• El llamado de la naturaleza, una de esas noches donde la Luna y el instinto primario coinciden fuera del raciocinio.

    ¿Hace cuánto no era tan libre?. Corriendo por los campos, atormentado iglesias pederastas, devorando al séquito con solo un mordisco.

    Su instinto protector es más poderoso que la codicia, intolerante al grupo creyente que se esconde detrás de un lienzo blanco arrodillándose todos los domingos.

    Ella, es feliz limpiando la suciedad.

    El llamado de la naturaleza, una de esas noches donde la Luna y el instinto primario coinciden fuera del raciocinio. ¿Hace cuánto no era tan libre?. Corriendo por los campos, atormentado iglesias pederastas, devorando al séquito con solo un mordisco. Su instinto protector es más poderoso que la codicia, intolerante al grupo creyente que se esconde detrás de un lienzo blanco arrodillándose todos los domingos. Ella, es feliz limpiando la suciedad.
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  • 。 𝗗𝗶𝗳𝗳𝗲𝗿𝗲𝗻𝘁 𝗷𝗼𝗯, 𝘀𝗮𝗺𝗲 𝘀𝗵𝗶𝘁...
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    La lluvia había dejado de caer desde hace horas, pero el bosque seguía sudando humedad como un cadáver recién abierto. El barro se pegaba a las botas con una obstinación casi humana; raíces negras emergían de la tierra como dedos artríticos intentando arrastrar algo de vuelta al subsuelo. El viento olía a madera podrida, estiércol mojado y humo viejo.

    Al final del sendero se erguía la residencia Valdemar.

    Ventanas altas. Mármol húmedo. Hierro oxidado. El tipo de mansión donde las familias ricas escondían secretos detrás de retratos caros y cortinas gruesas.

    Y ahora también escondían a una "bruja".

    La palabra cambiaba según quién la pronunciara. Para algunos era una vieja que maldecía cosechas. Para otros, una curandera demasiado sabia para el gusto de la Iglesia. Para los soldados del barón, bastaba con que una mujer viviera sola y no bajara la cabeza al hablar.

    El cazador escupió entre dientes y observó la propiedad desde el portón principal mientras encendía un cigarro húmedo. Maldijo al notar que el tabaco sabía a moho.

    — Perfecto... —gruñó con la voz rasposa—. Noche de mierda, clientes de mierda y seguro una anciana farsante jugando a invocar demonios porque nadie la abrazó de niña.

    Llevaba el abrigo empapado hasta las rodillas, al igual que el maltratado sobrero que parecía haber tenido mejores tiempos. El cuero olía a pólvora vieja y carne quemada. Bajo la tela colgaban cuchillos, cadenas y herramientas cuyo propósito era mejor no preguntar. Su rostro parecía tallado con odio: ojera profunda, barba descuidada y una cicatriz que le partía la ceja izquierda como un relámpago. Eso sin hablar del parche oscuro que ocultaba la cuenca de su inexistente ojo.

    Abrió el portón de una patada.

    El metal chirrió igual que un animal herido.

    El jardín estaba muerto. No marchito: muerto. Los árboles parecían huesos ennegrecidos arañando el cielo. Había pájaros reventados sobre la hierba fangosa; pequeños cuerpos abiertos por dentro, cubiertos de larvas blancas que se retorcían.

    El cazador los observó por un segundo.

    — Por supuesto. Un mal augurio... Qué original.

    Subió los escalones de piedra mientras el viento golpeaba las ventanas de la residencia. Algo se movió detrás del cristal del segundo piso.

    Demasiado rápido para ser una sombra.

    Demasiado humano para ser un truco de luz.

    El hombre sonrió apenas, aunque no había humor en ello.

    La puerta principal se abrió sola antes de que pudiera tocarla.

    Un hedor espeso emergió desde el interior: más humedad, cera derretida... Y algo peor. Algo ligeramente dulzón. El olor exacto que tiene la carne cuando empieza a pudrirse por dentro.

    El vestíbulo estaba oscuro salvo por una fila de velas vagamente consumidas. Las llamas temblaban violentamente aunque no corría aire.

    Entonces la escuchó.

    Una respiración.

    Lenta.

    Arrastrándose entre las paredes.

    El cazador dejó caer la ceniza del cigarro sobre el suelo de mármol y avanzó hacia la oscuridad con el hastío de un hombre demasiado cansado para temerle al infierno.

