• -Dias largos y horribles, la verdad es que necesitaba salir a pasear por la playa, necesitaba los restos del sol y la brisa del mar en su piel-
    -Dias largos y horribles, la verdad es que necesitaba salir a pasear por la playa, necesitaba los restos del sol y la brisa del mar en su piel-
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  • Uff. Fue la mejor hamburguesa que me he comido en años.~
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  • — No existe en el mundo nada más contradictorio y carente de sentido, salvo los propios mortales que viven dominados por las supersticiones del pasado.—
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  • - se encontró allí en la terraza del castillo, del reino Liones mirando el cielo nocturno pensantiva un poco preocupada por los demás y más esas dos personas su primo Tristán y Lancelot -

    Se que puedo confiar en ellos , y que reino volverá a la paz que era antes.
    - se encontró allí en la terraza del castillo, del reino Liones mirando el cielo nocturno pensantiva un poco preocupada por los demás y más esas dos personas su primo Tristán y Lancelot - Se que puedo confiar en ellos , y que reino volverá a la paz que era antes.
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  • — Espero que no me juzguen pero me acabo de despertar.—
    — Espero que no me juzguen pero me acabo de despertar.—
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  • —El pelaje hace parecer que tengo lo que llaman "tetas de macho"....La verdad poco me importa como me vea
    —El pelaje hace parecer que tengo lo que llaman "tetas de macho"....La verdad poco me importa como me vea
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  • MONOROL:

    El bardo aparece de repente en medio de la gran sala. Su figura se mantiene erguida, su capa ondea ligeramente con el movimiento, y sus ojos examinan el vasto espacio con atención. El lugar, aunque familiar, parece envolverlo en un silencio que pesa más de lo habitual.

    𝕭>Mi señor... aunque no esté aquí, permitame ofrecerle mi respeto.

    Sus ojos recorren el candelabro que ilumina tenuemente la estancia, observando cómo las sombras bailan en las paredes. Da unos pasos adelante, con movimientos mesurados y cautelosos, mientras su capa roza apenas el suelo.

    𝕭>No esperaba ser llamado tan pronto. Este lugar... parece intacto, inmutable, como siempre. Pero el momento... este momento, no lo es.

    Sube los primeros escalones de la gran escalera, deteniéndose a mitad de camino y girando la vista hacia el vacío del salón, su voz tranquila, pero firme.

    𝕭>Siempre es quien guía cada paso, mi señor. Su voluntad nunca titubea, y por eso, le aguardo con paciencia.

    Su mirada se desvía hacia las esquinas más oscuras de la sala, buscando algo, o tal vez esperando que algo se manifieste. Sus labios se presionan un instante, pero no hay señales de nerviosismo en su rostro. Solo determinación y calma.

    𝕭>Nada pasa sin razón... y estoy aquí para cumplir el propósito que se me ha dado.

    Suspira suavemente, dejando que el eco de sus palabras se pierda en la inmensidad del lugar. Desciende con lentitud, sus pasos resuenan ligeramente en el mármol mientras se mueve hacia las paredes adornadas con arcos y columnas.

    𝕭>Sea lo que sea que deba suceder, lo enfrentaré. Espero que los demás no tarden... Este lugar, vacío, guarda demasiado silencio.

    Se detiene finalmente frente a una gran columna, apoyando la palma de su mano en ella con suavidad. Su postura sigue siendo solemne, mientras su mirada se pierde en la vastedad del lugar, aguardando pacientemente la llegada de los demás.
    MONOROL: El bardo aparece de repente en medio de la gran sala. Su figura se mantiene erguida, su capa ondea ligeramente con el movimiento, y sus ojos examinan el vasto espacio con atención. El lugar, aunque familiar, parece envolverlo en un silencio que pesa más de lo habitual. 𝕭>Mi señor... aunque no esté aquí, permitame ofrecerle mi respeto. Sus ojos recorren el candelabro que ilumina tenuemente la estancia, observando cómo las sombras bailan en las paredes. Da unos pasos adelante, con movimientos mesurados y cautelosos, mientras su capa roza apenas el suelo. 𝕭>No esperaba ser llamado tan pronto. Este lugar... parece intacto, inmutable, como siempre. Pero el momento... este momento, no lo es. Sube los primeros escalones de la gran escalera, deteniéndose a mitad de camino y girando la vista hacia el vacío del salón, su voz tranquila, pero firme. 𝕭>Siempre es quien guía cada paso, mi señor. Su voluntad nunca titubea, y por eso, le aguardo con paciencia. Su mirada se desvía hacia las esquinas más oscuras de la sala, buscando algo, o tal vez esperando que algo se manifieste. Sus labios se presionan un instante, pero no hay señales de nerviosismo en su rostro. Solo determinación y calma. 𝕭>Nada pasa sin razón... y estoy aquí para cumplir el propósito que se me ha dado. Suspira suavemente, dejando que el eco de sus palabras se pierda en la inmensidad del lugar. Desciende con lentitud, sus pasos resuenan ligeramente en el mármol mientras se mueve hacia las paredes adornadas con arcos y columnas. 𝕭>Sea lo que sea que deba suceder, lo enfrentaré. Espero que los demás no tarden... Este lugar, vacío, guarda demasiado silencio. Se detiene finalmente frente a una gran columna, apoyando la palma de su mano en ella con suavidad. Su postura sigue siendo solemne, mientras su mirada se pierde en la vastedad del lugar, aguardando pacientemente la llegada de los demás.
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  • "𝕽𝖊𝖈𝖚𝖊𝖗𝖉𝖔𝖘 𝖉𝖊 𝖚𝖓 𝖅𝖔𝖗𝖗𝖔" (Memorias pasadas de Kazuo)

