• El Olimpo ardía bajo la ira de Apolo. No con fuego, sino con el gélido desprecio de un dios que había decidido apartarse de sus iguales.

    Había pasado demasiado tiempo siendo el ejecutor de la voluntad de su padre, demasiado tiempo viendo cómo los dioses jugaban con los mortales, destruyendo y creando con la misma facilidad con la que el viento mueve las hojas. Se había cansado de las intrigas, de la arrogancia de sus hermanos, del peso de las profecías que le obligaban a ver futuros que no podía cambiar.

    Así que descendió.

    Dejó el Olimpo atrás y caminó entre los hombres, no como un dios, sino como uno de ellos. Vio su lucha, su esperanza, su miedo, y decidió que su poder no pertenecería más a los caprichos del Olimpo, sino a aquellos que realmente lo necesitaban.

    Cuando los dioses buscaron su regreso, él se negó. Ni siquiera Hermes con sus palabras hábiles pudo convencerlo. Ni siquiera Atenea con su sabiduría. Ni siquiera su madre, Leto, con su ternura.

    Solo Artemisa podía acercarse a él sin que su mirada se volviera hielo. Su hermana, su igual, la única que comprendía el peso de la inmortalidad. Cuando ella vino a buscarlo, Apolo no la rechazó, pero tampoco volvió con ella.

    —El Olimpo ya no es mi hogar —dijo con voz firme—. Allí solo hay sombras que juegan a ser dioses.

    Artemisa lo miró en silencio, con el entendimiento de quien ha sentido la misma decepción. No intentó convencerlo, no intentó forzarlo.

    —Entonces no estarás solo —fue todo lo que dijo antes de sentarse a su lado, contemplando con él el mundo que los dioses nunca entenderían. Agradecía que su hermana de sangre nunca lo abandonará, era la única Diosa que merecía la pena, las demás eran unas consentidas y mal criadas, arrogantes y caprichosas, sentía desdén y hastío por su "familia."
    El Olimpo ardía bajo la ira de Apolo. No con fuego, sino con el gélido desprecio de un dios que había decidido apartarse de sus iguales. Había pasado demasiado tiempo siendo el ejecutor de la voluntad de su padre, demasiado tiempo viendo cómo los dioses jugaban con los mortales, destruyendo y creando con la misma facilidad con la que el viento mueve las hojas. Se había cansado de las intrigas, de la arrogancia de sus hermanos, del peso de las profecías que le obligaban a ver futuros que no podía cambiar. Así que descendió. Dejó el Olimpo atrás y caminó entre los hombres, no como un dios, sino como uno de ellos. Vio su lucha, su esperanza, su miedo, y decidió que su poder no pertenecería más a los caprichos del Olimpo, sino a aquellos que realmente lo necesitaban. Cuando los dioses buscaron su regreso, él se negó. Ni siquiera Hermes con sus palabras hábiles pudo convencerlo. Ni siquiera Atenea con su sabiduría. Ni siquiera su madre, Leto, con su ternura. Solo Artemisa podía acercarse a él sin que su mirada se volviera hielo. Su hermana, su igual, la única que comprendía el peso de la inmortalidad. Cuando ella vino a buscarlo, Apolo no la rechazó, pero tampoco volvió con ella. —El Olimpo ya no es mi hogar —dijo con voz firme—. Allí solo hay sombras que juegan a ser dioses. Artemisa lo miró en silencio, con el entendimiento de quien ha sentido la misma decepción. No intentó convencerlo, no intentó forzarlo. —Entonces no estarás solo —fue todo lo que dijo antes de sentarse a su lado, contemplando con él el mundo que los dioses nunca entenderían. Agradecía que su hermana de sangre nunca lo abandonará, era la única Diosa que merecía la pena, las demás eran unas consentidas y mal criadas, arrogantes y caprichosas, sentía desdén y hastío por su "familia."
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  • hoy me apetecía compartir un poco de mi reciente sesión de fotos
    hoy me apetecía compartir un poco de mi reciente sesión de fotos 🤭
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  • Menardi Sakamaki Pilar de la Luz
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  • Demasiado calor, odio el calor, me derrito.
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  • El hombre cerró los ojos, fastidiado. Llevaba un par de días con dolor de cabeza y por mucha pastilla que tomara el dolor aumentaba en lugar de disminuir, como debería ocurrir. Para más inri, las noches estaban plagadas de sueños extraños. ¿Quién era ese tal rahl el oscuro? ¿Y ese tal Richard al que tanto parecía odiar? ¿Dónde había visto él aquel jardín?

