• 〔ᴹᴼᴺᴼᴿᴼᴸ〕

    𝐒𝖾𝗌𝗂ó𐓣 #1. 𝐎𝗍𝗋α 𝗏𝖾ƶ.


    —Mamá... Papá... —los sollozos de una niña hacían eco en la habitación. Las paredes estaban decoradas con manchas irregulares de sangre, las sábanas empapadas de rojo, una mano colgando del borde, dos cuerpos inmóviles.

    Alaska lloraba sin parar en el suelo, sin poder moverse y temblando sin cesar. Tampoco podía levantar la vista del suelo, viendo el charco formarse poco a poco. Tenía miedo de mirar hacia la cama. Y, aunque sabía que no iban a responder, ella siguió llamando a sus padres.

    El frío que recorrió su espalda poco después le dio náuseas, tanto que llegaron las arcadas, para nada salió. Pero había algo detrás de ella, podía sentirlo, solo no supo qué.

    El silencio llegó de golpe, como quedar sorda. Poco después empezaron los gritos, tan fuertes y distorsionados qje hicieron doler sus tímpanos. Ella gritó, cubriéndose ambas orejas.

    .
    .
    .

    —Entonces, Alaska, dices que has estado teniendo sueños recurrentes con el incidente de hace unos años —el hombre habló con voz suave y una mirada atenta—. Cuéntame un poco más. ¿En esos sueños estás reviviendo el evento tal cual como fue? ¿Hay algo diferente?

    Para entonces cada terapeuta y psiquiatra sabía la historia desde el inicio por sus registros detallados, había visto a tantos que perdió la cuenta, pero ya le daba igual.

    La chica no lo miraba, mantenía la vista en la esquina derecha del cuarto, en frente suyo. Pero sus ojos estaban perdidos. Todavía escuchaba los gritos y podía sentir la sangre caliente en sus rodillas.

    —¿Alaska?

    —No hay nada diferente —mintió, mirando al hombre—. Es igual... pero solo un momento, que se repite.

    —ᴍᴇɴᴛɪʀᴏsᴀ. ᴍᴇɴᴛɪʀᴏsᴀ. ᴀ ʟᴀs ɴɪñᴀs ǫᴜᴇ ᴍɪᴇɴᴛᴇɴ sᴇ ʟᴇs ᴄᴏʀᴛᴀ ʟᴀ ʟᴇɴɢᴜᴀ.

    —Estaba pensando... —habló de repente la pelinegra, reacomodándose en su asiento— ¿podría aumentar la dosis de los medicamentos?

    —¿Aumentar? ...Alaska, según tu expediente ya tienes dosis bastante altas que te han ajustado hace poco, podría haber muchos efectos secundarios. Más de los que queremos.

    —O solo con una. ¿Por favor?

    —¿Por qué quieres aumentar la dosis? ¿Qué es lo que experimentas?

    —Đɨłɇ ꝗᵾɇ s̷ɨ s̷ɨǥᵾɇ ħa̷ȼɨɇn̷đø ᵽɍɇǥᵾn̷ŧa̷s̷ łɇ va̷s̷ a̷ a̷ᵽła̷s̷ŧa̷ɍ ła̷ ȼa̷ƀɇƶa̷. Ø łø ᵽᵾɇđø ħa̷ȼɇɍ ɏø.

    —¡ᴺᵒ! ¡ᴰⁱˡᵉ ૧ᵘᵉ ᵛᵃˢ ᵃ ᶜᵒᵐᵉʳᵗᵉ ˢᵘˢ ⁱⁿᵗᵉˢᵗⁱⁿᵒˢ!

    —¿𝙔 𝙥𝙤𝙧 𝙦𝙪é 𝙣𝙤 𝙨𝙤𝙡𝙤 𝙡𝙚 𝙘𝙤𝙧𝙩𝙖𝙨 𝙡𝙖 𝙜𝙖𝙧𝙜𝙖𝙣𝙩𝙖? ¡𝙃𝙖𝙯𝙡𝙤! —y un sinfín de comentarios de voces que no reconocía estaban taladrando su cabeza.

    Cerró los ojos, pasando las yemas de sus dedos por la sien izquierda. No quería quebrarse. No de nuevo. Si se dejaba llevar los iba a entretener y seguro iban a dejarla aislada de nuevo, como la última vez.

    —Yo...creo que mi cuerpo ya está desarrollando resistencia de nuevo. —la voz le tembló, no quiso abrir los ojos para evitar ver el rostro del hombre.

    El silencio solo sirvió para que las voces continuaran, se distorsionaran y luego... una especie de estática.

    —Seguiremos un poco más con las mismas dosis.

    —¡NO LO ENTIENDES! —golpeó la mesa con ambas palmas, viéndolo con frustración y una chispa de miedo que crecía en su interior. Se obligó a exhalar con lentitud— Por favor...

    —Lo siento, aún es muy pronto. —notó la lástima en él. No supo si eso la irritó más o la hizo derrumbarse de peor forma.

    Quedó muda. Discutir con un doctor como ellos siempre era difícil, pero no fue exactamente por eso que se calló. Fue más bien la imagen de sus padres detrás del sujeto, con rostros desfigurados, pero haciéndole saber que la observaban con severidad. Ahora no solo eran los entes usuales, sus padres la juzgaban también. Le recordaban su error. Todo era su culpa.

    Bajó la vista, tratando de evitar el llanto. Era enfermizo el siempre estar llorando. Le cansaba.

