• "𝕬 𝖉𝖔𝖓𝖉𝖊 𝖛𝖆𝖒𝖔𝖘 𝖆𝖍𝖔𝖗𝖆? 𝕿𝖚 𝖒𝖚𝖓𝖉𝖔 𝖒𝖊 𝖕𝖆𝖗𝖊𝖈𝖊 𝖘ú𝖕𝖊𝖗 𝖎𝖓𝖙𝖊𝖗𝖊𝖘𝖆𝖓𝖙𝖊"
    "𝕬 𝖉𝖔𝖓𝖉𝖊 𝖛𝖆𝖒𝖔𝖘 𝖆𝖍𝖔𝖗𝖆? 𝕿𝖚 𝖒𝖚𝖓𝖉𝖔 𝖒𝖊 𝖕𝖆𝖗𝖊𝖈𝖊 𝖘ú𝖕𝖊𝖗 𝖎𝖓𝖙𝖊𝖗𝖊𝖘𝖆𝖓𝖙𝖊"
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • «Día 999.»

    "Todos creen que estoy loca. Ya no me importa. Tal vez lo estoy, qué más da. No es como si sus risas fuesen algo nuevo. En parte agradezco que ahora se ríen en mi cara y no a mis espaldas.

    No he dormido en tres días. El funeral de papá es mañana, pero no sé si voy a ir. No sé si haya alguien que quiera verme ahí.

    Me duele la cabeza todo el tiempo. ¿Por qué no dejó instrucciones precisas sobre cómo tensar el bozal? Prueba y error es todo lo que tengo.

    Los días en los que más duele, son los días en los que ellas aparecen. Estoy teniendo alucinaciones, es lo que me dice mi mente racional. Pero se ven tan reales. Tan reales. Y cuando las escucho, el dolor se va. Quiero tocarlas, quiero hablarles.

    ¿Por qué todo tuvo que terminar así?"
    «Día 999.» "Todos creen que estoy loca. Ya no me importa. Tal vez lo estoy, qué más da. No es como si sus risas fuesen algo nuevo. En parte agradezco que ahora se ríen en mi cara y no a mis espaldas. No he dormido en tres días. El funeral de papá es mañana, pero no sé si voy a ir. No sé si haya alguien que quiera verme ahí. Me duele la cabeza todo el tiempo. ¿Por qué no dejó instrucciones precisas sobre cómo tensar el bozal? Prueba y error es todo lo que tengo. Los días en los que más duele, son los días en los que ellas aparecen. Estoy teniendo alucinaciones, es lo que me dice mi mente racional. Pero se ven tan reales. Tan reales. Y cuando las escucho, el dolor se va. Quiero tocarlas, quiero hablarles. ¿Por qué todo tuvo que terminar así?"
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • ─No siempre los problemas se resuelven con palabras.... A veces el silencio de la muerte pone fin a cualquier obstáculo.
    ─No siempre los problemas se resuelven con palabras.... A veces el silencio de la muerte pone fin a cualquier obstáculo.
    Me encocora
    Me shockea
    2
    1 turno 0 maullidos
  • Bajo la cúpula de un sol moribundo, ella cerró los ojos y entregó su rostro a la última luz de la tarde. La sangre del cielo se derramaba sobre su piel pálida, tiñéndola con el resplandor de un incendio distante, uno que ardía más allá del tiempo, consumiendo recuerdos y promesas incumplidas. Sus cabellos, ríos de oro pálido, se mecían con los susurros de una brisa traía secretos olvidados.

    El vestido negro caía sobre su cuerpo como la noche misma, tejido con sombras y susurros. En sus pliegues se ocultaban secretos que nadie debía pronunciar, historias que dormían entre el eco de pasos ya extintos. La tela ondeaba suavemente, besada por el viento cargado con el aroma de amapolas marchitas, como si el aire mismo intentara sostenerla, evitar que se desvaneciera con la caída del sol.

    Su piel tenía la tersura de la luna en invierno, pálida, inalcanzable, marcada apenas por la memoria de caricias que nunca se atrevieron a tocarla del todo. La curva de su cuello, expuesta en un gesto de entrega, hablaba de algo más profundo que la simple melancolía: era una aceptación silenciosa del destino, una rendición a la marea implacable del tiempo.

