• Realidad
    Fandom Sobrenatural
    Categoría Suspenso
    ──── Asilo Psiquiátrico, Sala Común.

    Tate permanece inmóvil en la silla de plástico, una figura lánguida, relajada y atenta.
    Las luces del techo parpadean, perdiendo intensidad lentamente.

    Para cualquier observador, Tate solo mira una pared descascarada.
    Sin embargo, a su mirada, un insecto de caparazón vítreo y patas como agujas negras roe la pintura.
    El repiqueteo de esas pequeñas e insistentes garritas parece relajarle, un ritmo hipnótico que le mantiene en trance.
    Él no parpadea. Sus ojos oscuros siguen el rastro de la pequeña grieta que la criatura está abriendo en el tejido de la realidad.

    Siente como el espacio a su alrededor comienza a vibrar.
    Las sombras de las patas del insecto se proyectan sobre el suelo con una longitud inverosímil. Se alarga, se retuercen... Se acercan.
    Tate inclina levemente la cabeza, preguntándose qué pasará cuando ese insecto de horror le alcance.

    Un segundo después, a solo un centímetro de sus pies, las patas del insecto tuercen su camino.
    Tate vuelve la mirada, siguiendo el camino del insecto.
    Y allí estás tu, en medio de su nueva trayectoria.

    ┏─•─────•───♣──•───━━━──♥──
    │A TENER EN CUENTA:

    │Se admiten personajes femeninos tanto como masculinos, 3D o 2D.
    │Personajes invulnerables, furros, usuarios sensibles y akeyos ke ezcriven azi abstenerse.
    │Evitemos las biblias.
    │Solo rol serio.
    ┗━━━✦━♠━━───━━━━━━━━─━━━━━━━
    ──── Asilo Psiquiátrico, Sala Común. Tate permanece inmóvil en la silla de plástico, una figura lánguida, relajada y atenta. Las luces del techo parpadean, perdiendo intensidad lentamente. Para cualquier observador, Tate solo mira una pared descascarada. Sin embargo, a su mirada, un insecto de caparazón vítreo y patas como agujas negras roe la pintura. El repiqueteo de esas pequeñas e insistentes garritas parece relajarle, un ritmo hipnótico que le mantiene en trance. Él no parpadea. Sus ojos oscuros siguen el rastro de la pequeña grieta que la criatura está abriendo en el tejido de la realidad. Siente como el espacio a su alrededor comienza a vibrar. Las sombras de las patas del insecto se proyectan sobre el suelo con una longitud inverosímil. Se alarga, se retuercen... Se acercan. Tate inclina levemente la cabeza, preguntándose qué pasará cuando ese insecto de horror le alcance. Un segundo después, a solo un centímetro de sus pies, las patas del insecto tuercen su camino. Tate vuelve la mirada, siguiendo el camino del insecto. Y allí estás tu, en medio de su nueva trayectoria. ┏─•─────•───♣──•───━━━──♥── │A TENER EN CUENTA: │ │Se admiten personajes femeninos tanto como masculinos, 3D o 2D. │Personajes invulnerables, furros, usuarios sensibles y akeyos ke ezcriven azi abstenerse. │Evitemos las biblias. │Solo rol serio. ┗━━━✦━♠━━───━━━━━━━━─━━━━━━━
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  • 𝗘𝗹 𝗖𝗵𝗮𝗺𝗮́𝗻 𝘆 𝗲𝗹 𝗔𝗹𝗾𝘂𝗶𝗺𝗶𝘀𝘁𝗮 - 𝗣𝗧. 𝟭
    Fandom O.C. - Xros / Over.
    Categoría Acción
    ㅤㅤㅤ¿Qué tienen en común los mitos con la realidad?, que ambos se basan parcialmente en una mentira y parcialmente en una verdad, parecen opuestos, pero en realidad, beben de la incredulidad de la gente... Habían pasado años desde que un feroz y cercano cataclismo le mostró a la humanidad que había mucho más en el universo, fuerzas primordiales que eran incapaces de controlar o contener, personas que eran capaces de desafiar el sistema porque contaban con un poder natural, sobrehumano, que ni la naturaleza ni el dinero podían contener... Pero aquellas historias, en alguna vez, una sociedad humana común y corriente que experimentó el horror habían quedado en el pasado para un hombre que fue un protagonista de tantos entre las historias que se cuentan en el mundo. Apodado el ''Último Alquimista'' por quiénes lo veían como un salvador, y el ''Relámpago Negro'' por aquellos que lo veían como un castigo, aunque nadie parecía conocer al hombre detrás de una leyenda que se forjó en la inexactitud. Diez años habían pasado, diez años donde todo lo que alguna vez llegó a representar algo para él desapareció, conceptos como la familia, la amistad o la compañía lo habían abandonado... ese ''héroe legendario'', alguna vez joven y vivaz se había convertido en una pieza olvidada por quienes jamás conocieron su verdadera historia, su verdadero ser.

