Nadie sabe realmente cuándo nació el hombre que se hace llamar Dr. Loimos.

 

Los registros más antiguos que podrían relacionarse con él aparecen durante los brotes de peste en Europa, siglos atrás, aunque los nombres cambian constantemente entre documentos. Algunos archivos mencionan a un médico joven obsesionado con comprender la enfermedad que consumía ciudades enteras. Otros hablan de un alquimista acusado de prácticas heréticas, expulsado tras realizar experimentos con cadáveres infectados.

 

Incluso en aquella época, Loimos destacaba entre otros médicos de la peste. Mientras muchos huían o aceptaban la muerte con inevitable, él parecía incapaz de rendirse ante ella. Pasaba días enteros entre cuerpos, diseccionando cadáveres, registrando síntomas y buscando patrones donde otros solo veían el fin como castigo. Su obsesión por salvar vidas terminó llevándolo a estudiar prácticas prohibidas para le época: alquimia, anatomía clandestina y métodos experimentales considerados inhumanos.

 

Con el paso de los años, la línea entre médico y algo más macabro comenzó a desdibujarse. A su vez, los rumores crecieron junto a las epidemias.

 

Personas afirmaban que allí donde aparecía la figura de máscara negra, la muerte le seguía de cerca. Algunos aseguraban haber visto pacientes sanar milagrosamente bajo sus cuidados, otros juraban que familiares entregados a su tratamiento jamás regresaban. Las historias comenzaron a deformarlo y dejaron de verlo como un hombre, empezó a ser un presagio. La Plaga misma.

 

"Nosoi"

 

Siglos pasaron, imperios cayeron, la medicina avanzó. Pero la figura del médico de la máscara jamás desapareció realmente. Cambió de nombres y países, adaptándose a cada época mientras acumulaba conocimientos varios. Medicina moderna, química, cirugía avanzada y antiguas prácticas alquímicas coexistían en un mismo individuo. Si es que quedaba algo del original. Se desconoce cuándo dejó de ser humano como tal.

 

Algunos creen que fue consecuencia de sus experimentos, otros que la percepción colectiva terminó convirtiéndolo en algo conceptual, una entidad sostenida por siglos de miedo, enfermedad y obsesión propia. Hay quienes dicen que bajo la máscara ya no existe rostro alguno, solo hay vacío.

 

En la actualidad continúa ejerciendo como médico. Su habilidad es innegable. Enfermedades consideradas incurables han desaparecido bajo sus manos y pacientes desahuciados han sobrevivido gracias a métodos que nadie logra comprender del todo.

 

Sin embargo, existen desapariciones, cadáveres extraviados. Hay historias sobre pacientes utilizados para investigaciones clandestinas. Algunas familias aseguran haber recibido explicaciones frías y metódicas mientras sus seres queridos desaparecían sin dejar rastro. Y, a pesar de esos rumores, quienes ya casi pierden la esperanza todavía lo buscan. Si la medicina convencional falla, quizás él pueda dar la solución.