• #UnDiaEnLaVidaDe Scarlett DuBois.

    El salón aún estaba vacío cuando Scarlett encendió las luces.

    La madera crujió suavemente bajo sus zapatillas mientras cruzaba el estudio. El aire olía a resina y a silencio, a esa calma tensa que precede a la disciplina. Dejó el bolso junto al piano, se acercó a la barra y apoyó las manos con suavidad.

    Primera posición.

    Sus talones se tocaron como si nunca hubieran dejado de hacerlo. La espalda se alargó, el mentón apenas elevado. Cerró los ojos un segundo. El cuerpo recordaba incluso lo que el destino le había quitado.

    Plié.

    Lento. Controlado. Las rodillas se abrieron con precisión. La cadera respondió con una leve protesta muda, un recordatorio constante de lo que fue y ya no es. Scarlett no frunció el ceño. No le concedía dramatismo al dolor. Solo lo gestionaba.

    Tendu.

    El pie se deslizó hacia delante como una caricia contenida. El empeine se extendió con elegancia intacta. Nadie diría que hubo un accidente. Nadie vería la cicatriz bajo las medias.

    Giró hacia el espejo.

    Por un instante, no era la profesora. No era la entrenadora obligada a corregir futbolistas con exceso de ego. Era la bailarina que una vez llenó escenarios, la que sostenía la respiración del público en cada relevé.

    Subió a demi-pointe.

    El equilibrio fue perfecto.

    Su reflejo le devolvió una imagen serena, impecable. Solo ella sabía cuánto costaba cada segundo de estabilidad.

    La puerta del estudio se abrió con un leve chirrido. Voces jóvenes comenzaron a llenar el espacio.

    Scarlett bajó los talones con suavidad y su expresión cambió: se volvió firme, profesional, inquebrantable.

    —A la barra —indicó sin elevar la voz.

    Las alumnas ocuparon sus lugares. Ella caminó entre ellas como una sombra elegante, corrigiendo una muñeca caída, alineando un hombro, ajustando la rotación de una pierna con apenas dos dedos.

    —El equilibrio no se negocia —dijo con calma—. Si vuestra mente duda, el cuerpo cae.

    Se detuvo frente a la más pequeña del grupo, que luchaba por sostener un relevé tembloroso.

    Scarlett colocó su mano en su espalda baja.

    —Aquí —susurró—. No en el pie. El equilibrio empieza en el centro.

    La niña se estabilizó.

    Scarlett retiró la mano con la misma delicadeza con la que se recoge un recuerdo frágil.

    Durante un segundo, una chispa —breve, casi invisible— atravesó su mirada. No era entusiasmo. Era algo más profundo. Algo que no se había perdido del todo.

    El salón ya no estaba vacío. Pero la disciplina seguía siendo la misma.

    Y ella también.
    #UnDiaEnLaVidaDe Scarlett DuBois. El salón aún estaba vacío cuando Scarlett encendió las luces. La madera crujió suavemente bajo sus zapatillas mientras cruzaba el estudio. El aire olía a resina y a silencio, a esa calma tensa que precede a la disciplina. Dejó el bolso junto al piano, se acercó a la barra y apoyó las manos con suavidad. Primera posición. Sus talones se tocaron como si nunca hubieran dejado de hacerlo. La espalda se alargó, el mentón apenas elevado. Cerró los ojos un segundo. El cuerpo recordaba incluso lo que el destino le había quitado. Plié. Lento. Controlado. Las rodillas se abrieron con precisión. La cadera respondió con una leve protesta muda, un recordatorio constante de lo que fue y ya no es. Scarlett no frunció el ceño. No le concedía dramatismo al dolor. Solo lo gestionaba. Tendu. El pie se deslizó hacia delante como una caricia contenida. El empeine se extendió con elegancia intacta. Nadie diría que hubo un accidente. Nadie vería la cicatriz bajo las medias. Giró hacia el espejo. Por un instante, no era la profesora. No era la entrenadora obligada a corregir futbolistas con exceso de ego. Era la bailarina que una vez llenó escenarios, la que sostenía la respiración del público en cada relevé. Subió a demi-pointe. El equilibrio fue perfecto. Su reflejo le devolvió una imagen serena, impecable. Solo ella sabía cuánto costaba cada segundo de estabilidad. La puerta del estudio se abrió con un leve chirrido. Voces jóvenes comenzaron a llenar el espacio. Scarlett bajó los talones con suavidad y su expresión cambió: se volvió firme, profesional, inquebrantable. —A la barra —indicó sin elevar la voz. Las alumnas ocuparon sus lugares. Ella caminó entre ellas como una sombra elegante, corrigiendo una muñeca caída, alineando un hombro, ajustando la rotación de una pierna con apenas dos dedos. —El equilibrio no se negocia —dijo con calma—. Si vuestra mente duda, el cuerpo cae. Se detuvo frente a la más pequeña del grupo, que luchaba por sostener un relevé tembloroso. Scarlett colocó su mano en su espalda baja. —Aquí —susurró—. No en el pie. El equilibrio empieza en el centro. La niña se estabilizó. Scarlett retiró la mano con la misma delicadeza con la que se recoge un recuerdo frágil. Durante un segundo, una chispa —breve, casi invisible— atravesó su mirada. No era entusiasmo. Era algo más profundo. Algo que no se había perdido del todo. El salón ya no estaba vacío. Pero la disciplina seguía siendo la misma. Y ella también.
    Me gusta
    Me encocora
    5
    0 turnos 1 maullido
  • Sucede algo mi caramelo? Te protegeré, no tengas miedo.
    Sucede algo mi caramelo? Te protegeré, no tengas miedo.
    Me gusta
    Me encocora
    2
    2 turnos 0 maullidos
  • [POV] Eres Hyuna y Akihiko te acaba de preparar tu comida favorita después de un día pesado en el trabajo.
    [POV] Eres Hyuna y Akihiko te acaba de preparar tu comida favorita después de un día pesado en el trabajo.
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • — Hoy tuve día libre (yo misma me lo tomé)
    — Hoy tuve día libre (yo misma me lo tomé)
    Me gusta
    Me encocora
    5
    25 turnos 0 maullidos
  • ─── Una boda ¿Eh? Esto sale de mi zona de confort y me ponen a pensar en algún regalo.... Hmmm ¿Y si les tatuó algo simbólico? Puede ser.
    ─── Una boda ¿Eh? Esto sale de mi zona de confort y me ponen a pensar en algún regalo.... Hmmm ¿Y si les tatuó algo simbólico? Puede ser.
    Me gusta
    2
    4 turnos 0 maullidos
  • Normalmente me queda bien cualquier cosa que me ponga, pero creo que no he desarrollado el gusto por la franela de Wallmart, Winchester...


