• Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    El pasillo, antes un símbolo de pulcritud institucional, ahora era un lienzo grotesco teñido de rojo. El olor a ozono y sangre fresca llenaba el aire saturado por la luz mortecina de los tubos fluorescentes. Al final del pasillo, Maral Romanov permanecía inmóvil, una figura de negro absoluto cortando la penumbra. Su uniforme táctico, limpio y ajustado, contrastaba violentamente con la carnicería que la rodeaba. Sus ojos carmesí, fríos como el hielo de Siberia, recorrían la escena con una satisfacción glacial.

    A sus pies, tres hombres yacían esparcidos, sus vidas segadas por la implacable eficiencia de la Bratva. Habían cometido el error fatal de creer que la lealtad se podía negociar, que los secretos de la organización eran mercancía. Peor aún, habían intentado robarle a ella, a la Boss o a la Zarina. En el mundo de Maral, la traición no era un pecado; era una sentencia de muerte. Y ella era la jueza, el jurado y la ejecución.

    A su izquierda, una presencia inmensa y plateada dominaba el espacio. Koldun, su león albino, era más que una mascota; era la encarnación de su poder, una bestia sagrada vinculada a ella por sangre y magia antigua. Su pelaje blanco como la nieve estaba manchado de carmesí, un testimonio mudo de su propia letalidad. Sus ojos azules, tan gélidos como los de su dueña, vigilaban a los supervivientes con una paciencia depredadora.

    Maral se giró hacia el único hombre que quedaba en pie, un joven soldado que había sido el último en unirse a la conspiración. Estaba de rodillas, temblando incontrolablemente, su rostro pálido como la cera, sus ojos fijos en la figura de pesadilla que era Koldun. La traición había parecido una buena idea en el momento, una forma rápida de ganar poder y riqueza. Ahora, con la realidad de la muerte respirándole en la nuca, el remordimiento era un sabor amargo en su boca.

    — No hay segundas oportunidades en la Bratva, pequeño cuervo —

    La voz de Maral era un susurro que cortaba el silencio como un cuchillo.

    — Especialmente no para aquellos que intentan robar lo que es mío—

    El joven intentó hablar, pero el miedo le había robado la voz. Solo pudo emitir un sollozo ahogado, un sonido patético que solo sirvió para aumentar el desdén de Maral. Ella no sentía lástima, ni ira. Solo una resolución fría y calculada. La limpieza era necesaria para mantener la pureza de la organización, para enviar un mensaje que nadie se atrevería a ignorar.

    — Koldun —

    Ordenó, su voz suave pero con la fuerza de un decreto real.

    — Acaba con esto —

    El león no dudó. Con un rugido que hizo vibrar las paredes, se lanzó hacia adelante, una masa de pelaje y furia. El joven no tuvo tiempo de gritar. El fin fue rápido, limpio y absoluto. Koldun regresó a su lado, lamiendo la sangre de sus garras, sus ojos azules fijos en ella, esperando su próxima orden.
    Maral observó el cuerpo inerte, la última pieza del rompecabezas de la traición colocada en su lugar. La Bratva estaba limpia. Su poder estaba intacto. Pero la lección de hoy, escrita en sangre y miedo, nunca sería olvidada. Nadie traiciona a la Bratva. Nadie le roba a Maral Romanov. Y vivir para contarlo era un lujo que nadie podía permitirse.
    El pasillo, antes un símbolo de pulcritud institucional, ahora era un lienzo grotesco teñido de rojo. El olor a ozono y sangre fresca llenaba el aire saturado por la luz mortecina de los tubos fluorescentes. Al final del pasillo, Maral Romanov permanecía inmóvil, una figura de negro absoluto cortando la penumbra. Su uniforme táctico, limpio y ajustado, contrastaba violentamente con la carnicería que la rodeaba. Sus ojos carmesí, fríos como el hielo de Siberia, recorrían la escena con una satisfacción glacial. A sus pies, tres hombres yacían esparcidos, sus vidas segadas por la implacable eficiencia de la Bratva. Habían cometido el error fatal de creer que la lealtad se podía negociar, que los secretos de la organización eran mercancía. Peor aún, habían intentado robarle a ella, a la Boss o a la Zarina. En el mundo de Maral, la traición no era un pecado; era una sentencia de muerte. Y ella era la jueza, el jurado y la ejecución. A su izquierda, una presencia inmensa y plateada dominaba el espacio. Koldun, su león albino, era más que una mascota; era la encarnación de su poder, una bestia sagrada vinculada a ella por sangre y magia antigua. Su pelaje blanco como la nieve estaba manchado de carmesí, un testimonio mudo de su propia letalidad. Sus ojos azules, tan gélidos como los de su dueña, vigilaban a los supervivientes con una paciencia depredadora. Maral se giró hacia el único hombre que quedaba en pie, un joven soldado que había sido el último en unirse a la conspiración. Estaba de rodillas, temblando incontrolablemente, su rostro pálido como la cera, sus ojos fijos en la figura de pesadilla que era Koldun. La traición había parecido una buena idea en el momento, una forma rápida de ganar poder y riqueza. Ahora, con la realidad de la muerte respirándole en la nuca, el remordimiento era un sabor amargo en su boca. — No hay segundas oportunidades en la Bratva, pequeño cuervo — La voz de Maral era un susurro que cortaba el silencio como un cuchillo. — Especialmente no para aquellos que intentan robar lo que es mío— El joven intentó hablar, pero el miedo le había robado la voz. Solo pudo emitir un sollozo ahogado, un sonido patético que solo sirvió para aumentar el desdén de Maral. Ella no sentía lástima, ni ira. Solo una resolución fría y calculada. La limpieza era necesaria para mantener la pureza de la organización, para enviar un mensaje que nadie se atrevería a ignorar. — Koldun — Ordenó, su voz suave pero con la fuerza de un decreto real. — Acaba con esto — El león no dudó. Con un rugido que hizo vibrar las paredes, se lanzó hacia adelante, una masa de pelaje y furia. El joven no tuvo tiempo de gritar. El fin fue rápido, limpio y absoluto. Koldun regresó a su lado, lamiendo la sangre de sus garras, sus ojos azules fijos en ella, esperando su próxima orden. Maral observó el cuerpo inerte, la última pieza del rompecabezas de la traición colocada en su lugar. La Bratva estaba limpia. Su poder estaba intacto. Pero la lección de hoy, escrita en sangre y miedo, nunca sería olvidada. Nadie traiciona a la Bratva. Nadie le roba a Maral Romanov. Y vivir para contarlo era un lujo que nadie podía permitirse.
    Me shockea
    3
    0 comentarios 0 compartidos
  • El zumbido del aire acondicionado central era el único sonido que se atrevía a interrumpir la quietud en las oficinas ejecutivas del Clan Tojo. El espacio, conservaba un aroma persistente a tabaco caro; era una estancia diseñada, para proyectar una jerarquía de poder inamovible. Para el Sexto Presidente, un hombre de un idealismo frustrante que aún buscaba el sol tras cada sombra, esa habitación representaba una familia unida por el honor. Para Mine, no era más que una sala de juntas de clase alta; los hombres allí sentados eran solo activos y pasivos volátiles en un balance general.

