voz rasposa, arrastrando las palabras con una pereza casi dolorosa—. ¿Quién tuvo la "brillante" ocurrencia de construir este lugar en la cima más alta y ventosa de la isla? ¿Para estar "más cerca de los cielos"?— ​Soltó una risa amarga que se quebró en un bostezo interminable, estirando su mandíbula hasta el límite antes de continuar con sarcasmo. ​—Ah, claro... fui yo. Qué conveniente es la memoria histórica cuando se trata de mis propios errores de diseño. Y aquí estoy, pagando las consecuencias de mi propio ego arquitectónico. Qué bárbaro es tener responsabilidades un lunes...
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    Ingenuidad pretendiente;
    destino raso de la mañana;
    quien erra la majestad del herrero solícito;
    entre imperios e ingenuidades;
    sea por siempre tu nombre al dormir:
    tus brazos conmovieron mis prudencias.
    Un sollozo rebelde encumbra mi juventud atascada;
    quiera la noche tu nombre en sus labios;
    quiera el día sonrosar de nueva cuenta el fulgor de tus mejillas.
    Vislumbro la espera de las cosas más recias;
    en este clero de Lucrecias e Ifigenia;
    mi sombra es la del Amor idílico;
    popurrí de amatista de integridad casta;
    casta venia de las memorias.
    Arropa mi pueblo de corazón entre la miseria de tus maneras.
    Sean los espíritus el perdón de tus pecados conmovidos.
    Añoro verte en cada postro de vida conmovida.
    Integridad nupcial.
    Esgrime tu integridad en mis sueños y sean mis sueños;
    tus sesgos:
    Luna triste, príncipe feliz, quien arremetió contra tus imperios.
    Quien rasga el clero de tu hambre.
    Bebe el cardumen de mi leche de tu seno.
    Estremece todo y nada.
    Quiera la era de la extrañeza el regadío.
    Espacio conmovido.
    Tersura de rostros al vivirte; al decirte que soy el lecho;
    monarca de moradas; riesgo de pescar lo inevitable;
    tristeza, ah, ven a mí; claudica ante mi malnacida juventud;
    declarada; arremetida.
    Sea el claro de tus marañas mis integridades; y sea el rebelde mis anhelos;
    y sean mis anhelos el anzuelo del verso de tus besos;
    y sean mis besos el rencor enternecido como las olas;
    como las crines de los árboles al pastar;
    clama mi nombre al despertar;
    y suéñame rebelde;
    en el asueto de tus lealtades.
    --- Ingenuidad pretendiente; destino raso de la mañana; quien erra la majestad del herrero solícito; entre imperios e ingenuidades; sea por siempre tu nombre al dormir: tus brazos conmovieron mis prudencias. Un sollozo rebelde encumbra mi juventud atascada; quiera la noche tu nombre en sus labios; quiera el día sonrosar de nueva cuenta el fulgor de tus mejillas. Vislumbro la espera de las cosas más recias; en este clero de Lucrecias e Ifigenia; mi sombra es la del Amor idílico; popurrí de amatista de integridad casta; casta venia de las memorias. Arropa mi pueblo de corazón entre la miseria de tus maneras. Sean los espíritus el perdón de tus pecados conmovidos. Añoro verte en cada postro de vida conmovida. Integridad nupcial. Esgrime tu integridad en mis sueños y sean mis sueños; tus sesgos: Luna triste, príncipe feliz, quien arremetió contra tus imperios. Quien rasga el clero de tu hambre. Bebe el cardumen de mi leche de tu seno. Estremece todo y nada. Quiera la era de la extrañeza el regadío. Espacio conmovido. Tersura de rostros al vivirte; al decirte que soy el lecho; monarca de moradas; riesgo de pescar lo inevitable; tristeza, ah, ven a mí; claudica ante mi malnacida juventud; declarada; arremetida. Sea el claro de tus marañas mis integridades; y sea el rebelde mis anhelos; y sean mis anhelos el anzuelo del verso de tus besos; y sean mis besos el rencor enternecido como las olas; como las crines de los árboles al pastar; clama mi nombre al despertar; y suéñame rebelde; en el asueto de tus lealtades.
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    AGENCIA ISHTAR’S DEMONIC DÈESSE – INFERNAL GLAMOUR

    Ishtar’s Demonic Dèesse – Infernal Glamour es una de las agencias de modelaje más exclusivas y elitistas del Multiverso Infernal, fusionando alta costura arcana, estética demoníaca y protocolos de realeza. La agencia no solo representa modelos, sino iconos de poder que encarnan historias, linajes y simbolismos.