    La primera vez que Kazuo besó a alguien fue con un chico de la aldea más cercana a su hogar. Su madre lo alentaba a relacionarse con jóvenes de su edad, ahora que dominaba bien el lenguaje humano. Las chicas de su generación ya eran futuras esposas y amas de casa, por lo que no solían convivir con el grupo habitual de jóvenes solteros.

    Kazuo era arrebatadoramente hermoso, y, como era de esperar, no pasaba inadvertido para las mujeres, pero tampoco para los hombres. Aquella tarde se había quedado más tiempo en la aldea, saliendo y bebiendo algo en la posada local. Uno de los chicos del grupo, llamado Kayto, era alto como Kazuo, tenía ojos color avellana y una espalda más ancha que la del kitsune.

    Mientras el grupo avanzaba, Kazuo y Kayto se quedaron rezagados. El joven, algo ebrio, pasó un brazo por encima de los hombros del zorro para apoyarse en él. Kazuo, en cambio, apenas notaba el alcohol ingerido. De forma casi imprevista, Kayto usó su corpulento cuerpo para llevar a Kazuo hacia un callejón estrecho, entre dos edificios de madera. Allí lo atrapó, inmovilizándolo contra la pared con su cuerpo. En ese entonces, el yōkai no había experimentado ningún tipo de contacto físico.

    —¿Por qué eres tan hermoso? —inquirió Kayto en un susurro ronco, imponiendo su presencia sobre Kazuo.
    —¿Qué…? —respondió este, totalmente desorientado. No sabía qué estaba ocurriendo ni cómo reaccionar.

    Aunque sus padres, en los ocho años que llevaban juntos, le habían enseñado muchas cosas, jamás lo prepararon para una situación así, y menos aún con un chico.

    —Tus ojos… No puedo dejar de pensar en ellos —continuó Kayto, acercándose aún más. Sus labios apenas rozaban los de Kazuo mientras susurraba.

    Kazuo permanecía en silencio. No sabía qué hacer ni qué decir. Todo aquello era completamente nuevo para él, y la dominación que ejercía el joven sobre su inexperiencia era absoluta.

    Kayto aplacó la distancia y capturó los labios de Kazuo con un beso de forma rapaz. Este, sorprendido, se quedó inmóvil, con los ojos abiertos de par en par. ¿Qué era esto? ¿Por qué lo hacía? Además, eran dos chicos. Kazuo había oído hablar de los besos y el cortejo, pero siempre entre un hombre y una mujer. ¿Qué significaba esto?

    Poco a poco, comenzó a experimentar sensaciones desconocidas. Era cálido, húmedo… La lengua de Kayto se adentró con confianza en su boca, dominándola por completo. Se sintió extraño, pero también placentero, como cuando sus pies tocaban la hierba húmeda de la mañana. A eso olía Kayto: a hierba fresca y tierra, recordándole al bosque.

    Impulsado por un repentino subidón de adrenalina, Kazuo empujó a Kayto contra la pared opuesta, tomando ahora él el control. Lo besó con confianza, de forma salvaje y voraz. Kayto quedó cohibido ante el inesperado arrebato de Kazuo. Lo que no sabía era que, en el interior de Kazuo, latía una naturaleza salvaje. La magia arcana que fluía por sus venas intensificaba cada sensación, despertando al zorro que dormitaba en su interior y lo hacía reaccionar por puro instinto.

    Abrumado, Kayto lo apartó de forma brusca. Los ojos de Kazuo centelleaban con una mezcla de confusión y deseo. Ambos jadeaban, y durante unos segundos permanecieron en silencio.