    —Quiero que la sesión se termine más temprano...
    〔ᴹᴼᴺᴼᴿᴼᴸ〕 𝐒𝖾𝗌𝗂ó𐓣 #1. 𝐎𝗍𝗋α 𝗏𝖾ƶ. —Mamá... Papá... —los sollozos de una niña hacían eco en la habitación. Las paredes estaban decoradas con manchas irregulares de sangre, las sábanas empapadas de rojo, una mano colgando del borde, dos cuerpos inmóviles. Alaska lloraba sin parar en el suelo, sin poder moverse y temblando sin cesar. Tampoco podía levantar la vista del suelo, viendo el charco formarse poco a poco. Tenía miedo de mirar hacia la cama. Y, aunque sabía que no iban a responder, ella siguió llamando a sus padres. El frío que recorrió su espalda poco después le dio náuseas, tanto que llegaron las arcadas, para nada salió. Pero había algo detrás de ella, podía sentirlo, solo no supo qué. El silencio llegó de golpe, como quedar sorda. Poco después empezaron los gritos, tan fuertes y distorsionados qje hicieron doler sus tímpanos. Ella gritó, cubriéndose ambas orejas. . . . —Entonces, Alaska, dices que has estado teniendo sueños recurrentes con el incidente de hace unos años —el hombre habló con voz suave y una mirada atenta—. Cuéntame un poco más. ¿En esos sueños estás reviviendo el evento tal cual como fue? ¿Hay algo diferente? Para entonces cada terapeuta y psiquiatra sabía la historia desde el inicio por sus registros detallados, había visto a tantos que perdió la cuenta, pero ya le daba igual. La chica no lo miraba, mantenía la vista en la esquina derecha del cuarto, en frente suyo. Pero sus ojos estaban perdidos. Todavía escuchaba los gritos y podía sentir la sangre caliente en sus rodillas. —¿Alaska? —No hay nada diferente —mintió, mirando al hombre—. Es igual... pero solo un momento, que se repite. —ᴍᴇɴᴛɪʀᴏsᴀ. ᴍᴇɴᴛɪʀᴏsᴀ. ᴀ ʟᴀs ɴɪñᴀs ǫᴜᴇ ᴍɪᴇɴᴛᴇɴ sᴇ ʟᴇs ᴄᴏʀᴛᴀ ʟᴀ ʟᴇɴɢᴜᴀ. —Estaba pensando... —habló de repente la pelinegra, reacomodándose en su asiento— ¿podría aumentar la dosis de los medicamentos? —¿Aumentar? ...Alaska, según tu expediente ya tienes dosis bastante altas que te han ajustado hace poco, podría haber muchos efectos secundarios. Más de los que queremos. —O solo con una. ¿Por favor? —¿Por qué quieres aumentar la dosis? ¿Qué es lo que experimentas? —Đɨłɇ ꝗᵾɇ s̷ɨ s̷ɨǥᵾɇ ħa̷ȼɨɇn̷đø ᵽɍɇǥᵾn̷ŧa̷s̷ łɇ va̷s̷ a̷ a̷ᵽła̷s̷ŧa̷ɍ ła̷ ȼa̷ƀɇƶa̷. Ø łø ᵽᵾɇđø ħa̷ȼɇɍ ɏø. —¡ᴺᵒ! ¡ᴰⁱˡᵉ ૧ᵘᵉ ᵛᵃˢ ᵃ ᶜᵒᵐᵉʳᵗᵉ ˢᵘˢ ⁱⁿᵗᵉˢᵗⁱⁿᵒˢ! —¿𝙔 𝙥𝙤𝙧 𝙦𝙪é 𝙣𝙤 𝙨𝙤𝙡𝙤 𝙡𝙚 𝙘𝙤𝙧𝙩𝙖𝙨 𝙡𝙖 𝙜𝙖𝙧𝙜𝙖𝙣𝙩𝙖? ¡𝙃𝙖𝙯𝙡𝙤! —y un sinfín de comentarios de voces que no reconocía estaban taladrando su cabeza. Cerró los ojos, pasando las yemas de sus dedos por la sien izquierda. No quería quebrarse. No de nuevo. Si se dejaba llevar los iba a entretener y seguro iban a dejarla aislada de nuevo, como la última vez. —Yo...creo que mi cuerpo ya está desarrollando resistencia de nuevo. —la voz le tembló, no quiso abrir los ojos para evitar ver el rostro del hombre. El silencio solo sirvió para que las voces continuaran, se distorsionaran y luego... una especie de estática. —Seguiremos un poco más con las mismas dosis. —¡NO LO ENTIENDES! —golpeó la mesa con ambas palmas, viéndolo con frustración y una chispa de miedo que crecía en su interior. Se obligó a exhalar con lentitud— Por favor... —Lo siento, aún es muy pronto. —notó la lástima en él. No supo si eso la irritó más o la hizo derrumbarse de peor forma. Quedó muda. Discutir con un doctor como ellos siempre era difícil, pero no fue exactamente por eso que se calló. Fue más bien la imagen de sus padres detrás del sujeto, con rostros desfigurados, pero haciéndole saber que la observaban con severidad. Ahora no solo eran los entes usuales, sus padres la juzgaban también. Le recordaban su error. Todo era su culpa. Bajó la vista, tratando de evitar el llanto. Era enfermizo el siempre estar llorando. Le cansaba. —Quiero que la sesión se termine más temprano...
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  • 𝙀𝙡 𝙨𝙤𝙣𝙞𝙙𝙤 𝙙𝙚 𝙂𝙚𝙣𝙤𝙨𝙝𝙖 𝙢𝙪𝙧𝙞𝙚𝙣𝙙𝙤 — 𝑚𝑒𝑚𝑜𝑟𝑖𝑒𝑠 𝐼

    𝐻𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑝𝑜𝑙𝑣𝑜 𝑒𝑛 𝑡𝑜𝑑𝑎𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑡𝑒𝑠...

    No esa clase de polvo que se acumula sobre muebles olvidados o edificios viejos. Era esa clase de ceniza mezclada con concreto molido, metal y algo que prefirió no identificar demasiado rápido. Cada vez que respiraba sentía la garganta arderle un poco más, pero dejó de prestarle atención después de los primeros minutos. Había demasiadas cosas alrededor reclamando espacio dentro de su cabeza, que el hecho de pensar se volvía un lujo innecesario en esos instantes.

    𝐺𝑒𝑛𝑜𝑠𝘩𝑎 𝑡𝑜𝑑𝑎𝑣𝜄́𝑎 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑏𝑎 𝘩𝑢𝑚𝑒𝑎𝑛𝑑𝑜.

    Columnas negras subían desde distintos puntos de la isla como si el suelo siguiera incendiándose desde adentro. A la distancia podían escucharse estructuras colapsando solas de vez en cuando; un estruendo seco, luego silencio otra vez. Y eso no fue lo peor. Era el silencio que, entre tanto horror, era lo que irónicamente lograba hacer más ruido. Una ciudad entera reducida a ruido de fuego, escombros y dolor.

    Avanzó entre restos de avenidas de lo que alguna vez fueron calles, pisó algo metálico ocasionalmente, después vidrio... y después ¿Una mano? Pero no se detuvo. Porque si empezaba a mirar demasiado tiempo algo específico, iba a perder el impulso de seguir caminando hasta derrumbarse.

    El comunicador en su oído no había dejado de sonar desde que aterrizaron. Voces entran y salen, intercambian información pero él no escucha. No puede escucharlos, no ahora. Coordenadas, nombres, Charles intentando mantener a todos concentrados en rescates y no en el shock emocional que eso conlleva. Pero Scott escuchaba, respondía cuando era necesario, daba órdenes incluso. El piloto perfecto, el líder, el soldado amaestrado.