    Mine se inclinó con movimientos fluidos y silenciosos, destacando como una silueta rígida dentro de su traje color carbón. Susurró al oído del Presidente con una frecuencia baja, casi imperceptible. En sus labios lucía esa sonrisa: una curva practicada que nunca alcanzaba sus ojos. Mientras hablaba, su mirada no se fijaba en su jefe, sino en el hombre sentado al otro lado del vasto escritorio de caoba: el patriarca de una pequeña familia subsidiaria cuya cartera mostraba más pérdidas que ganancias. El rostro del hombre, hinchado y cubierto por una fina película de sudor, delataba su pánico. Sus ojos se encontraron con los de Mine un segundo y cayeron de inmediato, estaba inquieto; para efectos prácticos, ya era culpable.

    ❛Señor, sabe cuánto respeto su deseo de armonía❜­­ ­ murmuró Mine, lanzando palabras como púas de seda. ❛Pero los rumores han dejado de serlo. Circulan, ganan tracción y, como usted bien sabe, la desinformación es el enemigo más temible.❜­­ ­

    Se incorporó y ajustó el puño de su camisa mientras el Presidente asentía con un peso de entendimiento en la mirada. El líder no necesitaba conocer los detalles de cómo Mine había verificado los hechos; solo necesitaba que el problema se resolviera. Mine era la mano que ejecutaba el trabajo sucio, el bisturí que extirpaba la podredumbre para que la conciencia de su superior permaneciera tan impoluta como sus trajes blancos.

    Mine no era una buena persona. Esto era un hecho cuantitativo, tan irrebatible como cualquier cifra en una hoja de cálculo. La variable común en cada catástrofe a su alrededor era él mismo. Había llegado a la conclusión de que era intrínsecamente malo, pero no de una forma teatral, sino de la manera en que un sistema operativo está defectuoso desde su primera línea de código. Su directiva principal era la eficiencia y la autopreservación; en su ejecución, siempre dejaba un rastro de escombros. Arruinaba vidas sin dudarlo, orquestando guerras internas para eliminar la "basura" y lograr que el Clan funcionara correctamente.
    La escena siguiente fue la conclusión lógica del proceso. Se encontraban en una habitación pequeña, estéril y sin ventanas, ubicada en el sótano que servía al departamento de auditoría interna.
    El patriarca subsidiario estaba de rodillas sobre una lona de plástico azul, con el rostro empapado en terror. Un tanto yacía sobre un paño blanco a su lado. El ritual se llamaba yubitsume: expiación mediante la amputación. Mine observaba a unos metros de distancia con un cigarrillo encendido entre los dedos, manteniendo algo irritado por los sollozos del hombre.
    ❛Dicen que es una oportunidad para la purificación❜­­ ­ dijo Mine, cortando el llanto con su voz afilada. ❛Personalmente, encuentro esa definición demasiado idealista. Su descuido al permitir el asesinato de varios oficiales de seguridad no fue un simple crimen, sino un error sísmico que atrajo investigaciones y volatilidad. Y yo, caballero, desprecio la volatilidad.❜­­ ­