    — Escucha, bruja... —dijo mientras desenfundaba lentamente una hoja de plata ennegrecida—. Me pagaron para sacarte de aquí. Honestamente, me importa un carajo si sales caminando, gritando o tu cuerpo siendo arrastrado.
    La lluvia había dejado de caer desde hace horas, pero el bosque seguía sudando humedad como un cadáver recién abierto. El barro se pegaba a las botas con una obstinación casi humana; raíces negras emergían de la tierra como dedos artríticos intentando arrastrar algo de vuelta al subsuelo. El viento olía a madera podrida, estiércol mojado y humo viejo. Al final del sendero se erguía la residencia Valdemar. Ventanas altas. Mármol húmedo. Hierro oxidado. El tipo de mansión donde las familias ricas escondían secretos detrás de retratos caros y cortinas gruesas. Y ahora también escondían a una "bruja". La palabra cambiaba según quién la pronunciara. Para algunos era una vieja que maldecía cosechas. Para otros, una curandera demasiado sabia para el gusto de la Iglesia. Para los soldados del barón, bastaba con que una mujer viviera sola y no bajara la cabeza al hablar. El cazador escupió entre dientes y observó la propiedad desde el portón principal mientras encendía un cigarro húmedo. Maldijo al notar que el tabaco sabía a moho. — Perfecto... —gruñó con la voz rasposa—. Noche de mierda, clientes de mierda y seguro una anciana farsante jugando a invocar demonios porque nadie la abrazó de niña. Llevaba el abrigo empapado hasta las rodillas, al igual que el maltratado sobrero que parecía haber tenido mejores tiempos. El cuero olía a pólvora vieja y carne quemada. Bajo la tela colgaban cuchillos, cadenas y herramientas cuyo propósito era mejor no preguntar. Su rostro parecía tallado con odio: ojera profunda, barba descuidada y una cicatriz que le partía la ceja izquierda como un relámpago. Eso sin hablar del parche oscuro que ocultaba la cuenca de su inexistente ojo. Abrió el portón de una patada. El metal chirrió igual que un animal herido. El jardín estaba muerto. No marchito: muerto. Los árboles parecían huesos ennegrecidos arañando el cielo. Había pájaros reventados sobre la hierba fangosa; pequeños cuerpos abiertos por dentro, cubiertos de larvas blancas que se retorcían. El cazador los observó por un segundo. — Por supuesto. Un mal augurio... Qué original. Subió los escalones de piedra mientras el viento golpeaba las ventanas de la residencia. Algo se movió detrás del cristal del segundo piso. Demasiado rápido para ser una sombra. Demasiado humano para ser un truco de luz. El hombre sonrió apenas, aunque no había humor en ello. La puerta principal se abrió sola antes de que pudiera tocarla. Un hedor espeso emergió desde el interior: más humedad, cera derretida... Y algo peor. Algo ligeramente dulzón. El olor exacto que tiene la carne cuando empieza a pudrirse por dentro. El vestíbulo estaba oscuro salvo por una fila de velas vagamente consumidas. Las llamas temblaban violentamente aunque no corría aire. Entonces la escuchó. Una respiración. Lenta. Arrastrándose entre las paredes. El cazador dejó caer la ceniza del cigarro sobre el suelo de mármol y avanzó hacia la oscuridad con el hastío de un hombre demasiado cansado para temerle al infierno. — Escucha, bruja... —dijo mientras desenfundaba lentamente una hoja de plata ennegrecida—. Me pagaron para sacarte de aquí. Honestamente, me importa un carajo si sales caminando, gritando o tu cuerpo siendo arrastrado.
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  • Habían pasado unos días desde que se manifestase nuevamente en el mundo humano, sin embargo para mala fortuna de este mismo, los cadáveres habían sido retirados de las morgues y puestos bajo vigilancia de la iglesia ante sospecha de corrupción en la gran ciudad, sus seguidores habían hecho lo posible por conseguir alguno sin llamar la atención, pero no hubo caso.
    Ante tal situación, ordeno a sus súbditos otra cosa, había escuchado hablar sobre un nuevo libro que ocultaba la iglesia, un libro que contenía información prohibida, para evitar que los descubrieran y este volviera a perder la conexión con el mundo humano, simplemente les ordeno encontrar la ubicación de donde lo tendrían escondido y el mismo se encargaría de acceder al lugar. La iglesia no tenia poder sobre él, puesto a que no era de esta tierra y tampoco poseía un cadáver, nada le pasaría.
    Así fue como pasado unos días terrestres, dieron con el lugar, por lo que no espero a ir a buscar conocimiento que quizás le ayudaría a al fin escapar de su prisión.
    El día era extraño, puesto a que si bien la luz del sol iluminaba, había una espesa niebla que cubría la ciudad, pero eso no importaba, paseo por las calles vaciás de la ciudad, hasta encontrarse con el lugar que buscaba, la biblioteca de la Iglesia, un guardia estaba en la puerta, el simplemente lo observo y continuo caminando, haciéndose cada vez mas grande para imponer miedo en la pobre alma que solo cumplía su trabajo, puesto a que con el miedo, los humanos sueltan mas fácil la información.
    Este se detuvo ante el guardia. —Sección prohibida.— Su voz retumbo en el aire vació, el guardia temblando, le indico la zona donde estaba dicha sección, a lo que entro.
    No demoro mucho en encontrar la zona de libros prohibidos, así que se acerco buscando el tomo, encontrándolo en un pedestal. Por lo visto había sido leído con anterioridad por alguien, con su psicoquinesis tomo el libro y busco un lugar para sentarse a leer, pasaron unos cuantos minutos en su lectura cuando sintió claramente que alguien le observaba escondido, sin apartar su visión del libro, soltó un suspiro.
    —¿Puedo ayudarte en algo?— Consulto para avisar que quien sea que estuviera escondido, ya fue descubierto.
    Habían pasado unos días desde que se manifestase nuevamente en el mundo humano, sin embargo para mala fortuna de este mismo, los cadáveres habían sido retirados de las morgues y puestos bajo vigilancia de la iglesia ante sospecha de corrupción en la gran ciudad, sus seguidores habían hecho lo posible por conseguir alguno sin llamar la atención, pero no hubo caso. Ante tal situación, ordeno a sus súbditos otra cosa, había escuchado hablar sobre un nuevo libro que ocultaba la iglesia, un libro que contenía información prohibida, para evitar que los descubrieran y este volviera a perder la conexión con el mundo humano, simplemente les ordeno encontrar la ubicación de donde lo tendrían escondido y el mismo se encargaría de acceder al lugar. La iglesia no tenia poder sobre él, puesto a que no era de esta tierra y tampoco poseía un cadáver, nada le pasaría. Así fue como pasado unos días terrestres, dieron con el lugar, por lo que no espero a ir a buscar conocimiento que quizás le ayudaría a al fin escapar de su prisión. El día era extraño, puesto a que si bien la luz del sol iluminaba, había una espesa niebla que cubría la ciudad, pero eso no importaba, paseo por las calles vaciás de la ciudad, hasta encontrarse con el lugar que buscaba, la biblioteca de la Iglesia, un guardia estaba en la puerta, el simplemente lo observo y continuo caminando, haciéndose cada vez mas grande para imponer miedo en la pobre alma que solo cumplía su trabajo, puesto a que con el miedo, los humanos sueltan mas fácil la información. Este se detuvo ante el guardia. —Sección prohibida.— Su voz retumbo en el aire vació, el guardia temblando, le indico la zona donde estaba dicha sección, a lo que entro. No demoro mucho en encontrar la zona de libros prohibidos, así que se acerco buscando el tomo, encontrándolo en un pedestal. Por lo visto había sido leído con anterioridad por alguien, con su psicoquinesis tomo el libro y busco un lugar para sentarse a leer, pasaron unos cuantos minutos en su lectura cuando sintió claramente que alguien le observaba escondido, sin apartar su visión del libro, soltó un suspiro. —¿Puedo ayudarte en algo?— Consulto para avisar que quien sea que estuviera escondido, ya fue descubierto.
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  • ────────────────── 𝕾𝖔𝖗𝖔𝖗 𝕸𝖔𝖗𝖙𝖎𝖘.
    Categoría Terror
    [https://youtu.be/aKseWO-PHpc?si=PYm6d1bnYU5KLRXJ
    TW: Música posiblemete embrujada. Se recomienda discreción.(?)]
    .


