• *Aparece girando con una sonrisa radiante, su vestido brillando como un trozo del cosmos mismo. Las constelaciones detrás de ella parecen danzar al ritmo de su energía infinita.*

    -“Ehehe~ ¿No es hermoso? Cada estrella allá arriba… tiene una historia. Y aun así, todas caben en el mismo cielo~

    *gira suavemente, dejando que su largo cabello se mueva como una corriente estelar*

    -“Yo también soy parte de eso, sabes… un pequeño fragmento del universo, intentando recordar cómo se siente simplemente… brillar. Porque incluso una diosa del espacio necesita bailar de vez en cuando, ¡right~?”

    *extiende una mano, como invitando a compartir ese momento entre luces y constelaciones*

    -“Ven, camina conmigo sobre las estrellas. No hay gravedad que nos detenga… sólo infinitas posibilidades~”

    *Aparece girando con una sonrisa radiante, su vestido brillando como un trozo del cosmos mismo. Las constelaciones detrás de ella parecen danzar al ritmo de su energía infinita.* -“Ehehe~ ¿No es hermoso? Cada estrella allá arriba… tiene una historia. Y aun así, todas caben en el mismo cielo~ ✨” *gira suavemente, dejando que su largo cabello se mueva como una corriente estelar* -“Yo también soy parte de eso, sabes… un pequeño fragmento del universo, intentando recordar cómo se siente simplemente… brillar. Porque incluso una diosa del espacio necesita bailar de vez en cuando, ¡right~?” 🌌 *extiende una mano, como invitando a compartir ese momento entre luces y constelaciones* -“Ven, camina conmigo sobre las estrellas. No hay gravedad que nos detenga… sólo infinitas posibilidades~” 💫
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  • - ¡¡ 𝐈 𝐝𝐚𝐧𝐜𝐞 𝐰𝐢𝐭𝐡 𝐝𝐞𝐬𝐭𝐢𝐧𝐲 !!
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  • - Y.... ¿Ya tomaste la foto, Tails?
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  • -Desde que Kensuke entro a su vida oficialmente como su novio, Mika le gustaba preparar el desayuno cuando se quedaba a dormir en su departamento, preparando sandwiches rellenos de mermelada de fresa y café.-


    𝐊𝐞𝐧𝐬𝐮𝐤𝐞
    -Desde que Kensuke entro a su vida oficialmente como su novio, Mika le gustaba preparar el desayuno cuando se quedaba a dormir en su departamento, preparando sandwiches rellenos de mermelada de fresa y café.- [BigB0y]
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  • Ha tenido un día muy, muy agotador. Necesita un descanso si es eterno, mejor.
    Ha tenido un día muy, muy agotador. Necesita un descanso si es eterno, mejor.
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  • Nunca imaginé que algo así pudiera volver a pasarme. Había pasado meses manejando situaciones peligrosas, lidiando con problemas de la mafia, con rivales, con enemigos que creía resueltos. Pensé que estaba a salvo, que la sombra de la violencia había quedado atrás, que mis días de caos y miedo habían terminado… hasta que ellos me encontraron.

    Salí de viaje unos días antes para organizar cosas de la boda, revisando contratos, cerrando detalles con proveedores. Confié en que este viaje sería solo eso: trabajo, rutina, preparación.

    Pero no fue así.

    Me arrancaron del coche antes de que pudiera reaccionar. Una mano fuerte cubrió mi boca, otra me empujó hacia un vehículo que olía a gasolina y a metal frío. Mis gritos se ahogaron en la noche, y mientras la lluvia golpeaba mi cara, entendí que no había escapatoria. No esta vez.