    Dio una calada larga al cigarrillo. Observó la mano temblorosa alcanzar el cuchillo. Los sentimientos del hombre tenían para Mine la misma relevancia que las emociones de una hormiga.
    El hombre gritó, un sonido animal y crudo, cuando el filo penetró la piel del meñique izquierdo. El metal se hundió con una resistencia inicial antes de morder el hueso. Mine no parpadeó; escuchó el crujido húmedo de la articulación separándose. La hoja se abrió paso a través de tendones y cartílagos con un chirrido sordo contra la madera, liberando un chorro de carmesí espeso que salpicó la lona con un golpeteo rítmico. Mine se arrodilló lentamente, bajando al nivel del hombre que sollozaba, cuidando que sus zapatos de cuero no tocaran el charco que se expandía. Exhaló una pluma de humo.
    ❛Míreme❜­­ ­ ordenó en un susurro. Los ojos llenos de lágrimas del hombre se encontraron con los suyos. La sonrisa de Mine regresó, más esa sonrisa no expresaba nada.
    ❛Tome esto como una lección de responsabilidad, un concepto que parece haber olvidado al creer que podía matar oficiales de la ley sin consecuencias para el resto de nosotros.❜­­ ­ Hizo una pausa, permitiendo que el dolor se hundiera en la psique del otro.
    ❛Mañana por la mañana, su familia elegirá a un nuevo patriarca; alguien que entienda de responsabilidades. La pérdida de un dedo es un coste menor comparado con la pérdida del estatuto de toda su estirpe. Debería agradecerme la reestructuración.❜­­ ­
    El zumbido del aire acondicionado central era el único sonido que se atrevía a interrumpir la quietud en las oficinas ejecutivas del Clan Tojo. El espacio, conservaba un aroma persistente a tabaco caro; era una estancia diseñada, para proyectar una jerarquía de poder inamovible. Para el Sexto Presidente, un hombre de un idealismo frustrante que aún buscaba el sol tras cada sombra, esa habitación representaba una familia unida por el honor. Para Mine, no era más que una sala de juntas de clase alta; los hombres allí sentados eran solo activos y pasivos volátiles en un balance general. Mine se inclinó con movimientos fluidos y silenciosos, destacando como una silueta rígida dentro de su traje color carbón. Susurró al oído del Presidente con una frecuencia baja, casi imperceptible. En sus labios lucía esa sonrisa: una curva practicada que nunca alcanzaba sus ojos. Mientras hablaba, su mirada no se fijaba en su jefe, sino en el hombre sentado al otro lado del vasto escritorio de caoba: el patriarca de una pequeña familia subsidiaria cuya cartera mostraba más pérdidas que ganancias. El rostro del hombre, hinchado y cubierto por una fina película de sudor, delataba su pánico. Sus ojos se encontraron con los de Mine un segundo y cayeron de inmediato, estaba inquieto; para efectos prácticos, ya era culpable. ❛Señor, sabe cuánto respeto su deseo de armonía❜­­ ­ murmuró Mine, lanzando palabras como púas de seda. ❛Pero los rumores han dejado de serlo. Circulan, ganan tracción y, como usted bien sabe, la desinformación es el enemigo más temible.❜­­ ­ Se incorporó y ajustó el puño de su camisa mientras el Presidente asentía con un peso de entendimiento en la mirada. El líder no necesitaba conocer los detalles de cómo Mine había verificado los hechos; solo necesitaba que el problema se resolviera. Mine era la mano que ejecutaba el trabajo sucio, el bisturí que extirpaba la podredumbre para que la conciencia de su superior permaneciera tan impoluta como sus trajes blancos. Mine no era una buena persona. Esto era un hecho cuantitativo, tan irrebatible como cualquier cifra en una hoja de cálculo. La variable común en cada catástrofe a su alrededor era él mismo. Había llegado a la conclusión de que era intrínsecamente malo, pero no de una forma teatral, sino de la manera en que un sistema operativo está defectuoso desde su primera línea de código. Su directiva principal era la eficiencia y la autopreservación; en su ejecución, siempre dejaba un rastro de escombros. Arruinaba vidas sin dudarlo, orquestando guerras internas para eliminar la "basura" y lograr que el Clan funcionara correctamente. La escena siguiente fue la conclusión lógica del proceso. Se encontraban en una habitación pequeña, estéril y sin ventanas, ubicada en el sótano que servía al departamento de auditoría interna. El patriarca subsidiario estaba de rodillas sobre una lona de plástico azul, con el rostro empapado en terror. Un tanto yacía sobre un paño blanco a su lado. El ritual se llamaba yubitsume: expiación mediante la amputación. Mine observaba a unos metros de distancia con un cigarrillo encendido entre los dedos, manteniendo algo irritado por los sollozos del hombre. ❛Dicen que es una oportunidad para la purificación❜­­ ­ dijo Mine, cortando el llanto con su voz afilada. ❛Personalmente, encuentro esa definición demasiado idealista. Su descuido al permitir el asesinato de varios oficiales de seguridad no fue un simple crimen, sino un error sísmico que atrajo investigaciones y volatilidad. Y yo, caballero, desprecio la volatilidad.❜­­ ­ Dio una calada larga al cigarrillo. Observó la mano temblorosa alcanzar el cuchillo. Los sentimientos del hombre tenían para Mine la misma relevancia que las emociones de una hormiga. El hombre gritó, un sonido animal y crudo, cuando el filo penetró la piel del meñique izquierdo. El metal se hundió con una resistencia inicial antes de morder el hueso. Mine no parpadeó; escuchó el crujido húmedo de la articulación separándose. La hoja se abrió paso a través de tendones y cartílagos con un chirrido sordo contra la madera, liberando un chorro de carmesí espeso que salpicó la lona con un golpeteo rítmico. Mine se arrodilló lentamente, bajando al nivel del hombre que sollozaba, cuidando que sus zapatos de cuero no tocaran el charco que se expandía. Exhaló una pluma de humo. ❛Míreme❜­­ ­ ordenó en un susurro. Los ojos llenos de lágrimas del hombre se encontraron con los suyos. La sonrisa de Mine regresó, más esa sonrisa no expresaba nada. ❛Tome esto como una lección de responsabilidad, un concepto que parece haber olvidado al creer que podía matar oficiales de la ley sin consecuencias para el resto de nosotros.❜­­ ­ Hizo una pausa, permitiendo que el dolor se hundiera en la psique del otro. ❛Mañana por la mañana, su familia elegirá a un nuevo patriarca; alguien que entienda de responsabilidades. La pérdida de un dedo es un coste menor comparado con la pérdida del estatuto de toda su estirpe. Debería agradecerme la reestructuración.❜­­ ­
    Me gusta
    Me encocora
    9
    0 turnos 0 maullidos
  • Llamar al día anterior "digno para recordar" habría sido la más suprema de las ironías, pero no encontraba otra etiqueta para colocarle.

    Entre recuerdos que se perdieron para siempre, otras cosas que preferiría olvidar -y que no podría-, y también ciertas cosas, cosas bastante gráficas y "físicas", que debería olvidar, por mera decencia... pero no quería hacerlo. (?)

    De más estaba decir que había dormido terriblemente mal, pero el mundo laboral gira con la perpetuidad cruel de una salvaje maquinaria que no espera ni por el más brillante de sus engranes.

    En pocas palabras, había que seguir trabajando.

    —Esta línea nos debería llevar al centro de la ciudad. De ahí, caminaremos diez minutos y llegamos —explicó para Kazuha el recorrido hasta su trabajo.

    Lo cierto era que sería esa la primera vez que usaba el subterráneo. Los portales eran su único medio de transporte, su eficiencia y rapidez siendo incomparables.

    Pero no podían -no aún- soltar la enorme bomba informacional que eran sus orígenes aelorianos para Kazuha. El momento tendría que llegar eventualmente, pero, por ahora, viajar como humanos normales sería necesario.

    —¿Y tú a qué vas al centro tan temprano? —Preguntó a Veyra Leˑron quien los había acompañado. Parecía milagro el que hubiese despertado antes de las 10:00.

    Por casualidad o algún plan, parecía que hacían cosas juntos con más frecuencia que antes. ¿Era raro? No, no tendría por qué serlo. Vivían juntos, ¿no? Hacer cosas juntos, por tanto, debería resultar de lo más normal.

    Sin embargo, algo había cambiado. Algo a lo que todavía no podía ponerle nombre, algo dentro de las fibras de esos lazos que lo unía a ellas.

