• Toca decorar Mondstadt para este mes~. ¡Le va a encantar a Klee!
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  • —Sirius estuvo entrenando por meses en compañia de aquella mujer,la cual nunca vio su rostro,solo conocia sus manos y su voz,lo demas estaba cubierto por una tunica marron claro con una capucha que impedia que se viera su rostro,un dia,harto de las simulaciones de combate con muñecos,decidio hacer algo nuevo—



    —¿Por que no entrenas conmigo?


    -le pregunto a aquella mujer-

    "Si eso quieres"

    —Ella tomo una espada de los maniquíes y empezo a entrenar con el,la velocidad,agilidad y fuerza de Sirius se cuadrupicaron en comparación a antes,ahora era un perfecto espadachin,casi recordaba a los antiguos Samurai con su armadura puesta,la mujer era bastante agil con la espada,pero Sirius estaba 3 movimientos adelantados a ella,podia ver todas las opciones de ataque de su contrincante mientras defendia—


    —Luego de unos pocos minutos de combate,el logro desarmarla y empuñar ambas espadas a la vez,siendo el vencedor de el combate—


    "Estas listo,estas listo para salir al mundo y demostrar de lo que eres capaz"


    —Ella se acerco a el y tomo su casco con suavidad—


    "Se que no fallaras"


    —La mujer le dio un pequeño beso en la frente y se retiro,Sirius solo se le quedo viendo bastante confundido—
    —Sirius estuvo entrenando por meses en compañia de aquella mujer,la cual nunca vio su rostro,solo conocia sus manos y su voz,lo demas estaba cubierto por una tunica marron claro con una capucha que impedia que se viera su rostro,un dia,harto de las simulaciones de combate con muñecos,decidio hacer algo nuevo— —¿Por que no entrenas conmigo? -le pregunto a aquella mujer- "Si eso quieres" —Ella tomo una espada de los maniquíes y empezo a entrenar con el,la velocidad,agilidad y fuerza de Sirius se cuadrupicaron en comparación a antes,ahora era un perfecto espadachin,casi recordaba a los antiguos Samurai con su armadura puesta,la mujer era bastante agil con la espada,pero Sirius estaba 3 movimientos adelantados a ella,podia ver todas las opciones de ataque de su contrincante mientras defendia— —Luego de unos pocos minutos de combate,el logro desarmarla y empuñar ambas espadas a la vez,siendo el vencedor de el combate— "Estas listo,estas listo para salir al mundo y demostrar de lo que eres capaz" —Ella se acerco a el y tomo su casco con suavidad— "Se que no fallaras" —La mujer le dio un pequeño beso en la frente y se retiro,Sirius solo se le quedo viendo bastante confundido—
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  • Es una apariencia que prefería , no vieran los demás .
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  • —Entonces salí a pasear y tuve la suerte de encontrarme con la princesa de la cuadra... ¡Y tuve el honor de acariciarla!
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  • Aja yo te interesaba, aja dame tiempo, Uy si, ME LLEVA LA PXTA MADRE! lo sabía, pero por mi, no hay pedo, así de fácil
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  • Después de su tiempo en los jardines, Adrián se dirigió al salón donde el banquete en su honor estaba a punto de comenzar. Al entrar, el ambiente vibraba con una mezcla de expectación y reverencia. Las amplias mesas estaban dispuestas con meticuloso detalle, cubiertas de finos manteles y adornos florales que contrastaban con los candelabros dorados que iluminaban el lugar. Las copas de cristal relucían bajo la luz, y el aroma de los manjares preparados inundaba el aire.

    A medida que Adrián avanzaba, todos los presentes se levantaron de sus asientos en una muestra de respeto hacia el nuevo rey. Aunque sentía el peso de las miradas sobre él, se mantuvo firme, recordando que su papel ahora no solo consistía en liderar, sino en representar la esperanza del reino. A su lado, Adriana lo acompañaba, y aunque su presencia le daba una sensación de familiaridad, era consciente de que, por esta noche, él era el centro de atención.

