• El bosque rugía con violencia; el aire azotaba los árboles hasta hacerlos amenazar con desplomarse.

    Lianna se había alejado lo suficiente del castillo para perder de vista aquella presencia familiar y amenazante.

    Un crujido en los arbustos se intensificó. Lianna se tensó, lista para atacar, pero una luz cegadora estalló frente a ella, quemándole la piel y obligándola a retroceder.

    El ardor agudizó sus sentidos. Sus uñas se alargaron en garras afiladas, sus colmillos afilados asomaron entre sus labios y sus ojos brillaron con un rojo intenso. Su apariencia se había tornado monstruosa.

    Finalmente, su rival se hizo presente. Y al hablar, su voz trajo consigo un recuerdo que Lianna aborrecía.

    —Vaya, cuánto tiempo sin verte, preciosa.

    Por su parte, la pelirroja intentaba recuperar la visión. Solo oía los pasos del hombre acercándose. Dio un golpe al aire, y luego otro, pero él los esquivaba con facilidad. Antes de que pudiera reaccionar, una fuerza mágica la inmovilizó y la arrojó al suelo.

    —No has cambiado nada —dijo él con una sonrisa que se ampliaba—. Sigues siendo igual de ruda que cuando te conocí. Pero… gané, siempre gano.

    Con un gesto casi condescendiente, le tocó la punta de la nariz, como si ella fuera una criatura inofensiva.

    —Dime, querida Lianna, ¿has cuidado bien de nuestra hija?

    Lianna intentó zafarse usando su fuerza sobrenatural, pero Adam quemó sus muñecas con un destello de luz, haciéndola jadear de dolor.

    —¿Qué quieres? —preguntó ella, con una mezcla de desprecio y miedo en la mirada.

    El hechicero mantuvo su mano cerca del rostro de Lianna; un halo de luz cálida pero amenazante danzaba en sus yemas.

    —Lo que siempre quise —respondió, y por un instante su voz perdió la burla y se volvió grave, casi vulnerable

    — Una familia a mi familia. Tú y ella. Pero veo que sigues siendo la misma fiera egoísta que arrojó a nuestra hija a la intemperie.

    Lianna dejó de forcejear. El dolor en sus muñecas era agudo, pero el odio la mantenía alerta, luego respiró hondo. La fuerza no servía. Tal vez la astucia, su herramienta más antigua, aún pudiera darle una salida.

    —No la abandoné —escupió, buscando un tono entre el desafío y una rendición fingida—. La di en adopción a una pareja. La puse a salvo, lejos de mí, de ti… de todos.

    —¿A salvo? —La luz en la mano de Adam parpadeó, peligrosa—. La condenaste a una vida de orfandad. Sin saber quién es, de dónde viene… sin conocer su propio poder. El hechizo de concepción la marcó, Lianna. Lleva magia en la sangre, lleva inmortalidad. ¿Y crees que eso pasará desapercibido entre los humanos?

    Un silencio denso cayó entre ellos. Era la primera vez que Lianna consideraba eso. Siempre había visto a la niña como una maldición, un recordatorio de su violación y su debilidad. Nunca como una persona con un destino.

    Adam se arrodilló a su lado; su voz bajó a un susurro íntimo.

    —Yo la he sentido. En mis sueños, en mis hechizos de búsqueda. Ella crece, y su poder despierta. Sin guía, se convertirá en un faro para cosas mucho peores… y probablemente se destruya a sí misma.

    Ahora no era solo una amenaza para el imperio de lujo y sangre que Lianna había construido. Era una responsabilidad. Un nuevo tipo de trampa.

    —¿Qué propones, hechicero? —preguntó Lianna, con una frialdad que le costó cada palabra.

    —Que la encuentres. Que la traigas a mí. Juntos la criaremos; le enseñaremos a controlar su magia, a ser fuerte. Tú podrás seguir con tus juegos de poder, y yo me ocuparé de su educación. Pero será nuestra hija. Vivirá bajo mi protección. Y bajo mi techo.

    —¿Como tu prisionera?

    —Como mi hija —corrigió él, con una sonrisa que no alcanzaba los ojos—. Y para asegurarme de que cumples… y de que no intentarás engañarme o lastimarla…

    Extendió la mano y, con un gesto rápido, tocó el centro del pecho de Lianna. Un dolor agudo, como de metal al rojo vivo, le atravesó el esternón. Lianna gritó, un sonido animal y desgarrado.

    Cuando Adam retiró los dedos, un fino hilo dorado, como una telaraña de luz, brilló brevemente bajo su piel antes de desaparecer.

    —Un vínculo —explicó, satisfecho—. Te permitirá sentir su presencia, como una brújula. Pero a mí me permitirá saber si le haces daño. Si intentas lastimarla, o cometer otra estupidez egoísta…

    —. El encanto que sostiene tu juventud y tu fuerza se deshará en una hora. Envejecerás décadas en minutos y morirás como una humana frágil. Nada de tu poder, ni tu dinero, ni tus sirvientes te salvarán. Ni siquiera tus padres.

    Se levantó y liberó la inmovilización mágica. Lianna se incorporó, llevándose una mano al pecho donde latía la marca invisible. No era solo una amenaza física; era la aniquilación de todo lo que era.

    —Tienes un mes —dijo Adam, empezando a desvanecerse entre la luz distorsionada del bosque

    — Tráeme a nuestra hija. Empieza a actuar como su madre… o descubre lo que es realmente perderlo todo.

    Y desapareció.

