Era un día normal en una taberna al este de las ruinas de la ciudadela de Lys, donde aventureros iban a buscar fortuna y tesoros dejados atrás por los reales hace siglos, pues extrañamente los miembros de la confraternidad no parecían interesados en conquistar formalmente el territorio, dejando el castillo en ruinas y la ciudadela deshabitadas, como si fueran un mero mensaje para las demás naciones y reinos menores sobre lo que puede pasar a aquellos que no obedezcan y se postren ante ellos como sus dioses.
La taberna servía como lugar para beber, comer, dormir en el albergue que ofrece y como contacto de trabajo; diferentes empleadores emiten peticiones de ayuda ante trabajos complejos y potencialmente peligrosos y las pegan en tableros de anuncios en las tabernas en los lugares de paso, con la idea de contratar los servicios de aventureros sin nada qué perder para realizar tareas como combatir hordas de monstruos, buscar a gente desaparecida, librarse de un cacique de la confraternidad para liberar a un asentamiento, resguardar cargamentos de provisiones para la gente de los asentamientos, entre otras diferentes misiones que darían jugosas recompensas en monedas de oro...
—Este lugar está animado el día de hoy... me alegra ver que la gente no ha perdido la capacidad de festejar y divertirse a pesar del estado actual del mundo...
Murmuró un joven caballero vestido de azul, observando a la gente del establecimiento con interés; Desde el elfo comiendo educadamente una ensalsada hasta el semiorco devorando salvajemente un muslo de pavo como si de una paleta se tratara; desde el Enano presumiendo las joyas que consiguió en su último encargo hasta el pequeño Hobbit retando a un Bugbear a adivinar dónde quedó la pelota entre tres vasos, no notando que el pequeño granuja escondió la pelota en su manga. Aquellas eran visiones de una vida tranquila... pero que a la vez simboliza que la gente no se ha rendido a pesar de sus circunstancias; se niegan a dejar que la catástrofe de los portales los haga perder su espíritu de lucha...
—Huh? Parece que llegó alguien nuevo...
Murmuró el joven hidalgo mientras veía la sombra de alguien entrando en la taberna...
Era un día normal en una taberna al este de las ruinas de la ciudadela de Lys, donde aventureros iban a buscar fortuna y tesoros dejados atrás por los reales hace siglos, pues extrañamente los miembros de la confraternidad no parecían interesados en conquistar formalmente el territorio, dejando el castillo en ruinas y la ciudadela deshabitadas, como si fueran un mero mensaje para las demás naciones y reinos menores sobre lo que puede pasar a aquellos que no obedezcan y se postren ante ellos como sus dioses.
La taberna servía como lugar para beber, comer, dormir en el albergue que ofrece y como contacto de trabajo; diferentes empleadores emiten peticiones de ayuda ante trabajos complejos y potencialmente peligrosos y las pegan en tableros de anuncios en las tabernas en los lugares de paso, con la idea de contratar los servicios de aventureros sin nada qué perder para realizar tareas como combatir hordas de monstruos, buscar a gente desaparecida, librarse de un cacique de la confraternidad para liberar a un asentamiento, resguardar cargamentos de provisiones para la gente de los asentamientos, entre otras diferentes misiones que darían jugosas recompensas en monedas de oro...
—Este lugar está animado el día de hoy... me alegra ver que la gente no ha perdido la capacidad de festejar y divertirse a pesar del estado actual del mundo...
Murmuró un joven caballero vestido de azul, observando a la gente del establecimiento con interés; Desde el elfo comiendo educadamente una ensalsada hasta el semiorco devorando salvajemente un muslo de pavo como si de una paleta se tratara; desde el Enano presumiendo las joyas que consiguió en su último encargo hasta el pequeño Hobbit retando a un Bugbear a adivinar dónde quedó la pelota entre tres vasos, no notando que el pequeño granuja escondió la pelota en su manga. Aquellas eran visiones de una vida tranquila... pero que a la vez simboliza que la gente no se ha rendido a pesar de sus circunstancias; se niegan a dejar que la catástrofe de los portales los haga perder su espíritu de lucha...
—Huh? Parece que llegó alguien nuevo...
Murmuró el joven hidalgo mientras veía la sombra de alguien entrando en la taberna...