    Las conversaciones en el salón continuaron, pero siempre en voz baja, como si la solemnidad del momento exigiera cierta contención. Al llegar a la mesa principal, Adrián tomó asiento en el lugar reservado para él. A su alrededor, figuras prominentes del reino se acomodaban, ansiosos por estar cerca del nuevo monarca. Alexa y Daniel Selene también estaban presentes, situados en una mesa cercana. Ver sus rostros familiares entre los invitados le dio un ligero respiro.

    La comida comenzó a servirse, y pronto el salón se llenó de platos exquisitos: carnes delicadamente asadas, pescados frescos cubiertos de hierbas aromáticas, y una gran variedad de frutas y postres que parecían una obra de arte. Los sirvientes iban y venían, asegurándose de que cada copa estuviera llena de vino y que ningún plato quedara vacío.

    Adrián, sin embargo, apenas podía disfrutar de la comida. A pesar de los abundantes manjares, la presión de la situación lo mantenía alerta. Aunque probaba cada plato que le servían, su mente estaba ocupada con los murmullos a su alrededor, las conversaciones veladas y los gestos de aquellos que buscaban su atención. Los nobles y dignatarios no perdían oportunidad para acercarse y ofrecerle palabras de apoyo o de alabanza, a lo que Adrián respondía con cortesía:
    "Es un honor compartir este momento con todos vosotros."
    "Espero estar a la altura de las expectativas de este reino."

    Mientras avanzaba la noche, el banquete continuaba, y las conversaciones se hacían más animadas, aunque siempre con un trasfondo de formalidad. Adrián notaba cómo las sonrisas y los brindis iban en aumento, pero también percibía la cautela en muchos de los presentes. Era consciente de que para algunos, él seguía siendo el hijo ilegítimo, y su derecho al trono todavía era cuestionado.

    A pesar de esto, se esforzaba por mostrarse confiado, sabiendo que cada gesto suyo sería observado y comentado. Mientras tanto, Adriana le dirigía miradas discretas, como si tratara de asegurarse de que su hermano se mantuviera centrado. Su compañía, junto con la presencia de Alexa y Daniel, le daba algo de consuelo en una noche que, de otro modo, habría sido mucho más solitaria.