    Lianna se quedó sola entre los árboles que aún se estremecían. El rugido del bosque había cesado, reemplazado por un silencio opresivo. No solo tenía que encontrar a una hija que no quería, sino entregarla al hombre que más odiaba y temía. Y en el proceso, debía proteger su propia existencia.
    El bosque rugía con violencia; el aire azotaba los árboles hasta hacerlos amenazar con desplomarse. Lianna se había alejado lo suficiente del castillo para perder de vista aquella presencia familiar y amenazante. Un crujido en los arbustos se intensificó. Lianna se tensó, lista para atacar, pero una luz cegadora estalló frente a ella, quemándole la piel y obligándola a retroceder. El ardor agudizó sus sentidos. Sus uñas se alargaron en garras afiladas, sus colmillos afilados asomaron entre sus labios y sus ojos brillaron con un rojo intenso. Su apariencia se había tornado monstruosa. Finalmente, su rival se hizo presente. Y al hablar, su voz trajo consigo un recuerdo que Lianna aborrecía. —Vaya, cuánto tiempo sin verte, preciosa. Por su parte, la pelirroja intentaba recuperar la visión. Solo oía los pasos del hombre acercándose. Dio un golpe al aire, y luego otro, pero él los esquivaba con facilidad. Antes de que pudiera reaccionar, una fuerza mágica la inmovilizó y la arrojó al suelo. —No has cambiado nada —dijo él con una sonrisa que se ampliaba—. Sigues siendo igual de ruda que cuando te conocí. Pero… gané, siempre gano. Con un gesto casi condescendiente, le tocó la punta de la nariz, como si ella fuera una criatura inofensiva. —Dime, querida Lianna, ¿has cuidado bien de nuestra hija? Lianna intentó zafarse usando su fuerza sobrenatural, pero Adam quemó sus muñecas con un destello de luz, haciéndola jadear de dolor. —¿Qué quieres? —preguntó ella, con una mezcla de desprecio y miedo en la mirada. El hechicero mantuvo su mano cerca del rostro de Lianna; un halo de luz cálida pero amenazante danzaba en sus yemas. —Lo que siempre quise —respondió, y por un instante su voz perdió la burla y se volvió grave, casi vulnerable — Una familia a mi familia. Tú y ella. Pero veo que sigues siendo la misma fiera egoísta que arrojó a nuestra hija a la intemperie. Lianna dejó de forcejear. El dolor en sus muñecas era agudo, pero el odio la mantenía alerta, luego respiró hondo. La fuerza no servía. Tal vez la astucia, su herramienta más antigua, aún pudiera darle una salida. —No la abandoné —escupió, buscando un tono entre el desafío y una rendición fingida—. La di en adopción a una pareja. La puse a salvo, lejos de mí, de ti… de todos. —¿A salvo? —La luz en la mano de Adam parpadeó, peligrosa—. La condenaste a una vida de orfandad. Sin saber quién es, de dónde viene… sin conocer su propio poder. El hechizo de concepción la marcó, Lianna. Lleva magia en la sangre, lleva inmortalidad. ¿Y crees que eso pasará desapercibido entre los humanos? Un silencio denso cayó entre ellos. Era la primera vez que Lianna consideraba eso. Siempre había visto a la niña como una maldición, un recordatorio de su violación y su debilidad. Nunca como una persona con un destino. Adam se arrodilló a su lado; su voz bajó a un susurro íntimo. —Yo la he sentido. En mis sueños, en mis hechizos de búsqueda. Ella crece, y su poder despierta. Sin guía, se convertirá en un faro para cosas mucho peores… y probablemente se destruya a sí misma. Ahora no era solo una amenaza para el imperio de lujo y sangre que Lianna había construido. Era una responsabilidad. Un nuevo tipo de trampa. —¿Qué propones, hechicero? —preguntó Lianna, con una frialdad que le costó cada palabra. —Que la encuentres. Que la traigas a mí. Juntos la criaremos; le enseñaremos a controlar su magia, a ser fuerte. Tú podrás seguir con tus juegos de poder, y yo me ocuparé de su educación. Pero será nuestra hija. Vivirá bajo mi protección. Y bajo mi techo. —¿Como tu prisionera? —Como mi hija —corrigió él, con una sonrisa que no alcanzaba los ojos—. Y para asegurarme de que cumples… y de que no intentarás engañarme o lastimarla… Extendió la mano y, con un gesto rápido, tocó el centro del pecho de Lianna. Un dolor agudo, como de metal al rojo vivo, le atravesó el esternón. Lianna gritó, un sonido animal y desgarrado. Cuando Adam retiró los dedos, un fino hilo dorado, como una telaraña de luz, brilló brevemente bajo su piel antes de desaparecer. —Un vínculo —explicó, satisfecho—. Te permitirá sentir su presencia, como una brújula. Pero a mí me permitirá saber si le haces daño. Si intentas lastimarla, o cometer otra estupidez egoísta… —. El encanto que sostiene tu juventud y tu fuerza se deshará en una hora. Envejecerás décadas en minutos y morirás como una humana frágil. Nada de tu poder, ni tu dinero, ni tus sirvientes te salvarán. Ni siquiera tus padres. Se levantó y liberó la inmovilización mágica. Lianna se incorporó, llevándose una mano al pecho donde latía la marca invisible. No era solo una amenaza física; era la aniquilación de todo lo que era. —Tienes un mes —dijo Adam, empezando a desvanecerse entre la luz distorsionada del bosque — Tráeme a nuestra hija. Empieza a actuar como su madre… o descubre lo que es realmente perderlo todo. Y desapareció. Lianna se quedó sola entre los árboles que aún se estremecían. El rugido del bosque había cesado, reemplazado por un silencio opresivo. No solo tenía que encontrar a una hija que no quería, sino entregarla al hombre que más odiaba y temía. Y en el proceso, debía proteger su propia existencia.
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  • Lucien, un elfo guardián de la luz y Capitán de la guardia luminosa de Etheria. Se detuvo a observar la resplandeciente luz lunar que descendía del cielo nocturno para iluminar toda sombra a su paso, no siendo timida, pero sí atrevida. Iluminó su persona y su juventud eterna resaltó entre todas las plantas mágicas que resplandecían a su alrededor.

    — Es hermosa.

    Sus pies descalzos se mojaron al ser sumergidos en el agua cristalina, estaba fría, pero refrescante. Había llegado a ese lugar sin su escolta, ya que siempre lo cuidaban y seguían. Pero el bosque era tan tranquilo. Cerró sus ojos y se permitió relajar su guardia un segundo para disfrutar de la calidez del silencio y soledad.


