• [Stephen se infiltra al área de especímenes en preparación en dónde se encuentra "Unknown". En esta ocasión con la ayuda de un guardia].

    Guardia de turno: -Apresúrese doctor. 5 minutos máximo. No quiero meterme en problemas.

    Dr Stephen Steel: -Te lo agradezco. Descuida. Seré breve. *Este sonríe y se acerca a la celda* -¿Cómo estás Unknown?. Supe que te han regalado varios libros. Pensé en traerte en esta ocasión algo más acorde a tu nivel de intelecto actual. No tienes que fingir frente a mí. *Comenta mientras le da una copia de "Noches Blancas" de Fieder Dostoievski que desliza por la ventanilla en la celda*.

    Unknown: -Fin...gir. No yo no... Stepens *dice intentando leer el nombre de su credencial pronunciandolo un poco mal* -¿Porqué eres el único amable?. Todos me tratan mal cuándo hablo. *Sus cejas se arquean y luego pregunta* Leí algo en una pantalla. ¿Que es el "vaciamiento?.

    Dr Stephen Steel: *Su sonrisa es reemplazada por una expresión seria* -Es el procedimiento al que son sometidas las "unidades de combate" que están listas para ser subyugadas. En dónde les quitan todo rastro de... Conciencia. Para hacerles obedientes y serviciales. Pero haré lo posible para que no hagan eso contigo. Escucha Unknown. Si algo me pasará quiero que recuerdes el nombre de alguien quién podría ayudarte. Su nombre es: Bianca Auditore.

    Unknown: -¿Bi... Bi... Bianca?. No quiero perder mi conciencia Stepens. No quiero. *Sus ojos se tiñen de lágrimas que aún no comprende que significan. Pero la idea de perder su conciencia y su mismísima identidad que poco a poco ha ido forjando desde su despertar. Le aterra*

    Guardia de turno: -Doctor. Debe salir de aquí ahora mismo. Su tiempo se ha acabado. Aléjese de esa cosa por favor. Y le agradecería que no vuelva. Si ya se ha despedido por favor retírese.

    [Stephen asiente. Se despide agitando su mano y se retira. Aprieta su puño indignado e impaciente. Sabe que debe actuar y pronto. De lo contrario Unknown terminará como otra unidad descerebrada más].

    [Stephen se infiltra al área de especímenes en preparación en dónde se encuentra "Unknown". En esta ocasión con la ayuda de un guardia]. Guardia de turno: -Apresúrese doctor. 5 minutos máximo. No quiero meterme en problemas. Dr Stephen Steel: -Te lo agradezco. Descuida. Seré breve. *Este sonríe y se acerca a la celda* -¿Cómo estás Unknown?. Supe que te han regalado varios libros. Pensé en traerte en esta ocasión algo más acorde a tu nivel de intelecto actual. No tienes que fingir frente a mí. *Comenta mientras le da una copia de "Noches Blancas" de Fieder Dostoievski que desliza por la ventanilla en la celda*. Unknown: -Fin...gir. No yo no... Stepens *dice intentando leer el nombre de su credencial pronunciandolo un poco mal* -¿Porqué eres el único amable?. Todos me tratan mal cuándo hablo. *Sus cejas se arquean y luego pregunta* Leí algo en una pantalla. ¿Que es el "vaciamiento?. Dr Stephen Steel: *Su sonrisa es reemplazada por una expresión seria* -Es el procedimiento al que son sometidas las "unidades de combate" que están listas para ser subyugadas. En dónde les quitan todo rastro de... Conciencia. Para hacerles obedientes y serviciales. Pero haré lo posible para que no hagan eso contigo. Escucha Unknown. Si algo me pasará quiero que recuerdes el nombre de alguien quién podría ayudarte. Su nombre es: Bianca Auditore. Unknown: -¿Bi... Bi... Bianca?. No quiero perder mi conciencia Stepens. No quiero. *Sus ojos se tiñen de lágrimas que aún no comprende que significan. Pero la idea de perder su conciencia y su mismísima identidad que poco a poco ha ido forjando desde su despertar. Le aterra* Guardia de turno: -Doctor. Debe salir de aquí ahora mismo. Su tiempo se ha acabado. Aléjese de esa cosa por favor. Y le agradecería que no vuelva. Si ya se ha despedido por favor retírese. [Stephen asiente. Se despide agitando su mano y se retira. Aprieta su puño indignado e impaciente. Sabe que debe actuar y pronto. De lo contrario Unknown terminará como otra unidad descerebrada más].
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  • El olor a cuero viejo, cera para madera y té de manzanilla flotaba en el aire del consultorio privado. Afuera, la lluvia de la tarde golpeaba suavemente los cristales, aislando la habitación del resto del mundo, como una burbuja en la tempestad, dl reloj de pared marcaba las ocho de la noche, el segundero sonaba con parsimonía. El doctor ordenaba unos papeles en su escritorio cuando la puerta se abrió sin previo aviso.


    No hubo pasos ruidosos, solo el sutil crujido de unos zapatos de piel Oxford tallados a mano. Al levantar la vista, el doctor se encontró con Frederick...

    A sus cuarenta y tantos años, Frederick vestía un traje sastre de tres piezas en gris marengo, perfectamente entallado. Su corbata de seda lucía un nudo impecable y el pañuelo de su bolsillo combinaba con una precisión matemática. No había prisa en sus movimientos, ni rastro de sudor, ni agitación. Su postura era la de un hombre que asiste a una gala benéfica, no la de un ejecutor.