    El banquete era grandioso y parecía no tener fin, con una sucesión de platos interminables que reflejaban la opulencia del reino. Aunque la comida y la bebida fluían en abundancia, Adrián sabía que su verdadera tarea no era disfrutar de los placeres del festín, sino establecer su lugar como líder.
    Después de su tiempo en los jardines, Adrián se dirigió al salón donde el banquete en su honor estaba a punto de comenzar. Al entrar, el ambiente vibraba con una mezcla de expectación y reverencia. Las amplias mesas estaban dispuestas con meticuloso detalle, cubiertas de finos manteles y adornos florales que contrastaban con los candelabros dorados que iluminaban el lugar. Las copas de cristal relucían bajo la luz, y el aroma de los manjares preparados inundaba el aire. A medida que Adrián avanzaba, todos los presentes se levantaron de sus asientos en una muestra de respeto hacia el nuevo rey. Aunque sentía el peso de las miradas sobre él, se mantuvo firme, recordando que su papel ahora no solo consistía en liderar, sino en representar la esperanza del reino. A su lado, Adriana lo acompañaba, y aunque su presencia le daba una sensación de familiaridad, era consciente de que, por esta noche, él era el centro de atención. Las conversaciones en el salón continuaron, pero siempre en voz baja, como si la solemnidad del momento exigiera cierta contención. Al llegar a la mesa principal, Adrián tomó asiento en el lugar reservado para él. A su alrededor, figuras prominentes del reino se acomodaban, ansiosos por estar cerca del nuevo monarca. Alexa y Daniel Selene también estaban presentes, situados en una mesa cercana. Ver sus rostros familiares entre los invitados le dio un ligero respiro. La comida comenzó a servirse, y pronto el salón se llenó de platos exquisitos: carnes delicadamente asadas, pescados frescos cubiertos de hierbas aromáticas, y una gran variedad de frutas y postres que parecían una obra de arte. Los sirvientes iban y venían, asegurándose de que cada copa estuviera llena de vino y que ningún plato quedara vacío. Adrián, sin embargo, apenas podía disfrutar de la comida. A pesar de los abundantes manjares, la presión de la situación lo mantenía alerta. Aunque probaba cada plato que le servían, su mente estaba ocupada con los murmullos a su alrededor, las conversaciones veladas y los gestos de aquellos que buscaban su atención. Los nobles y dignatarios no perdían oportunidad para acercarse y ofrecerle palabras de apoyo o de alabanza, a lo que Adrián respondía con cortesía: "Es un honor compartir este momento con todos vosotros." "Espero estar a la altura de las expectativas de este reino." Mientras avanzaba la noche, el banquete continuaba, y las conversaciones se hacían más animadas, aunque siempre con un trasfondo de formalidad. Adrián notaba cómo las sonrisas y los brindis iban en aumento, pero también percibía la cautela en muchos de los presentes. Era consciente de que para algunos, él seguía siendo el hijo ilegítimo, y su derecho al trono todavía era cuestionado. A pesar de esto, se esforzaba por mostrarse confiado, sabiendo que cada gesto suyo sería observado y comentado. Mientras tanto, Adriana le dirigía miradas discretas, como si tratara de asegurarse de que su hermano se mantuviera centrado. Su compañía, junto con la presencia de Alexa y Daniel, le daba algo de consuelo en una noche que, de otro modo, habría sido mucho más solitaria. El banquete era grandioso y parecía no tener fin, con una sucesión de platos interminables que reflejaban la opulencia del reino. Aunque la comida y la bebida fluían en abundancia, Adrián sabía que su verdadera tarea no era disfrutar de los placeres del festín, sino establecer su lugar como líder.
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  • Dato Curioso no. 2

    A Lucifer le importa poco al momento de tener sexo si es quien da o quien recibe (cuando se acuesta con hombres), sin embargo, cuando lo hace (recibir) para poder disfrutarlo de verdad, necesita sentir dolor, mucho dolor, le gusta que le provoquen heridas que lo hagan sangrar, es parte de su placer.
    Dato Curioso no. 2 A Lucifer le importa poco al momento de tener sexo si es quien da o quien recibe (cuando se acuesta con hombres), sin embargo, cuando lo hace (recibir) para poder disfrutarlo de verdad, necesita sentir dolor, mucho dolor, le gusta que le provoquen heridas que lo hagan sangrar, es parte de su placer.
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  • La coronación de Adrián estaba por comenzar, pero en su mente, todo era un caos. Apenas el domingo había recibido la impactante noticia de que su hermana mayor, Alía, quien era la reina del reino, había desaparecido sin dejar rastro. No había tenido tiempo de procesar lo sucedido, y ahora, tan solo dos días después, el martes, se encontraba de pie frente a una multitud que esperaba que asumiera el trono.

    El peso de la situación se sentía aplastante sobre sus hombros. Sabía que desde ese momento, su vida cambiaría por completo. Las aventuras despreocupadas, las bromas compartidas, las noches sin preocupaciones sobre el mañana... todo eso quedaba atrás. Ahora debía enfocarse en algo mucho más grande: el reino, su gente y las expectativas que todos habían puesto sobre él, aunque nadie le hubiera preguntado si estaba listo. La verdad era que ni siquiera él había tenido tiempo para asimilar lo que estaba ocurriendo. Todo había sucedido demasiado rápido.

    Los preparativos para su coronación comenzaron casi inmediatamente después de la desaparición de Alía, y Adrián apenas había tenido un momento para detenerse a pensar. Se sentía atrapado en una mezcla de confusión, tristeza y un sentido de responsabilidad que lo abrumaba, pero sabía que no podía permitirse el lujo de dejarse llevar por esas emociones. El reino necesitaba un líder, y a él lo habían elegido, estuviera preparado o no.

