• ¡Soy un hada madrina moderna y me encanta!
    ¡Soy un hada madrina moderna y me encanta!
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  • De nuevo la pesadilla.
    Una vez más, no tuvo las mejores de las noches; removiéndose entre sueños su mente volvió a reproducirle aquel fatídico momento. Aquella experiencia tan horrible que se le había grabado a fuego en el alma; inolvidable, aterradora, desgarradora...
    Y es que una vez más allí estaba: en el infierno. Rodeada de gritos, aullidos de dolor y el chocar del metal de las armas al encontrarse en su camino. Frente a ella, un cuerpo tirado, abandonado e ignorado, rodeado de un mar dorado producido por su propia sangre.

    Su corazón dolía al latir, su alma quebrándose en una mitad irrecuperable mientras el aire se iba de sus pulmones. Los sonidos a su alrededor no volviéndose más que ecos en la distancia mientras su cuerpo perdía fuerza, sus piernas parecían haberse vuelto inútiles, como si nunca hubiera aprendido a caminar. Un tropezón y luego otro hasta que por fin pudo ponerse en pie y correr, como si una mano le hubiese empujado en la espalda para impulsarla a ir hacia adelante; un impulso que no le duraría demasiado pues tan solo llegar junto al cuerpo es que toda fuerza acumulada se desvanecería una vez más.

    — No, no, no, no.... —

    Tan solo una súplica inaudible. Un rezo ignorado mientras la vista se volvía borrosa, sus manos temblorosas volteando a ver la identidad del cuerpo caído mientras su corazón acababa por casi detenerse al corroborarlo.

    — Adán... ¡¡Adán!! —

    Más la respuesta nunca llegó. Tan solo una sonrisa cariñosa esbozada mientras veía el dorado de sus ojos, tan brillantes como el sol, desvanecerse hasta volverse un apagado opaco. La luz de su vida desaparecida mientras una mitad de ella se la había llevado al morir.

    — ¡¡Adán!! —

    Repitió pero ya nada hubo, aunque suavemente lo sacudió con la única mano que le quedaba.
    La sonrisa se quedó inmóvil en aquellos labios ajenos, imborrable, pero ya no hubo ningún otro movimiento. Su respiración acelerada y el líquido rodando por su mejillas.

    — ¡ADÁN! —

    Sin embargo, al gritar, se encontró sentándose abruptamente en la cama. A su alrededor solo su habitación.
    Ni un rastro de demonios, del paisaje infernal, ni siquiera de la sangre dorada cubriéndola o el cuerpo que tanto había quebrado su alma. Nada había.
    Con pies temblorosos se levantó de la cama y caminó hasta el ventanal, ya reparado, de su habitación; sólo el paisaje celestial la recibió.
    Observó su brazo izquierdo, dorado y prostetico, con la ausencia de una aureola que ella juraba había tomado entre sus manos para usar de pulsera y un recordatorio constante de una venganza jurada en silencio.

    Su corazón aún latía acelerado y podía sentir el rastro de lágrimas que habían humedecido sus mejillas pero solo la ausencia de la aureola en su mano le trajo paz pues eso significaba que había sido todo un sueño, un mal recuerdo, y en realidad su señor en ese momento, probablemente, ya la estuviera esperando en el campo de entrenamiento como siempre lo hacía.
    Se pasó las manos por las mejillas para limpiarse cualquier mojado rastro de sus lágrimas y se dispuso a prepararse para un nuevo día.