    Me llevaron a un almacén apartado, un lugar que olía a humedad, a polvo, a algo metálico y podrido. La puerta se cerró detrás de mí con un golpe seco que resonó en mis oídos. Me empujaron a una silla y me ataron las muñecas con cuerda áspera que dejó marcas que arderían días después. La luz era escasa, apenas suficiente para ver las siluetas de ellos, los hombres que habían sido amigos de mi padre y ahora buscaban venganza. Sus miradas eran cuchillos, y yo me sentí desnuda ante ellas, no en ropa, sino en vulnerabilidad y miedo.

    Las palizas empezaron casi de inmediato. Cada golpe me recordaba que mi pasado había vuelto a alcanzarme, que ninguna habilidad, ninguna preparación, ninguna certeza sobre el control que pensaba tener podía salvarme de esto. Me empujaban, me lanzaban al suelo, me hacían sentir que mi cuerpo no me pertenecía, abusando de mi cada día, cuando ellos querían. Cada contusión, cada moretón, era un recordatorio de que estaba completamente a merced de su ira.

    No hablaban mucho. No hacía falta. Cada palabra que soltaban estaba cargada de amenaza y resentimiento, cada gesto decía que la venganza de ellos debía cumplirse a toda costa. Intenté mantener la calma, respirar, recordar que soy Alessia, que he sobrevivido a cosas que harían temblar a cualquiera. Pero cada noche, en la soledad de esa habitación oscura, me sentía más pequeña, más frágil, más atrapada que nunca.

    No puedo contar con exactitud cuántos días pasaron así. Las horas se mezclaban con el dolor, con el miedo, con la humillación. A veces me golpeaban, otras me empujaban, otras me hacían sentir que cada parte de mí estaba bajo su dominio, tocándome… y haciendo cosas mucho peores. Me hicieron comprender que no hay fuerza suficiente para enfrentar la ira de quienes buscan venganza… y que a veces, aunque seas sicaria, aunque hayas manejado la muerte y la traición, el mundo puede voltearse en tu contra y dejarte indefensa.

    Lo peor no era el dolor físico, aunque era constante y brutal. Lo peor era sentir que el control que creía tener se desmoronaba. Durante meses pensé que todo estaba bajo control, que podía manejar cualquier situación que surgiera, que Angela y yo éramos invencibles. Y ahora… ahora me encontraba rota, temblando en una silla, y comprendí que nada de eso importaba aquí. Que el mundo podía arrancarte todo en un instante, sin aviso, sin compasión.

    Me aferré a mis recuerdos, a la idea de Angela Di Trapani , a la boda, a todo lo que había prometido y construido. Pero esa esperanza pequeña, como una llama que se niega a apagarse, no resistió lo suficiente. No sabía cómo saldría de allí, y en ese punto, no sabía si queria sobrevivir. Me sentía sucia, rota. ¿Cómo se supone que mi prometida me verá ahora? ¿Le daré asco? ¿Lástima, quizás?