    Frederick cerró la puerta con seguro con un clic casi inaudible, con una calma gélida, se deslizó los guantes de piel de cordero negra, ajustándolos dedo por dedo mientras su mirada, fija y analítica, recorría el expediente abierto sobre el escritorio del médico.

    En esa carpeta descansaban las pruebas que el doctor juntó en donde se hilaba al ex piloto y su mentira de haberse quedado viudo.
    Él había asesinado a su propia novia hace 20 años; Frederick sonrió de lado, una mueca educada pero vacía de calidez humana, y habló con una voz suave, profunda y modulada:

    ──── Dígame, Doctor... ¿encontró algún deleite estético en hurgar entre mis páginas? Un intelecto tan perspicaz como el suyo debió prever los riesgos de una curiosidad tan indiscreta.────

    El doctor intentó moverse hacia el teléfono, pero la sola presencia física de Frederick, estática y dominante, lo congeló en su sitio. Frederick dio un paso al frente, ladeando la cabeza con genuina curiosidad clínica.


    ──── Es una verdadera lástima que su existencia deba concluir bajo mi cuidado. Pero el pragmatismo, me temo, exige ciertos sacrificios....
    Verá, solo los muertos poseen la discreción absoluta que mi privacidad requiere. ────


    Frederick dio un paso más, acortando la distancia con una gracia felina, casi coreografiada. De su bolsillo interior extrajo un pañuelo de lino impecablemente doblado y, con un movimiento fluido, reveló un bisturí quirúrgico de acero brillante.

    La luz de la lámpara de escritorio se reflejó en la hoja, proyectando un destello fugaz sobre los ojos aterrorizados del médico. El doctor abrió la boca para gritar, pero el aire se atascó en su garganta. El miedo lo había paralizado por completo.

    Frederick levantó la mano enguantada. La lluvia afuera arreció con fuerza, golpeando el cristal justo cuando la luz del consultorio parpadeó, sumiendo la habitación en una fracción de segundo de total oscuridad.

    Un crujido de cuero, el silbido sutil del acero cortando el aire y... de pronto, el silencio.


    /I'm back/
    El olor a cuero viejo, cera para madera y té de manzanilla flotaba en el aire del consultorio privado. Afuera, la lluvia de la tarde golpeaba suavemente los cristales, aislando la habitación del resto del mundo, como una burbuja en la tempestad, dl reloj de pared marcaba las ocho de la noche, el segundero sonaba con parsimonía. El doctor ordenaba unos papeles en su escritorio cuando la puerta se abrió sin previo aviso. No hubo pasos ruidosos, solo el sutil crujido de unos zapatos de piel Oxford tallados a mano. Al levantar la vista, el doctor se encontró con Frederick... A sus cuarenta y tantos años, Frederick vestía un traje sastre de tres piezas en gris marengo, perfectamente entallado. Su corbata de seda lucía un nudo impecable y el pañuelo de su bolsillo combinaba con una precisión matemática. No había prisa en sus movimientos, ni rastro de sudor, ni agitación. Su postura era la de un hombre que asiste a una gala benéfica, no la de un ejecutor. Frederick cerró la puerta con seguro con un clic casi inaudible, con una calma gélida, se deslizó los guantes de piel de cordero negra, ajustándolos dedo por dedo mientras su mirada, fija y analítica, recorría el expediente abierto sobre el escritorio del médico. En esa carpeta descansaban las pruebas que el doctor juntó en donde se hilaba al ex piloto y su mentira de haberse quedado viudo. Él había asesinado a su propia novia hace 20 años; Frederick sonrió de lado, una mueca educada pero vacía de calidez humana, y habló con una voz suave, profunda y modulada: ──── Dígame, Doctor... ¿encontró algún deleite estético en hurgar entre mis páginas? Un intelecto tan perspicaz como el suyo debió prever los riesgos de una curiosidad tan indiscreta.──── El doctor intentó moverse hacia el teléfono, pero la sola presencia física de Frederick, estática y dominante, lo congeló en su sitio. Frederick dio un paso al frente, ladeando la cabeza con genuina curiosidad clínica. ──── Es una verdadera lástima que su existencia deba concluir bajo mi cuidado. Pero el pragmatismo, me temo, exige ciertos sacrificios.... Verá, solo los muertos poseen la discreción absoluta que mi privacidad requiere. ──── Frederick dio un paso más, acortando la distancia con una gracia felina, casi coreografiada. De su bolsillo interior extrajo un pañuelo de lino impecablemente doblado y, con un movimiento fluido, reveló un bisturí quirúrgico de acero brillante. La luz de la lámpara de escritorio se reflejó en la hoja, proyectando un destello fugaz sobre los ojos aterrorizados del médico. El doctor abrió la boca para gritar, pero el aire se atascó en su garganta. El miedo lo había paralizado por completo. Frederick levantó la mano enguantada. La lluvia afuera arreció con fuerza, golpeando el cristal justo cuando la luz del consultorio parpadeó, sumiendo la habitación en una fracción de segundo de total oscuridad. Un crujido de cuero, el silbido sutil del acero cortando el aire y... de pronto, el silencio. /I'm back/
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  • 𝖀𝖓... ¿𝖗𝖔𝖘𝖙𝖗𝖔 𝖋𝖆𝖒𝖎𝖑𝖎𝖆𝖗?
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    𝓡𝓸𝓵𝓮𝓹𝓵𝓪𝔂 𝔀𝓲𝓽𝓱: Eʀɪɴ