    En una isla lejana, en alguna parte aún cercana pero a su vez, alejada América, descansaba de las personas en una pequeña granja que había montado con sus propias manos... una granja que servía a su vez, como un hogar, y su santuario, su laboratorio... era humilde, con lo poco que había podido rescatar de los escombros de lo que alguna vez fue su casa, su cuna y, que, por poco, se convertía en su tumba... y mientras disfrutaba de un atardecer propicio, en lo que él llamaba ''La Cueva'', una gran edificación como una mansión hecha de madera y piedra perfectamente tallada, se podía ver la cándida luz de una chimenea encendida a leña... a costado de un asiento construido a mano con madera, algodón y telas, reposaba una pequeña tortuga descansando en su compañía. El alquimista, con las manos en la espalda, observaba la costa silenciosa como siempre, no sabía el porqué había adquirido ese extraño hábito últimamente, esperaba algún día encontrarse con un barco, y podía verlos a veces a la lejanía, pero nadie se acercaba allí, y tampoco le interesaba que así sucediera... prefería la soledad, la tranquilidad de la naturaleza que lo había aceptado, o que al menos, él se había aceptado dentro de ella.

    Su túnica negra ondeaba cuidadosamente con el viento nocturno que entraba a través de los vidrios ligeramente entreabiertos, brisa traída por las olas que se movían de manera inquieta para su curiosidad. ¿Será que debería ir a ver?, un resoplido de resignación salió de sus labios, y tomando el pliegue de su capucha, comenzó a levantarla cuidadosamente para colocársela sobre la cabeza, no sin antes, esconder a su preciada mascota de patas rojas en su gran pecera junto a su poca compañía, una tortuguita más pequeña que resultó ser su cría. El hombre abandonó la mansión, cerrando la puerta con un candado que solo él sabía abrir... sabía que la entrada podía ser forzada, pero había pasado tanto tiempo sin visitas que sabía que nadie vendría a husmear su hogar... por lo que cuando la densa noche lo recibió con un sordo eco de la brisa nocturna, el alquimista comenzó a caminar... tenía esa extraña sensación de que alguien, o algo, se había osado a entrar a sus tierras... Y aunque no era un bárbaro que lanzaba flechas y cuchillos a lo que sea que veía, el que alguien llegara ahí, la sola idea, le generaba algo de incomodidad.

    Su caminata lo llevó a la zona de la isla dónde se encontraban las arboledas, se agachó por un momento para presenciar una pequeña hoja que parecía quebrada, estaba seca, si, pero quebrada, pisoteada, como si alguien la hubiera pasado por alto... La tomó, como una pequeña prueba y la inspeccionó silenciosamente, el suelo cubierto de restos de pasto y fango hacían difícil encontrar un patrón de huellas o algo similar, sea quien sea que estaba allí, o parecía ser muy cuidadoso con sus pasos, o caminaba por encima del suelo como un fantasma.

