En la penumbra de la noche callada,
la lujuria despierta, ardiente y alada.
Susurra deseos en el viento fugaz,
buscando en un mortal su eterno compás.
Sus ojos de fuego liberando el deseo, su piel emanando pasión,
encuentran en el amor su dulce prisión.
Un mortal la cautiva, con su frágil ser,
y en sus brazos de carne, se deja envolver.
La lujuria, en su danza, se vuelve ternura,
y el amor mortal, su única cura.
En un beso robado, en un suspiro ardiente,
se funden sus almas, eternamente.
Pero el destino, cruel y severo,
sabe que este amor es pasajero.
La lujuria, eterna, tiene prohibido amar
dejando al mortal, seguir su camino
Mientras ella añora en sueños lo que jamás podrá tener
En la penumbra de la noche callada,
la lujuria despierta, ardiente y alada.
Susurra deseos en el viento fugaz,
buscando en un mortal su eterno compás.
Sus ojos de fuego liberando el deseo, su piel emanando pasión,
encuentran en el amor su dulce prisión.
Un mortal la cautiva, con su frágil ser,
y en sus brazos de carne, se deja envolver.
La lujuria, en su danza, se vuelve ternura,
y el amor mortal, su única cura.
En un beso robado, en un suspiro ardiente,
se funden sus almas, eternamente.
Pero el destino, cruel y severo,
sabe que este amor es pasajero.
La lujuria, eterna, tiene prohibido amar
dejando al mortal, seguir su camino
Mientras ella añora en sueños lo que jamás podrá tener