    No lo sé, lo único que sé con certeza es que cada día que pasa me rompen más, y yo solo quiero que esto acabe de una vez.
    Nunca imaginé que algo así pudiera volver a pasarme. Había pasado meses manejando situaciones peligrosas, lidiando con problemas de la mafia, con rivales, con enemigos que creía resueltos. Pensé que estaba a salvo, que la sombra de la violencia había quedado atrás, que mis días de caos y miedo habían terminado… hasta que ellos me encontraron. Salí de viaje unos días antes para organizar cosas de la boda, revisando contratos, cerrando detalles con proveedores. Confié en que este viaje sería solo eso: trabajo, rutina, preparación. Pero no fue así. Me arrancaron del coche antes de que pudiera reaccionar. Una mano fuerte cubrió mi boca, otra me empujó hacia un vehículo que olía a gasolina y a metal frío. Mis gritos se ahogaron en la noche, y mientras la lluvia golpeaba mi cara, entendí que no había escapatoria. No esta vez. Me llevaron a un almacén apartado, un lugar que olía a humedad, a polvo, a algo metálico y podrido. La puerta se cerró detrás de mí con un golpe seco que resonó en mis oídos. Me empujaron a una silla y me ataron las muñecas con cuerda áspera que dejó marcas que arderían días después. La luz era escasa, apenas suficiente para ver las siluetas de ellos, los hombres que habían sido amigos de mi padre y ahora buscaban venganza. Sus miradas eran cuchillos, y yo me sentí desnuda ante ellas, no en ropa, sino en vulnerabilidad y miedo. Las palizas empezaron casi de inmediato. Cada golpe me recordaba que mi pasado había vuelto a alcanzarme, que ninguna habilidad, ninguna preparación, ninguna certeza sobre el control que pensaba tener podía salvarme de esto. Me empujaban, me lanzaban al suelo, me hacían sentir que mi cuerpo no me pertenecía, abusando de mi cada día, cuando ellos querían. Cada contusión, cada moretón, era un recordatorio de que estaba completamente a merced de su ira. No hablaban mucho. No hacía falta. Cada palabra que soltaban estaba cargada de amenaza y resentimiento, cada gesto decía que la venganza de ellos debía cumplirse a toda costa. Intenté mantener la calma, respirar, recordar que soy Alessia, que he sobrevivido a cosas que harían temblar a cualquiera. Pero cada noche, en la soledad de esa habitación oscura, me sentía más pequeña, más frágil, más atrapada que nunca. No puedo contar con exactitud cuántos días pasaron así. Las horas se mezclaban con el dolor, con el miedo, con la humillación. A veces me golpeaban, otras me empujaban, otras me hacían sentir que cada parte de mí estaba bajo su dominio, tocándome… y haciendo cosas mucho peores. Me hicieron comprender que no hay fuerza suficiente para enfrentar la ira de quienes buscan venganza… y que a veces, aunque seas sicaria, aunque hayas manejado la muerte y la traición, el mundo puede voltearse en tu contra y dejarte indefensa. Lo peor no era el dolor físico, aunque era constante y brutal. Lo peor era sentir que el control que creía tener se desmoronaba. Durante meses pensé que todo estaba bajo control, que podía manejar cualquier situación que surgiera, que Angela y yo éramos invencibles. Y ahora… ahora me encontraba rota, temblando en una silla, y comprendí que nada de eso importaba aquí. Que el mundo podía arrancarte todo en un instante, sin aviso, sin compasión. Me aferré a mis recuerdos, a la idea de [haze_orange_shark_766] , a la boda, a todo lo que había prometido y construido. Pero esa esperanza pequeña, como una llama que se niega a apagarse, no resistió lo suficiente. No sabía cómo saldría de allí, y en ese punto, no sabía si queria sobrevivir. Me sentía sucia, rota. ¿Cómo se supone que mi prometida me verá ahora? ¿Le daré asco? ¿Lástima, quizás? No lo sé, lo único que sé con certeza es que cada día que pasa me rompen más, y yo solo quiero que esto acabe de una vez.
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  • | No sé que están esperando para hacerse un personaje con el zorro enmascarado (Kotoyuki) de Silent Hill F. De usar personajes hombres yo ya lo habría hecho. Les falta visión.
    | No sé que están esperando para hacerse un personaje con el zorro enmascarado (Kotoyuki) de Silent Hill F. De usar personajes hombres yo ya lo habría hecho. Les falta visión.
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  • No te preocupes, yo estoy bien ¿Por qué preguntas?
    No te preocupes, yo estoy bien ¿Por qué preguntas?
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  • “El Arte de la Sangre y la Elegancia”

    El sonido de los tacones resonaba como una cuenta regresiva en el mármol del pasillo.
    Cada paso era un golpe de autoridad, una advertencia.

    Luana Smith Carson avanzaba con la serenidad de quien sabe que domina la escena. El vestido rojo vino se ajustaba a su silueta con precisión mortal, dejando ver los hombros desnudos y el brillo suave de su piel. Sobre sus brazos descansaba una estola de piel blanca que contrastaba con la oscuridad del lugar, un símbolo de lujo… y de poder.

    El aire olía a vino caro y tensión.

    Las luces del salón se reflejaban en los cristales de las lámparas mientras los invitados —políticos, empresarios, mafiosos disfrazados de filántropos— giraban para mirarla entrar. Ninguno se atrevía a hablar primero.

    Sus tacones, salpicados con patrones rojos que parecían sangre seca, eran más que un accesorio: una declaración. Cada gota pintada contaba una historia que nadie se atrevería a preguntar.

    Luana detuvo su paso en el centro de la sala. Su mirada, dorada bajo las luces, se posó en el anfitrión: un hombre que, minutos antes, se jactaba de controlar el mercado negro del puerto.

    —Bonita fiesta —dijo con voz baja, melódica, casi amable—. Lástima que sea la última que organizas.

    El silencio se rompió con un leve chasquido de sus dedos.
    Las sombras en las esquinas comenzaron a moverse, como si obedecieran a su llamada. En segundos, la atmósfera cambió; el aire se volvió pesado, denso, oscuro.

    Los guardias se tensaron, las manos fueron a las armas. Pero Luana solo sonrió, inclinando ligeramente la cabeza.

    —Tranquilos —susurró—. Aún no es su turno.

    Se acercó al anfitrión, su perfume invadiendo el espacio entre ambos, y le susurró al oído:

    > “Nunca subestimes a una mujer que sabe convertir la elegancia en un arma.”



    Después, sin mirar atrás, giró sobre sus tacones, dejando tras de sí el eco de su perfume, el crujido de la piel blanca de su abrigo y la sensación inevitable de que algo oscuro acababa de comenzar.
    “El Arte de la Sangre y la Elegancia” El sonido de los tacones resonaba como una cuenta regresiva en el mármol del pasillo. Cada paso era un golpe de autoridad, una advertencia. Luana Smith Carson avanzaba con la serenidad de quien sabe que domina la escena. El vestido rojo vino se ajustaba a su silueta con precisión mortal, dejando ver los hombros desnudos y el brillo suave de su piel. Sobre sus brazos descansaba una estola de piel blanca que contrastaba con la oscuridad del lugar, un símbolo de lujo… y de poder. El aire olía a vino caro y tensión. Las luces del salón se reflejaban en los cristales de las lámparas mientras los invitados —políticos, empresarios, mafiosos disfrazados de filántropos— giraban para mirarla entrar. Ninguno se atrevía a hablar primero. Sus tacones, salpicados con patrones rojos que parecían sangre seca, eran más que un accesorio: una declaración. Cada gota pintada contaba una historia que nadie se atrevería a preguntar. Luana detuvo su paso en el centro de la sala. Su mirada, dorada bajo las luces, se posó en el anfitrión: un hombre que, minutos antes, se jactaba de controlar el mercado negro del puerto. —Bonita fiesta —dijo con voz baja, melódica, casi amable—. Lástima que sea la última que organizas. El silencio se rompió con un leve chasquido de sus dedos. Las sombras en las esquinas comenzaron a moverse, como si obedecieran a su llamada. En segundos, la atmósfera cambió; el aire se volvió pesado, denso, oscuro. Los guardias se tensaron, las manos fueron a las armas. Pero Luana solo sonrió, inclinando ligeramente la cabeza. —Tranquilos —susurró—. Aún no es su turno. Se acercó al anfitrión, su perfume invadiendo el espacio entre ambos, y le susurró al oído: > “Nunca subestimes a una mujer que sabe convertir la elegancia en un arma.” Después, sin mirar atrás, giró sobre sus tacones, dejando tras de sí el eco de su perfume, el crujido de la piel blanca de su abrigo y la sensación inevitable de que algo oscuro acababa de comenzar.
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  • Bien chico mi pequeño niño ~
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