    𝕻𝖊𝖘𝖙𝖊 𝕭𝖚𝖇ó𝖓𝖎𝖈𝖆 𝖞 𝖇𝖗𝖔𝖙𝖊 𝖉𝖊 𝖛𝖎𝖗𝖚𝖊𝖑𝖆. 𝕮𝖎𝖗𝖈𝖆. 𝟏𝟓𝟗𝟑

    El miedo y la desesperación recorrían cada rincón del país. Las ciudades más grandes notaban en demasía cómo las vidas eran arrasadas por la enfermedad y la imposibilidad de ayudar a cada víctima, sin importar las medidas y cuarentenas que se tomaran. La viruela era lo peor, sin embargo, porque sin importar la casta llegaba a cualquier hogar.

    Fue así con los Lancaster. Quien la padeció terriblemente fue una joven llamada Erin. Por supuesto, los padres de esta hicieron todo lo posible para que se mejorara, pagando por los tratamientos más caros y los mejores doctores que pudieran encontrar. No parecía dar demasiados resultados y el pánico comenzaba a apoderarse del hogar. Pero entonces escucharon sobre otro médico en la ciudad. Uno extraño, de quien muchas malas lenguas decían que la muerte lo seguía allí donde fuera; otras aseguraban que hacía milagros si pagaban bien y le daban las libertades necesarias.

    Loimos fue convocado una noche. Su presencia provocó más inquietud que consuelo mientras se presentaba ante los nobles. Era muy educado, a pesar de que la máscara y el atuendo de cuero negro no transmitían precisamente tranquilidad.

    Llegó a los aposentos de la joven ya postrada en cama y no perdió tiempo en revisarla. Casi no hizo preguntas, solo cuando era estrictamente necesario; el resto lo averiguó a base de observación y pruebas, muchas de ellas realizándolas en privado. La viruela era un problema para el que aún no encontraba una respuesta clara, pero cada paciente lo acercaba un poco más a ella. Por desgracia, sin importar todo lo que hizo e intentó(sin dañar a la joven, pues los padres fueron muy estrictos respecto a su integridad), no encontró solución alguna. Muy a su propia frustración, luego de meses, tuvo que aceptar que no podría ayudarla. Necesitaba otro tipo de pacientes para examinarlos mejor.

    Su presencia desapareció de aquella vivienda como si solo se hubiese tratado de una ilusión, un fantasma y nada más. Incluso dejó de verse en la ciudad. Algunos pensaron que solo había sido un sueño febril colectivo.


    𝕷𝖆𝖘 𝖊𝖓𝖋𝖊𝖗𝖒𝖊𝖉𝖆𝖉𝖊𝖘 𝖈𝖔𝖓𝖙𝖎𝖓𝖚𝖆𝖗𝖔𝖓. 𝕮𝖎𝖗𝖈𝖆. 𝟏𝟕𝟒𝟖

    El tiempo avanzó con relativa rapidez. Las ciudades se veían más refinadas, más elegantes; se levantaron academias prestigiosas y la medicina avanzó, dando paso también a nuevos instrumentos. Los médicos se modernizaron un poco más. Loimos no había cambiado demasiado salvo por algunas prendas. Pero la máscara de pico, el sombrero, los guantes de cuero y el bastón seguían allí. Además, su cuerpo permanecía bien cubierto, como si aún intentara alejar toda peste de sí mismo a pesar de haber estado rodeado de ella durante tantos siglos.

    Las personas caminaban por las calles como si la ciudad no estuviera marcada por enfermedades y guerras. Querían olvidar. Había más control, pero todavía no existían soluciones definitivas. El doctor no creía que fuese momento para relajarse tanto.

    Sus pasos eran tranquilos, escuchándose en ocasiones el golpeteo de su bastón contra el suelo, pero todo se detuvo cuando se paró frente a una plaza. Ladeó apenas la cabeza y luego giró la mirada hacia la izquierda. Creyó haber visto algo que captó su atención. Alguien, más bien.

    Al principio pensó que era coincidencia, pero entonces observó mejor a aquella joven mujer.
    El recuerdo llegó de inmediato, aunque las diferencias eran claras. Ya no había dolor en el rostro, no se veía la fiebre reflejada en cada facción ni el debilitamiento evidente, tampoco la muerte acechando a su lado. Se veía sana. Apenas pálida, quizá. Con fuerza... e igual a la última vez que la vio. Curioso. Demasiado curioso.

    Continuó avanzando, ahora con una nueva dirección, directamente hacia la mujer. Todavía sin prisa; tampoco deseaba arruinarle el paseo o aquello que estuviese haciendo. La analizó un poco más antes de acercarse lo suficiente para que pudiera escucharlo.

    —Lady Lancaster —la voz estaba amortiguada por la máscara, aunque eso no impidió que se notara aquel tono tranquilo de siempre—. Vaya sorpresa encontrarla por aquí.

    Fue evidente que aquellas palabras solo intentaban evitar mencionar directamente el verdadero interés que despertaba en él verla todavía con vida, cuando había observado cómo esta abandonaba lentamente su cuerpo siglo y tanto atrás.