    RAIKOU MINAMOTO – FICHA EXTENDIDA
    Categoría: First Lady & Eternal Muse of Infernal Glamour

    Datos Generales
    𝄋 Nombre Completo: Raikou Minamoto
    𝄋 Título Oficial: Primera Dèesse de la Corte Infernal
    𝄋 Rol en la Agencia: Musa inspiradora, modelo principal de alta gala y embajadora de imagen.
    𝄋 Edad Aparente: 27 años (cronología humana)
    𝄋 Altura: 1.85 m
    𝄋 Cabello: Azul medianoche, largo y liso, con brillo metálico.
    𝄋 Ojos: Violeta profundo, reflejos amatista.
    𝄋 Piel: Marfil pulido, con destellos satinados bajo luz cálida.
    𝄋 Complexión: Curvilínea, poderosa y elegante, con porte regio.
    𝄋 Lenguas: Común Humano, Japonés Clásico, Lengua Infernal, Lengua de Corte Celeste.

    Rol Narrativo dentro del Lore
    Raikou Minamoto no es solo la esposa del CEO, sino la Reina Consorte del Glamour Infernal. Proveniente de una dinastía samurái de dimensión paralela, su unión con Metphies Ishtar selló un pacto entre dos imperios: el de la guerra y el de la moda.

    Su presencia es magnética, casi hipnótica. En desfiles, su paso es comparado con el avance de una tormenta imperial: elegante pero implacable. Es la encargada de abrir las galas más importantes y la figura que legitima las campañas de mayor lujo.

    Especialidades
    ✡ Pasarela de Alta Gala Arcana – vestidos ceremoniales, trajes rituales y coronas reales.
    ✡ Editoriales de Poder Femenino – imágenes que combinan seducción, autoridad y misterio.
    ✡ Eventos Diplomáticos – presencia en cumbres interdimensionales como rostro oficial de la agencia.
    ✡ Artes Marciales Coreografiadas en Pasarela – demostraciones de combate estilizado como performance artístico

    Datos de Contratación
    ⍤ Disponibilidad: Exclusiva para eventos de alto nivel y colaboraciones imperiales.
    ⍤ Formatos: Pasarela, Editorial, Campañas de Lujo, Actos Diplomáticos.
    ⍤ Representación: Exclusiva de Ishtar’s Demonic Dèesse – Infernal Glamour.

    Cita Oficial de Personaje
    “En mi mundo, la belleza y la fuerza son inseparables; ambas deciden quién reina y quién se inclina.” – Raikou Minamoto

    "La Reina Consorte del Glamour Infernal"
    🕋 AGENCIA ISHTAR’S DEMONIC DÈESSE – INFERNAL GLAMOUR Ishtar’s Demonic Dèesse – Infernal Glamour es una de las agencias de modelaje más exclusivas y elitistas del Multiverso Infernal, fusionando alta costura arcana, estética demoníaca y protocolos de realeza. La agencia no solo representa modelos, sino iconos de poder que encarnan historias, linajes y simbolismos. 🌹 RAIKOU MINAMOTO – FICHA EXTENDIDA Categoría: First Lady & Eternal Muse of Infernal Glamour 📌 Datos Generales 𝄋 Nombre Completo: Raikou Minamoto 𝄋 Título Oficial: Primera Dèesse de la Corte Infernal 𝄋 Rol en la Agencia: Musa inspiradora, modelo principal de alta gala y embajadora de imagen. 𝄋 Edad Aparente: 27 años (cronología humana) 𝄋 Altura: 1.85 m 𝄋 Cabello: Azul medianoche, largo y liso, con brillo metálico. 𝄋 Ojos: Violeta profundo, reflejos amatista. 𝄋 Piel: Marfil pulido, con destellos satinados bajo luz cálida. 𝄋 Complexión: Curvilínea, poderosa y elegante, con porte regio. 𝄋 Lenguas: Común Humano, Japonés Clásico, Lengua Infernal, Lengua de Corte Celeste. 💠 Rol Narrativo dentro del Lore Raikou Minamoto no es solo la esposa del CEO, sino la Reina Consorte del Glamour Infernal. Proveniente de una dinastía samurái de dimensión paralela, su unión con Metphies Ishtar selló un pacto entre dos imperios: el de la guerra y el de la moda. Su presencia es magnética, casi hipnótica. En desfiles, su paso es comparado con el avance de una tormenta imperial: elegante pero implacable. Es la encargada de abrir las galas más importantes y la figura que legitima las campañas de mayor lujo. 💎 Especialidades ✡ Pasarela de Alta Gala Arcana – vestidos ceremoniales, trajes rituales y coronas reales. ✡ Editoriales de Poder Femenino – imágenes que combinan seducción, autoridad y misterio. ✡ Eventos Diplomáticos – presencia en cumbres interdimensionales como rostro oficial de la agencia. ✡ Artes Marciales Coreografiadas en Pasarela – demostraciones de combate estilizado como performance artístico 📂 Datos de Contratación ⍤ Disponibilidad: Exclusiva para eventos de alto nivel y colaboraciones imperiales. ⍤ Formatos: Pasarela, Editorial, Campañas de Lujo, Actos Diplomáticos. ⍤ Representación: Exclusiva de Ishtar’s Demonic Dèesse – Infernal Glamour. 🔥 Cita Oficial de Personaje “En mi mundo, la belleza y la fuerza son inseparables; ambas deciden quién reina y quién se inclina.” – Raikou Minamoto "La Reina Consorte del Glamour Infernal"
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    Agencia de Modelaje: Ishtar’s Demonic Dèesse Infernal Glamour