    #elfo #libre
    Lucien, un elfo guardián de la luz y Capitán de la guardia luminosa de Etheria. Se detuvo a observar la resplandeciente luz lunar que descendía del cielo nocturno para iluminar toda sombra a su paso, no siendo timida, pero sí atrevida. Iluminó su persona y su juventud eterna resaltó entre todas las plantas mágicas que resplandecían a su alrededor. — Es hermosa. Sus pies descalzos se mojaron al ser sumergidos en el agua cristalina, estaba fría, pero refrescante. Había llegado a ese lugar sin su escolta, ya que siempre lo cuidaban y seguían. Pero el bosque era tan tranquilo. Cerró sus ojos y se permitió relajar su guardia un segundo para disfrutar de la calidez del silencio y soledad. #elfo #libre
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  • "Recuerdo de uno de sus arrebatos de furia en su juventud.

    Justo después de la muerte de sus padres."
    "Recuerdo de uno de sus arrebatos de furia en su juventud. Justo después de la muerte de sus padres."
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  • Después de afrontar grandes dificultades en su vida, el dolor, la agonía, la lucha constante... Llegó la paz.
    La vida no siempre le sonrió pero aquellas últimas décadas Shinobu las pudo disfrutar de verdad. Una vida sencilla que le trató con amabilidad. Algunos podrían pensar que solitaria dada la ausencia de pareja e hijos, nada más lejos de la realidad. Su vida fue plena y grata, no necesitaba más que su empelo, sus mascotas y sus amigos, aquellos que le demostraron que el amor se presenta en más de una forma y que puede resistir las más duras de las adversidades.

    La senectud era clara para ese momento, la huesuda le reclamaba lentamente mientras su juventud parecía un recuerdo lejano, su piel se consumía quedando arrugada y suelta y su fuerza le abandonaba.
    No tardaron en seguirle la visión, oído y olfato, esos sentidos que siempre fueron tan precisos y refinados. A pesar de ello continuó con su vida de jubilado, disfrutándola como buenamente podía. Con varios ingresos y visitas al hospital, de los cuales procuraba librarse lo más pronto posible. Tampoco era buena idea que descubrieran cosas innecesarias.

    El tiempo pasaba y la edad no perdonaba, acompañada de enfermedades propias de la misma. El fin estaba cerca. Lo sabía.
    Dejó todo bien atado con sus seres queridos antes del paso que seguía.

    Llegó el día. Marchó a los bosques con las pocas fuerzas que logró mantener. El aliento pesado, le costaba respirar, pero no desistió en su esfuerzo. Después de todo iba a ser el último.
    Ya en medio de la calma, de la brisa que soplaba entre los árboles, el suave y plácido cantar de las aves y la agradable hierba bajo sus pies, se sentó bajo un árbol, apoyado en el tronco de este.

    Inhaló con fuerza por última vez mientras sus manos se dejaban caer lentamente a los lados y sentía los párpados pesados.

    El inevitable ocaso que a todos llega, el amargo pero dulce abrazo de la muerte, el final de una vida...
    Pero el principio de otra.


    //Sí, ya está la muerte de mi niño. Ahora en cuanto pueda toda la ficha va a cambiar porque se va a reencarnar. Variará en ciertas cosas pero esencialmente en carácter va a ser muy parecido.
    Después de afrontar grandes dificultades en su vida, el dolor, la agonía, la lucha constante... Llegó la paz. La vida no siempre le sonrió pero aquellas últimas décadas Shinobu las pudo disfrutar de verdad. Una vida sencilla que le trató con amabilidad. Algunos podrían pensar que solitaria dada la ausencia de pareja e hijos, nada más lejos de la realidad. Su vida fue plena y grata, no necesitaba más que su empelo, sus mascotas y sus amigos, aquellos que le demostraron que el amor se presenta en más de una forma y que puede resistir las más duras de las adversidades. La senectud era clara para ese momento, la huesuda le reclamaba lentamente mientras su juventud parecía un recuerdo lejano, su piel se consumía quedando arrugada y suelta y su fuerza le abandonaba. No tardaron en seguirle la visión, oído y olfato, esos sentidos que siempre fueron tan precisos y refinados. A pesar de ello continuó con su vida de jubilado, disfrutándola como buenamente podía. Con varios ingresos y visitas al hospital, de los cuales procuraba librarse lo más pronto posible. Tampoco era buena idea que descubrieran cosas innecesarias. El tiempo pasaba y la edad no perdonaba, acompañada de enfermedades propias de la misma. El fin estaba cerca. Lo sabía. Dejó todo bien atado con sus seres queridos antes del paso que seguía. Llegó el día. Marchó a los bosques con las pocas fuerzas que logró mantener. El aliento pesado, le costaba respirar, pero no desistió en su esfuerzo. Después de todo iba a ser el último. Ya en medio de la calma, de la brisa que soplaba entre los árboles, el suave y plácido cantar de las aves y la agradable hierba bajo sus pies, se sentó bajo un árbol, apoyado en el tronco de este. Inhaló con fuerza por última vez mientras sus manos se dejaban caer lentamente a los lados y sentía los párpados pesados. El inevitable ocaso que a todos llega, el amargo pero dulce abrazo de la muerte, el final de una vida... Pero el principio de otra. //Sí, ya está la muerte de mi niño. Ahora en cuanto pueda toda la ficha va a cambiar porque se va a reencarnar. Variará en ciertas cosas pero esencialmente en carácter va a ser muy parecido.
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    //Qué puta mierda la vida adulta; actualmente puedo pasar horas y horas buscando pero namas no encuentro tiempo ni ganas para rolear, porque cuando tengo ganas no tengo tiempo y cuando tengo tiempo no tengo ganas... Que horrible, para todo aquel que todavía no tenga más de 20 porfavor disfruta la juventud por mi, porque cuando yo era joven nunca tenía tiempo de disfrutar una mierda de la vida. //
    //Qué puta mierda la vida adulta; actualmente puedo pasar horas y horas buscando pero namas no encuentro tiempo ni ganas para rolear, porque cuando tengo ganas no tengo tiempo y cuando tengo tiempo no tengo ganas... Que horrible, para todo aquel que todavía no tenga más de 20 porfavor disfruta la juventud por mi, porque cuando yo era joven nunca tenía tiempo de disfrutar una mierda de la vida. :STK-12: //
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  • Una tenue luz dorada se filtraba por el cristal de la tienda, iluminando el ambiente. Tras el mostrador, Raden permanecía concentrada, sumergida en la meticulosa labor de resucitar un pedazo de alma atrapado en el óleo. Un pequeño cuadro de un paisaje desgastado por el tiempo.