    — Esto no me agrada. —

    @Illán
    ㅤㅤㅤ¿Qué tienen en común los mitos con la realidad?, que ambos se basan parcialmente en una mentira y parcialmente en una verdad, parecen opuestos, pero en realidad, beben de la incredulidad de la gente... Habían pasado años desde que un feroz y cercano cataclismo le mostró a la humanidad que había mucho más en el universo, fuerzas primordiales que eran incapaces de controlar o contener, personas que eran capaces de desafiar el sistema porque contaban con un poder natural, sobrehumano, que ni la naturaleza ni el dinero podían contener... Pero aquellas historias, en alguna vez, una sociedad humana común y corriente que experimentó el horror habían quedado en el pasado para un hombre que fue un protagonista de tantos entre las historias que se cuentan en el mundo. Apodado el ''Último Alquimista'' por quiénes lo veían como un salvador, y el ''Relámpago Negro'' por aquellos que lo veían como un castigo, aunque nadie parecía conocer al hombre detrás de una leyenda que se forjó en la inexactitud. Diez años habían pasado, diez años donde todo lo que alguna vez llegó a representar algo para él desapareció, conceptos como la familia, la amistad o la compañía lo habían abandonado... ese ''héroe legendario'', alguna vez joven y vivaz se había convertido en una pieza olvidada por quienes jamás conocieron su verdadera historia, su verdadero ser. En una isla lejana, en alguna parte aún cercana pero a su vez, alejada América, descansaba de las personas en una pequeña granja que había montado con sus propias manos... una granja que servía a su vez, como un hogar, y su santuario, su laboratorio... era humilde, con lo poco que había podido rescatar de los escombros de lo que alguna vez fue su casa, su cuna y, que, por poco, se convertía en su tumba... y mientras disfrutaba de un atardecer propicio, en lo que él llamaba ''La Cueva'', una gran edificación como una mansión hecha de madera y piedra perfectamente tallada, se podía ver la cándida luz de una chimenea encendida a leña... a costado de un asiento construido a mano con madera, algodón y telas, reposaba una pequeña tortuga descansando en su compañía. El alquimista, con las manos en la espalda, observaba la costa silenciosa como siempre, no sabía el porqué había adquirido ese extraño hábito últimamente, esperaba algún día encontrarse con un barco, y podía verlos a veces a la lejanía, pero nadie se acercaba allí, y tampoco le interesaba que así sucediera... prefería la soledad, la tranquilidad de la naturaleza que lo había aceptado, o que al menos, él se había aceptado dentro de ella. Su túnica negra ondeaba cuidadosamente con el viento nocturno que entraba a través de los vidrios ligeramente entreabiertos, brisa traída por las olas que se movían de manera inquieta para su curiosidad. ¿Será que debería ir a ver?, un resoplido de resignación salió de sus labios, y tomando el pliegue de su capucha, comenzó a levantarla cuidadosamente para colocársela sobre la cabeza, no sin antes, esconder a su preciada mascota de patas rojas en su gran pecera junto a su poca compañía, una tortuguita más pequeña que resultó ser su cría. El hombre abandonó la mansión, cerrando la puerta con un candado que solo él sabía abrir... sabía que la entrada podía ser forzada, pero había pasado tanto tiempo sin visitas que sabía que nadie vendría a husmear su hogar... por lo que cuando la densa noche lo recibió con un sordo eco de la brisa nocturna, el alquimista comenzó a caminar... tenía esa extraña sensación de que alguien, o algo, se había osado a entrar a sus tierras... Y aunque no era un bárbaro que lanzaba flechas y cuchillos a lo que sea que veía, el que alguien llegara ahí, la sola idea, le generaba algo de incomodidad. Su caminata lo llevó a la zona de la isla dónde se encontraban las arboledas, se agachó por un momento para presenciar una pequeña hoja que parecía quebrada, estaba seca, si, pero quebrada, pisoteada, como si alguien la hubiera pasado por alto... La tomó, como una pequeña prueba y la inspeccionó silenciosamente, el suelo cubierto de restos de pasto y fango hacían difícil encontrar un patrón de huellas o algo similar, sea quien sea que estaba allí, o parecía ser muy cuidadoso con sus pasos, o caminaba por encima del suelo como un fantasma. — Esto no me agrada. — @[Cursed_Bastard]
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  • Mmm… ¿Qué nueva aventura podría hacer? ¿Quizás una de supervivencia post apocalíptica donde la radiación hace casi imposible la vida en la tierra? ¿Huir de una ciudad maldita donde horrores acechan en cada esquina? ¿o una donde unos héroes tienen que salvar el mundo de un mal mayor? ¡Tantas ideas que no puedo decidirme por una sola!

    *Apuntando todas las ideas que se me ocurrían en mi libreta teniendo muchas páginas escritas*
    Mmm… ¿Qué nueva aventura podría hacer? ¿Quizás una de supervivencia post apocalíptica donde la radiación hace casi imposible la vida en la tierra? ¿Huir de una ciudad maldita donde horrores acechan en cada esquina? ¿o una donde unos héroes tienen que salvar el mundo de un mal mayor? ¡Tantas ideas que no puedo decidirme por una sola! *Apuntando todas las ideas que se me ocurrían en mi libreta teniendo muchas páginas escritas*
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Yo solita me hice la maldad por no cuidar mi vocabulario -`/^/-` que horror //
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  • El despertar de Tsukoyomi
    Fandom Persona 3 / freerol
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    Estaba de camino al laboratorio cuando me vibra mi muñequera y tomo rápidamente mi móvil viendo un montón de mensajes.

    Había ido un cortocircuito y estaba sido un caos, pero lo más grave fue que una de las sombras que estaba atrapada en una de las salas había escapado. Solté un gemido de horror ya que ese día Niki había ido.

    - Pisa el acelerador por lo que más quieras -

    Grito a uno de mis hombres, mientras pulso mi primer contacto de emergencias y espero que me responda ya que me temía lo peor de cómo estaría nuestra hija.

