• Shoko nunca había sido de muchas palabras, pero eso no significaba que no pensara demasiado en las cosas. O en las personas. Especialmente en los chicos con los que pasaba la mayor parte de sus días.

    Nanami, Haibara, Gojo y Geto. Todos tan distintos y, sin embargo, ahí estaban, compartiendo misiones, almuerzos y, en ocasiones, cigarrillos a escondidas (bueno, eso último solo con Geto).

    Nanami era… correcto. Esa era la mejor palabra para describirlo. Se tomaba todo demasiado en serio, incluso cuando no era necesario. Le gustaban las reglas, la estructura, el orden, cosas que en su mundo rara vez existían. A veces era agotador verlo tan rígido, pero Shoko sabía que en el fondo, esa seriedad era su forma de lidiar con la realidad. O más bien, de aferrarse a algo cuando todo a su alrededor era un caos. Y, en cierta forma, lo admiraba por ello.

    Haibara era el contrario absoluto. Era de los pocos que aún conservaba algo parecido a una inocencia genuina. Siempre con una sonrisa, con una actitud optimista que rozaba la necedad. En otra vida, en otro contexto, Haibara podría haber sido simplemente un chico común, ajeno a maldiciones y a muertes prematuras. Y aunque a veces le daban ganas de decirle que fuera un poco más realista, nunca lo hizo. Porque parte de ella quería creer que alguien como él podía existir en ese mundo sin que la tragedia lo tocara. (Pero sabía que no era así.)

    Gojo era… bueno, Gojo. Un torbellino de ego y talento. Demasiado fuerte para su propio bien, demasiado molesto para el de los demás. A veces se preguntaba si en su cabeza había siquiera un momento de silencio. Pero Shoko también sabía que, bajo toda esa confianza desbordante, había algo más. Algo que ni siquiera él entendía del todo. Por eso se hacía el payaso, por eso hablaba más de la cuenta, por eso nunca se detenía. Porque si lo hacía, tendría que pensar en lo que realmente significaba ser "el más fuerte". Y, por muy inmaduro que fuera, Shoko no le deseaba ese tipo de soledad a nadie.

    Y luego estaba Geto.

    Si Gojo era un torbellino, Geto era la calma antes de la tormenta. Inteligente, carismático, con una voz serena que hacía que todo pareciera menos terrible de lo que realmente era. Había algo en él que hacía fácil confiar, fácil escuchar. Fácil… querer. Era su compañero de cigarrillos, el que entendía que a veces no era necesario hablar para compartir un momento. Pero también era el que miraba demasiado. El que pensaba demasiado. El que se hacía preguntas que nadie más quería hacerse.

    Shoko había aprendido a no apegarse demasiado a las cosas. Pero a veces se preguntaba si, en algún rincón de su mente, había creído que siempre estarían juntos. Que, por más que el mundo los golpeara, ellos seguirían encontrando la forma de reírse de todo.

    (Qué ingenua.)

    Tiempo después, cuando las cosas cambiaron—cuando Geto cambió—, Shoko recordaría esas tardes en la azotea, esos silencios compartidos, esos cigarrillos encendidos que se consumían entre ellos.

    Y pensaría que tal vez, en algún momento, había querido a todos ellos más de lo que se permitió admitir.
    Shoko nunca había sido de muchas palabras, pero eso no significaba que no pensara demasiado en las cosas. O en las personas. Especialmente en los chicos con los que pasaba la mayor parte de sus días. Nanami, Haibara, Gojo y Geto. Todos tan distintos y, sin embargo, ahí estaban, compartiendo misiones, almuerzos y, en ocasiones, cigarrillos a escondidas (bueno, eso último solo con Geto). Nanami era… correcto. Esa era la mejor palabra para describirlo. Se tomaba todo demasiado en serio, incluso cuando no era necesario. Le gustaban las reglas, la estructura, el orden, cosas que en su mundo rara vez existían. A veces era agotador verlo tan rígido, pero Shoko sabía que en el fondo, esa seriedad era su forma de lidiar con la realidad. O más bien, de aferrarse a algo cuando todo a su alrededor era un caos. Y, en cierta forma, lo admiraba por ello. Haibara era el contrario absoluto. Era de los pocos que aún conservaba algo parecido a una inocencia genuina. Siempre con una sonrisa, con una actitud optimista que rozaba la necedad. En otra vida, en otro contexto, Haibara podría haber sido simplemente un chico común, ajeno a maldiciones y a muertes prematuras. Y aunque a veces le daban ganas de decirle que fuera un poco más realista, nunca lo hizo. Porque parte de ella quería creer que alguien como él podía existir en ese mundo sin que la tragedia lo tocara. (Pero sabía que no era así.) Gojo era… bueno, Gojo. Un torbellino de ego y talento. Demasiado fuerte para su propio bien, demasiado molesto para el de los demás. A veces se preguntaba si en su cabeza había siquiera un momento de silencio. Pero Shoko también sabía que, bajo toda esa confianza desbordante, había algo más. Algo que ni siquiera él entendía del todo. Por eso se hacía el payaso, por eso hablaba más de la cuenta, por eso nunca se detenía. Porque si lo hacía, tendría que pensar en lo que realmente significaba ser "el más fuerte". Y, por muy inmaduro que fuera, Shoko no le deseaba ese tipo de soledad a nadie. Y luego estaba Geto. Si Gojo era un torbellino, Geto era la calma antes de la tormenta. Inteligente, carismático, con una voz serena que hacía que todo pareciera menos terrible de lo que realmente era. Había algo en él que hacía fácil confiar, fácil escuchar. Fácil… querer. Era su compañero de cigarrillos, el que entendía que a veces no era necesario hablar para compartir un momento. Pero también era el que miraba demasiado. El que pensaba demasiado. El que se hacía preguntas que nadie más quería hacerse. Shoko había aprendido a no apegarse demasiado a las cosas. Pero a veces se preguntaba si, en algún rincón de su mente, había creído que siempre estarían juntos. Que, por más que el mundo los golpeara, ellos seguirían encontrando la forma de reírse de todo. (Qué ingenua.) Tiempo después, cuando las cosas cambiaron—cuando Geto cambió—, Shoko recordaría esas tardes en la azotea, esos silencios compartidos, esos cigarrillos encendidos que se consumían entre ellos. Y pensaría que tal vez, en algún momento, había querido a todos ellos más de lo que se permitió admitir.
    Me entristece
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  • Solo por un ratito..

