• Cuídate del príncipe azul, búscate un lobo feroz, que te vea mejor, te escuche mejor y te coma mejor.
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    JÉRÔME MATHEW on Instagram: "Whatever you believe about yourself on the inside is what you manifest on the outside. 🧬 🎥 @dreamdestination.films @vilano.fpv"
    4,944 likes, 52 comments - jeromathew on October 15, 2022: "Whatever you believe about yourself on the inside is what you manifest on the outside. 🧬 🎥 @dreamdestination.films @vilano.fpv".
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  • ──𝐓𝐞 𝐚𝐦𝐨 𝐭𝐚𝐧𝐭𝐨
    𝐓𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐞 𝐬𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐭𝐨𝐧𝐭𝐚
    𝐓𝐨𝐧𝐭𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐞 𝐝𝐮𝐞𝐥𝐚 𝐭𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐭𝐮 𝐧𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐬
    𝐓𝐞 𝐚𝐦𝐨 𝐭𝐚𝐧𝐭𝐨
    𝐘 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐢𝐦𝐚𝐠𝐢𝐧𝐞𝐬 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐭𝐨
    𝐂𝐮𝐞𝐧𝐭𝐚 𝐭𝐨𝐝𝐚𝐬 𝐥𝐚𝐬 𝐞𝐬𝐭𝐫𝐞𝐥𝐥𝐚𝐬 𝐲 𝐬𝐮𝐦𝐚𝐥𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐚𝐬 ⁠♡

    Rian

    https://youtu.be/ridGylKQ0WY?si=xOpCTDppihRej4wn
    ──𝐓𝐞 𝐚𝐦𝐨 𝐭𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐓𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐞 𝐬𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐭𝐨𝐧𝐭𝐚 𝐓𝐨𝐧𝐭𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐞 𝐝𝐮𝐞𝐥𝐚 𝐭𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐭𝐮 𝐧𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐬 𝐓𝐞 𝐚𝐦𝐨 𝐭𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐘 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐢𝐦𝐚𝐠𝐢𝐧𝐞𝐬 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐂𝐮𝐞𝐧𝐭𝐚 𝐭𝐨𝐝𝐚𝐬 𝐥𝐚𝐬 𝐞𝐬𝐭𝐫𝐞𝐥𝐥𝐚𝐬 𝐲 𝐬𝐮𝐦𝐚𝐥𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐚𝐬 ⁠♡ [Rian_A] https://youtu.be/ridGylKQ0WY?si=xOpCTDppihRej4wn
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  • — Veo que tiene un problema , si, si, existe algo llamado Paloterapia, no está científicamente comprobado pero tiene un efecto del 85% de enderezar los problemas de conducta solo necesita una tabla y golpear como si fuera piñata. Buena suerte.—
    — Veo que tiene un problema , si, si, existe algo llamado Paloterapia, no está científicamente comprobado pero tiene un efecto del 85% de enderezar los problemas de conducta solo necesita una tabla y golpear como si fuera piñata. Buena suerte.—
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  • Un nuevo día.... Patrullaré la ciudad a ver si alguien causa problemas.
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  • Creo... que cada quien tiene su estilo de llevar a cabo su escape.(?)
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  • *Mientras tanto, en un mundo paralelo.*

    El resultado será el mismo...(?)
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  • Buenos dias!
    Les deseo lo mejor a todos hoy!
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  • "Recuerdo sus rostros, recuerdo sus voces; sus nombres son el problema..."
    "Recuerdo sus rostros, recuerdo sus voces; sus nombres son el problema..."
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  • Si, me compro tacitas bonitas para el café o el té con el único proposito de romantizar mi vida, ¿y qué?
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  • El sol caía bajo, reflejando su luz dorada sobre la línea del horizonte, cuando Natasha Romanoff, la reconocida Viuda Negra, salió del helicóptero de transporte y pisó el terreno desconocido. Con el aire de un soldado experimentado, sus botas golpearon el suelo con la misma precisión que sus pensamientos. No era la primera vez que se encontraba en un lugar como ese, pero había algo diferente en la atmósfera. La sensación de estar lejos de su elemento habitual, en un campo de entrenamiento más grande y abierto que el habitual laberinto de oficinas y misiones secretas que conocía tan bien, le resultaba incómoda.