    Modelo Estrella: Selene Ishtar — La Sonrisa Celeste del Abismo ༄

    En Ishtar’s Demonic Dèesse Infernal Glamour, cada modelo es una musa viva, un hechizo visual con personalidad mística. La elegancia infernal se mezcla con el poder divino, creando un universo donde lo adorable y lo seductor se cruzan peligrosamente. Selene Ishtar, con su encanto travieso y su belleza fresca, representa el lado más traviesamente celestial del linaje Ishtar.

    Perfil de Modelo: Selene Ishtar
    Alias: La Sonrisa Celeste del Abismo
    Rango: Embajadora oficial del Encanto Lúdico y Moda de Contraste

    ♚ Apariencia:

    ❄ Cabello azul celeste tan suave como el cielo antes del caos
    ❄ Ojos amatista con reflejos galácticos, capaces de desarmar voluntades
    ❄ Figura curvilínea perfectamente esculpida para combinar ternura, audacia y elegancia
    ❄ Uniforme de ejecutiva encantadora: camisa ajustada, guantes de látex, corbata color cielo y falda plisada negra con encanto letal

    Desfiles y campañas memorables:
    🜁 Súcubo de Oficina – Pasarela Ejecutiva Nocturna
    🜁 Inocencia Letal – Campaña de Primavera Ishtar
    🜁 Blue Poison – Colección Corporativa de Encanto Azul
    🜁 Pacto de Sonrisa – Evento de Caridad Glam Infernal

    Frase personal:
    "No subestimes una sonrisa… podría ser la firma de tu destino."

    🜙 Selene Ishtar es más que una modelo encantadora.
    Es la cara dulce del caos,
    la secretaría de tus sueños más oscuros,
    y la chispa de luz que se convierte en tu adicción visual.
    🌙 Agencia de Modelaje: Ishtar’s Demonic Dèesse Infernal Glamour 🌙 Modelo Estrella: Selene Ishtar — La Sonrisa Celeste del Abismo ༄ En Ishtar’s Demonic Dèesse Infernal Glamour, cada modelo es una musa viva, un hechizo visual con personalidad mística. La elegancia infernal se mezcla con el poder divino, creando un universo donde lo adorable y lo seductor se cruzan peligrosamente. Selene Ishtar, con su encanto travieso y su belleza fresca, representa el lado más traviesamente celestial del linaje Ishtar. 💎 Perfil de Modelo: Selene Ishtar 💎Alias: La Sonrisa Celeste del Abismo 💎Rango: Embajadora oficial del Encanto Lúdico y Moda de Contraste ♚ Apariencia: ❄ Cabello azul celeste tan suave como el cielo antes del caos ❄ Ojos amatista con reflejos galácticos, capaces de desarmar voluntades ❄ Figura curvilínea perfectamente esculpida para combinar ternura, audacia y elegancia ❄ Uniforme de ejecutiva encantadora: camisa ajustada, guantes de látex, corbata color cielo y falda plisada negra con encanto letal 🌟 Desfiles y campañas memorables: 🜁 Súcubo de Oficina – Pasarela Ejecutiva Nocturna 🜁 Inocencia Letal – Campaña de Primavera Ishtar 🜁 Blue Poison – Colección Corporativa de Encanto Azul 🜁 Pacto de Sonrisa – Evento de Caridad Glam Infernal ✨ Frase personal: "No subestimes una sonrisa… podría ser la firma de tu destino." 🜙 Selene Ishtar es más que una modelo encantadora. Es la cara dulce del caos, la secretaría de tus sueños más oscuros, y la chispa de luz que se convierte en tu adicción visual.
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    Euphoria Ishtar – Edición Especial: Lilith Ascendente

    "Lilith Ishtar: El arte de ser tentación y tendencia."

    Sobre un fondo etéreo entre humo violeta y luces neón, aparece Lilith Ishtar, la sucubo suprema de la moda infernal, encarnando una nueva era de sensualidad mística. Su cabello verde esmeralda cae como una cascada salvaje sobre sus hombros descubiertos, contrastando con su piel morada, en un tono degradado entre lavanda oscura y amatista clara, como un crepúsculo encantado.

