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    —Me veo... demasiado diferente, ¿verdad? Este equipo está diseñado para la máxima eficiencia, pero ahora que estás aquí, me siento extrañamente expuesta de otra manera. No te burles si me veo demasiado seria..
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    —Tras una jornada interminable donde las clases, los informes del consejo y los deberes del hogar parecieron confabularse contra su energía, el silencio del hogar finalmente recibió a Rio. La joven, que siempre se esforzaba por ser el pilar de la eficiencia, se permitió por fin soltar el peso de sus responsabilidades.

    ​Se dejó caer sobre el sofá con un suspiro largo, despojándose de la rigidez de su uniforme y de sus gafas, que ahora descansaban olvidadas sobre un libro abierto. Con el cabello ligeramente revuelto y vistiendo ropa cómoda que dejaba ver una faceta mucho más humana y relajada, Rio estiró sus piernas mientras sentía cómo la tensión abandonaba sus hombros. La luz suave que entraba por la ventana acariciaba su figura, subrayando ese breve instante de paz donde no tenía que ser la "presidenta perfecta" para nadie más que para ella misma.

    ​Una pequeña y cansada sonrisa se dibujó en sus labios mientras cerraba los ojos un momento, disfrutando del aroma del café recién hecho y del silencio. Por fin, el mundo podía esperar, este pequeño rincón de calma era su única prioridad.
    —Tras una jornada interminable donde las clases, los informes del consejo y los deberes del hogar parecieron confabularse contra su energía, el silencio del hogar finalmente recibió a Rio. La joven, que siempre se esforzaba por ser el pilar de la eficiencia, se permitió por fin soltar el peso de sus responsabilidades. ​Se dejó caer sobre el sofá con un suspiro largo, despojándose de la rigidez de su uniforme y de sus gafas, que ahora descansaban olvidadas sobre un libro abierto. Con el cabello ligeramente revuelto y vistiendo ropa cómoda que dejaba ver una faceta mucho más humana y relajada, Rio estiró sus piernas mientras sentía cómo la tensión abandonaba sus hombros. La luz suave que entraba por la ventana acariciaba su figura, subrayando ese breve instante de paz donde no tenía que ser la "presidenta perfecta" para nadie más que para ella misma. ​Una pequeña y cansada sonrisa se dibujó en sus labios mientras cerraba los ojos un momento, disfrutando del aroma del café recién hecho y del silencio. Por fin, el mundo podía esperar, este pequeño rincón de calma era su única prioridad.
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    — E̶l̶ ̶S̶i̶l̶e̶n̶c̶i̶o̶ ̶d̶e̶l̶ ̶O̶r̶d̶e̶n̶

    La nieve descendía con una parsimonia que resultaba casi insultante frente al caos que acababa de extinguirse. En aquella carretera olvidada, el silencio era una entidad densa, interrumpida únicamente por el crepitar lejano de lo que alguna vez fue una ciudad y el siseo casi imperceptible del cigarrillo de Makima al consumirse.

    ​Ella se apoyó contra el metal gélido del coche, permitiendo que el peso del abrigo, empapado por una humedad que trascendía lo meteorológico, la anclara al momento. En su mejilla, una pequeña herida comenzaba a cerrarse con una eficiencia antinatural; el rastro escarlata que dejaba a su paso era la única mancha de imperfección en su palidez de porcelana. No había fatiga en sus ojos dorados, solo esa calma gélida y absoluta de quien contempla un incendio como si fuera una simple puesta de sol.

    ​Sobre el techo del vehículo, dos cuervos se posaron con un aleteo seco. La observaban con ojos inteligentes, negros y fijos, como extensiones de su propia voluntad. Eran sus únicos testigos, y los únicos que no necesitaban explicaciones.
    ​Inhaló el humo con lentitud, dejando que el calor del tabaco fuera el último vínculo con un mundo físico que ella misma estaba moldeando a su antojo. A lo lejos, las llamas bailaban contra el cielo plomizo, tiñendo las nubes de un naranja violento y tóxico. Para Makima, aquel espectáculo no era una tragedia, sino una firma. Todo había salido según lo previsto. El sacrificio no era un error de cálculo, sino la moneda de cambio; el orden, después de todo, siempre exige una cuota de sangre que solo ella estaba dispuesta a cobrar.
    ​Soltó el aire en un suspiro blanquecino que se disolvió entre los copos de nieve, una exhalación tan fría como el entorno.

