• El Encuentro de las Dos Sendas: Maestro y Aprendiz en la Oficina Arcana
    Fandom Ninguno
    Categoría Fantasía
    Todo parecía ser un día habitual en una de las tantas sucursales del departamento de seguridad mágica. En donde aquel joven prodigio se encontraba haciendo papeleo, ya fuera haciendo reportes de misiones pasadas o leyendo nuevas peticiones de misiones nuevas. En medio de aquellos papeles, uno llamo su atención y es que era una petición de una madre sobre el guiar a su hija como hechicera. Claramente arqueó una ceja, no porque le incomodará la petición pero tenía duda de como llegó hacia él, pues el era un agente de seguridad, no un profesor. Igualmente mientras meditaba las implicaciones de la petición, escucho que tocaron a la puerta. Así que se levanto con elegancia, y abrió la puerta.


    ⸻ ¿Si? ¿En que puedo ayudarle?


    Fueron sus primeras palabras hacia la persona detrás de la puerta. Un tono cordial pero serio.


    Whit: Zahmira
    Todo parecía ser un día habitual en una de las tantas sucursales del departamento de seguridad mágica. En donde aquel joven prodigio se encontraba haciendo papeleo, ya fuera haciendo reportes de misiones pasadas o leyendo nuevas peticiones de misiones nuevas. En medio de aquellos papeles, uno llamo su atención y es que era una petición de una madre sobre el guiar a su hija como hechicera. Claramente arqueó una ceja, no porque le incomodará la petición pero tenía duda de como llegó hacia él, pues el era un agente de seguridad, no un profesor. Igualmente mientras meditaba las implicaciones de la petición, escucho que tocaron a la puerta. Así que se levanto con elegancia, y abrió la puerta. ⸻ ¿Si? ¿En que puedo ayudarle? Fueron sus primeras palabras hacia la persona detrás de la puerta. Un tono cordial pero serio. Whit: [Zhamira_01]
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    Individual
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  • Como el día lo ameritaba, Ina se fue a visitar a sus pequeños amiguitos a una granja donde ya conocía a los dueños. Ella de vez en cuando iba para ayudarles con los animales y algunos de los cultivos.

    —Qué bonito es este bebé... Sonríe para la camara. —le habló al cabrito mientras se acercó un poco a donde colocó su teléfono para tomar una foto.
    Como el día lo ameritaba, Ina se fue a visitar a sus pequeños amiguitos a una granja donde ya conocía a los dueños. Ella de vez en cuando iba para ayudarles con los animales y algunos de los cultivos. —Qué bonito es este bebé... Sonríe para la camara. —le habló al cabrito mientras se acercó un poco a donde colocó su teléfono para tomar una foto.
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  • —Wade,estuviste hablado por dos horas de como manoseaste a Coloso,callate de una vez
    —Wade,estuviste hablado por dos horas de como manoseaste a Coloso,callate de una vez
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  • Creo que este traje no es muy adecuado para asaltar y navegar los siete mares. *Dice pensativa*
    Creo que este traje no es muy adecuado para asaltar y navegar los siete mares. *Dice pensativa*
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  • El agua aquí es cálida, pero jamás como los manantiales del cielo… Nada se compara con su pureza, con la caricia de su luz.

    Ojalá pudiera volver a ser un ángel, volver a sentirme en casa…
    El agua aquí es cálida, pero jamás como los manantiales del cielo… Nada se compara con su pureza, con la caricia de su luz. Ojalá pudiera volver a ser un ángel, volver a sentirme en casa…
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  • Dean se puso su camisón morado, ese que para él era tan cómodo como una segunda piel. Apenas lo sintió rozar su espalda, se sintió en casa. Sin pensarlo dos veces, salió de su habitación y echó a correr por los fríos y largos pasillos del búnker, no quería que nadie lo viera. Las luces tenues parpadeaban levemente, acompañando el eco de sus pasos.