    Akihiko Sanada
    Niki Sanada Kirijo
    Estaba de camino al laboratorio cuando me vibra mi muñequera y tomo rápidamente mi móvil viendo un montón de mensajes. Había ido un cortocircuito y estaba sido un caos, pero lo más grave fue que una de las sombras que estaba atrapada en una de las salas había escapado. Solté un gemido de horror ya que ese día Niki había ido. - Pisa el acelerador por lo que más quieras - Grito a uno de mis hombres, mientras pulso mi primer contacto de emergencias y espero que me responda ya que me temía lo peor de cómo estaría nuestra hija. [Sanada_Thcx] [Thxprincessice13]
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  • △Esta publicación tiene contenido gore y maneja temas sensibles, la imagen pueden causar una fuerte sensación de incomodidad e incluso puede ser perturbadora para algunos. Todo en esta publicación es únicamente ficción, después de esta advertencia es bajo el propio riesgo de cada quien continuar leyendo o ver la imágene△


    ¿Sabes lo que es tener hambre?



    ¿Sabes lo que es que te duela el estomago del hambre?



    ¿Sabes lo que se siente estar débil por el hambre?



    ¿Sabes lo que es alucinar por el hambre?



    ¿Sabes lo que es sentir que tu estomago se devore a si mismo?



    ¿Sabes lo que es que comer tu propia carne para saciar el hambre?















    -Por favor…-

    Apenas tenia la la fuerza suficiente para decir un miserable susurro. Ya no sabia cuanto tiempo había pasado, para este punto los segundos se sentían como días y los días como una eternidad.

    La habitación estaba llena de arañazos y con marcas de golpes, del piso solo habían manchas negras de la sangre podrida de días, la peste era abrumadora.

    De la oscuridad unas cuencas vacías me miraban, fríos y carentes de compasión alguna.

    -Comida…-

    No me podía mover, el cuerpo apenas me respondia. Ni siquiera encerrada en esas cuatro paredes podía estar en paz, el zumbido interminable de las moscas no me permitía escuchar mis pensamientos, podía sentir como las larvas de las moscas se movían bajo mi piel, cada vez enterrándoselos más en mi carne.

    “Eso” no dijo nada, no hizo nada, solo me veía, parecía tan entretenido en mi agonía, como si pudiera sentir alguna clase de placer con el hecho que me estubiera pudriendo.

    No podía perderme en los rincones más lejanos de nuestra mente, tenia tanta hambre que mis músculos se habían consumido, ahora solo era un montón de huesos cubierto de miles de gusanos que se podían verse moviéndose bajo mi piel.

    Todo estaba oscuro, no habían ventanas, no habian muebles, solo en algún lugar había una puerta reforzada que no lograba distinguir ya.

    -“No hará nada”-

    Ella estaba frente a mi. Tirada en el suelo, cubierta de sangre seca, el cuerpo engullido, tan pálida que parecía un fantasma, no tenia su brazos izquierdo, no quedaba nada por debajo de su hombro donde se podía ver el hueso limpio de podredumbre y donde se podían ver a las larvas yendo de un lado para el otro.

    Las moscas estaban a nuestro alrededor buscando alimentarse de la manchas negras regadas por todas partes.

    -“Sabes que es lo que debes de hacer”-

    No quería, no quería hacerlo, papá había dicho…

    -“Papá esta muerto… Viste como lo mataron y desmembraron... Si no te das prisa terminaremos igual… Muertas… No queda mucho tiempo…”-

    Tenia razón, carajo sabia que no tenia alternativa, quise negarme de a hacer esto pero ya no podía, no podía soportarlo más.

    Incluso ahora “Eso” no le importaba si moría, no se movería de ahí si no hacia lo que él quería, lo odiaba, lo odiaba tanto, yo nunca pedí ser esto, yo nunca pedí nacer, desearía tanto que solo me mata, pero claro “Eso” alargaría tanto mi agonía como fuera posible. No me dejaría morir sin tan fácilmente.