    —A… aquí no ha pasado nada, rarito del bosque. ¿Vale? —dijo Kayto con voz mordaz—. Volvamos con los demás, y ni se te ocurre decir una palabra, si no quieres problemas.—

    Kazuo no respondió. Permaneció callado mientras Kayto salía del callejón y aceleraba el paso para reunirse con sus amigos. En ese momento comenzó a llover, y Kazuo permaneció en el callejón durante largos minutos, dejando que el agua empapara su cabello, mientras la tinta negra se deslizaba, revelando su verdadero color plateado.

    Solo salió del callejón cuando se aseguró de que no había nadie por las calles. Su madre siempre le había insistido en ocultar su cabello, plateado como la luna, para no llamar la atención y evitar problemas. Pero, incluso siendo cuidadoso, los problemas le habían encontrado.

    Así fue su primer beso: robado, sin amor; un beso que entregó sin reservas, pero que se convirtió en un recuerdo amargo.

    Bajo la densa lluvia, Kazuo caminaba perdido en sus pensamientos. Se preguntaba qué había hecho mal, si lo que había ocurrido era normal y qué pasaría a partir de entonces. Sin embargo, todos esos pensamientos se desvanecieron cuando el olor metálico de la sangre invadió sus sentidos, alojándose pesadamente en la parte trasera de su paladar.

    —Mamá… Papá… —susurró mientras empezaba a acelerar el paso—. Shouta… Masaru…

    Kazuo comenzó a correr frenéticamente. La lluvia no cesaba; Caía con más intensidad, pero no era suficiente para disipar el olor penetrante de sangre que venía de su hogar.

    ———————————————————————

    Continuación de relato;

