• Las Crónicas De Fenrir Queen •
~El día que ella se marchó..~
Después de semanas oculto entre montañas nevadas y restos de una guerra que todavía seguía ardiendo dentro de su cabeza, Kael Vireon finalmente había conseguido volver a caminar gracias a la ayuda constante de Fenrir Queen. Para él, aquella chica se había convertido lentamente en algo mucho más importante de lo que quería admitir. En un mundo donde todo olía a humo, sangre y cenizas, Fenrir era la única cosa que todavía parecía cálida. Cada vez que aparecía entrando a la cueva con comida, agua o vendas improvisadas, Kael sentía por unos instantes que el dolor desaparecía un poco. Ella hablaba poco, pero incluso su silencio transmitía tranquilidad. Y para un niño que acababa de perder absolutamente todo… aquello terminó convirtiéndose en un refugio emocional del que ni siquiera era consciente.
Había noches donde Kael despertaba sobresaltado por las pesadillas, escuchando nuevamente los gritos de su pueblo, viendo otra vez el fuego devorando las casas mientras el cielo se llenaba de aquellas monstruosas estructuras flotantes. Recordaba el abrazo desesperado de su madre, el último grito de su padre y la sensación de impotencia mientras el mundo entero colapsaba frente a él. Pero entonces veía a Fenrir dormida cerca del fuego o escuchaba su voz tranquila preguntándole si las heridas todavía dolían… y por un momento podía respirar otra vez.
Por eso jamás imaginó lo que estaba a punto de descubrir.
Aquella mañana el sonido regresó.
Un estruendo profundo atravesó las montañas haciendo vibrar la nieve bajo sus pies. Kael abrió los ojos inmediatamente y su cuerpo reaccionó por puro instinto. Ese ruido… era exactamente el mismo. El mismo sonido que escuchó el día que comenzó la masacre.
Sin decir nada salió rápidamente de la cueva mientras el viento helado golpeaba su rostro. Desde la altura de la montaña pudo ver enormes sombras moviéndose entre las nubes. Varias estructuras gigantescas descendían lentamente sobre el valle rodeadas de humo y energía, como depredadores regresando al lugar donde ya habían arrasado todo una vez.
El corazón de Kael comenzó a acelerarse violentamente.
No.
No podía ser.
Sus piernas avanzaron solas entre la nieve hasta alcanzar un punto desde donde podía observar mejor el valle… y entonces la vio.
Fenrir.
Estaba allí.
De pie sobre una de aquellas enormes plataformas flotantes mientras el viento movía lentamente su vestido blanco. Detrás de ella caminaban soldados armados cubiertos con las mismas armaduras oscuras que Kael jamás había podido olvidar. Desde esa distancia ella parecía tranquila, completamente integrada entre aquel ejército monstruoso que dominaba el cielo.
Y fue entonces cuando Kael empezó a reconocer los símbolos.
Las banderas negras.
Los emblemas grabados sobre el metal.
Las marcas que vio entre humo y sangre el día que su hogar desapareció.
Todo encajó de golpe.
Fenrir no era una superviviente.
No era una chica perdida.
No era alguien que simplemente apareció en medio de la guerra.
Ella pertenecía a ellos.
Al mismo ejército que redujo su hogar a cenizas.
Al mismo ejército que asesinó a su madre, a su padre, a sus vecinos… a todos.
Kael sintió que algo dentro de él simplemente se rompía.
Las imágenes comenzaron a mezclarse violentamente en su cabeza. Su madre abrazándolo mientras lloraba. Su padre cubierto de sangre intentando detener a aquellos soldados. El fuego consumiendo las calles. Los gritos. La nieve teñida de rojo. Y luego Fenrir… sentada junto al fuego de la cueva mirándolo con aquella expresión tranquila mientras curaba sus heridas.
El contraste era demasiado.
Su respiración empezó a fallar.
—…no…—
La voz apenas salió de su garganta mientras retrocedía un paso sobre la nieve. Abajo, varias naves comenzaron a elevarse lentamente y soldados seguían moviéndose alrededor de Fenrir como si aquel infierno fuera algo normal para ella.
—…tú…?—
Las lágrimas empezaron a caerle sin siquiera darse cuenta.
Todo lo que había construido emocionalmente alrededor de ella empezó a derrumbarse de golpe. Porque Fenrir no solo había sido alguien importante para él. Había sido literalmente lo único que le quedaba después de perderlo todo. La única persona que logró hacerle sentir protegido otra vez. La única voz capaz de calmar sus pesadillas.
Y ahora estaba viendo que esa misma persona pertenecía al monstruo que destruyó su vida.
Kael apretó los puños con tanta fuerza que sus uñas atravesaron la piel de sus manos. Su cuerpo entero comenzó a temblar mientras una mezcla insoportable de dolor, rabia y traición crecía dentro de él como algo vivo.
Quería odiarla.
Quería gritarle.
Quería arrancarse de encima cada recuerdo relacionado con ella.
Pero justamente eso era lo que más lo destruía… porque aun viendo todo aquello, una parte de él seguía recordando a la chica que se sentaba junto al fuego para hacerle compañía en silencio.
Y esa contradicción terminó quebrándolo completamente.
El aire empezó a vibrar.
Primero levemente.
Después violentamente.
La nieve alrededor de Kael comenzó a agrietarse mientras una presión monstruosa explotaba desde su cuerpo de forma descontrolada. Rocas enteras empezaron a fracturarse bajo sus pies y el espacio alrededor suyo pareció deformarse por un instante.
Kael cayó de rodillas gritando mientras el dolor emocional terminaba despertando algo dormido en lo más profundo de su existencia.
La Resonancia Sísmica del Vacío.
Una habilidad nacida del colapso absoluto de sus emociones y de un odio tan intenso que literalmente hacía vibrar el mundo a su alrededor. Ondas invisibles comenzaron a expandirse desde su cuerpo deformando el aire y resquebrajando todo lo que tocaban. La montaña explotó en múltiples fracturas gigantescas mientras árboles enteros eran arrancados desde la raíz y enormes pedazos de tierra colapsaban hacia el vacío.
El cielo mismo parecía partirse.
Las estructuras flotantes comenzaron a sacudirse violentamente.
Varios soldados perdieron el equilibrio.
Incluso el océano lejano empezó a agitarse bajo aquellas vibraciones monstruosas.
Y en medio de aquel nacimiento aterrador… Kael solo podía mirar a Fenrir con el rostro completamente roto por el dolor.
Porque en ese instante murió el niño que todavía quería creer en ella.
Y nació alguien capaz de hacer temblar el mundo entero con su odio.
~El día que ella se marchó..~
Después de semanas oculto entre montañas nevadas y restos de una guerra que todavía seguía ardiendo dentro de su cabeza, Kael Vireon finalmente había conseguido volver a caminar gracias a la ayuda constante de Fenrir Queen. Para él, aquella chica se había convertido lentamente en algo mucho más importante de lo que quería admitir. En un mundo donde todo olía a humo, sangre y cenizas, Fenrir era la única cosa que todavía parecía cálida. Cada vez que aparecía entrando a la cueva con comida, agua o vendas improvisadas, Kael sentía por unos instantes que el dolor desaparecía un poco. Ella hablaba poco, pero incluso su silencio transmitía tranquilidad. Y para un niño que acababa de perder absolutamente todo… aquello terminó convirtiéndose en un refugio emocional del que ni siquiera era consciente.
Había noches donde Kael despertaba sobresaltado por las pesadillas, escuchando nuevamente los gritos de su pueblo, viendo otra vez el fuego devorando las casas mientras el cielo se llenaba de aquellas monstruosas estructuras flotantes. Recordaba el abrazo desesperado de su madre, el último grito de su padre y la sensación de impotencia mientras el mundo entero colapsaba frente a él. Pero entonces veía a Fenrir dormida cerca del fuego o escuchaba su voz tranquila preguntándole si las heridas todavía dolían… y por un momento podía respirar otra vez.
Por eso jamás imaginó lo que estaba a punto de descubrir.
Aquella mañana el sonido regresó.
Un estruendo profundo atravesó las montañas haciendo vibrar la nieve bajo sus pies. Kael abrió los ojos inmediatamente y su cuerpo reaccionó por puro instinto. Ese ruido… era exactamente el mismo. El mismo sonido que escuchó el día que comenzó la masacre.
Sin decir nada salió rápidamente de la cueva mientras el viento helado golpeaba su rostro. Desde la altura de la montaña pudo ver enormes sombras moviéndose entre las nubes. Varias estructuras gigantescas descendían lentamente sobre el valle rodeadas de humo y energía, como depredadores regresando al lugar donde ya habían arrasado todo una vez.
El corazón de Kael comenzó a acelerarse violentamente.
No.
No podía ser.
Sus piernas avanzaron solas entre la nieve hasta alcanzar un punto desde donde podía observar mejor el valle… y entonces la vio.
Fenrir.
Estaba allí.
De pie sobre una de aquellas enormes plataformas flotantes mientras el viento movía lentamente su vestido blanco. Detrás de ella caminaban soldados armados cubiertos con las mismas armaduras oscuras que Kael jamás había podido olvidar. Desde esa distancia ella parecía tranquila, completamente integrada entre aquel ejército monstruoso que dominaba el cielo.
Y fue entonces cuando Kael empezó a reconocer los símbolos.
Las banderas negras.
Los emblemas grabados sobre el metal.
Las marcas que vio entre humo y sangre el día que su hogar desapareció.
Todo encajó de golpe.
Fenrir no era una superviviente.
No era una chica perdida.
No era alguien que simplemente apareció en medio de la guerra.
Ella pertenecía a ellos.
Al mismo ejército que redujo su hogar a cenizas.
Al mismo ejército que asesinó a su madre, a su padre, a sus vecinos… a todos.
Kael sintió que algo dentro de él simplemente se rompía.
Las imágenes comenzaron a mezclarse violentamente en su cabeza. Su madre abrazándolo mientras lloraba. Su padre cubierto de sangre intentando detener a aquellos soldados. El fuego consumiendo las calles. Los gritos. La nieve teñida de rojo. Y luego Fenrir… sentada junto al fuego de la cueva mirándolo con aquella expresión tranquila mientras curaba sus heridas.
El contraste era demasiado.
Su respiración empezó a fallar.
—…no…—
La voz apenas salió de su garganta mientras retrocedía un paso sobre la nieve. Abajo, varias naves comenzaron a elevarse lentamente y soldados seguían moviéndose alrededor de Fenrir como si aquel infierno fuera algo normal para ella.
—…tú…?—
Las lágrimas empezaron a caerle sin siquiera darse cuenta.
Todo lo que había construido emocionalmente alrededor de ella empezó a derrumbarse de golpe. Porque Fenrir no solo había sido alguien importante para él. Había sido literalmente lo único que le quedaba después de perderlo todo. La única persona que logró hacerle sentir protegido otra vez. La única voz capaz de calmar sus pesadillas.
Y ahora estaba viendo que esa misma persona pertenecía al monstruo que destruyó su vida.
Kael apretó los puños con tanta fuerza que sus uñas atravesaron la piel de sus manos. Su cuerpo entero comenzó a temblar mientras una mezcla insoportable de dolor, rabia y traición crecía dentro de él como algo vivo.
Quería odiarla.
Quería gritarle.
Quería arrancarse de encima cada recuerdo relacionado con ella.
Pero justamente eso era lo que más lo destruía… porque aun viendo todo aquello, una parte de él seguía recordando a la chica que se sentaba junto al fuego para hacerle compañía en silencio.
Y esa contradicción terminó quebrándolo completamente.
El aire empezó a vibrar.
Primero levemente.
Después violentamente.
La nieve alrededor de Kael comenzó a agrietarse mientras una presión monstruosa explotaba desde su cuerpo de forma descontrolada. Rocas enteras empezaron a fracturarse bajo sus pies y el espacio alrededor suyo pareció deformarse por un instante.
Kael cayó de rodillas gritando mientras el dolor emocional terminaba despertando algo dormido en lo más profundo de su existencia.
La Resonancia Sísmica del Vacío.
Una habilidad nacida del colapso absoluto de sus emociones y de un odio tan intenso que literalmente hacía vibrar el mundo a su alrededor. Ondas invisibles comenzaron a expandirse desde su cuerpo deformando el aire y resquebrajando todo lo que tocaban. La montaña explotó en múltiples fracturas gigantescas mientras árboles enteros eran arrancados desde la raíz y enormes pedazos de tierra colapsaban hacia el vacío.
El cielo mismo parecía partirse.
Las estructuras flotantes comenzaron a sacudirse violentamente.
Varios soldados perdieron el equilibrio.
Incluso el océano lejano empezó a agitarse bajo aquellas vibraciones monstruosas.
Y en medio de aquel nacimiento aterrador… Kael solo podía mirar a Fenrir con el rostro completamente roto por el dolor.
Porque en ese instante murió el niño que todavía quería creer en ella.
Y nació alguien capaz de hacer temblar el mundo entero con su odio.
• Las Crónicas De Fenrir Queen •
~El día que ella se marchó..~
Después de semanas oculto entre montañas nevadas y restos de una guerra que todavía seguía ardiendo dentro de su cabeza, Kael Vireon finalmente había conseguido volver a caminar gracias a la ayuda constante de Fenrir Queen. Para él, aquella chica se había convertido lentamente en algo mucho más importante de lo que quería admitir. En un mundo donde todo olía a humo, sangre y cenizas, Fenrir era la única cosa que todavía parecía cálida. Cada vez que aparecía entrando a la cueva con comida, agua o vendas improvisadas, Kael sentía por unos instantes que el dolor desaparecía un poco. Ella hablaba poco, pero incluso su silencio transmitía tranquilidad. Y para un niño que acababa de perder absolutamente todo… aquello terminó convirtiéndose en un refugio emocional del que ni siquiera era consciente.
Había noches donde Kael despertaba sobresaltado por las pesadillas, escuchando nuevamente los gritos de su pueblo, viendo otra vez el fuego devorando las casas mientras el cielo se llenaba de aquellas monstruosas estructuras flotantes. Recordaba el abrazo desesperado de su madre, el último grito de su padre y la sensación de impotencia mientras el mundo entero colapsaba frente a él. Pero entonces veía a Fenrir dormida cerca del fuego o escuchaba su voz tranquila preguntándole si las heridas todavía dolían… y por un momento podía respirar otra vez.
Por eso jamás imaginó lo que estaba a punto de descubrir.
Aquella mañana el sonido regresó.
Un estruendo profundo atravesó las montañas haciendo vibrar la nieve bajo sus pies. Kael abrió los ojos inmediatamente y su cuerpo reaccionó por puro instinto. Ese ruido… era exactamente el mismo. El mismo sonido que escuchó el día que comenzó la masacre.
Sin decir nada salió rápidamente de la cueva mientras el viento helado golpeaba su rostro. Desde la altura de la montaña pudo ver enormes sombras moviéndose entre las nubes. Varias estructuras gigantescas descendían lentamente sobre el valle rodeadas de humo y energía, como depredadores regresando al lugar donde ya habían arrasado todo una vez.
El corazón de Kael comenzó a acelerarse violentamente.
No.
No podía ser.
Sus piernas avanzaron solas entre la nieve hasta alcanzar un punto desde donde podía observar mejor el valle… y entonces la vio.
Fenrir.
Estaba allí.
De pie sobre una de aquellas enormes plataformas flotantes mientras el viento movía lentamente su vestido blanco. Detrás de ella caminaban soldados armados cubiertos con las mismas armaduras oscuras que Kael jamás había podido olvidar. Desde esa distancia ella parecía tranquila, completamente integrada entre aquel ejército monstruoso que dominaba el cielo.
Y fue entonces cuando Kael empezó a reconocer los símbolos.
Las banderas negras.
Los emblemas grabados sobre el metal.
Las marcas que vio entre humo y sangre el día que su hogar desapareció.
Todo encajó de golpe.
Fenrir no era una superviviente.
No era una chica perdida.
No era alguien que simplemente apareció en medio de la guerra.
Ella pertenecía a ellos.
Al mismo ejército que redujo su hogar a cenizas.
Al mismo ejército que asesinó a su madre, a su padre, a sus vecinos… a todos.
Kael sintió que algo dentro de él simplemente se rompía.
Las imágenes comenzaron a mezclarse violentamente en su cabeza. Su madre abrazándolo mientras lloraba. Su padre cubierto de sangre intentando detener a aquellos soldados. El fuego consumiendo las calles. Los gritos. La nieve teñida de rojo. Y luego Fenrir… sentada junto al fuego de la cueva mirándolo con aquella expresión tranquila mientras curaba sus heridas.
El contraste era demasiado.
Su respiración empezó a fallar.
—…no…—
La voz apenas salió de su garganta mientras retrocedía un paso sobre la nieve. Abajo, varias naves comenzaron a elevarse lentamente y soldados seguían moviéndose alrededor de Fenrir como si aquel infierno fuera algo normal para ella.
—…tú…?—
Las lágrimas empezaron a caerle sin siquiera darse cuenta.
Todo lo que había construido emocionalmente alrededor de ella empezó a derrumbarse de golpe. Porque Fenrir no solo había sido alguien importante para él. Había sido literalmente lo único que le quedaba después de perderlo todo. La única persona que logró hacerle sentir protegido otra vez. La única voz capaz de calmar sus pesadillas.
Y ahora estaba viendo que esa misma persona pertenecía al monstruo que destruyó su vida.
Kael apretó los puños con tanta fuerza que sus uñas atravesaron la piel de sus manos. Su cuerpo entero comenzó a temblar mientras una mezcla insoportable de dolor, rabia y traición crecía dentro de él como algo vivo.
Quería odiarla.
Quería gritarle.
Quería arrancarse de encima cada recuerdo relacionado con ella.
Pero justamente eso era lo que más lo destruía… porque aun viendo todo aquello, una parte de él seguía recordando a la chica que se sentaba junto al fuego para hacerle compañía en silencio.
Y esa contradicción terminó quebrándolo completamente.
El aire empezó a vibrar.
Primero levemente.
Después violentamente.
La nieve alrededor de Kael comenzó a agrietarse mientras una presión monstruosa explotaba desde su cuerpo de forma descontrolada. Rocas enteras empezaron a fracturarse bajo sus pies y el espacio alrededor suyo pareció deformarse por un instante.
Kael cayó de rodillas gritando mientras el dolor emocional terminaba despertando algo dormido en lo más profundo de su existencia.
La Resonancia Sísmica del Vacío.
Una habilidad nacida del colapso absoluto de sus emociones y de un odio tan intenso que literalmente hacía vibrar el mundo a su alrededor. Ondas invisibles comenzaron a expandirse desde su cuerpo deformando el aire y resquebrajando todo lo que tocaban. La montaña explotó en múltiples fracturas gigantescas mientras árboles enteros eran arrancados desde la raíz y enormes pedazos de tierra colapsaban hacia el vacío.
El cielo mismo parecía partirse.
Las estructuras flotantes comenzaron a sacudirse violentamente.
Varios soldados perdieron el equilibrio.
Incluso el océano lejano empezó a agitarse bajo aquellas vibraciones monstruosas.
Y en medio de aquel nacimiento aterrador… Kael solo podía mirar a Fenrir con el rostro completamente roto por el dolor.
Porque en ese instante murió el niño que todavía quería creer en ella.
Y nació alguien capaz de hacer temblar el mundo entero con su odio.