    Sus ojos, aunque cerrados, guardaban el peso de aquello que había visto, de los caminos recorridos en soledad, de las noches en las que el insomnio le susurró verdades que preferiría no haber escuchado. Había en ella algo de las antiguas profecías, de los presagios leídos en las llamas y en el vuelo errático de los cuervos. Un espíritu atrapado entre el ocaso y la eternidad, entre la luz y la sombra, entre la vida y algo que se le parecía demasiado a la muerte.

    Porque ella no era una criatura de un solo mundo.

    Pertenecía a la penumbra de lo que no se dice, a la frontera difusa entre lo real y lo perdido. Cada amapola que crecía a sus pies llevaba un poco de su sangre, un poco de su memoria, como si el suelo mismo la reclamara, ansioso por susurrar su nombre entre las raíces. Pero aún así, seguía de pie, altiva en su fragilidad, sostenida por la única certeza que jamás la había abandonado:

    La luz puede tocar la sombra, pero nunca la poseerá del todo.

    Y en ese momento, con el sol cayendo tras sus párpados, ella fue ambas cosas.
    Bajo la cúpula de un sol moribundo, ella cerró los ojos y entregó su rostro a la última luz de la tarde. La sangre del cielo se derramaba sobre su piel pálida, tiñéndola con el resplandor de un incendio distante, uno que ardía más allá del tiempo, consumiendo recuerdos y promesas incumplidas. Sus cabellos, ríos de oro pálido, se mecían con los susurros de una brisa traía secretos olvidados. El vestido negro caía sobre su cuerpo como la noche misma, tejido con sombras y susurros. En sus pliegues se ocultaban secretos que nadie debía pronunciar, historias que dormían entre el eco de pasos ya extintos. La tela ondeaba suavemente, besada por el viento cargado con el aroma de amapolas marchitas, como si el aire mismo intentara sostenerla, evitar que se desvaneciera con la caída del sol. Su piel tenía la tersura de la luna en invierno, pálida, inalcanzable, marcada apenas por la memoria de caricias que nunca se atrevieron a tocarla del todo. La curva de su cuello, expuesta en un gesto de entrega, hablaba de algo más profundo que la simple melancolía: era una aceptación silenciosa del destino, una rendición a la marea implacable del tiempo. Sus ojos, aunque cerrados, guardaban el peso de aquello que había visto, de los caminos recorridos en soledad, de las noches en las que el insomnio le susurró verdades que preferiría no haber escuchado. Había en ella algo de las antiguas profecías, de los presagios leídos en las llamas y en el vuelo errático de los cuervos. Un espíritu atrapado entre el ocaso y la eternidad, entre la luz y la sombra, entre la vida y algo que se le parecía demasiado a la muerte. Porque ella no era una criatura de un solo mundo. Pertenecía a la penumbra de lo que no se dice, a la frontera difusa entre lo real y lo perdido. Cada amapola que crecía a sus pies llevaba un poco de su sangre, un poco de su memoria, como si el suelo mismo la reclamara, ansioso por susurrar su nombre entre las raíces. Pero aún así, seguía de pie, altiva en su fragilidad, sostenida por la única certeza que jamás la había abandonado: La luz puede tocar la sombra, pero nunca la poseerá del todo. Y en ese momento, con el sol cayendo tras sus párpados, ella fue ambas cosas.
    Me encocora
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • +Sentada enfrente de su estudio trataba dar sentido a las diferentes visiones en su cabeza, no pudiendo entender gran parte de lo que ve terminaba revolviendo su cabello en frustracion+ No fue la mejor idea pero es tarde para dar marcha atras...
    +Sentada enfrente de su estudio trataba dar sentido a las diferentes visiones en su cabeza, no pudiendo entender gran parte de lo que ve terminaba revolviendo su cabello en frustracion+ No fue la mejor idea pero es tarde para dar marcha atras...
    Me gusta
    Me encocora
    3
    4 turnos 0 maullidos
  • «𝘈𝘴 𝘵𝘩𝘦 𝘩𝘰𝘶𝘳𝘴 𝘱𝘢𝘴𝘴
    𝘐 𝘸𝘪𝘭𝘭 𝘭𝘦𝘵 𝘺𝘰𝘶 𝘬𝘯𝘰𝘸
    𝘛𝘩𝘢𝘵 𝘐 𝘯𝘦𝘦𝘥 𝘵𝘰 𝘢𝘴𝘬
    𝘉𝘦𝘧𝘰𝘳𝘦 𝘐'𝘮 𝘢𝘭𝘰𝘯𝘦
    𝘏𝘰𝘸 𝘪𝘵 𝘧𝘦𝘦𝘭𝘴 𝘵𝘰 𝘳𝘦𝘴𝘵
    𝘖𝘯 𝘺𝘰𝘶𝘳 𝘱𝘢𝘵𝘪𝘦𝘯𝘵 𝘭𝘪𝘱𝘴
    𝘛𝘰 𝘦𝘵𝘦𝘳𝘯𝘢𝘭 𝘣𝘭𝘪𝘴𝘴
    𝘐'𝘮 𝘴𝘰 𝘨𝘭𝘢𝘥 𝘵𝘰 𝘬𝘯𝘰𝘸»
    «𝘈𝘴 𝘵𝘩𝘦 𝘩𝘰𝘶𝘳𝘴 𝘱𝘢𝘴𝘴 𝘐 𝘸𝘪𝘭𝘭 𝘭𝘦𝘵 𝘺𝘰𝘶 𝘬𝘯𝘰𝘸 𝘛𝘩𝘢𝘵 𝘐 𝘯𝘦𝘦𝘥 𝘵𝘰 𝘢𝘴𝘬 𝘉𝘦𝘧𝘰𝘳𝘦 𝘐'𝘮 𝘢𝘭𝘰𝘯𝘦 𝘏𝘰𝘸 𝘪𝘵 𝘧𝘦𝘦𝘭𝘴 𝘵𝘰 𝘳𝘦𝘴𝘵 𝘖𝘯 𝘺𝘰𝘶𝘳 𝘱𝘢𝘵𝘪𝘦𝘯𝘵 𝘭𝘪𝘱𝘴 𝘛𝘰 𝘦𝘵𝘦𝘳𝘯𝘢𝘭 𝘣𝘭𝘪𝘴𝘴 𝘐'𝘮 𝘴𝘰 𝘨𝘭𝘢𝘥 𝘵𝘰 𝘬𝘯𝘰𝘸»
    Me encocora
    Me gusta
    6
    6 turnos 0 maullidos
  • La Agencia Internacional de Comercio Letal por sus siglas en inglés: L.I.T.A