    Pero existía algo acumulándose debajo de todo eso. Algo horrible, que llevaba años aprendiendo a mantener encerrado. Recordaba perfectamente una frase del profesor, mucho antes de Genosha, cuando él todavía era demasiado joven para entender lo cansado que podía llegar a sentirse alguien:

    "𝘕𝘰 𝘱𝘶𝘦𝘥𝘦𝘴 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘵𝘪𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘢 𝘳𝘢𝘣𝘪𝘢 𝘥𝘦𝘤𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘵𝘪"

    En ese entonces le había parecido sabio. Parado ahí, rodeado de millones de muertos, le parecía una broma cruel.

    Siguió avanzando entre cuerpos por todas partes. Algunos con la estructura ósea irreconocible, otros apenas mantenían sus rostros ante el horror vivido. Otros intactos, y otros... simplemente dejaron de existir en todo aspecto. Eso fue casi lo peor. Una mujer apoyada contra una pared destruida como si estuviera descansando, un chico enterrado hasta la cintura bajo el concreto. Mutantes que probablemente habían tenido una vida completa hacía menos de una hora y ahora eran parte del paraje destruido de una isla que el mundo ya empezaba a convertir en titular.

    Sintió algo quebrarse dentro suyo cuando encontró lo que quedaba de una escuela. El edificio había colapsado hacia un lado, aplastándose sobre sí mismo. Había dibujos infantiles pegados todavía en una pared partida a la mitad. Soles mal pintados, figuras con capas, y un centinela dibujado con crayones rojos.


    —𝐶𝑟𝑖𝑠𝑡𝑜... —espeta, pues escuchó algo debajo de los escombros. Quizá creyó escucharlo, por lo que las voces en el transmisor se dispararon. Entre ellas, Charles, quien pedía que esperara por ayuda, que sea sensato. Pero él sabe que la ayuda tardaría en llegar eventualmente, y sería tarde para quien esté debajo.

    Negándose a acatar la orden directa por instinto de urgencia, simplemente se movió; metió ambas manos bajo una viga hundida y empujó con todas sus fuerzas. El concreto rechinó sobre su cabeza de forma amenazante, pero él consiguió seguir pese a todo pronóstico. Fragmentos comenzaron a desprenderse alrededor suyo mientras levantaba parte de la estructura apenas lo suficiente para abrir espacio debajo. Pero las voces no cesaron. Los músculos ardieron al instante y aún así continuó; porque tenía que haber alguien vivo, tenía que existir esa esperanza por más mínima que sea.

    𝙔 𝙚𝙣𝙩𝙤𝙣𝙘𝙚𝙨 𝙡𝙤𝙨 𝙫𝙞𝙤...

    Niños. Demasiado quietos para serlo, y lamentablemente para presenciarlo. Uno seguía abrazado a una mochila contra el pecho. Otro estaba cubierto por los restos de un pupitre, y había una niña con polvo gris cubriéndole las pestañas; como si simplemente se hubiera quedado dormida durante la clase.

    Dejó de escuchar el comunicador, y la voz de Charles siguió entrando por el auricular. Él sabía que no había nadie con vida, lo supo siempre y no tuvo las agallas de decírselo a Scott. Pero él no distinguía palabras, solo ruido lejano que se perdía conforme más mira la escena. El peso de la estructura continuaba sobre uno de sus brazos mientras observa en silencio, inmóvil. El visor reflejando rojo sobre el concreto destruido y los cuerpos que yacen.

    Y por primera vez en mucho tiempo, sintió miedo de sí mismo. Porque quiso tomar y destruir todo, algo. No era una sensación solo de golpear y gritar; era destruirlo todo simplemente. Quiso abrir los ojos y partir el horizonte entero en dos. Quiso encontrar cada fábrica, cada laboratorio, cada político que alguna vez permitió que existieran Centinelas y reducirlo todo a cenizas hasta no dejar nada funcionando. El impulso le atravesó el cuerpo tan rápido que tuvo que dejar de apretar la mandíbula para contenerlo, y fue lo que más lo enfermó después.

    No la muerte, no el horror; la facilidad con la que entendió que una parte de él realmente quería soltar el control y no lo hizo. Solo siguió ahí, sosteniendo toneladas de ruinas con una mano mientras miraba a los niños enterrados bajo la escuela.