    Algo en lo que no podía pensar justo en ese momento, porque el ruido del vagón aproximándose lo sacó de sus pensamientos.
    Llamar al día anterior "digno para recordar" habría sido la más suprema de las ironías, pero no encontraba otra etiqueta para colocarle. Entre recuerdos que se perdieron para siempre, otras cosas que preferiría olvidar -y que no podría-, y también ciertas cosas, cosas bastante gráficas y "físicas", que debería olvidar, por mera decencia... pero no quería hacerlo. (?) De más estaba decir que había dormido terriblemente mal, pero el mundo laboral gira con la perpetuidad cruel de una salvaje maquinaria que no espera ni por el más brillante de sus engranes. En pocas palabras, había que seguir trabajando. —Esta línea nos debería llevar al centro de la ciudad. De ahí, caminaremos diez minutos y llegamos —explicó para [K4zuha] el recorrido hasta su trabajo. Lo cierto era que sería esa la primera vez que usaba el subterráneo. Los portales eran su único medio de transporte, su eficiencia y rapidez siendo incomparables. Pero no podían -no aún- soltar la enorme bomba informacional que eran sus orígenes aelorianos para Kazuha. El momento tendría que llegar eventualmente, pero, por ahora, viajar como humanos normales sería necesario. —¿Y tú a qué vas al centro tan temprano? —Preguntó a [vey.ra] quien los había acompañado. Parecía milagro el que hubiese despertado antes de las 10:00. Por casualidad o algún plan, parecía que hacían cosas juntos con más frecuencia que antes. ¿Era raro? No, no tendría por qué serlo. Vivían juntos, ¿no? Hacer cosas juntos, por tanto, debería resultar de lo más normal. Sin embargo, algo había cambiado. Algo a lo que todavía no podía ponerle nombre, algo dentro de las fibras de esos lazos que lo unía a ellas. Algo en lo que no podía pensar justo en ese momento, porque el ruido del vagón aproximándose lo sacó de sus pensamientos.
    Me encocora
    Me gusta
    3
    37 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    FICHA DE PERSONAJE: SEBASTIAN MALPHAS
    "LA SOMBRA CORTÉS"

    ⛨ Nombre Real: Sebastian Malphas Ishtar-Vane.

    ⛨ Rango: Mayordomo Real del Palacio Carmesí y Supervisor de la Servidumbre Etérea.

    ⛨ Atributos Visuales: Viste un frac impecable que oculta tatuajes rúnicos de color naranja incandescente. Posee cabello blanco plateado, cuernos negros pulidos y ojos que cambian de azul gélido a un rojo carmesí cuando detecta una falta de etiqueta o una amenaza.

    ⛨ Habilidad Primaria: Omnipresencia de Sombra. Puede fundirse con cualquier superficie oscura del palacio, permitiéndole aparecer instantáneamente detrás del Emperador para ofrecerle una copa o para degollar a un infiltrado.

    EL ASCENSO DEL MAYORDOMO INFERNAL

    1. La Selección de la Sangre
    Sebastián no fue elegido por su linaje, sino por su eficiencia absoluta. Durante las purgas de los reinos periféricos, Metphies buscaba a alguien capaz de mantener el orden en el caos. Sebastian demostró su valía al aniquilar a un batallón rebelde completo sin derramar una sola gota de sangre sobre su uniforme blanco, impresionando al Emperador con su control quirúrgico del poder.

    2. El Pacto del Silencio Eterno
    Para ocupar su cargo, se sometió al Ritual de la Lengua de Hierro. Metphies vinculó la sombra de Sebastián al trono, asegurando que el mayordomo sea una extensión de su propia voluntad. Sus tatuajes solares no son solo decorativos; son sellos que contienen la furia de "La Bestia" para que Sebastián pueda interactuar con la nobleza sin desintegrarlos por accidente.

    3. La Noche de las Mil Copas Rotas
    Su posición quedó grabada en la historia durante la Gran Gala de Ishtar. Un grupo de asesinos camuflados como sirvientes intentó atacar durante el brindis principal.

    La Táctica: Sebastián, moviéndose a una velocidad que desafiaba la física, interceptó cada proyectil y veneno antes de que los invitados lo notaran, continuando su servicio como si nada hubiera pasado.

    El Reconocimiento: Al terminar la noche, con los traidores eliminados discretamente, Metphies le otorgó las llaves de las dimensiones del palacio. "Tu servicio es la armonía en mi imperio de guerra", declaró el soberano.

    4. El Guante de Terciopelo y Hierro
    Como Mayordomo, Sebastián es el filtro final del Emperador. Él coordina las agendas de la Sub-Comandante Eris y el Guardián Kaelum, asegurando que el engranaje del Imperio Carmesí nunca chirríe. Su cortesía es legendaria, pero su crueldad es el cimiento sobre el que descansa la paz del palacio.