    Junto a él, caminaba su hermana gemela, Adriana. Ella, a pesar de compartir la preocupación y el peso emocional del momento, intentaba infundirle ánimos con una ligera sonrisa y un toque de complicidad. Ambos avanzaban hacia el Gran Salón del Castillo Real, y en su trayecto, Adrián no pudo evitar notar algunas caras conocidas entre la multitud. Cerca de la entrada, sus ojos se encontraron brevemente con Alexa y Daniel Selene, quienes observaban la escena con una mezcla de preocupación y apoyo. Saber que ellos estaban presentes le brindó un leve consuelo, recordándole que, a pesar de todo, no estaba completamente solo en esta travesía.

    El Gran Salón estaba repleto de personas, y aunque trataba de mantener una fachada de compostura, cada vez le resultaba más difícil ignorar el peso de las miradas que lo observaban con duda, escepticismo, e incluso desdén. Después de todo, Adrián era conocido como el hijo ilegítimo del antiguo rey, y muchos todavía no aceptaban que alguien con su origen pudiera sentarse en el trono.

    El sumo sacerdote, encargado de presidir la ceremonia, se acercó a Adrián para comenzar el ritual de coronación. Mientras las oraciones y ofrendas a los dioses ancestrales resonaban en todo el salón, Adrián permanecía en silencio, con sus pensamientos acelerados. ¿Realmente estaba preparado para asumir ese papel? Sabía que su vida de libertad había llegado a su fin, y que ahora debía convertirse en el rey que su pueblo necesitaba, a pesar de que muchos no lo querían allí.

    — "Que los dioses antiguos bendigan este día y guíen al nuevo rey en su reinado,"—

    proclamó el sumo sacerdote con voz firme, mientras encendía una antorcha que simbolizaba el inicio de una nueva era. Adrián observó la llama con atención y, por un instante, se sintió reflejado en esa luz: rodeado por la oscuridad, pero tratando de brillar a pesar de todo.

    El sumo sacerdote, al terminar sus oraciones, se dirigió entonces a la multitud

    — "Hoy, el destino del reino está en las manos de Adrián Salvatore. Aunque su historia esté llena de sombras y secretos, ha sido llamado a guiar a su pueblo. Que la sabiduría de los dioses lo acompañe en cada paso que dé.—


    Estas palabras resonaron en el salón, provocando murmullos entre los presentes, pero la ceremonia continuaba imperturbable. Adrián sabía que el momento de hablar había llegado. Se acercó al estrado, tomó aire profundamente y enfrentó a la multitud, consciente de que debía elegir bien sus palabras, que debían ser sinceras y transmitir firmeza.


    — Gente del reino—

    comenzó con voz firme pero cargada de emoción

    — sé que esta situación ha sido inesperada para todos, incluyéndome a mí. Hace apenas unos dias, éramos gobernados por mi hermana Alía, y hoy me encuentro ante vosotros, asumiendo una responsabilidad que jamás imaginé que llegaría tan rápido—

    Hizo una pausa, permitiéndose observar a las personas frente a él. Sabía que muchos aún dudaban de su capacidad para gobernar, y eso lo motivaba a ser más honesto.

    — No tuve tiempo para prepararme, y soy consciente de que algunos de vosotros habéis dudado de mi habilidad para ser rey. También sé lo que significa mi origen para muchos de vosotros. Sin embargo, os prometo que mi compromiso con este reino es inquebrantable. No os fallaré.—

    Con cada palabra que pronunciaba, su voz se volvía más segura, aunque en su interior aún batallaba con el nerviosismo y la presión del momento.