    Es una de las pocas organizaciones cuyo poder asciende las alturas. Se dice que dentro, existe un asesino perfecto....

    Uno que llaman Silent Assasin. ¿Realmente es cierta la leyenda de tal asesino?
    La Agencia Internacional de Comercio Letal por sus siglas en inglés: L.I.T.A Es una de las pocas organizaciones cuyo poder asciende las alturas. Se dice que dentro, existe un asesino perfecto.... Uno que llaman Silent Assasin. ¿Realmente es cierta la leyenda de tal asesino?
    Me encocora
    Me gusta
    Me endiabla
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • Me levante congestionada...
    -Siente que la vida la odia -
    Y desperté por culpa de un calambre...

    -Solo falta que le cayera el techo encima (?) -
    Me levante congestionada... -Siente que la vida la odia - Y desperté por culpa de un calambre... -Solo falta que le cayera el techo encima (?) -
    0 turnos 0 maullidos
  • ❝A Hebe, la Diosa de la juventud y vitalidad, también le gusta ir a la playa. Observar las olas tranquilas o cambiantes, el cielo que se funde y pierde entre sus ojos felices y tranquilos. La arena calienta no le quema tanto como cuando fue de visita al Inframundo con su tío Hades, esta es agradable pero sabe que solo un momento es que debe estar bajo los rayos de este sol."
    ❝A Hebe, la Diosa de la juventud y vitalidad, también le gusta ir a la playa. Observar las olas tranquilas o cambiantes, el cielo que se funde y pierde entre sus ojos felices y tranquilos. La arena calienta no le quema tanto como cuando fue de visita al Inframundo con su tío Hades, esta es agradable pero sabe que solo un momento es que debe estar bajo los rayos de este sol."
    Me encocora
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝑹𝒆𝒄𝒖𝒆𝒓𝒅𝒐𝒔
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤcon Daryl Dixon


    Cada paso era más duro que el anterior. La carretera se extendía ante ella como un desierto árido con los árboles inclinándose sobre el asfalto como sombras al acecho. El sol ya empezaba a descender, y Liv sabía que tenía que encontrar refugio antes de que la oscuridad la tragara por completo.

