• https://youtu.be/5jTMfVwwqfc?si=lCtmpAOrHa3_7Gsf
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  • Atropos yacía en su cama, la penumbra arropándola como un susurro antiguo. Entre sus dedos pálidos, el hilo danzaba con la cadencia de un destino aún no sellado. Lo observaba, paciente, como si en su textura pudiera leerse el eco de vidas que ya no recordaban su nombre.

    Recordó entonces una escena, una de tantas que contempló desde la altura muda de la azotea.
    Una mujer.
    Un rostro común, pero la obsesión la había transformado.
    Moldeó su cuerpo como arcilla herida, esculpida con bisturíes y dietas,
    con palabras que no eran suyas, con gestos robados de otras mujeres.
    Todo por él.

    Él, que la evitaba como se evita un mal augurio,
    como se esquiva una grieta en el hielo.
    Él, que jamás la vio.
    Ella lo perseguía con los ojos, con la voz, con cada parte de sí que ya no le pertenecía.
    Su sombra era una plegaria insistente,
    una súplica que rozaba la locura.

    Cada noche, cerraba los ojos convencida de que mañana él la amaría.
    Y cada día, el vacío respondía en su lugar.

    Atropos suspiró, los ojos cerrándose lentamente como un telón que cae tras la última escena.
    El hilo vibró entre sus dedos, complacido.

    —No era amor —murmuró, con una frialdad tan afilada como las tijeras que ya no usaba y sus ojos se cerraban lentamente—. Era desesperación disfrazada de deseo. Y ni así fue suficiente.

    Atropos yacía en su cama, la penumbra arropándola como un susurro antiguo. Entre sus dedos pálidos, el hilo danzaba con la cadencia de un destino aún no sellado. Lo observaba, paciente, como si en su textura pudiera leerse el eco de vidas que ya no recordaban su nombre. Recordó entonces una escena, una de tantas que contempló desde la altura muda de la azotea. Una mujer. Un rostro común, pero la obsesión la había transformado. Moldeó su cuerpo como arcilla herida, esculpida con bisturíes y dietas, con palabras que no eran suyas, con gestos robados de otras mujeres. Todo por él. Él, que la evitaba como se evita un mal augurio, como se esquiva una grieta en el hielo. Él, que jamás la vio. Ella lo perseguía con los ojos, con la voz, con cada parte de sí que ya no le pertenecía. Su sombra era una plegaria insistente, una súplica que rozaba la locura. Cada noche, cerraba los ojos convencida de que mañana él la amaría. Y cada día, el vacío respondía en su lugar. Atropos suspiró, los ojos cerrándose lentamente como un telón que cae tras la última escena. El hilo vibró entre sus dedos, complacido. —No era amor —murmuró, con una frialdad tan afilada como las tijeras que ya no usaba y sus ojos se cerraban lentamente—. Era desesperación disfrazada de deseo. Y ni así fue suficiente.
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  • Ya que su maestra no se encontraba en la biblioteca, el chico lobo se encontraba a las afueras de la ciudadela, libre como siempre gustaba.

    Después de horas de juego con algunos animales el albino se encontraba sentado bajo un árbol apoyando la espalda en el tronco de este mientras disfrutaba de algunas frutas,

    -Lisa....aún no...regresar....

