• 𝑬𝒍 𝒄𝒂𝒛𝒂𝒅𝒐𝒓, 𝒍𝒂 𝒓𝒆𝒃𝒆𝒍𝒅𝒆 𝒚 𝒆𝒍 𝒃𝒖𝒏𝒌𝒆𝒓
    Fandom Supernatural
    Categoría Acción
    ⚆ 𝙎𝒕𝙖𝒓𝙩𝒆𝙧 𝙥𝒂𝙧𝒂: 𝐷𝘌𝐴𝘕 𝘞𝐼𝘕𝐶𝘏𝐸𝘚𝑇𝘌𝑅


    El mundo parecía ir realmente bien. Los hermanos, según le habían contado a Jody y después Jody a ellas, habían acabado con el puñetero Dios, ahora otra persona regia los cielos, el nefilim de Lucifer, un chaval llamado Jack, que según tenía entendido pretendía dejar el destino de las personas en manos de cada uno, cosa que debería ser una buena noticia, pero que a Claire en aquellos momentos no era algo que le entusiasmara en demasía, visto el giro que había tomado su vida.
    Por otro lado, los hermanos habían decidido abrir el bunker a cualquiera que necesitara información, protección, o simplemente un lugar donde recobrarse de las heridas de una cacería dura.
    También sabía que Castiel había muerto, y aunque su historia con el ángel no había sido la mejor, también debia admitir que había terminado por cogerle cariño, ya no le culpaba por la muerte de su padre, él había tomado sus propias decisiones. Y en secreto aún esperaba verle aparecer con su gabardina, la corbata mal puesta y su incapacidad de entender el mundo que le rodeaba.

    En general todo parecía estar cambiando para mejor. Todo menos, por supuesto su vida. Porque, ¿Cuándo le había salido algo bien a ella? Desde que su padre aceptó que un ángel se metiera en su cuerpo y se fue de casa, y luego su madre la dejara al cargo de su abuela para buscar al hombre que les había abandonado por una disposición divina… nunca.

    De modo que, ¿Por qué iba a cambiar ahora? Quizás había pensado erróneamente que podría ser, que ya le tocaba ser feliz, dejar de sufrir dejar de perder, pero aquella tarde en la que Kaia había quedado con ella en su lugar favorito del pueblo, el parque infantil, en los columpios, jamás se hubiera imaginado que fuera para terminar con su relación.
    No recordaba los motivos, ni si quiera sabía si había sido culpa suya, si había hecho, o dejado de hacer algo, no importaba. Se había terminado y ella volvía a estar perdida.
    Habían pasado semanas de aquello, no había dicho nada en casa, su mayor deseo en esos momentos no era responder preguntas de su hermana o Jody, ni explicar con lujo de detalles como había ido la conversación, o dejar que ellas se esforzaran por animarla. Ni si quiera había llorado, simplemente había vuelto a su estado de ánimo algo más taciturno de lo normal, hecho que a pesar de todo no llegaba a llamar demasiado la atención de nadie.

    Pero si seguía en aquella casa, al final tendría que dar explicaciones, ya le resultaba extraño que no hubieran preguntado por la morena, su presencia a cenar un par de veces por semana ya no se cuestionaba.

    >> Un día como otro cualquiera, sin mucho que hacer, mientras dibujaba de manera abstraída sobre un papel sus ojos recaen en un pequeño cuadrado en la parte inferior derecha del papel, el cual estaba cubierto de un plástico transparente y dejaba ver el interior de lo que ahora ve que es un sobre.
    Recordaba haberlo recibido, recordaba haberlo mandado directamente a un cajón.
    Tras ese recuadro estaba su nombre y la dirección de Sioux Falls de la casa de la Sheriff. La carta había llegado hacia un año, justo para su veintiún cumpleaños, su mayoría de edad.

    La citaban en un despacho de abogados, donde le darían las llaves de un pequeño trastero en el que se encontraba todo cuanto su abuela le había dejado al morir.
    Quizás…
    Aunque no sabe que es lo que va a encontrar allí, tras un año Claire decide aceptar abrir aquella puerta y usarla como huida como primer paso lejos de la casa de su madre adoptiva. El trastero como ya avisaba la carta no es muy grande, y en su mayor parte está repleto de cajas llenas de recuerdos.
    Después de varias horas allí, abriendo cajas al azar y de haber sacado, varios libros y un álbum de fotografías, Claire cierra el trastero y se guarda la llave sin llegar a saber si volvería a traspasar aquella puerta. No guardaba con demasiado cariño los recuerdos acerca de su infancia.

    La diferencia con cualquier otro día es que en aquella ocasión no vuelve a Sioux Falls, en el asiento del copiloto de su Subaru Loyale rojo está la bolsa que había llenado en el trastero, pero en el maletero guarda una bolsa más grande con toda su ropa y sus diarios.
    Si, se había ido de casa, pero había dejado una nota, y no tenía duda de que en cuanto pisara su lugar de destino Jody sabría dónde estaba. De modo que conduce durante toda la noche, llegando hasta aquel lugar cuando el sol pinta de rosa el cielo en un precioso amanecer que ella no disfruta, porque su mirada escanea el lugar al que nunca había ido todavía.

    No tarda en entrar y bajar el primer tramo de escaleras, y no duda de que en cuanto abre aquella pesada y ruidosa puerta de metal, todo el bunker sabe que alguien ha llegado, y efectivamente la figura de Dean Winchester no tarda más de un par de minutos en aparecer, con la mano derecha a la espalda y rostro precavido.

    — ¿Así recibes a las visitas? Pensaba que esto estaba abierto para todos los cazadores que lo necesitaran... ¿Hay hecho café? Necesito café.
    ⚆ 𝙎𝒕𝙖𝒓𝙩𝒆𝙧 𝙥𝒂𝙧𝒂: [BRINGMES0MEPIE] El mundo parecía ir realmente bien. Los hermanos, según le habían contado a Jody y después Jody a ellas, habían acabado con el puñetero Dios, ahora otra persona regia los cielos, el nefilim de Lucifer, un chaval llamado Jack, que según tenía entendido pretendía dejar el destino de las personas en manos de cada uno, cosa que debería ser una buena noticia, pero que a Claire en aquellos momentos no era algo que le entusiasmara en demasía, visto el giro que había tomado su vida. Por otro lado, los hermanos habían decidido abrir el bunker a cualquiera que necesitara información, protección, o simplemente un lugar donde recobrarse de las heridas de una cacería dura. También sabía que Castiel había muerto, y aunque su historia con el ángel no había sido la mejor, también debia admitir que había terminado por cogerle cariño, ya no le culpaba por la muerte de su padre, él había tomado sus propias decisiones. Y en secreto aún esperaba verle aparecer con su gabardina, la corbata mal puesta y su incapacidad de entender el mundo que le rodeaba. En general todo parecía estar cambiando para mejor. Todo menos, por supuesto su vida. Porque, ¿Cuándo le había salido algo bien a ella? Desde que su padre aceptó que un ángel se metiera en su cuerpo y se fue de casa, y luego su madre la dejara al cargo de su abuela para buscar al hombre que les había abandonado por una disposición divina… nunca. De modo que, ¿Por qué iba a cambiar ahora? Quizás había pensado erróneamente que podría ser, que ya le tocaba ser feliz, dejar de sufrir dejar de perder, pero aquella tarde en la que Kaia había quedado con ella en su lugar favorito del pueblo, el parque infantil, en los columpios, jamás se hubiera imaginado que fuera para terminar con su relación. No recordaba los motivos, ni si quiera sabía si había sido culpa suya, si había hecho, o dejado de hacer algo, no importaba. Se había terminado y ella volvía a estar perdida. Habían pasado semanas de aquello, no había dicho nada en casa, su mayor deseo en esos momentos no era responder preguntas de su hermana o Jody, ni explicar con lujo de detalles como había ido la conversación, o dejar que ellas se esforzaran por animarla. Ni si quiera había llorado, simplemente había vuelto a su estado de ánimo algo más taciturno de lo normal, hecho que a pesar de todo no llegaba a llamar demasiado la atención de nadie. Pero si seguía en aquella casa, al final tendría que dar explicaciones, ya le resultaba extraño que no hubieran preguntado por la morena, su presencia a cenar un par de veces por semana ya no se cuestionaba. >> Un día como otro cualquiera, sin mucho que hacer, mientras dibujaba de manera abstraída sobre un papel sus ojos recaen en un pequeño cuadrado en la parte inferior derecha del papel, el cual estaba cubierto de un plástico transparente y dejaba ver el interior de lo que ahora ve que es un sobre. Recordaba haberlo recibido, recordaba haberlo mandado directamente a un cajón. Tras ese recuadro estaba su nombre y la dirección de Sioux Falls de la casa de la Sheriff. La carta había llegado hacia un año, justo para su veintiún cumpleaños, su mayoría de edad. La citaban en un despacho de abogados, donde le darían las llaves de un pequeño trastero en el que se encontraba todo cuanto su abuela le había dejado al morir. Quizás… Aunque no sabe que es lo que va a encontrar allí, tras un año Claire decide aceptar abrir aquella puerta y usarla como huida como primer paso lejos de la casa de su madre adoptiva. El trastero como ya avisaba la carta no es muy grande, y en su mayor parte está repleto de cajas llenas de recuerdos. Después de varias horas allí, abriendo cajas al azar y de haber sacado, varios libros y un álbum de fotografías, Claire cierra el trastero y se guarda la llave sin llegar a saber si volvería a traspasar aquella puerta. No guardaba con demasiado cariño los recuerdos acerca de su infancia. La diferencia con cualquier otro día es que en aquella ocasión no vuelve a Sioux Falls, en el asiento del copiloto de su Subaru Loyale rojo está la bolsa que había llenado en el trastero, pero en el maletero guarda una bolsa más grande con toda su ropa y sus diarios. Si, se había ido de casa, pero había dejado una nota, y no tenía duda de que en cuanto pisara su lugar de destino Jody sabría dónde estaba. De modo que conduce durante toda la noche, llegando hasta aquel lugar cuando el sol pinta de rosa el cielo en un precioso amanecer que ella no disfruta, porque su mirada escanea el lugar al que nunca había ido todavía. No tarda en entrar y bajar el primer tramo de escaleras, y no duda de que en cuanto abre aquella pesada y ruidosa puerta de metal, todo el bunker sabe que alguien ha llegado, y efectivamente la figura de Dean Winchester no tarda más de un par de minutos en aparecer, con la mano derecha a la espalda y rostro precavido. — ¿Así recibes a las visitas? Pensaba que esto estaba abierto para todos los cazadores que lo necesitaran... ¿Hay hecho café? Necesito café.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Tenlo en cuenta al responder.
    — ¿Sientes eso? Es el inicio del fin. No me falles, o tú serás el siguiente sacrificio en su nombre.
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  • El sol de la tarde se filtraba entre las ramas de un árbol alto y nudoso, iluminando con calidez el parque tranquilo. Los niños jugaban, las hojas caían lentas, y el viento acariciaba el césped. De pronto, un llanto suave rompió la armonía.

    —¡Mi gloooobo! —sollozaba una pequeña, mirando con los ojos llorosos hacia las alturas.

    Un globo rojo con forma de corazón vibraba suavemente entre las ramas más altas del árbol. Su hilo se había enredado en una rama delgada, muy por encima del alcance de cualquiera.

    Entonces apareció él.

    Caminando con paso sereno, las manos en los bolsillos, Sniffles se acercó observando la escena con calma. Su pelaje celeste se movía con el viento, y sus ojos negros brillaban con dulzura mientras miraba hacia arriba.

    —¿Quieres que te lo baje? —preguntó con una sonrisa pequeña mirando a la niña.

    Ella asintió con timidez, limpiándose las mejillas con las mangas.

    El Vermilinguo trepa por el tronco del árbol, subiendo hasta la rama, desenredando el globo y luego desciende para enrregarseñl a la pequeña, quien lo recibió como si fuera un tesoro rescatado del cielo.

    —¡Gracias, señor Osito Hormiguero!
    —gritó feliz, sin saber su nombre.

    Sniffles.soltó una risa breve, se inclinó y acarició su cabeza con cariño.