    Venganza Parte 1;
    https://ficrol.com/posts/187508

    Venganza Parte 2;
    https://ficrol.com/posts/194855


    "𝕽𝖊𝖈𝖚𝖊𝖗𝖉𝖔𝖘 𝖉𝖊 𝖚𝖓 𝖅𝖔𝖗𝖗𝖔" (Memorias pasadas de Kazuo) La primera vez que Kazuo besó a alguien fue con un chico de la aldea más cercana a su hogar. Su madre lo alentaba a relacionarse con jóvenes de su edad, ahora que dominaba bien el lenguaje humano. Las chicas de su generación ya eran futuras esposas y amas de casa, por lo que no solían convivir con el grupo habitual de jóvenes solteros. Kazuo era arrebatadoramente hermoso, y, como era de esperar, no pasaba inadvertido para las mujeres, pero tampoco para los hombres. Aquella tarde se había quedado más tiempo en la aldea, saliendo y bebiendo algo en la posada local. Uno de los chicos del grupo, llamado Kayto, era alto como Kazuo, tenía ojos color avellana y una espalda más ancha que la del kitsune. Mientras el grupo avanzaba, Kazuo y Kayto se quedaron rezagados. El joven, algo ebrio, pasó un brazo por encima de los hombros del zorro para apoyarse en él. Kazuo, en cambio, apenas notaba el alcohol ingerido. De forma casi imprevista, Kayto usó su corpulento cuerpo para llevar a Kazuo hacia un callejón estrecho, entre dos edificios de madera. Allí lo atrapó, inmovilizándolo contra la pared con su cuerpo. En ese entonces, el yōkai no había experimentado ningún tipo de contacto físico. —¿Por qué eres tan hermoso? —inquirió Kayto en un susurro ronco, imponiendo su presencia sobre Kazuo. —¿Qué…? —respondió este, totalmente desorientado. No sabía qué estaba ocurriendo ni cómo reaccionar. Aunque sus padres, en los ocho años que llevaban juntos, le habían enseñado muchas cosas, jamás lo prepararon para una situación así, y menos aún con un chico. —Tus ojos… No puedo dejar de pensar en ellos —continuó Kayto, acercándose aún más. Sus labios apenas rozaban los de Kazuo mientras susurraba. Kazuo permanecía en silencio. No sabía qué hacer ni qué decir. Todo aquello era completamente nuevo para él, y la dominación que ejercía el joven sobre su inexperiencia era absoluta. Kayto aplacó la distancia y capturó los labios de Kazuo con un beso de forma rapaz. Este, sorprendido, se quedó inmóvil, con los ojos abiertos de par en par. ¿Qué era esto? ¿Por qué lo hacía? Además, eran dos chicos. Kazuo había oído hablar de los besos y el cortejo, pero siempre entre un hombre y una mujer. ¿Qué significaba esto? Poco a poco, comenzó a experimentar sensaciones desconocidas. Era cálido, húmedo… La lengua de Kayto se adentró con confianza en su boca, dominándola por completo. Se sintió extraño, pero también placentero, como cuando sus pies tocaban la hierba húmeda de la mañana. A eso olía Kayto: a hierba fresca y tierra, recordándole al bosque. Impulsado por un repentino subidón de adrenalina, Kazuo empujó a Kayto contra la pared opuesta, tomando ahora él el control. Lo besó con confianza, de forma salvaje y voraz. Kayto quedó cohibido ante el inesperado arrebato de Kazuo. Lo que no sabía era que, en el interior de Kazuo, latía una naturaleza salvaje. La magia arcana que fluía por sus venas intensificaba cada sensación, despertando al zorro que dormitaba en su interior y lo hacía reaccionar por puro instinto. Abrumado, Kayto lo apartó de forma brusca. Los ojos de Kazuo centelleaban con una mezcla de confusión y deseo. Ambos jadeaban, y durante unos segundos permanecieron en silencio. —A… aquí no ha pasado nada, rarito del bosque. ¿Vale? —dijo Kayto con voz mordaz—. Volvamos con los demás, y ni se te ocurre decir una palabra, si no quieres problemas.— Kazuo no respondió. Permaneció callado mientras Kayto salía del callejón y aceleraba el paso para reunirse con sus amigos. En ese momento comenzó a llover, y Kazuo permaneció en el callejón durante largos minutos, dejando que el agua empapara su cabello, mientras la tinta negra se deslizaba, revelando su verdadero color plateado. Solo salió del callejón cuando se aseguró de que no había nadie por las calles. Su madre siempre le había insistido en ocultar su cabello, plateado como la luna, para no llamar la atención y evitar problemas. Pero, incluso siendo cuidadoso, los problemas le habían encontrado. Así fue su primer beso: robado, sin amor; un beso que entregó sin reservas, pero que se convirtió en un recuerdo amargo. Bajo la densa lluvia, Kazuo caminaba perdido en sus pensamientos. Se preguntaba qué había hecho mal, si lo que había ocurrido era normal y qué pasaría a partir de entonces. Sin embargo, todos esos pensamientos se desvanecieron cuando el olor metálico de la sangre invadió sus sentidos, alojándose pesadamente en la parte trasera de su paladar. —Mamá… Papá… —susurró mientras empezaba a acelerar el paso—. Shouta… Masaru… Kazuo comenzó a correr frenéticamente. La lluvia no cesaba; Caía con más intensidad, pero no era suficiente para disipar el olor penetrante de sangre que venía de su hogar. ——————————————————————— Continuación de relato; Venganza Parte 1; https://ficrol.com/posts/187508 Venganza Parte 2; https://ficrol.com/posts/194855
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  • Soy un hombre muy afortunado, de tener a la mejor novia del mundo

    Soy un hombre muy afortunado, de tener a la mejor novia del mundo ❤️
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  • —Paul se enfrento con todas sus fuerzas a los demonios retadores,pero por mas que intentaba no podia ni hacerles cosquillas,la pelea continuo hasta que una figura femenina se presento,su propia madre se hizo presente,cosa que hizo que dejara de pelear,ella solo se acerco y tomo la cara palida de su hijo—


    "Este no eres tu mi niño...este no es mi Paul,creeme que esto me duele mas a a mi que a ti...pero quiero que estes a salvo,lejos de aqui..."


    —No quiero dejar a Azzy sola,todos mis amigos estan aqui..


    "Lo se mi cielo,por eso hago esto....te quiero muchisimo mi pequeño"


    —Ella con un simple conjuro expulso a Paul del infierno,haciendo que este solo se quede con el ultimo tacto de su madre quiza para siempre..oficialmente,estaba por su propia cuenta—
    —Paul se enfrento con todas sus fuerzas a los demonios retadores,pero por mas que intentaba no podia ni hacerles cosquillas,la pelea continuo hasta que una figura femenina se presento,su propia madre se hizo presente,cosa que hizo que dejara de pelear,ella solo se acerco y tomo la cara palida de su hijo— "Este no eres tu mi niño...este no es mi Paul,creeme que esto me duele mas a a mi que a ti...pero quiero que estes a salvo,lejos de aqui..." —No quiero dejar a Azzy sola,todos mis amigos estan aqui.. "Lo se mi cielo,por eso hago esto....te quiero muchisimo mi pequeño" —Ella con un simple conjuro expulso a Paul del infierno,haciendo que este solo se quede con el ultimo tacto de su madre quiza para siempre..oficialmente,estaba por su propia cuenta—
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