    Pero no podía detenerse. Si lo hacía, la realidad la alcanzaría.

    La prisión había caído. La casa que habían construido, la seguridad que creyeron posible… todo se había convertido en humo y gritos. El rugido del tanque aún vibraba en su cabeza, el eco de las balas silbando entre las rejas. Se aferró a la mochila como si eso pudiera devolverle todo lo que había perdido.

    El viento susurró entre los árboles, y Liv cerró los ojos por un instante, buscando algo a lo que aferrarse:



    ⸻⸻ El motor del coche ronroneaba suavemente mientras avanzaban por la carretera llena de grietas y restos de escombros. Daryl conducía con una mano en el volante y la otra descansando sobre su ballesta. Liv iba en el asiento del copiloto, con la mirada recorriendo los alrededores en busca de cualquier movimiento. La patrulla de aquel día había sido tranquila, lo que nunca era una buena señal.

    —Nada útil hasta ahora —murmuró ella, echando un vistazo a la carretera. Todo parecía tranquilo.

    Daryl no respondió, pero su ceño se frunció de golpe.

    —Ahí —dijo, inclinando la cabeza hacia adelante.

    Liv siguió su mirada y vio a un hombre caminando por el borde de la carretera, con la mochila colgando de uno de sus hombros. No se tambaleaba como un caminante. Estaba sucio, con la ropa gastada y una postura cansada, pero estaba claro que estaba vivo.

    Daryl pisó el freno y detuvo el coche. Ambos se quedaron en silencio unos segundos, evaluando la situación.

    —Podría ser una trampa —susurró Liv.

    —O solo un pobre diablo —respondió Daryl, tomando su ballesta antes de abrir la puerta.

    Liv suspiró y salió del coche junto a él. El sonido de las puertas al cerrarse hizo que el hombre se detuviera en seco y alzase ambas manos en señal de rendición.

    —No quiero problemas —dijo con voz áspera—. Solo... estoy buscando un lugar donde quedarme.

    Liv y Daryl se acercaron con cautela.

    —¿Tienes armas? —preguntó Daryl con tono serio.

    El hombre negó con la cabeza y dejó caer su mochila al suelo, abriéndola para que vieran su contenido.

    —Nada. Perdí todo hace días. Solo me queda esto —explicó, señalando la botella de agua medio vacía en su cinturón.

    —¿Cómo te llamas? —intervino Liv.

    —Bob. Bob Stookey.

    Daryl lo estudió con detenimiento. No parecía una amenaza, pero en ese mundo, nunca se sabía.

    —¿Cuánto tiempo llevas solo? —preguntó.

    —Desde que mi último grupo cayó. Un mes, tal vez más.

    Se hizo un breve silencio. Bob parecía resignado a cualquier respuesta que pudieran darle, como si estuviera acostumbrado a los rechazos.

    Liv miró a Daryl. Sabía lo que él estaba pensando: llevarlo a la prisión era un riesgo, pero también sabían lo que era estar solos en un mundo como ese.

    —Podemos llevarte con nosotros —dijo finalmente—. Tenemos un grupo. Un lugar seguro.

    Bob parpadeó, como si la idea le pareciera demasiado buena para ser cierta.

    —¿De veras?

    Daryl chasqueó la lengua.

    —No hagas que nos arrepintamos.

    Bob asintió de inmediato.

    —No lo haré. Lo prometo.

    Daryl inclinó la cabeza hacia el coche.

    —Sube.

    Bob recogió su mochila y se apresuró a abrir la puerta trasera. Liv lo observó por el retrovisor mientras se acomodaba en el asiento. Puede que fuera un riesgo, pero en ese mundo, la única forma de sobrevivir era seguir intentándolo. Porque Andrea tuvo razón al decir que nadie podría sobrevivir solo.