    Adán estaba vivo, tan vivo como ella. Y los demonios igual con sólo un reloj de arena cuyos granos caían lentamente anunciando un inminente final que les aguardaba bajo sus manos.
    Sí, Adán estaría vivo pero no libre de amenaza; no mientras los demonios continuaran con sus tranquilas vidas allí abajo, libres de preocupaciones gracias a las nuevas órdenes de Sera. Pero ese era su error, creer que eran libres de preocupaciones pues no era nada más lejano a la realidad mientras ella siguiera con vida. Tarde o temprano su momento llegaría y sería entonces cuando ella tomaría la oportunidad que se le brindaría bajando a aquel agujero infernal una vez más, exterminando hasta al último demonio que pueda suponer una amenaza a la vida del hombre que ella amaba
    De nuevo la pesadilla. Una vez más, no tuvo las mejores de las noches; removiéndose entre sueños su mente volvió a reproducirle aquel fatídico momento. Aquella experiencia tan horrible que se le había grabado a fuego en el alma; inolvidable, aterradora, desgarradora... Y es que una vez más allí estaba: en el infierno. Rodeada de gritos, aullidos de dolor y el chocar del metal de las armas al encontrarse en su camino. Frente a ella, un cuerpo tirado, abandonado e ignorado, rodeado de un mar dorado producido por su propia sangre. Su corazón dolía al latir, su alma quebrándose en una mitad irrecuperable mientras el aire se iba de sus pulmones. Los sonidos a su alrededor no volviéndose más que ecos en la distancia mientras su cuerpo perdía fuerza, sus piernas parecían haberse vuelto inútiles, como si nunca hubiera aprendido a caminar. Un tropezón y luego otro hasta que por fin pudo ponerse en pie y correr, como si una mano le hubiese empujado en la espalda para impulsarla a ir hacia adelante; un impulso que no le duraría demasiado pues tan solo llegar junto al cuerpo es que toda fuerza acumulada se desvanecería una vez más. — No, no, no, no.... — Tan solo una súplica inaudible. Un rezo ignorado mientras la vista se volvía borrosa, sus manos temblorosas volteando a ver la identidad del cuerpo caído mientras su corazón acababa por casi detenerse al corroborarlo. — Adán... ¡¡Adán!! — Más la respuesta nunca llegó. Tan solo una sonrisa cariñosa esbozada mientras veía el dorado de sus ojos, tan brillantes como el sol, desvanecerse hasta volverse un apagado opaco. La luz de su vida desaparecida mientras una mitad de ella se la había llevado al morir. — ¡¡Adán!! — Repitió pero ya nada hubo, aunque suavemente lo sacudió con la única mano que le quedaba. La sonrisa se quedó inmóvil en aquellos labios ajenos, imborrable, pero ya no hubo ningún otro movimiento. Su respiración acelerada y el líquido rodando por su mejillas. — ¡ADÁN! — Sin embargo, al gritar, se encontró sentándose abruptamente en la cama. A su alrededor solo su habitación. Ni un rastro de demonios, del paisaje infernal, ni siquiera de la sangre dorada cubriéndola o el cuerpo que tanto había quebrado su alma. Nada había. Con pies temblorosos se levantó de la cama y caminó hasta el ventanal, ya reparado, de su habitación; sólo el paisaje celestial la recibió. Observó su brazo izquierdo, dorado y prostetico, con la ausencia de una aureola que ella juraba había tomado entre sus manos para usar de pulsera y un recordatorio constante de una venganza jurada en silencio. Su corazón aún latía acelerado y podía sentir el rastro de lágrimas que habían humedecido sus mejillas pero solo la ausencia de la aureola en su mano le trajo paz pues eso significaba que había sido todo un sueño, un mal recuerdo, y en realidad su señor en ese momento, probablemente, ya la estuviera esperando en el campo de entrenamiento como siempre lo hacía. Se pasó las manos por las mejillas para limpiarse cualquier mojado rastro de sus lágrimas y se dispuso a prepararse para un nuevo día. Adán estaba vivo, tan vivo como ella. Y los demonios igual con sólo un reloj de arena cuyos granos caían lentamente anunciando un inminente final que les aguardaba bajo sus manos. Sí, Adán estaría vivo pero no libre de amenaza; no mientras los demonios continuaran con sus tranquilas vidas allí abajo, libres de preocupaciones gracias a las nuevas órdenes de Sera. Pero ese era su error, creer que eran libres de preocupaciones pues no era nada más lejano a la realidad mientras ella siguiera con vida. Tarde o temprano su momento llegaría y sería entonces cuando ella tomaría la oportunidad que se le brindaría bajando a aquel agujero infernal una vez más, exterminando hasta al último demonio que pueda suponer una amenaza a la vida del hombre que ella amaba
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  • Ya tengo el vestido perfecto para la cena con Aragaki, es perfecto gracias a la señorita Swan.
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  • Debo que tener un dia de paz bajo sol.
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  • Encontraste a una belleza solitaria y asustada ¿No te gustaría ayudarla?
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  • — Seguro que hay un millón de personas con las que querrías estar en este momento... — comentó la pelirroja con cierta sonrisa ligera curvada en sus labios.

