MONOROL:

El bardo aparece de repente en medio de la gran sala. Su figura se mantiene erguida, su capa ondea ligeramente con el movimiento, y sus ojos examinan el vasto espacio con atención. El lugar, aunque familiar, parece envolverlo en un silencio que pesa más de lo habitual.

𝕭>Mi señor... aunque no esté aquí, permitame ofrecerle mi respeto.

Sus ojos recorren el candelabro que ilumina tenuemente la estancia, observando cómo las sombras bailan en las paredes. Da unos pasos adelante, con movimientos mesurados y cautelosos, mientras su capa roza apenas el suelo.

𝕭>No esperaba ser llamado tan pronto. Este lugar... parece intacto, inmutable, como siempre. Pero el momento... este momento, no lo es.

Sube los primeros escalones de la gran escalera, deteniéndose a mitad de camino y girando la vista hacia el vacío del salón, su voz tranquila, pero firme.

𝕭>Siempre es quien guía cada paso, mi señor. Su voluntad nunca titubea, y por eso, le aguardo con paciencia.

Su mirada se desvía hacia las esquinas más oscuras de la sala, buscando algo, o tal vez esperando que algo se manifieste. Sus labios se presionan un instante, pero no hay señales de nerviosismo en su rostro. Solo determinación y calma.

𝕭>Nada pasa sin razón... y estoy aquí para cumplir el propósito que se me ha dado.

Suspira suavemente, dejando que el eco de sus palabras se pierda en la inmensidad del lugar. Desciende con lentitud, sus pasos resuenan ligeramente en el mármol mientras se mueve hacia las paredes adornadas con arcos y columnas.

𝕭>Sea lo que sea que deba suceder, lo enfrentaré. Espero que los demás no tarden... Este lugar, vacío, guarda demasiado silencio.

Se detiene finalmente frente a una gran columna, apoyando la palma de su mano en ella con suavidad. Su postura sigue siendo solemne, mientras su mirada se pierde en la vastedad del lugar, aguardando pacientemente la llegada de los demás.
MONOROL: El bardo aparece de repente en medio de la gran sala. Su figura se mantiene erguida, su capa ondea ligeramente con el movimiento, y sus ojos examinan el vasto espacio con atención. El lugar, aunque familiar, parece envolverlo en un silencio que pesa más de lo habitual. 𝕭>Mi señor... aunque no esté aquí, permitame ofrecerle mi respeto. Sus ojos recorren el candelabro que ilumina tenuemente la estancia, observando cómo las sombras bailan en las paredes. Da unos pasos adelante, con movimientos mesurados y cautelosos, mientras su capa roza apenas el suelo. 𝕭>No esperaba ser llamado tan pronto. Este lugar... parece intacto, inmutable, como siempre. Pero el momento... este momento, no lo es. Sube los primeros escalones de la gran escalera, deteniéndose a mitad de camino y girando la vista hacia el vacío del salón, su voz tranquila, pero firme. 𝕭>Siempre es quien guía cada paso, mi señor. Su voluntad nunca titubea, y por eso, le aguardo con paciencia. Su mirada se desvía hacia las esquinas más oscuras de la sala, buscando algo, o tal vez esperando que algo se manifieste. Sus labios se presionan un instante, pero no hay señales de nerviosismo en su rostro. Solo determinación y calma. 𝕭>Nada pasa sin razón... y estoy aquí para cumplir el propósito que se me ha dado. Suspira suavemente, dejando que el eco de sus palabras se pierda en la inmensidad del lugar. Desciende con lentitud, sus pasos resuenan ligeramente en el mármol mientras se mueve hacia las paredes adornadas con arcos y columnas. 𝕭>Sea lo que sea que deba suceder, lo enfrentaré. Espero que los demás no tarden... Este lugar, vacío, guarda demasiado silencio. Se detiene finalmente frente a una gran columna, apoyando la palma de su mano en ella con suavidad. Su postura sigue siendo solemne, mientras su mirada se pierde en la vastedad del lugar, aguardando pacientemente la llegada de los demás.
0 turnos 0 maullidos
Patrocinados
Patrocinados