    Una capilla apareció entre la niebla poco antes del amanecer.
    Pequeña. Olvidada. Hundida entre árboles muertos y lápidas torcidas por las raíces.

    Odette la observó desde el sendero mientras el viento hacía sonar las campanas oxidadas del campanario.
    No había luz dentro.
    Y aun así… alguien estaba cantando.

    Una voz baja y quebradiza escapaba desde el interior de la iglesia, apenas audible entre el crujido de las ramas. No era un himno. Sonaba más parecido a una canción de cuna.

    Odette empujó las puertas lentamente.
    El olor la recibió primero:
    Incienso viejo, cera derretida, flores marchitas y debajo de todo eso… El dulzor espeso de la descomposición.

    La capilla estaba llena de velas ya gastadas hace tiempo. Algunas permanecían encendidas pese a no haber nadie cuidándolas. Otras iluminaban figuras cubiertas por telas blancas sentadas en los bancos de oración.

    Odette avanzó despacio entre ellas, con cautela. Ninguna se movía.
    Parecían fieles rezando en silencio.

    Hasta que la herborista pasó junto a uno de los bancos y la tela cayó ligeramente hacia un lado.
    Debajo no había rostro, solo huesos mohosos cubiertos de flores secas cosidas con hilo negro entre las costillas.

    Odette permaneció en silencio.
    Sus ojos descendieron apenas hacia el suelo de piedra. Había marcas, surcos. Como si algo pesado hubiese sido arrastrado innumerables veces hacia el altar.

    La canción continuaba.
    Más suave. Más cerca.

    Odette alzó la lámpara.

