• Al menos este lugar es tranquilo

    -Cerrando mis ojos quedándome profundamente dormido-
    Al menos este lugar es tranquilo -Cerrando mis ojos quedándome profundamente dormido-💤💤💤
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  • El tiempo había pasado, una semana se fue volando y, muy a su agrado, había logrado ganar más que suficiente para pagar no sólo todo lo que se compró de ropa, también aquel ático y uno que otro capricho que se contuvo de comprar, pues no era momento aún.
    Todo parecía haberle salido bien, sin embargo aún tenía algo que no había conseguido, la completa atención de quien sería su socio.

    Como toda diva y, aún a costa del regaño que pudiera obtener de su parte, se adentró hasta su oficina, pasando de largo de todo empleado que lo quisiera detener, como si fuera su casa, acercándose a tomar asiento sobre le escritorio, pasando la punta de su bota bajo aquella pantalla y queriendo ser lo único que tuviera su mirada encima en ese instante pues determinaba su futuro.

    —Así que, guapo~
    Ya ha pasado una semana y vengo a darte maravillosas noticias~
    El tiempo había pasado, una semana se fue volando y, muy a su agrado, había logrado ganar más que suficiente para pagar no sólo todo lo que se compró de ropa, también aquel ático y uno que otro capricho que se contuvo de comprar, pues no era momento aún. Todo parecía haberle salido bien, sin embargo aún tenía algo que no había conseguido, la completa atención de quien sería su socio. Como toda diva y, aún a costa del regaño que pudiera obtener de su parte, se adentró hasta su oficina, pasando de largo de todo empleado que lo quisiera detener, como si fuera su casa, acercándose a tomar asiento sobre le escritorio, pasando la punta de su bota bajo aquella pantalla y queriendo ser lo único que tuviera su mirada encima en ese instante pues determinaba su futuro. —Así que, guapo~ Ya ha pasado una semana y vengo a darte maravillosas noticias~
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  • El sol brillaba intenso en el cielo azul, bañándolo con su cálida luz.

    Los pétalos bailaban a un ritmo suave, orquestado por el viento primaveral y esparciendo su perfume dulce por todo el jardín.

    En el espacio resonaban los ladridos de Sebastián, creando un eco cada vez más cercano.

    De repente, el canino emergió de los arbustos con una rama en la boca.

    Ciel soltó una risa cantarina y feliz.

    —¡Buen perro! —lo felicitó con un par de palmaditas en la cabeza.

    Le sacudió las hojas que se le habían pegado en el pelaje durante su búsqueda, y tomando la rama, la volvió a lanzar con todas sus fuerzas lo más lejos posible.

    —¡Ve a por ella! —ordenó con firmeza, obligándose a contener una sonrisa para que el perro lo tomara en serio.

    Obedeciendo la orden de su pequeño amo, el perro negro volvió a correr, metiéndose nuevamente por los arbustos y yendo más allá del límite de los árboles del bosque que bordeaba la mansión.

    Pero Ciel no pudo seguir prestándole atención, porque unos pasos detrás suyo revelaron la abrupta aparición de sus padres.

    —Ciel —lo llamó su madre con una sonrisa.

    La luz caía sobre ella, bañando su silueta y volviéndola etérea; tan hermosa como un hada del bosque.

    —Es hora de entrar —le dijo amorosamente, dándole una caricia en la cabeza.

    Su padre asintió, su sonrisa era sutil pero igual de afectuosa.

    —Ven —añadió él, ofreciéndole la mano. —Entremos.

    Ciel sonrió y alargó la propia, sus manos a punto de tocarse...

    Abrió los ojos.

    Parpadeó con pesadez, despertando lentamente, los rostros de sus padres perdiéndose en los rincones más recónditos de su mente.

    Había estado soñando sobre tiempos felices otra vez.

    —¿Undertaker? —preguntó, su propia voz sintiéndose débil como su cuerpo.

    Ciel intentó sentarse, lográndolo con dificultad.

    Luego, mirando la habitación e identificándola como su dormitorio, miró hacia el sepulturero, quien se encontraba sobre aquella máquina que lograba mantener a Ciel abastecido de su alimento.

    Sin ella, no sería posible que este cuerpo pudiera 'ser'.

    —Conde —dijo él suavemente—, vuelva a dormir.

    No quería.

    Pero terminó cerrando los ojos.

    Hundiéndose nuevamente en el mar de sueños.