    Se detuvo un momento, observando el vasto campo de entrenamiento. Había camiones blindados estacionados a un lado, grupos de soldados que practicaban maniobras, y edificios industriales, algunos de ellos claramente destinados para entrenamientos avanzados. —Y dentro del aula que esperaba a sus instructores, los ojos de los inexperto alumnos brillaban de anticipación, sus posturas tensas, aprovechando la falta de presencia de sus docentes para intercambiar preguntas o tal. Todos sabían que sus nuevos instructores eran dos de los más experimentados soldados—.

    Natasha no sentía nervios, pero sí una cierta incomodidad, una incomodidad que no lograba disipar. Se pasó una mano por el cabello rojo, recogido en una coleta, y ajustó el chaleco táctico mientras avanzaba hacia el edificio principal. En sus pensamientos, había una serie de preguntas que se repetían, pero no había tiempo para reflexionar en ese momento. Lo único que necesitaba era concentrarse. Solo que hoy, se dio cuenta, no estaría sola. 𝗠𝗶𝗰𝗮𝗵 𝗥𝗮𝘃𝗲𝗻𝘀𝗰𝗿𝗼𝗳𝘁.

    El nombre había sido lo único que le habían dado. Un soldado experimentado con años de servicio, el que se encargaría de todo lo relacionado con la medicina de combate. Su mirada era la misma de siempre, calculadora, distante, pero esta vez, la sensación de estar acompañada la desconcertaba. No se le había informado mucho sobre él. Nada sobre su personalidad, su forma de enseñar, ni siquiera qué tan eficiente era en su especialidad. Solo sabía que era parte de este programa, y que compartiría la responsabilidad de enseñar a los nuevos reclutas con él.

    Caminaba hacia el edificio, distante a las miradas ajenas. La puerta de entrada se abrió automáticamente, y al instante, el ambiente cambió. Ya no estaba al aire libre. Ahora, estaba dentro de un espacio cerrado, de paredes grises y frías, lleno de largas pasarelas y pasillos desordenados.

    Al final de uno de esos pasillos, se encontraba él.

    El soldado estaba allí, de pie, en una esquina apartada del pasillo, en su uniforme de combate, ajustado a la perfección, no había nada que delatara su presencia más que su altura y su postura: erguida, seria, inquebrantable.

    Los pocos detalles que Natasha pudo captar desde su llegada fueron los suficientes para percatarse de que Micah no era un hombre de palabras. De hecho, no parecía tener ninguna intención de romper el silencio que parecía envolverlo.

    La mujer, aunque acostumbrada a trabajar con personas tan complejas como él, no pudo evitar sentir una punzada de curiosidad. Pero no era una curiosidad complaciente; era más bien una necesidad de entender cómo, en este nuevo terreno, iba a encajar. ¿Cómo iba a trabajar con alguien que parecía tan… distante?

    Se acercó con paso firme, pero sin la urgencia que suele tener en las misiones. Un leve resoplido escapó de sus labios mientras recorría el pasillo. De reojo, observó los muros que les rodeaban.

    Finalmente, se acercó un poco más a él, hasta quedar a unos pasos de distancia. Se permitió un momento para evaluarlo con una mirada rápida y precisa, sus ojos se movieron con rapidez por su rostro, intentando descifrar cualquier cosa que pudiera indicarle algo sobre el hombre que tendría como compañero de instrucción.

    ──¿Micah Ravenscroft?

    Preguntó con un tono neutral, pero con una chispa de impaciencia que no pudo evitar esconder. El silencio de él le resultaba desconcertante. Estaba acostumbrada a la gente que no le temía a las palabras. ¿Por qué este hombre no respondía?

    Los ojos verde oliva y fríos del hombre, se encontraron con los de ella por un instante. Ella percibió o pensó que en el contrario no había miedo ni duda. Solo estaba… observando.

    "Supongo que tendré que trabajar con este silencio", pensó Natasha, sintiendo un leve tirón de frustración en su pecho. Pero rápidamente lo apartó de su mente. No tenía tiempo para juzgar, solo para actuar.
    ㅤㅤ
    [ Micah Ravenscroft ]
    El sol caía bajo, reflejando su luz dorada sobre la línea del horizonte, cuando Natasha Romanoff, la reconocida Viuda Negra, salió del helicóptero de transporte y pisó el terreno desconocido. Con el aire de un soldado experimentado, sus botas golpearon el suelo con la misma precisión que sus pensamientos. No era la primera vez que se encontraba en un lugar como ese, pero había algo diferente en la atmósfera. La sensación de estar lejos de su elemento habitual, en un campo de entrenamiento más grande y abierto que el habitual laberinto de oficinas y misiones secretas que conocía tan bien, le resultaba incómoda. Se detuvo un momento, observando el vasto campo de entrenamiento. Había camiones blindados estacionados a un lado, grupos de soldados que practicaban maniobras, y edificios industriales, algunos de ellos claramente destinados para entrenamientos avanzados. —Y dentro del aula que esperaba a sus instructores, los ojos de los inexperto alumnos brillaban de anticipación, sus posturas tensas, aprovechando la falta de presencia de sus docentes para intercambiar preguntas o tal. Todos sabían que sus nuevos instructores eran dos de los más experimentados soldados—. Natasha no sentía nervios, pero sí una cierta incomodidad, una incomodidad que no lograba disipar. Se pasó una mano por el cabello rojo, recogido en una coleta, y ajustó el chaleco táctico mientras avanzaba hacia el edificio principal. En sus pensamientos, había una serie de preguntas que se repetían, pero no había tiempo para reflexionar en ese momento. Lo único que necesitaba era concentrarse. Solo que hoy, se dio cuenta, no estaría sola. 𝗠𝗶𝗰𝗮𝗵 𝗥𝗮𝘃𝗲𝗻𝘀𝗰𝗿𝗼𝗳𝘁. El nombre había sido lo único que le habían dado. Un soldado experimentado con años de servicio, el que se encargaría de todo lo relacionado con la medicina de combate. Su mirada era la misma de siempre, calculadora, distante, pero esta vez, la sensación de estar acompañada la desconcertaba. No se le había informado mucho sobre él. Nada sobre su personalidad, su forma de enseñar, ni siquiera qué tan eficiente era en su especialidad. Solo sabía que era parte de este programa, y que compartiría la responsabilidad de enseñar a los nuevos reclutas con él. Caminaba hacia el edificio, distante a las miradas ajenas. La puerta de entrada se abrió automáticamente, y al instante, el ambiente cambió. Ya no estaba al aire libre. Ahora, estaba dentro de un espacio cerrado, de paredes grises y frías, lleno de largas pasarelas y pasillos desordenados. Al final de uno de esos pasillos, se encontraba él. El soldado estaba allí, de pie, en una esquina apartada del pasillo, en su uniforme de combate, ajustado a la perfección, no había nada que delatara su presencia más que su altura y su postura: erguida, seria, inquebrantable. Los pocos detalles que Natasha pudo captar desde su llegada fueron los suficientes para percatarse de que Micah no era un hombre de palabras. De hecho, no parecía tener ninguna intención de romper el silencio que parecía envolverlo. La mujer, aunque acostumbrada a trabajar con personas tan complejas como él, no pudo evitar sentir una punzada de curiosidad. Pero no era una curiosidad complaciente; era más bien una necesidad de entender cómo, en este nuevo terreno, iba a encajar. ¿Cómo iba a trabajar con alguien que parecía tan… distante? Se acercó con paso firme, pero sin la urgencia que suele tener en las misiones. Un leve resoplido escapó de sus labios mientras recorría el pasillo. De reojo, observó los muros que les rodeaban. Finalmente, se acercó un poco más a él, hasta quedar a unos pasos de distancia. Se permitió un momento para evaluarlo con una mirada rápida y precisa, sus ojos se movieron con rapidez por su rostro, intentando descifrar cualquier cosa que pudiera indicarle algo sobre el hombre que tendría como compañero de instrucción. ──¿Micah Ravenscroft? Preguntó con un tono neutral, pero con una chispa de impaciencia que no pudo evitar esconder. El silencio de él le resultaba desconcertante. Estaba acostumbrada a la gente que no le temía a las palabras. ¿Por qué este hombre no respondía? Los ojos verde oliva y fríos del hombre, se encontraron con los de ella por un instante. Ella percibió o pensó que en el contrario no había miedo ni duda. Solo estaba… observando. "Supongo que tendré que trabajar con este silencio", pensó Natasha, sintiendo un leve tirón de frustración en su pecho. Pero rápidamente lo apartó de su mente. No tenía tiempo para juzgar, solo para actuar. ㅤㅤ [ [M.C09] ]
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