    -.Sus ojos rosados brillan como cristales encantados, fijos en la cámara con una mezcla de poder y deseo. Los cuernos curvos de obsidiana pulida enmarcan su rostro con majestuosidad demoníaca, mientras que sus alas oscuras de membrana violácea se despliegan con elegancia infernal detrás de ella.

    -.Luce un conjunto de alta costura entre encaje negro profundo y detalles metálicos, perfectamente ajustado a su figura voluptuosa y seductora, celebrando sin censura su imponente pechonalidad. Sus orejas puntiagudas y garras delicadamente decoradas con joyería oscura completan el look: un equilibrio entre lo celestial caído y la diosa de la tentación moderna.

    "Euphoria Ishtar: Donde la moda no es mortal."
    🖤 Euphoria Ishtar – Edición Especial: Lilith Ascendente 🔥 "Lilith Ishtar: El arte de ser tentación y tendencia." Sobre un fondo etéreo entre humo violeta y luces neón, aparece Lilith Ishtar, la sucubo suprema de la moda infernal, encarnando una nueva era de sensualidad mística. Su cabello verde esmeralda cae como una cascada salvaje sobre sus hombros descubiertos, contrastando con su piel morada, en un tono degradado entre lavanda oscura y amatista clara, como un crepúsculo encantado. -.Sus ojos rosados brillan como cristales encantados, fijos en la cámara con una mezcla de poder y deseo. Los cuernos curvos de obsidiana pulida enmarcan su rostro con majestuosidad demoníaca, mientras que sus alas oscuras de membrana violácea se despliegan con elegancia infernal detrás de ella. -.Luce un conjunto de alta costura entre encaje negro profundo y detalles metálicos, perfectamente ajustado a su figura voluptuosa y seductora, celebrando sin censura su imponente pechonalidad. Sus orejas puntiagudas y garras delicadamente decoradas con joyería oscura completan el look: un equilibrio entre lo celestial caído y la diosa de la tentación moderna. "Euphoria Ishtar: Donde la moda no es mortal."
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  • El sol del mediodía bañaba el penthouse con un resplandor casi celestial, haciendo relucir el mármol blanco y las molduras doradas que hablaban de un lujo sobrio, cuidadosamente calculado. Las cortinas se mecían con la brisa, y el murmullo lejano de la ciudad parecía un eco irrelevante frente al imperio silencioso que reinaba entre esas paredes.

    Elisabetta estaba sentada en su diván favorito, con una pierna cruzada sobre la otra, envuelta en una bata de seda marfil con bordes dorados. Sus uñas perfectas brillaban mientras sostenía la revista que uno de sus asistentes le había entregado minutos antes.

    EMPORIO MAGAZINE 2025.

    Ahí estaba ella, en la portada. Imponente, inalcanzable, con las gafas oscuras cubriéndole los ojos y una expresión que no dejaba espacio a dudas: era poder, era belleza, era peligro.

    "Moda, poder y muerte: la fórmula de Elisabetta di Vincenzo."
    "La mujer que convirtió los negocios en arte."

    Sus ojos amatistas recorrieron lentamente el titular. Ladeó el rostro apenas, como si saboreara cada palabra impresa con la misma intensidad con la que saboreaba una victoria bien ganada. Luego, sin apartar la mirada de la portada, dejó escapar una suave carcajada, apenas audible.

    —Les tomó tiempo entender... —musitó.

    En el margen inferior de la portada, una frase resaltada con picardía captó su atención:

    “¿Quién es el hombre que siempre la acompaña a todos lados? ¿Será su guardaespaldas como ella dice, o será algo más?”

    Elisabetta entrecerró los ojos y su sonrisa se transformó en una línea seductora de malicia pura. Apoyó el mentón sobre la mano con gesto teatral y elegante, y murmuró como si hablara consigo misma, aunque sabía que él estaba allí:

    —Les fascina especular... pero nadie entiende que el peligro real nunca se ve venir.

    El guardaespaldas, apostado discretamente a unos pasos, no dijo una palabra. Pero en su postura relajada había tensión contenida, como la de un león que observa, callado, esperando que alguien cruce la línea equivocada.

    Ella lo sabía. Siempre lo sabía.

    —¿Y tú? —preguntó, sin volverse, con voz suave pero cortante—. ¿Te molesta que empiecen a sospechar?

