• Los dioses festivos danzan al anunciarse el solsticio de invierno. Las plegarias son deseos que se confunden con estrellas que hibernan, ya no hay santuario para adorar, solo el propio cuerpo.

    ¿Hm? No, solo divago mientras estoy de paso. Observo, pero no pretendas hacerme partícipe. Caerás en el olvido; nunca nada tuvo sentido, pero es mejor que sigas pretendiendo.
    Los dioses festivos danzan al anunciarse el solsticio de invierno. Las plegarias son deseos que se confunden con estrellas que hibernan, ya no hay santuario para adorar, solo el propio cuerpo. ¿Hm? No, solo divago mientras estoy de paso. Observo, pero no pretendas hacerme partícipe. Caerás en el olvido; nunca nada tuvo sentido, pero es mejor que sigas pretendiendo.
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  • Vaya.. Pues parece que la primera lección aqui es que ninguno es un blanco Corderito..(?) Al menos el sitio es interesante.. Lo consideraré. Pero no se ve aburrido..
    Vaya.. Pues parece que la primera lección aqui es que ninguno es un blanco Corderito..(?) Al menos el sitio es interesante.. Lo consideraré. Pero no se ve aburrido..
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  • No le extrañaba que aún los niños continuasen apagados, pero eso no quitaba el hecho de que le partiera el corazón verlos de aquella manera. Incluso, admitía, extrañaba esos estridentes chillidos de Lottery que le aturdían los oídos al punto de dejarlo sordo durante varios minutos. El ruido de pequeñas pisadas correteando por los pasillos del hotel o las risas en la mañana temprano provenientes de su habitación mientras intentaban ocultar, de forma pésima, que estaban "dormidos".

    Y es que dudaba que hasta Nuggets no extrañara ser correteado o vestido por los menores (aunque esto último era debatible). Suspiró con las orejas abajo mientras cambiaba el vendaje de Lottery. Rummy recostado a su lado.
    Intentó pensar, así sea paso a paso debía lograr sacarlos de aquel trance oscuro en el que se encontraban. Finalmente, alzó las orejas ante una idea.

    — Hey ¿Quieren ayudarme hoy? —

    Una propuesta que, con un poco de suerte, emocionaría un poco a sus hijos.
    Hacía ya bastante tiempo le había propuesto matrimonio a quien tanto amaba pero ninguno de los dos había contado con el tiempo libre suficiente para comenzar los preparativos. ¿Y qué mejor que ahora para animar a los menores, dejándoles ayudarios en las preparaciones? Las más pequeños, claro, como escoger la ropa a usar.
    Sí, su viejo traje de overlord no era ni de cerca una opción. Y realmente no tenía demasiada variedad de ropa para elegir, una nueva era indispensable... Y la idea de elegir algo más "moderno" pareció emocionar, principalmente, a Rummy.

