• Ya va quedando menos para nuestro gran día
    Ya va quedando menos para nuestro gran día
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  • Mañana tengo hora para depilarme y luego me aran las uñas.
    Mañana tengo hora para depilarme y luego me aran las uñas.
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  • Rachel Halliwell au

    Hermione Turner

    Marco a una de mis mejores amigas tras hacerme una poción relajante
    Rachel Halliwell au 📞 [Witch_CX] Marco a una de mis mejores amigas tras hacerme una poción relajante
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  • "𝑊𝑒 𝑠ℎ𝑎𝑙𝑙 ℎ𝑎𝑣𝑒 𝑏𝑒𝑑𝑠 𝑓𝑢𝑙𝑙 𝑜𝑓 𝑠𝑢𝑏𝑡𝑙𝑒 𝑝𝑒𝑟𝑓𝑢𝑚𝑒𝑠,
    𝐷𝑖𝑣𝑎𝑛𝑠 𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑒𝑝 𝑎𝑠 𝑔𝑟𝑎𝑣𝑒𝑠, 𝑎𝑛𝑑 𝑜𝑛 𝑡ℎ𝑒 𝑠ℎ𝑒𝑙𝑣𝑒𝑠
    𝑊𝑖𝑙𝑙 𝑏𝑒 𝑠𝑡𝑟𝑎𝑛𝑔𝑒 𝑓𝑙𝑜𝑤𝑒𝑟𝑠 𝑡ℎ𝑎𝑡 𝑏𝑙𝑜𝑠𝑠𝑜𝑚𝑒𝑑 𝑓𝑜𝑟 𝑢𝑠
    𝑈𝑛𝑑𝑒𝑟 𝑚𝑜𝑟𝑒 𝑏𝑒𝑎𝑢𝑡𝑖𝑓𝑢𝑙 ℎ𝑒𝑎𝑣𝑒𝑛𝑠."


    https://youtu.be/ON8b11JUOmI
    "𝑊𝑒 𝑠ℎ𝑎𝑙𝑙 ℎ𝑎𝑣𝑒 𝑏𝑒𝑑𝑠 𝑓𝑢𝑙𝑙 𝑜𝑓 𝑠𝑢𝑏𝑡𝑙𝑒 𝑝𝑒𝑟𝑓𝑢𝑚𝑒𝑠, 𝐷𝑖𝑣𝑎𝑛𝑠 𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑒𝑝 𝑎𝑠 𝑔𝑟𝑎𝑣𝑒𝑠, 𝑎𝑛𝑑 𝑜𝑛 𝑡ℎ𝑒 𝑠ℎ𝑒𝑙𝑣𝑒𝑠 𝑊𝑖𝑙𝑙 𝑏𝑒 𝑠𝑡𝑟𝑎𝑛𝑔𝑒 𝑓𝑙𝑜𝑤𝑒𝑟𝑠 𝑡ℎ𝑎𝑡 𝑏𝑙𝑜𝑠𝑠𝑜𝑚𝑒𝑑 𝑓𝑜𝑟 𝑢𝑠 𝑈𝑛𝑑𝑒𝑟 𝑚𝑜𝑟𝑒 𝑏𝑒𝑎𝑢𝑡𝑖𝑓𝑢𝑙 ℎ𝑒𝑎𝑣𝑒𝑛𝑠." https://youtu.be/ON8b11JUOmI
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  • Angelina Granger



    ¡Adivina quien es la nueva guardaespaldas de la señorita Eda Blossom!
    [Hunter1girl] 💬 ¡Adivina quien es la nueva guardaespaldas de la señorita Eda Blossom!
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  • — Bonita confirmación… ¿y ahora qué procede? Quiero aventuras (?)
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  • Father taught me that rain should turn red if it harms those you love. Now I understand.
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  • ༒ 𝕮𝖎𝖓𝖎𝖘 𝕽𝖔𝖘𝖆.

    La tormenta había cesado apenas unos minutos antes de que Odette cruzara el arco de piedra que marcaba la entrada a la ciudad.

    Las calles permanecían húmedas, brillando tenuemente bajo la luz de los faroles. El barro se adhería a los bajos de su falda negra mientras avanzaba sin prisa entre comerciantes agotados y mendigos que evitaban levantar la vista. El aroma a humo, cerveza agria y madera mojada impregnaba el aire nocturno.

    Al fondo de la calle principal, una vieja taberna aún permanecía abierta.

