• -Mi sonrisa desapareció lentamente mientras observaba tu espalda alejarse entre la tormenta.-

    -Por primera vez desde que llegué a la montaña… no hubo risa.-

    -No intenté detenerte.
    No corrí tras de ti.
    No pronuncié excusas.-

    -El viento helado movió lentamente mi cabello rubio mientras permanecía inmóvil al borde del abismo.-

    —Nunca te deseché.

    -Mi voz salió más baja esta vez. Más humana.-

    —Y eso es lo que hace que duela tanto.

    -Bajé lentamente la mirada hacia el vacío bajo mis pies.-

    —El Caos siempre me enseñó a destruirme por las personas que amo.

    -Una pequeña risa rota escapó entre mis labios, apenas audible.-

    —Supongo que ésta vez no fue diferente.

    -Y aun así… no di un solo paso para seguirte.-

    -Solo me quedé allí, mirando cómo el monstruo que aprendió a sentir desaparecía entre la nieve.-

    -Entonces… dejé caer mi cuerpo al abismo.-

    -El viento rugió alrededor de mí mientras cerraba lentamente los ojos, imaginando un mundo imposible.-

    -Un universo sin dolor.
    Sin guerras.
    Sin miedo.
    Sin decepción.-

    -Mi destino.-

    —Cerrando los ojos se apaga el universo…

    —Pequeño telón… para un escenario tan inmenso…

    -El impacto contra la nieve no fue violento.
    No hubo destrucción.
    No hubo gritos.-

    -Mi cuerpo simplemente quedó tendido entre el blanco infinito mientras pequeños copos comenzaban a cubrir lentamente mi piel.-

    -Y entonces… sonreí.-

    —No…

    -Mi voz salió ahogada, tibia, mezclándose con la sangre que escapaba entre mis labios.-

    —No he nacido para sentir… ni para amar la vida.

    —Mi objetivo siempre fue el mismo.

    -El viento arrastró mis palabras montaña arriba, persiguiendo la espalda de aquel monstruo que seguía alejándose.-

    —Te lo prometo, Vharkhul Braknak…

    —Voy a destruirlo todo… hasta que no quede nada.

    —Y entonces lo reconstruiré a la perfección.

    —No existirá el miedo.
    Ni el dolor.
    Ni la decepción.
    Ni el poder.
    Ni la guerra…

    -Mis ojos dorados se abrieron apenas un instante bajo la nieve.-

    —Solo almas…
    En cuerpos idénticos y perfectos.

    —Sin envidia.
    Sin rencor.

    —Solo amor.

    -Una última sonrisa torcida apareció lentamente en mi rostro mientras la tormenta terminaba de cubrirme.-

    —En nombre del Caos.
    -Mi sonrisa desapareció lentamente mientras observaba tu espalda alejarse entre la tormenta.- -Por primera vez desde que llegué a la montaña… no hubo risa.- -No intenté detenerte. No corrí tras de ti. No pronuncié excusas.- -El viento helado movió lentamente mi cabello rubio mientras permanecía inmóvil al borde del abismo.- —Nunca te deseché. -Mi voz salió más baja esta vez. Más humana.- —Y eso es lo que hace que duela tanto. -Bajé lentamente la mirada hacia el vacío bajo mis pies.- —El Caos siempre me enseñó a destruirme por las personas que amo. -Una pequeña risa rota escapó entre mis labios, apenas audible.- —Supongo que ésta vez no fue diferente. -Y aun así… no di un solo paso para seguirte.- -Solo me quedé allí, mirando cómo el monstruo que aprendió a sentir desaparecía entre la nieve.- -Entonces… dejé caer mi cuerpo al abismo.- -El viento rugió alrededor de mí mientras cerraba lentamente los ojos, imaginando un mundo imposible.- -Un universo sin dolor. Sin guerras. Sin miedo. Sin decepción.- -Mi destino.- —Cerrando los ojos se apaga el universo… —Pequeño telón… para un escenario tan inmenso… -El impacto contra la nieve no fue violento. No hubo destrucción. No hubo gritos.- -Mi cuerpo simplemente quedó tendido entre el blanco infinito mientras pequeños copos comenzaban a cubrir lentamente mi piel.- -Y entonces… sonreí.- —No… -Mi voz salió ahogada, tibia, mezclándose con la sangre que escapaba entre mis labios.- —No he nacido para sentir… ni para amar la vida. —Mi objetivo siempre fue el mismo. -El viento arrastró mis palabras montaña arriba, persiguiendo la espalda de aquel monstruo que seguía alejándose.- —Te lo prometo, Vharkhul Braknak… —Voy a destruirlo todo… hasta que no quede nada. —Y entonces lo reconstruiré a la perfección. —No existirá el miedo. Ni el dolor. Ni la decepción. Ni el poder. Ni la guerra… -Mis ojos dorados se abrieron apenas un instante bajo la nieve.- —Solo almas… En cuerpos idénticos y perfectos. —Sin envidia. Sin rencor. —Solo amor. -Una última sonrisa torcida apareció lentamente en mi rostro mientras la tormenta terminaba de cubrirme.- —En nombre del Caos.
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  • 𝓛𝓮𝓽'𝓼 𝓶𝓪𝓴𝓮 𝓪 𝓭𝓮𝓪𝓵.
    ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏͏ ͏ ͏ ͏͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏   ✦  .     ˚ 𝐿𝑜𝑠 ℎ𝑢𝑚𝑎𝑛𝑜𝑠 𝑙𝑙𝑎𝑚𝑎𝑛 ‘𝑚𝑖𝑙𝑎𝑔𝑟𝑜’        .  .   ˚ .    ✦ ͏͏ ͏ ͏ ͏͏ ͏ ͏ ͏ ͏✦ ✦ ͏ ͏ ͏ ͏͏ ͏ ͏ ͏͏𝑎 𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑝𝑟𝑒𝑛𝑑𝑒𝑛.  ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ ㅤ ㅤ✢ㅤ   ✶ Nombre:  Shinigami            ✶ Nombre real:  ̶D̶e̶s̶c̶o̶n̶o̶c̶i̶d̶o̶    ✶ Género:    Femenino               ✶ Edad:  ̶D̶e̶s̶c̶o̶n̶o̶c̶i̶d̶o̶    ✶...
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  • Buenos días, criatura brillante.
    Disfruta el día.
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  • Finalmente dejo su descanso, se dispuso ahora a buscar a un demonio, pues según un informante, le comento de uno por esa zona.

    Ume no tenía nada que perder, su deber como cazadora, la hacia que optar por cumplir con su misión qué le fue asignada por el patrón, líder de los cazadores de Demonios.
    Finalmente dejo su descanso, se dispuso ahora a buscar a un demonio, pues según un informante, le comento de uno por esa zona. Ume no tenía nada que perder, su deber como cazadora, la hacia que optar por cumplir con su misión qué le fue asignada por el patrón, líder de los cazadores de Demonios.
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  • ⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘
    》 S T A R T E R • L I B R E 《
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    La habitación subterránea estaba demasiado fría incluso para alguien como Cerberus. El aire acondicionado industrial rugía sobre su cabeza con un zumbido constante que se mezclaba con el parpadeo blanco de las pantallas y el olor agresivo del desinfectante, el permanecía sentado frente a la mesa metálica, inmóvil, enorme, con los hombros tensos bajo el uniforme negro mientras las imágenes de los objetivos aparecían una tras otra frente a sus ojos


    No necesitaba tomar notas; jamás las necesitó, su mente había sido mutilada y reconstruida específicamente para recordar rostros, voces, patrones de respiración, peso corporal aproximado, lesiones antiguas visibles en la postura, posibles rutas de escape… todo quedaba atrapado dentro de él como un animal encerrado detrás de barrotes, sin embargo, lo más importante nunca eran las fotografías.

    Era el olor. Siempre el olor.

    El miedo olía distinto en cada persona y Cerberus podía recordarlo durante años, el sudor ácido de un hombre paranoico, el perfume demasiado dulce de alguien intentando ocultar ansiedad, la pólvora impregnada en las manos de un guardaespaldas; para él, los seres humanos eran poco más que carne con aroma identificable.

    La voz detrás del cristal continuó dándole instrucciones con esa calma clínica que solo poseen quienes jamás pisan el campo de batalla, le explicaron quién debía morir primero, quién probablemente intentaría negociar, quién correría, quién gritaría y quién tendría suficiente orgullo para atacar incluso sabiendo que iba a morir.

    Cerberus escuchó todo sin emitir sonido alguno, tenía permitido hablar, no; pero únicamente bajo autorización directa podria hacer preguntas, aunque después de antos años el silencio se había adherido a su garganta como una segunda piel.
    Cuando la última orden terminó, uno de los supervisores se acercó para ajustar la gruesa correa negra alrededor de su cuello; el clic metálico del seguro resonó en la habitación con una familiaridad humillante, a veces se preguntaba si lo hacían por control táctico o simplemente porque disfrutaban recordándole lo que era. Un perro. Un arma. Algo demasiado peligroso para caminar libre.

    El trayecto hasta el objetivo transcurrió en una camioneta, que parecia de civiles, la ciudad estaba enferma de neón y humedad, con las banquetas reflejando luces rojas y azules como heridas abiertas sobre el asfalto.
    Cerberus descendió del vehículo sin prisa, cubierto por una chamarra oscura que apenas lograba ocultar el tamaño monstruoso de su cuerpo.

    El edificio frente a él parecía tranquilo desde afuera, con música baja, humo escapando por las ventanas del segundo piso, personas riendo sin saber que aquella noche iba a partirse en dos.

    Entró sin llamar la atención al principio, caminando entre mesas y conversaciones ajenas mientras el olor comenzaba a llenar sus pulmones...alcohol, tabaco, marihuana, perfume barato.... Sudor nervioso, sangre latiendo debajo de la piel humana.

    Reconoció al primer objetivo antes incluso de verlo directamente, el aroma coincidía perfectamente.
    El hombre giró apenas la cabeza, probablemente sintiendo aquella presencia imposible detrás de él, pero no tuvo tiempo de reaccionar, Cerberus le sujetó el rostro con una mano y lo estampó contra la barra con una violencia tan brutal que el impacto sonó como huesos rompiéndose dentro de una bolsa mojada. El cuerpo cayó convulsionando mientras los gritos comenzaban alrededor.

    Entonces todo ocurrió rápido, demasiado rápido.

    El segundo objetivo intentó sacar un arma, pero Cerberus ya estaba encima de él; le dobló el brazo hasta desgarrar articulaciones y después le hundió el cuchillo táctico bajo la mandíbula con un movimiento seco, preciso, entrenado miles de veces, haciendo que la sangre caliente le salpicó el cuello y parte de la máscara mientras la multitud se dispersaba presa del pánico, algunos intentaron correr hacia las salidas que ya estaban bloqueadas, otros simplemente quedaron paralizados observando la carnicería.

    El tercero fue el único que intentó pelear de verdad, disparó dos veces antes de que Cerberus lograra alcanzarlo, y aunque una bala atravesó limpiamente su costado, aquello no pareció ralentizarlo en absoluto. Lo derribó contra una mesa, aplastando madera y vidrio bajo el peso de ambos, y continuó golpeándolo hasta que el rostro del hombre dejó de parecer humano.

    A su alrededor solo quedaron respiraciones ahogadas, muebles destrozados y el sonido espeso de la sangre escurriendo lentamente por el suelo. El olor metálico era tan intenso que casi resultaba sofocante.

    Así, continuó con todos, no debia quedar ni uno solo, esa era la orden.

    Asi que despues.... Después llegó el silencio.
    Ese silencio terrible que siempre aparecía al final.

    Cerberus permaneció inmóvil en medio del desastre, respirando pesadamente mientras la lluvia golpeaba las ventanas rotas del lugar. Los cadáveres yacían dispersos alrededor de él en posiciones grotescas, algunos aún temblando por reflejos nerviosos tardíos.

    Lentamente, como si el monstruo hubiese abandonado por fin su cuerpo, él terminó arrodillándose sobre el suelo cubierto de sangre, bajó la cabeza y esperó.

    Quieto, obediente , con las manos manchadas descansando sobre sus piernas y el grueso collar negro todavía sujeto alrededor de su cuello, aguardando pacientemente a que alguien atravesara aquella puerta, colocara la cadena y lo llevara de regreso a casa como al perro que le enseñaron a ser.
    ⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘ 》 S T A R T E R • L I B R E 《 ⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘ La habitación subterránea estaba demasiado fría incluso para alguien como Cerberus. El aire acondicionado industrial rugía sobre su cabeza con un zumbido constante que se mezclaba con el parpadeo blanco de las pantallas y el olor agresivo del desinfectante, el permanecía sentado frente a la mesa metálica, inmóvil, enorme, con los hombros tensos bajo el uniforme negro mientras las imágenes de los objetivos aparecían una tras otra frente a sus ojos No necesitaba tomar notas; jamás las necesitó, su mente había sido mutilada y reconstruida específicamente para recordar rostros, voces, patrones de respiración, peso corporal aproximado, lesiones antiguas visibles en la postura, posibles rutas de escape… todo quedaba atrapado dentro de él como un animal encerrado detrás de barrotes, sin embargo, lo más importante nunca eran las fotografías. Era el olor. Siempre el olor. El miedo olía distinto en cada persona y Cerberus podía recordarlo durante años, el sudor ácido de un hombre paranoico, el perfume demasiado dulce de alguien intentando ocultar ansiedad, la pólvora impregnada en las manos de un guardaespaldas; para él, los seres humanos eran poco más que carne con aroma identificable. La voz detrás del cristal continuó dándole instrucciones con esa calma clínica que solo poseen quienes jamás pisan el campo de batalla, le explicaron quién debía morir primero, quién probablemente intentaría negociar, quién correría, quién gritaría y quién tendría suficiente orgullo para atacar incluso sabiendo que iba a morir. Cerberus escuchó todo sin emitir sonido alguno, tenía permitido hablar, no; pero únicamente bajo autorización directa podria hacer preguntas, aunque después de antos años el silencio se había adherido a su garganta como una segunda piel. Cuando la última orden terminó, uno de los supervisores se acercó para ajustar la gruesa correa negra alrededor de su cuello; el clic metálico del seguro resonó en la habitación con una familiaridad humillante, a veces se preguntaba si lo hacían por control táctico o simplemente porque disfrutaban recordándole lo que era. Un perro. Un arma. Algo demasiado peligroso para caminar libre. El trayecto hasta el objetivo transcurrió en una camioneta, que parecia de civiles, la ciudad estaba enferma de neón y humedad, con las banquetas reflejando luces rojas y azules como heridas abiertas sobre el asfalto. Cerberus descendió del vehículo sin prisa, cubierto por una chamarra oscura que apenas lograba ocultar el tamaño monstruoso de su cuerpo. El edificio frente a él parecía tranquilo desde afuera, con música baja, humo escapando por las ventanas del segundo piso, personas riendo sin saber que aquella noche iba a partirse en dos. Entró sin llamar la atención al principio, caminando entre mesas y conversaciones ajenas mientras el olor comenzaba a llenar sus pulmones...alcohol, tabaco, marihuana, perfume barato.... Sudor nervioso, sangre latiendo debajo de la piel humana. Reconoció al primer objetivo antes incluso de verlo directamente, el aroma coincidía perfectamente. El hombre giró apenas la cabeza, probablemente sintiendo aquella presencia imposible detrás de él, pero no tuvo tiempo de