    𝙉𝙤 𝙩𝙪𝙫𝙞𝙚𝙧𝙤𝙣 𝙪𝙣𝙖 𝙫𝙞𝙙𝙖 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙙𝙞𝙨𝙛𝙧𝙪𝙩𝙖𝙧, 𝙮 𝙖𝙝𝙤𝙧𝙖 𝙣𝙪𝙣𝙘𝙖 𝙢𝙖́𝙨 𝙡𝙖 𝙩𝙚𝙣𝙙𝙧𝜾́𝙖𝙣.
    𝙀𝙡 𝙨𝙤𝙣𝙞𝙙𝙤 𝙙𝙚 𝙂𝙚𝙣𝙤𝙨𝙝𝙖 𝙢𝙪𝙧𝙞𝙚𝙣𝙙𝙤 — 𝑚𝑒𝑚𝑜𝑟𝑖𝑒𝑠 𝐼 𝐻𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑝𝑜𝑙𝑣𝑜 𝑒𝑛 𝑡𝑜𝑑𝑎𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑡𝑒𝑠... No esa clase de polvo que se acumula sobre muebles olvidados o edificios viejos. Era esa clase de ceniza mezclada con concreto molido, metal y algo que prefirió no identificar demasiado rápido. Cada vez que respiraba sentía la garganta arderle un poco más, pero dejó de prestarle atención después de los primeros minutos. Había demasiadas cosas alrededor reclamando espacio dentro de su cabeza, que el hecho de pensar se volvía un lujo innecesario en esos instantes. 𝐺𝑒𝑛𝑜𝑠𝘩𝑎 𝑡𝑜𝑑𝑎𝑣𝜄́𝑎 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑏𝑎 𝘩𝑢𝑚𝑒𝑎𝑛𝑑𝑜. Columnas negras subían desde distintos puntos de la isla como si el suelo siguiera incendiándose desde adentro. A la distancia podían escucharse estructuras colapsando solas de vez en cuando; un estruendo seco, luego silencio otra vez. Y eso no fue lo peor. Era el silencio que, entre tanto horror, era lo que irónicamente lograba hacer más ruido. Una ciudad entera reducida a ruido de fuego, escombros y dolor. Avanzó entre restos de avenidas de lo que alguna vez fueron calles, pisó algo metálico ocasionalmente, después vidrio... y después ¿Una mano? Pero no se detuvo. Porque si empezaba a mirar demasiado tiempo algo específico, iba a perder el impulso de seguir caminando hasta derrumbarse. El comunicador en su oído no había dejado de sonar desde que aterrizaron. Voces entran y salen, intercambian información pero él no escucha. No puede escucharlos, no ahora. Coordenadas, nombres, Charles intentando mantener a todos concentrados en rescates y no en el shock emocional que eso conlleva. Pero Scott escuchaba, respondía cuando era necesario, daba órdenes incluso. El piloto perfecto, el líder, el soldado amaestrado. Pero existía algo acumulándose debajo de todo eso. Algo horrible, que llevaba años aprendiendo a mantener encerrado. Recordaba perfectamente una frase del profesor, mucho antes de Genosha, cuando él todavía era demasiado joven para entender lo cansado que podía llegar a sentirse alguien: "𝘕𝘰 𝘱𝘶𝘦𝘥𝘦𝘴 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘵𝘪𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘢 𝘳𝘢𝘣𝘪𝘢 𝘥𝘦𝘤𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘵𝘪" En ese entonces le había parecido sabio. Parado ahí, rodeado de millones de muertos, le parecía una broma cruel. Siguió avanzando entre cuerpos por todas partes. Algunos con la estructura ósea irreconocible, otros apenas mantenían sus rostros ante el horror vivido. Otros intactos, y otros... simplemente dejaron de existir en todo aspecto. Eso fue casi lo peor. Una mujer apoyada contra una pared destruida como si estuviera descansando, un chico enterrado hasta la cintura bajo el concreto. Mutantes que probablemente habían tenido una vida completa hacía menos de una hora y ahora eran parte del paraje destruido de una isla que el mundo ya empezaba a convertir en titular. Sintió algo quebrarse dentro suyo cuando encontró lo que quedaba de una escuela. El edificio había colapsado hacia un lado, aplastándose sobre sí mismo. Había dibujos infantiles pegados todavía en una pared partida a la mitad. Soles mal pintados, figuras con capas, y un centinela dibujado con crayones rojos. —𝐶𝑟𝑖𝑠𝑡𝑜... —espeta, pues escuchó algo debajo de los escombros. Quizá creyó escucharlo, por lo que las voces en el transmisor se dispararon. Entre ellas, Charles, quien pedía que esperara por ayuda, que sea sensato. Pero él sabe que la ayuda tardaría en llegar eventualmente, y sería tarde para quien esté debajo. Negándose a acatar la orden directa por instinto de urgencia, simplemente se movió; metió ambas manos bajo una viga hundida y empujó con todas sus fuerzas. El concreto rechinó sobre su cabeza de forma amenazante, pero él consiguió seguir pese a todo pronóstico. Fragmentos comenzaron a desprenderse alrededor suyo mientras levantaba parte de la estructura apenas lo suficiente para abrir espacio debajo. Pero las voces no cesaron. Los músculos ardieron al instante y aún así continuó; porque tenía que haber alguien vivo, tenía que existir esa esperanza por más mínima que sea. 𝙔 𝙚𝙣𝙩𝙤𝙣𝙘𝙚𝙨 𝙡𝙤𝙨 𝙫𝙞𝙤... Niños. Demasiado quietos para serlo, y lamentablemente para presenciarlo. Uno seguía abrazado a una mochila contra el pecho. Otro estaba cubierto por los restos de un pupitre, y había una niña con polvo gris cubriéndole las pestañas; como si simplemente se hubiera quedado dormida durante la clase. Dejó de escuchar el comunicador, y la voz de Charles siguió entrando por el auricular. Él sabía que no había nadie con vida, lo supo siempre y no tuvo las agallas de decírselo a Scott. Pero él no distinguía palabras, solo ruido lejano que se perdía conforme más mira la escena. El peso de la estructura continuaba sobre uno de sus brazos mientras observa en silencio, inmóvil. El visor reflejando rojo sobre el concreto destruido y los cuerpos que yacen. Y por primera vez en mucho tiempo, sintió miedo de sí mismo. Porque quiso tomar y destruir todo, algo. No era una sensación solo de golpear y gritar; era destruirlo todo simplemente. Quiso abrir los ojos y partir el horizonte entero en dos. Quiso encontrar cada fábrica, cada laboratorio, cada político que alguna vez permitió que existieran Centinelas y reducirlo todo a cenizas hasta no dejar nada funcionando. El impulso le atravesó el cuerpo tan rápido que tuvo que dejar de apretar la mandíbula para contenerlo, y fue lo que más lo enfermó después. No la muerte, no el horror; la facilidad con la que entendió que una parte de él realmente quería soltar el control y no lo hizo. Solo siguió ahí, sosteniendo toneladas de ruinas con una mano mientras miraba a los niños enterrados bajo la escuela. 𝙉𝙤 𝙩𝙪𝙫𝙞𝙚𝙧𝙤𝙣 𝙪𝙣𝙖 𝙫𝙞𝙙𝙖 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙙𝙞𝙨𝙛𝙧𝙪𝙩𝙖𝙧, 𝙮 𝙖𝙝𝙤𝙧𝙖 𝙣𝙪𝙣𝙘𝙖 𝙢𝙖́𝙨 𝙡𝙖 𝙩𝙚𝙣𝙙𝙧𝜾́𝙖𝙣.
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  • -Hoy era día libre, así que decidió dejar su traje y su chaleco de mayordomo apartado por hoy. En su lugar, para ir más fresco, decidió vestir en mangas de camisa.-
    -Hoy era día libre, así que decidió dejar su traje y su chaleco de mayordomo apartado por hoy. En su lugar, para ir más fresco, decidió vestir en mangas de camisa.-
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  • —Bueno... Se preguntarán por qué los llamé así de pronto... —Miró a Masthian Lauguez y después a Hanary Naeko , tras una pequeña pausa y de dejar aquel gesto incómodo, mantuvo su mirada en la peliblanca. —¿Recuerdas cuándo mencionaste que te parecía extraño que Kazuha viviera tan tranquila pese a hacer mucho uso de sus poderes?

    Esbozó una sonrisa nerviosa después, porque él mismo llamó "paranoica" a la joven por cuestionarse cosas que normalmente todos ponen en duda cuándo ocurre. —Je... Creo que tenías razón... —Movió la cabeza de lado a lado para intentar aminorar lo incómodo de la situación.