    —De nada, pequeña saltamontes—susurró—. No dejes que se te escape otra vez, ¿sí?.
    El sol de la tarde se filtraba entre las ramas de un árbol alto y nudoso, iluminando con calidez el parque tranquilo. Los niños jugaban, las hojas caían lentas, y el viento acariciaba el césped. De pronto, un llanto suave rompió la armonía. —¡Mi gloooobo! —sollozaba una pequeña, mirando con los ojos llorosos hacia las alturas. Un globo rojo con forma de corazón vibraba suavemente entre las ramas más altas del árbol. Su hilo se había enredado en una rama delgada, muy por encima del alcance de cualquiera. Entonces apareció él. Caminando con paso sereno, las manos en los bolsillos, Sniffles se acercó observando la escena con calma. Su pelaje celeste se movía con el viento, y sus ojos negros brillaban con dulzura mientras miraba hacia arriba. —¿Quieres que te lo baje? —preguntó con una sonrisa pequeña mirando a la niña. Ella asintió con timidez, limpiándose las mejillas con las mangas. El Vermilinguo trepa por el tronco del árbol, subiendo hasta la rama, desenredando el globo y luego desciende para enrregarseñl a la pequeña, quien lo recibió como si fuera un tesoro rescatado del cielo. —¡Gracias, señor Osito Hormiguero! —gritó feliz, sin saber su nombre. Sniffles.soltó una risa breve, se inclinó y acarició su cabeza con cariño. —De nada, pequeña saltamontes—susurró—. No dejes que se te escape otra vez, ¿sí?.
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  • El cielo estallaba en colores imposibles.
    Desde lo alto del techo, él observaba en silencio cómo las flores de fuego nacían y morían en cuestión de segundos, iluminando la ciudad dormida. Cada explosión arrancaba murmullos lejanos de alegría, risas que no llegaban hasta allí arriba. Para los demás, era una noche de celebración. Para él… solo era ruido y luz recordándole una ausencia.
    Se abrazó las rodillas, la tela negra de su ropa mezclándose con las sombras. La brisa nocturna agitó suavemente su cabello y sus orejas se inclinaron apenas, como si también escucharan aquello que su corazón no podía callar. Antes, ella estaría a su lado. Le habría señalado el cielo con una sonrisa, diciendo cuál fuego artificial era su favorito, riéndose cuando alguno explotaba de forma torpe.
    Ahora no había nadie que dijera su nombre.
    Detrás de la máscara, su mirada se volvió opaca. Cada destello en el cielo era un recuerdo: su risa, su voz, la calidez de su presencia apoyada en su hombro. El brillo duraba solo un instante… igual que ella se había ido. Demasiado rápido. Demasiado injusto.
    Uno de los fuegos artificiales explotó con más fuerza que los demás, bañando su figura en luz blanca. Por un segundo, creyó verla reflejada en el cielo. Pero cuando la luz se desvaneció, solo quedó la noche.
    Apretó los puños.
    —Si estuvieras aquí… —pensó, sin atreverse a terminar la frase.
    El cielo seguía celebrando, indiferente a su dolor. Y él, sentado sobre aquel techo, comprendió que no dolía ver los fuegos artificiales…
    Dolía verlos sin ella.
    El cielo estallaba en colores imposibles. Desde lo alto del techo, él observaba en silencio cómo las flores de fuego nacían y morían en cuestión de segundos, iluminando la ciudad dormida. Cada explosión arrancaba murmullos lejanos de alegría, risas que no llegaban hasta allí arriba. Para los demás, era una noche de celebración. Para él… solo era ruido y luz recordándole una ausencia. Se abrazó las rodillas, la tela negra de su ropa mezclándose con las sombras. La brisa nocturna agitó suavemente su cabello y sus orejas se inclinaron apenas, como si también escucharan aquello que su corazón no podía callar. Antes, ella estaría a su lado. Le habría señalado el cielo con una sonrisa, diciendo cuál fuego artificial era su favorito, riéndose cuando alguno explotaba de forma torpe. Ahora no había nadie que dijera su nombre. Detrás de la máscara, su mirada se volvió opaca. Cada destello en el cielo era un recuerdo: su risa, su voz, la calidez de su presencia apoyada en su hombro. El brillo duraba solo un instante… igual que ella se había ido. Demasiado rápido. Demasiado injusto. Uno de los fuegos artificiales explotó con más fuerza que los demás, bañando su figura en luz blanca. Por un segundo, creyó verla reflejada en el cielo. Pero cuando la luz se desvaneció, solo quedó la noche. Apretó los puños. —Si estuvieras aquí… —pensó, sin atreverse a terminar la frase. El cielo seguía celebrando, indiferente a su dolor. Y él, sentado sobre aquel techo, comprendió que no dolía ver los fuegos artificiales… Dolía verlos sin ella.
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  • —Vuelve a la universidad. Termina la carrera...
    —No lo sé... tendría que empezar de nuevo porque olvidé algunas cosas y...
    —¿Y qué te detiene? Vas a empezar de nuevo, ¿no? 𝑆𝑖𝑒𝑛𝑛𝑎...

    Siseó el nuevo nombre con lengua viperina porque no estaba del todo de acuerdo pero igual la iba a apoyar.

    —¿Sabes? Necesitas disciplina. Ya holgazaneaste mucho. Deberías conocer a Noah, es el rey de la disciplina y el trabajo duro, constante. Quizás él logre inspirarte para que retomes la carrera.
    —¿Qué? ¿Quién? No. No necesito un guía espiritual...

    𝑆𝑜𝑙𝑜 𝑛𝑒𝑐𝑒𝑠𝑖𝑡𝑜 𝑣𝑜𝑙𝑣𝑒𝑟 𝑎 𝑐𝑜𝑛𝑓𝑖𝑎𝑟 𝑒𝑛 𝑚𝑖....

    Pensó mientras miraba las luces de la ciudad que brillaban debajo de ellos.
    —Vuelve a la universidad. Termina la carrera... —No lo sé... tendría que empezar de nuevo porque olvidé algunas cosas y... —¿Y qué te detiene? Vas a empezar de nuevo, ¿no? 𝑆𝑖𝑒𝑛𝑛𝑎... Siseó el nuevo nombre con lengua viperina porque no estaba del todo de acuerdo pero igual la iba a apoyar. —¿Sabes? Necesitas disciplina. Ya holgazaneaste mucho. Deberías conocer a Noah, es el rey de la disciplina y el trabajo duro, constante. Quizás él logre inspirarte para que retomes la carrera. —¿Qué? ¿Quién? No. No necesito un guía espiritual... 𝑆𝑜𝑙𝑜 𝑛𝑒𝑐𝑒𝑠𝑖𝑡𝑜 𝑣𝑜𝑙𝑣𝑒𝑟 𝑎 𝑐𝑜𝑛𝑓𝑖𝑎𝑟 𝑒𝑛 𝑚𝑖.... Pensó mientras miraba las luces de la ciudad que brillaban debajo de ellos.
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  • No existe el hada madrina de los cuentos que corre en tu ayuda cuando más lo necesitas pero si que existen lo viejos amigos.

    Bastian Pierce.

    Su nombre era Sebastian Aleksander Pierce pero era muy pomposo y lo redujeron a Bastian.
    Ambos eran compañeros de universidad.

    Se conocieron de la forma más curiosa.

    𝐸𝑙 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟 𝑑𝑖𝑎 𝑑𝑒 𝑐𝑙𝑎𝑠𝑒𝑠 𝑠𝑖𝑛 𝑖𝑚𝑝𝑜𝑟𝑡𝑎𝑟 𝑒𝑙 𝑛𝑖𝑣𝑒𝑙, 𝑙𝑜𝑠 𝑛𝑒𝑟𝑣𝑖𝑜𝑠 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑏𝑎𝑛 𝑎 𝑓𝑙𝑜𝑟 𝑑𝑒 𝑝𝑖𝑒𝑙. 𝑅𝑒𝑣𝑖𝑠𝑜 𝑠𝑢 ℎ𝑜𝑟𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑡𝑎𝑛𝑡𝑎𝑠 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑒 𝑙𝑜 𝑠𝑎𝑏𝑖𝑎 𝑑𝑒 𝑚𝑒𝑚𝑜𝑟𝑖𝑎 𝑦 𝑎𝑢𝑛 𝑎𝑠𝜄́ 𝑛𝑜 𝑝𝑜𝑑𝑖𝑎 𝑒𝑣𝑖𝑡𝑎𝑟 𝑣𝑒𝑟𝑙𝑜 "𝑢𝑛𝑎 𝑢𝑙𝑡𝑖𝑚𝑎 𝑣𝑒𝑧" 𝑆𝑢 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟𝑎 𝑐𝑙𝑎𝑠𝑒 𝑒𝑟𝑎 𝑎𝑑𝑚𝑖𝑛𝑖𝑠𝑡𝑟𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑒𝑚𝑝𝑜𝑟𝑎𝑛𝑒𝑎.