    —Admito que habría esperado encontrar sus huesos bajo tierra antes que verla paseando... o comprobar que los años no han pasado por usted ni un poco.
    𝓡𝓸𝓵𝓮𝓹𝓵𝓪𝔂 𝔀𝓲𝓽𝓱: [Black.Rose] 𝕻𝖊𝖘𝖙𝖊 𝕭𝖚𝖇ó𝖓𝖎𝖈𝖆 𝖞 𝖇𝖗𝖔𝖙𝖊 𝖉𝖊 𝖛𝖎𝖗𝖚𝖊𝖑𝖆. 𝕮𝖎𝖗𝖈𝖆. 𝟏𝟓𝟗𝟑 El miedo y la desesperación recorrían cada rincón del país. Las ciudades más grandes notaban en demasía cómo las vidas eran arrasadas por la enfermedad y la imposibilidad de ayudar a cada víctima, sin importar las medidas y cuarentenas que se tomaran. La viruela era lo peor, sin embargo, porque sin importar la casta llegaba a cualquier hogar. Fue así con los Lancaster. Quien la padeció terriblemente fue una joven llamada Erin. Por supuesto, los padres de esta hicieron todo lo posible para que se mejorara, pagando por los tratamientos más caros y los mejores doctores que pudieran encontrar. No parecía dar demasiados resultados y el pánico comenzaba a apoderarse del hogar. Pero entonces escucharon sobre otro médico en la ciudad. Uno extraño, de quien muchas malas lenguas decían que la muerte lo seguía allí donde fuera; otras aseguraban que hacía milagros si pagaban bien y le daban las libertades necesarias. Loimos fue convocado una noche. Su presencia provocó más inquietud que consuelo mientras se presentaba ante los nobles. Era muy educado, a pesar de que la máscara y el atuendo de cuero negro no transmitían precisamente tranquilidad. Llegó a los aposentos de la joven ya postrada en cama y no perdió tiempo en revisarla. Casi no hizo preguntas, solo cuando era estrictamente necesario; el resto lo averiguó a base de observación y pruebas, muchas de ellas realizándolas en privado. La viruela era un problema para el que aún no encontraba una respuesta clara, pero cada paciente lo acercaba un poco más a ella. Por desgracia, sin importar todo lo que hizo e intentó(sin dañar a la joven, pues los padres fueron muy estrictos respecto a su integridad), no encontró solución alguna. Muy a su propia frustración, luego de meses, tuvo que aceptar que no podría ayudarla. Necesitaba otro tipo de pacientes para examinarlos mejor. Su presencia desapareció de aquella vivienda como si solo se hubiese tratado de una ilusión, un fantasma y nada más. Incluso dejó de verse en la ciudad. Algunos pensaron que solo había sido un sueño febril colectivo. 𝕷𝖆𝖘 𝖊𝖓𝖋𝖊𝖗𝖒𝖊𝖉𝖆𝖉𝖊𝖘 𝖈𝖔𝖓𝖙𝖎𝖓𝖚𝖆𝖗𝖔𝖓. 𝕮𝖎𝖗𝖈𝖆. 𝟏𝟕𝟒𝟖 El tiempo avanzó con relativa rapidez. Las ciudades se veían más refinadas, más elegantes; se levantaron academias prestigiosas y la medicina avanzó, dando paso también a nuevos instrumentos. Los médicos se modernizaron un poco más. Loimos no había cambiado demasiado salvo por algunas prendas. Pero la máscara de pico, el sombrero, los guantes de cuero y el bastón seguían allí. Además, su cuerpo permanecía bien cubierto, como si aún intentara alejar toda peste de sí mismo a pesar de haber estado rodeado de ella durante tantos siglos. Las personas caminaban por las calles como si la ciudad no estuviera marcada por enfermedades y guerras. Querían olvidar. Había más control, pero todavía no existían soluciones definitivas. El doctor no creía que fuese momento para relajarse tanto. Sus pasos eran tranquilos, escuchándose en ocasiones el golpeteo de su bastón contra el suelo, pero todo se detuvo cuando se paró frente a una plaza. Ladeó apenas la cabeza y luego giró la mirada hacia la izquierda. Creyó haber visto algo que captó su atención. Alguien, más bien. Al principio pensó que era coincidencia, pero entonces observó mejor a aquella joven mujer. El recuerdo llegó de inmediato, aunque las diferencias eran claras. Ya no había dolor en el rostro, no se veía la fiebre reflejada en cada facción ni el debilitamiento evidente, tampoco la muerte acechando a su lado. Se veía sana. Apenas pálida, quizá. Con fuerza... e igual a la última vez que la vio. Curioso. Demasiado curioso. Continuó avanzando, ahora con una nueva dirección, directamente hacia la mujer. Todavía sin prisa; tampoco deseaba arruinarle el paseo o aquello que estuviese haciendo. La analizó un poco más antes de acercarse lo suficiente para que pudiera escucharlo. —Lady Lancaster —la voz estaba amortiguada por la máscara, aunque eso no impidió que se notara aquel tono tranquilo de siempre—. Vaya sorpresa encontrarla por aquí. Fue evidente que aquellas palabras solo intentaban evitar mencionar directamente el verdadero interés que despertaba en él verla todavía con vida, cuando había observado cómo esta abandonaba lentamente su cuerpo siglo y tanto atrás. —Admito que habría esperado encontrar sus huesos bajo tierra antes que verla paseando... o comprobar que los años no han pasado por usted ni un poco.
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  • ¡Hola, querido/as! Volvió su Doctora en cabello favorita.
    O sea, no estaba muerta... Andaba de parranda. {En realidad sólo la pasó trabajando y viendo películas de horror clásico sin parar.} (¿?)

