Entró sin hacer ruido a la casa, cuidando de que no se notara su presencia ahí. Miró a su al rededor, tratando de identificar si algo había estado fuera de lugar. El alivio que sintió inmediatamente fue notorio.
Recorrió la sala de estar, el pasillo que conducía a las habitaciones y al baño. Sentía las mejillas hundidas, aunque solo hubieran pasado un par de días. El hombro aún le dolía y sabía que en el rostro debía de tener todavía algunas heridas.
Entró en silencio a la habitación que compartía con la castaña y ahí se la encontró, acostada, hecha un ovillo. Sintió el corazón detenerse al imaginarse el mal rato que la había hecho pasar. Caminó hasta ella, sentándose con cuidado sobre la cama.
Al menos, ya estaba bañado y llevaba ropa decente, solo era el mal trecho aspecto físico lo que lo delataba. Su diestra se dirigió al cabello de Thalya, acariciando este con suavidad y cariño. — ¿Cielo?... Amor, regresé.
Entró sin hacer ruido a la casa, cuidando de que no se notara su presencia ahí. Miró a su al rededor, tratando de identificar si algo había estado fuera de lugar. El alivio que sintió inmediatamente fue notorio.
Recorrió la sala de estar, el pasillo que conducía a las habitaciones y al baño. Sentía las mejillas hundidas, aunque solo hubieran pasado un par de días. El hombro aún le dolía y sabía que en el rostro debía de tener todavía algunas heridas.
Entró en silencio a la habitación que compartía con la castaña y ahí se la encontró, acostada, hecha un ovillo. Sintió el corazón detenerse al imaginarse el mal rato que la había hecho pasar. Caminó hasta ella, sentándose con cuidado sobre la cama.
Al menos, ya estaba bañado y llevaba ropa decente, solo era el mal trecho aspecto físico lo que lo delataba. Su diestra se dirigió al cabello de Thalya, acariciando este con suavidad y cariño. — ¿Cielo?... Amor, regresé.