    Suspiró con cierto pesar, si bien, el aire y la libertad le gustaban bien cierto era que también disfrutaba de la compañía de su maestra, le gustaba aprender con ella y, de algún modo se sentía cómo con su compañía, no sabía si era algún apego materno pues realmente carecía del conocimiento de tener una madre pero de algún modo le daba calidez en su corazón, fuera de las tareas que "odiaba".
    Ya que su maestra no se encontraba en la biblioteca, el chico lobo se encontraba a las afueras de la ciudadela, libre como siempre gustaba. Después de horas de juego con algunos animales el albino se encontraba sentado bajo un árbol apoyando la espalda en el tronco de este mientras disfrutaba de algunas frutas, -Lisa....aún no...regresar.... Suspiró con cierto pesar, si bien, el aire y la libertad le gustaban bien cierto era que también disfrutaba de la compañía de su maestra, le gustaba aprender con ella y, de algún modo se sentía cómo con su compañía, no sabía si era algún apego materno pues realmente carecía del conocimiento de tener una madre pero de algún modo le daba calidez en su corazón, fuera de las tareas que "odiaba".
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  • Una fotito antes de la sesión de fotos de hoy ♥ tengan una bonita noche ♥
    Una fotito antes de la sesión de fotos de hoy ♥ tengan una bonita noche ♥
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  • Y no hacer nada cuando puedo hacerlo... Me pone de malas... Pero es que se que debo respetar sus deseos y su espacio... Estaré toda la noche despierto...
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  • — ¿Lo entiendes ahora? La brisa del mar en tu rostro, el sol brillando con toda su fuerza, el cielo y el océano haciéndo uno en el horizonte... ¿Ves qué ridículas e insignificantes son las preocupaciones mundanas? ¡ESTO es la verdadera vida!
    — ¿Lo entiendes ahora? La brisa del mar en tu rostro, el sol brillando con toda su fuerza, el cielo y el océano haciéndo uno en el horizonte... ¿Ves qué ridículas e insignificantes son las preocupaciones mundanas? ¡ESTO es la verdadera vida!
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  • Dentro del Palacio de Hades, en el corazón del Inframundo, detrás de una puerta forjada en hierro meteórico y sellada con juramentos olvidados por los vivos yace la habitación de Melíone, la hija velada de Perséfone, engendrada en los silencios profundos del Inframundo.

    Ubicada en una de las torres más antiguas del palacio de Hades, donde ni siquiera Cerbero se atreve a rondar, la habitación de Melíone no fue construida: fue convocada. Surgió del eco del primer suspiro que Perséfone soltó tras que Hades sacara de su vientre a su hija, el suspiro que mezcló lo fértil de la tierra con lo inmutable de la muerte.

    Con paredes traslucidas donde sombras se mueven libremente como peces dentro del firme mármol negro. Cada sombra representa una parte del alma de Melíone que jamás tocará la luz del mundo mortal. Inscritas en las paredes hay palabras órficas en espiral, que giran muy lentamente, revelando profecías a quien sepa leerlas sin enloquecer.

    El techo no existe. En su lugar, hay una apertura a un firmamento interior donde flota el Nyktaión, una luna artificial creada por la propia Melíone: negra como la tinta del río Estigia, pero brillante con la luz de las almas que han sido juzgadas con justicia.

    Su lecho está hecho con huesos de leviatanes del Tártaro, suavizado con plumas que cayeron de las alas de Pegaso. A su lado duerme un pequeño espíritu de fuego azul, un antiguo guardián que sólo responde a su voz, y que puede volverse un cometa de furia si se la amenaza.

    El aire en su cámara está lleno de aromas imposibles: la esencia de la flor de asfódelo mezclada con incienso lunar, y la humedad dulce de los campos élisicos, donde su linaje se entrelaza con la esperanza de redención. En un rincón, una fuente derrama eternamente agua del Lete, el río del olvido. Melíone a veces la contempla, aunque jamás bebe de ella. Guarda la memoria de su madre, de los mortales que la invocan en sus sueños, y de las antiguas ceremonias en las que fue honrada con su nombre temido: la oscura hija, la del rostro oculto, la de los pasos que no dejan huella.

    Un lugar donde no cualquiera puede entrar o salir sin el permiso de la tenebrosa Melinoe, se cuenta que dentro aun se escuchan los susurros de aquellos valientes o tontos que se atrevieron a entrar pero nunca salieron.

    Y aunque Hades rara vez sube hasta su torre, se dice que hay una inscripción en la entrada, grabada con su propia mano:

    “Aquí mora la hija que no fue concebida por el tiempo,
    ni por la voluntad de los dioses,
    sino por el equilibrio sagrado entre lo que muere y lo que renace.”