    Al menos había logrado su objetivo y, aunque con cierta inseguridad, los niños habían accedido a salir del hotel. Juntos pasearon por las calles infernales hasta llegar con un sastre que, le constaba, confeccionaba la ropa de Alastor. Claro, que él no compartiera el gusto del demonio no quería decir que el sastre fuese malo.
    Y así fue como se encontró a sí mismo probándose un traje, observando con ceño fruncido mientras intentaba anudar la corbata en su cuello. Delante, sus hijos sentados cómodamente en un sofá mientras con ojitos brillantes observaban a su padre probarse el posible traje para su boda.
    No le extrañaba que aún los niños continuasen apagados, pero eso no quitaba el hecho de que le partiera el corazón verlos de aquella manera. Incluso, admitía, extrañaba esos estridentes chillidos de Lottery que le aturdían los oídos al punto de dejarlo sordo durante varios minutos. El ruido de pequeñas pisadas correteando por los pasillos del hotel o las risas en la mañana temprano provenientes de su habitación mientras intentaban ocultar, de forma pésima, que estaban "dormidos". Y es que dudaba que hasta Nuggets no extrañara ser correteado o vestido por los menores (aunque esto último era debatible). Suspiró con las orejas abajo mientras cambiaba el vendaje de Lottery. Rummy recostado a su lado. Intentó pensar, así sea paso a paso debía lograr sacarlos de aquel trance oscuro en el que se encontraban. Finalmente, alzó las orejas ante una idea. — Hey ¿Quieren ayudarme hoy? — Una propuesta que, con un poco de suerte, emocionaría un poco a sus hijos. Hacía ya bastante tiempo le había propuesto matrimonio a quien tanto amaba pero ninguno de los dos había contado con el tiempo libre suficiente para comenzar los preparativos. ¿Y qué mejor que ahora para animar a los menores, dejándoles ayudarios en las preparaciones? Las más pequeños, claro, como escoger la ropa a usar. Sí, su viejo traje de overlord no era ni de cerca una opción. Y realmente no tenía demasiada variedad de ropa para elegir, una nueva era indispensable... Y la idea de elegir algo más "moderno" pareció emocionar, principalmente, a Rummy. Al menos había logrado su objetivo y, aunque con cierta inseguridad, los niños habían accedido a salir del hotel. Juntos pasearon por las calles infernales hasta llegar con un sastre que, le constaba, confeccionaba la ropa de Alastor. Claro, que él no compartiera el gusto del demonio no quería decir que el sastre fuese malo. Y así fue como se encontró a sí mismo probándose un traje, observando con ceño fruncido mientras intentaba anudar la corbata en su cuello. Delante, sus hijos sentados cómodamente en un sofá mientras con ojitos brillantes observaban a su padre probarse el posible traje para su boda.
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  • -Loki no era tipo de dios que mostraba su sentimientos frente a los demas , pero esa ves estaba solo su recamara y comenenzo a ser un caos alli dentro aun alli dentro estaba ese dolor con medio de culpa o eso parecia .-

    Fin y acabo .... me e combertido tu brufon ¿verdad?
    -Loki no era tipo de dios que mostraba su sentimientos frente a los demas , pero esa ves estaba solo su recamara y comenenzo a ser un caos alli dentro aun alli dentro estaba ese dolor con medio de culpa o eso parecia .- Fin y acabo .... me e combertido tu brufon ¿verdad?
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  • — ¿Qué te gustaría ver por última vez antes de morir? —
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  • —Huff… esto se está volviendo cada vez más agotador. Solo quiero decir lo que siento pero no creo que sea… correcto.
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  • Hoy me pasó algo muuy raro
    Hubo una persona que... Al parecer es coleccionista de... Bueno, de ropa interior... Y... Pese a que acabo de conocerla, quería que yo... Bueno, le hiciera una donación para su colección, pese a que acababa de conocerla... ¡Literalmente quería que le entregara mis calzones!
    No estoy seguro de qué pensar al respecto. ¡Todo fue muy extraño! ¡De veras!
    Hoy me pasó algo muuy raro :STK-16: Hubo una persona que... Al parecer es coleccionista de... Bueno, de ropa interior... Y... Pese a que acabo de conocerla, quería que yo... Bueno, le hiciera una donación para su colección, pese a que acababa de conocerla... 😅😅😅😅😅😅 ¡Literalmente quería que le entregara mis calzones! No estoy seguro de qué pensar al respecto. ¡Todo fue muy extraño! ¡De veras!
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  • El laboratorio de Faust huele a metal frío, a desinfectante y a magia contenida a la fuerza. Las luces blancas no juzgan, solo iluminan. Yo sí juzgo.

    —Según los resultados de ADN extraídos de los sujetos de la primera cópula… —leo en voz alta, obligándome a mantener el pulso firme—. Las niñas… es decir, los engendros… presentan las mismas características físicas y de desarrollo.

    Paso las páginas lentamente. Gráficas, esquemas, simulaciones de crecimiento acelerado. Todas iguales en lo esencial. Todas funcionales.

    —Me pregunto si los resultados de las cópulas con las otras Qadistu presentarán informes similares…
    Las muestras de [n.a.a.m.a.h] son claras. Demasiado claras.

    —Dominan a la perfección la agilidad y el combate cuerpo a cuerpo. El balance entre resistencia y fuerza es… impecable.
    Una pausa.
    Un gesto involuntario.