    Y allí la vio... Frente al altar, sentada de espaldas a ella, había una mujer extremadamente delgada vestida con las características ropas de la Orden de la Misericordia Pálida, podridas por la humedad. Su cabello gris caía en mechones largos mientras mecía algo entre los brazos cantándole... Despacio... Como una madre agotada intentando dormir a un niño enfermo.

    Odette avanzó un paso.

    El canto se detuvo.
    Y la mujer habló sin girarse

    —Llegaste tarde para la misa.—La voz sonaba seca. Rasposa. Como páginas viejas deshaciéndose entre los dedos.

    Odette inclinó apenas la cabeza.—No sabía que aún quedaban Hermanas aquí...

    La mujer soltó una risa baja. Siniestra.

    Entonces se giró lentamente.
    Lo que sostenía entre los brazos no era un niño.
    Era un cadáver pequeño cubierto por flores blancas, cuidadosamente vestido con ropa de funeral. Sus manos diminutas habían sido cosidas alrededor de un ramo de flores secas, marchitas hace mucho tiempo ya.

    Pero lo peor...
    Era que el cadáver aún respiraba.
    Lento. Como un debil silbido.

    Odette no mostró horror. Solo cansancio.

    Sus ojos fueron dirigidos hacia las raíces que emergían bajo las ropas de la mujer, extendiéndose por el suelo de la iglesia como venas oscuras.
    Cada banco. Cada cadáver. Cada vela. Todo estaba conectado a ella.

    La hermana le sonrió. De sus cuencas vacías salían lágrimas espesas, oscuras como sangre añeja, mientras pétalos negros se deshacían entre sus dientes y caían lentamente de su boca.

    —Despierta, pequeña y temerosa Odette…—La voz de la hermana retumbó por toda la iglesia, aunque sus labios jamás se movieron.—Ya viene… Y viene por ti.

    —"Sólo fue un sueño…"— Odette permaneció inmóvil, con los ojos cerrados, aferrándose a la idea de que por fin había escapado de aquella pesadilla.

    Pero algo la inquietó.

    Su mano izquierda seguía crispada entre los pliegues del ropaje de su cama. Y entre los dedos de la derecha sintió el frío tacto de las cuentas de su rosario de plata: el mismo que utilizaba al recitar la última oración para los moribundos, justo antes de que abandonaran este mundo.
    [https://youtu.be/aKseWO-PHpc?si=PYm6d1bnYU5KLRXJ TW: Música posiblemete embrujada. Se recomienda discreción.(?)] . ༒ Una capilla apareció entre la niebla poco antes del amanecer. Pequeña. Olvidada. Hundida entre árboles muertos y lápidas torcidas por las raíces. Odette la observó desde el sendero mientras el viento hacía sonar las campanas oxidadas del campanario. No había luz dentro. Y aun así… alguien estaba cantando. Una voz baja y quebradiza escapaba desde el interior de la iglesia, apenas audible entre el crujido de las ramas. No era un himno. Sonaba más parecido a una canción de cuna. Odette empujó las puertas lentamente. El olor la recibió primero: Incienso viejo, cera derretida, flores marchitas y debajo de todo eso… El dulzor espeso de la descomposición. La capilla estaba llena de velas ya gastadas hace tiempo. Algunas permanecían encendidas pese a no haber nadie cuidándolas. Otras iluminaban figuras cubiertas por telas blancas sentadas en los bancos de oración. Odette avanzó despacio entre ellas, con cautela. Ninguna se movía. Parecían fieles rezando en silencio. Hasta que la herborista pasó junto a uno de los bancos y la tela cayó ligeramente hacia un lado. Debajo no había rostro, solo huesos mohosos cubiertos de flores secas cosidas con hilo negro entre las costillas. Odette permaneció en silencio. Sus ojos descendieron apenas hacia el suelo de piedra. Había marcas, surcos. Como si algo pesado hubiese sido arrastrado innumerables veces hacia el altar. La canción continuaba. Más suave. Más cerca. Odette alzó la lámpara. Y allí la vio... Frente al altar, sentada de espaldas a ella, había una mujer extremadamente delgada vestida con las características ropas de la Orden de la Misericordia Pálida, podridas por la humedad. Su cabello gris caía en mechones largos mientras mecía algo entre los brazos cantándole... Despacio... Como una madre agotada intentando dormir a un niño enfermo. Odette avanzó un paso. El canto se detuvo. Y la mujer habló sin girarse —Llegaste tarde para la misa.—La voz sonaba seca. Rasposa. Como páginas viejas deshaciéndose entre los dedos. Odette inclinó apenas la cabeza.—No sabía que aún quedaban Hermanas aquí... La mujer soltó una risa baja. Siniestra. Entonces se giró lentamente. Lo que sostenía entre los brazos no era un niño. Era un cadáver pequeño cubierto por flores blancas, cuidadosamente vestido con ropa de funeral. Sus manos diminutas habían sido cosidas alrededor de un ramo de flores secas, marchitas hace mucho tiempo ya. Pero lo peor... Era que el cadáver aún respiraba. Lento. Como un debil silbido. Odette no mostró horror. Solo cansancio. Sus ojos fueron dirigidos hacia las raíces que emergían bajo las ropas de la mujer, extendiéndose por el suelo de la iglesia como venas oscuras. Cada banco. Cada cadáver. Cada vela. Todo estaba conectado a ella. La hermana le sonrió. De sus cuencas vacías salían lágrimas espesas, oscuras como sangre añeja, mientras pétalos negros se deshacían entre sus dientes y caían lentamente de su boca. —Despierta, pequeña y temerosa Odette…—La voz de la hermana retumbó por toda la iglesia, aunque sus labios jamás se movieron.—Ya viene… Y viene por ti. —"Sólo fue un sueño…"— Odette permaneció inmóvil, con los ojos cerrados, aferrándose a la idea de que por fin había escapado de aquella pesadilla. Pero algo la inquietó. Su mano izquierda seguía crispada entre los pliegues del ropaje de su cama. Y entre los dedos de la derecha sintió el frío tacto de las cuentas de su rosario de plata: el mismo que utilizaba al recitar la última oración para los moribundos, justo antes de que abandonaran este mundo.
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  • ── Vaya, sí eso es lo que necesita. Vaya, no le detendré. ──