    -Infernus… domus nostra… est… et… mundus cibus… est…-

    “El infierno es nuestra casa y el mundo es comida”

    #Horror #Original #Oc #+18 #Gore
    △Esta publicación tiene contenido gore y maneja temas sensibles, la imagen pueden causar una fuerte sensación de incomodidad e incluso puede ser perturbadora para algunos. Todo en esta publicación es únicamente ficción, después de esta advertencia es bajo el propio riesgo de cada quien continuar leyendo o ver la imágene△ ¿Sabes lo que es tener hambre? … ¿Sabes lo que es que te duela el estomago del hambre? … ¿Sabes lo que se siente estar débil por el hambre? … ¿Sabes lo que es alucinar por el hambre? … ¿Sabes lo que es sentir que tu estomago se devore a si mismo? … ¿Sabes lo que es que comer tu propia carne para saciar el hambre? … … … … -Por favor…- Apenas tenia la la fuerza suficiente para decir un miserable susurro. Ya no sabia cuanto tiempo había pasado, para este punto los segundos se sentían como días y los días como una eternidad. La habitación estaba llena de arañazos y con marcas de golpes, del piso solo habían manchas negras de la sangre podrida de días, la peste era abrumadora. De la oscuridad unas cuencas vacías me miraban, fríos y carentes de compasión alguna. -Comida…- No me podía mover, el cuerpo apenas me respondia. Ni siquiera encerrada en esas cuatro paredes podía estar en paz, el zumbido interminable de las moscas no me permitía escuchar mis pensamientos, podía sentir como las larvas de las moscas se movían bajo mi piel, cada vez enterrándoselos más en mi carne. “Eso” no dijo nada, no hizo nada, solo me veía, parecía tan entretenido en mi agonía, como si pudiera sentir alguna clase de placer con el hecho que me estubiera pudriendo. No podía perderme en los rincones más lejanos de nuestra mente, tenia tanta hambre que mis músculos se habían consumido, ahora solo era un montón de huesos cubierto de miles de gusanos que se podían verse moviéndose bajo mi piel. Todo estaba oscuro, no habían ventanas, no habian muebles, solo en algún lugar había una puerta reforzada que no lograba distinguir ya. -“No hará nada”- Ella estaba frente a mi. Tirada en el suelo, cubierta de sangre seca, el cuerpo engullido, tan pálida que parecía un fantasma, no tenia su brazos izquierdo, no quedaba nada por debajo de su hombro donde se podía ver el hueso limpio de podredumbre y donde se podían ver a las larvas yendo de un lado para el otro. Las moscas estaban a nuestro alrededor buscando alimentarse de la manchas negras regadas por todas partes. -“Sabes que es lo que debes de hacer”- No quería, no quería hacerlo, papá había dicho… -“Papá esta muerto… Viste como lo mataron y desmembraron... Si no te das prisa terminaremos igual… Muertas… No queda mucho tiempo…”- Tenia razón, carajo sabia que no tenia alternativa, quise negarme de a hacer esto pero ya no podía, no podía soportarlo más. Incluso ahora “Eso” no le importaba si moría, no se movería de ahí si no hacia lo que él quería, lo odiaba, lo odiaba tanto, yo nunca pedí ser esto, yo nunca pedí nacer, desearía tanto que solo me mata, pero claro “Eso” alargaría tanto mi agonía como fuera posible. No me dejaría morir sin tan fácilmente. -Infernus… domus nostra… est… et… mundus cibus… est…- “El infierno es nuestra casa y el mundo es comida” #Horror #Original #Oc #+18 #Gore
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  • 𝑯𝒐𝒓𝒂 𝒅𝒆 𝒕𝒓𝒂𝒃𝒂𝒋𝒂𝒓... 𝑱𝒂, 𝒋𝒂... 𝑴𝒆 𝒑𝒓𝒆𝒈𝒖𝒏𝒕𝒐 𝒂 𝒄𝒖á𝒏𝒕𝒐𝒔 𝒉𝒖𝒎𝒂𝒏𝒐𝒔 𝒍𝒐𝒈𝒓𝒂𝒓é 𝒔𝒖𝒎𝒊𝒓 𝒆𝒏 𝒆𝒍 𝒕𝒆𝒓𝒓𝒐𝒓 𝒄𝒐𝒏 𝒆𝒔𝒕𝒆 𝒏𝒖𝒆𝒗𝒐 "𝒎é𝒕𝒐𝒅𝒐"~

    —Iba a transformarse en una humana comun y corriente, solo para poder experimentar de primera mano las expresiones y gritos de horror de sus victimas... Ademas, le serviria para aprender mas sobre la humanidad actual, y de los miedos "modernos"—