    X O X O. No me extrañen mucho~

    .
    .
    ᴍ ᴏ ᴏ ᴅ : { https://youtu.be/5O3vYkSI46M?si=55V9dxB4x2tPW8_t }
    ¡Hola, querido/as! Volvió su Doctora en cabello favorita. O sea, no estaba muerta... Andaba de parranda. {En realidad sólo la pasó trabajando y viendo películas de horror clásico sin parar.} (¿?) X O X O. No me extrañen mucho~ . . ᴍ ᴏ ᴏ ᴅ : { https://youtu.be/5O3vYkSI46M?si=55V9dxB4x2tPW8_t }
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  • 𝕮𝖊𝖓𝖎𝖟𝖆𝖘 𝖞 𝕳𝖎𝖊𝖗𝖇𝖆𝖘
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    » ℛℴ𝓁ℯ𝓅𝓁𝒶𝓎 𝓌𝒾𝓉𝒽 𝔒𝔡𝔢𝔱𝔱𝔢 ℌ𝔢𝔪𝔩𝔬𝔠𝔨



    El hedor a vinagre y carne pudriéndose impregnaba cada centímetro del pequeño pueblo. Ni el humo constante de las hogueras lograba cubrirlo por completo.

    El silencio pesaba demasiado, no había nada por lo que charlar con ímpetu o reír. Tampoco habían suficientes pares de pies para recorrer los caminos durante el día. Cada vez eran menos los que sobrevivían; menos manos para cavar fosas nuevas.

    Los pasos del doctor quedaban marcados en las calles de barro mientras avanzaba entre las casas. Algunas con velas encendidas, otras completamente a oscuras, probablemente deshabitadas hacía días, semanas o meses. Y a los lados de algunas habían decenas de cuerpos inmóviles debajo de telas demasiado ásperas.

    Estuvo siguiendo esa enfermedad. Los síntomas eran nuevos y llamaban su atención. Por desgracia, los pacientes no duraban demasiado como para poder realizar experimentos y ver resultados. Los pulmones colapsaban antes de poder siquiera intentar tratar las infecciones que se creaban sobre y debajo de la piel. Las manchas en cuellos, dedos y rostros daban aspectos cadavéricos que muchos decían era la marca de la muerte. Si se llegaba a ese punto no había retorno. Para mal del doctor, cuando llegaba a alguien, ya tenía síntomas avanzados y morían en poco tiempo.

    Pero oyó que en el pueblo podría haber algún que otro sobreviviente que pudiera darle las respuestas. O no. No lo sabría hasta intentarlo.

    Se detuvo frente a una casa, notando un cuarto con luz. Pero no fue eso lo que lo frenó, sino el aroma a hierbas que salía de allí. Tapó el olor a podredumbre de una forma tan sencilla que despertó su curiosidad. De inmediato se giró para cambiar de rumbo hacia la casa.
    » ℛℴ𝓁ℯ𝓅𝓁𝒶𝓎 𝓌𝒾𝓉𝒽 [orbit_turquoise_elephant_485] El hedor a vinagre y carne pudriéndose impregnaba cada centímetro del pequeño pueblo. Ni el humo constante de las hogueras lograba cubrirlo por completo. El silencio pesaba demasiado, no había nada por lo que charlar con ímpetu o reír. Tampoco habían suficientes pares de pies para recorrer los caminos durante el día. Cada vez eran menos los que sobrevivían; menos manos para cavar fosas nuevas. Los pasos del doctor quedaban marcados en las calles de barro mientras avanzaba entre las casas. Algunas con velas encendidas, otras completamente a oscuras, probablemente deshabitadas hacía días, semanas o meses. Y a los lados de algunas habían decenas de cuerpos inmóviles debajo de telas demasiado ásperas. Estuvo siguiendo esa enfermedad. Los síntomas eran nuevos y llamaban su atención. Por desgracia, los pacientes no duraban demasiado como para poder realizar experimentos y ver resultados. Los pulmones colapsaban antes de poder siquiera intentar tratar las infecciones que se creaban sobre y debajo de la piel. Las manchas en cuellos, dedos y rostros daban aspectos cadavéricos que muchos decían era la marca de la muerte. Si se llegaba a ese punto no había retorno. Para mal del doctor, cuando llegaba a alguien, ya tenía síntomas avanzados y morían en poco tiempo. Pero oyó que en el pueblo podría haber algún que otro sobreviviente que pudiera darle las respuestas. O no. No lo sabría hasta intentarlo. Se detuvo frente a una casa, notando un cuarto con luz. Pero no fue eso lo que lo frenó, sino el aroma a hierbas que salía de allí. Tapó el olor a podredumbre de una forma tan sencilla que despertó su curiosidad. De inmediato se giró para cambiar de rumbo hacia la casa.
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  • [ℛℴ𝓁 𝒶𝒷𝒾ℯ𝓇𝓉ℴ / 𝒟𝒶𝓇𝓀 ℱ𝒶𝓃𝓉𝒶𝓈𝓎 / 𝒢ℴ𝓉𝒽𝒾𝒸]


    Las campanas sonaron otra vez. Todavía no pasaba una hora y ya había sonado 17 veces, las estuvo contando.