    Una sonrisa dibujándose en su rostro dormido.
    El sol brillaba intenso en el cielo azul, bañándolo con su cálida luz. Los pétalos bailaban a un ritmo suave, orquestado por el viento primaveral y esparciendo su perfume dulce por todo el jardín. En el espacio resonaban los ladridos de Sebastián, creando un eco cada vez más cercano. De repente, el canino emergió de los arbustos con una rama en la boca. Ciel soltó una risa cantarina y feliz. —¡Buen perro! —lo felicitó con un par de palmaditas en la cabeza. Le sacudió las hojas que se le habían pegado en el pelaje durante su búsqueda, y tomando la rama, la volvió a lanzar con todas sus fuerzas lo más lejos posible. —¡Ve a por ella! —ordenó con firmeza, obligándose a contener una sonrisa para que el perro lo tomara en serio. Obedeciendo la orden de su pequeño amo, el perro negro volvió a correr, metiéndose nuevamente por los arbustos y yendo más allá del límite de los árboles del bosque que bordeaba la mansión. Pero Ciel no pudo seguir prestándole atención, porque unos pasos detrás suyo revelaron la abrupta aparición de sus padres. —Ciel —lo llamó su madre con una sonrisa. La luz caía sobre ella, bañando su silueta y volviéndola etérea; tan hermosa como un hada del bosque. —Es hora de entrar —le dijo amorosamente, dándole una caricia en la cabeza. Su padre asintió, su sonrisa era sutil pero igual de afectuosa. —Ven —añadió él, ofreciéndole la mano. —Entremos. Ciel sonrió y alargó la propia, sus manos a punto de tocarse... Abrió los ojos. Parpadeó con pesadez, despertando lentamente, los rostros de sus padres perdiéndose en los rincones más recónditos de su mente. Había estado soñando sobre tiempos felices otra vez. —¿Undertaker? —preguntó, su propia voz sintiéndose débil como su cuerpo. Ciel intentó sentarse, lográndolo con dificultad. Luego, mirando la habitación e identificándola como su dormitorio, miró hacia el sepulturero, quien se encontraba sobre aquella máquina que lograba mantener a Ciel abastecido de su alimento. Sin ella, no sería posible que este cuerpo pudiera 'ser'. —Conde —dijo él suavemente—, vuelva a dormir. No quería. Pero terminó cerrando los ojos. Hundiéndose nuevamente en el mar de sueños. Una sonrisa dibujándose en su rostro dormido.
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    Hola! Buenos dias, Tardes o Noches dependiendo cuando me leas

    estoy aqui en busqueda de una Zafiro, Debido a que la zafiro que tenia se fue sin decirme nada y la verdad quisiera seguir los roles

    Solo pido

    1. Estar activ@
    2. No me abandones :´v
    3. Saber conceptos de la serie
    4.Pasarla bien
    5. Tener buena ortografia porfavor
    Hola! Buenos dias, Tardes o Noches dependiendo cuando me leas estoy aqui en busqueda de una Zafiro, Debido a que la zafiro que tenia se fue sin decirme nada y la verdad quisiera seguir los roles Solo pido 1. Estar activ@ 2. No me abandones :´v 3. Saber conceptos de la serie 4.Pasarla bien 5. Tener buena ortografia porfavor
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  • —¿Te gusta lo que ves?~
    Puede ser tuyo, pero todo tiene un precio, encanto~
    —¿Te gusta lo que ves?~ Puede ser tuyo, pero todo tiene un precio, encanto~
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  • Buenos Dias gente bella, aqui dejo unos cuantas deliciosas tartitas dulces!!
    Buenos Dias gente bella, aqui dejo unos cuantas deliciosas tartitas dulces!!
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  • Realmente ya no volveré a verla.........
    Mi castigo es vagar por este mundo .....

    -mirando las cadenas en mis muñecas
    Levanto mi mano como si quisiera alcanzar su existencia -

    Es el karma que debo cargar por mi egoísmo .......




    https://vm.tiktok.com/ZMkuATX3m/
    Realmente ya no volveré a verla......... Mi castigo es vagar por este mundo ..... -mirando las cadenas en mis muñecas Levanto mi mano como si quisiera alcanzar su existencia - Es el karma que debo cargar por mi egoísmo ....... https://vm.tiktok.com/ZMkuATX3m/
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  • Hoy, mientras caminaba por los interminables pasillos del centro de archivistas de Azurheim, tuve un encuentro que, para ser honesta, prefiero evitar. Allí estaba Kalyndra, con esa actitud que parece gritar "compite conmigo" incluso cuando no hay razón para hacerlo.

    Con su andar altivo y esa mirada cargada de juicio, se detuvo justo frente a mí, dejando escapar uno de sus comentarios.