    𝑨𝑫𝑶𝑹𝑶 𝒎𝒊 𝒕𝒓𝒂𝒃𝒂𝒋𝒐~
    𝑯𝒐𝒓𝒂 𝒅𝒆 𝒕𝒓𝒂𝒃𝒂𝒋𝒂𝒓... 𝑱𝒂, 𝒋𝒂... 𝑴𝒆 𝒑𝒓𝒆𝒈𝒖𝒏𝒕𝒐 𝒂 𝒄𝒖á𝒏𝒕𝒐𝒔 𝒉𝒖𝒎𝒂𝒏𝒐𝒔 𝒍𝒐𝒈𝒓𝒂𝒓é 𝒔𝒖𝒎𝒊𝒓 𝒆𝒏 𝒆𝒍 𝒕𝒆𝒓𝒓𝒐𝒓 𝒄𝒐𝒏 𝒆𝒔𝒕𝒆 𝒏𝒖𝒆𝒗𝒐 "𝒎é𝒕𝒐𝒅𝒐"~ —Iba a transformarse en una humana comun y corriente, solo para poder experimentar de primera mano las expresiones y gritos de horror de sus victimas... Ademas, le serviria para aprender mas sobre la humanidad actual, y de los miedos "modernos"— 𝑨𝑫𝑶𝑹𝑶 𝒎𝒊 𝒕𝒓𝒂𝒃𝒂𝒋𝒐~
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  • "Todo permanece debajo de los restos. Todo se retuerce por debajo de los restos. Cada aberración, cada horror, cada gota de grasa negra que corre por sus corrosivas venas se arrastra debajo de los restos, carcomiendo poco a poco, residuo a residuo. Una amalgama de carne, metal, putrefacción y el óxido palpable es todo lo que nos rodea. Y yo, Crosis, emergeré nuevamente. Gobernando con puño de hierro a cualquier criatura indeseable que desee una oportunidad de venganza."

    *Proclamé con una voz distorsionada y casi 'robótica', el rostro con una notable desfiguración, mientras de los baldíos Grixianos emergen bestialidades inenarrables con trozos de acero, fauces llenas de un líquido negro y tóxico, lanzando alaridos frenéticos ante el inminente regreso del padre de las Aberraciones.*
    "Todo permanece debajo de los restos. Todo se retuerce por debajo de los restos. Cada aberración, cada horror, cada gota de grasa negra que corre por sus corrosivas venas se arrastra debajo de los restos, carcomiendo poco a poco, residuo a residuo. Una amalgama de carne, metal, putrefacción y el óxido palpable es todo lo que nos rodea. Y yo, Crosis, emergeré nuevamente. Gobernando con puño de hierro a cualquier criatura indeseable que desee una oportunidad de venganza." *Proclamé con una voz distorsionada y casi 'robótica', el rostro con una notable desfiguración, mientras de los baldíos Grixianos emergen bestialidades inenarrables con trozos de acero, fauces llenas de un líquido negro y tóxico, lanzando alaridos frenéticos ante el inminente regreso del padre de las Aberraciones.*
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  • Cuentan (aunque nadie se atreve a preguntarle)que hubo un tiempo en que Hakuja no conocía el miedo. La serpiente blanca no albergaba malicia en su corazón; era antigua, sí, pero no cruel, después de todo había visto siglos pasar.

    Aquella noche, la lluvia caía con una insistencia casi dolorosa cuando lo encontró: un humano herido, apenas consciente, abandonado a su suerte; Hakuja no dudó y enroscó su cuerpo alrededor de él, no para aprisionarlo sino para protegerlo del frío, cubríendo su respiración como si fuera un tesoro. Lo cuidó hasta que el humano despertó y sus ojos se encontraron: los de ella, grandes y translúcidos, llenos de una calma imposible; los de él… llenos de intención, porque donde Hakuja veía vida, él vio oportunidad.

    Esperó lo suficiente, paciente en su miseria, hasta que el cansancio venció a la criatura que nunca aprendió a desconfiar, y cuando Hakuja cerró los ojos, el humano mostró lo que realmente era: con manos torpes, movidas por codicia y miedo, desgarró su párpado sin honor ni duelo, solo violencia cruda, y arrancó uno de sus ojos como si fuera un objeto, no parte de un ser que sentía; el bosque entero guardó silencio, con horror.

    Hakuja despertó con un grito que no pertenecía a este mundo… pero no atacó, no lo persiguió, no buscó venganza ni reclamó lo que era suyo; solo lloró, y sus lágrimas, pesadas marcaban la tierra como si el suelo mismo recordara su dolor, porque lo que realmente se rompió no fue su cuerpo sino su creencia: había pensado que si era buena, el mundo lo sería también, y esa idea fue lo que la destruyó por dentro.

    Dicen que sus sollozos viajaron tan lejos que incluso un dios los escuchó, uno cruel, cansado del ruido del mundo; descendió no por compasión, sino por curiosidad, y lo que encontró lo detuvo: una criatura poderosa, rota no por debilidad, sino por haber creído demasiado.