    —Su amiga, Veyra... ¿Así se llama? Bueno, ella, parecía muy nerviosa cuándo le expliqué sobre cómo funciona el territorio humano y el sobrenatural, después me mencionó algo sobre un video dónde los mostraban a ellos. El caso no es que usen sus poderes en publico... Sino que investigando un poco más con Sheiry y Keint... Creo que no son humanos y están un poquito descontrolados y algo ocultan con respecto a la perdida de memoria de Kazuha y el recuperar la misma... Creo que nos corresponde hacer... Ya saben... Nuestro trabajo.
    —Bueno... Se preguntarán por qué los llamé así de pronto... —Miró a [aiderulz12] y después a [tidal_titanium_lion_574], tras una pequeña pausa y de dejar aquel gesto incómodo, mantuvo su mirada en la peliblanca. —¿Recuerdas cuándo mencionaste que te parecía extraño que Kazuha viviera tan tranquila pese a hacer mucho uso de sus poderes? Esbozó una sonrisa nerviosa después, porque él mismo llamó "paranoica" a la joven por cuestionarse cosas que normalmente todos ponen en duda cuándo ocurre. —Je... Creo que tenías razón... —Movió la cabeza de lado a lado para intentar aminorar lo incómodo de la situación. —Su amiga, Veyra... ¿Así se llama? Bueno, ella, parecía muy nerviosa cuándo le expliqué sobre cómo funciona el territorio humano y el sobrenatural, después me mencionó algo sobre un video dónde los mostraban a ellos. El caso no es que usen sus poderes en publico... Sino que investigando un poco más con Sheiry y Keint... Creo que no son humanos y están un poquito descontrolados y algo ocultan con respecto a la perdida de memoria de Kazuha y el recuperar la misma... Creo que nos corresponde hacer... Ya saben... Nuestro trabajo.
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  • « 𝙉𝙤𝙗𝙤𝙙𝙮 𝙘𝙖𝙡𝙡𝙨 𝙞𝙩 𝙛𝙚𝙖𝙧 𝙖𝙣𝙮𝙢𝙤𝙧𝙚 »


    La transmisión seguía encendida aunque nadie realmente estuviera viendo ya. ¿Para qué hacerlo? Sus rostros mostraban un desespero, aunque paulatino, era evidente conforme las voces de los reporteros daban la nota. Se mezclaban unas cosas con otras desde distintos puntos de vista dentro del Instituto. Televisores olvidados en salas comunes, teléfonos apoyados boca arriba sobre escritorios, pantallas abiertas en laboratorios donde estudiantes fingían continuar tareas que habían dejado de leer hacía varios minutos. El nombre de Stark Industries aparecía una y otra vez, acompañado de gráficos bursátiles, declaraciones corporativas y sonrisas cuidadosamente entrenadas frente a cámaras.

    "𝘜𝘯𝘢 𝘯𝘶𝘦𝘷𝘢 𝘦𝘵𝘢𝘱𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘭𝘢 𝘴𝘦𝘨𝘶𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘯𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘭. 𝘔𝘰𝘥𝘦𝘳𝘯𝘪𝘻𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘵𝘦𝘤𝘯𝘰𝘭𝘰́𝘨𝘪𝘤𝘢 𝘺 𝘤𝘰𝘰𝘱𝘦𝘳𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘱𝘳𝘦𝘷𝘦𝘯𝘵𝘪𝘷𝘢"

    Había escuchado suficientes ruedas de prensa en su vida para reconocer cuándo alguien intentaba vender miedo utilizando lenguaje elegante. Y 𝙁𝙚𝙞𝙡𝙤𝙣𝙜 no necesitó demasiado tiempo para empezar a meter sus manos donde no debía desde que compró parte de las acciones. Ni siquiera estaba intentando esconderlo. No a ojos de los mutantes.

    Había algo casi insultante en la transparencia de todo aquello; como si supiera perfectamente que ya nadie iba a detenerlo. El programa SENTINEL llevaba años siendo una amenaza latente, cambiando de nombre, de financiamiento y de rostro cada vez que la opción pública necesitaba algo más cómodo que odiar. Pero seguía siendo lo mismo. Siempre era lo mismo, y siempre terminaba de mal en peor.

    Máquinas construidas para vigilar mutantes; máquinas para cazarlos cuando dejara de ser suficiente vigilarlos. Con la única diferencia que ahora era que lo estaban anunciando en televisión nacional como si fuese el lanzamiento de un teléfono nuevo. Permanece sentado frente a la mesa táctica de la sala de guerra, con ambos antebrazos apoyados sobre la superficie metálica. La iluminación tenue del lugar convertía el brillo rojizo de su visor en la única fuente constante de color dentro de la habitación.

    "...𝘦𝘭 𝘚𝘦𝘯𝘢𝘥𝘰 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘪𝘯𝘶𝘢𝘳𝘢́ 𝘥𝘦𝘭𝘪𝘣𝘦𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘱𝘳𝘰𝘺𝘦𝘤𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘙𝘦𝘨𝘪𝘴𝘵𝘳𝘰 𝘔𝘶𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘖𝘣𝘭𝘪𝘨𝘢𝘵𝘰𝘳𝘪𝘰 𝘥𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘳𝘰́𝘹𝘪𝘮𝘢𝘴 𝘴𝘦𝘮𝘢𝘯𝘢𝘴. 𝘋𝘪𝘷𝘦𝘳𝘴𝘰𝘴 𝘴𝘦𝘤𝘵𝘰𝘳𝘦𝘴 𝘴𝘰𝘴𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦𝘯 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘢 𝘮𝘦𝘥𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘵𝘪𝘳𝘢́ 𝘮𝘢𝘺𝘰𝘳 𝘵𝘳𝘢𝘯𝘴𝘱𝘢𝘳𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘺 𝘴𝘦𝘨𝘶𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘭𝘶𝘦𝘨𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘦𝘷𝘦𝘯𝘵𝘰𝘴 𝘳𝘦𝘭𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘥𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘯 𝙆𝙧𝙖𝙠𝙤𝙖..."

    —Siempre empieza igual... —murmuró finalmente, sin apartar la vista de las imágenes frente a él—. Primero hablan de prevención, después de control. Luego empiezan a señalar nombres como si no hubiera terminado ya en una isla llena de cadáveres una vez.

    Su mandíbula se tensa de tan solo recordar la tragedia.