    Un letrero oxidado colgaba sobre la puerta balanceándose con el viento: El Cuervo Tuerto.

    Desde dentro escapaban risas toscas, el sonido de jarras golpeando mesas y una melodía mal tocada por algún bardo ebrio.

    Odette se detuvo frente a la entrada un instante.

    Luego empujó la puerta.

    El calor del interior la envolvió de golpe junto con el olor denso a sudor, alcohol y carne cocida. Algunos hombres giraron la cabeza apenas lo suficiente para observar a la extraña mujer de negro entrar bajo la tenue iluminación rojiza.

    Ella solo caminó hasta una mesa apartada, cerca de la pared, donde las sombras ocultaban parcialmente su rostro bajo la capucha oscura.

    El tabernero se aproximó limpiándose las manos en un trapo sucio.

    —¿Qué va a ordenar, hermana? —preguntó con cierta cautela al notar los pequeños frascos colgando de su cinturón.

    —Vino caliente. Y algo de pan, si aún queda.— respondió Odette con voz tranquila.

    El hombre arqueó una ceja.
    No parecía una monja pero tampoco deseaba hacer preguntas.

    Se alejó murmurando para sí mismo.

    La taberna continuó con su ruido habitual.
    Risas, Insultos, una pelea contenida apenas por la borrachera de los involucrados.

    Hasta que la puerta se abrió violentamente.

    Un hombre irrumpió empapado por la lluvia.

    Tropezó apenas cruzar el umbral y cayó de rodillas sobre el suelo. Respiraba agitado. Los ojos abiertos de par en par. Como si hubiese corrido huyendo de algo invisible.

    —¡La vi!— gritó con la voz quebrada.

    Nadie respondió al principio.
    Algunos soltaron risas cansadas.

    —Otra vez no, Edwin...— dijo entre dientes alguien que aparentemente lo conocía desde una mesa.

    Pero el hombre comenzó a señalar desesperadamente hacia las calles exteriores.

    —¡La Santa de los Venenos! ¡La vi en el bosque viejo! ¡Juro por Dios que era ella!

    La taberna estalló en carcajadas.

    —¿La bruja del luto?
    —Ese idiota volvió a beber aguardiente barato.
    —¿No se suponía que estaba muerta?

    Pero el hombre no reía... Temblaba.

    —¡No estaba muerta! ¡La vi caminar entre los árboles! ¡Las serpientes la seguían! ¡Y había cuerpos colgados cerca del río! ¡Hombres enfermos! ¡Todos con flores negras en la boca!

    Algunas risas comenzaron a apagarse.

    Incluso el bardo dejó de tocar.

    Edwin tragó saliva con dificultad.

    —Y entonces ella me miró...

    Un silencio incómodo recorrió la taberna.

    —¿Y cómo sabes que era “La Santa”?— preguntó finalmente el tabernero.

    Edwin señaló con mano temblorosa hacia el fondo del local, directamente hacia Odette.

    —Porque tenía esos mismos ojos.

    El silencio cayó de golpe.

    Varias miradas se clavaron lentamente sobre la mujer de negro.

    La tenue vela de su mesa iluminaba apenas su expresión serena mientras sostenía entre los dedos la taza de vino caliente que acababan de servirle.

    Entonces levantó la vista hacia el hombre.
    Y sonrió... No una sonrisa cálida, sino algo mucho peor: Una expresión tranquila, condescendiente.
    Como la de alguien que escucha a un niño describir un mal sueño que resulta ser completamente real.

    El hombre retrocedió horrorizado.

    —No... no...— balbuceó.

    Odette lentamente retiró la capucha que cubría su cabeza.