    Dean Winchester
    Normalmente me queda bien cualquier cosa que me ponga, pero creo que no he desarrollado el gusto por la franela de Wallmart, Winchester... [BxbyDriver]
    Me gusta
    1
    2 turnos 0 maullidos
  • — Más vale pedir perdón, que pedir permiso. — Lunes de soltar vgzos sin ningún motivo. ¿?
    — Más vale pedir perdón, que pedir permiso. — Lunes de soltar vgzos sin ningún motivo. ¿?
    Me enjaja
    Me gusta
    Me entristece
    8
    6 turnos 0 maullidos
  • ---

    La visión que tiene el ser de las miserias, promete edificar mis propios abismos. Si las cicatrices fueran orgullo de sombras, serían las sombras los ingenios incorruptos.

    Corona de tafetán, terso verso rodado. Trigonometría de prudencias; verídica promesa al pastar lo inevitable, sea la sombra el candil de tus procedencias. Calamitosas aveniencias.

    Es a la suerte, la suerte maciza, aventura, aventura, aventura. Sea la aventura lo que teje entre mis manos la naturaleza de malestares, arraigados, lomos de musarañas. Inevitable, eres todo, eres lo bueno, lo malo, la prisa del dolor.

    Y el dolor es presea de la presencia de tu promesa, y la promesa erra y sueña, con ser más que una muñeca de papel entre mis sollozos de rosas de cerca de cielos como lo que se mueve; como lo que es el pormenor de lo corrupto.

    Grácil allende, allende de su voz, vozarrón que cicatriza y remueve la consciencia cognitiva; es tu ingenio mis sigilos.
    Es tu ingenuidad mi propio reflejo, seas cuadro, seas espejos, seas honor, gloriosario dolor.

    --- La visión que tiene el ser de las miserias, promete edificar mis propios abismos. Si las cicatrices fueran orgullo de sombras, serían las sombras los ingenios incorruptos. Corona de tafetán, terso verso rodado. Trigonometría de prudencias; verídica promesa al pastar lo inevitable, sea la sombra el candil de tus procedencias. Calamitosas aveniencias. Es a la suerte, la suerte maciza, aventura, aventura, aventura. Sea la aventura lo que teje entre mis manos la naturaleza de malestares, arraigados, lomos de musarañas. Inevitable, eres todo, eres lo bueno, lo malo, la prisa del dolor. Y el dolor es presea de la presencia de tu promesa, y la promesa erra y sueña, con ser más que una muñeca de papel entre mis sollozos de rosas de cerca de cielos como lo que se mueve; como lo que es el pormenor de lo corrupto. Grácil allende, allende de su voz, vozarrón que cicatriza y remueve la consciencia cognitiva; es tu ingenio mis sigilos. Es tu ingenuidad mi propio reflejo, seas cuadro, seas espejos, seas honor, gloriosario dolor.
    Me gusta
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • Esta a punto de darle un cabezazo Pokémon a SANZO para demostrarle que si puede contra él (?).
    Esta a punto de darle un cabezazo Pokémon a [San_Z0] para demostrarle que si puede contra él (?).
    Me enjaja
    Me gusta
    Me encocora
    Me shockea
    8
    5 turnos 0 maullidos
  • [storm_pink_crow_361]
    DÉJAME ENTRAR AL BAÑO CONTIGO.
    NO ENTIENDES.
    SON COSAS DE GATOS.
    DEBO PROTEGERTE DE LOS ESPÍRITUS CHOCARREROS.
    [storm_pink_crow_361] DÉJAME ENTRAR AL BAÑO CONTIGO. NO ENTIENDES. SON COSAS DE GATOS. DEBO PROTEGERTE DE LOS ESPÍRITUS CHOCARREROS.
    Me enjaja
    Me gusta
    4
    3 turnos 0 maullidos
Patrocinados