    [cosmic_beryl_zebra_425]
    El sol del mediodía bañaba el penthouse con un resplandor casi celestial, haciendo relucir el mármol blanco y las molduras doradas que hablaban de un lujo sobrio, cuidadosamente calculado. Las cortinas se mecían con la brisa, y el murmullo lejano de la ciudad parecía un eco irrelevante frente al imperio silencioso que reinaba entre esas paredes. Elisabetta estaba sentada en su diván favorito, con una pierna cruzada sobre la otra, envuelta en una bata de seda marfil con bordes dorados. Sus uñas perfectas brillaban mientras sostenía la revista que uno de sus asistentes le había entregado minutos antes. EMPORIO MAGAZINE 2025. Ahí estaba ella, en la portada. Imponente, inalcanzable, con las gafas oscuras cubriéndole los ojos y una expresión que no dejaba espacio a dudas: era poder, era belleza, era peligro. "Moda, poder y muerte: la fórmula de Elisabetta di Vincenzo." "La mujer que convirtió los negocios en arte." Sus ojos amatistas recorrieron lentamente el titular. Ladeó el rostro apenas, como si saboreara cada palabra impresa con la misma intensidad con la que saboreaba una victoria bien ganada. Luego, sin apartar la mirada de la portada, dejó escapar una suave carcajada, apenas audible. —Les tomó tiempo entender... —musitó. En el margen inferior de la portada, una frase resaltada con picardía captó su atención: “¿Quién es el hombre que siempre la acompaña a todos lados? ¿Será su guardaespaldas como ella dice, o será algo más?” Elisabetta entrecerró los ojos y su sonrisa se transformó en una línea seductora de malicia pura. Apoyó el mentón sobre la mano con gesto teatral y elegante, y murmuró como si hablara consigo misma, aunque sabía que él estaba allí: —Les fascina especular... pero nadie entiende que el peligro real nunca se ve venir. El guardaespaldas, apostado discretamente a unos pasos, no dijo una palabra. Pero en su postura relajada había tensión contenida, como la de un león que observa, callado, esperando que alguien cruce la línea equivocada. Ella lo sabía. Siempre lo sabía. —¿Y tú? —preguntó, sin volverse, con voz suave pero cortante—. ¿Te molesta que empiecen a sospechar? [cosmic_beryl_zebra_425]
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  • El sol de la mañana acariciaba suavemente los jardines de la Villa Di Vincenzo, donde el perfume de las bugambilias se mezclaba con el aroma a café recién hecho y pan horneado. Una mesa dispuesta con impecable gusto esperaba bajo la sombra de una pérgola cubierta de glicinas. Frutas frescas, jugos naturales, embutidos finos, quesos artesanales y una selección de dulces italianos adornaban el mantel blanco con bordados dorados. Todo estaba dispuesto con precisión, sin excesos, pero con el refinamiento propio de una anfitriona como Elisabetta Di Vincenzo.

    Ella ya estaba allí, sentada con elegancia en una silla de hierro forjado tapizada en terciopelo gris perla. Llevaba un conjunto cómodo pero cuidadosamente escogido: un pantalón palazzo color marfil, una blusa de seda verde esmeralda que resaltaba sus ojos violeta, y un chal ligero sobre los hombros. Su cabello rubio, suelto y ligeramente ondulado, caía con gracia por su espalda. Ni una joya de más, ni una arruga fuera de lugar.

    Aparentemente tranquila, sostenía una copa de jugo de naranja con una mano, mientras la otra pasaba lentamente las páginas de un libro antiguo de poesía italiana. Pero su mente no estaba en los versos de Petrarca. Su atención estaba puesta en la entrada de la villa, esperando el sonido de los pasos que anunciarían la llegada de su hermano Giovanni... y de ella. Su novia. La mujer que, según Giovanni, había logrado hacerlo feliz de nuevo.

    Elisabetta había sonreído por cortesía cuando recibió la noticia, pero por dentro, las alertas se encendieron de inmediato. ¿Quién era esa mujer? ¿Qué quería realmente? Nadie se acercaba a un Di Vincenzo sin un motivo, y menos aún a Giovanni, que en los últimos años se había convertido en su único verdadero aliado, el único que no la había dejado tras la muerte de su padre.

    Naturalmente, Elisabetta no había esperado una presentación formal para comenzar a conocerla. Su equipo ya había investigado todo: nombre, familia, pasado, fotos antiguas, viajes, ex parejas, movimientos bancarios... Todo. Y aunque hasta ahora nada era "alarmante", el instinto de la Farfalla della Morte nunca se equivocaba.

    El canto lejano de un ruiseñor cesó cuando escuchó el ruido de un motor acercándose por el camino de grava. Cerró el libro con elegancia y lo dejó sobre la mesa, mientras una leve sonrisa, tan bella como inquietante, curvaba sus labios.

    —Finalmente, llegó el momento —susurró, tomando una aceituna entre sus dedos perfectamente cuidados.

    Elisabetta se puso de pie con la gracia de quien domina cada centímetro del terreno que pisa. Con el sol acariciando su silueta, parecía una diosa romana lista para recibir a sus invitados. Pero sus ojos... esos ojos color amatista, brillaban con la intensidad de quien va a juzgar, aunque no lo diga con palabras.