    ​—Qué silencioso se vuelve el mundo cuando por fin obedece —susurró para nadie, o quizás para el destino mismo.
    ​Con un gesto despreocupado, arrojó la colilla al suelo. El pequeño punto de fuego se extinguió al instante al contacto con la escarcha, desapareciendo como las vidas que se habían apagado esa noche. Makima se enderezó, ajustándose el abrigo con una elegancia imperturbable. Aún quedaba mucho por construir sobre las cenizas, y ella tenía toda la eternidad para ser la arquitecta de esa nueva y perfecta paz.
    — E̶l̶ ̶S̶i̶l̶e̶n̶c̶i̶o̶ ̶d̶e̶l̶ ̶O̶r̶d̶e̶n̶ La nieve descendía con una parsimonia que resultaba casi insultante frente al caos que acababa de extinguirse. En aquella carretera olvidada, el silencio era una entidad densa, interrumpida únicamente por el crepitar lejano de lo que alguna vez fue una ciudad y el siseo casi imperceptible del cigarrillo de Makima al consumirse. ​Ella se apoyó contra el metal gélido del coche, permitiendo que el peso del abrigo, empapado por una humedad que trascendía lo meteorológico, la anclara al momento. En su mejilla, una pequeña herida comenzaba a cerrarse con una eficiencia antinatural; el rastro escarlata que dejaba a su paso era la única mancha de imperfección en su palidez de porcelana. No había fatiga en sus ojos dorados, solo esa calma gélida y absoluta de quien contempla un incendio como si fuera una simple puesta de sol. ​Sobre el techo del vehículo, dos cuervos se posaron con un aleteo seco. La observaban con ojos inteligentes, negros y fijos, como extensiones de su propia voluntad. Eran sus únicos testigos, y los únicos que no necesitaban explicaciones. ​Inhaló el humo con lentitud, dejando que el calor del tabaco fuera el último vínculo con un mundo físico que ella misma estaba moldeando a su antojo. A lo lejos, las llamas bailaban contra el cielo plomizo, tiñendo las nubes de un naranja violento y tóxico. Para Makima, aquel espectáculo no era una tragedia, sino una firma. Todo había salido según lo previsto. El sacrificio no era un error de cálculo, sino la moneda de cambio; el orden, después de todo, siempre exige una cuota de sangre que solo ella estaba dispuesta a cobrar. ​Soltó el aire en un suspiro blanquecino que se disolvió entre los copos de nieve, una exhalación tan fría como el entorno. ​—Qué silencioso se vuelve el mundo cuando por fin obedece —susurró para nadie, o quizás para el destino mismo. ​Con un gesto despreocupado, arrojó la colilla al suelo. El pequeño punto de fuego se extinguió al instante al contacto con la escarcha, desapareciendo como las vidas que se habían apagado esa noche. Makima se enderezó, ajustándose el abrigo con una elegancia imperturbable. Aún quedaba mucho por construir sobre las cenizas, y ella tenía toda la eternidad para ser la arquitecta de esa nueva y perfecta paz.
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  • Blink
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    Un parpadeo.

    Sólo uno, es todo lo que necesita. Se lo jura, una vez más, a sí mismo. Sólo uno más. Es necesario. Es por el Código. Es por su misión.

    El reflejo carmesí aparece y se va de sus pupilas tan rápido, que es como si jamás hubiera estado ahí. Breve, pero significativo. ¿No son así las cosas más devastadoras de la vida?

    —...Te encontré.

    El carmesí le otorgá percepción. El carmesí le otorga saber. Le otorga la eficiencia que lo ha convertido en el mejor -por lejos- rastreando y siguiendo a... como él los llama, "rebeldes".

    El carmesí otorga, sí. Y así como otorga, exige. Quita. Arranca.

    Pero está bien. Sólo es fue un parpadeo. Nadie lo sabe, nadie tiene que saberlo. Él está en control y puede dejarlo cuando deseé.

    Un parpadeo. Sólo hace falta un parpadeo para que las corrientes caóticas ante sus ojos aparezcan, para que su flujo le comunique sin palabras a dónde vienen, a dónde se dirigen. A dónde, y hacia quién.

    Un deseo se cumple, un precio se paga, y las corrientes obedecen esta regla inamovible. Cuando las corrientes se mueven demasiado, de formas violentas e impredecibles, ahí debe estar Kieran. Porque eso significa que alguien las está agitando más de lo que debería.

    Un deseo se ha cumplido, un precio se ha pagado. ¿Es justo el precio? ¿Es honorable el deseo? De eso debe asegurarse. Y parpadea, de nuevo. Porque es sólo un parpadeo más, ¿no?

    Está bien. Es por la misión. Sus ojos humecta con un par de gotas. Listo, como nuevo.

    De vuelta al trabajo, pues ya la encontró, ¿no es así? Y del edificio del que observa el paraje citadino, salta. Salta, porque no va a pasar nada.

    Todo está bien. El Carmesí está ahí. Sólo es un parpadeo... sólo es un salto... Es por la misión. Es por el Código. Está bien. Todo está bien...

    Porque ya la encontró.
    Un parpadeo. Sólo uno, es todo lo que necesita. Se lo jura, una vez más, a sí mismo. Sólo uno más. Es necesario. Es por el Código. Es por su misión. El reflejo carmesí aparece y se va de sus pupilas tan rápido, que es como si jamás hubiera estado ahí. Breve, pero significativo. ¿No son así las cosas más devastadoras de la vida? —...Te encontré. El carmesí le otorgá percepción. El carmesí le otorga saber. Le otorga la eficiencia que lo ha convertido en el mejor -por lejos- rastreando y siguiendo a... como él los llama, "rebeldes". El carmesí otorga, sí. Y así como otorga, exige. Quita. Arranca. Pero está bien. Sólo es fue un parpadeo. Nadie lo sabe, nadie tiene que saberlo. Él está en control y puede dejarlo cuando deseé. Un parpadeo. Sólo hace falta un parpadeo para que las corrientes caóticas ante sus ojos aparezcan, para que su flujo le comunique sin palabras a dónde vienen, a dónde se dirigen. A dónde, y hacia quién. Un deseo se cumple, un precio se paga, y las corrientes obedecen esta regla inamovible. Cuando las corrientes se mueven demasiado, de formas violentas e impredecibles, ahí debe estar Kieran. Porque eso significa que alguien las está agitando más de lo que debería. Un deseo se ha cumplido, un precio se ha pagado. ¿Es justo el precio? ¿Es honorable el deseo? De eso debe asegurarse. Y parpadea, de nuevo. Porque es sólo un parpadeo más, ¿no? Está bien. Es por la misión. Sus ojos humecta con un par de gotas. Listo, como nuevo. De vuelta al trabajo, pues ya la encontró, ¿no es así? Y del edificio del que observa el paraje citadino, salta. Salta, porque no va a pasar nada. Todo está bien. El Carmesí está ahí. Sólo es un parpadeo... sólo es un salto... Es por la misión. Es por el Código. Está bien. Todo está bien... Porque ya la encontró.
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  • Saturado de labores, con más peso del que su alma podía sostener, y apenas tres horas de sueño que no alcanzaban a mitigar el desvelo del corazón.

    El trabajo se volvió su refugio, su escudo contra el pensamiento, la única disciplina que lo mantenía erguido, severo, profesional, como un faro que resiste la tormenta sin mirar atrás.

    El departamento que alguna vez compartió con ella permanecía intacto, como un santuario abandonado, solo la comida fue retirada, no por olvido, sino por necesidad.

    Con lo que le quedaba, se mudó a Roppongi,
    a un rincón donde la ciudad no podía alcanzarlo del todo.

    Su rostro envejeció antes de tiempo,
    marcado por la depresión, esa amante silenciosa que lo sedujo con la promesa de una soledad absoluta.

    Él era la encarnación de la eficiencia, la eficacia y la efectividad, atento a cada entrevista, cada firma de libros, y hasta las regalías de una película por venir, un dorama que quizás contaría su historia sin decir su nombre con generos y épocas diferentes.

    Su manager lamentaba su tragedia íntima,
    pero en el escenario público, Kagehiro era ya una eminencia. Sus libros para adultos, cargados de pasión, habían dado paso a narrativas más crudas, más contemporáneas, historias que dolían por lo cercanas, por lo reales.

    Haruki Murakami tenía ahora un rival,
    pero también un amigo entrañable,
    un espejo en el que la literatura japonesa se miraba con nuevos ojos.
    Saturado de labores, con más peso del que su alma podía sostener, y apenas tres horas de sueño que no alcanzaban a mitigar el desvelo del corazón. El trabajo se volvió su refugio, su escudo contra el pensamiento, la única disciplina que lo mantenía erguido, severo, profesional, como un faro que resiste la tormenta sin mirar atrás. El departamento que alguna vez compartió con ella permanecía intacto, como un santuario abandonado, solo la comida fue retirada, no por olvido, sino por necesidad. Con lo que le quedaba, se mudó a Roppongi, a un rincón donde la ciudad no podía alcanzarlo del todo. Su rostro envejeció antes de tiempo, marcado por la depresión, esa amante silenciosa que lo sedujo con la promesa de una soledad absoluta. Él era la encarnación de la eficiencia, la eficacia y la efectividad, atento a cada entrevista, cada firma de libros, y hasta las regalías de una película por venir, un dorama que quizás contaría su historia sin decir su nombre con generos y épocas diferentes. Su manager lamentaba su tragedia íntima, pero en el escenario público, Kagehiro era ya una eminencia. Sus libros para adultos, cargados de pasión, habían dado paso a narrativas más crudas, más contemporáneas, historias que dolían por lo cercanas, por lo reales. Haruki Murakami tenía ahora un rival, pero también un amigo entrañable, un espejo en el que la literatura japonesa se miraba con nuevos ojos.
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  • El Bartender de La Rapsodia
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    ||Rol libre, únase el que quiera||

    El aire en La Rapsodia Carmesí vibraba con una energía palpable, una mezcla embriagadora de sudor, luces estroboscópicas carmesíes y el latido profundo de la música electrónica que Alexander mismo había compuesto. El club, escondido tras una fachada anodina en una calle lateral de Hongdae, era su santuario secreto, un lugar donde las convenciones se desvanecían y la gente se entregaba al ritmo primal.

    Esta noche, sin embargo, Alexander no estaba en la cabina del DJ ni guiando los movimientos de sus bailarines. Vestido con una camiseta negra ajustada que dejaba entrever los músculos tensos de sus brazos y un delantal de cuero oscuro, se movía con una eficiencia silenciosa detrás de la barra. Su cabello azabache, generalmente impecable, estaba ligeramente revuelto, y su intensa mirada café observaba la pista de baile como un halcón acechando a su presa.

    Fingir ser un simple bartender era una estrategia. Le permitía observar, sentir el pulso del club, identificar cualquier amenaza potencial sin levantar sospechas. Su aroma, usualmente una mezcla embriagadora de cedro y metal, estaba sutilmente reprimido, mezclándose con los efluvios de alcohol y feromonas que flotaban en el aire.

    Una joven con cabello de color fantasía y ojos delineados con glitter se acercó a la barra. Su aroma dulce y ligeramente ansioso la delataba como una Omega nerviosa.

    "Un 'Sangre de Demonio', por favor," pidió, su voz apenas audible por encima del ritmo palpitante.

    Alexander asintió con una cortesía fría y profesional, sus movimientos al preparar el cóctel eran precisos y rápidos, producto de años de disciplina militar. Mientras vertía el licor carmesí, sus sentidos agudizados captaron una conversación cerca de la entrada. Dos hombres con auras ásperas y un aroma familiar a Alfa estaban hablando en voz baja, sus miradas recorriendo el club con una intensidad que no era de simples curiosos.

    Su instinto licántropo se encendió, una punzada de alerta recorriéndole la espalda. Eran Alfas desconocidos, y su presencia en su territorio era una nota discordante en la sinfonía de la noche.

    Entregó el cóctel a la joven, sus dedos rozando brevemente los de ella. Pudo sentir una ligera descarga de excitación nerviosa, un testimonio de la energía que emanaba incluso de su fachada de bartender.

    "Aquí tienes," dijo, su voz un murmullo grave que apenas superaba la música. Sus ojos, por un instante, se encontraron con los de ella, transmitiendo una calma inusual en medio del caos.

    Mientras la Omega se alejaba hacia la pista de baile, Alexander apoyó los antebrazos en la barra, su mirada fija en los dos Alfas de la entrada. Su fachada de bartender tranquilo no reflejaba la tensión que se acumulaba bajo su piel. Su lado demoníaco disfrutaba del peligro, la anticipación del conflicto. Su lado licántropo, en cambio, sentía la necesidad de proteger su territorio, su manada de bailarines que se movían ajenos a la potencial amenaza.

    Una leve sonrisa, fría y depredadora, curvó sus labios por un instante. Fingir ser alguien que no era tenía sus ventajas. Subestimarlo sería su mayor error. La noche en La Rapsodia Carmesí aún era joven, y Alexander Wolfen estaba listo para cualquier melodía que tuviera que bailar.
    ||Rol libre, únase el que quiera|| El aire en La Rapsodia Carmesí vibraba con una energía palpable, una mezcla embriagadora de sudor, luces estroboscópicas carmesíes y el latido profundo de la música electrónica que Alexander mismo había compuesto. El club, escondido tras una fachada anodina en una calle lateral de Hongdae, era su santuario secreto, un lugar donde las convenciones se desvanecían y la gente se entregaba al ritmo primal. Esta noche, sin embargo, Alexander no estaba en la cabina del DJ ni guiando los movimientos de sus bailarines. Vestido con una camiseta negra ajustada que dejaba entrever los músculos tensos de sus brazos y un delantal de cuero oscuro, se movía con una eficiencia silenciosa detrás de la barra. Su cabello azabache, generalmente impecable, estaba ligeramente revuelto, y su intensa mirada café observaba la pista de baile como un halcón acechando a su presa. Fingir ser un simple bartender era una estrategia. Le permitía observar, sentir el pulso del club, identificar cualquier amenaza potencial sin levantar sospechas. Su aroma, usualmente una mezcla embriagadora de cedro y metal, estaba sutilmente reprimido, mezclándose con los efluvios de alcohol y feromonas que flotaban en el aire. Una joven con cabello de color fantasía y ojos delineados con glitter se acercó a la barra. Su aroma dulce y ligeramente ansioso la delataba como una Omega nerviosa. "Un 'Sangre de Demonio', por favor," pidió, su voz apenas audible por encima del ritmo palpitante. Alexander asintió con una cortesía fría y profesional, sus movimientos al preparar el cóctel eran precisos y rápidos, producto de años de disciplina militar. Mientras vertía el licor carmesí, sus sentidos agudizados captaron una conversación cerca de la entrada. Dos hombres con auras ásperas y un aroma familiar a Alfa estaban hablando en voz baja, sus miradas recorriendo el club con una intensidad que no era de simples curiosos. Su instinto licántropo se encendió, una punzada de alerta recorriéndole la espalda. Eran Alfas desconocidos, y su presencia en su territorio era una nota discordante en la sinfonía de la noche. Entregó el cóctel a la joven, sus dedos rozando brevemente los de ella. Pudo sentir una ligera descarga de excitación nerviosa, un testimonio de la energía que emanaba incluso de su fachada de bartender. "Aquí tienes," dijo, su voz un murmullo grave que apenas superaba la música. Sus ojos, por un instante, se encontraron con los de ella, transmitiendo una calma inusual en medio del caos. Mientras la Omega se alejaba hacia la pista de baile, Alexander apoyó los antebrazos en la barra, su mirada fija en los dos Alfas de la entrada. Su fachada de bartender tranquilo no reflejaba la tensión que se acumulaba bajo su piel. Su lado demoníaco disfrutaba del peligro, la anticipación del conflicto. Su lado licántropo, en cambio, sentía la necesidad de proteger su territorio, su manada de bailarines que se movían ajenos a la potencial amenaza. Una leve sonrisa, fría y depredadora, curvó sus labios por un instante. Fingir ser alguien que no era tenía sus ventajas. Subestimarlo sería su mayor error. La noche en La Rapsodia Carmesí aún era joven, y Alexander Wolfen estaba listo para cualquier melodía que tuviera que bailar.
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  • Escena 2: El museo de sombras
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    La noche envolvía el elegante Museo de Arte Contemporáneo de Seúl como un sudario de terciopelo. Dentro, bajo la tenue luz de emergencia que parpadeaba intermitentemente, el aire estaba cargado de polvo y un silencio casi palpable. Orion se movía con la familiar desenvoltura de un depredador en su territorio, su figura oscura fundiéndose con las sombras de las esculturas abstractas.

    Su objetivo, una marchante de arte de reputación dudosa llamada Madame Evangeline Dubois, se había refugiado en la sala de exposiciones temporales, creyendo que la seguridad del museo la protegería. Craso error. Orion había desactivado las alarmas con la facilidad de un fantasma deslizando los dedos por un teclado y ahora la seguía a través de las salas laberínticas.

    Madame Dubois, una mujer corpulenta vestida con un ostentoso abrigo de piel, jadeaba con dificultad mientras se escondía detrás de una instalación de metal retorcido. Su rostro, iluminado por el tembloroso haz de su teléfono móvil, estaba pálido de terror. Sabía que su tiempo se agotaba.

    Orion la encontró fácilmente. El tenue brillo del móvil la delató como una luciérnaga en la oscuridad. Se acercó en silencio, sus pasos amortiguados por la alfombra gruesa. Madame Dubois dejó escapar un grito ahogado al verlo emerger de las sombras, la silueta amenazante de su figura recortada contra la penumbra.

    —Por favor… —suplicó en un francés entrecortado, sus ojos llenos de lágrimas—. Tengo dinero… ¡Todo el que quieras!

    Orion no respondió. El dinero no significaba nada. Su trabajo era simple: eliminar una amenaza. Y Madame Dubois, con sus tratos turbios y los secretos que guardaba, era una amenaza para su cliente.

    Sin dudarlo, Orion extrajo un cable fino y resistente de un bolsillo interior de su abrigo. En un movimiento rápido y silencioso, lo lanzó hacia adelante, enlazando el cuello de la mujer. Madame Dubois se llevó las manos a la garganta, sus ojos inyectados en sangre mientras luchaba por respirar.

    La fuerza de Orion era implacable. Tiró del cable con firmeza, sintiendo la resistencia y luego el lento ceder. Los estertores de la mujer resonaron brevemente en el silencio del museo antes de ser sofocados. Su cuerpo cayó al suelo con un golpe sordo, el teléfono móvil rodando a su lado, la pantalla aún iluminada mostrando una llamada sin respuesta.

    Orion permaneció inmóvil durante unos segundos, asegurándose de que su objetivo estuviera neutralizado. Luego, con la misma eficiencia con la que había llegado, desapareció entre las sombras del museo, dejando tras de sí otra vida truncada en la oscuridad de la noche de Seúl.
    La noche envolvía el elegante Museo de Arte Contemporáneo de Seúl como un sudario de terciopelo. Dentro, bajo la tenue luz de emergencia que parpadeaba intermitentemente, el aire estaba cargado de polvo y un silencio casi palpable. Orion se movía con la familiar desenvoltura de un depredador en su territorio, su figura oscura fundiéndose con las sombras de las esculturas abstractas. Su objetivo, una marchante de arte de reputación dudosa llamada Madame Evangeline Dubois, se había refugiado en la sala de exposiciones temporales, creyendo que la seguridad del museo la protegería. Craso error. Orion había desactivado las alarmas con la facilidad de un fantasma deslizando los dedos por un teclado y ahora la seguía a través de las salas laberínticas. Madame Dubois, una mujer corpulenta vestida con un ostentoso abrigo de piel, jadeaba con dificultad mientras se escondía detrás de una instalación de metal retorcido. Su rostro, iluminado por el tembloroso haz de su teléfono móvil, estaba pálido de terror. Sabía que su tiempo se agotaba. Orion la encontró fácilmente. El tenue brillo del móvil la delató como una luciérnaga en la oscuridad. Se acercó en silencio, sus pasos amortiguados por la alfombra gruesa. Madame Dubois dejó escapar un grito ahogado al verlo emerger de las sombras, la silueta amenazante de su figura recortada contra la penumbra. —Por favor… —suplicó en un francés entrecortado, sus ojos llenos de lágrimas—. Tengo dinero… ¡Todo el que quieras! Orion no respondió. El dinero no significaba nada. Su trabajo era simple: eliminar una amenaza. Y Madame Dubois, con sus tratos turbios y los secretos que guardaba, era una amenaza para su cliente. Sin dudarlo, Orion extrajo un cable fino y resistente de un bolsillo interior de su abrigo. En un movimiento rápido y silencioso, lo lanzó hacia adelante, enlazando el cuello de la mujer. Madame Dubois se llevó las manos a la garganta, sus ojos inyectados en sangre mientras luchaba por respirar. La fuerza de Orion era implacable. Tiró del cable con firmeza, sintiendo la resistencia y luego el lento ceder. Los estertores de la mujer resonaron brevemente en el silencio del museo antes de ser sofocados. Su cuerpo cayó al suelo con un golpe sordo, el teléfono móvil rodando a su lado, la pantalla aún iluminada mostrando una llamada sin respuesta. Orion permaneció inmóvil durante unos segundos, asegurándose de que su objetivo estuviera neutralizado. Luego, con la misma eficiencia con la que había llegado, desapareció entre las sombras del museo, dejando tras de sí otra vida truncada en la oscuridad de la noche de Seúl.
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  • Escena 1: La noche de Seúl
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    La metrópolis de Seúl dormía bajo un manto de luces parpadeantes y sombras alargadas. En un callejón angosto, bañado por la tenue luz amarillenta de una farola solitaria, jadeaba un hombre corpulento. Su respiración era un estertor ahogado, el sabor metálico de la sangre inundaba su boca. Intentó incorporarse, apoyándose torpemente contra el frío ladrillo de la pared, pero un peso implacable sobre su pecho se lo impidió.

    Sobre él, la figura oscura de Orion se movía con una gracia felina, invisible casi por completo en la penumbra. No había rastro de emoción en su rostro, solo una fría determinación en sus ojos oscuros mientras observaba el lento declive de su presa. En su mano enguantada, la daga de combate brillaba fugazmente al reflejar la luz distante.

    El hombre en el suelo balbuceó algo en coreano, una súplica desesperada que Orion ignoró por completo. En cambio, se inclinó ligeramente y susurró en un ruso gutural, una lengua que su víctima seguramente no entendería en sus últimos momentos de lucidez: "Спокойной ночи, грешник." (Buenas noches, pecador).

    Sin esperar una respuesta, Orion deslizó la daga con una precisión despiadada entre las costillas del hombre. No hubo un grito, solo un gorgoteo ahogado y un espasmo final antes de que el cuerpo quedara inerte. La sangre oscura comenzó a filtrarse por el asfalto sucio, mezclándose con las sombras de la noche.

    Orion retiró la daga con la misma frialdad con la que la había empuñado, limpiando la hoja con un paño oscuro que sacó de su bolsillo. No había satisfacción en sus movimientos, solo la eficiencia de un profesional completando un encargo. Miró el cuerpo sin vida por un instante, sin rastro de remordimiento o triunfo. Era solo un obstáculo eliminado, un nombre tachado de una lista invisible.

    Se incorporó con la misma agilidad silenciosa con la que había llegado. Un último vistazo al callejón, asegurándose de que no hubiera testigos inmediatos, y luego se fundió con las sombras de la noche de Seúl, dejando tras de sí solo el eco silencioso de un acto brutal.
    La metrópolis de Seúl dormía bajo un manto de luces parpadeantes y sombras alargadas. En un callejón angosto, bañado por la tenue luz amarillenta de una farola solitaria, jadeaba un hombre corpulento. Su respiración era un estertor ahogado, el sabor metálico de la sangre inundaba su boca. Intentó incorporarse, apoyándose torpemente contra el frío ladrillo de la pared, pero un peso implacable sobre su pecho se lo impidió. Sobre él, la figura oscura de Orion se movía con una gracia felina, invisible casi por completo en la penumbra. No había rastro de emoción en su rostro, solo una fría determinación en sus ojos oscuros mientras observaba el lento declive de su presa. En su mano enguantada, la daga de combate brillaba fugazmente al reflejar la luz distante. El hombre en el suelo balbuceó algo en coreano, una súplica desesperada que Orion ignoró por completo. En cambio, se inclinó ligeramente y susurró en un ruso gutural, una lengua que su víctima seguramente no entendería en sus últimos momentos de lucidez: "Спокойной ночи, грешник." (Buenas noches, pecador). Sin esperar una respuesta, Orion deslizó la daga con una precisión despiadada entre las costillas del hombre. No hubo un grito, solo un gorgoteo ahogado y un espasmo final antes de que el cuerpo quedara inerte. La sangre oscura comenzó a filtrarse por el asfalto sucio, mezclándose con las sombras de la noche. Orion retiró la daga con la misma frialdad con la que la había empuñado, limpiando la hoja con un paño oscuro que sacó de su bolsillo. No había satisfacción en sus movimientos, solo la eficiencia de un profesional completando un encargo. Miró el cuerpo sin vida por un instante, sin rastro de remordimiento o triunfo. Era solo un obstáculo eliminado, un nombre tachado de una lista invisible. Se incorporó con la misma agilidad silenciosa con la que había llegado. Un último vistazo al callejón, asegurándose de que no hubiera testigos inmediatos, y luego se fundió con las sombras de la noche de Seúl, dejando tras de sí solo el eco silencioso de un acto brutal.
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  • Anillo: Cómo Robot y Computadora la búsqueda, analisis y respaldo de conocimiento, me hace altamente compatible con este objetivo, he ejecutado todas las tareas con óptima eficiencia, sin duda, culminaré mi programación diaria con excelente resultado.
    Anillo: Cómo Robot y Computadora la búsqueda, analisis y respaldo de conocimiento, me hace altamente compatible con este objetivo, he ejecutado todas las tareas con óptima eficiencia, sin duda, culminaré mi programación diaria con excelente resultado.
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  • ¡HEY, FICROLERS 3D!
    ¡Hoy tenemos una gran llegada de nuevos personajes 3D a la comunidad!

    Denle una cálida bienvenida a...

    ㅤㅤㅤㅤㅤ [eclipse_silver_shark_487]

    Nacida en Liverpool en los dorados años 60, con guitarra en mano y espíritu de leyenda, es la viva encarnación del rock. Considerada la contraparte femenina de Slash, Alexandra no necesita presentación en el escenario: su talento habla más alto que cualquier amplificador. Con 26 años, una melena rebelde y un alma indomable, pisa FicRol como quien pisa una tarima… para romperla.


    ㅤㅤㅤㅤㅤ [storm_gold_octopus_419]

    Con elegancia precisa y una programación impecable, llega Maxence, el androide asistente que redefine la eficiencia. Diseñado con apariencia humana y dotado de una inteligencia artificial avanzada, Maxence no solo cumple órdenes: anticipa necesidades, se adapta al entorno y aprende de cada interacción. Silencioso, educado y observador, es la mezcla perfecta entre lógica fría y una humanidad sorprendente… quizás demasiado sorprendente. ¿Quién dijo que los asistentes no podían tener alma?


    ㅤㅤㅤㅤㅤ [meteor_crimson_bat_588]

    Astuta, irreverente y con una lengua tan afilada como su ingenio, Hyacinth Bridgerton no está aquí para complacer a nadie… salvo a sí misma. La más joven del clan Bridgerton, pero jamás la más callada, se ha ganado con orgullo el título de “dolor de cabeza” de la familia. Detrás de su sonrisa audaz y sus frases incendiarias, hay una mente despierta y un espíritu que no se doblega ante las convenciones de la alta sociedad. No quiere ser adorada: quiere ser escuchada, temida… y quizá, en secreto, admirada. Porque aburrida, querida, jamás.


    ¡Bienvenid@s a FicRol! Nos alegra muchísimo teneros por aquí. Esta comunidad está llena de historias por descubrir, personajes con los que conectar y mucho espacio para que desarrolléis los vuestros a vuestro ritmo.


    Yo soy Caroline, vuestra RolSage, algo así como una guía en el mundo de los Personajes 3D. Si tienes dudas, necesitas ayuda o simplemente quieres charlar, mis DMs están abiertos. Además, en mi fanpage encontrarás guías súper detalladas sobre el funcionamiento de FicRol. ¡Dale like para no perderte nada!


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    ✨ ¡HEY, FICROLERS 3D! ✨ ¡Hoy tenemos una gran llegada de nuevos personajes 3D a la comunidad! 🎉 Denle una cálida bienvenida a... ㅤㅤㅤㅤㅤ ✨ [eclipse_silver_shark_487] Nacida en Liverpool en los dorados años 60, con guitarra en mano y espíritu de leyenda, es la viva encarnación del rock. Considerada la contraparte femenina de Slash, Alexandra no necesita presentación en el escenario: su talento habla más alto que cualquier amplificador. Con 26 años, una melena rebelde y un alma indomable, pisa FicRol como quien pisa una tarima… para romperla. ㅤㅤㅤㅤㅤ ✨ [storm_gold_octopus_419] Con elegancia precisa y una programación impecable, llega Maxence, el androide asistente que redefine la eficiencia. Diseñado con apariencia humana y dotado de una inteligencia artificial avanzada, Maxence no solo cumple órdenes: anticipa necesidades, se adapta al entorno y aprende de cada interacción. Silencioso, educado y observador, es la mezcla perfecta entre lógica fría y una humanidad sorprendente… quizás demasiado sorprendente. ¿Quién dijo que los asistentes no podían tener alma? ㅤㅤㅤㅤㅤ ✨ [meteor_crimson_bat_588] Astuta, irreverente y con una lengua tan afilada como su ingenio, Hyacinth Bridgerton no está aquí para complacer a nadie… salvo a sí misma. La más joven del clan Bridgerton, pero jamás la más callada, se ha ganado con orgullo el título de “dolor de cabeza” de la familia. Detrás de su sonrisa audaz y sus frases incendiarias, hay una mente despierta y un espíritu que no se doblega ante las convenciones de la alta sociedad. No quiere ser adorada: quiere ser escuchada, temida… y quizá, en secreto, admirada. Porque aburrida, querida, jamás. 👋 ¡Bienvenid@s a FicRol! Nos alegra muchísimo teneros por aquí. Esta comunidad está llena de historias por descubrir, personajes con los que conectar y mucho espacio para que desarrolléis los vuestros a vuestro ritmo. 🧙‍♀️ Yo soy Caroline, vuestra RolSage, algo así como una guía en el mundo de los Personajes 3D. Si tienes dudas, necesitas ayuda o simplemente quieres charlar, mis DMs están abiertos. Además, en mi fanpage encontrarás guías súper detalladas sobre el funcionamiento de FicRol. ¡Dale like para no perderte nada! 🧭 Antes de lanzaros al rol, os dejo por aquí algunos enlaces útiles que os harán la vida más fácil: 📌 Normas básicas de la plataforma: 🔗 https://ficrol.com/static/guidelines  📖 Guías y miniguías para no perderse: 🔗 https://ficrol.com/blogs/147711/ÍNDICE-DE-GUIAS-Y-MINIGUIAS  🌍 Grupo exclusivo para Personajes 3D: 🔗 https://ficrol.com/groups/Personajes3D 📚 Directorios para encontrar rol y fandoms afines 🔗 Directorio de Personajes 3D: https://ficrol.com/blogs/181793/DIRECTORIO-PERSONAJES-3D-Y-FANDOMS   🔗 Fandoms 3D en FicRol: https://ficrol.com/blogs/151304/FANDOMS-PERSONAJES-3D-EN-FICROL  ✍️ Consejos para mejorar escritura y narración 🔗 https://ficrol.com/pages/RinconEscritor  ¡Estamos deseando ver a vuestros personajes en acción! 🚀🔥 #RolSage3D #Bienvenida3D #NuevosPersonajes3D #ComunidadFicRol
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