    — Ahí, justo ahí... —murmuró para si, inclinándose sobre la superficie craquelada, con un pincel en su mano— puedo verlo... el eco del dolor que tuvo el artista al pintar este árbol tan solitario y melancólico. . .

    Su dedo índice, enguantado, trazó el contorno del roble en el lienzo.

    — No te preocupes —susurró, dirigiendo sus palabras al cuadro— No voy a devolverte tu juventud, eso sería un insulto. Solo voy a potenciar tu melancolía... para que el próximo dueño pueda sentirla en sus huesos ~

    Dejó el pincel a un lado y tomó un frasco de cristal que contenía un líquido irisado, de un color que fluctuaba entre púrpura y negro.

    La tienda, en ese momento, guardaba silencio. Los cuchicheos habituales de los objetos parecían haberse aquietsdo. La puerta de entrada permancía entreabierta, esperando el ingreso de cualquier alma lo suficientemente valiente. . . o lo suficientemente perdida.

    Laplus Darkness
    Una tenue luz dorada se filtraba por el cristal de la tienda, iluminando el ambiente. Tras el mostrador, Raden permanecía concentrada, sumergida en la meticulosa labor de resucitar un pedazo de alma atrapado en el óleo. Un pequeño cuadro de un paisaje desgastado por el tiempo. — Ahí, justo ahí... —murmuró para si, inclinándose sobre la superficie craquelada, con un pincel en su mano— puedo verlo... el eco del dolor que tuvo el artista al pintar este árbol tan solitario y melancólico. . . Su dedo índice, enguantado, trazó el contorno del roble en el lienzo. — No te preocupes —susurró, dirigiendo sus palabras al cuadro— No voy a devolverte tu juventud, eso sería un insulto. Solo voy a potenciar tu melancolía... para que el próximo dueño pueda sentirla en sus huesos ~ Dejó el pincel a un lado y tomó un frasco de cristal que contenía un líquido irisado, de un color que fluctuaba entre púrpura y negro. La tienda, en ese momento, guardaba silencio. Los cuchicheos habituales de los objetos parecían haberse aquietsdo. La puerta de entrada permancía entreabierta, esperando el ingreso de cualquier alma lo suficientemente valiente. . . o lo suficientemente perdida. [glow_lavender_mouse_820]
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    Ishtar’s Demonic Dèesse Infernal Glamour — Edición Especial “Dual Temptation”

    “Cuando la belleza se convierte en fuego, y el deseo se transforma en arte… nacen las leyendas.”
    — Dirección Artística Ishtar

    Presentación de la Edición: “Dual Temptation”
    La agencia Ishtar’s Demonic Dèesse Infernal Glamour presenta con orgullo su nueva portada internacional bajo el sello Infernal Vogue Division: “Dual Temptation”, una oda visual al poder dual entre la pasión y la dominación, protagonizada por dos de nuestras más enigmáticas y aclamadas figuras del linaje Ishtar: Ignia Ishtar y Veythra, la reencarnación de la antigua Lili Queen Ishtar.

    Esta sesión redefine los límites del Infernal Glamour, fusionando el magnetismo salvaje de Ignia con la picardía elegante y feroz de Veythra. Ambos encarnan la sinergia perfecta del deseo demoníaco y la energía veraniega indomable, irradiando fuerza, confianza y tentación pura.

    Concepto Editorial:
    ♥ Título: Dual Temptation — Summer Untamed Beauty
    ♥ Estilo visual: Infernal High-Fashion / Heat & Desire / Power Couple Aesthetics
    ♥ Dirección Creativa: Metphies Jaegerjaquez Yokin Ishtar
    ♥ Locación: Estudios InfernalLight, Nox City.
    ♥ Inspiración: El equilibrio entre la llama destructora y la ♥ seducción creadora; la unión de dos fuerzas que no se apagan, sino que se desafían mutuamente.

    Sobre los modelos:
    Ignia Ishtar — “The Flame Emperor of Elegance”
    Símbolo de la belleza abrasadora y el dominio absoluto del fuego interior. Ignia irradia poder, su cuerpo esculpido y marcado por tatuajes ígneos que evocan su conexión con las fuerzas primordiales. Cada mirada suya transmite intensidad, peligro y seducción controlada.

    Veythra (Ex Lili Queen Ishtar) — “The Reborn Temptress”
    Renacida de su propia oscuridad, Veythra encarna la dualidad de la inocencia traviesa y el deseo prohibido. Su energía es magnética, su sonrisa, un desafío encantador. Representa la juventud eterna que no teme provocar al fuego, sino bailar con él.

    Mensaje de la Dirección de la Agencia:
    “Con Dual Temptation, Ishtar’s Demonic Dèesse Infernal Glamour celebra la alquimia perfecta entre lo masculino y lo femenino infernal.
    Ignia y Veythra no solo posan: encarnan la esencia de nuestra firma — poder, pasión y perfección visual.
    Su química en esta edición no es actuación: es la manifestación del verdadero linaje Ishtar.”
    — Consejo Superior de la Agencia Ishtar, División Glamour Infernal

    Detalles de Producción:
    ✿ Fotografía: Astrae Noir
    ✿ Dirección de Escena: Seraphine Kairi Ishtar Yokin
    ✿ Vestuario: House of Demonic Elegance by Seieki Yokin
    ✿ Maquillaje & FX: Darklight Studio – Línea Infernal Éclat
    ✿ Música de fondo durante la sesión: “Burning Grace” – Metaphis Core Soundtrack

    🕯 Cierre de la Nota:
    La portada Dual Temptation inaugura oficialmente la temporada Infernal Summer 𝓔𝓵𝓲𝓽𝓮 2025, abriendo paso a nuevas sesiones conjuntas del linaje Ishtar bajo el sello Demonic Dèesse Glamour.
    Ignia y Veythra consolidan así su posición como pareja visual insignia del imperio Ishtar, símbolos de fuego y deseo eterno.