    A cada zancada, su sonrisa se ensanchaba. Sabía exactamente a dónde iba: su "cueva", su santuario personal, un rincón que había transformado con el tiempo hasta hacerlo enteramente suyo. Al llegar, empujó la puerta con entusiasmo y se dejó caer en su mullido sofá, ese que había rescatado de alguna tienda de segunda mano, pero que ahora se sentía como el trono de un rey.

    La tele, ya encendida, mostraba alguna repetición de un episodio antiguo de Scooby Doo. En la mesita baja, junto al sofá, estaba su caja de pizza (de la noche anterior), una botella de cerveza a medio terminar y un mando a distancia que parecía hecho a la medida de su mano.

    Dean suspiró, estirándose como un gato satisfecho. Aquella habitación, llena de pequeños tesoros personales, discos viejos, revistas de coches y un poster desgastado de una película ochentera, era su refugio en medio de todo el caos que solía rodear su vida. Y, por un momento, mientras el sonido de la televisión llenaba el aire, todo parecía estar en perfecta calma.

    #Personajes3D #3D #Comunidad3D
    Dean se puso su camisón morado, ese que para él era tan cómodo como una segunda piel. Apenas lo sintió rozar su espalda, se sintió en casa. Sin pensarlo dos veces, salió de su habitación y echó a correr por los fríos y largos pasillos del búnker, no quería que nadie lo viera. Las luces tenues parpadeaban levemente, acompañando el eco de sus pasos. A cada zancada, su sonrisa se ensanchaba. Sabía exactamente a dónde iba: su "cueva", su santuario personal, un rincón que había transformado con el tiempo hasta hacerlo enteramente suyo. Al llegar, empujó la puerta con entusiasmo y se dejó caer en su mullido sofá, ese que había rescatado de alguna tienda de segunda mano, pero que ahora se sentía como el trono de un rey. La tele, ya encendida, mostraba alguna repetición de un episodio antiguo de Scooby Doo. En la mesita baja, junto al sofá, estaba su caja de pizza (de la noche anterior), una botella de cerveza a medio terminar y un mando a distancia que parecía hecho a la medida de su mano. Dean suspiró, estirándose como un gato satisfecho. Aquella habitación, llena de pequeños tesoros personales, discos viejos, revistas de coches y un poster desgastado de una película ochentera, era su refugio en medio de todo el caos que solía rodear su vida. Y, por un momento, mientras el sonido de la televisión llenaba el aire, todo parecía estar en perfecta calma. #Personajes3D #3D #Comunidad3D
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  • 𝘙𝘰𝘴𝘵𝘳𝘰 𝘥𝘦𝘴𝘯𝘶𝘥𝘰 𝘣𝘢𝘫𝘰 𝘦𝘭 𝘢𝘭𝘣𝘢 𝘪𝘯𝘤𝘪𝘦𝘳𝘵𝘢,
    𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘶𝘯 𝘫𝘶𝘳𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘭 𝘷𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘳𝘦𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦.
    𝘚𝘶 𝘱𝘪𝘦𝘭 𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘮𝘢𝘳𝘮𝘰𝘭, 𝘴𝘶 𝘴𝘰𝘮𝘣𝘳𝘢 𝘦𝘴 𝘦𝘵𝘦𝘳𝘯𝘢,
    𝘺 𝘦𝘯 𝘴𝘶𝘴 𝘰𝘫𝘰𝘴 𝘢𝘳𝘥𝘦 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘭 𝘵𝘪𝘦𝘮𝘱𝘰 𝘵𝘦𝘮𝘦.

    𝘈𝘮𝘣𝘢𝘳 𝘥𝘰𝘳𝘮𝘪𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘭𝘶𝘻 𝘥𝘦 𝘴𝘶 𝘭𝘭𝘢𝘯𝘵𝘰,
    𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘵𝘦𝘳𝘮𝘪𝘯𝘢 𝘥𝘦 𝘢𝘳𝘥𝘦𝘳.
    𝘉𝘳𝘪𝘭𝘭𝘢 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘯𝘪𝘦𝘣𝘭𝘢, 𝘰𝘴𝘤𝘶𝘳𝘢 𝘺 𝘦𝘳𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦,
    𝘮𝘢𝘴 𝘯𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘭𝘦 𝘱𝘦𝘴𝘢 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘧𝘶𝘦 𝘢𝘺𝘦𝘳.