    Sin palabras, el dios se acercó, al tocarla, cerró la herida y devolvió el ojo a su lugar; entonces Hakuja alzó la mirada, y por primera vez en su larga existencia no había fe en ella… solo silencio.

    Desde entonces sigue vagando, noble y gentil pero aun con el dolor de no comprender qué hizo para merecer aquel ataque.
    Cuentan (aunque nadie se atreve a preguntarle)que hubo un tiempo en que Hakuja no conocía el miedo. La serpiente blanca no albergaba malicia en su corazón; era antigua, sí, pero no cruel, después de todo había visto siglos pasar. Aquella noche, la lluvia caía con una insistencia casi dolorosa cuando lo encontró: un humano herido, apenas consciente, abandonado a su suerte; Hakuja no dudó y enroscó su cuerpo alrededor de él, no para aprisionarlo sino para protegerlo del frío, cubríendo su respiración como si fuera un tesoro. Lo cuidó hasta que el humano despertó y sus ojos se encontraron: los de ella, grandes y translúcidos, llenos de una calma imposible; los de él… llenos de intención, porque donde Hakuja veía vida, él vio oportunidad. Esperó lo suficiente, paciente en su miseria, hasta que el cansancio venció a la criatura que nunca aprendió a desconfiar, y cuando Hakuja cerró los ojos, el humano mostró lo que realmente era: con manos torpes, movidas por codicia y miedo, desgarró su párpado sin honor ni duelo, solo violencia cruda, y arrancó uno de sus ojos como si fuera un objeto, no parte de un ser que sentía; el bosque entero guardó silencio, con horror. Hakuja despertó con un grito que no pertenecía a este mundo… pero no atacó, no lo persiguió, no buscó venganza ni reclamó lo que era suyo; solo lloró, y sus lágrimas, pesadas marcaban la tierra como si el suelo mismo recordara su dolor, porque lo que realmente se rompió no fue su cuerpo sino su creencia: había pensado que si era buena, el mundo lo sería también, y esa idea fue lo que la destruyó por dentro. Dicen que sus sollozos viajaron tan lejos que incluso un dios los escuchó, uno cruel, cansado del ruido del mundo; descendió no por compasión, sino por curiosidad, y lo que encontró lo detuvo: una criatura poderosa, rota no por debilidad, sino por haber creído demasiado. Sin palabras, el dios se acercó, al tocarla, cerró la herida y devolvió el ojo a su lugar; entonces Hakuja alzó la mirada, y por primera vez en su larga existencia no había fe en ella… solo silencio. Desde entonces sigue vagando, noble y gentil pero aun con el dolor de no comprender qué hizo para merecer aquel ataque.
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  • 確信できる今だけ重ねて。
    Mikhail Wolfgang

    Mentiría si no dijera que la asfixia lo había perseguido como una sombra durante todo el día.

    Le costaba horrores sostener las notas altas, robando bocanadas de aire en pausas donde no correspondía; era una situación casi nauseabunda de sobrellevar frente a la clase. Pero Yuiichi no se permitiría detenerse. No iba a abandonar a los niños ni a recortarles el tiempo de lección por un "capricho" de su cuerpo. Con el tiempo, Yuiichi se había vuelto un experto en el arte del disimulo: apoyar la espalda recta contra la pared al cantar para liberar el diafragma, sentarse con frecuencia estratégica mientras ellos copiaban de la pizarra verde, o humedecerse los labios de forma constante sin llegar a beber. La restricción de líquidos era una tortura silenciosa; se estaba muriendo de sed en plena primavera, con la boca pastosa y el pecho rugiendo por un alivio que no llegaba.

    Le atormentaba la sensación de derrota cada vez que ayudaba a un alumno con un instrumento de viento. Recordaba con una punzada de fracaso el día que tuvo que soltar la trompeta, incapaz de mantener la presión necesaria sin sentir que el corazón se le salía por la garganta. Fue el inicio de una búsqueda desesperada por un instrumento que lo hiciera tan feliz como el violín, pero solo encontraba ecos de su propia limitación. Un fracaso tras otro.

    Al terminar la jornada, con los ojos irritados por el cansancio y el cuerpo operando casi en reserva, Yuiichi salió al pasillo buscando un poco de aire. Allí se topó con uno de sus alumnos más jóvenes, un pequeño cuya timidez rozaba el miedo, inherente a la de un niño que empieza a hacer cosas nuevas. El niño alguna vez mencionó que su madre era una persona "rara", una palabra casi dignificante, un eufemismo que a Yuiichi le calaba hasta los huesos; él también había lidiado con una madre "rara" en el mejor de los casos. Le dolía ver ese miedo a decepcionar, esa desolación infantil que él conocía tan bien. Se sentía impotente; al final del día, solo era un docente enfermo tratando de no desmoronarse antes de la última campana. Pero el no podía hacer nada, o al menos no mucho.

