Takeru disfrutaba de una fruta con calma mientras observaba al hombre frente a él. Doctor Hanafusa, el mismo de siempre, con esa expresión serena y distante, como si el tiempo no hubiera pasado.
—Curioso volver a encontrarnos por el Kengan, ¿eh? —comentó Takeru con una leve sonrisa, apoyando el codo en la mesa—. Aunque supongo que esto nos jala a todos, tarde o temprano.
Hanafusa asintió con su típica tranquilidad.
—El torneo siempre ha sido un punto de convergencia. Me alegra ver que sigues en pie.
Takeru soltó una risa seca.
—Sí, bueno… gracias a cierto doctor que hizo un trabajo decente —bromeó, aunque su tono tenía un matiz de sinceridad—. No puedo decir que esté como nuevo, pero al menos sigo funcionando.
Hanafusa lo observó con esa mirada analítica suya.
—Sigues sintiendo molestias, ¿verdad?
Takeru chasqueó la lengua y se recargó en la silla.
—Tch… lo notaste. —Movió los dedos de su mano izquierda lentamente—. El brazo sigue con un adormecimiento leve, no es grave, pero molesta.
Bajó la mirada a su pierna derecha, dándole un par de toques con los nudillos.
—Y esto… siempre está punzando, como si me recordara que no puedo volver al ring.
Hanafusa asintió levemente, tomando un sorbo de su té antes de hablar.
—Has logrado más de lo que la mayoría haría en tu estado. Pero ya sabes que hay daños que ni yo puedo revertir.
Takeru exhaló con una media sonrisa.
—Lo sé. Y créeme, no lo cambiaría. Todo esto valió la pena… aunque preferiría que mi pierna dejara de recordármelo a cada rato.
Takeru disfrutaba de una fruta con calma mientras observaba al hombre frente a él. Doctor Hanafusa, el mismo de siempre, con esa expresión serena y distante, como si el tiempo no hubiera pasado.
—Curioso volver a encontrarnos por el Kengan, ¿eh? —comentó Takeru con una leve sonrisa, apoyando el codo en la mesa—. Aunque supongo que esto nos jala a todos, tarde o temprano.
Hanafusa asintió con su típica tranquilidad.
—El torneo siempre ha sido un punto de convergencia. Me alegra ver que sigues en pie.
Takeru soltó una risa seca.
—Sí, bueno… gracias a cierto doctor que hizo un trabajo decente —bromeó, aunque su tono tenía un matiz de sinceridad—. No puedo decir que esté como nuevo, pero al menos sigo funcionando.
Hanafusa lo observó con esa mirada analítica suya.
—Sigues sintiendo molestias, ¿verdad?
Takeru chasqueó la lengua y se recargó en la silla.
—Tch… lo notaste. —Movió los dedos de su mano izquierda lentamente—. El brazo sigue con un adormecimiento leve, no es grave, pero molesta.
Bajó la mirada a su pierna derecha, dándole un par de toques con los nudillos.
—Y esto… siempre está punzando, como si me recordara que no puedo volver al ring.
Hanafusa asintió levemente, tomando un sorbo de su té antes de hablar.
—Has logrado más de lo que la mayoría haría en tu estado. Pero ya sabes que hay daños que ni yo puedo revertir.
Takeru exhaló con una media sonrisa.
—Lo sé. Y créeme, no lo cambiaría. Todo esto valió la pena… aunque preferiría que mi pierna dejara de recordármelo a cada rato.