    —Sin embargo… hay un sujeto extraño.
    Faust levanta la vista. Yo también.
    —Las habilidades de ese engendro despuntan muy por encima de la media.

    Siento un escalofrío que no proviene del laboratorio.

    —Veythra —susurro—. Necesito que invoques al ejército.
    El mundo se inclina.
    Veythra toma el control solo desde mis ojos. Mi cuerpo sigue siendo mío, pero la mirada ya no lo es. El iris se vuelve amarillo, incandescente, antiguo.
    Su voz sale de mi boca, pero no me pertenece.

    —¡Hijas del Caos!
    —¡Vuestra reina os reclama!

    El espacio responde. Presencias. Sombras que se alinean. Veythra las observa con orgullo desnudo, sin ambigüedad. Como armas perfectas.
    Yo… yo las miro con otra cosa.
    Melancolía.

    —¿Dónde está el sujeto 001? —pregunto cuando recupero la voz.
    No hace falta que nadie responda.
    Las pantallas del laboratorio cambian solas. Noticias de última hora. Un palacio ardiendo. Llamas imposibles. Restos de energía caótica aún flotando en el aire.
    Las Fuerzas Especiales de Élite Paranormal (FEEP) confirman la captura de la responsable: una niña de aproximadamente trece años. Demasiado pequeña para poseer el poder que ha acabado con cuatro agentes entrenados…
    Aparece la imagen.

    La reconozco al instante.

    —…001 —susurro.

    Lo primero que cruza mi mente es sencillo. Puro. Absoluto.
    Reducir la prisión de alta seguridad de las FEEP a cenizas.
    Pero mi cuerpo tiembla. Mi energía está rota, dispersa, aún pagando el precio del último parto.

    No puedo.
    A no ser…
    Mis labios se tensan.

    —Me cobraré ese favor —digo en voz baja—. Iré a ver a la dragona.
    Porque tal vez estas niñas… estas bestias… estén destinadas a morir sirviendo al Caos. Tal vez ese sea su final escrito.
    Pero son mis hijas.
    Y no permitiré que nadie les ponga la mano encima.

    ---

    La cueva de la dragona huele a azúcar quemado y magia antigua.
    La encuentro en su forma humana, sentada sobre una roca, comiéndose un cupcake con absoluta tranquilidad. La cocina improvisada es un desastre digno de una batalla para haber preparado algo tan pequeño, pero… así es ella.

    Especial. Terrible. Maravillosa.

    Le cuento todo.
    No exijo.
    No ordeno.
    Imploro.
    Como madre.