    El niño se le acercó como si hubiera visto un fantasma, había tratado de explicar algo que sucedía en la entrada de la institución, no en la reja de la entrada, más bien, en la entrada del edificio. Yuiichi se sorprendió al ver que el hombre extraño seguía allí, estático en los límites de la estructura. Con un paso lento y patoso que no podía evitar, casi arrastrando su propia fatiga, solo se acercó para intervenir.

    —Disculpe... —Su voz salió más afónica de lo que pretendía. Se vio obligado a tomar una respiración larga y profunda, una que le dolió en el centro del pecho, antes de continuar. No se atrevió a mirarlo a los ojos de inmediato. En su lugar, fijó la vista en las manos del desconocido, buscando cualquier señal de peligro, y luego en sus pies, tratando de estabilizar su propio equilibrio —Esta es una institución educativa... ¿Tiene a algún familiar aquí que venga a buscar? —Hizo una pausa obligatoria, tomando otra bocanada de aire para que sus pulmones no lo traicionaran, aun manteniendo la formalidad con la que se había criado —Si no es así... ¿podría retirarse, por favor?

    Dios, que día largo.
    確信できる今だけ重ねて。 [MishaWolfgang0] Mentiría si no dijera que la asfixia lo había perseguido como una sombra durante todo el día. Le costaba horrores sostener las notas altas, robando bocanadas de aire en pausas donde no correspondía; era una situación casi nauseabunda de sobrellevar frente a la clase. Pero Yuiichi no se permitiría detenerse. No iba a abandonar a los niños ni a recortarles el tiempo de lección por un "capricho" de su cuerpo. Con el tiempo, Yuiichi se había vuelto un experto en el arte del disimulo: apoyar la espalda recta contra la pared al cantar para liberar el diafragma, sentarse con frecuencia estratégica mientras ellos copiaban de la pizarra verde, o humedecerse los labios de forma constante sin llegar a beber. La restricción de líquidos era una tortura silenciosa; se estaba muriendo de sed en plena primavera, con la boca pastosa y el pecho rugiendo por un alivio que no llegaba. Le atormentaba la sensación de derrota cada vez que ayudaba a un alumno con un instrumento de viento. Recordaba con una punzada de fracaso el día que tuvo que soltar la trompeta, incapaz de mantener la presión necesaria sin sentir que el corazón se le salía por la garganta. Fue el inicio de una búsqueda desesperada por un instrumento que lo hiciera tan feliz como el violín, pero solo encontraba ecos de su propia limitación. Un fracaso tras otro. Al terminar la jornada, con los ojos irritados por el cansancio y el cuerpo operando casi en reserva, Yuiichi salió al pasillo buscando un poco de aire. Allí se topó con uno de sus alumnos más jóvenes, un pequeño cuya timidez rozaba el miedo, inherente a la de un niño que empieza a hacer cosas nuevas. El niño alguna vez mencionó que su madre era una persona "rara", una palabra casi dignificante, un eufemismo que a Yuiichi le calaba hasta los huesos; él también había lidiado con una madre "rara" en el mejor de los casos. Le dolía ver ese miedo a decepcionar, esa desolación infantil que él conocía tan bien. Se sentía impotente; al final del día, solo era un docente enfermo tratando de no desmoronarse antes de la última campana. Pero el no podía hacer nada, o al menos no mucho. El niño se le acercó como si hubiera visto un fantasma, había tratado de explicar algo que sucedía en la entrada de la institución, no en la reja de la entrada, más bien, en la entrada del edificio. Yuiichi se sorprendió al ver que el hombre extraño seguía allí, estático en los límites de la estructura. Con un paso lento y patoso que no podía evitar, casi arrastrando su propia fatiga, solo se acercó para intervenir. —Disculpe... —Su voz salió más afónica de lo que pretendía. Se vio obligado a tomar una respiración larga y profunda, una que le dolió en el centro del pecho, antes de continuar. No se atrevió a mirarlo a los ojos de inmediato. En su lugar, fijó la vista en las manos del desconocido, buscando cualquier señal de peligro, y luego en sus pies, tratando de estabilizar su propio equilibrio —Esta es una institución educativa... ¿Tiene a algún familiar aquí que venga a buscar? —Hizo una pausa obligatoria, tomando otra bocanada de aire para que sus pulmones no lo traicionaran, aun manteniendo la formalidad con la que se había criado —Si no es así... ¿podría retirarse, por favor? Dios, que día largo.
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