    —Genosha tampoco parecía imposible hasta que ocurrió.
    « 𝙉𝙤𝙗𝙤𝙙𝙮 𝙘𝙖𝙡𝙡𝙨 𝙞𝙩 𝙛𝙚𝙖𝙧 𝙖𝙣𝙮𝙢𝙤𝙧𝙚 » La transmisión seguía encendida aunque nadie realmente estuviera viendo ya. ¿Para qué hacerlo? Sus rostros mostraban un desespero, aunque paulatino, era evidente conforme las voces de los reporteros daban la nota. Se mezclaban unas cosas con otras desde distintos puntos de vista dentro del Instituto. Televisores olvidados en salas comunes, teléfonos apoyados boca arriba sobre escritorios, pantallas abiertas en laboratorios donde estudiantes fingían continuar tareas que habían dejado de leer hacía varios minutos. El nombre de Stark Industries aparecía una y otra vez, acompañado de gráficos bursátiles, declaraciones corporativas y sonrisas cuidadosamente entrenadas frente a cámaras. "𝘜𝘯𝘢 𝘯𝘶𝘦𝘷𝘢 𝘦𝘵𝘢𝘱𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘭𝘢 𝘴𝘦𝘨𝘶𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘯𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘭. 𝘔𝘰𝘥𝘦𝘳𝘯𝘪𝘻𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘵𝘦𝘤𝘯𝘰𝘭𝘰́𝘨𝘪𝘤𝘢 𝘺 𝘤𝘰𝘰𝘱𝘦𝘳𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘱𝘳𝘦𝘷𝘦𝘯𝘵𝘪𝘷𝘢" Había escuchado suficientes ruedas de prensa en su vida para reconocer cuándo alguien intentaba vender miedo utilizando lenguaje elegante. Y 𝙁𝙚𝙞𝙡𝙤𝙣𝙜 no necesitó demasiado tiempo para empezar a meter sus manos donde no debía desde que compró parte de las acciones. Ni siquiera estaba intentando esconderlo. No a ojos de los mutantes. Había algo casi insultante en la transparencia de todo aquello; como si supiera perfectamente que ya nadie iba a detenerlo. El programa SENTINEL llevaba años siendo una amenaza latente, cambiando de nombre, de financiamiento y de rostro cada vez que la opción pública necesitaba algo más cómodo que odiar. Pero seguía siendo lo mismo. Siempre era lo mismo, y siempre terminaba de mal en peor. Máquinas construidas para vigilar mutantes; máquinas para cazarlos cuando dejara de ser suficiente vigilarlos. Con la única diferencia que ahora era que lo estaban anunciando en televisión nacional como si fuese el lanzamiento de un teléfono nuevo. Permanece sentado frente a la mesa táctica de la sala de guerra, con ambos antebrazos apoyados sobre la superficie metálica. La iluminación tenue del lugar convertía el brillo rojizo de su visor en la única fuente constante de color dentro de la habitación. "...𝘦𝘭 𝘚𝘦𝘯𝘢𝘥𝘰 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘪𝘯𝘶𝘢𝘳𝘢́ 𝘥𝘦𝘭𝘪𝘣𝘦𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘱𝘳𝘰𝘺𝘦𝘤𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘙𝘦𝘨𝘪𝘴𝘵𝘳𝘰 𝘔𝘶𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘖𝘣𝘭𝘪𝘨𝘢𝘵𝘰𝘳𝘪𝘰 𝘥𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘳𝘰́𝘹𝘪𝘮𝘢𝘴 𝘴𝘦𝘮𝘢𝘯𝘢𝘴. 𝘋𝘪𝘷𝘦𝘳𝘴𝘰𝘴 𝘴𝘦𝘤𝘵𝘰𝘳𝘦𝘴 𝘴𝘰𝘴𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦𝘯 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘢 𝘮𝘦𝘥𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘵𝘪𝘳𝘢́ 𝘮𝘢𝘺𝘰𝘳 𝘵𝘳𝘢𝘯𝘴𝘱𝘢𝘳𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘺 𝘴𝘦𝘨𝘶𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘭𝘶𝘦𝘨𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘦𝘷𝘦𝘯𝘵𝘰𝘴 𝘳𝘦𝘭𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘥𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘯 𝙆𝙧𝙖𝙠𝙤𝙖..." —Siempre empieza igual... —murmuró finalmente, sin apartar la vista de las imágenes frente a él—. Primero hablan de prevención, después de control. Luego empiezan a señalar nombres como si no hubiera terminado ya en una isla llena de cadáveres una vez. Su mandíbula se tensa de tan solo recordar la tragedia. —Genosha tampoco parecía imposible hasta que ocurrió.
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  • [Mientras acontece la batalla contra los heraldos de Alhoon. Kyrie Hourglass permanece en el departamento de Bianca cuidando de Drizz. Quién aún permanece en coma]

    Kyrie Hourglass: Drizz. No dejaré que esa cosa te haga daño. Quisiera poder hacer algo más. Pero tengo el presentimiento de que si dejo este lugar. Jamás volveré a verte. Confiemos en el señor Jero y Bianca *acaricio el cabello de Drizz. Frustrada al no poder ser más útil en un momento tan crucial*
    [Mientras acontece la batalla contra los heraldos de Alhoon. Kyrie Hourglass permanece en el departamento de Bianca cuidando de Drizz. Quién aún permanece en coma] Kyrie Hourglass: Drizz. No dejaré que esa cosa te haga daño. Quisiera poder hacer algo más. Pero tengo el presentimiento de que si dejo este lugar. Jamás volveré a verte. Confiemos en el señor Jero y Bianca *acaricio el cabello de Drizz. Frustrada al no poder ser más útil en un momento tan crucial*
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  • —Recuerdan que dije que dejaría de tomar pastillas para dormir...ayer me tomé unas extra...fue pésima idea...
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  • Gracias por el regalo y por dejarme ponerte el GPS en el celular Yᴜᴛᴀ Oᴋᴋᴏᴛsᴜ
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  • ༒ 𝕻𝖔𝖑𝖑𝖊𝖓 𝕾𝖊𝖕𝖚𝖑𝖈𝖗𝖊𝖙𝖚𝖒.

    Era una tarde de tormenta, la noche estaba por caer y la lluvia golpeaba los ventanales con una paciencia funeraria, lenta, insistente… como dedos huesudos reclamando entrar. Dentro de la pequeña botica apenas sobrevivía la luz de unas cuantas velas consumidas, cuya cera derretida caía sobre los muebles antiguos como lágrimas espesas. El aire olía a tierra húmeda, hierbas secas y algo más difícil de nombrar.
    Algo amargo. Algo medicinal. Algo que recordaba demasiado a las criptas.

    Odette permanecía de pie frente a la mesa de trabajo, rodeada de frascos etiquetados con tinta antigua y nombres que la mayoría prefería no pronunciar. Belladona. Beleño negro. Acónito. Estramonio.
    Sus dedos recorrían con delicadeza las páginas abiertas del herbario mientras separaba pequeñas ramas marchitas para dejarlas secar. Había aprendido hacía mucho que las plantas también podían pudrirse con elegancia.

    La tormenta rugió afuera.

    Ella no levantó la vista.