    Alzó la mirada hacia 𝑳𝒐𝒌𝒊 entrecerrando ligeramente los ojos ante la luz vibrante y cegadora del portal entre dimensiones todavia abierto y reluciendo a sus espaldas. Ignorando deliberadamente Vanaheim extendiéndose delante de sus narices.

    Él la miró también, Wanda pudo ver un pensamiento travieso formándose en sus ojos azules antes de observarle encogerse de hombros.

    —Unas mil, como mucho... —respondió él.
    — Seguro que hay un millón de personas con las que querrías estar en este momento... — comentó la pelirroja con cierta sonrisa ligera curvada en sus labios. Alzó la mirada hacia [G0dofMischief] entrecerrando ligeramente los ojos ante la luz vibrante y cegadora del portal entre dimensiones todavia abierto y reluciendo a sus espaldas. Ignorando deliberadamente Vanaheim extendiéndose delante de sus narices. Él la miró también, Wanda pudo ver un pensamiento travieso formándose en sus ojos azules antes de observarle encogerse de hombros. —Unas mil, como mucho... —respondió él.
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  • ¿Que quieres que te ayude?
    Sabes que no soy muy facil de combeserme o si?
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  • ㅤㅤ⠀⠀⠀⠀⠀𝑀𝑎𝑦𝑏𝑒, 𝑜𝑛𝑒 𝑙𝑎𝑠𝑡 𝑘𝑖𝑠𝑠, 𝑗𝑢𝑠𝑡 𝑡𝑜 𝑒𝑎𝑠𝑒 𝑡ℎ𝑒 𝑝𝑎𝑖𝑛
    ㅤㅤ⠀⠀⠀⠀⠀𝐴𝑙𝑙 𝑜𝑟 𝑛𝑜𝑡ℎ𝑖𝑛𝑔, 𝑖𝑡'𝑠 𝑤𝑟𝑖𝑡𝑡𝑒𝑛 𝑖𝑛 𝑏𝑙𝑜𝑜𝑑
    ㅤㅤ⠀⠀⠀⠀⠀𝑀𝑎𝑦𝑏𝑒, 𝑜𝑛𝑒 𝑙𝑎𝑠𝑡 𝑘𝑖𝑠𝑠, 𝑗𝑢𝑠𝑡 𝑡𝑜 𝑒𝑎𝑠𝑒 𝑡ℎ𝑒 𝑝𝑎𝑖𝑛 ㅤㅤ⠀⠀⠀⠀⠀𝐴𝑙𝑙 𝑜𝑟 𝑛𝑜𝑡ℎ𝑖𝑛𝑔, 𝑖𝑡'𝑠 𝑤𝑟𝑖𝑡𝑡𝑒𝑛 𝑖𝑛 𝑏𝑙𝑜𝑜𝑑
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  • I was looking for a job and then I found a job.
    And Heaven knows, I'm miserable now.

    __________________

    — Dijo le que gustaban las flores más que la comida. Al final no fue cierto.
    I was looking for a job and then I found a job. And Heaven knows, I'm miserable now. __________________ — Dijo le que gustaban las flores más que la comida. Al final no fue cierto.
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  • Que ves? , por que me miras asi
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