    ESTADO ACTUAL
    Sebastián reside en una dimensión de bolsillo conectada a la sombra del Emperador. Siempre está a un paso de distancia, con una bandeja de plata en una mano y una daga rúnica oculta en la otra. Se dice que es el único ser que conoce los verdaderos pensamientos de Metphies, lo que lo convierte en el ser más peligroso y respetado de la corte.
    🌒 FICHA DE PERSONAJE: SEBASTIAN MALPHAS "LA SOMBRA CORTÉS" ⛨ Nombre Real: Sebastian Malphas Ishtar-Vane. ⛨ Rango: Mayordomo Real del Palacio Carmesí y Supervisor de la Servidumbre Etérea. ⛨ Atributos Visuales: Viste un frac impecable que oculta tatuajes rúnicos de color naranja incandescente. Posee cabello blanco plateado, cuernos negros pulidos y ojos que cambian de azul gélido a un rojo carmesí cuando detecta una falta de etiqueta o una amenaza. ⛨ Habilidad Primaria: Omnipresencia de Sombra. Puede fundirse con cualquier superficie oscura del palacio, permitiéndole aparecer instantáneamente detrás del Emperador para ofrecerle una copa o para degollar a un infiltrado. 🏛️ EL ASCENSO DEL MAYORDOMO INFERNAL 1. La Selección de la Sangre Sebastián no fue elegido por su linaje, sino por su eficiencia absoluta. Durante las purgas de los reinos periféricos, Metphies buscaba a alguien capaz de mantener el orden en el caos. Sebastian demostró su valía al aniquilar a un batallón rebelde completo sin derramar una sola gota de sangre sobre su uniforme blanco, impresionando al Emperador con su control quirúrgico del poder. 2. El Pacto del Silencio Eterno Para ocupar su cargo, se sometió al Ritual de la Lengua de Hierro. Metphies vinculó la sombra de Sebastián al trono, asegurando que el mayordomo sea una extensión de su propia voluntad. Sus tatuajes solares no son solo decorativos; son sellos que contienen la furia de "La Bestia" para que Sebastián pueda interactuar con la nobleza sin desintegrarlos por accidente. 3. La Noche de las Mil Copas Rotas Su posición quedó grabada en la historia durante la Gran Gala de Ishtar. Un grupo de asesinos camuflados como sirvientes intentó atacar durante el brindis principal. La Táctica: Sebastián, moviéndose a una velocidad que desafiaba la física, interceptó cada proyectil y veneno antes de que los invitados lo notaran, continuando su servicio como si nada hubiera pasado. El Reconocimiento: Al terminar la noche, con los traidores eliminados discretamente, Metphies le otorgó las llaves de las dimensiones del palacio. "Tu servicio es la armonía en mi imperio de guerra", declaró el soberano. 4. El Guante de Terciopelo y Hierro Como Mayordomo, Sebastián es el filtro final del Emperador. Él coordina las agendas de la Sub-Comandante Eris y el Guardián Kaelum, asegurando que el engranaje del Imperio Carmesí nunca chirríe. Su cortesía es legendaria, pero su crueldad es el cimiento sobre el que descansa la paz del palacio. 🪐 ESTADO ACTUAL Sebastián reside en una dimensión de bolsillo conectada a la sombra del Emperador. Siempre está a un paso de distancia, con una bandeja de plata en una mano y una daga rúnica oculta en la otra. Se dice que es el único ser que conoce los verdaderos pensamientos de Metphies, lo que lo convierte en el ser más peligroso y respetado de la corte.
    Me encocora
    1
    0 comentarios 0 compartidos
  • ❁ Nombre: Kaelith "La Paradoja" Vane.
    ❁ Rango: Gran Comandante de la Legión de Obsidiana (Ejército Carmesí).
    ❁ Atributos Visuales: Cabello dividido entre la pureza del blanco y el abismo del negro, con ojos que reflejan la sed de sangre carmesí del imperio.
    ❁ Especialidad: Esgrima de Resonancia Dual (manipulación de materia y vacío).

    𝇖 La Ascensión de Kaelith: Del Polvo al Trono Carmesí

    1. El Origen del Equilibrio

    Kaelith no nació en la nobleza de la corte de Metphies Jaegerjaquez Yokin Ishtar. Fue encontrada en las ruinas de una ciudad fronteriza, sobreviviendo sola a un ataque de insurgentes. Lo que llamó la atención de los reclutadores no fue su supervivencia, sino que había aniquilado a sus atacantes usando una extraña mezcla de magia de luz y sombras, manifestada en su cabello bicolor.

    2. El Entrenamiento en la Academia de Hierro
    Fue enviada a la división de infantería más dura del Ejército Carmesí. Allí, Kaelith perfeccionó su técnica. Mientras otros soldados dependían solo de la fuerza bruta, ella utilizaba el Vórtice de Yin-Yang (el símbolo que siempre la rodea en combate) para absorber los ataques enemigos y devolverlos con el doble de potencia carmesí.

    3. La Batalla de los Picos de Sangre
    Su ascenso definitivo ocurrió durante la campaña contra los Dioses Antiguos. Las líneas del Emperador estaban cediendo. Kaelith, en ese entonces una simple capitana, desobedeció las órdenes de retirada y avanzó sola hacia el frente.

    El Sacrificio: Activó su "Forma de Resonancia Total", donde su cuerpo se convirtió en un conducto puro de energía roja y negra.

    El Resultado: Diezmó a una legión entera en una sola noche. Cuando el Emperador Metphies llegó al campo de batalla, la encontró sentada sobre una montaña de restos enemigos, con su mirada carmesí fija en el horizonte.

    4. El Nombramiento Imperial
    Impresionado por su frialdad y su eficiencia letal, el Emperador Metphies la nombró personalmente como una de sus mejores comandantes. Le otorgó el título de "La Paradoja", pues es la única capaz de mantener el orden absoluto (blanco) a través de la destrucción total (negro) en nombre de la casa Ishtar.

    Nota de Lore: Actualmente, Kaelith es la mano derecha del Emperador en misiones de pacificación galáctica. Se dice que donde ella pisa, el cielo se tiñe de rojo y la realidad misma comienza a girar en un vórtice eterno.
    ❁ Nombre: Kaelith "La Paradoja" Vane. ❁ Rango: Gran Comandante de la Legión de Obsidiana (Ejército Carmesí). ❁ Atributos Visuales: Cabello dividido entre la pureza del blanco y el abismo del negro, con ojos que reflejan la sed de sangre carmesí del imperio. ❁ Especialidad: Esgrima de Resonancia Dual (manipulación de materia y vacío). 𝇖 La Ascensión de Kaelith: Del Polvo al Trono Carmesí 1. El Origen del Equilibrio Kaelith no nació en la nobleza de la corte de Metphies Jaegerjaquez Yokin Ishtar. Fue encontrada en las ruinas de una ciudad fronteriza, sobreviviendo sola a un ataque de insurgentes. Lo que llamó la atención de los reclutadores no fue su supervivencia, sino que había aniquilado a sus atacantes usando una extraña mezcla de magia de luz y sombras, manifestada en su cabello bicolor. 2. El Entrenamiento en la Academia de Hierro Fue enviada a la división de infantería más dura del Ejército Carmesí. Allí, Kaelith perfeccionó su técnica. Mientras otros soldados dependían solo de la fuerza bruta, ella utilizaba el Vórtice de Yin-Yang (el símbolo que siempre la rodea en combate) para absorber los ataques enemigos y devolverlos con el doble de potencia carmesí. 3. La Batalla de los Picos de Sangre Su ascenso definitivo ocurrió durante la campaña contra los Dioses Antiguos. Las líneas del Emperador estaban cediendo. Kaelith, en ese entonces una simple capitana, desobedeció las órdenes de retirada y avanzó sola hacia el frente. El Sacrificio: Activó su "Forma de Resonancia Total", donde su cuerpo se convirtió en un conducto puro de energía roja y negra. El Resultado: Diezmó a una legión entera en una sola noche. Cuando el Emperador Metphies llegó al campo de batalla, la encontró sentada sobre una montaña de restos enemigos, con su mirada carmesí fija en el horizonte. 4. El Nombramiento Imperial Impresionado por su frialdad y su eficiencia letal, el Emperador Metphies la nombró personalmente como una de sus mejores comandantes. Le otorgó el título de "La Paradoja", pues es la única capaz de mantener el orden absoluto (blanco) a través de la destrucción total (negro) en nombre de la casa Ishtar. Nota de Lore: Actualmente, Kaelith es la mano derecha del Emperador en misiones de pacificación galáctica. Se dice que donde ella pisa, el cielo se tiñe de rojo y la realidad misma comienza a girar en un vórtice eterno.
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    La lluvia en Raccoon City no limpiaba nada. Solo redistribuía la mugre.

