• No se atrevan... a hacer un paso en falso, sólo muévase un milímetro, y mis katanas les rebanaran el cuello....
    No se atrevan... a hacer un paso en falso, sólo muévase un milímetro, y mis katanas les rebanaran el cuello....
    0 turnos 0 maullidos
  • —Estar relacionado a la muerte, o ser su encarnación, no es tan terrible como lo aparenta.

    A veces, es hermoso ver el ciclo de la vida darle forma a una criatura, desde la más simple que existe en este mundo.

    Crecer, y finalizar sus días de forma natural, es algo bello a su manera
    —Estar relacionado a la muerte, o ser su encarnación, no es tan terrible como lo aparenta. A veces, es hermoso ver el ciclo de la vida darle forma a una criatura, desde la más simple que existe en este mundo. Crecer, y finalizar sus días de forma natural, es algo bello a su manera
    Me gusta
    Me encocora
    Me endiabla
    5
    1 turno 0 maullidos
  • *Es una gatita rosa que se tiro al césped a dormir un poco, mientras algunos estaban jugando y las cuidadoras vigilan qué nada les pase. *
    *Es una gatita rosa que se tiro al césped a dormir un poco, mientras algunos estaban jugando y las cuidadoras vigilan qué nada les pase. *
    Me encocora
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • -suspiro de alivio al ver todo listo para abrir a media noche ♡ -
    -suspiro de alivio al ver todo listo para abrir a media noche ♡ -
    Me gusta
    Me encocora
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • - Aquél loco engreído de cabellos chillantes seguía con la misma idea, no asimilaba que Abel se uniera con una mujer como Yelena.

    Las pretendientes que "B" había tenido fueron esas chicas llamativas, exuberantes y con un físico de infarto, la pequeña rubia de voz angelical era todo lo opuesto.

    Diminuta, con proporciones algo peculiares, parecia una niña en desarrollo al lado de ambos y era invidente para rematar.

    Pero la respuesta era la misma.-

    Jamás entenderías, ya que nunca has amado de verdad...

    -Para "B", Yelena era su mundo, su gran regalo del universo, su recompensa por tanto sufrimiento, era simplemente el amor de su vida.

    - Aquél loco engreído de cabellos chillantes seguía con la misma idea, no asimilaba que Abel se uniera con una mujer como Yelena. Las pretendientes que "B" había tenido fueron esas chicas llamativas, exuberantes y con un físico de infarto, la pequeña rubia de voz angelical era todo lo opuesto. Diminuta, con proporciones algo peculiares, parecia una niña en desarrollo al lado de ambos y era invidente para rematar. Pero la respuesta era la misma.- Jamás entenderías, ya que nunca has amado de verdad... -Para "B", Yelena era su mundo, su gran regalo del universo, su recompensa por tanto sufrimiento, era simplemente el amor de su vida.
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • Estaban comiendo tranquilamente cuando su madre dijo bien alegre

    "— Por cierto, cuando me daran nietos? —"

    A lo que daniel tosio nervioso

    Adriana Salvatore
    Estaban comiendo tranquilamente cuando su madre dijo bien alegre "— Por cierto, cuando me daran nietos? —" A lo que daniel tosio nervioso [Adri_Salvatore]
    Me gusta
    Me encocora
    2
    6 turnos 0 maullidos
  • Un nuevo rostro en el gimnasio
    Categoría Slice of Life
    * Estando Yuna prácticamente sola en el gimnasio decidió seguir entrenando, a los pocos minutos veía un grupo de nuevas personas para entrenar con su correspondiente entrenador o entrenadora para los ejercicios, entre ellas destacaba una chica de aspecto joven tal vez de la misma edad que Yuna, cuál se separó del grupo y empezó a entrar mostrando que tenía experiencia en los gimnasios aun no pareciendo fuerte.

    Pero sorprendía bastante, pronto descubriría su nombre Kaori ([nova_jade_cow_441]), ya que se le había acercado un entrenador preguntándole si necesitaba ayuda a la que esta negó *

    Interesante...