    Aquella mujer iba a conocer a Elisabetta Di Vincenzo.

    Y lo haría con desayuno... y con advertencia velada incluida.

    Yuki Prakliaty
    Gɪᴏᴠᴀɴɴɪ Dɪ Vɪɴᴄᴇɴᴢᴏ
    El sol de la mañana acariciaba suavemente los jardines de la Villa Di Vincenzo, donde el perfume de las bugambilias se mezclaba con el aroma a café recién hecho y pan horneado. Una mesa dispuesta con impecable gusto esperaba bajo la sombra de una pérgola cubierta de glicinas. Frutas frescas, jugos naturales, embutidos finos, quesos artesanales y una selección de dulces italianos adornaban el mantel blanco con bordados dorados. Todo estaba dispuesto con precisión, sin excesos, pero con el refinamiento propio de una anfitriona como Elisabetta Di Vincenzo. Ella ya estaba allí, sentada con elegancia en una silla de hierro forjado tapizada en terciopelo gris perla. Llevaba un conjunto cómodo pero cuidadosamente escogido: un pantalón palazzo color marfil, una blusa de seda verde esmeralda que resaltaba sus ojos violeta, y un chal ligero sobre los hombros. Su cabello rubio, suelto y ligeramente ondulado, caía con gracia por su espalda. Ni una joya de más, ni una arruga fuera de lugar. Aparentemente tranquila, sostenía una copa de jugo de naranja con una mano, mientras la otra pasaba lentamente las páginas de un libro antiguo de poesía italiana. Pero su mente no estaba en los versos de Petrarca. Su atención estaba puesta en la entrada de la villa, esperando el sonido de los pasos que anunciarían la llegada de su hermano Giovanni... y de ella. Su novia. La mujer que, según Giovanni, había logrado hacerlo feliz de nuevo. Elisabetta había sonreído por cortesía cuando recibió la noticia, pero por dentro, las alertas se encendieron de inmediato. ¿Quién era esa mujer? ¿Qué quería realmente? Nadie se acercaba a un Di Vincenzo sin un motivo, y menos aún a Giovanni, que en los últimos años se había convertido en su único verdadero aliado, el único que no la había dejado tras la muerte de su padre. Naturalmente, Elisabetta no había esperado una presentación formal para comenzar a conocerla. Su equipo ya había investigado todo: nombre, familia, pasado, fotos antiguas, viajes, ex parejas, movimientos bancarios... Todo. Y aunque hasta ahora nada era "alarmante", el instinto de la Farfalla della Morte nunca se equivocaba. El canto lejano de un ruiseñor cesó cuando escuchó el ruido de un motor acercándose por el camino de grava. Cerró el libro con elegancia y lo dejó sobre la mesa, mientras una leve sonrisa, tan bella como inquietante, curvaba sus labios. —Finalmente, llegó el momento —susurró, tomando una aceituna entre sus dedos perfectamente cuidados. Elisabetta se puso de pie con la gracia de quien domina cada centímetro del terreno que pisa. Con el sol acariciando su silueta, parecía una diosa romana lista para recibir a sus invitados. Pero sus ojos... esos ojos color amatista, brillaban con la intensidad de quien va a juzgar, aunque no lo diga con palabras. Aquella mujer iba a conocer a Elisabetta Di Vincenzo. Y lo haría con desayuno... y con advertencia velada incluida. [Yuki2104] [Gi0vanni]
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  • #Amatista.
    Simboliza calma, equilibrio y conexión espiritual, cualidades que refleja mi autocontrol y serenidad emocional.
    Este cristal actúa como una barrera contra energías negativas, permitiendo que el invocador entre en contacto conmigo a la hora de "invocarme", claro está.
    Además, la amatista profundiza el vínculo con el mundo espiritual, ayudando a estabilizar la conexión durante el ritual y manteniendo el equilibrio ante cualquier posible descontrol.

    «Posible descontrol...» Que el invocador sea un licántropo.
    #Amatista. Simboliza calma, equilibrio y conexión espiritual, cualidades que refleja mi autocontrol y serenidad emocional. Este cristal actúa como una barrera contra energías negativas, permitiendo que el invocador entre en contacto conmigo a la hora de "invocarme", claro está. Además, la amatista profundiza el vínculo con el mundo espiritual, ayudando a estabilizar la conexión durante el ritual y manteniendo el equilibrio ante cualquier posible descontrol. «Posible descontrol...» Que el invocador sea un licántropo.
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  • Fue durante el último equinoccio de otoño que Tolek invocó las fuerzas del clan Chérnikov, una práctica que sólo es necesaria cuando se trata de hechizos poderosos. Su clan está muerto, pero sus fantasmas aún pueden caminar la tierra de los vivos y son especialmente poderosos durante estas épocas tan cercanas a la noche de los muertos.