    Lone Wolf permanecía quieto bajo el alero roto de un edificio administrativo, el casco todavía puesto, el visor liso devolviendo las luces rojas y azules como si fueran heridas abiertas en la noche. Desde afuera no había nada que distinguir: una silueta roja, compacta, respiración filtrada, arma baja pero lista.

    Funcional.

    Siempre fue funcional.

    Había estudiado en Montreal. Ingeniería aplicada, procesos, eficiencia. Le gustaba entender cómo las cosas encajaban, cómo una estructura soportaba peso sin colapsar. Siempre le pareció que el mundo tenía sentido si uno sabía mirar los sistemas correctos.

    Umbrella era un sistema.

    Un sistema sucio, pero coherente.

    Entró por dinero. No necesitaba dramatizarlo. La paga era obscena y la especialización le ofrecía algo más íntimo: la satisfacción casi quirúrgica de hacer bien el trabajo. En un planeta lleno de improvisación moral y decisiones torcidas, la ejecución perfecta tenía algo de pureza matemática.

    Con el casco puesto, el mundo era eso: matemática.

    Distancias. Ángulos. Ritmo cardíaco. Prioridades.

    Pero cuando se lo quitaba, el aire le golpeaba la cara con una violencia distinta. No era solo oxígeno sin filtrar. Era textura. Olor. Humanidad.

    Se quitó el casco esa noche.

    El sonido de la lluvia cambió inmediatamente, más real, más cercano. Se pasó la mano por el cabello húmedo, casi sorprendido de que todavía estuviera ahí. Ese gesto mínimo era su forma privada de comprobar que seguía siendo un individuo y no un engranaje intercambiable.

    Había algo en él que no cuadraba con la obediencia ciega. No era rebeldía; era algo más silencioso. Un reflejo. Una fracción de segundo donde la mano se detenía antes de cumplir la orden.

    La primera vez que ocurrió fue casi imperceptible.

    Un civil.
    Un protocolo.
    Una instrucción clara.

    Sabía lo que era correcto.

    También sabía cuál era su contrato.

    El profesional ganó.

    El dinero llegó puntual.

    Pero desde entonces, cada vez que el visor reflejaba luces de emergencia bajo la lluvia, había un medio segundo en el que el pasado empujaba desde adentro, como una fisura en el hielo.

    No era un hombre quebrado. Eso sería más fácil.
    Era un hombre que seguía funcionando.

    Aceptaba misiones.
    Optimizaba rutas de extracción.
    Reducía variables humanas a probabilidades de fallo.

    Y, sin embargo, la humanidad no desaparecía. Se había convertido en inercia. Un gesto que se interponía entre la orden y el disparo. A veces lo corregía y cumplía igual. A veces no.

    No hablaba de redención. No la buscaba. Le parecía una narrativa cómoda para quienes podían permitirse detenerse.

    Él no se detenía.

    Pero en las habitaciones vacías, cuando el casco descansaba sobre la mesa y el silencio no estaba amortiguado por filtros ni radios, sentía el pulso en las sienes. Lento. Frío. Persistente.

    No era que su corazón bombease hielo.

    Era que había aprendido a enfriarlo para que no se quebrara.

    Y en esa refrigeración constante, había perdido algo que no sabía nombrar.

    No estaba seguro de si algún día saldría.
    Tampoco estaba seguro de que quisiera.

    Porque fuera del sistema, fuera de la eficiencia, quedaba la pregunta que evitaba mirar de frente:

    Si deja de ser útil…
    ¿qué queda de él?
    La lluvia en Raccoon City no limpiaba nada. Solo redistribuía la mugre. Lone Wolf permanecía quieto bajo el alero roto de un edificio administrativo, el casco todavía puesto, el visor liso devolviendo las luces rojas y azules como si fueran heridas abiertas en la noche. Desde afuera no había nada que distinguir: una silueta roja, compacta, respiración filtrada, arma baja pero lista. Funcional. Siempre fue funcional. Había estudiado en Montreal. Ingeniería aplicada, procesos, eficiencia. Le gustaba entender cómo las cosas encajaban, cómo una estructura soportaba peso sin colapsar. Siempre le pareció que el mundo tenía sentido si uno sabía mirar los sistemas correctos. Umbrella era un sistema. Un sistema sucio, pero coherente. Entró por dinero. No necesitaba dramatizarlo. La paga era obscena y la especialización le ofrecía algo más íntimo: la satisfacción casi quirúrgica de hacer bien el trabajo. En un planeta lleno de improvisación moral y decisiones torcidas, la ejecución perfecta tenía algo de pureza matemática. Con el casco puesto, el mundo era eso: matemática. Distancias. Ángulos. Ritmo cardíaco. Prioridades. Pero cuando se lo quitaba, el aire le golpeaba la cara con una violencia distinta. No era solo oxígeno sin filtrar. Era textura. Olor. Humanidad. Se quitó el casco esa noche. El sonido de la lluvia cambió inmediatamente, más real, más cercano. Se pasó la mano por el cabello húmedo, casi sorprendido de que todavía estuviera ahí. Ese gesto mínimo era su forma privada de comprobar que seguía siendo un individuo y no un engranaje intercambiable. Había algo en él que no cuadraba con la obediencia ciega. No era rebeldía; era algo más silencioso. Un reflejo. Una fracción de segundo donde la mano se detenía antes de cumplir la orden. La primera vez que ocurrió fue casi imperceptible. Un civil. Un protocolo. Una instrucción clara. Sabía lo que era correcto. También sabía cuál era su contrato. El profesional ganó. El dinero llegó puntual. Pero desde entonces, cada vez que el visor reflejaba luces de emergencia bajo la lluvia, había un medio segundo en el que el pasado empujaba desde adentro, como una fisura en el hielo. No era un hombre quebrado. Eso sería más fácil. Era un hombre que seguía funcionando. Aceptaba misiones. Optimizaba rutas de extracción. Reducía variables humanas a probabilidades de fallo. Y, sin embargo, la humanidad no desaparecía. Se había convertido en inercia. Un gesto que se interponía entre la orden y el disparo. A veces lo corregía y cumplía igual. A veces no. No hablaba de redención. No la buscaba. Le parecía una narrativa cómoda para quienes podían permitirse detenerse. Él no se detenía. Pero en las habitaciones vacías, cuando el casco descansaba sobre la mesa y el silencio no estaba amortiguado por filtros ni radios, sentía el pulso en las sienes. Lento. Frío. Persistente. No era que su corazón bombease hielo. Era que había aprendido a enfriarlo para que no se quebrara. Y en esa refrigeración constante, había perdido algo que no sabía nombrar. No estaba seguro de si algún día saldría. Tampoco estaba seguro de que quisiera. Porque fuera del sistema, fuera de la eficiencia, quedaba la pregunta que evitaba mirar de frente: Si deja de ser útil… ¿qué queda de él?
    Me gusta
    Me shockea
    5
    0 comentarios 0 compartidos
  • * Salía de la ducha y vio a su hermana sentada en su cama con su típico muñeco *

    —¿Realmente crees que vale la pena que manche mis guantes con seres tan patéticos? No hay necesidad de que intervengamos. Solo observa... estos humanos son expertos en el arte de la autodestrucción; están despedazando su propio ecosistema con una eficiencia que casi me resulta admirable.
    Lo único que me irrita de este final tan poético es este calor insoportable... dan ganas de arrancarles el corazón ahora mismo, solo para ver si su sangre fría refresca un poco el ambiente.—
    * Salía de la ducha y vio a su hermana sentada en su cama con su típico muñeco * —¿Realmente crees que vale la pena que manche mis guantes con seres tan patéticos? No hay necesidad de que intervengamos. Solo observa... estos humanos son expertos en el arte de la autodestrucción; están despedazando su propio ecosistema con una eficiencia que casi me resulta admirable. Lo único que me irrita de este final tan poético es este calor insoportable... dan ganas de arrancarles el corazón ahora mismo, solo para ver si su sangre fría refresca un poco el ambiente.—
    Me encocora
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • He observado este fenómeno una y otra vez. Los estados emocionales intensos actúan como amplificadores críticos para los picos de energía caótica. La ineficiencia es absoluta, un derroche lamentable, pero la potencia cruda es incuestionable.
    He observado este fenómeno una y otra vez. Los estados emocionales intensos actúan como amplificadores críticos para los picos de energía caótica. La ineficiencia es absoluta, un derroche lamentable, pero la potencia cruda es incuestionable.
    Me shockea
    Me gusta
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • - 𝗖𝘂𝗮𝗱𝗲𝗿𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗖𝗮𝗺𝗽𝗼 𝗡𝗼. 𝗩𝗜𝗜 -

    Dia 03, post-despliegue.
    UBICACIÓN: Zona de observación
    CONDICIONES AMBIENTALES: Alta concentración de etanol en el aire, contaminación acústica extrema. Interferencia significativa para lecturas limpias.

    𝙍𝙀𝙂𝙄𝙎𝙏𝙍𝙊:

    He ubicado al Ejemplar Dorado (V. L). Resulta absurdo, casi patético, que el aparato de Vigilantes no la haya localizado antes. No he emitido el informe de contacto. Informar implicaría extracción inmediata, y la extracción implicaría regresar a Nwitta antes de concluir mis investigaciones principales. La prioridad sigue siendo investigar a los Especímenes Carmesíes.

    Logré infiltrar el perímetro durante el evento social. La hipótesis se confirma: la firma carmesí no decae exponencialmente según los modelos de Caos residual de Vancee. Pulsa en intervalos regulares, con picos bruscos correlacionados con... interacciones físicas y emociones, aparentemente. (Anotar para estudios posteriores).

    Sin embargo, el entorno de observación es desastrosamente inconsistente. La mayor parte de la actividad energética registrada no se dirige a portales de alto riesgo, sino a aperturas planares menores y grotescamente banales, tales como accesos directos a playas. La energía dorada muestra mayor estabilidad en el trazado, pero una potencia significativamente menor. La energía carmesí es caótica, más potente, pero con una eficiencia espantosa; desperdicia energía capaz de alterar probabilidades en caprichos logísticos. El segundo sujeto de interés carmesí fue obligado por el grupo a adoptar una indumentaria doméstica estereotipada. Desconozco si es un código secreto, una prueba de resistencia - obediencia, o, simplemente, la estúpida trivialidad humana en su máxima expresión.

    𝘊𝘖𝘕𝘊𝘓𝘜𝘚𝘐𝘖𝘕 𝘋𝘌𝘓 𝘋𝘐𝘈:
    Los especímenes están rodeados de variables de ruido altísimos. Su poder es tangible, pero su aplicación es errática y aparentemente sujeta a los caprichos de un grupo social disfuncional. El Ejemplar Dorado actúa como catalizador de disrupción, no como foco de control. Seguiré estudiando las anomalías. Y hasta que no concluya mi investigación, nadie regresa a Nwitta.