    Algunas personas dirían que era porque así podría llevar un registro, saber si su trabajo daba frutos, si había progreso. Otras opinarían todo lo contrario, que lo hacía para saber cuántos cadáveres podría tener a disposición para sus ideas profanas. Ninguna de esas lenguas estaría del todo en lo correcto.

    Detuvo sus pasos en la colina, allí escuchaba mejor las campanas que anunciaban las muertes. También podía tener una mejor vista de la fosa. Y era justo allí donde parecía estar mirando.

    Su mano derecha descansaba sobre el mango del bastón, el índice dando suaves golpeteos mientras que el guante negro de cuero reproducía un pequeño sonido por la fricción. El doctor estaba pensativo.

    Pasaron unos pocos segundos hasta que su dedo quedó quieto también, como si acabara de finalmente tener una respuesta a lo que rondaba su mente.

    —Hacer otra fosa llevará su tiempo... y quemar los cuerpos ahora sería contraproducente... un cuarto será. —la voz, aunque ligeramente distorsionada por la máscara, sonó suave y muy tranquila.

    Luego de esa decisión estuvo a punto de volver a la capilla, pero oyó pasos acercarse a su posición, así que allí se quedó.

    —¿Necesitan más ayuda? —preguntó con amabilidad.
    [ℛℴ𝓁 𝒶𝒷𝒾ℯ𝓇𝓉ℴ / 𝒟𝒶𝓇𝓀 ℱ𝒶𝓃𝓉𝒶𝓈𝓎 / 𝒢ℴ𝓉𝒽𝒾𝒸] Las campanas sonaron otra vez. Todavía no pasaba una hora y ya había sonado 17 veces, las estuvo contando. Algunas personas dirían que era porque así podría llevar un registro, saber si su trabajo daba frutos, si había progreso. Otras opinarían todo lo contrario, que lo hacía para saber cuántos cadáveres podría tener a disposición para sus ideas profanas. Ninguna de esas lenguas estaría del todo en lo correcto. Detuvo sus pasos en la colina, allí escuchaba mejor las campanas que anunciaban las muertes. También podía tener una mejor vista de la fosa. Y era justo allí donde parecía estar mirando. Su mano derecha descansaba sobre el mango del bastón, el índice dando suaves golpeteos mientras que el guante negro de cuero reproducía un pequeño sonido por la fricción. El doctor estaba pensativo. Pasaron unos pocos segundos hasta que su dedo quedó quieto también, como si acabara de finalmente tener una respuesta a lo que rondaba su mente. —Hacer otra fosa llevará su tiempo... y quemar los cuerpos ahora sería contraproducente... un cuarto será. —la voz, aunque ligeramente distorsionada por la máscara, sonó suave y muy tranquila. Luego de esa decisión estuvo a punto de volver a la capilla, pero oyó pasos acercarse a su posición, así que allí se quedó. —¿Necesitan más ayuda? —preguntó con amabilidad.
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  • || 𝚀𝚞𝚎𝚛𝚒𝚍𝚘 𝙳𝚒𝚊𝚛𝚒𝚘 𝙿𝚜𝚒𝚌𝚘́𝚙𝚊𝚝𝚊: ||

    "Hoy fui con el doctor y me dijo que tengo problemas de sueño y que no lo estoy haciendo bien...

    A lo que concluyo que son chingaderas lo que me dice, porque ahora resultaque no sirvo ni para dormir... "
    || 𝚀𝚞𝚎𝚛𝚒𝚍𝚘 𝙳𝚒𝚊𝚛𝚒𝚘 𝙿𝚜𝚒𝚌𝚘́𝚙𝚊𝚝𝚊: || "Hoy fui con el doctor y me dijo que tengo problemas de sueño y que no lo estoy haciendo bien... A lo que concluyo que son chingaderas lo que me dice, porque ahora resultaque no sirvo ni para dormir... "
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  • [Tras unas pruebas que involucraron derrotar en combate a sujetos de prueba 3 veces más grandes que ella. Unknown recibe una recompensa inusual]

    Guardia de seguridad: -Mírala. Toda tierna intentando leer un libro aunque no sepa leer. Quién diría que hizo trizas a 6 unidades activas. ¿Supiste lo del Dr Stephen?.

    Encargado de la limpieza: -Si. Lo supe. Esta bajo custodia ya que supuestamente intento liberar a esta cosa. Aunque lo lamento por el doctor por un lado me alivia. Seguramente arrazaría con todo si se libera. ¿No crees?.

    *Unknown ojea las páginas del libro infantil que le regaló el director general Edgar Markov. Sin que nadie se de cuenta. En su cerebro mejorado ya empiezan a elucubrarse los primeros cimientos del conocimiento acerca del lenguaje*
    [Tras unas pruebas que involucraron derrotar en combate a sujetos de prueba 3 veces más grandes que ella. Unknown recibe una recompensa inusual] Guardia de seguridad: -Mírala. Toda tierna intentando leer un libro aunque no sepa leer. Quién diría que hizo trizas a 6 unidades activas. ¿Supiste lo del Dr Stephen?. Encargado de la limpieza: -Si. Lo supe. Esta bajo custodia ya que supuestamente intento liberar a esta cosa. Aunque lo lamento por el doctor por un lado me alivia. Seguramente arrazaría con todo si se libera. ¿No crees?. *Unknown ojea las páginas del libro infantil que le regaló el director general Edgar Markov. Sin que nadie se de cuenta. En su cerebro mejorado ya empiezan a elucubrarse los primeros cimientos del conocimiento acerca del lenguaje*
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  • [Luego de la prueba de hambruna y sed. En las semanas venideras los crueles y antiéticos experimentos a los cuáles fue sometida Unknown no hicieron más que empeorar].