    //Yo no escribí esto, me lo envió alguien más lo cambie poquito pero ella fue la que lo hizo
    Dentro del Palacio de Hades, en el corazón del Inframundo, detrás de una puerta forjada en hierro meteórico y sellada con juramentos olvidados por los vivos yace la habitación de Melíone, la hija velada de Perséfone, engendrada en los silencios profundos del Inframundo. Ubicada en una de las torres más antiguas del palacio de Hades, donde ni siquiera Cerbero se atreve a rondar, la habitación de Melíone no fue construida: fue convocada. Surgió del eco del primer suspiro que Perséfone soltó tras que Hades sacara de su vientre a su hija, el suspiro que mezcló lo fértil de la tierra con lo inmutable de la muerte. Con paredes traslucidas donde sombras se mueven libremente como peces dentro del firme mármol negro. Cada sombra representa una parte del alma de Melíone que jamás tocará la luz del mundo mortal. Inscritas en las paredes hay palabras órficas en espiral, que giran muy lentamente, revelando profecías a quien sepa leerlas sin enloquecer. El techo no existe. En su lugar, hay una apertura a un firmamento interior donde flota el Nyktaión, una luna artificial creada por la propia Melíone: negra como la tinta del río Estigia, pero brillante con la luz de las almas que han sido juzgadas con justicia. Su lecho está hecho con huesos de leviatanes del Tártaro, suavizado con plumas que cayeron de las alas de Pegaso. A su lado duerme un pequeño espíritu de fuego azul, un antiguo guardián que sólo responde a su voz, y que puede volverse un cometa de furia si se la amenaza. El aire en su cámara está lleno de aromas imposibles: la esencia de la flor de asfódelo mezclada con incienso lunar, y la humedad dulce de los campos élisicos, donde su linaje se entrelaza con la esperanza de redención. En un rincón, una fuente derrama eternamente agua del Lete, el río del olvido. Melíone a veces la contempla, aunque jamás bebe de ella. Guarda la memoria de su madre, de los mortales que la invocan en sus sueños, y de las antiguas ceremonias en las que fue honrada con su nombre temido: la oscura hija, la del rostro oculto, la de los pasos que no dejan huella. Un lugar donde no cualquiera puede entrar o salir sin el permiso de la tenebrosa Melinoe, se cuenta que dentro aun se escuchan los susurros de aquellos valientes o tontos que se atrevieron a entrar pero nunca salieron. Y aunque Hades rara vez sube hasta su torre, se dice que hay una inscripción en la entrada, grabada con su propia mano: “Aquí mora la hija que no fue concebida por el tiempo, ni por la voluntad de los dioses, sino por el equilibrio sagrado entre lo que muere y lo que renace.” //Yo no escribí esto, me lo envió alguien más lo cambie poquito pero ella fue la que lo hizo
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  • —Justicia ciega. El poder de la verdad caerá sobre los malvados.
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  • ─No me hagas perder mi tiempo en charlas ridículas sobre la sociedad o lo bien que visto.

    ───── 𝗠𝗮𝗳𝗶𝗮 𝐁𝐨𝐬𝐬 ──────
    𝑰𝒗𝒂𝒏𝒐𝒗𝒂...
    ─No me hagas perder mi tiempo en charlas ridículas sobre la sociedad o lo bien que visto. ───── 𝗠𝗮𝗳𝗶𝗮 🌹 𝐁𝐨𝐬𝐬 ────── 𝑰𝒗𝒂𝒏𝒐𝒗𝒂...
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  • Estoy... observando... tal situación en la que de nuevo me quiero meter pero... no... Debo controlarme y no ir a cuidarle de nuevo, se como terminará... Elixen contrólate
    Estoy... observando... tal situación en la que de nuevo me quiero meter pero... no... Debo controlarme y no ir a cuidarle de nuevo, se como terminará... Elixen contrólate
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