    Se giró entre las mantas y soltó el aire entre los dientes. La cabeza lo estaba matando y para empeorarlo aún más, comenzaba a tener frío.

    De pronto la oscuridad lo reclamó. Una risa cruel inundó su cabeza... Y aquel hombre no supo más.

    rahl el oscuro abrió los ojos tras unos cuantos miles de años atrapado en la oscuridad; el hechizo había funcionado y volvía a encontrarse vivo. le había costado horrores, pero tras muchos intentos logró anclar parte de su espíritu al mundo. Perdió poder en sus últimos días, pero mereció la pena. Se encontraba en un cuerpo joven, listo para volver a vivir. Abrió la boca y rió con malicia, apartando las mantas de una patada.

    Alzó una mano y una luz se encendió en respuesta, respondiendo a su pregunta no formulada. No, no había perdido los poderes al encarnarse en el cuerpo de aquel estúpido mortal. Tendría que aprender bastante sobre el mundo actual, pero para eso tenía los conocimientos de aquel pobre humano mediocre. Pronto volvería a recuperar lo que era suyo.
    El hombre cerró los ojos, fastidiado. Llevaba un par de días con dolor de cabeza y por mucha pastilla que tomara el dolor aumentaba en lugar de disminuir, como debería ocurrir. Para más inri, las noches estaban plagadas de sueños extraños. ¿Quién era ese tal rahl el oscuro? ¿Y ese tal Richard al que tanto parecía odiar? ¿Dónde había visto él aquel jardín? Se giró entre las mantas y soltó el aire entre los dientes. La cabeza lo estaba matando y para empeorarlo aún más, comenzaba a tener frío. De pronto la oscuridad lo reclamó. Una risa cruel inundó su cabeza... Y aquel hombre no supo más. rahl el oscuro abrió los ojos tras unos cuantos miles de años atrapado en la oscuridad; el hechizo había funcionado y volvía a encontrarse vivo. le había costado horrores, pero tras muchos intentos logró anclar parte de su espíritu al mundo. Perdió poder en sus últimos días, pero mereció la pena. Se encontraba en un cuerpo joven, listo para volver a vivir. Abrió la boca y rió con malicia, apartando las mantas de una patada. Alzó una mano y una luz se encendió en respuesta, respondiendo a su pregunta no formulada. No, no había perdido los poderes al encarnarse en el cuerpo de aquel estúpido mortal. Tendría que aprender bastante sobre el mundo actual, pero para eso tenía los conocimientos de aquel pobre humano mediocre. Pronto volvería a recuperar lo que era suyo.
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  • —Ir a curiosear desde el Olimpo no funciona cuando tienen visión ultrafina()... , Ni puedo ir de incognita, ni siquiera la capa me funciona para pasar desapercibida. —murmuro ocultando mis palabras. «Ares espero que la curiosidad que has levantado en mi, no sea un caos para mi... ¡soy una Diosa embarazada! Si esto sale mal, papá te reventara(?»
    —Ir a curiosear desde el Olimpo no funciona cuando tienen visión ultrafina(⭐)... , Ni puedo ir de incognita, ni siquiera la capa me funciona para pasar desapercibida. —murmuro ocultando mis palabras. «Ares espero que la curiosidad que has levantado en mi, no sea un caos para mi... ¡soy una Diosa embarazada! Si esto sale mal, papá te reventara(?»
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  • ¿Que? Es fancy comer fideos en vasito.

    —Tiene una mirada seria mientras come sus fideos instantáneos en su taza roja.—
    ¿Que? Es fancy comer fideos en vasito. —Tiene una mirada seria mientras come sus fideos instantáneos en su taza roja.—
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  • !!Te dije que no movieras mis cosas de su lugar !!
    Cuántas veces te lo tengo que repetir !!
    !!Te dije que no movieras mis cosas de su lugar !! Cuántas veces te lo tengo que repetir !!
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  • — Alguna vez, sin saberlo, soñaste con alguien que en el futuro irías a conocer? —
    — Alguna vez, sin saberlo, soñaste con alguien que en el futuro irías a conocer? —
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  • ¿Tal vez, debería ser como Artemisa, la diosa de la luna y de la caza, debería hacer votos de castidad y quedarme asi toda la vida?
    ¿Tal vez, debería ser como Artemisa, la diosa de la luna y de la caza, debería hacer votos de castidad y quedarme asi toda la vida?
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