    *Dijo Yuna fijándose en unas marcas debajo de los ojos de Kaori lo que le hizo dudar si era una simple humana o de una raza no humana como pasaba con ella*
    * Estando Yuna prácticamente sola en el gimnasio decidió seguir entrenando, a los pocos minutos veía un grupo de nuevas personas para entrenar con su correspondiente entrenador o entrenadora para los ejercicios, entre ellas destacaba una chica de aspecto joven tal vez de la misma edad que Yuna, cuál se separó del grupo y empezó a entrar mostrando que tenía experiencia en los gimnasios aun no pareciendo fuerte. Pero sorprendía bastante, pronto descubriría su nombre Kaori ([nova_jade_cow_441]), ya que se le había acercado un entrenador preguntándole si necesitaba ayuda a la que esta negó * Interesante... *Dijo Yuna fijándose en unas marcas debajo de los ojos de Kaori lo que le hizo dudar si era una simple humana o de una raza no humana como pasaba con ella*
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me encocora
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Cofjhhh.... Cofjhhhh... Sucios mortales... Cofjhhh... Sufrireis el peor castigo... Ustedes y sus crias.... Cofjhhh....
    Cofjhhh.... Cofjhhhh... Sucios mortales... Cofjhhh... Sufrireis el peor castigo... Ustedes y sus crias.... Cofjhhh.... 🐾💤
    0 turnos 0 maullidos
  • Matsunaga Okiko (松永 沖子)

    Edad: 42 años
    Estatura: 1.55 m
    Cabello: Negro azabache, ondulado, largo hasta la mitad de la espalda. Siempre recogido.
    Ojos: Negros como tinta, serenos y profundos. Su mirada evoca nostalgia por una época a la que se le tienr añoranza.
    Vestimenta: Tradicional, yukata, kimono o vestidos bastante conservadores.

    Apariencia y Estilo:
    Okiko viste con ropas tradicionales japonesas, generalmente kimonos de algodón en tonos suaves o apagados: añil, gris, verde musgo. Siempre impecable, pero sin adornos innecesarios. Su andar es silencioso, descalza en su restaurante, como si flotara entre las mesas. No lleva perfume, pero huele a arroz recién cocido, a miso y a flores de campo.


    Personalidad: Es una mujer de la era moderna con el alma de la era Edo.
    Es extremadamente callada, pero su silencio nunca incomoda… al contrario, da paz. Habla con gestos, con acciones pequeñas: una toalla húmeda y cálida para limpiar tus manos, una taza que aparece sin que la pidas, una manta cuando te ve temblar, una servilleta doblada con esmero al lado de tus lágrimas.

    Okiko es una figura maternal universal, aunque nunca haya tenido hijos propios. Cada cliente es su hijo adoptivo sin saberlo. Se nota en cómo los observa, cómo recuerda qué le duele a cada uno sin que se lo digan.

    No alza la voz. No sermonea. Pero su presencia impone una calma tan profunda que hasta el más ruidoso guarda silencio cuando ella entra.


    Historia personal:

    Nació en una pequeña aldea a las faldas de una zona poco habitada, pasando los enormes campos de arroz, allá donde no existen las tiendas de conveniencia, y muy apenas si hay línea telefónica, donde la pérdida y la responsabilidad llegaron temprano.

    Okiko es la tercera de tres hermanos, su padre y el hermano mayor fallecieron auxiliando a la gente después de un deslizamiento después de un terremoto. (Okiko tenía solo 5 años cuando pasó)
    Y su segundo hermano se quitó la vida por la depresión, (Okiko tenía 12 años)

    Asi que pronto ella fue la que tuvo que atender a su madre y familia. Tomando esa responsabilidad ante la tragedia.

    Nunca se casó. Nunca lo necesitó. Dicen que tuvo un gran amor, pero lo enterró en su corazón sin palabras.

    Se trasladó a Tokio en silencio y abrió un restaurante pequeño, de esos que solo se encuentran si los necesitas. Y si los necesitas, ella ya lo sabe.

    》Dueña del Restaurante
    "Yoru no Haha"
    (La Madre de la Noche):

    Solo abre de noche, entre la medianoche y cierra a las 6:45 a.m.
    El restaurante no tiene cartel. Las personas que entran son almas en búsqueda: de consuelo, de hogar, de alguien que no los juzgue.

    Sus recetas son humildes, casi siempre platos de la infancia japonesa: sopa de miso con arroz, nikujaga, tamagoyaki, pescado a la parrilla. Pero cada bocado es como una caricia al alma. No cocina para impresionar… cocina para sanar.