    — Mi hermana, Alía, dejó un legado que siempre recordaré. Aunque ya no esté aquí para guiarme, sé que su espíritu me acompañará en cada decisión que tome. A partir de hoy, no caminaré solo, porque caminaré junto a vosotros. Juntos construiremos un futuro mejor para este reino.—

    El silencio que siguió a sus palabras estaba cargado de tensión, pero también de una nueva esperanza que comenzaba a surgir entre la multitud.

    El sumo sacerdote, entonces, se acercó con la corona dorada en sus manos, el símbolo máximo de poder y responsabilidad. Con un gesto solemne, la colocó sobre la cabeza de Adrián, declarando con voz ceremoniosa:

    — "Con esta corona, te declaro Adrián Salvatore, Rey de este...nuestro reino...nuestro hogar. Que gobiernes con justicia, fortaleza y compasión.—


    Una luz del sol entró por las grandes ventanas del salón, iluminando a Adrián con un resplandor dorado mientras la corona reposaba sobre su cabeza.

    Adrián levantó la mano derecha, preparándose para hacer el juramento que sellaría su destino


    — Yo, Adrián Salvatore, juro gobernar con justicia, defender este reino y a su gente con todo mi ser. No descansaré hasta demostrar que soy digno de vuestra confianza, y juntos construiremos un futuro mejor—

    Sus palabras resonaron en cada rincón del salón, cargadas de convicción. El sumo sacerdote, levantando sus manos hacia el cielo, finalizó el rito con un grito imponente

    — "¡Larga vida al Rey Adrián!"—

    La respuesta de la multitud fue inmediata y unánime, una explosión de voces que llenó el salón

    — "¡Larga vida al Rey Adrián! ¡Larga vida al Rey Adrián!"—

    Todos, desde los nobles hasta los ciudadanos más humildes, se arrodillaron ante su nuevo rey, inclinando la cabeza en señal de respeto.

    Adrián, observando cómo su pueblo se inclinaba ante él, sintió finalmente el verdadero peso de la corona sobre sus hombros. Su vida había cambiado de forma radical, y el destino de todo el reino descansaba ahora en sus manos.

    Con paso decidido, avanzó entre la multitud postrada, pero en lugar de dirigirse al Gran Salón donde comenzaba la celebración, optó por caminar hacia los Jardines Reales. Allí, el aire fresco lo recibió, proporcionándole unos momentos de tranquilidad en medio del caos que ahora era su vida. Sabía que su reinado apenas estaba comenzando, y que el camino por delante sería largo y arduo, pero, por primera vez en el día, sintió que tal vez, solo tal vez, estaba preparado para lo que vendría..