    El brujo ha preparado un círculo de invocación en aquella zona más especial del bosque que custodia: el manantial. Allí, bajo la atenta mirada de una familia de curiosos kitsune, un par dríades y ninfas, y alguna que otra criatura peculiar más, el clan Chérnikov se reúne entorno a una hoguera mágica que arde con un fuego de color blanco poco común. El fantasma de los hombres más cercanos de su clan, quienes son su padre y los hermanos de su padre, rodean el fuego más de cerca que las mujeres, quienes mantienen un coro de protección e invocación alrededor.

    Es a su padre a quien Tolek ofrece un anillo dorado adornado con una tierna florecilla púrpura, que acaba de retirar de su dedo, antes despidiéndose de este con un beso. El hombre lo recibe con cuidado y recita las mismas palabras que las mujeres, uniéndose al coro por un momento, justo antes de lanzarlo a la hoguera.

    Las llamas se avivan y crecen tornándose doradas por un momento.

    Luego, el brujo ofrece un colgante que retira de su cuello y que despide del mismo modo, con un sentido beso, antes de ofrecérselo a su padre.

    Las llamas lo reciben con otra explosión de brillo dorado.
    El espectáculo de luces fascina a las criaturas que lo atestiguan, lejos de quemar a nadie ni de ponerles en riesgo.
    Por otro lado, el brujo ya es incapaz de contener las lágrimas que le ahogan los ojos.

    Lo siguiente es un anillo de plata rosa, una coronita que despide con una lágrima que cae sin querer, antes de ofrecerlo a su padre. El brujo se limpia los ojos con el revés de la manga justo a tiempo para ver la explosión de humo rosa que deja a todos ciegos alrededor, inundados, además, por un penetrante olor a chicle.

    Esta vez, todas los espectadores vivos tosen.

    Finalmente, el brujo se quita su característico abrigo de piel... pero le cuesta entregarlo. Antes, se abraza y aferra la prenda con un profundo cariño, y luego la deja ir con la vista otra vez empañada, pero le da igual. De todos modos, nadie ve nada por culpa de la nube rosa chicle, hasta que el siguiente estallido eleva las llamas a lo más alto y por encima de las copas de los árboles, lenguas de fuego de color negro que abrasan el aire circundante capaces de consumir todo a su alrededor. Pero el canto de las mujeres no es en vano, nada ni nadie se quema ni sufre.

    Y así, el brujo agacha la cabeza como si la nuca le pesara mucho más de la cuenta, un peso que pronto desaparece, sin embargo. Creyendo que todo ha terminado, el brujo se extraña al escuchar que el canto persiste, aunque ha cambiado de letra y ritmo, y que su padre aún espera frente a él.

    — No tengo nada más que entregar... —pronuncia Tolek.

    Su padre le mira el pecho.

    — No, la amatista se queda —declara el brujo, con voz tajante.

    Pero su padre aún le mira el pecho.
    Al parecer, lo que sea que esté sucediendo no tiene algo que ver con la amatista.

    Entonces, frente a los ojos del brujo, su padre parece cambiar de forma. Su rostro se desfigura, su cráneo queda expuesto, de su cabeza crecen grandes astas y su cabello se alarga en negras hebras. Su espalda se encorva, pero a la vez se estira dándole mucha más altura de la normal, sus manos se convierten en garras y sus piernas son las de una cabra. Y sin embargo, Tolek no muestra miedo, al contrario, se arrodilla al igual que lo hacen todos los demás de su clan alrededor, aunque con cierta dificultad debido a su cojera.

    El que se encuentra frente a él no es otra más que una de las formas que adopta el dios patrono de los Chérnikov, Weles. Y el que se presente en ese momento es un honor que toma por sorpresa al único que no lo esperaba, el brujo cojo.

    Weles, rodeado de un aura de misterio y quietud aterradora, extiende una mano para posarla sobre la cabeza del brujo cojo frente a él. Tolek siente la rugosa presión de los dedos del dios y sólo puede pensar en que ha venido a por su alma, al fin, como castigo por la ingratitud que acaba de cometer al sacrificar los recuerdos de sus seres queridos. Pero no puede estar más equivocado, el dios se muestra paciente al esperar un momento de travieso suspenso antes de obrar, y Tolek puede sentir como su pantorrilla izquierda se endurece y cruje como si estuviera hecha de madera, de raíces que se retuercen flexibles, pero a la vez rígidas bajo su piel. Y de pronto, como si al fin se deshiciera de una sanguijuela que llevara pegada a la pierna constantemente, el dolor desaparece.