    Dr Stephen Steel: *Duda por un momento si presionar o no el botón para iniciar el reporte. Finalmente decide hacerlo* -El sujeto de prueba ha demostrado ser resistente a la mayoría de daños físicos inflingidos por armas contundentes, cortantes, perforantes, balas de diferentes calibres, electricidad, fuego, ácido, congelamiento... *Se detiene unos segundos como si su propio reporte le causase náuseas* Es capaz de regenerar extremidades e incluso órganos en plazos que varían desde minutos a horas... También ha sido sometida ha... *Apaga el micrófono. En un pensamiento intrusivo que es incapaz de detener, bloquea la puerta de la sala de pruebas. Sabe que dispone de sólo minutos antes de que una serie de guardias armados le exiga abrirla de nuevo y demandar explicaciones. Apaga su auricular. Desonecta las cámaras. Apenas 1 minuto después recibe una llamada*.

    Guardia del sector: -¿Dr Stephen?. Su cámara esta apagada. Ha ocurrido algo?. ¿Doctor?. *Stephen cuelga. No dice ni una sola palabra. Los minutos transcurren. El Dr Stephen se acerca a Unknown y comienza a quitarle las vías venosas que la mantienen sedada*

    Dr Stephen Steel: -Quisiera poder hacer algo para ayudarte. Pero si desobedezco me liquidaran sin dudarlo. Aunque... *Menciona rectificando sus propias palabras* Escucha Unknown. Me tardaré y aún no se cómo... Pero haré lo que este en manos para que salgas de este infernal lugar. *Ella sólo le mira inexpresiva. Aún exhausta y adolorida por las pruebas recientes* Hay todo un mundo allá afuera. Sin celdas ni frías paredes estériles.

    Unknown: *Al disminuir la sedación murmulla con voz rasposa* Mu... mu... mu... mu... ndo. Mu... ndo. *Ladea la cabeza intentando liberarse de la contención. Dice aún más impaciente* Mu... mu...ndo... mu... mu...ndo. *El Dr Stephen se conmueve al escuchar esto pero las pisadas de cientos de guardias se sienten el pasillo en dirección a la puerta bloqueada*

    Jefe de guardias:-Dr Stephen. Abra la puerta de inmediato. De lo contrario nos veremos obligados a tomar medidas drásticas. *El Dr Stephen se limita a obedecer. Se queda con las manos en alto. Un guardia le rompe la nariz con un fuerte culetazo de un rifle de asalto. Le obligan a arrodillarze. Trasladan a Unknown nuevamente a su celda. Ante la mirada plagada de ira contenida e impotencia del doctor*.
    [Luego de la prueba de hambruna y sed. En las semanas venideras los crueles y antiéticos experimentos a los cuáles fue sometida Unknown no hicieron más que empeorar]. Dr Stephen Steel: *Duda por un momento si presionar o no el botón para iniciar el reporte. Finalmente decide hacerlo* -El sujeto de prueba ha demostrado ser resistente a la mayoría de daños físicos inflingidos por armas contundentes, cortantes, perforantes, balas de diferentes calibres, electricidad, fuego, ácido, congelamiento... *Se detiene unos segundos como si su propio reporte le causase náuseas* Es capaz de regenerar extremidades e incluso órganos en plazos que varían desde minutos a horas... También ha sido sometida ha... *Apaga el micrófono. En un pensamiento intrusivo que es incapaz de detener, bloquea la puerta de la sala de pruebas. Sabe que dispone de sólo minutos antes de que una serie de guardias armados le exiga abrirla de nuevo y demandar explicaciones. Apaga su auricular. Desonecta las cámaras. Apenas 1 minuto después recibe una llamada*. Guardia del sector: -¿Dr Stephen?. Su cámara esta apagada. Ha ocurrido algo?. ¿Doctor?. *Stephen cuelga. No dice ni una sola palabra. Los minutos transcurren. El Dr Stephen se acerca a Unknown y comienza a quitarle las vías venosas que la mantienen sedada* Dr Stephen Steel: -Quisiera poder hacer algo para ayudarte. Pero si desobedezco me liquidaran sin dudarlo. Aunque... *Menciona rectificando sus propias palabras* Escucha Unknown. Me tardaré y aún no se cómo... Pero haré lo que este en manos para que salgas de este infernal lugar. *Ella sólo le mira inexpresiva. Aún exhausta y adolorida por las pruebas recientes* Hay todo un mundo allá afuera. Sin celdas ni frías paredes estériles. Unknown: *Al disminuir la sedación murmulla con voz rasposa* Mu... mu... mu... mu... ndo. Mu... ndo. *Ladea la cabeza intentando liberarse de la contención. Dice aún más impaciente* Mu... mu...ndo... mu... mu...ndo. *El Dr Stephen se conmueve al escuchar esto pero las pisadas de cientos de guardias se sienten el pasillo en dirección a la puerta bloqueada* Jefe de guardias:-Dr Stephen. Abra la puerta de inmediato. De lo contrario nos veremos obligados a tomar medidas drásticas. *El Dr Stephen se limita a obedecer. Se queda con las manos en alto. Un guardia le rompe la nariz con un fuerte culetazo de un rifle de asalto. Le obligan a arrodillarze. Trasladan a Unknown nuevamente a su celda. Ante la mirada plagada de ira contenida e impotencia del doctor*.
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  • [Tras 5 días desde la prueba de resistencia al hambre y sed. El Dr Stephen Steel graba un nuevo reporte en formato de audio. Es acompañado por un ejercito de guardias armados].