    “No hay verano más ardiente que el que nace del alma de un Ishtar.”
    🩸Ishtar’s Demonic Dèesse Infernal Glamour — Edición Especial “Dual Temptation” “Cuando la belleza se convierte en fuego, y el deseo se transforma en arte… nacen las leyendas.” — Dirección Artística Ishtar 🔥 Presentación de la Edición: “Dual Temptation” La agencia Ishtar’s Demonic Dèesse Infernal Glamour presenta con orgullo su nueva portada internacional bajo el sello Infernal Vogue Division: “Dual Temptation”, una oda visual al poder dual entre la pasión y la dominación, protagonizada por dos de nuestras más enigmáticas y aclamadas figuras del linaje Ishtar: Ignia Ishtar y Veythra, la reencarnación de la antigua Lili Queen Ishtar. Esta sesión redefine los límites del Infernal Glamour, fusionando el magnetismo salvaje de Ignia con la picardía elegante y feroz de Veythra. Ambos encarnan la sinergia perfecta del deseo demoníaco y la energía veraniega indomable, irradiando fuerza, confianza y tentación pura. ⚜️ Concepto Editorial: ♥ Título: Dual Temptation — Summer Untamed Beauty ♥ Estilo visual: Infernal High-Fashion / Heat & Desire / Power Couple Aesthetics ♥ Dirección Creativa: Metphies Jaegerjaquez Yokin Ishtar ♥ Locación: Estudios InfernalLight, Nox City. ♥ Inspiración: El equilibrio entre la llama destructora y la ♥ seducción creadora; la unión de dos fuerzas que no se apagan, sino que se desafían mutuamente. 💋 Sobre los modelos: 🔥 Ignia Ishtar — “The Flame Emperor of Elegance” Símbolo de la belleza abrasadora y el dominio absoluto del fuego interior. Ignia irradia poder, su cuerpo esculpido y marcado por tatuajes ígneos que evocan su conexión con las fuerzas primordiales. Cada mirada suya transmite intensidad, peligro y seducción controlada. 🌹 Veythra (Ex Lili Queen Ishtar) — “The Reborn Temptress” Renacida de su propia oscuridad, Veythra encarna la dualidad de la inocencia traviesa y el deseo prohibido. Su energía es magnética, su sonrisa, un desafío encantador. Representa la juventud eterna que no teme provocar al fuego, sino bailar con él. Mensaje de la Dirección de la Agencia: “Con Dual Temptation, Ishtar’s Demonic Dèesse Infernal Glamour celebra la alquimia perfecta entre lo masculino y lo femenino infernal. Ignia y Veythra no solo posan: encarnan la esencia de nuestra firma — poder, pasión y perfección visual. Su química en esta edición no es actuación: es la manifestación del verdadero linaje Ishtar.” — Consejo Superior de la Agencia Ishtar, División Glamour Infernal ✴️ Detalles de Producción: ✿ Fotografía: Astrae Noir ✿ Dirección de Escena: Seraphine Kairi Ishtar Yokin ✿ Vestuario: House of Demonic Elegance by Seieki Yokin ✿ Maquillaje & FX: Darklight Studio – Línea Infernal Éclat ✿ Música de fondo durante la sesión: “Burning Grace” – Metaphis Core Soundtrack 🕯 Cierre de la Nota: La portada Dual Temptation inaugura oficialmente la temporada Infernal Summer 𝓔𝓵𝓲𝓽𝓮 2025, abriendo paso a nuevas sesiones conjuntas del linaje Ishtar bajo el sello Demonic Dèesse Glamour. Ignia y Veythra consolidan así su posición como pareja visual insignia del imperio Ishtar, símbolos de fuego y deseo eterno. “No hay verano más ardiente que el que nace del alma de un Ishtar.”
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  • Como antes, pero después
    Fandom N/A
    Categoría Slice of Life
    ㅤ╰─► 𝑹𝒐𝒍 𝒕𝒐::
    ㅤㅤㅤㅤㅤOlivia Romero

    223 días.

    Esa era la cuenta exacta que llevaba Kazuha en una nota mental, y probablemente ya perdida entre el caos que era su mente. Doscientos veintitrés días desde que había estrellado su camioneta contra el elegante escaparate de una librería en el centro de la ciudad. Doscientos veintiuno desde que un juez, con evidente falta de imaginación, le había arrebatado su licencia de conducir por tercera vez. Doscientos diecisiete desde que había dejado abandonado el vehículo, con el capó aún humeante, en el taller mecánico.

    172 días desde que el mecánico le envió un mensaje:
    "Señora, su vehículo está listo."

    142 días desde el ultimátum, donde la resignación se tornó en un dejo de exasperación:
    "Señora, venga por su camioneta, ya está lista desde hace mas de un mes. Y págueme."

    ¿Señora? ¿SEÑORA? La palabra le había estado resonando en el cráneo durante semanas, cada sílaba un insulto a su eterna juventud y su caótico esplendor. ¿Ella? ¡¿Una señora?! Claro que aquella ofensa fue excusa suficiente para que su deuda se extendiera, pudriéndose en el olvido junto a otras facturas y advertencias sociales... hasta hoy.

    Hoy, finalmente, se había dignado a aparecer. Hoy, el aburrimiento había sido más fuerte que el orgullo.

    Tal vez fue su figura menuda, sus 1.58 metros de altura, o la mirada de absoluto desdén lo que hizo que el mecánico, quien ni siquiera la recordaba, la llamara 'Chiquilla'. Y por supuesto que la palabra también la ofendió, profundamente, pero sonaba menos a resignación y más a algo que podía aceptar. Pagó en efectivo, el origen del dinero era mejor no cuestionarlo, y recuperó las llaves.