    //aqui pongan las reacciones si quieren y en el siguiente publicacion sera la comida con todos los invitados
    La coronación de Adrián estaba por comenzar, pero en su mente, todo era un caos. Apenas el domingo había recibido la impactante noticia de que su hermana mayor, Alía, quien era la reina del reino, había desaparecido sin dejar rastro. No había tenido tiempo de procesar lo sucedido, y ahora, tan solo dos días después, el martes, se encontraba de pie frente a una multitud que esperaba que asumiera el trono. El peso de la situación se sentía aplastante sobre sus hombros. Sabía que desde ese momento, su vida cambiaría por completo. Las aventuras despreocupadas, las bromas compartidas, las noches sin preocupaciones sobre el mañana... todo eso quedaba atrás. Ahora debía enfocarse en algo mucho más grande: el reino, su gente y las expectativas que todos habían puesto sobre él, aunque nadie le hubiera preguntado si estaba listo. La verdad era que ni siquiera él había tenido tiempo para asimilar lo que estaba ocurriendo. Todo había sucedido demasiado rápido. Los preparativos para su coronación comenzaron casi inmediatamente después de la desaparición de Alía, y Adrián apenas había tenido un momento para detenerse a pensar. Se sentía atrapado en una mezcla de confusión, tristeza y un sentido de responsabilidad que lo abrumaba, pero sabía que no podía permitirse el lujo de dejarse llevar por esas emociones. El reino necesitaba un líder, y a él lo habían elegido, estuviera preparado o no. Junto a él, caminaba su hermana gemela, Adriana. Ella, a pesar de compartir la preocupación y el peso emocional del momento, intentaba infundirle ánimos con una ligera sonrisa y un toque de complicidad. Ambos avanzaban hacia el Gran Salón del Castillo Real, y en su trayecto, Adrián no pudo evitar notar algunas caras conocidas entre la multitud. Cerca de la entrada, sus ojos se encontraron brevemente con Alexa y Daniel Selene, quienes observaban la escena con una mezcla de preocupación y apoyo. Saber que ellos estaban presentes le brindó un leve consuelo, recordándole que, a pesar de todo, no estaba completamente solo en esta travesía. El Gran Salón estaba repleto de personas, y aunque trataba de mantener una fachada de compostura, cada vez le resultaba más difícil ignorar el peso de las miradas que lo observaban con duda, escepticismo, e incluso desdén. Después de todo, Adrián era conocido como el hijo ilegítimo del antiguo rey, y muchos todavía no aceptaban que alguien con su origen pudiera sentarse en el trono. El sumo sacerdote, encargado de presidir la ceremonia, se acercó a Adrián para comenzar el ritual de coronación. Mientras las oraciones y ofrendas a los dioses ancestrales resonaban en todo el salón, Adrián permanecía en silencio, con sus pensamientos acelerados. ¿Realmente estaba preparado para asumir ese papel? Sabía que su vida de libertad había llegado a su fin, y que ahora debía convertirse en el rey que su pueblo necesitaba, a pesar de que muchos no lo querían allí. — "Que los dioses antiguos bendigan este día y guíen al nuevo rey en su reinado,"— proclamó el sumo sacerdote con voz firme, mientras encendía una antorcha que simbolizaba el inicio de una nueva era. Adrián observó la llama con atención y, por un instante, se sintió reflejado en esa luz: rodeado por la oscuridad, pero tratando de brillar a pesar de todo. El sumo sacerdote, al terminar sus oraciones, se dirigió entonces a la multitud — "Hoy, el destino del reino está en las manos de Adrián Salvatore. Aunque su historia esté llena de sombras y secretos, ha sido llamado a guiar a su pueblo. Que la sabiduría de los dioses lo acompañe en cada paso que dé.— Estas palabras resonaron en el salón, provocando murmullos entre los presentes, pero la ceremonia continuaba imperturbable. Adrián sabía que el momento de hablar había llegado. Se acercó al estrado, tomó aire profundamente y enfrentó a la multitud, consciente de que debía elegir bien sus palabras, que debían ser sinceras y transmitir firmeza. — Gente del reino— comenzó con voz firme pero cargada de emoción — sé que esta situación ha sido inesperada para todos, incluyéndome a mí. Hace apenas unos dias, éramos gobernados por mi hermana Alía, y hoy me encuentro ante vosotros, asumiendo una responsabilidad que jamás imaginé que llegaría tan rápido— Hizo una pausa, permitiéndose observar a las personas frente a él. Sabía que muchos aún dudaban de su capacidad para gobernar, y eso lo motivaba a ser más honesto. — No tuve tiempo para prepararme, y soy consciente de que algunos de vosotros habéis dudado de mi habilidad para ser rey. También sé lo que significa mi origen para muchos de vosotros. Sin embargo, os prometo que mi compromiso con este reino es inquebrantable. No os fallaré.— Con cada palabra que pronunciaba, su voz se volvía más segura, aunque en su interior aún batallaba con el nerviosismo y la presión del momento. — Mi hermana, Alía, dejó un legado que siempre recordaré. Aunque ya no esté aquí para guiarme, sé que su espíritu me acompañará en cada decisión que tome. A partir de hoy, no caminaré solo, porque caminaré junto a vosotros. Juntos construiremos un futuro mejor para este reino.— El silencio que siguió a sus palabras estaba cargado de tensión, pero también de una nueva esperanza que comenzaba a surgir entre la multitud. El sumo sacerdote, entonces, se acercó con la corona dorada en sus manos, el símbolo máximo de poder y responsabilidad. Con un gesto solemne, la colocó sobre la cabeza de Adrián, declarando con voz ceremoniosa: — "Con esta corona, te declaro Adrián Salvatore, Rey de este...nuestro reino...nuestro hogar. Que gobiernes con justicia, fortaleza y compasión.— Una luz del sol entró por las grandes ventanas del salón, iluminando a Adrián con un resplandor dorado mientras la corona reposaba sobre su cabeza. Adrián levantó la mano derecha, preparándose para hacer el juramento que sellaría su destino — Yo, Adrián Salvatore, juro gobernar con justicia, defender este reino y a su gente con todo mi ser. No descansaré hasta demostrar que soy digno de vuestra confianza, y juntos construiremos un futuro mejor— Sus palabras resonaron en cada rincón del salón, cargadas de convicción. El sumo sacerdote, levantando sus manos hacia el cielo, finalizó el rito con un grito imponente — "¡Larga vida al Rey Adrián!"— La respuesta de la multitud fue inmediata y unánime, una explosión de voces que llenó el salón — "¡Larga vida al Rey Adrián! ¡Larga vida al Rey Adrián!"— Todos, desde los nobles hasta los ciudadanos más humildes, se arrodillaron ante su nuevo rey, inclinando la cabeza en señal de respeto. Adrián, observando cómo su pueblo se inclinaba ante él, sintió finalmente el verdadero peso de la corona sobre sus hombros. Su vida había cambiado de forma radical, y el destino de todo el reino descansaba ahora en sus manos. Con paso decidido, avanzó entre la multitud postrada, pero en lugar de dirigirse al Gran Salón donde comenzaba la celebración, optó por caminar hacia los Jardines Reales. Allí, el aire fresco lo recibió, proporcionándole unos momentos de tranquilidad en medio del caos que ahora era su vida. Sabía que su reinado apenas estaba comenzando, y que el camino por delante sería largo y arduo, pero, por primera vez en el día, sintió que tal vez, solo tal vez, estaba preparado para lo que vendría.. //aqui pongan las reacciones si quieren y en el siguiente publicacion sera la comida con todos los invitados
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  • -Necesito que el salón este listo para la ceremonia

