• — Estas sí son noches entretenidas
    — Estas sí son noches entretenidas
    Me encocora
    Me shockea
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • Sábado por la noche, el momento perfecto para tener un ataque de pánico. (??)
    Sábado por la noche, el momento perfecto para tener un ataque de pánico. (??)
    Me enjaja
    Me encocora
    Me entristece
    6
    14 turnos 0 maullidos
  • Anoche no dormí nada –Bosteza– me siento tan cansada.. espero que no te moleste si duermo un poco ¿Sí? –Murmura la chica mientras se pone cómoda en la cama y abraza una almohada, sus orejas felinas reaccionando ante el canto de los pájaros una última vez antes de quedarse quietas para poder descansar–
    Anoche no dormí nada –Bosteza– me siento tan cansada.. espero que no te moleste si duermo un poco ¿Sí? –Murmura la chica mientras se pone cómoda en la cama y abraza una almohada, sus orejas felinas reaccionando ante el canto de los pájaros una última vez antes de quedarse quietas para poder descansar–
    Me encocora
    Me gusta
    Me endiabla
    4
    2 turnos 0 maullidos
  • — Decidí vivir con el peso sobre mi espalda, atesoro los recuerdos de todos aquellos que me hicieron compañía, en honor a ustedes ¡Salud!.— Se empina todo el tarro de cerveza espumosa, su garganta arde, el recuerdo de esos días persiste.
    — Decidí vivir con el peso sobre mi espalda, atesoro los recuerdos de todos aquellos que me hicieron compañía, en honor a ustedes ¡Salud!.— Se empina todo el tarro de cerveza espumosa, su garganta arde, el recuerdo de esos días persiste.
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • — Lindas vistas que nos ofrece la naturaleza, por eso me encanta disfrutar la tarde yendo al bosque o estando en un campo, tirado en el pasto, con el mínimo ruido que pueden a llegar a ser de pájaros hermosos.
    Les digo un dato sobre mi, me encanta y amo el color verde, es mi color mega favorito. <3
    — Lindas vistas que nos ofrece la naturaleza, por eso me encanta disfrutar la tarde yendo al bosque o estando en un campo, tirado en el pasto, con el mínimo ruido que pueden a llegar a ser de pájaros hermosos. Les digo un dato sobre mi, me encanta y amo el color verde, es mi color mega favorito. <3
    Me encocora
    1
    20 turnos 0 maullidos
  • — De joven me sentía como Van Damme, te entiendo muchacho es difícil de creer que el de esa foto sea yo.— Lagrimea de la nostalgia, guarda la foto en su billetera.
    — De joven me sentía como Van Damme, te entiendo muchacho es difícil de creer que el de esa foto sea yo.— Lagrimea de la nostalgia, guarda la foto en su billetera.
    Me encocora
    Me enjaja
    2
    2 turnos 0 maullidos
  • ────────────────── 𝕸𝖊𝖗𝖈𝖆𝖙𝖔𝖗 𝖁𝖊𝖓𝖊𝖓𝖎.
    Categoría Aventura
    { Ambient: https://open.spotify.com/intl-es/track/6V8ERjRVcuP3FsKrCr2DL2?si=7786de6c1e6649ab }

    .



    La lluvia había cesado hacía apenas una hora, pero el bosque seguía respirando humedad. El barro se adhería a las botas como manos débiles intentando arrastrar a los vivos bajo tierra, y entre los árboles desnudos por el frío se extendía una niebla tan espesa que el camino parecía deshacerse a pocos metros de distancia.

    Odette avanzaba sola. Cubierta por su capa de tela gruesa color negro y con la capucha ocultando parte de su rostro, llevaba un pequeño farol de aceite en una mano y su bolso de cuero colgado al costado. Dentro tintineaban frascos, morteros pequeños y envoltorios de hierbas secas. El aire alrededor de ella olía a ajenjo, alcanfor y lirios del bosque.

    Había abandonado el pueblo antes del amanecer tras recibir un encargo peculiar.

    Un cazador había llegado moribundo a la botica la noche anterior. Alcanzó únicamente a murmurar sobre un pantano oculto entre los bosques del norte. Decía que en sus aguas crecía una planta imposible:
    una flor pálida capaz de intensificar cualquier veneno o convertir un remedio en algo letal... Y ahora él estaba muerto.

    Odette no confiaba en historias contadas por hombres agonizantes, pero sí confiaba en la expresión de terror que había visto en sus ojos.

    Se detuvo un instante.

    A lo lejos, entre la niebla, distinguió una luz cálida balanceándose lentamente. No parecía provenir de una casa ni de un campamento militar. Era móvil. Como una luciérnaga atrapada en una botella.
    Un carruaje.
    O algo parecido.
    El sonido metálico de cadenas suaves y el relinchar cansado de un caballo terminaron de confirmar su sospecha.

    Odette entrecerró apenas los ojos.

    No era común encontrar viajeros en aquella ruta olvidada. Mucho menos comerciantes.

    Y muchísimo menos comerciantes armados.

    La herborista abandonó el sendero principal y avanzó entre los árboles húmedos hasta divisar finalmente la figura del desconocido: un mercader acompañado por un carromato repleto de cajas, cuchillos, pequeños frascos y puntas de flecha cuidadosamente envueltas en cuero oscuro.