    - 𝙉.𝙎.𝘿.
    - 𝗖𝘂𝗮𝗱𝗲𝗿𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗖𝗮𝗺𝗽𝗼 𝗡𝗼. 𝗩𝗜𝗜 - Dia 03, post-despliegue. UBICACIÓN: Zona de observación CONDICIONES AMBIENTALES: Alta concentración de etanol en el aire, contaminación acústica extrema. Interferencia significativa para lecturas limpias. 𝙍𝙀𝙂𝙄𝙎𝙏𝙍𝙊: He ubicado al Ejemplar Dorado (V. L). Resulta absurdo, casi patético, que el aparato de Vigilantes no la haya localizado antes. No he emitido el informe de contacto. Informar implicaría extracción inmediata, y la extracción implicaría regresar a Nwitta antes de concluir mis investigaciones principales. La prioridad sigue siendo investigar a los Especímenes Carmesíes. Logré infiltrar el perímetro durante el evento social. La hipótesis se confirma: la firma carmesí no decae exponencialmente según los modelos de Caos residual de Vancee. Pulsa en intervalos regulares, con picos bruscos correlacionados con... interacciones físicas y emociones, aparentemente. (Anotar para estudios posteriores). Sin embargo, el entorno de observación es desastrosamente inconsistente. La mayor parte de la actividad energética registrada no se dirige a portales de alto riesgo, sino a aperturas planares menores y grotescamente banales, tales como accesos directos a playas. La energía dorada muestra mayor estabilidad en el trazado, pero una potencia significativamente menor. La energía carmesí es caótica, más potente, pero con una eficiencia espantosa; desperdicia energía capaz de alterar probabilidades en caprichos logísticos. El segundo sujeto de interés carmesí fue obligado por el grupo a adoptar una indumentaria doméstica estereotipada. Desconozco si es un código secreto, una prueba de resistencia - obediencia, o, simplemente, la estúpida trivialidad humana en su máxima expresión. 𝘊𝘖𝘕𝘊𝘓𝘜𝘚𝘐𝘖𝘕 𝘋𝘌𝘓 𝘋𝘐𝘈: Los especímenes están rodeados de variables de ruido altísimos. Su poder es tangible, pero su aplicación es errática y aparentemente sujeta a los caprichos de un grupo social disfuncional. El Ejemplar Dorado actúa como catalizador de disrupción, no como foco de control. Seguiré estudiando las anomalías. Y hasta que no concluya mi investigación, nadie regresa a Nwitta. - 𝙉.𝙎.𝘿.
    Me shockea
    Me gusta
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • Blink
    Fandom OC
    Categoría Original
    Un parpadeo.

    Sólo uno, es todo lo que necesita. Se lo jura, una vez más, a sí mismo. Sólo uno más. Es necesario. Es por el Código. Es por su misión.

    El reflejo carmesí aparece y se va de sus pupilas tan rápido, que es como si jamás hubiera estado ahí. Breve, pero significativo. ¿No son así las cosas más devastadoras de la vida?

    —...Te encontré.

    El carmesí le otorgá percepción. El carmesí le otorga saber. Le otorga la eficiencia que lo ha convertido en el mejor -por lejos- rastreando y siguiendo a... como él los llama, "rebeldes".

    El carmesí otorga, sí. Y así como otorga, exige. Quita. Arranca.

    Pero está bien. Sólo es fue un parpadeo. Nadie lo sabe, nadie tiene que saberlo. Él está en control y puede dejarlo cuando deseé.

    Un parpadeo. Sólo hace falta un parpadeo para que las corrientes caóticas ante sus ojos aparezcan, para que su flujo le comunique sin palabras a dónde vienen, a dónde se dirigen. A dónde, y hacia quién.

    Un deseo se cumple, un precio se paga, y las corrientes obedecen esta regla inamovible. Cuando las corrientes se mueven demasiado, de formas violentas e impredecibles, ahí debe estar Kieran. Porque eso significa que alguien las está agitando más de lo que debería.

    Un deseo se ha cumplido, un precio se ha pagado. ¿Es justo el precio? ¿Es honorable el deseo? De eso debe asegurarse. Y parpadea, de nuevo. Porque es sólo un parpadeo más, ¿no?

    Está bien. Es por la misión. Sus ojos humecta con un par de gotas. Listo, como nuevo.

    De vuelta al trabajo, pues ya la encontró, ¿no es así? Y del edificio del que observa el paraje citadino, salta. Salta, porque no va a pasar nada.

    Todo está bien. El Carmesí está ahí. Sólo es un parpadeo... sólo es un salto... Es por la misión. Es por el Código. Está bien. Todo está bien...

    Porque ya la encontró.
    Un parpadeo. Sólo uno, es todo lo que necesita. Se lo jura, una vez más, a sí mismo. Sólo uno más. Es necesario. Es por el Código. Es por su misión. El reflejo carmesí aparece y se va de sus pupilas tan rápido, que es como si jamás hubiera estado ahí. Breve, pero significativo. ¿No son así las cosas más devastadoras de la vida? —...Te encontré. El carmesí le otorgá percepción. El carmesí le otorga saber. Le otorga la eficiencia que lo ha convertido en el mejor -por lejos- rastreando y siguiendo a... como él los llama, "rebeldes". El carmesí otorga, sí. Y así como otorga, exige. Quita. Arranca. Pero está bien. Sólo es fue un parpadeo. Nadie lo sabe, nadie tiene que saberlo. Él está en control y puede dejarlo cuando deseé. Un parpadeo. Sólo hace falta un parpadeo para que las corrientes caóticas ante sus ojos aparezcan, para que su flujo le comunique sin palabras a dónde vienen, a dónde se dirigen. A dónde, y hacia quién. Un deseo se cumple, un precio se paga, y las corrientes obedecen esta regla inamovible. Cuando las corrientes se mueven demasiado, de formas violentas e impredecibles, ahí debe estar Kieran. Porque eso significa que alguien las está agitando más de lo que debería. Un deseo se ha cumplido, un precio se ha pagado. ¿Es justo el precio? ¿Es honorable el deseo? De eso debe asegurarse. Y parpadea, de nuevo. Porque es sólo un parpadeo más, ¿no? Está bien. Es por la misión. Sus ojos humecta con un par de gotas. Listo, como nuevo. De vuelta al trabajo, pues ya la encontró, ¿no es así? Y del edificio del que observa el paraje citadino, salta. Salta, porque no va a pasar nada. Todo está bien. El Carmesí está ahí. Sólo es un parpadeo... sólo es un salto... Es por la misión. Es por el Código. Está bien. Todo está bien... Porque ya la encontró.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    Me encocora
    2
    58 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados