• • Las Crónicas De Fenrir Queen •

    ~El día que ella se marchó..~

    Después de semanas oculto entre montañas nevadas y restos de una guerra que todavía seguía ardiendo dentro de su cabeza, Kael Vireon finalmente había conseguido volver a caminar gracias a la ayuda constante de Fenrir Queen. Para él, aquella chica se había convertido lentamente en algo mucho más importante de lo que quería admitir. En un mundo donde todo olía a humo, sangre y cenizas, Fenrir era la única cosa que todavía parecía cálida. Cada vez que aparecía entrando a la cueva con comida, agua o vendas improvisadas, Kael sentía por unos instantes que el dolor desaparecía un poco. Ella hablaba poco, pero incluso su silencio transmitía tranquilidad. Y para un niño que acababa de perder absolutamente todo… aquello terminó convirtiéndose en un refugio emocional del que ni siquiera era consciente.

    Había noches donde Kael despertaba sobresaltado por las pesadillas, escuchando nuevamente los gritos de su pueblo, viendo otra vez el fuego devorando las casas mientras el cielo se llenaba de aquellas monstruosas estructuras flotantes. Recordaba el abrazo desesperado de su madre, el último grito de su padre y la sensación de impotencia mientras el mundo entero colapsaba frente a él. Pero entonces veía a Fenrir dormida cerca del fuego o escuchaba su voz tranquila preguntándole si las heridas todavía dolían… y por un momento podía respirar otra vez.

    Por eso jamás imaginó lo que estaba a punto de descubrir.

    Aquella mañana el sonido regresó.

    Un estruendo profundo atravesó las montañas haciendo vibrar la nieve bajo sus pies. Kael abrió los ojos inmediatamente y su cuerpo reaccionó por puro instinto. Ese ruido… era exactamente el mismo. El mismo sonido que escuchó el día que comenzó la masacre.

    Sin decir nada salió rápidamente de la cueva mientras el viento helado golpeaba su rostro. Desde la altura de la montaña pudo ver enormes sombras moviéndose entre las nubes. Varias estructuras gigantescas descendían lentamente sobre el valle rodeadas de humo y energía, como depredadores regresando al lugar donde ya habían arrasado todo una vez.

    El corazón de Kael comenzó a acelerarse violentamente.

    No.

    No podía ser.

    Sus piernas avanzaron solas entre la nieve hasta alcanzar un punto desde donde podía observar mejor el valle… y entonces la vio.

    Fenrir.

    Estaba allí.

    De pie sobre una de aquellas enormes plataformas flotantes mientras el viento movía lentamente su vestido blanco. Detrás de ella caminaban soldados armados cubiertos con las mismas armaduras oscuras que Kael jamás había podido olvidar. Desde esa distancia ella parecía tranquila, completamente integrada entre aquel ejército monstruoso que dominaba el cielo.

    Y fue entonces cuando Kael empezó a reconocer los símbolos.

    Las banderas negras.

    Los emblemas grabados sobre el metal.

    Las marcas que vio entre humo y sangre el día que su hogar desapareció.

    Todo encajó de golpe.

    Fenrir no era una superviviente.
    No era una chica perdida.
    No era alguien que simplemente apareció en medio de la guerra.

    Ella pertenecía a ellos.

    Al mismo ejército que redujo su hogar a cenizas.
    Al mismo ejército que asesinó a su madre, a su padre, a sus vecinos… a todos.

    Kael sintió que algo dentro de él simplemente se rompía.

    Las imágenes comenzaron a mezclarse violentamente en su cabeza. Su madre abrazándolo mientras lloraba. Su padre cubierto de sangre intentando detener a aquellos soldados. El fuego consumiendo las calles. Los gritos. La nieve teñida de rojo. Y luego Fenrir… sentada junto al fuego de la cueva mirándolo con aquella expresión tranquila mientras curaba sus heridas.

    El contraste era demasiado.

    Su respiración empezó a fallar.

    —…no…—

    La voz apenas salió de su garganta mientras retrocedía un paso sobre la nieve. Abajo, varias naves comenzaron a elevarse lentamente y soldados seguían moviéndose alrededor de Fenrir como si aquel infierno fuera algo normal para ella.

    —…tú…?—

    Las lágrimas empezaron a caerle sin siquiera darse cuenta.

    Todo lo que había construido emocionalmente alrededor de ella empezó a derrumbarse de golpe. Porque Fenrir no solo había sido alguien importante para él. Había sido literalmente lo único que le quedaba después de perderlo todo. La única persona que logró hacerle sentir protegido otra vez. La única voz capaz de calmar sus pesadillas.

    Y ahora estaba viendo que esa misma persona pertenecía al monstruo que destruyó su vida.

    Kael apretó los puños con tanta fuerza que sus uñas atravesaron la piel de sus manos. Su cuerpo entero comenzó a temblar mientras una mezcla insoportable de dolor, rabia y traición crecía dentro de él como algo vivo.

    Quería odiarla.

    Quería gritarle.

    Quería arrancarse de encima cada recuerdo relacionado con ella.

    Pero justamente eso era lo que más lo destruía… porque aun viendo todo aquello, una parte de él seguía recordando a la chica que se sentaba junto al fuego para hacerle compañía en silencio.

    Y esa contradicción terminó quebrándolo completamente.

    El aire empezó a vibrar.

    Primero levemente.

    Después violentamente.

    La nieve alrededor de Kael comenzó a agrietarse mientras una presión monstruosa explotaba desde su cuerpo de forma descontrolada. Rocas enteras empezaron a fracturarse bajo sus pies y el espacio alrededor suyo pareció deformarse por un instante.

    Kael cayó de rodillas gritando mientras el dolor emocional terminaba despertando algo dormido en lo más profundo de su existencia.

    La Resonancia Sísmica del Vacío.

    Una habilidad nacida del colapso absoluto de sus emociones y de un odio tan intenso que literalmente hacía vibrar el mundo a su alrededor. Ondas invisibles comenzaron a expandirse desde su cuerpo deformando el aire y resquebrajando todo lo que tocaban. La montaña explotó en múltiples fracturas gigantescas mientras árboles enteros eran arrancados desde la raíz y enormes pedazos de tierra colapsaban hacia el vacío.

    El cielo mismo parecía partirse.

    Las estructuras flotantes comenzaron a sacudirse violentamente.

    Varios soldados perdieron el equilibrio.

    Incluso el océano lejano empezó a agitarse bajo aquellas vibraciones monstruosas.

    Y en medio de aquel nacimiento aterrador… Kael solo podía mirar a Fenrir con el rostro completamente roto por el dolor.

    Porque en ese instante murió el niño que todavía quería creer en ella.

    Y nació alguien capaz de hacer temblar el mundo entero con su odio.
    • Las Crónicas De Fenrir Queen • ~El día que ella se marchó..~ Después de semanas oculto entre montañas nevadas y restos de una guerra que todavía seguía ardiendo dentro de su cabeza, Kael Vireon finalmente había conseguido volver a caminar gracias a la ayuda constante de Fenrir Queen. Para él, aquella chica se había convertido lentamente en algo mucho más importante de lo que quería admitir. En un mundo donde todo olía a humo, sangre y cenizas, Fenrir era la única cosa que todavía parecía cálida. Cada vez que aparecía entrando a la cueva con comida, agua o vendas improvisadas, Kael sentía por unos instantes que el dolor desaparecía un poco. Ella hablaba poco, pero incluso su silencio transmitía tranquilidad. Y para un niño que acababa de perder absolutamente todo… aquello terminó convirtiéndose en un refugio emocional del que ni siquiera era consciente. Había noches donde Kael despertaba sobresaltado por las pesadillas, escuchando nuevamente los gritos de su pueblo, viendo otra vez el fuego devorando las casas mientras el cielo se llenaba de aquellas monstruosas estructuras flotantes. Recordaba el abrazo desesperado de su madre, el último grito de su padre y la sensación de impotencia mientras el mundo entero colapsaba frente a él. Pero entonces veía a Fenrir dormida cerca del fuego o escuchaba su voz tranquila preguntándole si las heridas todavía dolían… y por un momento podía respirar otra vez. Por eso jamás imaginó lo que estaba a punto de descubrir. Aquella mañana el sonido regresó. Un estruendo profundo atravesó las montañas haciendo vibrar la nieve bajo sus pies. Kael abrió los ojos inmediatamente y su cuerpo reaccionó por puro instinto. Ese ruido… era exactamente el mismo. El mismo sonido que escuchó el día que comenzó la masacre. Sin decir nada salió rápidamente de la cueva mientras el viento helado golpeaba su rostro. Desde la altura de la montaña pudo ver enormes sombras moviéndose entre las nubes. Varias estructuras gigantescas descendían lentamente sobre el valle rodeadas de humo y energía, como depredadores regresando al lugar donde ya habían arrasado todo una vez. El corazón de Kael comenzó a acelerarse violentamente. No. No podía ser. Sus piernas avanzaron solas entre la nieve hasta alcanzar un punto desde donde podía observar mejor el valle… y entonces la vio. Fenrir. Estaba allí. De pie sobre una de aquellas enormes plataformas flotantes mientras el viento movía lentamente su vestido blanco. Detrás de ella caminaban soldados armados cubiertos con las mismas armaduras oscuras que Kael jamás había podido olvidar. Desde esa distancia ella parecía tranquila, completamente integrada entre aquel ejército monstruoso que dominaba el cielo. Y fue entonces cuando Kael empezó a reconocer los símbolos. Las banderas negras. Los emblemas grabados sobre el metal. Las marcas que vio entre humo y sangre el día que su hogar desapareció. Todo encajó de golpe. Fenrir no era una superviviente. No era una chica perdida. No era alguien que simplemente apareció en medio de la guerra. Ella pertenecía a ellos. Al mismo ejército que redujo su hogar a cenizas. Al mismo ejército que asesinó a su madre, a su padre, a sus vecinos… a todos. Kael sintió que algo dentro de él simplemente se rompía. Las imágenes comenzaron a mezclarse violentamente en su cabeza. Su madre abrazándolo mientras lloraba. Su padre cubierto de sangre intentando detener a aquellos soldados. El fuego consumiendo las calles. Los gritos. La nieve teñida de rojo. Y luego Fenrir… sentada junto al fuego de la cueva mirándolo con aquella expresión tranquila mientras curaba sus heridas. El contraste era demasiado. Su respiración empezó a fallar. —…no…— La voz apenas salió de su garganta mientras retrocedía un paso sobre la nieve. Abajo, varias naves comenzaron a elevarse lentamente y soldados seguían moviéndose alrededor de Fenrir como si aquel infierno fuera algo normal para ella. —…tú…?— Las lágrimas empezaron a caerle sin siquiera darse cuenta. Todo lo que había construido emocionalmente alrededor de ella empezó a derrumbarse de golpe. Porque Fenrir no solo había sido alguien importante para él. Había sido literalmente lo único que le quedaba después de perderlo todo. La única persona que logró hacerle sentir protegido otra vez. La única voz capaz de calmar sus pesadillas. Y ahora estaba viendo que esa misma persona pertenecía al monstruo que destruyó su vida. Kael apretó los puños con tanta fuerza que sus uñas atravesaron la piel de sus manos. Su cuerpo entero comenzó a temblar mientras una mezcla insoportable de dolor, rabia y traición crecía dentro de él como algo vivo. Quería odiarla. Quería gritarle. Quería arrancarse de encima cada recuerdo relacionado con ella. Pero justamente eso era lo que más lo destruía… porque aun viendo todo aquello, una parte de él seguía recordando a la chica que se sentaba junto al fuego para hacerle compañía en silencio. Y esa contradicción terminó quebrándolo completamente. El aire empezó a vibrar. Primero levemente. Después violentamente. La nieve alrededor de Kael comenzó a agrietarse mientras una presión monstruosa explotaba desde su cuerpo de forma descontrolada. Rocas enteras empezaron a fracturarse bajo sus pies y el espacio alrededor suyo pareció deformarse por un instante. Kael cayó de rodillas gritando mientras el dolor emocional terminaba despertando algo dormido en lo más profundo de su existencia. La Resonancia Sísmica del Vacío. Una habilidad nacida del colapso absoluto de sus emociones y de un odio tan intenso que literalmente hacía vibrar el mundo a su alrededor. Ondas invisibles comenzaron a expandirse desde su cuerpo deformando el aire y resquebrajando todo lo que tocaban. La montaña explotó en múltiples fracturas gigantescas mientras árboles enteros eran arrancados desde la raíz y enormes pedazos de tierra colapsaban hacia el vacío. El cielo mismo parecía partirse. Las estructuras flotantes comenzaron a sacudirse violentamente. Varios soldados perdieron el equilibrio. Incluso el océano lejano empezó a agitarse bajo aquellas vibraciones monstruosas. Y en medio de aquel nacimiento aterrador… Kael solo podía mirar a Fenrir con el rostro completamente roto por el dolor. Porque en ese instante murió el niño que todavía quería creer en ella. Y nació alguien capaz de hacer temblar el mundo entero con su odio.
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  • ¿Quién eres?

    No perteneces a las pesadillas.
    No perteneces a los anhelos.
    Ni siquiera pareces hecha de sueño.

    Y lo peor…
    es que comienzo a esperar la noche para verte.

    Qué debilidad tan humana...
    ¿Quién eres? No perteneces a las pesadillas. No perteneces a los anhelos. Ni siquiera pareces hecha de sueño. Y lo peor… es que comienzo a esperar la noche para verte. Qué debilidad tan humana...
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  • ❝Si tienes la fortuna de sobrevivir a la sentencia de sus ojos, haz una reverencia y huye. No hay refugio para las pesadillas que habitan en tu mente. Dime, ¿qué es lo que más temes en el fondo de tu alma? Guarda silencio. Nunca dejes que ella lo averigüe.❞
    ❝Si tienes la fortuna de sobrevivir a la sentencia de sus ojos, haz una reverencia y huye. No hay refugio para las pesadillas que habitan en tu mente. Dime, ¿qué es lo que más temes en el fondo de tu alma? Guarda silencio. Nunca dejes que ella lo averigüe.❞
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  • El cielo nocturno ya no era un manto de promesas, sino una bóveda asfixiante, una prisión a la que le aterraba volver. Mirando hacia la inmensidad oscura, los ojos dorados de Raziel dejaron escapar nuevas lágrimas. Reprimir los siglos de devoción que atesoraba por ella era una tarea imposible, incluso cuando la imagen de la Comandante, empapada en la sangre de sus hermanos, monopolizaba cada una de sus pesadillas.

    La necesitaba con desesperación. La distancia era un veneno corrosivo que le devoraba el alma más rápido que el propio abandono de Padre. El corazón le latía dividido: por un lado, el pánico de que Mikhael la encontrara; por el otro, la agonía de querer sentir su presencia una vez más.

    Desplegó sus alas rotas, forzando un último impulso que la llevó hasta la azotea de un edificio desolado. Tenía que estar lejos. Lejos de la casa de Vael, asegurándose de que su propia imprudencia no lo arrastrara a la muerte. Una vez a salvo en la cornisa, cerró los ojos y dejó que su voz viajara a través de ese vínculo mental que alguna vez juraron que sería eterno. Un hilo que ahora se sentía infectado por la guerra, pero al que Raziel se aferraba con obstinación.

    —He caminado entre ellos... he visto de cerca lo pútrido de su alma... lo inmoral de sus acciones... —Su confesión viajó por el hilo invisible, dándole la razón a todas esas noches de preguntas que siempre la atormentaron. Si tan solo hubiera prestado más atención... quizá habría podido evitar esto, pero ya era muy tarde—. Pero también he visto el rezago del amor de Padre en ellos, Mikhael... lo que alguna vez habitó en ti y en mí... ese amor...

    La palabra le quemó la garganta, dejándole un sabor a ceniza—… el que ya no tiene cabida en tu pecho... he decidido que voy a protegerlo.