    𝘚𝘶 𝘤𝘢𝘣𝘦𝘭𝘭𝘰 𝘦𝘴 𝘵𝘳𝘪𝘨𝘰 𝘣𝘢ñ𝘢𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘢𝘶𝘳𝘰𝘳𝘢,
    𝘩𝘪𝘭𝘰 𝘥𝘦 𝘰𝘳𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘭 𝘢𝘭𝘣𝘢 𝘥𝘦𝘴𝘱𝘪𝘦𝘳𝘵𝘢.
    𝘗𝘦𝘳𝘰 𝘦𝘯 𝘴𝘶 𝘦𝘴𝘱𝘢𝘭𝘥𝘢, 𝘥𝘰𝘯𝘥𝘦 𝘩𝘶𝘣𝘰 𝘶𝘯 𝘮𝘶𝘳𝘮𝘶𝘭𝘭𝘰,
    𝘲𝘶𝘦𝘥𝘢 𝘦𝘭 𝘳𝘰𝘤𝘦 𝘥𝘦𝘭 𝘷𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘺 𝘯𝘢𝘥𝘢 𝘮𝘢𝘴.

    𝘠𝘢 𝘯𝘰 𝘮𝘪𝘳𝘢 𝘢𝘭 𝘤𝘪𝘦𝘭𝘰 𝘤𝘰𝘯 𝘢𝘯𝘴𝘪𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘢𝘭𝘵𝘶𝘳𝘢,
    𝘯𝘪 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘷𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘭𝘢 𝘴𝘰𝘮𝘣𝘳𝘢 𝘥𝘦 𝘢𝘺𝘦𝘳.
    𝘊𝘢𝘮𝘪𝘯𝘢 𝘥𝘦𝘴𝘱𝘢𝘤𝘪𝘰, 𝘴𝘪𝘯 𝘩𝘶𝘦𝘭𝘭𝘢𝘴, 𝘴𝘪𝘯 𝘱𝘳𝘪𝘴𝘢,
    𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘴𝘪 𝘦𝘭 𝘴𝘶𝘦𝘭𝘰 𝘴𝘶𝘱𝘪𝘦𝘳𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘤𝘢𝘺𝘰.