    Ahora, una mano en el volante, un pie en el acelerador, una licencia de conducir inexistente y una responsabilidad que brillaba por su ausencia, Kazuha salió del taller. Con la otra mano, ya buscaba su móvil, los ojos saltando entre la carretera y la pantalla con una temeridad que era su sello personal. ¿Responsabilidad? Eso, si acaso, era el nombre de un plato aburrido que nunca probaría.

    : ¡Liiiiiiv!
    : -sticker de gato conduciendo-
    : Cancela todos tus planes para hoy...

    El mensaje partió. Sus dedos, ágiles e imprudentes, continuaron su danza sobre la pantalla, tejiendo una verdad a medias con la urgencia de quien teme que la razón la alcance.

    : ¡Vamos de viaje! Prepara tus cosas...
    : Nada de outfits de señorita perfecta. Vamos a... acampar, sí.

    Se le acababa de ocurrir en el mismo instante en que lo escribía, pero la idea, una vez plasmada en aquel mensaje, se convirtió en un decreto irrevocable. Ahora hablaba en serio.

    : A la intemperie. Con insectos, y esas cosas...

    Un semáforo se puso rojo frente a ella. Frenó en seco. En el silencio repentino, interrumpido solo por el ruido del motor, la duda, un monstruo raro y familiar, posó su garra en su estómago. ¿Y si Liv decía que no? ¿Y si los puentes no solo estaban rotos, sino reducidos a cenizas que ni siquiera ella podía reconstruir? El fantasma de una última pelea, de las palabras no dichas y los silencios que pesaban más que gritos, se cernió sobre ella por un segundo.

    Entonces, el semáforo cambió a verde. Un claxon furioso sonó detrás de ella. Kazuha pisó el acelerador como si estuviera aplastando la misma duda, la camioneta arrancó con una sacudida. La duda no tenía cabida en su mundo; solo la acción la tenía. Tomó el teléfono otra vez, la determinación ahogando el miedo.

    : Ya voy en camino... No puedes decir que no. Ni lo intentes.

    Mentira. Podía. ¡Claro que podía!. Liv siempre había podido ponerle un alto. Siempre había sido la única capaz de trazar una línea infranqueable. Esa era una de las razones por la que su amistad, en otro tiempo, había valido cada grieta y cada cicatriz. Pero esta vez, no iba a detenerse. Giró el volante, tomando la ruta que conducía al apartamento de Olivia. En el asiento del copiloto, una pequeña maleta contenía lo esencial para ella: un par de conjuntos deportivos, una chaqueta de cuero, y una caja de doce jugos de fruta. ¿Y lo demás? ¿Carpas, sleeping bags, comida...? Si, bueno, eso era un problema para la Kazuha del futuro, que probablemente lo resolvería en la primera tienda que encontrara en el camino, sin importar el costo o la practicidad.