    Porque el cariño hacia esas niñas —hacia esas armas vivas— se ha convertido en la más dolorosa de todas las maldiciones Qadistu.
    Y aun así…
    no me arrepiento.
    El laboratorio de [nebula_onyx_lizard_690] huele a metal frío, a desinfectante y a magia contenida a la fuerza. Las luces blancas no juzgan, solo iluminan. Yo sí juzgo. —Según los resultados de ADN extraídos de los sujetos de la primera cópula… —leo en voz alta, obligándome a mantener el pulso firme—. Las niñas… es decir, los engendros… presentan las mismas características físicas y de desarrollo. Paso las páginas lentamente. Gráficas, esquemas, simulaciones de crecimiento acelerado. Todas iguales en lo esencial. Todas funcionales. —Me pregunto si los resultados de las cópulas con las otras Qadistu presentarán informes similares… Las muestras de [n.a.a.m.a.h] son claras. Demasiado claras. —Dominan a la perfección la agilidad y el combate cuerpo a cuerpo. El balance entre resistencia y fuerza es… impecable. Una pausa. Un gesto involuntario. —Sin embargo… hay un sujeto extraño. Faust levanta la vista. Yo también. —Las habilidades de ese engendro despuntan muy por encima de la media. Siento un escalofrío que no proviene del laboratorio. —Veythra —susurro—. Necesito que invoques al ejército. El mundo se inclina. Veythra toma el control solo desde mis ojos. Mi cuerpo sigue siendo mío, pero la mirada ya no lo es. El iris se vuelve amarillo, incandescente, antiguo. Su voz sale de mi boca, pero no me pertenece. —¡Hijas del Caos! —¡Vuestra reina os reclama! El espacio responde. Presencias. Sombras que se alinean. Veythra las observa con orgullo desnudo, sin ambigüedad. Como armas perfectas. Yo… yo las miro con otra cosa. Melancolía. —¿Dónde está el sujeto 001? —pregunto cuando recupero la voz. No hace falta que nadie responda. Las pantallas del laboratorio cambian solas. Noticias de última hora. Un palacio ardiendo. Llamas imposibles. Restos de energía caótica aún flotando en el aire. Las Fuerzas Especiales de Élite Paranormal (FEEP) confirman la captura de la responsable: una niña de aproximadamente trece años. Demasiado pequeña para poseer el poder que ha acabado con cuatro agentes entrenados… Aparece la imagen. La reconozco al instante. —…001 —susurro. Lo primero que cruza mi mente es sencillo. Puro. Absoluto. Reducir la prisión de alta seguridad de las FEEP a cenizas. Pero mi cuerpo tiembla. Mi energía está rota, dispersa, aún pagando el precio del último parto. No puedo. A no ser… Mis labios se tensan. —Me cobraré ese favor —digo en voz baja—. Iré a ver a la dragona. Porque tal vez estas niñas… estas bestias… estén destinadas a morir sirviendo al Caos. Tal vez ese sea su final escrito. Pero son mis hijas. Y no permitiré que nadie les ponga la mano encima. --- La cueva de la dragona huele a azúcar quemado y magia antigua. La encuentro en su forma humana, sentada sobre una roca, comiéndose un cupcake con absoluta tranquilidad. La cocina improvisada es un desastre digno de una batalla para haber preparado algo tan pequeño, pero… así es ella. Especial. Terrible. Maravillosa. Le cuento todo. No exijo. No ordeno. Imploro. Como madre. Porque el cariño hacia esas niñas —hacia esas armas vivas— se ha convertido en la más dolorosa de todas las maldiciones Qadistu. Y aun así… no me arrepiento.
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  • —Es bueno volver a casa, aunque la parte de limpiar no es mi favorita...
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  • Piensas que es una casualidad cuando lo ves en el mismo lugar que tú. Te sonríe, se acerca, congenian al instante y sus palabras te cautivan, nunca habías conocido a un hombre tan atractivo como él.

    Sus ojos opacos cual abismo parecen atrapar tu alma, suspiras, te das cuenta de que ya no hay vuelta atrás, y resulta que eres correspondido.

    Lo último que verás es su sonrisa, cautivadoramente cruel, antes de caer en la oscuridad eterna. Su melodiosa voz te susurra al oído: “eres exquisito”.

    Ya es tarde cuando te preguntas de qué forma realmente le habías gustado. La satisfacción ahora recorre su cuerpo, saciando con cada gota su voraz deseo, pero a ti te abraza un vacío sin retorno, un sueño indoloro.

    Siempre quisiste morir, él lo sabía. También sabía que nadie te lloraría, y ahora tu muerte se deshace jugosa en la boca de aquel oscuro ángel cautivador.

    Piensas que es una casualidad cuando lo ves en el mismo lugar que tú. Te sonríe, se acerca, congenian al instante y sus palabras te cautivan, nunca habías conocido a un hombre tan atractivo como él. Sus ojos opacos cual abismo parecen atrapar tu alma, suspiras, te das cuenta de que ya no hay vuelta atrás, y resulta que eres correspondido. Lo último que verás es su sonrisa, cautivadoramente cruel, antes de caer en la oscuridad eterna. Su melodiosa voz te susurra al oído: “eres exquisito”. Ya es tarde cuando te preguntas de qué forma realmente le habías gustado. La satisfacción ahora recorre su cuerpo, saciando con cada gota su voraz deseo, pero a ti te abraza un vacío sin retorno, un sueño indoloro. Siempre quisiste morir, él lo sabía. También sabía que nadie te lloraría, y ahora tu muerte se deshace jugosa en la boca de aquel oscuro ángel cautivador.
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