    K: ¿No deberías estar revoloteando por el mundo humano? Eso de andar vagando parece más tu estilo que estar aquí.

    M: Al menos yo ver el mundo con mis propios ojos, en lugar de conformarme con los mismos libros polvorientos de siempre.

    Por un instante, su expresión se endureció, y no pude evitar preguntarme si había tocado un punto sensible. Sin embargo, lejos de calmarla, mi respuesta pareció avivar su fuego interno.

    La tensión en el aire era palpable, y aunque nuestras palabras no pasaron a algo más grave, el cruce me dejó pensando. ¿Por qué siempre parece tener algo en mi contra? Me pregunto si realmente se trata de competencia o si hay algo más profundo en todo esto.




    Hoy, mientras caminaba por los interminables pasillos del centro de archivistas de Azurheim, tuve un encuentro que, para ser honesta, prefiero evitar. Allí estaba Kalyndra, con esa actitud que parece gritar "compite conmigo" incluso cuando no hay razón para hacerlo. Con su andar altivo y esa mirada cargada de juicio, se detuvo justo frente a mí, dejando escapar uno de sus comentarios. K: ¿No deberías estar revoloteando por el mundo humano? Eso de andar vagando parece más tu estilo que estar aquí. M: Al menos yo ver el mundo con mis propios ojos, en lugar de conformarme con los mismos libros polvorientos de siempre. Por un instante, su expresión se endureció, y no pude evitar preguntarme si había tocado un punto sensible. Sin embargo, lejos de calmarla, mi respuesta pareció avivar su fuego interno. La tensión en el aire era palpable, y aunque nuestras palabras no pasaron a algo más grave, el cruce me dejó pensando. ¿Por qué siempre parece tener algo en mi contra? Me pregunto si realmente se trata de competencia o si hay algo más profundo en todo esto.
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  • —Solo no hagas una estupidez y sigue tocando
    —Solo no hagas una estupidez y sigue tocando
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  • Era posible sentir una felicidad más grande que la de pasar una eternidad al lado de su amada?

    El zorro pensaba que no, hasta que ella misma le dio la noticia sobre su decisión.

    Kazuo iba a ser padre... Y además, con la persona que más había amado y amaría en toda su vida. Era cierto que no podía evitar sentir miedo. ¿Qué experiencia tenía él en criar a un hijo? En más de mil doscientos años jamás había vivido algo parecido, y tampoco se lo había planteado. Pero el destino quiso que sucediera.

    Desde que Elizabeth le reveló sus sospechas sobre su estado, Kazuo había estado con el corazón en un puño. Elizabeth, primeriza en todo lo que aquello implicaba, no se sentía segura de cómo proceder, ni de si realmente deseaba tener a ese bebé. Kazuo, por supuesto, la apoyó en todo momento, sabiendo que su decisión debía ser respetada. Fuera cual fuese el desenlace, él siempre estaría a su lado, junto al amor de su vida.

    Pero cuando ella le confesó que había decidido seguir adelante, un tipo de felicidad completamente nuevo recorrió el cuerpo del zorro. Kazuo sería padre, y Liz, sin duda alguna, sería la mejor de las madres.

    El nuevo objetivo en la aventura que se había convertido su longeva vida sería hacerlos felices: a su futuro hijo o hija, y a su amada Elizabeth.
    Era posible sentir una felicidad más grande que la de pasar una eternidad al lado de su amada? El zorro pensaba que no, hasta que ella misma le dio la noticia sobre su decisión. Kazuo iba a ser padre... Y además, con la persona que más había amado y amaría en toda su vida. Era cierto que no podía evitar sentir miedo. ¿Qué experiencia tenía él en criar a un hijo? En más de mil doscientos años jamás había vivido algo parecido, y tampoco se lo había planteado. Pero el destino quiso que sucediera. Desde que Elizabeth le reveló sus sospechas sobre su estado, Kazuo había estado con el corazón en un puño. Elizabeth, primeriza en todo lo que aquello implicaba, no se sentía segura de cómo proceder, ni de si realmente deseaba tener a ese bebé. Kazuo, por supuesto, la apoyó en todo momento, sabiendo que su decisión debía ser respetada. Fuera cual fuese el desenlace, él siempre estaría a su lado, junto al amor de su vida. Pero cuando ella le confesó que había decidido seguir adelante, un tipo de felicidad completamente nuevo recorrió el cuerpo del zorro. Kazuo sería padre, y Liz, sin duda alguna, sería la mejor de las madres. El nuevo objetivo en la aventura que se había convertido su longeva vida sería hacerlos felices: a su futuro hijo o hija, y a su amada Elizabeth.
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