    𝐿𝑙𝑒𝑔𝑜 𝑎𝑙 𝑎𝑢𝑙𝑎 𝑑𝑜𝑛𝑑𝑒 𝑠𝑒 𝑖𝑚𝑝𝑎𝑟𝑡𝑖𝑟𝑖𝑎 𝑙𝑎 𝑚𝑎𝑡𝑒𝑟𝑖𝑎, 𝑒𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟𝑎𝑠 𝑒𝑛 𝑙𝑙𝑒𝑔𝑎𝑟 𝑝𝑜𝑟 𝑓𝑜𝑟𝑡𝑢𝑛𝑎 𝑎𝑠𝑖 𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑒𝑛𝑑𝑟𝑖𝑎 𝑙𝑖𝑏𝑒𝑟𝑡𝑎𝑑 𝑑𝑒 𝑒𝑙𝑒𝑔𝑖𝑟 𝑠𝑢 𝑎𝑠𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜. 𝑆𝑢 𝑑𝑒𝑏𝑖𝑙𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑣𝑖𝑠𝑢𝑎𝑙 𝑒𝑥𝑖𝑔𝑖𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑢𝑣𝑖𝑒𝑟𝑎 𝑒𝑛 𝑙𝑎𝑠 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟𝑎𝑠 𝑓𝑖𝑙𝑎𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑝𝑜𝑑𝑒𝑟 𝑣𝑒𝑟 𝑏𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑎 𝑝𝑖𝑧𝑎𝑟𝑟𝑎 𝑦 𝑒𝑠𝑎 𝑓𝑢𝑒 𝑠𝑢 𝑒𝑙𝑒𝑐𝑐𝑖𝑜́𝑛, 𝑎𝑠𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑒𝑛 𝑠𝑒𝑔𝑢𝑛𝑑𝑎 𝑓𝑖𝑙𝑎.

    𝑃𝑜𝑐𝑜 𝑎 𝑝𝑜𝑐𝑜 𝑒𝑙 𝑎𝑢𝑙𝑎 𝑠𝑒 𝑓𝑢𝑒 𝑙𝑙𝑒𝑛𝑎𝑛𝑑𝑜 ℎ𝑎𝑠𝑡𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑢𝑣𝑖𝑒𝑟𝑜𝑛 𝑡𝑜𝑑𝑜𝑠 𝑙𝑜𝑠 𝑎𝑠𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜𝑠 𝑜𝑐𝑢𝑝𝑎𝑑𝑜𝑠. 𝑈𝑛 𝑗𝑜𝑣𝑒𝑛 𝑎𝑙𝑡𝑜, 𝑑𝑒 𝑐𝑎𝑏𝑒𝑙𝑙𝑜 𝑎𝑧𝑎𝑏𝑎𝑐ℎ𝑒, 𝑣𝑒𝑠𝑡𝑖𝑚𝑒𝑛𝑡𝑎 𝑜𝑠𝑐𝑢𝑟𝑎 𝑦 𝑐𝑎𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑝𝑜𝑐𝑜𝑠 𝑎𝑚𝑖𝑔𝑜𝑠 𝑠𝑒 𝑝𝑜𝑠𝑖𝑐𝑖𝑜𝑛𝑜́ 𝑎 𝑠𝑢 𝑙𝑎𝑑𝑜. 𝐴𝑙 𝑝𝑟𝑖𝑛𝑐𝑖𝑝𝑖𝑜 𝑒𝑙𝑙𝑎 𝑛𝑜 𝑙𝑒 𝑡𝑜𝑚𝑜́ 𝑖𝑚𝑝𝑜𝑟𝑡𝑎𝑛𝑐𝑖𝑎 𝑛𝑖 𝑎 𝑒́𝑙 𝑛𝑖 𝑎 𝑛𝑎𝑑𝑖𝑒 𝑒𝑛 𝑔𝑒𝑛𝑒𝑟𝑎𝑙, 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑏𝑎 𝑚𝑢𝑦 𝑎𝑏𝑟𝑢𝑚𝑎𝑑𝑎 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑠𝑜𝑐𝑖𝑎𝑙𝑖𝑧𝑎𝑟 𝑒𝑙 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟 𝑑𝑖𝑎.

    𝐷𝑒 𝑓𝑜𝑟𝑚𝑎 𝑖𝑛𝑒𝑠𝑝𝑒𝑟𝑎𝑑𝑎 𝑦 𝑠𝑖𝑛 𝑎𝑛𝑢𝑛𝑐𝑖𝑎𝑟𝑠𝑒 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑜 𝑠𝑢 𝑝𝑟𝑜𝑓𝑒𝑠𝑜𝑟. 𝑈𝑛𝑎 𝑓𝑖𝑔𝑢𝑟𝑎 𝑠𝑒𝑟𝑖𝑎 𝑒 𝑖𝑚𝑝𝑜𝑛𝑒𝑛𝑡𝑒, 𝑐𝑜𝑛 𝑒𝑠𝑎 𝑎𝑢𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑓𝑖𝑟𝑚𝑒𝑧𝑎 𝑦 𝑠𝑒𝑟𝑖𝑒𝑑𝑎𝑑 𝑞𝑢𝑒 𝑝𝑜𝑐𝑎𝑠 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠 𝑡𝑖𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑙𝑎 𝑚𝑎𝑙𝑎 𝑠𝑢𝑒𝑟𝑡𝑒 𝑑𝑒 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎𝑟. 𝑆𝑖𝑛 𝑝𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑡𝑎𝑟𝑠𝑒 𝑒𝑚𝑝𝑒𝑧𝑜 𝑐𝑜𝑛 𝑙𝑎 𝑖𝑛𝑡𝑟𝑜𝑑𝑢𝑐𝑐𝑖𝑜𝑛 𝑎 𝑠𝑢 𝑚𝑎𝑡𝑒𝑟𝑖𝑎. 𝑇𝑜𝑑𝑜𝑠 𝑒𝑛 𝑙𝑎 𝑠𝑎𝑙𝑎 𝑒𝑚𝑝𝑒𝑧𝑎𝑟𝑜𝑛 𝑎 𝑡𝑜𝑚𝑎𝑟 𝑛𝑜𝑡𝑎𝑠, 𝑒𝑙𝑙𝑎 𝑖𝑏𝑎 𝑎 𝑐𝑜𝑚𝑒𝑛𝑧𝑎𝑟 𝑖𝑔𝑢𝑎𝑙 𝑝𝑒𝑟𝑜 𝑠𝑢 𝑏𝑜𝑙𝜄́𝑔𝑟𝑎𝑓𝑜 𝑒𝑠𝑐𝑎𝑝𝑜́ 𝑑𝑒 𝑠𝑢 𝑚𝑎𝑛𝑜.

