• Daozhang Xiao Xingchen Hermanito querido. Me puse el hanfu que me regalaste hace un tiempo atrás. Puedes tocar las mangas. Quiero pasar contigo y tu familia el Año Nuevo Chino.
    [Daozhang_XiaoXingchen] Hermanito querido. Me puse el hanfu que me regalaste hace un tiempo atrás. Puedes tocar las mangas. Quiero pasar contigo y tu familia el Año Nuevo Chino.
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  • ⸻"𝐴 𝑚𝑒𝑚𝑜𝑟𝑦 𝑟𝑒𝑠𝑖𝑑𝑖𝑛𝑔 𝑏𝑒𝑡𝑤𝑒𝑒𝑛 𝑙𝑜𝑣𝑒 𝑎𝑛𝑑 𝑝𝑎𝑖𝑛." | 𝐄𝐧𝐭𝐫𝐲: 𝐈


    […] Sentía la respiración más y más pesada a cada instante; suspiraba pesadamente al exhalar, y al inhalar, los pulmones le ardían mientras que un regusto a azufre invadía su lengua. El cerúleo de sus ojos cansinos se asomó apenas por sus entreabiertos párpados y los mechones rebeldes de su melena platinada, contemplando su silueta fragmentada en el espejo que tenía delante.

    La sangre escurría espesa y lenta —como si el vidrío sangrase desde cada lugar donde fue resquebrajado— tiñendo su pálido y distorsionado reflejo con un carmín sucio que parecía incluso desdibujar sus facciones. Tan solo su mirada, anclada al cristal, permanecía. Pero incluso sentía que esta ya no era suya. Entre más observaba, menos se reconocía.

    ¿Cuántas veces había contemplado su reflejo, solo para encontrar a alguien más detrás de él? A su padre, a su madre. A su hermano.

    Al propio hueco que la culpa había dejado en su pecho.

    Dante apretó los dientes al punto de hacerlos rechinar, así como su puño se ciñó a la empuñadura de su espada como si buscase aplastarla. La brea negra bajo sus pies comenzó a subir, mientras dejaba a la vista un precioso amuleto dorado frente a él, símbolo de sus más cruentos recuerdos.

    El cuerpo le pesaba, pero no iba a dejarse arrastrar por la culpa hasta el fondo de aquel mar negro. Con lo último que le quedaba de fuerzas, alzó la pesada hoja por encima del espejo, y la dejó caer. Un último impulso, un último anhelo. Y todo se volvió oscuridad sin encontrar en ello consuelo.

    Despertó agitado y empapado de sudor frío en uno de los sofás de su oficina. Los rayos cálidos del sol del atardecer le acariciaban el rostro en un contraste que le brindó tanto alivio como confusión.

    Otra vez había tenido ese sueño.
    ⸻"𝐴 𝑚𝑒𝑚𝑜𝑟𝑦 𝑟𝑒𝑠𝑖𝑑𝑖𝑛𝑔 𝑏𝑒𝑡𝑤𝑒𝑒𝑛 𝑙𝑜𝑣𝑒 𝑎𝑛𝑑 𝑝𝑎𝑖𝑛." | 𝐄𝐧𝐭𝐫𝐲: 𝐈 […] Sentía la respiración más y más pesada a cada instante; suspiraba pesadamente al exhalar, y al inhalar, los pulmones le ardían mientras que un regusto a azufre invadía su lengua. El cerúleo de sus ojos cansinos se asomó apenas por sus entreabiertos párpados y los mechones rebeldes de su melena platinada, contemplando su silueta fragmentada en el espejo que tenía delante. La sangre escurría espesa y lenta —como si el vidrío sangrase desde cada lugar donde fue resquebrajado— tiñendo su pálido y distorsionado reflejo con un carmín sucio que parecía incluso desdibujar sus facciones. Tan solo su mirada, anclada al cristal, permanecía. Pero incluso sentía que esta ya no era suya. Entre más observaba, menos se reconocía. ¿Cuántas veces había contemplado su reflejo, solo para encontrar a alguien más detrás de él? A su padre, a su madre. A su hermano. Al propio hueco que la culpa había dejado en su pecho. Dante apretó los dientes al punto de hacerlos rechinar, así como su puño se ciñó a la empuñadura de su espada como si buscase aplastarla. La brea negra bajo sus pies comenzó a subir, mientras dejaba a la vista un precioso amuleto dorado frente a él, símbolo de sus más cruentos recuerdos. El cuerpo le pesaba, pero no iba a dejarse arrastrar por la culpa hasta el fondo de aquel mar negro. Con lo último que le quedaba de fuerzas, alzó la pesada hoja por encima del espejo, y la dejó caer. Un último impulso, un último anhelo. Y todo se volvió oscuridad sin encontrar en ello consuelo. Despertó agitado y empapado de sudor frío en uno de los sofás de su oficina. Los rayos cálidos del sol del atardecer le acariciaban el rostro en un contraste que le brindó tanto alivio como confusión. Otra vez había tenido ese sueño.
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  • Daré un paseo por un rato...
    -Dijo, la hembra puercoespín mientras monta un caballo y siente demasiado miedo ya que es su primera vez.-
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  • - My name is... Nobady
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  • Me comeré la fruta equivocada hasta que encuentre la correcta~
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  • ¿Enserio está bien si Kardia te acompaña a hacer compras? No soy muy buena con eso...
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  • ──── Gracias~ Gracias~~ Te debo un favor por las uñas. ────
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  • Se quedó recostado cerca de la orilla del mar, escuchando y viendo el oleaje, teniendo recuerdos y, a su vez, la añoranza de ver llegar un barco.