    Mientras conducía, con el cristal de la ventana a medio bajar y su cabello negro flotando contra el viento por la velocidad, los pensamientos acudían a ella. ¿Cuántos años habían pasado desde la última vez que hicieron algo así? No los de calendario... sino los de verdad, los que se miden en risas compartidas que duelen en el costado, en secretos susurrados bajo las sábanas durante una pijamada, en la complicidad silenciosa de saberse entendidas sin necesidad de palabras.. Ya no serían tres, claro. Esa época había quedado atrás, enterrada bajo los escombros de un corazón roto y elecciones que aún dolían. Esta vez serían solo ellas dos. Pero en ese momento, acelerando hacia el apartamento de Olivia, o tal vez mas bien hacia un futuro incierto, sintió que ellas dos podían ser, una vez más, un universo completo.
    ㅤ╰─► 𝑹𝒐𝒍 𝒕𝒐:: ㅤㅤㅤㅤㅤ[flash_brass_tiger_817] ✦ 223 días. Esa era la cuenta exacta que llevaba Kazuha en una nota mental, y probablemente ya perdida entre el caos que era su mente. Doscientos veintitrés días desde que había estrellado su camioneta contra el elegante escaparate de una librería en el centro de la ciudad. Doscientos veintiuno desde que un juez, con evidente falta de imaginación, le había arrebatado su licencia de conducir por tercera vez. Doscientos diecisiete desde que había dejado abandonado el vehículo, con el capó aún humeante, en el taller mecánico. 172 días desde que el mecánico le envió un mensaje: "Señora, su vehículo está listo." 142 días desde el ultimátum, donde la resignación se tornó en un dejo de exasperación: "Señora, venga por su camioneta, ya está lista desde hace mas de un mes. Y págueme." ¿Señora? ¿SEÑORA? La palabra le había estado resonando en el cráneo durante semanas, cada sílaba un insulto a su eterna juventud y su caótico esplendor. ¿Ella? ¡¿Una señora?! Claro que aquella ofensa fue excusa suficiente para que su deuda se extendiera, pudriéndose en el olvido junto a otras facturas y advertencias sociales... hasta hoy. Hoy, finalmente, se había dignado a aparecer. Hoy, el aburrimiento había sido más fuerte que el orgullo. Tal vez fue su figura menuda, sus 1.58 metros de altura, o la mirada de absoluto desdén lo que hizo que el mecánico, quien ni siquiera la recordaba, la llamara 'Chiquilla'. Y por supuesto que la palabra también la ofendió, profundamente, pero sonaba menos a resignación y más a algo que podía aceptar. Pagó en efectivo, el origen del dinero era mejor no cuestionarlo, y recuperó las llaves. Ahora, una mano en el volante, un pie en el acelerador, una licencia de conducir inexistente y una responsabilidad que brillaba por su ausencia, Kazuha salió del taller. Con la otra mano, ya buscaba su móvil, los ojos saltando entre la carretera y la pantalla con una temeridad que era su sello personal. ¿Responsabilidad? Eso, si acaso, era el nombre de un plato aburrido que nunca probaría. 📱💬: ¡Liiiiiiv! 📱💬: -sticker de gato conduciendo- 📱💬: Cancela todos tus planes para hoy... El mensaje partió. Sus dedos, ágiles e imprudentes, continuaron su danza sobre la pantalla, tejiendo una verdad a medias con la urgencia de quien teme que la razón la alcance. 📱💬: ¡Vamos de viaje! Prepara tus cosas... 📱💬: Nada de outfits de señorita perfecta. Vamos a... acampar, sí. Se le acababa de ocurrir en el mismo instante en que lo escribía, pero la idea, una vez plasmada en aquel mensaje, se convirtió en un decreto irrevocable. Ahora hablaba en serio. 📱💬: A la intemperie. Con insectos, y esas cosas... Un semáforo se puso rojo frente a ella. Frenó en seco. En el silencio repentino, interrumpido solo por el ruido del motor, la duda, un monstruo raro y familiar, posó su garra en su estómago. ¿Y si Liv decía que no? ¿Y si los puentes no solo estaban rotos, sino reducidos a cenizas que ni siquiera ella podía reconstruir? El fantasma de una última pelea, de las palabras no dichas y los silencios que pesaban más que gritos, se cernió sobre ella por un segundo. Entonces, el semáforo cambió a verde. Un claxon furioso sonó detrás de ella. Kazuha pisó el acelerador como si estuviera aplastando la misma duda, la camioneta arrancó con una sacudida. La duda no tenía cabida en su mundo; solo la acción la tenía. Tomó el teléfono otra vez, la determinación ahogando el miedo. 📱💬: Ya voy en camino... No puedes decir que no. Ni lo intentes. Mentira. Podía. ¡Claro que podía!. Liv siempre había podido ponerle un alto. Siempre había sido la única capaz de trazar una línea infranqueable. Esa era una de las razones por la que su amistad, en otro tiempo, había valido cada grieta y cada cicatriz. Pero esta vez, no iba a detenerse. Giró el volante, tomando la ruta que conducía al apartamento de Olivia. En el asiento del copiloto, una pequeña maleta contenía lo esencial para ella: un par de conjuntos deportivos, una chaqueta de cuero, y una caja de doce jugos de fruta. ¿Y lo demás? ¿Carpas, sleeping bags, comida...? Si, bueno, eso era un problema para la Kazuha del futuro, que probablemente lo resolvería en la primera tienda que encontrara en el camino, sin importar el costo o la practicidad. Mientras conducía, con el cristal de la ventana a medio bajar y su cabello negro flotando contra el viento por la velocidad, los pensamientos acudían a ella. ¿Cuántos años habían pasado desde la última vez que hicieron algo así? No los de calendario... sino los de verdad, los que se miden en risas compartidas que duelen en el costado, en secretos susurrados bajo las sábanas durante una pijamada, en la complicidad silenciosa de saberse entendidas sin necesidad de palabras.. Ya no serían tres, claro. Esa época había quedado atrás, enterrada bajo los escombros de un corazón roto y elecciones que aún dolían. Esta vez serían solo ellas dos. Pero en ese momento, acelerando hacia el apartamento de Olivia, o tal vez mas bien hacia un futuro incierto, sintió que ellas dos podían ser, una vez más, un universo completo.
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  • ¡FELIZ DÍA DE LA JUVENTUD!
    Espero que la vitalidad y la esperanza en sus pieles duren por mil años o más. Jóvenes, pequeñines inmortales y mayores antiguos. ¡Que jamás nadie le niegue su energía vital ni hoy ni nunca!

    Bienvenida Primavera y dulce juventud, disfruten de cada experiencia. Les desea la misma Diosa de la Juventud y Vitalidad.
    ¡FELIZ DÍA DE LA JUVENTUD! Espero que la vitalidad y la esperanza en sus pieles duren por mil años o más. Jóvenes, pequeñines inmortales y mayores antiguos. ¡Que jamás nadie le niegue su energía vital ni hoy ni nunca! Bienvenida Primavera y dulce juventud, disfruten de cada experiencia. Les desea la misma Diosa de la Juventud y Vitalidad. 🌸
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  • ⠀⠀La noche se había adueñado de la ciudad, pero las luces de la iglesia de San Miguel brillaban iluminando la calle en penumbra. Kazuha se detuvo frente a la verja. Era una espectadora silenciosa en un culto ajeno.

    ⠀⠀Desde el interior, llegaba el murmullo de una oración colectiva, un sonido que le erizó la piel. No por devoción, sino por una molesta familiaridad.

    "𝘗𝘢𝘥𝘳𝘦 𝘕𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘰, 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘴 𝘦𝘯 𝘭𝘰𝘴 𝘤𝘪𝘦𝘭𝘰𝘴..."

    ⠀⠀Una sonrisa torcida se dibujó en sus labios. ¿En los cielos? Ella provenía de un linaje que se decía ser descendiente de una entidad que habitaba en los sueños. Aeloria, Guardiana de los Sueños. Una leyenda tan antigua y difusa como el propio concepto de Dios para estos humanos.

    "𝘚𝘢𝘯𝘵𝘪𝘧𝘪𝘤𝘢𝘥𝘰 𝘴𝘦𝘢 𝘵𝘶 𝘯𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦..."

    ⠀⠀Ellos tenían su libro sagrado, su Biblia, con reglas escritas en piedra y mandamientos entregados en una montaña. Los Aelorianos tenían un Código de Ética. Un reglamento seco, frío, escrito por un Consejo de Ancianos temerosos que decidieron que el miedo era una buena base para la moral. "No usar el poder para ventaja personal. No alterar el equilibrio mágico en el mundo" Tsk, ¿quién decidió qué era el "equilibrio"? ¿Un puñado de viejos asustados que añoraban los días en que eran venerados como dioses menores?

    "𝘋𝘢𝘯𝘰𝘴 𝘩𝘰𝘺 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘰 𝘱𝘢𝘯 𝘥𝘦 𝘤𝘢𝘥𝘢 𝘥𝘪𝘢..."