    Isaac aceptó la petición con una calma que rozaba la desidia. Ella quería una iglesia; quería rezar para remendar un espíritu que ya goteaba oscuridad.

    Pero cuando la alerta de "bestia en el templo" llegó a oídos del joven Van Helsing, no hubo sorpresa, solo una confirmación de lo inevitable.

    Al cruzar el umbral, la encontró. No había gruñidos, solo el rítmico chocar de las cuentas de un rosario entre garras. Ella oraba, sumergida en ese trance hipnótico que solo la fe o la locura pueden provocar.

    Isaac, con la paciencia de quien ha visto a dioses sangrar, se sentó a su lado. No desenfundó el acero; simplemente unió sus manos y esperó.

    Al terminar el último susurro, la verdad cayó sobre la mesa con el peso de una lápida, así que Isaac le ofreció las únicas dos salidas que su apellido permitía: la muerte a manos de él, o el milagro de recuperar su piel.

    Las horas se consumieron entre el incienso, las velas que se iban derritiendo con el paso del tiempo y el frío

    Isaac salió de la iglesia cargando el cadáver de una mujer, ocultando sus propias facciones bajo la capucha.

    No hubo pelea; resultaba extrañamente perturbador que un monstruo decidiera reclamar su propia muerte, como si supiera que su nueva apariencia jamás la iba a decir descansar, ignorante a que si había posibilidad de volver a lucir humana, pero ella no tuvo interés en ello.
    ── Vaya, sí eso es lo que necesita. Vaya, no le detendré. ── Isaac aceptó la petición con una calma que rozaba la desidia. Ella quería una iglesia; quería rezar para remendar un espíritu que ya goteaba oscuridad. Pero cuando la alerta de "bestia en el templo" llegó a oídos del joven Van Helsing, no hubo sorpresa, solo una confirmación de lo inevitable. Al cruzar el umbral, la encontró. No había gruñidos, solo el rítmico chocar de las cuentas de un rosario entre garras. Ella oraba, sumergida en ese trance hipnótico que solo la fe o la locura pueden provocar. Isaac, con la paciencia de quien ha visto a dioses sangrar, se sentó a su lado. No desenfundó el acero; simplemente unió sus manos y esperó. Al terminar el último susurro, la verdad cayó sobre la mesa con el peso de una lápida, así que Isaac le ofreció las únicas dos salidas que su apellido permitía: la muerte a manos de él, o el milagro de recuperar su piel. Las horas se consumieron entre el incienso, las velas que se iban derritiendo con el paso del tiempo y el frío Isaac salió de la iglesia cargando el cadáver de una mujer, ocultando sus propias facciones bajo la capucha. No hubo pelea; resultaba extrañamente perturbador que un monstruo decidiera reclamar su propia muerte, como si supiera que su nueva apariencia jamás la iba a decir descansar, ignorante a que si había posibilidad de volver a lucir humana, pero ella no tuvo interés en ello.
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  • A veces las misiones eran fáciles, rápidas. Otras, llevaban más tiempo o presentaban más obstáculos que le hacían tomar un camino diferente al planeado. No obstante, en ciertas ocasiones, los obstáculos eran más internos que externos, pequeñas dudas colándose en su mente que dejaban raíz.