    Sólo cuando el viento hizo estremecer las paredes de madera, sus ojos verdes y apagados se desviaron lentamente hacia la ventana empañada. Durante un segundo creyó distinguir una silueta inmóvil al otro lado del cristal.

    Alta.

    Cubierta por un velo oscuro.

    Observándola.

    Odette permaneció quieta, con la misma serenidad con la que otros aceptaban una oración antes de morir. Sus dedos, manchados tenuemente por los pigmentos de las hierbas que martajaba, sostuvieron una planta seca de Ajenjo que descansaba entre las páginas del libro donde antes se encontraba su rosario de plata.

    La figura desapareció cuando un relámpago iluminó el bosque.

    Silencio otra vez.

    Sólo el crepitar de las velas.

    Sólo la lluvia.

    Sólo ella.

    O eso creyó… hasta que escuchó el sonido húmedo de unas pisadas detrás de su espalda.

    No fueron rápidas.

    No fueron agresivas.

    Odette cerró el herbario con suavidad.

    —La puerta estaba cerrada.—Murmuró tranquila.—Así que supongo que no viene buscando refugio.

    Las pisadas se detuvieron.

    Y en algún rincón oscuro de la botica… algo comenzó a reir.

    Odette permaneció inmóvil unos segundos más, escuchando.

    Aquella risa seguía ahí.

    Suave.

    Siniestra.

    Burlona.

    Parecía surgir desde algún rincón de la botica, mezclándose con el crujido de la madera vieja y el murmullo de la tormenta detrás de los cristales. No sonaba como la risa de una persona… tampoco como la de un niño. Había algo enfermo en ello. Algo demasiado profundo.

    La herborista tomó una vela de la mesa.

    La llama de la vela tembló mientras avanzaba despacio por la habitación. Las sombras de las plantas colgadas del techo se balanceaban sobre las paredes como cadáveres suspendidos.

    Un paso.

    Luego otro.

    Aquella risa parecía moverse cada vez que ella se acercaba.
    Burlona. Incitando a Odette a buscarla.

    Primero junto al estante de frascos.

    Luego detrás de las cortinas.

    Después cerca de la puerta.

    Pero siempre fuera de su alcance.

    Odette entrecerró apenas los ojos.

    —No me agradan los juegos.—Exhaló. Con aparente tono cansado.

    No obtuvo respuesta.

    Sólo aquel sonido.

    Más cerca ahora.

    Demasiado cerca.

    La llama de la vela vaciló violentamente cuando Odette se detuvo frente al rincón más oscuro de la botica: un pequeño espacio detrás de una cortina de hierbas secas y ramilletes marchitos colgando.

    La risa venía de ahí.

    Podía jurarlo.

    Con lentitud apartó las ramas.

    El rincón estaba vacío.

    No había nadie.

    Ni huellas húmedas sobre el suelo.

    Ni barro.

    Ni ropa empapada.

    Nada.

    Esa risa cesó por completo.

    Odette observó el espacio durante largos segundos sin moverse. Su expresión apenas cambió, aunque sintió el frío reptar lentamente bajo su piel.

    Entonces la vela iluminó algo sobre el suelo.

    Un pequeño charco oscuro.

    Espeso.

    No era agua.

    Odette descendió lentamente la vista… y sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones.

    El líquido nacía desde debajo del suelo. Desde sus propios zapatos.

    Retrocedió apenas un paso.

    Confundida.

    Y fue entonces cuando lo escuchó otra vez.

    Detrás del cristal empañado donde antes había visto la sombra...

    La suave risa volvió a burlarse de ella.
    ༒ 𝕻𝖔𝖑𝖑𝖊𝖓 𝕾𝖊𝖕𝖚𝖑𝖈𝖗𝖊𝖙𝖚𝖒. Era una tarde de tormenta, la noche estaba por caer y la lluvia golpeaba los ventanales con una paciencia funeraria, lenta, insistente… como dedos huesudos reclamando entrar. Dentro de la pequeña botica apenas sobrevivía la luz de unas cuantas velas consumidas, cuya cera derretida caía sobre los muebles antiguos como lágrimas espesas. El aire olía a tierra húmeda, hierbas secas y algo más difícil de nombrar. Algo amargo. Algo medicinal. Algo que recordaba demasiado a las criptas. Odette permanecía de pie frente a la mesa de trabajo, rodeada de frascos etiquetados con tinta antigua y nombres que la mayoría prefería no pronunciar. Belladona. Beleño negro. Acónito. Estramonio. Sus dedos recorrían con delicadeza las páginas abiertas del herbario mientras separaba pequeñas ramas marchitas para dejarlas secar. Había aprendido hacía mucho que las plantas también podían pudrirse con elegancia. La tormenta rugió afuera. Ella no levantó la vista. Sólo cuando el viento hizo estremecer las paredes de madera, sus ojos verdes y apagados se desviaron lentamente hacia la ventana empañada. Durante un segundo creyó distinguir una silueta inmóvil al otro lado del cristal. Alta. Cubierta por un velo oscuro. Observándola. Odette permaneció quieta, con la misma serenidad con la que otros aceptaban una oración antes de morir. Sus dedos, manchados tenuemente por los pigmentos de las hierbas que martajaba, sostuvieron una planta seca de Ajenjo que descansaba entre las páginas del libro donde antes se encontraba su rosario de plata. La figura desapareció cuando un relámpago iluminó el bosque. Silencio otra vez. Sólo el crepitar de las velas. Sólo la lluvia. Sólo ella. O eso creyó… hasta que escuchó el sonido húmedo de unas pisadas detrás de su espalda. No fueron rápidas. No fueron agresivas. Odette cerró el herbario con suavidad. —La puerta estaba cerrada.—Murmuró tranquila.—Así que supongo que no viene buscando refugio. Las pisadas se detuvieron. Y en algún rincón oscuro de la botica… algo comenzó a reir. Odette permaneció inmóvil unos segundos más, escuchando. Aquella risa seguía ahí. Suave. Siniestra. Burlona. Parecía surgir desde algún rincón de la botica, mezclándose con el crujido de la madera vieja y el murmullo de la tormenta detrás de los cristales. No sonaba como la risa de una persona… tampoco como la de un niño. Había algo enfermo en ello. Algo demasiado profundo. La herborista tomó una vela de la mesa. La llama de la vela tembló mientras avanzaba despacio por la habitación. Las sombras de las plantas colgadas del techo se balanceaban sobre las paredes como cadáveres suspendidos. Un paso. Luego otro. Aquella risa parecía moverse cada vez que ella se acercaba. Burlona. Incitando a Odette a buscarla. Primero junto al estante de frascos. Luego detrás de las cortinas. Después cerca de la puerta. Pero siempre fuera de su alcance. Odette entrecerró apenas los ojos. —No me agradan los juegos.—Exhaló. Con aparente tono cansado. No obtuvo respuesta. Sólo aquel sonido. Más cerca ahora. Demasiado cerca. La llama de la vela vaciló violentamente cuando Odette se detuvo frente al rincón más oscuro de la botica: un pequeño espacio detrás de una cortina de hierbas secas y ramilletes marchitos colgando. La risa venía de ahí. Podía jurarlo. Con lentitud apartó las ramas. El rincón estaba vacío. No había nadie. Ni huellas húmedas sobre el suelo. Ni barro. Ni ropa empapada. Nada. Esa risa cesó por completo. Odette observó el espacio durante largos segundos sin moverse. Su expresión apenas cambió, aunque sintió el frío reptar lentamente bajo su piel. Entonces la vela iluminó algo sobre el suelo. Un pequeño charco oscuro. Espeso. No era agua. Odette descendió lentamente la vista… y sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones. El líquido nacía desde debajo del suelo. Desde sus propios zapatos. Retrocedió apenas un paso. Confundida. Y fue entonces cuando lo escuchó otra vez. Detrás del cristal empañado donde antes había visto la sombra... La suave risa volvió a burlarse de ella.
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  • UNA VOZ INTERIOR (PARTE 1)