    Incluso desde lejos podía percibir el olor metálico del veneno.

    Odette observó las mercancías con atención curiosa antes de hablar por primera vez.

    —Tus flechas están impregnadas con eléboro negro… pero las dagas huelen a tejo y cicuta.—Su voz sonó tranquila, casi indiferente.—Una mezcla extraña... Y costosa también.

    Sus ojos finalmente se dirigieron hacia el enano de armadura.

    —¿Eres lo bastante valiente para atravesar el pantano del norte… o simplemente estás perdido?

    Un trueno distante resonó entre los árboles.

    Y por un instante, el bosque entero pareció quedarse en silencio.
    Un silencio muerto. Expectante.
    { Ambient: https://open.spotify.com/intl-es/track/6V8ERjRVcuP3FsKrCr2DL2?si=7786de6c1e6649ab } . ༒ La lluvia había cesado hacía apenas una hora, pero el bosque seguía respirando humedad. El barro se adhería a las botas como manos débiles intentando arrastrar a los vivos bajo tierra, y entre los árboles desnudos por el frío se extendía una niebla tan espesa que el camino parecía deshacerse a pocos metros de distancia. Odette avanzaba sola. Cubierta por su capa de tela gruesa color negro y con la capucha ocultando parte de su rostro, llevaba un pequeño farol de aceite en una mano y su bolso de cuero colgado al costado. Dentro tintineaban frascos, morteros pequeños y envoltorios de hierbas secas. El aire alrededor de ella olía a ajenjo, alcanfor y lirios del bosque. Había abandonado el pueblo antes del amanecer tras recibir un encargo peculiar. Un cazador había llegado moribundo a la botica la noche anterior. Alcanzó únicamente a murmurar sobre un pantano oculto entre los bosques del norte. Decía que en sus aguas crecía una planta imposible: una flor pálida capaz de intensificar cualquier veneno o convertir un remedio en algo letal... Y ahora él estaba muerto. Odette no confiaba en historias contadas por hombres agonizantes, pero sí confiaba en la expresión de terror que había visto en sus ojos. Se detuvo un instante. A lo lejos, entre la niebla, distinguió una luz cálida balanceándose lentamente. No parecía provenir de una casa ni de un campamento militar. Era móvil. Como una luciérnaga atrapada en una botella. Un carruaje. O algo parecido. El sonido metálico de cadenas suaves y el relinchar cansado de un caballo terminaron de confirmar su sospecha. Odette entrecerró apenas los ojos. No era común encontrar viajeros en aquella ruta olvidada. Mucho menos comerciantes. Y muchísimo menos comerciantes armados. La herborista abandonó el sendero principal y avanzó entre los árboles húmedos hasta divisar finalmente la figura del desconocido: un mercader acompañado por un carromato repleto de cajas, cuchillos, pequeños frascos y puntas de flecha cuidadosamente envueltas en cuero oscuro. Incluso desde lejos podía percibir el olor metálico del veneno. Odette observó las mercancías con atención curiosa antes de hablar por primera vez. —Tus flechas están impregnadas con eléboro negro… pero las dagas huelen a tejo y cicuta.—Su voz sonó tranquila, casi indiferente.—Una mezcla extraña... Y costosa también. Sus ojos finalmente se dirigieron hacia el enano de armadura. —¿Eres lo bastante valiente para atravesar el pantano del norte… o simplemente estás perdido? Un trueno distante resonó entre los árboles. Y por un instante, el bosque entero pareció quedarse en silencio. Un silencio muerto. Expectante.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me encocora
    4
    2 turnos 0 maullidos
  • Elizabeth vió a Mumei, explorando un lugar baldío y desolado, decidió sorprenderla saltando de arriba de unas rocas caer frente a ella de pie y quedar enfrentada con Mumei, dando pie a su segundo reencuentro con ella.

    — Nos volvemos a encontrar, Mumei. —

    Dijo Elizabeth mientras usaba su espada apoyada en el suelo cómo objeto de apoyo mientras se le quedaba viendo a ella, de forma seria.
    Elizabeth vió a Mumei, explorando un lugar baldío y desolado, decidió sorprenderla saltando de arriba de unas rocas caer frente a ella de pie y quedar enfrentada con Mumei, dando pie a su segundo reencuentro con ella. — Nos volvemos a encontrar, Mumei. — Dijo Elizabeth mientras usaba su espada apoyada en el suelo cómo objeto de apoyo mientras se le quedaba viendo a ella, de forma seria.
    Me shockea
    Me endiabla
    Me emputece
    6
    26 turnos 0 maullidos
  • No he estado ni 5 minutos contigo pero no sabes cuánto te adoro. -Le dice a la persona que está sentada a su lado.-
    No he estado ni 5 minutos contigo pero no sabes cuánto te adoro. -Le dice a la persona que está sentada a su lado.-
    0 turnos 0 maullidos
  • — Hello, Its me... Tardé más de lo que pensé — Espera que no la agarren de los cabellos (?)
    — Hello, Its me... Tardé más de lo que pensé — Espera que no la agarren de los cabellos (?)
    Me shockea
    Me encocora
    Me gusta
    7
    17 turnos 0 maullidos
Patrocinados