    Dijo al personal que estaba siguiendo sus indicaciones, como princesa era su responsabilidad organizar todos los preparativos.

    -Vendrán nobles de todo el Reino Fae y de otras partes... Gente que no puede ver un solo error.

    Tenia una lista de cosas que supervisar y encargar, camino revisando cada detalle del salón, probando la comida y dando indicaciones.

    -Estas son las flores preferidas del futuro rey Adrián y estas son de la buena suerte y prosperidad, quiero que los arreglos florales estén como los indique.

    Su cuñada le había envida algunos cristales de protecion con indicaciones para poder por el castillo así evitarían sorpresas inesperadas, prometió que ella en persona vendrían a bendecir y exorcizar el salón para que saliera perfecto.

    -Necesito que el salón este listo para la ceremonia Dijo al personal que estaba siguiendo sus indicaciones, como princesa era su responsabilidad organizar todos los preparativos. -Vendrán nobles de todo el Reino Fae y de otras partes... Gente que no puede ver un solo error. Tenia una lista de cosas que supervisar y encargar, camino revisando cada detalle del salón, probando la comida y dando indicaciones. -Estas son las flores preferidas del futuro rey Adrián y estas son de la buena suerte y prosperidad, quiero que los arreglos florales estén como los indique. Su cuñada le había envida algunos cristales de protecion con indicaciones para poder por el castillo así evitarían sorpresas inesperadas, prometió que ella en persona vendrían a bendecir y exorcizar el salón para que saliera perfecto.
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  • Cielos, no nos conocemos pero parece que algo sabe. ¡Muchas gracias por su regalo! Si pasa por mi tienda tendrá un descuento generoso.
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