    La declaración se cortó por el llanto. Se estaba convirtiendo en la enemiga de la dueña de su corazón, pero se aferró a la certeza de que detenerla era la única forma de salvarla de sí misma; de evitar que las manos puras de la General se perdieran para siempre en la sangre inocente.

    —Sé que pretendes asesinarlos a todos. Y solo quería que supieras... amor mío... que voy a detenerte. Sin importar el costo.
    El cielo nocturno ya no era un manto de promesas, sino una bóveda asfixiante, una prisión a la que le aterraba volver. Mirando hacia la inmensidad oscura, los ojos dorados de Raziel dejaron escapar nuevas lágrimas. Reprimir los siglos de devoción que atesoraba por ella era una tarea imposible, incluso cuando la imagen de la Comandante, empapada en la sangre de sus hermanos, monopolizaba cada una de sus pesadillas. La necesitaba con desesperación. La distancia era un veneno corrosivo que le devoraba el alma más rápido que el propio abandono de Padre. El corazón le latía dividido: por un lado, el pánico de que Mikhael la encontrara; por el otro, la agonía de querer sentir su presencia una vez más. Desplegó sus alas rotas, forzando un último impulso que la llevó hasta la azotea de un edificio desolado. Tenía que estar lejos. Lejos de la casa de Vael, asegurándose de que su propia imprudencia no lo arrastrara a la muerte. Una vez a salvo en la cornisa, cerró los ojos y dejó que su voz viajara a través de ese vínculo mental que alguna vez juraron que sería eterno. Un hilo que ahora se sentía infectado por la guerra, pero al que Raziel se aferraba con obstinación. —He caminado entre ellos... he visto de cerca lo pútrido de su alma... lo inmoral de sus acciones... —Su confesión viajó por el hilo invisible, dándole la razón a todas esas noches de preguntas que siempre la atormentaron. Si tan solo hubiera prestado más atención... quizá habría podido evitar esto, pero ya era muy tarde—. Pero también he visto el rezago del amor de Padre en ellos, Mikhael... lo que alguna vez habitó en ti y en mí... ese amor... La palabra le quemó la garganta, dejándole un sabor a ceniza—… el que ya no tiene cabida en tu pecho... he decidido que voy a protegerlo. La declaración se cortó por el llanto. Se estaba convirtiendo en la enemiga de la dueña de su corazón, pero se aferró a la certeza de que detenerla era la única forma de salvarla de sí misma; de evitar que las manos puras de la General se perdieran para siempre en la sangre inocente. —Sé que pretendes asesinarlos a todos. Y solo quería que supieras... amor mío... que voy a detenerte. Sin importar el costo.
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  • 𝐂𝐫𝐨́𝐧𝐢𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐒𝐢𝐞𝐠𝐦𝐞𝐲𝐞𝐫 "𝐿𝑎 𝐶𝑎𝑝𝑖𝑙𝑙𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑀𝑖𝑟𝑜́ 𝑑𝑒 𝑉𝑢𝑒𝑙𝑡𝑎".

    La niebla se pegaba a mis botas como un sudario vivo aquella noche de hace más de 200 años. Marchaba al frente de la compañía del Reino de Valdris. Doce hombres, entre ellos tres inquisidores con sus cruces de hierro al cuello, dos caballeros juramentados y el resto mercenarios como yo. El rey nos había enviado a este rincón olvidado del mundo porque los campesinos hablaban de una capilla donde los herejes invocaban demonios. “Blasfemia”, decían. “Brujería”. A estas alturas ya había visto de todo y pensé que sería otro nido de cultistas baratos.

    El camino fue largo y el viento olía a tierra podrida. Los árboles se torcían como dedos rotos, sin hojas, solo ramas que parecían susurrar nombres que no eran de este mundo. Al fin, bajo un cielo que parecía una herida abierta, apareció la capilla. Exactamente como en mis pesadillas de hoy. Madera negra, aguja puntiaguda que rasgaba las nubes, ventanas en arco que brillaban con una luz interna que no era luz. Y figuras, tres o cuatro siluetas encapuchadas, como nosotros, que se arrastraban hacia la puerta principal. No huían. Caminaban como quien va a misa o a la tumba.

    Entramos y dentro no había altar, no había crucifijo. Solo un vacío que se tragaba el sonido de nuestras botas. El aire era espeso, como si respiráramos agua fría. Los inquisidores empezaron a recitar salmos, pero sus voces se ahogaban antes de llegar a las paredes. Entonces lo oímos, un latido lento, profundo, que no provenía de ninguna garganta. Venía de arriba, del techo, del cielo mismo.
    Miré hacia las ventanas altas, y vi.

    No eran demonios, ni ángeles caídos. Eran algo más antiguo. Tentáculos gruesos como troncos de roble, cubiertos de ventosas que se abrían y cerraban como bocas ciegas, descendiendo desde una oscuridad que no era oscuridad, sino la ausencia misma de todo lo que conocemos. Se movían con una lentitud deliberada, como si el tiempo no les importara. Uno de ellos rozó la aguja de la capilla y la madera gimió, no de dolor, sino de placer. Otro se enroscó alrededor de un inquisidor antes de que pudiera gritar. Lo levantó. Lo apretó y sus huesos crujieron como ramas secas y su sangre cayó sobre nosotros como lluvia tibia.

    Grité, todos gritamos, pero los gritos se convertían en risas. En oraciones que nadie había enseñado. Uno de los caballeros se arrodilló, quitó su yelmo y comenzó a arrancarse los ojos con los dedos, murmurando que “al fin veía la verdad”. Otro mercenario corrió hacia la puerta y un tentáculo lo atravesó por la espalda, sacándolo por la boca como un pez ensartado. La sangre dibujaba símbolos que yo reconocí de pesadillas que no eran mías.

    Sentí que mi mente se rompía, no era miedo, era comprensión. Una comprensión que ningún hombre debería tener, que este lugar no era un templo profanado. Que la capilla era solo una costra, una herida abierta en la piel del mundo, y que algo inmenso, indiferente y hambriento la estaba usando como boca. Que nuestros dioses, nuestros demonios, nuestras cruzadas, todo era un chiste para esa cosa. Que el universo entero era un chiste.

    Caí de rodillas y sentí cómo uno de esos tentáculos me envolvía la cintura. La presión fue lenta, cariñosa. Mis costillas se rompieron una a una. La sangre me llenó la boca, había muerto. Pero mi propia maldición no me lo permitió. Desperté horas después, o días, no lo sé. La capilla seguía allí, pero ahora estaba en silencio. Los tentáculos habían regresado al cielo, dejando solo un agujero en las nubes que no se cerraba. Los cuerpos de mis compañeros yacían desparramados, sus bocas abiertas en una sonrisa que nunca se borraría. Intente varias veces levantarme hasta que mis pies volvieron a sentirse firmes. Mis heridas ya se cerraban. Mi mente tardó años en volver a ser mía. Aún hoy, tengo pesadillas recordando algo que pasó hace muchos años. Hay cosas peores que nuestras creencias, el bien y el mal son moldeables.
    𝐂𝐫𝐨́𝐧𝐢𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐒𝐢𝐞𝐠𝐦𝐞𝐲𝐞𝐫 "𝐿𝑎 𝐶𝑎𝑝𝑖𝑙𝑙𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑀𝑖𝑟𝑜́ 𝑑𝑒 𝑉𝑢𝑒𝑙𝑡𝑎". La niebla se pegaba a mis botas como un sudario vivo aquella noche de hace más de 200 años. Marchaba al frente de la compañía del Reino de Valdris. Doce hombres, entre ellos tres inquisidores con sus cruces de hierro al cuello, dos caballeros juramentados y el resto mercenarios como yo. El rey nos había enviado a este rincón olvidado del mundo porque los campesinos hablaban de una capilla donde los herejes invocaban demonios. “Blasfemia”, decían. “Brujería”. A estas alturas ya había visto de todo y pensé que sería otro nido de cultistas baratos. El camino fue largo y el viento olía a tierra podrida. Los árboles se torcían como dedos rotos, sin hojas, solo ramas que parecían susurrar nombres que no eran de este mundo. Al fin, bajo un cielo que parecía una herida abierta, apareció la capilla. Exactamente como en mis pesadillas de hoy. Madera negra, aguja puntiaguda que rasgaba las nubes, ventanas en arco que brillaban con una luz interna que no era luz. Y figuras, tres o cuatro siluetas encapuchadas, como nosotros, que se arrastraban hacia la puerta principal. No huían. Caminaban como quien va a misa o a la tumba. Entramos y dentro no había altar, no había crucifijo. Solo un vacío que se tragaba el sonido de nuestras botas. El aire era espeso, como si respiráramos agua fría. Los inquisidores empezaron a recitar salmos, pero sus voces se ahogaban antes de llegar a las paredes. Entonces lo oímos, un latido lento, profundo, que no provenía de ninguna garganta. Venía de arriba, del techo, del cielo mismo. Miré hacia las ventanas altas, y vi. No eran demonios, ni ángeles caídos. Eran algo más antiguo. Tentáculos gruesos como troncos de roble, cubiertos de ventosas que se abrían y cerraban como bocas ciegas, descendiendo desde una oscuridad que no era oscuridad, sino la ausencia misma de todo lo que conocemos. Se movían con una lentitud deliberada, como si el tiempo no les importara. Uno de ellos rozó la aguja de la capilla y la madera gimió, no de dolor, sino de placer. Otro se enroscó alrededor de un inquisidor antes de que pudiera gritar. Lo levantó. Lo apretó y sus huesos crujieron como ramas secas y su sangre cayó sobre nosotros como lluvia tibia. Grité, todos gritamos, pero los gritos se convertían en risas. En oraciones que nadie había enseñado. Uno de los caballeros se arrodilló, quitó su yelmo y comenzó a arrancarse los ojos con los dedos, murmurando que “al fin veía la verdad”. Otro mercenario corrió hacia la puerta y un tentáculo lo atravesó por la espalda, sacándolo por la boca como un pez ensartado. La sangre dibujaba símbolos que yo reconocí de pesadillas que no eran mías. Sentí que mi mente se rompía, no era miedo, era comprensión. Una comprensión que ningún hombre debería tener, que este lugar no era un templo profanado. Que la capilla era solo una costra, una herida abierta en la piel del mundo, y que algo inmenso, indiferente y hambriento la estaba usando como boca. Que nuestros dioses, nuestros demonios, nuestras cruzadas, todo era un chiste para esa cosa. Que el universo entero era un chiste. Caí de rodillas y sentí cómo uno de esos tentáculos me envolvía la cintura. La presión fue lenta, cariñosa. Mis costillas se rompieron una a una. La sangre me llenó la boca, había muerto. Pero mi propia maldición no me lo permitió. Desperté horas después, o días, no lo sé. La capilla seguía allí, pero ahora estaba en silencio. Los tentáculos habían regresado al cielo, dejando solo un agujero en las nubes que no se cerraba. Los cuerpos de mis compañeros yacían desparramados, sus bocas abiertas en una sonrisa que nunca se borraría. Intente varias veces levantarme hasta que mis pies volvieron a sentirse firmes. Mis heridas ya se cerraban. Mi mente tardó años en volver a ser mía. Aún hoy, tengo pesadillas recordando algo que pasó hace muchos años. Hay cosas peores que nuestras creencias, el bien y el mal son moldeables.
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  • Llevo demasiadas noches cargando todas estas pesadillas...
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  • -entre mis pokemon tipo psiquico esta musharna, ella realmente fue un regalo de mi abuela, solia tener pesadillas bastante seguido asi que ella decidio capturar una munna, antes de irme con mi siguiente familia de acogida mi abuelo me regalo una piedra luna para evolucionarla, ella puede que no aparezca en los escenarios pero es una parte importante del equipo- el pokemon simplemente parecio sonreir entre sueños expulsando una gran cantidad de humo rosa
    -entre mis pokemon tipo psiquico esta musharna, ella realmente fue un regalo de mi abuela, solia tener pesadillas bastante seguido asi que ella decidio capturar una munna, antes de irme con mi siguiente familia de acogida mi abuelo me regalo una piedra luna para evolucionarla, ella puede que no aparezca en los escenarios pero es una parte importante del equipo- el pokemon simplemente parecio sonreir entre sueños expulsando una gran cantidad de humo rosa
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  • Sabía que algo así podría pasar. Y aunque se lo había dicho mil veces, la chica era más cabezota que él mismo. Y él... él se había dejado llevar.

    Había fallado al matar al Director. Y el Lord no admitía fallos.

    —Crucio. —Siseó el Lord, apuntando hacia Astoria Greengrass con la varita.

    ********************************************************************************

    Si no fuera por los encantamientos silenciadores, Draco estaba seguro de que más de una noche habría despertado a sus compañeros debido a sus gritos. No era la primera vez que tenía pesadillas por culpa de la misión de Voldemort, y no sería la última. Se había acabado el dormir para el esa noche. Le esperaba un día de clases horroroso.
    #Monorol #pesadillas
    Sabía que algo así podría pasar. Y aunque se lo había dicho mil veces, la chica era más cabezota que él mismo. Y él... él se había dejado llevar. Había fallado al matar al Director. Y el Lord no admitía fallos. —Crucio. —Siseó el Lord, apuntando hacia [AforAmbiti0n] con la varita. ******************************************************************************** Si no fuera por los encantamientos silenciadores, Draco estaba seguro de que más de una noche habría despertado a sus compañeros debido a sus gritos. No era la primera vez que tenía pesadillas por culpa de la misión de Voldemort, y no sería la última. Se había acabado el dormir para el esa noche. Le esperaba un día de clases horroroso. #Monorol #pesadillas
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  • [Tras la osuridad que aquejó al multiverso durante horas... Un mal presentimiento invade la mente de Drizz. Como cada día... Castea un hechizo de "silencio" en su habitación para aplacar las pesadillas que recurrentemente le aquejan. Pero esta noche fue diferente... Lo ve... Vívidamente. Casi pudiendo sentir sus huesudos dedos alrededor de su cuello... Y el hedor de su aura maléfica. El Lyche que le arrebató todo. "Alhoon". No sabe cuándo, dónde ni cómo. Pero definitivamente regresará.Tras la pesadilla Drizz se paraliza y se mantiene sentado en el borde de su cama. Sabe que no podrá con esto él solo. Ha llegado el momento de recurrir a los nuevos lazos que ha formado. Sus nuevos y valiosos aliados. Para detener a esta amenaza multiversal o morir en el intento]

    //¿Será este el fin del hombre araña?... Digo... ¿El fin de Drizz?. Descunbranlo próximamente (...)
    [Tras la osuridad que aquejó al multiverso durante horas... Un mal presentimiento invade la mente de Drizz. Como cada día... Castea un hechizo de "silencio" en su habitación para aplacar las pesadillas que recurrentemente le aquejan. Pero esta noche fue diferente... Lo ve... Vívidamente. Casi pudiendo sentir sus huesudos dedos alrededor de su cuello... Y el hedor de su aura maléfica. El Lyche que le arrebató todo. "Alhoon". No sabe cuándo, dónde ni cómo. Pero definitivamente regresará.Tras la pesadilla Drizz se paraliza y se mantiene sentado en el borde de su cama. Sabe que no podrá con esto él solo. Ha llegado el momento de recurrir a los nuevos lazos que ha formado. Sus nuevos y valiosos aliados. Para detener a esta amenaza multiversal o morir en el intento] //¿Será este el fin del hombre araña?... Digo... ¿El fin de Drizz?. Descunbranlo próximamente (...)
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  • -Luego de volver del mundo espiritual, Angyar venía acompañada de Nathaniel solo para asegurarse que descansará.
    A unos metros de la casa ambos sintieron unas presencias conocidas para ellos, se miraron y siguieron entrando a la casa.
    Al abrir la puerta se encontraron con tres figuras, dos mujeres una pelirroja, la otra cabello canoso y un hombre de barba cabello negro, todos de traje del color de su cabello.-

    War: Vaya, te has demorado “muerte”, ya íbamos a ir a buscar.
    -dijo la mujer de cabello rojo levantándose del sillón de la peliblanca -

    Famine: tranquila “guerra”, la única inquieta de los cuatro siempre has sido tú.
    -dijo el hombre de cabello y barba negra con calma-

    Pandemic: “guerra” nos vino a buscar, y tú “ muerte” eras la última como siempre, junto con “oscuridad”.
    -Mencionó la mujer de cabello corto y canoso, la peliblanca miró de reojo a Nathaniel quien mantenía la mirada a los otros tres-

    Angy: y bien.. que hacen acá los tres. No sabía que había pijama party.
    -Pandemic se rió tapándose la boca, pero a War no le causó gracia acercándose a la peliblanca -

    War: debemos volver, yo ya estoy actuando.. luego será Famine y Pandemic, y tú darás el golpe final Death junto con Dark.

    -Angyar suspiro cruzándose de brazos cerrando los ojos, Nathaniel fue a la cocina a traer té para todos y galletas.-

    Angyar: Gracias pero está vez paso War.. si quieres hacerlo háganlo pero no cuenten conmigo.

    -Eso no le gustó mucho a la pelirroja, frunciendo el ceño agarrando el cuello de la blusa de la peliblanca acercandola-

    War: vas a ir con nosotros quieras o no Death..

    -La mirada de Angyar se volvió más fría que antes-

    Angyar: ¿o que?, vas a matarme “guerra” por no cumplir tus caprichos de niña malcriada…
    -termino de decir eso la regente del mundo espiritual y la pelirroja le lanzó un puñetazo en el rostro. El rostro de Famine y Pandemic quedaron congelados con los ojos abiertos, Nathaniel en cambio estaba en alerta.
    La peliblanca, se limpio la sangre del labio, sus ojos ya no eran azul gélidos eran un azul oscuro.-

    Angyar: déjame devolverte la caricia..
    -dijo la parca, y dió un empujón a la pelirroja hacia el baño, pero cuando está cayó la habitación no era el cuarto del baño, era un lugar oscuro que no se veía ni puertas ni salidas.
    Frente a la pelirroja una figura con una túnica negra que entre avanzaba parecía crecer, 1,87 cm o 2,00 cm.
    Debajo de la túnica una calavera con ojos brillantes se veía, antes de que la pelirroja pudiera ir a por ella, un golpe seco le dió en el estómago, la guadaña.
    Lanzandola a unos metros pisadas que no se escuchaban, cuando la pelirroja se iba a incorporar un corte en su torso rompió el silencio del lugar con el grito del jinete del apocalipsis, el dolor era insoportable, no era la piel era el alma que estaba abriendo y una luz se veía.
    Los dedos huesudos de la muerte acercaron a la luz apretando el alma de “guerra” quien grito nuevamente. Una voz completamente distorsionada y grave, que no era humana-

    Death: escúchame, está es una advertencia… si digo, no participaré, es no… si vuelves a insistir. Ya sabes que haré, ¿entendido?

    -la pelirroja se retorcía de dolor las cuencas de los ojos de la calavera parecían entrecerrar-

    Death: no te escuché… ¿entendiste?

    War: Si!!..
    -los dedos huesudos soltaron el alma del jinete y la pelirroja quedó desmayada, la apertura se cerró en cuanto sacó su mano del lugar.
    La miro un momento, y luego dió un chasquido de sus dedos, un golpe sordo se escuchó en el baño, Nathaniel sintió la presencia de ambas y fue al baño abriendo la puerta, la escena la pelirroja en la bañera desmayada y la peliblanca mirando la ventana tranquilamente.-

    Pandemic: ¿A dónde fueron?..y ¿está muerta?...
    -dijo acercándose a la pelirroja, Famine le negó mientras con Nathaniel la sacaban de la bañera, y la peliblanca caminaba a la sala de estar sentadose para terminar su té -

    Famine: Es un lugar que no está en ningún lugar físico, ni en el mundo espiritual. Dicen que ahí se alojan las pesadillas más horribles.

    Nathaniel: es un lugar creado y hecho por Azrael, si entras ahí solo ella puede sacarte, las pesadillas que están ahí Azrael las dejo en ese lugar. Y el poder de Azrael es mayor en ese lugar así como su crueldad.
    -Los dos hombres dejaron a War en el sillón largo descansar, Pandemic miraba a Angyar con algo de respeto-

    Pandemic: siento mucho molestarte, Death.
    -La peliblanca levantó su mirada a la canosa ladeando el rostro como si no entendiera lo que pasaba-

    Angyar: está bien, de igual forma es bueno ver que están bien… y no te preocupes, War está bien.. dormirá un rato pero despertará
    -Sabía que le preocupaba su amiga al menos eso podía escuchar en sus pensamientos -

    Famine: me sorprende que siendo el que podía hacer algo no intervinieran Nathaniel..
    -El secretario lo miró y luego miró a la peliblanca -

    Nathaniel: War la provocó primero, y tú ya has visto qué pasa si se enoja… podría intervenir pero si no resulta podría haberse enojado más
    -Famine se rió al escucharlo apoyando su mano en el hombro -

    Famine: veo que no solo respetas a Death… si solo te hubieran incluído no seríamos cuatro sino cinco, todos olvidaron que en Egipto después de la muerte venía..