    Dr Stephen Steel: -Los resultados son los esperados. El sujeto de prueba ha resistido increíblemente 5 días completos de hambruna y sed sin apenas deterioro en sus órganos ni sus funciones vitales. Esta irritable y visiblemente furiosa. Completamente esperable. Por fortuna la celda esta reforzada con vidrio mezclado con la alineación "Deterium" que es 20 veces más resistente que el acero. *Me sobresalto al ver como con su golpes el vidrio se fisura. Los guardias armados se preparan para disparar* ESPEREN. No disparen. *Detiene la grabación* Contactaré al director Edgar. Ya fue suficiente. Es evidente que Unknown esta hambrienta. *Se retira a un escritorio cercano y realiza una llamada*

    Director Edgar Markov: -Lo escuche todo Dr Stephen. ¿Quieres que la alimentemos?. Deberíamos esperar al menos 5 días más. No olvide el objetivo de este experimento. Esa cosa ni siquiera es humana. ¿Porque insiste tanto en salirse del protocolo?. *Exclama con voz fría*

    Dr Stephen Steel: *Una gota de sudor recorre su frente*
    -Escuche director. No me estoy saliendo del protocolo. Conozco perfectamente el objetivo de este experimento. Simplemente estoy señalando lo obvio. DEBEMOS ALIMENTARLE. Si sigue enfureciendose. Rompe su celda y nos liquida a todos. Será usted quien se tendrá que hacer responsable del desastre ya que yo sólo sería un cuerpo degollado. *Exclama el doctor intentando desafiar las ordenes del director general de la división Q*

    Director Edgar Markov: -No me agrada su tono Stephen. Sus dudas son visibles, su lealtad cuestionable. Pero es cierto, sería una completa molestia tener que lidiar con tantos cadáveres. Probablemente perderíamos un par de unidades de combate adiestradas en el proceso de contenerla. Alimentela. Pero guarde mis palabras Stephen. Le estaré vigilando de cerca. Y no dudaré en plantar una bala entre sus cejas. El proyecto debe continuar. Sin importar el costo.*Cuelga*

    *El Dr Stephen suspira. Sus manos aún tiemblan por desafiar verbalmente al director. Va por comida. Alimenta a Unknown y esta se calma. De momento. Ordena a los técnicos que reparen la celda cuánto antes. Se sienta en la silla de su escritorio y se reclina en el respaldo. Divagando en sus pensamientos*
    [Tras 5 días desde la prueba de resistencia al hambre y sed. El Dr Stephen Steel graba un nuevo reporte en formato de audio. Es acompañado por un ejercito de guardias armados]. Dr Stephen Steel: -Los resultados son los esperados. El sujeto de prueba ha resistido increíblemente 5 días completos de hambruna y sed sin apenas deterioro en sus órganos ni sus funciones vitales. Esta irritable y visiblemente furiosa. Completamente esperable. Por fortuna la celda esta reforzada con vidrio mezclado con la alineación "Deterium" que es 20 veces más resistente que el acero. *Me sobresalto al ver como con su golpes el vidrio se fisura. Los guardias armados se preparan para disparar* ESPEREN. No disparen. *Detiene la grabación* Contactaré al director Edgar. Ya fue suficiente. Es evidente que Unknown esta hambrienta. *Se retira a un escritorio cercano y realiza una llamada* Director Edgar Markov: -Lo escuche todo Dr Stephen. ¿Quieres que la alimentemos?. Deberíamos esperar al menos 5 días más. No olvide el objetivo de este experimento. Esa cosa ni siquiera es humana. ¿Porque insiste tanto en salirse del protocolo?. *Exclama con voz fría* Dr Stephen Steel: *Una gota de sudor recorre su frente* -Escuche director. No me estoy saliendo del protocolo. Conozco perfectamente el objetivo de este experimento. Simplemente estoy señalando lo obvio. DEBEMOS ALIMENTARLE. Si sigue enfureciendose. Rompe su celda y nos liquida a todos. Será usted quien se tendrá que hacer responsable del desastre ya que yo sólo sería un cuerpo degollado. *Exclama el doctor intentando desafiar las ordenes del director general de la división Q* Director Edgar Markov: -No me agrada su tono Stephen. Sus dudas son visibles, su lealtad cuestionable. Pero es cierto, sería una completa molestia tener que lidiar con tantos cadáveres. Probablemente perderíamos un par de unidades de combate adiestradas en el proceso de contenerla. Alimentela. Pero guarde mis palabras Stephen. Le estaré vigilando de cerca. Y no dudaré en plantar una bala entre sus cejas. El proyecto debe continuar. Sin importar el costo.*Cuelga* *El Dr Stephen suspira. Sus manos aún tiemblan por desafiar verbalmente al director. Va por comida. Alimenta a Unknown y esta se calma. De momento. Ordena a los técnicos que reparen la celda cuánto antes. Se sienta en la silla de su escritorio y se reclina en el respaldo. Divagando en sus pensamientos*
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