    〈 Para muchos no lo sera, pero para mi esto es un buen #SeductiveSunday. El face reveal de Móiril ♡ 〉
    𝘙𝘰𝘴𝘵𝘳𝘰 𝘥𝘦𝘴𝘯𝘶𝘥𝘰 𝘣𝘢𝘫𝘰 𝘦𝘭 𝘢𝘭𝘣𝘢 𝘪𝘯𝘤𝘪𝘦𝘳𝘵𝘢, 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘶𝘯 𝘫𝘶𝘳𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘭 𝘷𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘳𝘦𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦. 𝘚𝘶 𝘱𝘪𝘦𝘭 𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘮𝘢𝘳𝘮𝘰𝘭, 𝘴𝘶 𝘴𝘰𝘮𝘣𝘳𝘢 𝘦𝘴 𝘦𝘵𝘦𝘳𝘯𝘢, 𝘺 𝘦𝘯 𝘴𝘶𝘴 𝘰𝘫𝘰𝘴 𝘢𝘳𝘥𝘦 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘭 𝘵𝘪𝘦𝘮𝘱𝘰 𝘵𝘦𝘮𝘦. 𝘈𝘮𝘣𝘢𝘳 𝘥𝘰𝘳𝘮𝘪𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘭𝘶𝘻 𝘥𝘦 𝘴𝘶 𝘭𝘭𝘢𝘯𝘵𝘰, 𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘵𝘦𝘳𝘮𝘪𝘯𝘢 𝘥𝘦 𝘢𝘳𝘥𝘦𝘳. 𝘉𝘳𝘪𝘭𝘭𝘢 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘯𝘪𝘦𝘣𝘭𝘢, 𝘰𝘴𝘤𝘶𝘳𝘢 𝘺 𝘦𝘳𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦, 𝘮𝘢𝘴 𝘯𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘭𝘦 𝘱𝘦𝘴𝘢 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘧𝘶𝘦 𝘢𝘺𝘦𝘳. 𝘚𝘶 𝘤𝘢𝘣𝘦𝘭𝘭𝘰 𝘦𝘴 𝘵𝘳𝘪𝘨𝘰 𝘣𝘢ñ𝘢𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘢𝘶𝘳𝘰𝘳𝘢, 𝘩𝘪𝘭𝘰 𝘥𝘦 𝘰𝘳𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘭 𝘢𝘭𝘣𝘢 𝘥𝘦𝘴𝘱𝘪𝘦𝘳𝘵𝘢. 𝘗𝘦𝘳𝘰 𝘦𝘯 𝘴𝘶 𝘦𝘴𝘱𝘢𝘭𝘥𝘢, 𝘥𝘰𝘯𝘥𝘦 𝘩𝘶𝘣𝘰 𝘶𝘯 𝘮𝘶𝘳𝘮𝘶𝘭𝘭𝘰, 𝘲𝘶𝘦𝘥𝘢 𝘦𝘭 𝘳𝘰𝘤𝘦 𝘥𝘦𝘭 𝘷𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘺 𝘯𝘢𝘥𝘢 𝘮𝘢𝘴. 𝘠𝘢 𝘯𝘰 𝘮𝘪𝘳𝘢 𝘢𝘭 𝘤𝘪𝘦𝘭𝘰 𝘤𝘰𝘯 𝘢𝘯𝘴𝘪𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘢𝘭𝘵𝘶𝘳𝘢, 𝘯𝘪 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘷𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘭𝘢 𝘴𝘰𝘮𝘣𝘳𝘢 𝘥𝘦 𝘢𝘺𝘦𝘳. 𝘊𝘢𝘮𝘪𝘯𝘢 𝘥𝘦𝘴𝘱𝘢𝘤𝘪𝘰, 𝘴𝘪𝘯 𝘩𝘶𝘦𝘭𝘭𝘢𝘴, 𝘴𝘪𝘯 𝘱𝘳𝘪𝘴𝘢, 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘴𝘪 𝘦𝘭 𝘴𝘶𝘦𝘭𝘰 𝘴𝘶𝘱𝘪𝘦𝘳𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘤𝘢𝘺𝘰. 〈 Para muchos no lo sera, pero para mi esto es un buen #SeductiveSunday. El face reveal de Móiril ♡ 〉
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  • Las expectativas de otros no dictan mi camino.
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  • Siento una extraña presencia por aquí. -Gracias a mi querido amigo 𝑆𝑒𝑟𝑝𝑖𝑒𝑛𝑡𝑒
    Siento una extraña presencia por aquí. -Gracias a mi querido amigo [SDark0]
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  • El sol empezaba a descender, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados mientras Maki Zenin salía del campo de entrenamiento, con la camiseta empapada de sudor y el cabello despeinado. Se pasó una mano por la frente, alejando algunos mechones rebeldes, y dejó escapar un largo suspiro de satisfacción. Había sido un buen día.

    Horas de práctica intensa, repitiendo movimientos hasta que sus músculos ardieron, pero valía la pena. Cada gota de sudor era un paso más lejos de los Zenin y su estúpida visión de la fuerza. Ella iba a demostrarles que el talento no significaba nada frente al esfuerzo puro.

    El pasillo estaba desierto, y por primera vez en mucho tiempo, sintió que el silencio no era tan malo. Sin Panda parloteando sin parar o Inumaki limitándose a sus “salmones” y “bonitos,” el mundo parecía moverse más lento. Hasta podía escuchar el suave susurro del viento afuera.

    De camino a su habitación, hizo una parada en la máquina expendedora. Metió unas monedas y presionó el botón para una bebida energética. El sonido del bote cayendo al compartimento resonó fuerte en el pasillo vacío. Se inclinó para recogerlo y, sin pensarlo mucho, se dejó caer en un banco cercano, sintiendo cómo sus músculos se relajaban.