    Había tenido una de esas. Y es que tuvo que purificar el centro de una maldición. Tan solo era un niño, pero le ordenaron poner un fin completo. Si el niño vivía, la maldición volvería sin cesar. Se deshizo del pequeño con tanta rapidez y limpieza posible, pero antes de ello se preguntó si en verdad era necesario. Aunque quiso proponer más la iglesia ya había dado sentencia.

    Todavía sentía el olor a humo y quemado en sus ropas. Pequeñas manchas de cenizas en sus manos, mezcladas con algunas salpicaduras de sangre ya seca.

    Y ahí, en la pequeña capilla que parecía más abandonada que habitada, con apenas algunas velas iluminando el área, se arrodilló y juntó sus manos, entrelazando los dedos. Agachó su cabeza, mas no rezó, no de la forma que se esperaba.

    Aún sin vista escuchaba los gritos del niño, de cómo le imploró que se detuviera. Dolía. No en su pecho, como antes ocurría, ahora dolía en las yemas de sus dedos, en la cabeza, en sus ojos, incluso sus pies. Era un dolor que adormecía el tacto.

    Quería centrarse, volver al presente. Tener la certeza que lo hizo por bien mayor, porque la iglesia siempre buscaba eso, porque siempre sabía cómo...

    —¿De verdad? —soltó en un susurro apagado— ¿De verdad fue esta la solución?

    Había pedido perdón incontables, pero ya no era suficiente. Todavía pesaba, todavía se sentía incorrecto. Un pecado.

    —Perdóname...
    A veces las misiones eran fáciles, rápidas. Otras, llevaban más tiempo o presentaban más obstáculos que le hacían tomar un camino diferente al planeado. No obstante, en ciertas ocasiones, los obstáculos eran más internos que externos, pequeñas dudas colándose en su mente que dejaban raíz. Había tenido una de esas. Y es que tuvo que purificar el centro de una maldición. Tan solo era un niño, pero le ordenaron poner un fin completo. Si el niño vivía, la maldición volvería sin cesar. Se deshizo del pequeño con tanta rapidez y limpieza posible, pero antes de ello se preguntó si en verdad era necesario. Aunque quiso proponer más la iglesia ya había dado sentencia. Todavía sentía el olor a humo y quemado en sus ropas. Pequeñas manchas de cenizas en sus manos, mezcladas con algunas salpicaduras de sangre ya seca. Y ahí, en la pequeña capilla que parecía más abandonada que habitada, con apenas algunas velas iluminando el área, se arrodilló y juntó sus manos, entrelazando los dedos. Agachó su cabeza, mas no rezó, no de la forma que se esperaba. Aún sin vista escuchaba los gritos del niño, de cómo le imploró que se detuviera. Dolía. No en su pecho, como antes ocurría, ahora dolía en las yemas de sus dedos, en la cabeza, en sus ojos, incluso sus pies. Era un dolor que adormecía el tacto. Quería centrarse, volver al presente. Tener la certeza que lo hizo por bien mayor, porque la iglesia siempre buscaba eso, porque siempre sabía cómo... —¿De verdad? —soltó en un susurro apagado— ¿De verdad fue esta la solución? Había pedido perdón incontables, pero ya no era suficiente. Todavía pesaba, todavía se sentía incorrecto. Un pecado. —Perdóname...
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  • Boda de León y Alastor
    Fandom Resident evil y hazbin hotel
    Categoría Romance
    -La iglesia estaba en silencio, demasiado silencio.
    El eco lejano de los pasos que ya se habían ido aún parecía vibrar entre las paredes altas, mientras las velas titilaban suavemente, como si también estuvieran nerviosas. León permanecía de pie frente al altar, con las manos ligeramente temblorosas, entrelazadas con fuerza para ocultarlo.
    Su respiración no era constante.
    Miraba hacia la puerta luego al suelo luego otra vez a la puerta.-

    Estoy nervioso ..

    —murmuró para sí mismo, casi sin voz
    Pero el tiempo seguía pasando.
    Cada segundo pesaba.
    Cada sonido lo hacía tensarse.
    León tragó saliva, sintiendo el corazón golpearle el pecho con fuerza, como si quisiera escapar. Nunca lo había sentido así esa mezcla de ansiedad, miedo y algo más difícil de nombrar.
    Sus dedos se aferraron al borde del altar.-


    Alastor…

    —susurró-
    -La iglesia estaba en silencio, demasiado silencio. El eco lejano de los pasos que ya se habían ido aún parecía vibrar entre las paredes altas, mientras las velas titilaban suavemente, como si también estuvieran nerviosas. León permanecía de pie frente al altar, con las manos ligeramente temblorosas, entrelazadas con fuerza para ocultarlo. Su respiración no era constante. Miraba hacia la puerta luego al suelo luego otra vez a la puerta.- Estoy nervioso .. —murmuró para sí mismo, casi sin voz Pero el tiempo seguía pasando. Cada segundo pesaba. Cada sonido lo hacía tensarse. León tragó saliva, sintiendo el corazón golpearle el pecho con fuerza, como si quisiera escapar. Nunca lo había sentido así esa mezcla de ansiedad, miedo y algo más difícil de nombrar. Sus dedos se aferraron al borde del altar.- Alastor… —susurró-
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    Grupal
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  • Una plegaria a la condena
    Fandom Ninguno
    Categoría Original
    Había pasado un tiempo desde la ultima vez que lo vi, pero recordaba claramente sus palabras, aun que seguía sin entender de ¿Por que entre todos los lugares que nos pudimos reunir tenia que ser este? No seria sorpresa para nadie que me conociera que las iglesias eran de mis lugares menos favoritos, era algo cliché mi repudio por ellas, pero no lo podía evitar. No después de tantas cosas que había tenido que vivir en ellas y ninguna siendo agradable.

    Me quedo unos minutos párelas enfrente mirando la fachada extrabajante y antigua del edificio que tenia grandes ventanales coloridos, las sombras del lugar se hicieron más grandes e incluso tétricas con el paso de la noche, este me pareció el momento más oportuno para nuestro encuentro y en donde menos riesgo tendría de terminar lastimada.

    Me toma unos momentos hacerme de valor para entrar a la iglesia, no por la puerta si no que por una de las ventanas por que a esta hora era claro que me negarían el paso, tengo cuidado de hacer el menor ruido posible al forzar una de las ventanas y así poder entrar.

    En el interior no había algo que iluminara, solo estaba la luz de la luna que se proyectaba débilmente en el suelo del lugar, a los lados estaban largas filas de asientos de madera, viejos y desgastados, pero al fondo había una gran mesa de piedra. Zagreo the Dark Demon Greek Mitology
    Había pasado un tiempo desde la ultima vez que lo vi, pero recordaba claramente sus palabras, aun que seguía sin entender de ¿Por que entre todos los lugares que nos pudimos reunir tenia que ser este? No seria sorpresa para nadie que me conociera que las iglesias eran de mis lugares menos favoritos, era algo cliché mi repudio por ellas, pero no lo podía evitar. No después de tantas cosas que había tenido que vivir en ellas y ninguna siendo agradable. Me quedo unos minutos párelas enfrente mirando la fachada extrabajante y antigua del edificio que tenia grandes ventanales coloridos, las sombras del lugar se hicieron más grandes e incluso tétricas con el paso de la noche, este me pareció el momento más oportuno para nuestro encuentro y en donde menos riesgo tendría de terminar lastimada. Me toma unos momentos hacerme de valor para entrar a la iglesia, no por la puerta si no que por una de las ventanas por que a esta hora era claro que me negarían el paso, tengo cuidado de hacer el menor ruido posible al forzar una de las ventanas y así poder entrar. En el interior no había algo que iluminara, solo estaba la luz de la luna que se proyectaba débilmente en el suelo del lugar, a los lados estaban largas filas de asientos de madera, viejos y desgastados, pero al fondo había una gran mesa de piedra. [Dark_Demon]
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  • 𝑉𝑒𝑛𝑡𝑖𝑠𝑐𝑎, 𝑒𝑙 𝑠𝑢𝑠𝑢𝑟𝑟𝑎𝑑𝑜𝑟
    Fandom Original
    Categoría Original
    ⸻⸻ krai de Jabárovsk, 11:40 pm
    ⸻⸻⸻ Jueves, 19 de septiembre

    Prólogo.

    𝑉𝑒𝑛𝑡𝑖𝑠𝑐𝑎, el recipiente maldito que fue liberado tras años de prisión. Una entidad que se alimenta de las pesadillas en el norte del continente Ruso y que, por obvias razones, no se ha podido eliminar.

    La misión aunque no era sencilla, dictaba la necesidad de la Iglesia y la fuerza de la armada para eliminar este mal a como diera lugar, sus soldados afectados por el insomnio comenzaban a perecer alucinaciones que atentaban contra sus propias vidas poniendo en riesgo futuras misiones.

    < Un arma siempre será lo que es, sin importar sus características están hechas para matar. >

    ⸻⸻⸻⸻

    De vez en cuando hubiera preferido la paz, pero aquello era un sueño nada más. Las ordenes (y por programación) eran absolutas, limitantes. Claude tenía una pésima costumbre de actuar solo, sin demandas ni manos que pudieran estropear su trabajo.

    Pero recientemente hicieron un llamado para él y un desconocido de la Iglesia. ¿Tan grave era el asunto para mezclar dos lados opuestos?. Pensó, más no se quejo, viajando desde Praga a Moscú donde el primer contacto se haría presente.

    Su aspecto irreversible, esa mirada de seriedad y la cicatriz expresaban casi a gritos que no lo molestaran. Su distancia se resume a pequeñas conversaciones necesarias y que solo por cortesía llegaba a expresar, nada más ni menos.