    —Ni ella se lo creía, aquellos cachorros eran su adoración.—
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  • -Se desmayo ya que no pudo con tanto coraje y bueno, cayó al piso inconsciente -.
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  • -Después de perderme en algunas habitaciones y terminar devorando a un sirviente que ni Bien lo ví lo inmovilice rompiendole el cuello me encerré en la habitación más cercana que encontré devorando el cuerpo inerte sabía que leo se molestaría ya podía oír su furia Pero no podía aguantar más tenía hambre quería comer devoró todo el cuerpo notando que su estómago había crecido un poco paso mi mano por mi estómago con ternura y escondiendo y enterrando la ropa en el jardín de la otra habitación limpie los lugares manchados con sangre dorada y regrese a mi habitación cambiándome de ropa como si nada hubiera pasado
    Trate de invocar mis sombras otra vez Pero fue inútil solo apareció un diablillo con una radio
    Sonriendo por ver tal artefacto en mis manos enpieso a sintonizar una emisora donde no tenga señal para poder trasmitir quería distraerme de este encierro porque eso era a pesar de no tener cadenas mi unión con el serafín por el contrato no podía desobedecer si lo hacía hasta el podría apricionar mi alma se me helaba la sangre de solo pensar que el tenga tal poder en mi no podía permitirlo
    Al encontrar tal emisora lo dejo sonar y unirndolo al micrófono en todo el recinto de dónde estaba se podía oír que alguien cantaba los querubines y angeles menores que pasaban cerca de los dominios de [tempest_cyan_elephant_253] se preguntaban quien era el que cantaba unos se quedaban escuchando otros iban y venian
    Los dominios de Leo siempre eran un templo de silencio sepulcral Pero al teneme encerrado quise darle algo de sonido claro sin olvidar mandar mensajes codificados si alguien me oyera me ayude a salir o que venga a acompañarme




    https://youtu.be/A0nPQqzf1OI?si=533O3K2xWeT_nnDa
    -Después de perderme en algunas habitaciones y terminar devorando a un sirviente que ni Bien lo ví lo inmovilice rompiendole el cuello me encerré en la habitación más cercana que encontré devorando el cuerpo inerte sabía que leo se molestaría ya podía oír su furia Pero no podía aguantar más tenía hambre quería comer devoró todo el cuerpo notando que su estómago había crecido un poco paso mi mano por mi estómago con ternura y escondiendo y enterrando la ropa en el jardín de la otra habitación limpie los lugares manchados con sangre dorada y regrese a mi habitación cambiándome de ropa como si nada hubiera pasado Trate de invocar mis sombras otra vez Pero fue inútil solo apareció un diablillo con una radio Sonriendo por ver tal artefacto en mis manos enpieso a sintonizar una emisora donde no tenga señal para poder trasmitir quería distraerme de este encierro porque eso era a pesar de no tener cadenas mi unión con el serafín por el contrato no podía desobedecer si lo hacía hasta el podría apricionar mi alma se me helaba la sangre de solo pensar que el tenga tal poder en mi no podía permitirlo Al encontrar tal emisora lo dejo sonar y unirndolo al micrófono en todo el recinto de dónde estaba se podía oír que alguien cantaba los querubines y angeles menores que pasaban cerca de los dominios de [tempest_cyan_elephant_253] se preguntaban quien era el que cantaba unos se quedaban escuchando otros iban y venian Los dominios de Leo siempre eran un templo de silencio sepulcral Pero al teneme encerrado quise darle algo de sonido claro sin olvidar mandar mensajes codificados si alguien me oyera me ayude a salir o que venga a acompañarme https://youtu.be/A0nPQqzf1OI?si=533O3K2xWeT_nnDa
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  • ⌯ 𝑾𝒊𝒄𝒌𝒆𝒅 𝑮𝒂𝒎𝒆 ⌯
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  • Malvyna en el Tiempo: Capítulo 24
    Bajo el Sol de Tenochtitlán– 1357dc- 1380dc - Desde lo alto, la visión del lago Texcoco era un espectáculo sin igual. Bajo la luz del amanecer, sus aguas reflejaban el azul del cielo y el movimiento de las chinampas, pequeñas islas flotantes de cultivo que se extendían como retazos verdes sobre su superficie. Había visto muchas civilizaciones a...
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  • Hehe.. Diablos, realmente fue una buena siesta....
    Hehe.. Diablos, realmente fue una buena siesta....
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  • *Tal como habia dicho y para cumplir lo que habia dicho. Creaba un portal frente a la mujer* Traelo y entremos de una vez
    *Tal como habia dicho y para cumplir lo que habia dicho. Creaba un portal frente a la mujer* Traelo y entremos de una vez
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  • Bien, creo que estas ropas no son tan molestas para cuando tenga que pelear.
    Bien, creo que estas ropas no son tan molestas para cuando tenga que pelear.
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  • Vinimos aquí a contempla el lago, es mi dia de descanso..
    Vinimos aquí a contempla el lago, es mi dia de descanso..
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