    Veinte años casi y no había señal alguna de que eso fuera a suceder, pero no dejaba de esperar al igual que su madre.

    —No quiero... si a él le llega a pasar lo mismo que a papá.
    No creo poder resistir años esperando como ella lo hace.

    El imaginar que el destino de su pareja sería el mismo, tampoco lo dejaba tranquilo.
    Se quedó recostado cerca de la orilla del mar, escuchando y viendo el oleaje, teniendo recuerdos y, a su vez, la añoranza de ver llegar un barco. Veinte años casi y no había señal alguna de que eso fuera a suceder, pero no dejaba de esperar al igual que su madre. —No quiero... si a él le llega a pasar lo mismo que a papá. No creo poder resistir años esperando como ella lo hace. El imaginar que el destino de su pareja sería el mismo, tampoco lo dejaba tranquilo.
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  • Es un día excelente para ir de cacería
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  • El sol de la tarde se filtraba entre las ramas de un árbol alto y nudoso, iluminando con calidez el parque tranquilo. Los niños jugaban, las hojas caían lentas, y el viento acariciaba el césped. De pronto, un llanto suave rompió la armonía.

    —¡Mi gloooobo! —sollozaba una pequeña, mirando con los ojos llorosos hacia las alturas.

    Un globo rojo con forma de corazón vibraba suavemente entre las ramas más altas del árbol. Su hilo se había enredado en una rama delgada, muy por encima del alcance de cualquiera.

    Entonces apareció él.

    Caminando con paso sereno, las manos en los bolsillos, Sniffles se acercó observando la escena con calma. Su pelaje celeste se movía con el viento, y sus ojos negros brillaban con dulzura mientras miraba hacia arriba.

    —¿Quieres que te lo baje? —preguntó con una sonrisa pequeña mirando a la niña.

    Ella asintió con timidez, limpiándose las mejillas con las mangas.

    El Vermilinguo trepa por el tronco del árbol, subiendo hasta la rama, desenredando el globo y luego desciende para enrregarseñl a la pequeña, quien lo recibió como si fuera un tesoro rescatado del cielo.

    —¡Gracias, señor Osito Hormiguero!
    —gritó feliz, sin saber su nombre.

    Sniffles.soltó una risa breve, se inclinó y acarició su cabeza con cariño.

    —De nada, pequeña saltamontes—susurró—. No dejes que se te escape otra vez, ¿sí?.
    El sol de la tarde se filtraba entre las ramas de un árbol alto y nudoso, iluminando con calidez el parque tranquilo. Los niños jugaban, las hojas caían lentas, y el viento acariciaba el césped. De pronto, un llanto suave rompió la armonía. —¡Mi gloooobo! —sollozaba una pequeña, mirando con los ojos llorosos hacia las alturas. Un globo rojo con forma de corazón vibraba suavemente entre las ramas más altas del árbol. Su hilo se había enredado en una rama delgada, muy por encima del alcance de cualquiera. Entonces apareció él. Caminando con paso sereno, las manos en los bolsillos, Sniffles se acercó observando la escena con calma. Su pelaje celeste se movía con el viento, y sus ojos negros brillaban con dulzura mientras miraba hacia arriba. —¿Quieres que te lo baje? —preguntó con una sonrisa pequeña mirando a la niña. Ella asintió con timidez, limpiándose las mejillas con las mangas. El Vermilinguo trepa por el tronco del árbol, subiendo hasta la rama, desenredando el globo y luego desciende para enrregarseñl a la pequeña, quien lo recibió como si fuera un tesoro rescatado del cielo. —¡Gracias, señor Osito Hormiguero! —gritó feliz, sin saber su nombre. Sniffles.soltó una risa breve, se inclinó y acarició su cabeza con cariño. —De nada, pequeña saltamontes—susurró—. No dejes que se te escape otra vez, ¿sí?.
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