Había guardado con profundo esmero el regalo que le había estado preparando a su novia. Habían sido muchos días de trabajo, pequeños detalles e innumerables fotografías tomadas por casualidad. Esas fotografías eran las favoritas de Irene, pues se veía la verdadera naturaleza del momento, sin filtros ni modelos de por medio.
No sólo había fotografías. Una serie de poemas, dibujos y pinturas de acuarela formaban una especie de batiburrillo hasta completar toda la libreta de viaje. Entre medio, algún que otro pétalo. Una rosa, un clavel, un lirio.
Un poema.
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๐๐๐๐๐๐๐๐ ๐๐ ๐๐ ๐๐๐๐๐๐.
Una foto. Dos. Tres.
Un nuevo dibujo.
Un pequeño desastre escrito en tinta y acuarela.
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Había guardado con profundo esmero el regalo que le había estado preparando a su novia. Habían sido muchos días de trabajo, pequeños detalles e innumerables fotografías tomadas por casualidad. Esas fotografías eran las favoritas de Irene, pues se veía la verdadera naturaleza del momento, sin filtros ni modelos de por medio.
No sólo había fotografías. Una serie de poemas, dibujos y pinturas de acuarela formaban una especie de batiburrillo hasta completar toda la libreta de viaje. Entre medio, algún que otro pétalo. Una rosa, un clavel, un lirio.
Un poema.
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