    #Personajes3D #3D #Comunidad3D #OneShot
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝑹𝒆𝒄𝒖𝒆𝒓𝒅𝒐𝒔 ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤcon [DarylDixon] Cada paso era más duro que el anterior. La carretera se extendía ante ella como un desierto árido con los árboles inclinándose sobre el asfalto como sombras al acecho. El sol ya empezaba a descender, y Liv sabía que tenía que encontrar refugio antes de que la oscuridad la tragara por completo. Pero no podía detenerse. Si lo hacía, la realidad la alcanzaría. La prisión había caído. La casa que habían construido, la seguridad que creyeron posible… todo se había convertido en humo y gritos. El rugido del tanque aún vibraba en su cabeza, el eco de las balas silbando entre las rejas. Se aferró a la mochila como si eso pudiera devolverle todo lo que había perdido. El viento susurró entre los árboles, y Liv cerró los ojos por un instante, buscando algo a lo que aferrarse: ⸻⸻ El motor del coche ronroneaba suavemente mientras avanzaban por la carretera llena de grietas y restos de escombros. Daryl conducía con una mano en el volante y la otra descansando sobre su ballesta. Liv iba en el asiento del copiloto, con la mirada recorriendo los alrededores en busca de cualquier movimiento. La patrulla de aquel día había sido tranquila, lo que nunca era una buena señal. —Nada útil hasta ahora —murmuró ella, echando un vistazo a la carretera. Todo parecía tranquilo. Daryl no respondió, pero su ceño se frunció de golpe. —Ahí —dijo, inclinando la cabeza hacia adelante. Liv siguió su mirada y vio a un hombre caminando por el borde de la carretera, con la mochila colgando de uno de sus hombros. No se tambaleaba como un caminante. Estaba sucio, con la ropa gastada y una postura cansada, pero estaba claro que estaba vivo. Daryl pisó el freno y detuvo el coche. Ambos se quedaron en silencio unos segundos, evaluando la situación. —Podría ser una trampa —susurró Liv. —O solo un pobre diablo —respondió Daryl, tomando su ballesta antes de abrir la puerta. Liv suspiró y salió del coche junto a él. El sonido de las puertas al cerrarse hizo que el hombre se detuviera en seco y alzase ambas manos en señal de rendición. —No quiero problemas —dijo con voz áspera—. Solo... estoy buscando un lugar donde quedarme. Liv y Daryl se acercaron con cautela. —¿Tienes armas? —preguntó Daryl con tono serio. El hombre negó con la cabeza y dejó caer su mochila al suelo, abriéndola para que vieran su contenido. —Nada. Perdí todo hace días. Solo me queda esto —explicó, señalando la botella de agua medio vacía en su cinturón. —¿Cómo te llamas? —intervino Liv. —Bob. Bob Stookey. Daryl lo estudió con detenimiento. No parecía una amenaza, pero en ese mundo, nunca se sabía. —¿Cuánto tiempo llevas solo? —preguntó. —Desde que mi último grupo cayó. Un mes, tal vez más. Se hizo un breve silencio. Bob parecía resignado a cualquier respuesta que pudieran darle, como si estuviera acostumbrado a los rechazos. Liv miró a Daryl. Sabía lo que él estaba pensando: llevarlo a la prisión era un riesgo, pero también sabían lo que era estar solos en un mundo como ese. —Podemos llevarte con nosotros —dijo finalmente—. Tenemos un grupo. Un lugar seguro. Bob parpadeó, como si la idea le pareciera demasiado buena para ser cierta. —¿De veras? Daryl chasqueó la lengua. —No hagas que nos arrepintamos. Bob asintió de inmediato. —No lo haré. Lo prometo. Daryl inclinó la cabeza hacia el coche. —Sube. Bob recogió su mochila y se apresuró a abrir la puerta trasera. Liv lo observó por el retrovisor mientras se acomodaba en el asiento. Puede que fuera un riesgo, pero en ese mundo, la única forma de sobrevivir era seguir intentándolo. Porque Andrea tuvo razón al decir que nadie podría sobrevivir solo. #Personajes3D #3D #Comunidad3D #OneShot
    Me gusta
    2
    2 turnos 0 maullidos
Patrocinados