    ×despues de comprar lo necesario en la tienda tome la decisión de caminar por un callejón vacío con tal de evitar a los humanos×

    Aun tengo tiempo así que iré al departamento a dejar esto y después visitaré a la señorita Seryn, solo espero que esa reunión no dure mucho.. ghmm..

    ×entre mas avanzaba en el callejón podía sentir un dolor punzante haciéndose más grande en mí cabeza hasta el punto en que me vi obligado a soltar las comprar para agarrarme la cabeza con ambas manos×

    ¡Aahg! ¿Que es esto..? Me duele demasiado la cabeza..

    ???: ¿¡Que estas esperando!? ¡Tienes que ir y matarlos a todos!

    Que.. ¿¡Quien dijo eso!?

    ×apesar del dolor me puse de pie mirando hacia todos lados en busca de ver a la persona que me hablaba pero después me di cuenta de algo×

    Tu voz es igual a la mia.. ¿Quien eres?

    ???: ¿No es obvio? Yo soy tu muchacho solo que una versión mejorada de ti

    Ahora entiendo estás en mí cabeza ¿Verdad? Que es lo que quieres

    ???: vine a recordarte tu pasado, ¿¡Enserio has olvidado quien eres!? ¿¡Olvidaste quien somos? La reina dragon te nombró el ejecutor por algo

    Prometí dejar esa vida para siempre.. antes de morir ella me permitió iniciar una nueva vida..

    ???: pero es obvio que yo me niego a dejarte vivir esa vida.. no eres más que un cobarde que decidió aceptar la derrota y ahora mira a tu alrededor ¡Los humanos conquistaron el mundo! ¡Y todo porque no hiciste absolutamente nada!

    ×me levantaría del suelo para correr hacia una de las paredes en el callejón y dar un fuerte cabezaso a la misma agrietando el muro×

    Cállate de una maldita vez.. prometi no volver a usar mis manos para asesinar a otros.. no seré como antes..

    ???: descuida poco a poco te irás debilitando y cuando menos te lo esperes yo seré libre y tu serás historia.. tomare venganza en nombre de nuestros camaradas asesinados

    ×buscabdo silenciar aquella voz comencé a dar cabezazos una y otra vez rompiendo más y más aquel muro hasta que escuche la voz de un sujeto cerca de mi×

    Desconocido: oye chico que estás haciendo.. ¿Te encuentras bien? ¿Llamo a una ambulancia?

    Estoy bien no se preocupe.. solo alejese de mí y por nada del mundo se acerque...

    ×me daría la vuelta para comenzar a correr y alejarme de aquel lugar, aquella voz había dejado de hablarme pero algo me decía que este no era el final sino el comienzo×
    UNA VOZ INTERIOR (PARTE 1) ×despues de comprar lo necesario en la tienda tome la decisión de caminar por un callejón vacío con tal de evitar a los humanos× Aun tengo tiempo así que iré al departamento a dejar esto y después visitaré a la señorita Seryn, solo espero que esa reunión no dure mucho.. ghmm.. ×entre mas avanzaba en el callejón podía sentir un dolor punzante haciéndose más grande en mí cabeza hasta el punto en que me vi obligado a soltar las comprar para agarrarme la cabeza con ambas manos× ¡Aahg! ¿Que es esto..? Me duele demasiado la cabeza.. ???: ¿¡Que estas esperando!? ¡Tienes que ir y matarlos a todos! Que.. ¿¡Quien dijo eso!? ×apesar del dolor me puse de pie mirando hacia todos lados en busca de ver a la persona que me hablaba pero después me di cuenta de algo× Tu voz es igual a la mia.. ¿Quien eres? ???: ¿No es obvio? Yo soy tu muchacho solo que una versión mejorada de ti Ahora entiendo estás en mí cabeza ¿Verdad? Que es lo que quieres ???: vine a recordarte tu pasado, ¿¡Enserio has olvidado quien eres!? ¿¡Olvidaste quien somos? La reina dragon te nombró el ejecutor por algo Prometí dejar esa vida para siempre.. antes de morir ella me permitió iniciar una nueva vida.. ???: pero es obvio que yo me niego a dejarte vivir esa vida.. no eres más que un cobarde que decidió aceptar la derrota y ahora mira a tu alrededor ¡Los humanos conquistaron el mundo! ¡Y todo porque no hiciste absolutamente nada! ×me levantaría del suelo para correr hacia una de las paredes en el callejón y dar un fuerte cabezaso a la misma agrietando el muro× Cállate de una maldita vez.. prometi no volver a usar mis manos para asesinar a otros.. no seré como antes.. ???: descuida poco a poco te irás debilitando y cuando menos te lo esperes yo seré libre y tu serás historia.. tomare venganza en nombre de nuestros camaradas asesinados ×buscabdo silenciar aquella voz comencé a dar cabezazos una y otra vez rompiendo más y más aquel muro hasta que escuche la voz de un sujeto cerca de mi× Desconocido: oye chico que estás haciendo.. ¿Te encuentras bien? ¿Llamo a una ambulancia? Estoy bien no se preocupe.. solo alejese de mí y por nada del mundo se acerque... ×me daría la vuelta para comenzar a correr y alejarme de aquel lugar, aquella voz había dejado de hablarme pero algo me decía que este no era el final sino el comienzo×
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