    ⠀⠀Ellos pedían pan. Sus clientes pedían amor, poder, venganza. ¿Era tan distinto? Ambos suplicaban a una fuerza superior para llenar un vacío. La única diferencia era el intermediario. Ellos tenían sacerdotes que prometían una recompensa después de la muerte. Y ella era como una sacerdotisa que cobraba antes de conceder el milagro, y advertía que el cielo podía caerte encima en cualquier momento.

    «Aeloria no nos dió este poder para que lo usaramos, sino para que lo entendieramos". La frase, una de las tantas que le habían repetido hasta el cansancio en su juventud. ¿Entenderlo? ¿Entender el caos? Era como intentar entender un huracán metiéndose en el ojo de la tormenta. ¡Absurdo!. El poder era para usarse. Para sentirlo arder en las venas, para moldear la realidad a voluntad. ¿Acaso no era eso entenderlo verdaderamente? Abrazar su naturaleza depredadora, en lugar de intentar domarla con reglas hipócritas.

    ⠀⠀Un Código de Ética escrito por un puñado de viejos cobardes era su biblia. Y ella era como la serpiente del Edén, prefería ofrecer la manzana del conocimiento prohibido, aunque a cambio de un precio que respnaría en los ecos del alma.

    ⠀⠀Una mariposa roja se materializó y se posó en un barrotes justo frente a su rostro.

    —¿Lo ves? —murmuró, y su voz se perdió en el canto de los feligreces— ellos rezan a un dios que no contesta. Y nosotros... somos los dioses que contestamos. Por eso nos temen más que a su propio dios silente, hmph.

    ⠀⠀Giró sobre sus talones y se alejó de la luz de la iglesia. No había respuestas para ella en ese lugar, solo el eco reconfortante de su propia herejía. Ella era una creyente más fiel que todos ellos. Porque creía en el poder mismo. Y no en las reglas que los hombres, humanos o Aelorianos, inventaban para sentirse menos aterrados de la oscuridad que llevaban dentro.

    ⠀⠀El eco de un "Amén" colectivo la persiguió calle abajo. Ella no necesitaba amén. Tenía el sonido de las mariposas rojas aleteando siempre cerca de ella.
    ⠀⠀La noche se había adueñado de la ciudad, pero las luces de la iglesia de San Miguel brillaban iluminando la calle en penumbra. Kazuha se detuvo frente a la verja. Era una espectadora silenciosa en un culto ajeno. ⠀⠀Desde el interior, llegaba el murmullo de una oración colectiva, un sonido que le erizó la piel. No por devoción, sino por una molesta familiaridad. "𝘗𝘢𝘥𝘳𝘦 𝘕𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘰, 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘴 𝘦𝘯 𝘭𝘰𝘴 𝘤𝘪𝘦𝘭𝘰𝘴..." ⠀⠀Una sonrisa torcida se dibujó en sus labios. ¿En los cielos? Ella provenía de un linaje que se decía ser descendiente de una entidad que habitaba en los sueños. Aeloria, Guardiana de los Sueños. Una leyenda tan antigua y difusa como el propio concepto de Dios para estos humanos. "𝘚𝘢𝘯𝘵𝘪𝘧𝘪𝘤𝘢𝘥𝘰 𝘴𝘦𝘢 𝘵𝘶 𝘯𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦..." ⠀⠀Ellos tenían su libro sagrado, su Biblia, con reglas escritas en piedra y mandamientos entregados en una montaña. Los Aelorianos tenían un Código de Ética. Un reglamento seco, frío, escrito por un Consejo de Ancianos temerosos que decidieron que el miedo era una buena base para la moral. "No usar el poder para ventaja personal. No alterar el equilibrio mágico en el mundo" Tsk, ¿quién decidió qué era el "equilibrio"? ¿Un puñado de viejos asustados que añoraban los días en que eran venerados como dioses menores? "𝘋𝘢𝘯𝘰𝘴 𝘩𝘰𝘺 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘰 𝘱𝘢𝘯 𝘥𝘦 𝘤𝘢𝘥𝘢 𝘥𝘪𝘢..." ⠀⠀Ellos pedían pan. Sus clientes pedían amor, poder, venganza. ¿Era tan distinto? Ambos suplicaban a una fuerza superior para llenar un vacío. La única diferencia era el intermediario. Ellos tenían sacerdotes que prometían una recompensa después de la muerte. Y ella era como una sacerdotisa que cobraba antes de conceder el milagro, y advertía que el cielo podía caerte encima en cualquier momento. «Aeloria no nos dió este poder para que lo usaramos, sino para que lo entendieramos". La frase, una de las tantas que le habían repetido hasta el cansancio en su juventud. ¿Entenderlo? ¿Entender el caos? Era como intentar entender un huracán metiéndose en el ojo de la tormenta. ¡Absurdo!. El poder era para usarse. Para sentirlo arder en las venas, para moldear la realidad a voluntad. ¿Acaso no era eso entenderlo verdaderamente? Abrazar su naturaleza depredadora, en lugar de intentar domarla con reglas hipócritas. ⠀⠀Un Código de Ética escrito por un puñado de viejos cobardes era su biblia. Y ella era como la serpiente del Edén, prefería ofrecer la manzana del conocimiento prohibido, aunque a cambio de un precio que respnaría en los ecos del alma. ⠀⠀Una mariposa roja se materializó y se posó en un barrotes justo frente a su rostro. —¿Lo ves? —murmuró, y su voz se perdió en el canto de los feligreces— ellos rezan a un dios que no contesta. Y nosotros... somos los dioses que contestamos. Por eso nos temen más que a su propio dios silente, hmph. ⠀⠀Giró sobre sus talones y se alejó de la luz de la iglesia. No había respuestas para ella en ese lugar, solo el eco reconfortante de su propia herejía. Ella era una creyente más fiel que todos ellos. Porque creía en el poder mismo. Y no en las reglas que los hombres, humanos o Aelorianos, inventaban para sentirse menos aterrados de la oscuridad que llevaban dentro. ⠀⠀El eco de un "Amén" colectivo la persiguió calle abajo. Ella no necesitaba amén. Tenía el sonido de las mariposas rojas aleteando siempre cerca de ella.
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