    𝑁𝑜 𝑠𝑎𝑏𝑖𝑎 𝑠𝑖 𝑑𝑒 𝑛𝑒𝑟𝑣𝑖𝑜𝑠 𝑜 𝑝𝑟𝑒𝑠𝑖𝑜𝑛 𝑝𝑒𝑟𝑜 𝑠𝑎𝑙𝑖𝑜 𝑣𝑜𝑙𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑦 𝑟𝑜𝑑𝑜 𝑝𝑜𝑟 𝑎ℎ𝑖. 𝐸𝑛 𝑒𝑠𝑒 𝑚𝑜𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑠𝑖𝑛𝑡𝑖𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑖 𝑠𝑒 𝑝𝑎𝑟𝑎𝑏𝑎 𝑎 𝑏𝑢𝑠𝑐𝑎𝑟𝑙𝑜 𝑒𝑙 𝑝𝑟𝑜𝑓𝑒𝑠𝑜𝑟 𝑙𝑎 𝑒𝑥𝑝𝑢𝑙𝑠𝑎𝑟𝑖𝑎 𝑠𝑖𝑛 𝑚𝑖𝑟𝑎𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜𝑠. 𝑆𝑒 𝑟𝑒𝑚𝑜𝑣𝑖𝑜 𝑖𝑛𝑐𝑜𝑚𝑜𝑑𝑎 𝑒𝑛 𝑠𝑢 𝑎𝑠𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑝𝑢𝑒𝑠 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑖𝑎 𝑜𝑝𝑜𝑟𝑡𝑢𝑛𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑑𝑒 ℎ𝑎𝑐𝑒𝑟 𝑠𝑢𝑠 𝑛𝑜𝑡𝑎𝑠.

    𝐷𝑒 𝑝𝑟𝑜𝑛𝑡𝑜 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑛𝑜 𝑎𝑝𝑎𝑟𝑒𝑐𝑖𝑜 𝑒𝑛 𝑚𝑖𝑡𝑎𝑑 𝑑𝑒 𝑠𝑢 𝑙𝑖𝑏𝑟𝑒𝑡𝑎 𝑑𝑒𝑝𝑜𝑠𝑖𝑡𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑢𝑛 𝑒𝑙𝑒𝑔𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑏𝑜𝑙𝜄́𝑔𝑟𝑎𝑓𝑜 𝑛𝑒𝑔𝑟𝑜, 𝑒𝑟𝑎 𝑠𝑢 𝑐𝑜𝑚𝑝𝑎𝑛̃𝑒𝑟𝑜 𝑜𝑓𝑟𝑒𝑐𝑖𝑒𝑛𝑑𝑜𝑙𝑒 𝑒𝑙 𝑠𝑢𝑦𝑜. 𝑉𝑖𝑜 𝑡𝑜𝑑𝑜 𝑒𝑛 𝑠𝑖𝑙𝑒𝑛𝑐𝑖𝑜 𝑦 𝑑𝑒𝑐𝑖𝑑𝑖𝑜 𝑎𝑦𝑢𝑑𝑎𝑟.
    —𝑃𝑒𝑟𝑜... ¿𝑦 𝑡𝑢𝑠 𝑛𝑜𝑡𝑎𝑠.ᐣ
    —𝑆𝑜𝑙𝑜 𝑒𝑠𝑐𝑢𝑐ℎ𝑎𝑟𝑒. 𝑇𝑒𝑛𝑔𝑜 𝑏𝑢𝑒𝑛𝑎 𝑚𝑒𝑚𝑜𝑟𝑖𝑎... —. 𝑆𝑜𝑛𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒 𝑚𝑒𝑑𝑖𝑜 𝑙𝑎𝑑𝑜 𝑠𝑖𝑛 𝑑𝑒𝑠𝑝𝑒𝑔𝑎𝑟 𝑙𝑎 𝑚𝑖𝑟𝑎𝑑𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑝𝑟𝑜𝑓𝑒𝑠𝑜𝑟.

    𝑀𝑎𝑠 𝑡𝑟𝑎𝑛𝑞𝑢𝑖𝑙𝑎 𝑒𝑚𝑝𝑒𝑧𝑜 𝑎 𝑡𝑜𝑚𝑎𝑟 𝑛𝑜𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝑡𝑜𝑑𝑜 𝑦 𝑎𝑙 𝑓𝑖𝑛𝑎𝑙 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝜄́𝑎 𝑠𝑒 𝑟𝑒𝑢𝑛𝑖𝑜 𝑐𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑟𝑐𝑎𝑚𝑏𝑖𝑎𝑟.


    Luego pasó lo que pasó y se cortó toda comunicación... hasta ese día.

    —Bienvenida a casa enana...
    —Tonto.

    No existe el hada madrina de los cuentos que corre en tu ayuda cuando más lo necesitas pero si que existen lo viejos amigos. Bastian Pierce. Su nombre era Sebastian Aleksander Pierce pero era muy pomposo y lo redujeron a Bastian. Ambos eran compañeros de universidad. Se conocieron de la forma más curiosa. 𝐸𝑙 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟 𝑑𝑖𝑎 𝑑𝑒 𝑐𝑙𝑎𝑠𝑒𝑠 𝑠𝑖𝑛 𝑖𝑚𝑝𝑜𝑟𝑡𝑎𝑟 𝑒𝑙 𝑛𝑖𝑣𝑒𝑙, 𝑙𝑜𝑠 𝑛𝑒𝑟𝑣𝑖𝑜𝑠 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑏𝑎𝑛 𝑎 𝑓𝑙𝑜𝑟 𝑑𝑒 𝑝𝑖𝑒𝑙. 𝑅𝑒𝑣𝑖𝑠𝑜 𝑠𝑢 ℎ𝑜𝑟𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑡𝑎𝑛𝑡𝑎𝑠 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑒 𝑙𝑜 𝑠𝑎𝑏𝑖𝑎 𝑑𝑒 𝑚𝑒𝑚𝑜𝑟𝑖𝑎 𝑦 𝑎𝑢𝑛 𝑎𝑠𝜄́ 𝑛𝑜 𝑝𝑜𝑑𝑖𝑎 𝑒𝑣𝑖𝑡𝑎𝑟 𝑣𝑒𝑟𝑙𝑜 "𝑢𝑛𝑎 𝑢𝑙𝑡𝑖𝑚𝑎 𝑣𝑒𝑧" 𝑆𝑢 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟𝑎 𝑐𝑙𝑎𝑠𝑒 𝑒𝑟𝑎 𝑎𝑑𝑚𝑖𝑛𝑖𝑠𝑡𝑟𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑒𝑚𝑝𝑜𝑟𝑎𝑛𝑒𝑎. 𝐿𝑙𝑒𝑔𝑜 𝑎𝑙 𝑎𝑢𝑙𝑎 𝑑𝑜𝑛𝑑𝑒 𝑠𝑒 𝑖𝑚𝑝𝑎𝑟𝑡𝑖𝑟𝑖𝑎 𝑙𝑎 𝑚𝑎𝑡𝑒𝑟𝑖𝑎, 𝑒𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟𝑎𝑠 𝑒𝑛 𝑙𝑙𝑒𝑔𝑎𝑟 𝑝𝑜𝑟 𝑓𝑜𝑟𝑡𝑢𝑛𝑎 𝑎𝑠𝑖 𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑒𝑛𝑑𝑟𝑖𝑎 𝑙𝑖𝑏𝑒𝑟𝑡𝑎𝑑 𝑑𝑒 𝑒𝑙𝑒𝑔𝑖𝑟 𝑠𝑢 𝑎𝑠𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜. 𝑆𝑢 𝑑𝑒𝑏𝑖𝑙𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑣𝑖𝑠𝑢𝑎𝑙 𝑒𝑥𝑖𝑔𝑖𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑢𝑣𝑖𝑒𝑟𝑎 𝑒𝑛 𝑙𝑎𝑠 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟𝑎𝑠 𝑓𝑖𝑙𝑎𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑝𝑜𝑑𝑒𝑟 𝑣𝑒𝑟 𝑏𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑎 𝑝𝑖𝑧𝑎𝑟𝑟𝑎 𝑦 𝑒𝑠𝑎 𝑓𝑢𝑒 𝑠𝑢 𝑒𝑙𝑒𝑐𝑐𝑖𝑜́𝑛, 𝑎𝑠𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑒𝑛 𝑠𝑒𝑔𝑢𝑛𝑑𝑎 𝑓𝑖𝑙𝑎. 𝑃𝑜𝑐𝑜 𝑎 𝑝𝑜𝑐𝑜 𝑒𝑙 𝑎𝑢𝑙𝑎 𝑠𝑒 𝑓𝑢𝑒 𝑙𝑙𝑒𝑛𝑎𝑛𝑑𝑜 ℎ𝑎𝑠𝑡𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑢𝑣𝑖𝑒𝑟𝑜𝑛 𝑡𝑜𝑑𝑜𝑠 𝑙𝑜𝑠 𝑎𝑠𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜𝑠 𝑜𝑐𝑢𝑝𝑎𝑑𝑜𝑠. 𝑈𝑛 𝑗𝑜𝑣𝑒𝑛 𝑎𝑙𝑡𝑜, 𝑑𝑒 𝑐𝑎𝑏𝑒𝑙𝑙𝑜 𝑎𝑧𝑎𝑏𝑎𝑐ℎ𝑒, 𝑣𝑒𝑠𝑡𝑖𝑚𝑒𝑛𝑡𝑎 𝑜𝑠𝑐𝑢𝑟𝑎 𝑦 𝑐𝑎𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑝𝑜𝑐𝑜𝑠 𝑎𝑚𝑖𝑔𝑜𝑠 𝑠𝑒 𝑝𝑜𝑠𝑖𝑐𝑖𝑜𝑛𝑜́ 𝑎 𝑠𝑢 𝑙𝑎𝑑𝑜. 𝐴𝑙 𝑝𝑟𝑖𝑛𝑐𝑖𝑝𝑖𝑜 𝑒𝑙𝑙𝑎 𝑛𝑜 𝑙𝑒 𝑡𝑜𝑚𝑜́ 𝑖𝑚𝑝𝑜𝑟𝑡𝑎𝑛𝑐𝑖𝑎 𝑛𝑖 𝑎 𝑒́𝑙 𝑛𝑖 𝑎 𝑛𝑎𝑑𝑖𝑒 𝑒𝑛 𝑔𝑒𝑛𝑒𝑟𝑎𝑙, 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑏𝑎 𝑚𝑢𝑦 𝑎𝑏𝑟𝑢𝑚𝑎𝑑𝑎 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑠𝑜𝑐𝑖𝑎𝑙𝑖𝑧𝑎𝑟 𝑒𝑙 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟 𝑑𝑖𝑎. 𝐷𝑒 𝑓𝑜𝑟𝑚𝑎 𝑖𝑛𝑒𝑠𝑝𝑒𝑟𝑎𝑑𝑎 𝑦 𝑠𝑖𝑛 𝑎𝑛𝑢𝑛𝑐𝑖𝑎𝑟𝑠𝑒 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑜 𝑠𝑢 𝑝𝑟𝑜𝑓𝑒𝑠𝑜𝑟. 𝑈𝑛𝑎 𝑓𝑖𝑔𝑢𝑟𝑎 𝑠𝑒𝑟𝑖𝑎 𝑒 𝑖𝑚𝑝𝑜𝑛𝑒𝑛𝑡𝑒, 𝑐𝑜𝑛 𝑒𝑠𝑎 𝑎𝑢𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑓𝑖𝑟𝑚𝑒𝑧𝑎 𝑦 𝑠𝑒𝑟𝑖𝑒𝑑𝑎𝑑 𝑞𝑢𝑒 𝑝𝑜𝑐𝑎𝑠 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠 𝑡𝑖𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑙𝑎 𝑚𝑎𝑙𝑎 𝑠𝑢𝑒𝑟𝑡𝑒 𝑑𝑒 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎𝑟. 𝑆𝑖𝑛 𝑝𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑡𝑎𝑟𝑠𝑒 𝑒𝑚𝑝𝑒𝑧𝑜 𝑐𝑜𝑛 𝑙𝑎 𝑖𝑛𝑡𝑟𝑜𝑑𝑢𝑐𝑐𝑖𝑜𝑛 𝑎 𝑠𝑢 𝑚𝑎𝑡𝑒𝑟𝑖𝑎. 𝑇𝑜𝑑𝑜𝑠 𝑒𝑛 𝑙𝑎 𝑠𝑎𝑙𝑎 𝑒𝑚𝑝𝑒𝑧𝑎𝑟𝑜𝑛 𝑎 𝑡𝑜𝑚𝑎𝑟 𝑛𝑜𝑡𝑎𝑠, 𝑒𝑙𝑙𝑎 𝑖𝑏𝑎 𝑎 𝑐𝑜𝑚𝑒𝑛𝑧𝑎𝑟 𝑖𝑔𝑢𝑎𝑙 𝑝𝑒𝑟𝑜 𝑠𝑢 𝑏𝑜𝑙𝜄́𝑔𝑟𝑎𝑓𝑜 𝑒𝑠𝑐𝑎𝑝𝑜́ 𝑑𝑒 𝑠𝑢 𝑚𝑎𝑛𝑜. 𝑁𝑜 𝑠𝑎𝑏𝑖𝑎 𝑠𝑖 𝑑𝑒 𝑛𝑒𝑟𝑣𝑖𝑜𝑠 𝑜 𝑝𝑟𝑒𝑠𝑖𝑜𝑛 𝑝𝑒𝑟𝑜 𝑠𝑎𝑙𝑖𝑜 𝑣𝑜𝑙𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑦 𝑟𝑜𝑑𝑜 𝑝𝑜𝑟 𝑎ℎ𝑖. 𝐸𝑛 𝑒𝑠𝑒 𝑚𝑜𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑠𝑖𝑛𝑡𝑖𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑖 𝑠𝑒 𝑝𝑎𝑟𝑎𝑏𝑎 𝑎 𝑏𝑢𝑠𝑐𝑎𝑟𝑙𝑜 𝑒𝑙 𝑝𝑟𝑜𝑓𝑒𝑠𝑜𝑟 𝑙𝑎 𝑒𝑥𝑝𝑢𝑙𝑠𝑎𝑟𝑖𝑎 𝑠𝑖𝑛 𝑚𝑖𝑟𝑎𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜𝑠. 𝑆𝑒 𝑟𝑒𝑚𝑜𝑣𝑖𝑜 𝑖𝑛𝑐𝑜𝑚𝑜𝑑𝑎 𝑒𝑛 𝑠𝑢 𝑎𝑠𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑝𝑢𝑒𝑠 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑖𝑎 𝑜𝑝𝑜𝑟𝑡𝑢𝑛𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑑𝑒 ℎ𝑎𝑐𝑒𝑟 𝑠𝑢𝑠 𝑛𝑜𝑡𝑎𝑠. 𝐷𝑒 𝑝𝑟𝑜𝑛𝑡𝑜 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑛𝑜 𝑎𝑝𝑎𝑟𝑒𝑐𝑖𝑜 𝑒𝑛 𝑚𝑖𝑡𝑎𝑑 𝑑𝑒 𝑠𝑢 𝑙𝑖𝑏𝑟𝑒𝑡𝑎 𝑑𝑒𝑝𝑜𝑠𝑖𝑡𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑢𝑛 𝑒𝑙𝑒𝑔𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑏𝑜𝑙𝜄́𝑔𝑟𝑎𝑓𝑜 𝑛𝑒𝑔𝑟𝑜, 𝑒𝑟𝑎 𝑠𝑢 𝑐𝑜𝑚𝑝𝑎𝑛̃𝑒𝑟𝑜 𝑜𝑓𝑟𝑒𝑐𝑖𝑒𝑛𝑑𝑜𝑙𝑒 𝑒𝑙 𝑠𝑢𝑦𝑜. 𝑉𝑖𝑜 𝑡𝑜𝑑𝑜 𝑒𝑛 𝑠𝑖𝑙𝑒𝑛𝑐𝑖𝑜 𝑦 𝑑𝑒𝑐𝑖𝑑𝑖𝑜 𝑎𝑦𝑢𝑑𝑎𝑟. —𝑃𝑒𝑟𝑜... ¿𝑦 𝑡𝑢𝑠 𝑛𝑜𝑡𝑎𝑠.ᐣ —𝑆𝑜𝑙𝑜 𝑒𝑠𝑐𝑢𝑐ℎ𝑎𝑟𝑒. 𝑇𝑒𝑛𝑔𝑜 𝑏𝑢𝑒𝑛𝑎 𝑚𝑒𝑚𝑜𝑟𝑖𝑎... —. 𝑆𝑜𝑛𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒 𝑚𝑒𝑑𝑖𝑜 𝑙𝑎𝑑𝑜 𝑠𝑖𝑛 𝑑𝑒𝑠𝑝𝑒𝑔𝑎𝑟 𝑙𝑎 𝑚𝑖𝑟𝑎𝑑𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑝𝑟𝑜𝑓𝑒𝑠𝑜𝑟. 𝑀𝑎𝑠 𝑡𝑟𝑎𝑛𝑞𝑢𝑖𝑙𝑎 𝑒𝑚𝑝𝑒𝑧𝑜 𝑎 𝑡𝑜𝑚𝑎𝑟 𝑛𝑜𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝑡𝑜𝑑𝑜 𝑦 𝑎𝑙 𝑓𝑖𝑛𝑎𝑙 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝜄́𝑎 𝑠𝑒 𝑟𝑒𝑢𝑛𝑖𝑜 𝑐𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑟𝑐𝑎𝑚𝑏𝑖𝑎𝑟. Luego pasó lo que pasó y se cortó toda comunicación... hasta ese día. —Bienvenida a casa enana... —Tonto.
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  • Paso 1: Salir.
    Paso 2: Hacerle saber a su padre que era libre y él podía irse a la mierda con todo lo suyo.

    Paso 3: ¿Dónde carajo iba a vivir y de qué.

    Al ser encerrada, dejó trunca la universidad. Cuarto semestre de administración de empresas y un "empleo" de pasante porque no iba a utilizar el "buen nombre" de su padre para labrar su camino. Empezaría desde abajo como cualquier estudiante...

    ... en ese entonces.

    En su circunstancia actual... debía empezar desde cero.
    Paso 1: Salir. Paso 2: Hacerle saber a su padre que era libre y él podía irse a la mierda con todo lo suyo. Paso 3: ¿Dónde carajo iba a vivir y de qué. Al ser encerrada, dejó trunca la universidad. Cuarto semestre de administración de empresas y un "empleo" de pasante porque no iba a utilizar el "buen nombre" de su padre para labrar su camino. Empezaría desde abajo como cualquier estudiante... ... en ese entonces. En su circunstancia actual... debía empezar desde cero.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Domingo 26 de enero, 2026.
    Georgia State.

    "Maté mi nombre antes de que el mundo terminara de hacerlo por mí. Lo dejé tirado junto con el parche, las promesas y la mentira de que pertenecer a algo te salva. No te salva. Solo te da una razón elegante para pudrirte despacio.

    Aprendí más de la vida desarmando una motocicleta que escuchando a cualquier hombre hablar de honor. El metal no miente. Si está roto, está roto. Si fuerzas una pieza donde no va, todo revienta. La vida es igual: no perdona nostalgia ni ideales heredados.

    Cuando armas una moto desde cero, aceptas una verdad incómoda: nada tiene sentido por sí mismo. El sentido es algo que le impones a golpes, con decisiones sucias y consecuencias reales. Cada tornillo es una elección. Cada error, una cicatriz que no se borra.

    Yo también tuve que desmontarme. Quitar piezas que llevaban años oxidándome por dentro. Quemar lo que otros llamaban identidad. No quedó nada bonito. Solo silencio, rabia y la certeza de que nadie iba a venir a arreglarme.

    El motor arrancó igual. No por destino. No por redención. Arrancó porque hice el trabajo. Porque acepté que no hay propósito esperando al final del camino, solo kilómetros y asfalto. Y si vas a rodar, más vale hacerlo rápido, solo y sin mirar atrás. El mundo no merece explicaciones. Solo el ruido del motor alejándose.”
    Domingo 26 de enero, 2026. Georgia State. "Maté mi nombre antes de que el mundo terminara de hacerlo por mí. Lo dejé tirado junto con el parche, las promesas y la mentira de que pertenecer a algo te salva. No te salva. Solo te da una razón elegante para pudrirte despacio. Aprendí más de la vida desarmando una motocicleta que escuchando a cualquier hombre hablar de honor. El metal no miente. Si está roto, está roto. Si fuerzas una pieza donde no va, todo revienta. La vida es igual: no perdona nostalgia ni ideales heredados. Cuando armas una moto desde cero, aceptas una verdad incómoda: nada tiene sentido por sí mismo. El sentido es algo que le impones a golpes, con decisiones sucias y consecuencias reales. Cada tornillo es una elección. Cada error, una cicatriz que no se borra. Yo también tuve que desmontarme. Quitar piezas que llevaban años oxidándome por dentro. Quemar lo que otros llamaban identidad. No quedó nada bonito. Solo silencio, rabia y la certeza de que nadie iba a venir a arreglarme. El motor arrancó igual. No por destino. No por redención. Arrancó porque hice el trabajo. Porque acepté que no hay propósito esperando al final del camino, solo kilómetros y asfalto. Y si vas a rodar, más vale hacerlo rápido, solo y sin mirar atrás. El mundo no merece explicaciones. Solo el ruido del motor alejándose.”
    Me entristece
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  • la promesa de un mañana
    Fandom Mo Dao Zu Shi
    Categoría Fantasía
    Zhōngguó (China) tambien nombrada Ciudad Central, pues era una nación gobernada por dinastías, donde las bases se asentaban en honrar a los ancestros y ser un buen hijo filial, respeto a los ancianos, y la misma naturaleza.

    Viejas leyendas que se contaban de generacion en generación, daban paso a jovenes que se dedicaban a mejorar espiritual y fisicamente sus habilidades o talentos y aquellos que lograban destacar se convertirían en cultivadores, muchos de ellos crearon sus propios clanes o sectas, las mas reconocidas eran por supuesto, Gusu Lan, Jiang de Yunmeng, Lanling Jin, Qinghe Nie, y Qishan Wen, entre las mas notables y las cuales tenian sus propias costumbres, tradiciones y reglas que cada uno de sus integrantes cumplía. Eran sus hijos primogénitos los que heredarían por supuesto la direccion de la secta.

    Los pequeñs clanes solian afiliarse o deseaban hacerlo a las principales, principalmente aquellos clanes o sectas que tenían mas poder y dominio como el caso del clan Wen.

    El mundo del cultivo era sin duda alguna una actividad predominante para aquellos con poder espiritual, fuerza y liderazgo, y se encargaban de erradicar los males del mundo, demonios, y otros seres que solian atacar a las personas.

    Lejos de esa región, en unas lejanas montañas, las cosas se manejaban diferente. Una mujer de complexión delgada, de largos cabellos grises impartía a su joven alumno lecciones de vida, aquel inquieto e ingenuo jovencito poseia una determinación inalterable tomaba algunas hermosas flores de loto del jardin. Su deseo desde hace algunos meses habia sido el mismo, salir de la montaña para pdoer ayudar a las personas, pues noticias alarmantes habian llegado a sus oidos por parte de un anciano que se topó cuando fue a recoger agua al manantial que se localizaba al bajar la montaña.

    - Deberé pedirle nuevamente a la mestra..poder ir..se negará de nuevo?..no me retractaré...debo ser firme..

    El tiempo transcurrió y tras mucho rogarle ella finalmente cedió, le dejó partir, pues muy a su pesar sabía que debia descubrir su vida por su propia cuenta, aunque las reglas eran absolutas, una vez que sales..no puedes regresar a la montaña.

    A pesar de su duda, su deseo era mayor y bajó la montaña por primera vez para emprender su viaje en un mundo nuevo, su nombre Daozhang Xiao XIngchen..
    Zhōngguó (China) tambien nombrada Ciudad Central, pues era una nación gobernada por dinastías, donde las bases se asentaban en honrar a los ancestros y ser un buen hijo filial, respeto a los ancianos, y la misma naturaleza. Viejas leyendas que se contaban de generacion en generación, daban paso a jovenes que se dedicaban a mejorar espiritual y fisicamente sus habilidades o talentos y aquellos que lograban destacar se convertirían en cultivadores, muchos de ellos crearon sus propios clanes o sectas, las mas reconocidas eran por supuesto, Gusu Lan, Jiang de Yunmeng, Lanling Jin, Qinghe Nie, y Qishan Wen, entre las mas notables y las cuales tenian sus propias costumbres, tradiciones y reglas que cada uno de sus integrantes cumplía. Eran sus hijos primogénitos los que heredarían por supuesto la direccion de la secta. Los pequeñs clanes solian afiliarse o deseaban hacerlo a las principales, principalmente aquellos clanes o sectas que tenían mas poder y dominio como el caso del clan Wen. El mundo del cultivo era sin duda alguna una actividad predominante para aquellos con poder espiritual, fuerza y liderazgo, y se encargaban de erradicar los males del mundo, demonios, y otros seres que solian atacar a las personas. Lejos de esa región, en unas lejanas montañas, las cosas se manejaban diferente. Una mujer de complexión delgada, de largos cabellos grises impartía a su joven alumno lecciones de vida, aquel inquieto e ingenuo jovencito poseia una determinación inalterable tomaba algunas hermosas flores de loto del jardin. Su deseo desde hace algunos meses habia sido el mismo, salir de la montaña para pdoer ayudar a las personas, pues noticias alarmantes habian llegado a sus oidos por parte de un anciano que se topó cuando fue a recoger agua al manantial que se localizaba al bajar la montaña. - Deberé pedirle nuevamente a la mestra..poder ir..se negará de nuevo?..no me retractaré...debo ser firme.. El tiempo transcurrió y tras mucho rogarle ella finalmente cedió, le dejó partir, pues muy a su pesar sabía que debia descubrir su vida por su propia cuenta, aunque las reglas eran absolutas, una vez que sales..no puedes regresar a la montaña. A pesar de su duda, su deseo era mayor y bajó la montaña por primera vez para emprender su viaje en un mundo nuevo, su nombre Daozhang Xiao XIngchen..
    Tipo
    Individual
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    150
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  • #Seductivesunday *No quería dejar al l último momento los preparativos; ella merece la perfección, y yo disfruto dándosela. Durante mi paseo, el instinto me llevó a un sastre de renombre para concretar mi armadura de gala. Al probarme los diseños, el espejo se convirtió en mi cómplice silencioso. Observé cómo el traje acentuaba mi porte y cómo mi cabello largo caía con una elegancia rebelde sobre mis hombros. Hay algo profundamente embriagador en saberse el hombre más atractivo de la habitación, y hoy, pienso usar ese poder sin piedad. Me miré una última vez, reconociendo mi propia magnificencia con una sonrisa ladeada.*

    —Nada mal... prepárate, porque no vas a poder quitarme los ojos de encima.—
    #Seductivesunday *No quería dejar al l último momento los preparativos; ella merece la perfección, y yo disfruto dándosela. Durante mi paseo, el instinto me llevó a un sastre de renombre para concretar mi armadura de gala. Al probarme los diseños, el espejo se convirtió en mi cómplice silencioso. Observé cómo el traje acentuaba mi porte y cómo mi cabello largo caía con una elegancia rebelde sobre mis hombros. Hay algo profundamente embriagador en saberse el hombre más atractivo de la habitación, y hoy, pienso usar ese poder sin piedad. Me miré una última vez, reconociendo mi propia magnificencia con una sonrisa ladeada.* —Nada mal... prepárate, porque no vas a poder quitarme los ojos de encima.—
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