    —Deberías dejar de correr bajo la lluvia... Podrías enfermar.
    ༒ 𝕮𝖎𝖓𝖎𝖘 𝕽𝖔𝖘𝖆. La tormenta había cesado apenas unos minutos antes de que Odette cruzara el arco de piedra que marcaba la entrada a la ciudad. Las calles permanecían húmedas, brillando tenuemente bajo la luz de los faroles. El barro se adhería a los bajos de su falda negra mientras avanzaba sin prisa entre comerciantes agotados y mendigos que evitaban levantar la vista. El aroma a humo, cerveza agria y madera mojada impregnaba el aire nocturno. Al fondo de la calle principal, una vieja taberna aún permanecía abierta. Un letrero oxidado colgaba sobre la puerta balanceándose con el viento: El Cuervo Tuerto. Desde dentro escapaban risas toscas, el sonido de jarras golpeando mesas y una melodía mal tocada por algún bardo ebrio. Odette se detuvo frente a la entrada un instante. Luego empujó la puerta. El calor del interior la envolvió de golpe junto con el olor denso a sudor, alcohol y carne cocida. Algunos hombres giraron la cabeza apenas lo suficiente para observar a la extraña mujer de negro entrar bajo la tenue iluminación rojiza. Ella solo caminó hasta una mesa apartada, cerca de la pared, donde las sombras ocultaban parcialmente su rostro bajo la capucha oscura. El tabernero se aproximó limpiándose las manos en un trapo sucio. —¿Qué va a ordenar, hermana? —preguntó con cierta cautela al notar los pequeños frascos colgando de su cinturón. —Vino caliente. Y algo de pan, si aún queda.— respondió Odette con voz tranquila. El hombre arqueó una ceja. No parecía una monja pero tampoco deseaba hacer preguntas. Se alejó murmurando para sí mismo. La taberna continuó con su ruido habitual. Risas, Insultos, una pelea contenida apenas por la borrachera de los involucrados. Hasta que la puerta se abrió violentamente. Un hombre irrumpió empapado por la lluvia. Tropezó apenas cruzar el umbral y cayó de rodillas sobre el suelo. Respiraba agitado. Los ojos abiertos de par en par. Como si hubiese corrido huyendo de algo invisible. —¡La vi!— gritó con la voz quebrada. Nadie respondió al principio. Algunos soltaron risas cansadas. —Otra vez no, Edwin...— dijo entre dientes alguien que aparentemente lo conocía desde una mesa. Pero el hombre comenzó a señalar desesperadamente hacia las calles exteriores. —¡La Santa de los Venenos! ¡La vi en el bosque viejo! ¡Juro por Dios que era ella! La taberna estalló en carcajadas. —¿La bruja del luto? —Ese idiota volvió a beber aguardiente barato. —¿No se suponía que estaba muerta? Pero el hombre no reía... Temblaba. —¡No estaba muerta! ¡La vi caminar entre los árboles! ¡Las serpientes la seguían! ¡Y había cuerpos colgados cerca del río! ¡Hombres enfermos! ¡Todos con flores negras en la boca! Algunas risas comenzaron a apagarse. Incluso el bardo dejó de tocar. Edwin tragó saliva con dificultad. —Y entonces ella me miró... Un silencio incómodo recorrió la taberna. —¿Y cómo sabes que era “La Santa”?— preguntó finalmente el tabernero. Edwin señaló con mano temblorosa hacia el fondo del local, directamente hacia Odette. —Porque tenía esos mismos ojos. El silencio cayó de golpe. Varias miradas se clavaron lentamente sobre la mujer de negro. La tenue vela de su mesa iluminaba apenas su expresión serena mientras sostenía entre los dedos la taza de vino caliente que acababan de servirle. Entonces levantó la vista hacia el hombre. Y sonrió... No una sonrisa cálida, sino algo mucho peor: Una expresión tranquila, condescendiente. Como la de alguien que escucha a un niño describir un mal sueño que resulta ser completamente real. El hombre retrocedió horrorizado. —No... no...— balbuceó. Odette lentamente retiró la capucha que cubría su cabeza. —Deberías dejar de correr bajo la lluvia... Podrías enfermar.
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  • Hm. Buenos dias.

    -La demonio esta claramente aun medio dormida, pero hoy ha hecho un esfuerzo para que le de la luz del sol un poco, aunque sea-
    Hm. Buenos dias. -La demonio esta claramente aun medio dormida, pero hoy ha hecho un esfuerzo para que le de la luz del sol un poco, aunque sea-
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  • — Después de estar desaparecido dos semanas, Tim apareció en la casa de quién era su pareja, pero para sopresa de Akira, el castaño estaba cubierto de sangre y su rostro estaba cubierto por esa horrible máscara, era Masky, quién finalmente tenía el control absoluto del cuerpo de Tim, Slenderman había ganado.—

    No podía declarar mi victoria si no acababa contigo~

    [dream_titanium_lion_233]
    — Después de estar desaparecido dos semanas, Tim apareció en la casa de quién era su pareja, pero para sopresa de Akira, el castaño estaba cubierto de sangre y su rostro estaba cubierto por esa horrible máscara, era Masky, quién finalmente tenía el control absoluto del cuerpo de Tim, Slenderman había ganado.— No podía declarar mi victoria si no acababa contigo~ [dream_titanium_lion_233]
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