    Nathaniel: la oscuridad…
    -añadió con voz suave mirando sombriamente-
    -Luego de volver del mundo espiritual, Angyar venía acompañada de Nathaniel solo para asegurarse que descansará. A unos metros de la casa ambos sintieron unas presencias conocidas para ellos, se miraron y siguieron entrando a la casa. Al abrir la puerta se encontraron con tres figuras, dos mujeres una pelirroja, la otra cabello canoso y un hombre de barba cabello negro, todos de traje del color de su cabello.- War: Vaya, te has demorado “muerte”, ya íbamos a ir a buscar. -dijo la mujer de cabello rojo levantándose del sillón de la peliblanca - Famine: tranquila “guerra”, la única inquieta de los cuatro siempre has sido tú. -dijo el hombre de cabello y barba negra con calma- Pandemic: “guerra” nos vino a buscar, y tú “ muerte” eras la última como siempre, junto con “oscuridad”. -Mencionó la mujer de cabello corto y canoso, la peliblanca miró de reojo a Nathaniel quien mantenía la mirada a los otros tres- Angy: y bien.. que hacen acá los tres. No sabía que había pijama party. -Pandemic se rió tapándose la boca, pero a War no le causó gracia acercándose a la peliblanca - War: debemos volver, yo ya estoy actuando.. luego será Famine y Pandemic, y tú darás el golpe final Death junto con Dark. -Angyar suspiro cruzándose de brazos cerrando los ojos, Nathaniel fue a la cocina a traer té para todos y galletas.- Angyar: Gracias pero está vez paso War.. si quieres hacerlo háganlo pero no cuenten conmigo. -Eso no le gustó mucho a la pelirroja, frunciendo el ceño agarrando el cuello de la blusa de la peliblanca acercandola- War: vas a ir con nosotros quieras o no Death.. -La mirada de Angyar se volvió más fría que antes- Angyar: ¿o que?, vas a matarme “guerra” por no cumplir tus caprichos de niña malcriada… -termino de decir eso la regente del mundo espiritual y la pelirroja le lanzó un puñetazo en el rostro. El rostro de Famine y Pandemic quedaron congelados con los ojos abiertos, Nathaniel en cambio estaba en alerta. La peliblanca, se limpio la sangre del labio, sus ojos ya no eran azul gélidos eran un azul oscuro.- Angyar: déjame devolverte la caricia.. -dijo la parca, y dió un empujón a la pelirroja hacia el baño, pero cuando está cayó la habitación no era el cuarto del baño, era un lugar oscuro que no se veía ni puertas ni salidas. Frente a la pelirroja una figura con una túnica negra que entre avanzaba parecía crecer, 1,87 cm o 2,00 cm. Debajo de la túnica una calavera con ojos brillantes se veía, antes de que la pelirroja pudiera ir a por ella, un golpe seco le dió en el estómago, la guadaña. Lanzandola a unos metros pisadas que no se escuchaban, cuando la pelirroja se iba a incorporar un corte en su torso rompió el silencio del lugar con el grito del jinete del apocalipsis, el dolor era insoportable, no era la piel era el alma que estaba abriendo y una luz se veía. Los dedos huesudos de la muerte acercaron a la luz apretando el alma de “guerra” quien grito nuevamente. Una voz completamente distorsionada y grave, que no era humana- Death: escúchame, está es una advertencia… si digo, no participaré, es no… si vuelves a insistir. Ya sabes que haré, ¿entendido? -la pelirroja se retorcía de dolor las cuencas de los ojos de la calavera parecían entrecerrar- Death: no te escuché… ¿entendiste? War: Si!!.. -los dedos huesudos soltaron el alma del jinete y la pelirroja quedó desmayada, la apertura se cerró en cuanto sacó su mano del lugar. La miro un momento, y luego dió un chasquido de sus dedos, un golpe sordo se escuchó en el baño, Nathaniel sintió la presencia de ambas y fue al baño abriendo la puerta, la escena la pelirroja en la bañera desmayada y la peliblanca mirando la ventana tranquilamente.- Pandemic: ¿A dónde fueron?..y ¿está muerta?... -dijo acercándose a la pelirroja, Famine le negó mientras con Nathaniel la sacaban de la bañera, y la peliblanca caminaba a la sala de estar sentadose para terminar su té - Famine: Es un lugar que no está en ningún lugar físico, ni en el mundo espiritual. Dicen que ahí se alojan las pesadillas más horribles. Nathaniel: es un lugar creado y hecho por Azrael, si entras ahí solo ella puede sacarte, las pesadillas que están ahí Azrael las dejo en ese lugar. Y el poder de Azrael es mayor en ese lugar así como su crueldad. -Los dos hombres dejaron a War en el sillón largo descansar, Pandemic miraba a Angyar con algo de respeto- Pandemic: siento mucho molestarte, Death. -La peliblanca levantó su mirada a la canosa ladeando el rostro como si no entendiera lo que pasaba- Angyar: está bien, de igual forma es bueno ver que están bien… y no te preocupes, War está bien.. dormirá un rato pero despertará -Sabía que le preocupaba su amiga al menos eso podía escuchar en sus pensamientos - Famine: me sorprende que siendo el que podía hacer algo no intervinieran Nathaniel.. -El secretario lo miró y luego miró a la peliblanca - Nathaniel: War la provocó primero, y tú ya has visto qué pasa si se enoja… podría intervenir pero si no resulta podría haberse enojado más -Famine se rió al escucharlo apoyando su mano en el hombro - Famine: veo que no solo respetas a Death… si solo te hubieran incluído no seríamos cuatro sino cinco, todos olvidaron que en Egipto después de la muerte venía.. Nathaniel: la oscuridad… -añadió con voz suave mirando sombriamente-
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