    El miércoles 18 de septiembre a las 3:45 pm llego al aeropuerto, un automóvil escoltado por la guardia nacional lo escoltó a la sede central donde la reunión se llevaría a cabo. Respetaban sus horarios y una suma generosa en un portafolio se le ofreció por adelantado.

    No más quejas de su parte.

    Cruzaron el puente y llegaron a una iglesia estilo barroco que tenia las puertas abiertas. Con el mismo silencio bajo y se adentro a las instalaciones donde ya lo estaban esperando.

    Cruzo el umbral y por su nombre fue llamado.

    "Claude, gracias por asistir a la reunión." Declaró el arzobispo Anton Smirnov con una túnica negra y lentes de botella que hacían ver graciosos sus ojos.

    Claude solo asintió. ⸻ Si. ¿Podemos ir directo al grano?.⸻ Pero antes de comenzar tenían que presentarle al hombre con quien iría a trabajar.

    Rol privado.
    ⸻⸻ krai de Jabárovsk, 11:40 pm ⸻⸻⸻ Jueves, 19 de septiembre Prólogo. 𝑉𝑒𝑛𝑡𝑖𝑠𝑐𝑎, el recipiente maldito que fue liberado tras años de prisión. Una entidad que se alimenta de las pesadillas en el norte del continente Ruso y que, por obvias razones, no se ha podido eliminar. La misión aunque no era sencilla, dictaba la necesidad de la Iglesia y la fuerza de la armada para eliminar este mal a como diera lugar, sus soldados afectados por el insomnio comenzaban a perecer alucinaciones que atentaban contra sus propias vidas poniendo en riesgo futuras misiones. < Un arma siempre será lo que es, sin importar sus características están hechas para matar. > ⸻⸻⸻⸻ De vez en cuando hubiera preferido la paz, pero aquello era un sueño nada más. Las ordenes (y por programación) eran absolutas, limitantes. Claude tenía una pésima costumbre de actuar solo, sin demandas ni manos que pudieran estropear su trabajo. Pero recientemente hicieron un llamado para él y un desconocido de la Iglesia. ¿Tan grave era el asunto para mezclar dos lados opuestos?. Pensó, más no se quejo, viajando desde Praga a Moscú donde el primer contacto se haría presente. Su aspecto irreversible, esa mirada de seriedad y la cicatriz expresaban casi a gritos que no lo molestaran. Su distancia se resume a pequeñas conversaciones necesarias y que solo por cortesía llegaba a expresar, nada más ni menos. El miércoles 18 de septiembre a las 3:45 pm llego al aeropuerto, un automóvil escoltado por la guardia nacional lo escoltó a la sede central donde la reunión se llevaría a cabo. Respetaban sus horarios y una suma generosa en un portafolio se le ofreció por adelantado. No más quejas de su parte. Cruzaron el puente y llegaron a una iglesia estilo barroco que tenia las puertas abiertas. Con el mismo silencio bajo y se adentro a las instalaciones donde ya lo estaban esperando. Cruzo el umbral y por su nombre fue llamado. "Claude, gracias por asistir a la reunión." Declaró el arzobispo Anton Smirnov con una túnica negra y lentes de botella que hacían ver graciosos sus ojos. Claude solo asintió. ⸻ Si. ¿Podemos ir directo al grano?.⸻ Pero antes de comenzar tenían que presentarle al hombre con quien iría a trabajar. Rol privado.
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  • Entierro familiar
    Fandom Persona 3
    Categoría Drama
    Había pasado una mala noche, no solo por el hecho de que padre fue asesinado frente a mis ojos, si no por no poder tomar el cadáver.

    Solo escuché la alarma del móvil de Aki y lo dejé de ir a las clases, tenía que hacer tantas cosas y a la vez no tenía ganas ni fuerzas.

    Pero lo tenía que hacer, vi varias mensajes de Nicoletta que ya había organizado todo lo del funeral. Así que una cosa menos, pero tenía que reunir fuerzas para ir a la iglesia.

    - Artemisia.... Te necesito más que nunca -

    Susurro mientras me voy a vestir a vestirme,además me tenía que arreglar la cara. [Au 17 ]

    Nicoletta Kirijo
    Había pasado una mala noche, no solo por el hecho de que padre fue asesinado frente a mis ojos, si no por no poder tomar el cadáver. Solo escuché la alarma del móvil de Aki y lo dejé de ir a las clases, tenía que hacer tantas cosas y a la vez no tenía ganas ni fuerzas. Pero lo tenía que hacer, vi varias mensajes de Nicoletta que ya había organizado todo lo del funeral. Así que una cosa menos, pero tenía que reunir fuerzas para ir a la iglesia. - Artemisia.... Te necesito más que nunca - Susurro mientras me voy a vestir a vestirme,además me tenía que arreglar la cara. [Au 17 ] [ThxR0ux]
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