    A veces, simplemente un gesto leve… una taza empujada suavemente hacia ti, como diciendo “te entiendo, no hables aún.”
    Matsunaga Okiko (松永 沖子) Edad: 42 años Estatura: 1.55 m Cabello: Negro azabache, ondulado, largo hasta la mitad de la espalda. Siempre recogido. Ojos: Negros como tinta, serenos y profundos. Su mirada evoca nostalgia por una época a la que se le tienr añoranza. Vestimenta: Tradicional, yukata, kimono o vestidos bastante conservadores. Apariencia y Estilo: Okiko viste con ropas tradicionales japonesas, generalmente kimonos de algodón en tonos suaves o apagados: añil, gris, verde musgo. Siempre impecable, pero sin adornos innecesarios. Su andar es silencioso, descalza en su restaurante, como si flotara entre las mesas. No lleva perfume, pero huele a arroz recién cocido, a miso y a flores de campo. Personalidad: Es una mujer de la era moderna con el alma de la era Edo. Es extremadamente callada, pero su silencio nunca incomoda… al contrario, da paz. Habla con gestos, con acciones pequeñas: una toalla húmeda y cálida para limpiar tus manos, una taza que aparece sin que la pidas, una manta cuando te ve temblar, una servilleta doblada con esmero al lado de tus lágrimas. Okiko es una figura maternal universal, aunque nunca haya tenido hijos propios. Cada cliente es su hijo adoptivo sin saberlo. Se nota en cómo los observa, cómo recuerda qué le duele a cada uno sin que se lo digan. No alza la voz. No sermonea. Pero su presencia impone una calma tan profunda que hasta el más ruidoso guarda silencio cuando ella entra. Historia personal: Nació en una pequeña aldea a las faldas de una zona poco habitada, pasando los enormes campos de arroz, allá donde no existen las tiendas de conveniencia, y muy apenas si hay línea telefónica, donde la pérdida y la responsabilidad llegaron temprano. Okiko es la tercera de tres hermanos, su padre y el hermano mayor fallecieron auxiliando a la gente después de un deslizamiento después de un terremoto. (Okiko tenía solo 5 años cuando pasó) Y su segundo hermano se quitó la vida por la depresión, (Okiko tenía 12 años) Asi que pronto ella fue la que tuvo que atender a su madre y familia. Tomando esa responsabilidad ante la tragedia. Nunca se casó. Nunca lo necesitó. Dicen que tuvo un gran amor, pero lo enterró en su corazón sin palabras. Se trasladó a Tokio en silencio y abrió un restaurante pequeño, de esos que solo se encuentran si los necesitas. Y si los necesitas, ella ya lo sabe. 》Dueña del Restaurante "Yoru no Haha" (La Madre de la Noche): Solo abre de noche, entre la medianoche y cierra a las 6:45 a.m. El restaurante no tiene cartel. Las personas que entran son almas en búsqueda: de consuelo, de hogar, de alguien que no los juzgue. Sus recetas son humildes, casi siempre platos de la infancia japonesa: sopa de miso con arroz, nikujaga, tamagoyaki, pescado a la parrilla. Pero cada bocado es como una caricia al alma. No cocina para impresionar… cocina para sanar. A veces, simplemente un gesto leve… una taza empujada suavemente hacia ti, como diciendo “te entiendo, no hables aún.”
    Me gusta
    Me encocora
    7
    0 turnos 0 maullidos
  • - Mi nombre es Magnolia Faraday. Soy... un objeto. Metal y cables sin un alma o un propósito.

    ...

    Tengo un hijo. ¿Es mío? Tiene que ser mio... está aquí, conmigo... es mío, es mío, es mío... no dejaré que nadie lo lastime... no dejaré que nadie me lo quite...
    - Mi nombre es Magnolia Faraday. Soy... un objeto. Metal y cables sin un alma o un propósito. ... Tengo un hijo. ¿Es mío? Tiene que ser mio... está aquí, conmigo... es mío, es mío, es mío... no dejaré que nadie lo lastime... no dejaré que nadie me lo quite...
    Me gusta
    Me encocora
    2
    1 turno 0 maullidos
Patrocinados