    #ElBrujoCojo
    Fue durante el último equinoccio de otoño que Tolek invocó las fuerzas del clan Chérnikov, una práctica que sólo es necesaria cuando se trata de hechizos poderosos. Su clan está muerto, pero sus fantasmas aún pueden caminar la tierra de los vivos y son especialmente poderosos durante estas épocas tan cercanas a la noche de los muertos. El brujo ha preparado un círculo de invocación en aquella zona más especial del bosque que custodia: el manantial. Allí, bajo la atenta mirada de una familia de curiosos kitsune, un par dríades y ninfas, y alguna que otra criatura peculiar más, el clan Chérnikov se reúne entorno a una hoguera mágica que arde con un fuego de color blanco poco común. El fantasma de los hombres más cercanos de su clan, quienes son su padre y los hermanos de su padre, rodean el fuego más de cerca que las mujeres, quienes mantienen un coro de protección e invocación alrededor. Es a su padre a quien Tolek ofrece un anillo dorado adornado con una tierna florecilla púrpura, que acaba de retirar de su dedo, antes despidiéndose de este con un beso. El hombre lo recibe con cuidado y recita las mismas palabras que las mujeres, uniéndose al coro por un momento, justo antes de lanzarlo a la hoguera. Las llamas se avivan y crecen tornándose doradas por un momento. Luego, el brujo ofrece un colgante que retira de su cuello y que despide del mismo modo, con un sentido beso, antes de ofrecérselo a su padre. Las llamas lo reciben con otra explosión de brillo dorado. El espectáculo de luces fascina a las criaturas que lo atestiguan, lejos de quemar a nadie ni de ponerles en riesgo. Por otro lado, el brujo ya es incapaz de contener las lágrimas que le ahogan los ojos. Lo siguiente es un anillo de plata rosa, una coronita que despide con una lágrima que cae sin querer, antes de ofrecerlo a su padre. El brujo se limpia los ojos con el revés de la manga justo a tiempo para ver la explosión de humo rosa que deja a todos ciegos alrededor, inundados, además, por un penetrante olor a chicle. Esta vez, todas los espectadores vivos tosen. Finalmente, el brujo se quita su característico abrigo de piel... pero le cuesta entregarlo. Antes, se abraza y aferra la prenda con un profundo cariño, y luego la deja ir con la vista otra vez empañada, pero le da igual. De todos modos, nadie ve nada por culpa de la nube rosa chicle, hasta que el siguiente estallido eleva las llamas a lo más alto y por encima de las copas de los árboles, lenguas de fuego de color negro que abrasan el aire circundante capaces de consumir todo a su alrededor. Pero el canto de las mujeres no es en vano, nada ni nadie se quema ni sufre. Y así, el brujo agacha la cabeza como si la nuca le pesara mucho más de la cuenta, un peso que pronto desaparece, sin embargo. Creyendo que todo ha terminado, el brujo se extraña al escuchar que el canto persiste, aunque ha cambiado de letra y ritmo, y que su padre aún espera frente a él. — No tengo nada más que entregar... —pronuncia Tolek. Su padre le mira el pecho. — No, la amatista se queda —declara el brujo, con voz tajante. Pero su padre aún le mira el pecho. Al parecer, lo que sea que esté sucediendo no tiene algo que ver con la amatista. Entonces, frente a los ojos del brujo, su padre parece cambiar de forma. Su rostro se desfigura, su cráneo queda expuesto, de su cabeza crecen grandes astas y su cabello se alarga en negras hebras. Su espalda se encorva, pero a la vez se estira dándole mucha más altura de la normal, sus manos se convierten en garras y sus piernas son las de una cabra. Y sin embargo, Tolek no muestra miedo, al contrario, se arrodilla al igual que lo hacen todos los demás de su clan alrededor, aunque con cierta dificultad debido a su cojera. El que se encuentra frente a él no es otra más que una de las formas que adopta el dios patrono de los Chérnikov, Weles. Y el que se presente en ese momento es un honor que toma por sorpresa al único que no lo esperaba, el brujo cojo. Weles, rodeado de un aura de misterio y quietud aterradora, extiende una mano para posarla sobre la cabeza del brujo cojo frente a él. Tolek siente la rugosa presión de los dedos del dios y sólo puede pensar en que ha venido a por su alma, al fin, como castigo por la ingratitud que acaba de cometer al sacrificar los recuerdos de sus seres queridos. Pero no puede estar más equivocado, el dios se muestra paciente al esperar un momento de travieso suspenso antes de obrar, y Tolek puede sentir como su pantorrilla izquierda se endurece y cruje como si estuviera hecha de madera, de raíces que se retuercen flexibles, pero a la vez rígidas bajo su piel. Y de pronto, como si al fin se deshiciera de una sanguijuela que llevara pegada a la pierna constantemente, el dolor desaparece. #ElBrujoCojo
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