reaccionar, Cerberus le sujetó el rostro con una mano y lo estampó contra la barra con una violencia tan brutal que el impacto sonó como huesos rompiéndose dentro de una bolsa mojada. El cuerpo cayó convulsionando mientras los gritos comenzaban alrededor. Entonces todo ocurrió rápido, demasiado rápido. El segundo objetivo intentó sacar un arma, pero Cerberus ya estaba encima de él; le dobló el brazo hasta desgarrar articulaciones y después le hundió el cuchillo táctico bajo la mandíbula con un movimiento seco, preciso, entrenado miles de veces, haciendo que la sangre caliente le salpicó el cuello y parte de la máscara mientras la multitud se dispersaba presa del pánico, algunos intentaron correr hacia las salidas que ya estaban bloqueadas, otros simplemente quedaron paralizados observando la carnicería. El tercero fue el único que intentó pelear de verdad, disparó dos veces antes de que Cerberus lograra alcanzarlo, y aunque una bala atravesó limpiamente su costado, aquello no pareció ralentizarlo en absoluto. Lo derribó contra una mesa, aplastando madera y vidrio bajo el peso de ambos, y continuó golpeándolo hasta que el rostro del hombre dejó de parecer humano. A su alrededor solo quedaron respiraciones ahogadas, muebles destrozados y el sonido espeso de la sangre escurriendo lentamente por el suelo. El olor metálico era tan intenso que casi resultaba sofocante. Así, continuó con todos, no debia quedar ni uno solo, esa era la orden. Asi que despues.... Después llegó el silencio. Ese silencio terrible que siempre aparecía al final. Cerberus permaneció inmóvil en medio del desastre, respirando pesadamente mientras la lluvia golpeaba las ventanas rotas del lugar. Los cadáveres yacían dispersos alrededor de él en posiciones grotescas, algunos aún temblando por reflejos nerviosos tardíos. Lentamente, como si el monstruo hubiese abandonado por fin su cuerpo, él terminó arrodillándose sobre el suelo cubierto de sangre, bajó la cabeza y esperó. Quieto, obediente , con las manos manchadas descansando sobre sus piernas y el grueso collar negro todavía sujeto alrededor de su cuello, aguardando pacientemente a que alguien atravesara aquella puerta, colocara la cadena y lo llevara de regreso a casa como al perro que le enseñaron a ser.
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  • ¿Me darías un poco de tu sangre? ~
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  • *chibi seguia sin moverse de su lugar aun con el plato de verduras enfrente * ono jummm * lo alejaba de apoco con su piecito *
    *chibi seguia sin moverse de su lugar aun con el plato de verduras enfrente * ono jummm * lo alejaba de apoco con su piecito *
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  • Sentada en aquella rama, la noche ya había caído, solo espera las ordenes del avistamiento de un demonio para ponerse en accion, mientras tanto.

    Ume contempla la luna llena, imaginado de como seria ya el mundo, una vez que muzan sea derrotado.

    Esos pensamientos son los que le dan fuerzas para seguir cada batalla, pues desea ya un mundo de paz.
    Sentada en aquella rama, la noche ya había caído, solo espera las ordenes del avistamiento de un demonio para ponerse en accion, mientras tanto. Ume contempla la luna llena, imaginado de como seria ya el mundo, una vez que muzan sea derrotado. Esos pensamientos son los que le dan fuerzas para seguir cada batalla, pues desea ya un mundo de paz.
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  • Es la primera vez de Amo por estos lares, que emocion!
    Estás listo? Amo sera tu entretenimiento, me encargare de hacer felices esos corazones tristes ♡
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  • — A veces se me sale un "quítate pendejo, lo hago yo" por impulsividad y es que no cooperan. — Dictamina, después de haberlos noqueado.
    — A veces se me sale un "quítate pendejo, lo hago yo" por impulsividad y es que no cooperan. — Dictamina, después de haberlos noqueado.
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