    —Por fin... un momento de paz... —murmuró, apoyando la cabeza contra la pared mientras el frío de la lata refrescaba sus manos.

    Cerró los ojos, permitiéndose unos minutos para disfrutar del silencio y la brisa que se colaba por las ventanas abiertas. La bebida era amarga, pero reconfortante, y sintió la energía regresar poco a poco a su cuerpo agotado.

    Sin nada que hacer y nadie que la molestara, su mente empezó a divagar. Pensó en Mai, en sus palabras llenas de resentimiento y dolor. En cómo las cosas podrían haber sido diferentes si... pero no, sacudió la cabeza. No tenía caso pensar en “qué pasaría si.” Ella ya había tomado su decisión.

    —Idiota... —susurró, más para sí misma que para nadie más.

    Dejó escapar una risa corta y seca. Sí, era una idiota, pero una idiota con metas claras y con la determinación de alcanzarlas, sin importar lo que dijeran los demás.

    El cielo seguía cambiando de color, y el aire se sentía más fresco. Maki dejó que su cuerpo se hundiera un poco más en el banco, mirando las nubes moverse lentamente. No tenía prisa. Al menos por hoy, podía permitirse unos minutos más de descanso antes de volver a cargar su peso sobre los hombros.

    Bebió otro trago y cerró los ojos, permitiéndose disfrutar el momento.
    El sol empezaba a descender, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados mientras Maki Zenin salía del campo de entrenamiento, con la camiseta empapada de sudor y el cabello despeinado. Se pasó una mano por la frente, alejando algunos mechones rebeldes, y dejó escapar un largo suspiro de satisfacción. Había sido un buen día. Horas de práctica intensa, repitiendo movimientos hasta que sus músculos ardieron, pero valía la pena. Cada gota de sudor era un paso más lejos de los Zenin y su estúpida visión de la fuerza. Ella iba a demostrarles que el talento no significaba nada frente al esfuerzo puro. El pasillo estaba desierto, y por primera vez en mucho tiempo, sintió que el silencio no era tan malo. Sin Panda parloteando sin parar o Inumaki limitándose a sus “salmones” y “bonitos,” el mundo parecía moverse más lento. Hasta podía escuchar el suave susurro del viento afuera. De camino a su habitación, hizo una parada en la máquina expendedora. Metió unas monedas y presionó el botón para una bebida energética. El sonido del bote cayendo al compartimento resonó fuerte en el pasillo vacío. Se inclinó para recogerlo y, sin pensarlo mucho, se dejó caer en un banco cercano, sintiendo cómo sus músculos se relajaban. —Por fin... un momento de paz... —murmuró, apoyando la cabeza contra la pared mientras el frío de la lata refrescaba sus manos. Cerró los ojos, permitiéndose unos minutos para disfrutar del silencio y la brisa que se colaba por las ventanas abiertas. La bebida era amarga, pero reconfortante, y sintió la energía regresar poco a poco a su cuerpo agotado. Sin nada que hacer y nadie que la molestara, su mente empezó a divagar. Pensó en Mai, en sus palabras llenas de resentimiento y dolor. En cómo las cosas podrían haber sido diferentes si... pero no, sacudió la cabeza. No tenía caso pensar en “qué pasaría si.” Ella ya había tomado su decisión. —Idiota... —susurró, más para sí misma que para nadie más. Dejó escapar una risa corta y seca. Sí, era una idiota, pero una idiota con metas claras y con la determinación de alcanzarlas, sin importar lo que dijeran los demás. El cielo seguía cambiando de color, y el aire se sentía más fresco. Maki dejó que su cuerpo se hundiera un poco más en el banco, mirando las nubes moverse lentamente. No tenía prisa. Al menos por hoy, podía permitirse unos minutos más de descanso antes de volver a cargar su peso sobre los hombros. Bebió otro trago y cerró los ojos, permitiéndose disfrutar el momento.
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