• #PRIDEMONTH
    Aprovechando que ha comenzado el mes del orgullo, me arriesgaré a exponer mi opinión personal, que tal vez sea una unpopular opinion, y seguramente, bastante controversial.

    Bajo mi punto de vista, la orientación sexual que cada uno tenga no debería ser motivo de celebración ni visibilización, ya que considero que no ser heterosexual no te hace extraordinario y, afortunadamente, en la variedad está la riqueza que adquiere el ser humano al socializar con el entorno.

    Tener una orientación sexual diferente a la estándar admitida por la Iglesia Católica, a estas alturas, debería estar completamente normalizado en el mundo de diversidad en el que vivimos, sin pregonarlo públicamente a los cuatro vientos porque forma parte de la intimidad de cada individuo.

    Por eso, yo no me siento orgullosa de ser bisexual; me siento orgullosa de la mujer que soy por completo y de todos los obstáculos que he superado y me han forjado en el camino para ser quien soy hoy.

    Y para finalizar, me gustaría recordarle a mi mujer 손민지 🇸​🇴​🇳​ 🇲​🇮​🇳​🇯​🇮​ , que es el amor de mi vida y que conocerla ha sido lo mejor que me ha podido pasar en mi vida.

    ¡Feliz mes del orgullo a todos!
    #PRIDEMONTH🏳️‍🌈 Aprovechando que ha comenzado el mes del orgullo, me arriesgaré a exponer mi opinión personal, que tal vez sea una unpopular opinion, y seguramente, bastante controversial. Bajo mi punto de vista, la orientación sexual que cada uno tenga no debería ser motivo de celebración ni visibilización, ya que considero que no ser heterosexual no te hace extraordinario y, afortunadamente, en la variedad está la riqueza que adquiere el ser humano al socializar con el entorno. Tener una orientación sexual diferente a la estándar admitida por la Iglesia Católica, a estas alturas, debería estar completamente normalizado en el mundo de diversidad en el que vivimos, sin pregonarlo públicamente a los cuatro vientos porque forma parte de la intimidad de cada individuo. Por eso, yo no me siento orgullosa de ser bisexual; me siento orgullosa de la mujer que soy por completo y de todos los obstáculos que he superado y me han forjado en el camino para ser quien soy hoy. Y para finalizar, me gustaría recordarle a mi mujer [sonminji24] , que es el amor de mi vida y que conocerla ha sido lo mejor que me ha podido pasar en mi vida. ¡Feliz mes del orgullo a todos!
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  • ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ El sonido predominante en la solitaria habitación es la radio, el transmisor emite un suave Chello de Bach que es el único acompañante a la pluma golpeando contra el papel.

    La mujer está demasiado concentrada transcribiendo sus observaciones a los expedientes en los que lleva trabajando varios días, el caso Leroy se le fue entregado por el padre Clement para que pudiera hacer las entrevistas pertinentes y tomar fotografías, y ella estaba poniendo toda su energía en esos documentos detallando cada mirada evitativa y lágrima derramada.

    Su pluma se detuvo al culminar la descripción del afectado vomitando sangre luego de una intensa sesión de rezos, suspirando con la tinta negra delineando con más fuerza ese pequeño punto que termina el párrafo de tan demacrada historia.

    Dormir se ha vuelto opcional y su rostro se ha visto víctima de los estragos de sus malas prácticas de descanso ; abismos oscuros debajo de los ya castigados ojos ambar, la piel seca y los labios agrietados. Estaba dando todo de sí, mientras el padre Clement se negaba a intervenir entre sonrisas amables, caricias demasiado largas para ser formales, insistiendo en que acabara las investigaciones pertinentes antes de escalar la situación.

    "Bien podría solo ser una pobre oveja víctima de las adicciones y otras aficciones, no podemos utilizar todos nuestros recursos en una sola persona..como bien dice nuestro señor, ayúdate que yo te ayudaré" esas fueron las palabras del anciano cuando acarició con el pulgar su dorso desnudo cuando intentó entregarle la decena de evidencias que hubo acumulado, ese desagradable recuerdo retumbo en su cabeza sentiendo su cicatriz punzar de la frustracion.

    Quiso arrancarse la mano ahí mismo, pero en su lugar la llevó a agua caliente hasta que la piel se vio tan irritada que se volvió marca de quemadura menor.

    Ya estaba divagando de nuevo, pensando en cosas que no le corresponden. Debe concentrarse, esta vez tiene que ser suficiente, tenía que ser suficiente.

    Parpadeó y se sorprendió al ver las manecillas tan cambiadas, apenas logrando abrir los ojos al ser demasiado el peso cargado en sus párpados.

    Suspiro y cerro el cuaderno con un golpe seco, no porque quisiera, sino por necesidad. Teniendo que levantarse para que su cuerpo dejara de doler al haber estado sentada durante tantas horas.

    Apoyó su posterior al escritorio y con las manos apoyadas se estiró buscando corregir su postura y que su espalda pudiera alinearse librándola del intenso dolor que le venía desde su coxis.

    ¿Tiene veintinueve años o ciento nueve? Sus iguales incluso se lo han preguntado entre susurros al verla caminar por los pasillos de la iglesia. Para ella era normal, ser indeseable no importa el templo que pise, es algo habitual en ese punto de su vida.

    Un golpe en la puerta la distrae y ella alza la mirada, observando el umbral hecho de madera vieja, un material que le recuerda a ella misma.

    ── Pase, no es mi oficina así que no tiene que pedir permiso..pero aprecio la educación ── Y era verdad. Agnieszka es un peón sin hogar, pasando como fantasma por las iglesias asistiendo investigaciones o supliendo elementos caídos, pero ya llevaba un tiempo en esa misma casa del señor, a esas alturas sintiendo brotes de raíces salir de sus pies.

    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❛ https://www.youtube.com/watch?v=DwHpDOWhkGk
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ El sonido predominante en la solitaria habitación es la radio, el transmisor emite un suave Chello de Bach que es el único acompañante a la pluma golpeando contra el papel. La mujer está demasiado concentrada transcribiendo sus observaciones a los expedientes en los que lleva trabajando varios días, el caso Leroy se le fue entregado por el padre Clement para que pudiera hacer las entrevistas pertinentes y tomar fotografías, y ella estaba poniendo toda su energía en esos documentos detallando cada mirada evitativa y lágrima derramada. Su pluma se detuvo al culminar la descripción del afectado vomitando sangre luego de una intensa sesión de rezos, suspirando con la tinta negra delineando con más fuerza ese pequeño punto que termina el párrafo de tan demacrada historia. Dormir se ha vuelto opcional y su rostro se ha visto víctima de los estragos de sus malas prácticas de descanso ; abismos oscuros debajo de los ya castigados ojos ambar, la piel seca y los labios agrietados. Estaba dando todo de sí, mientras el padre Clement se negaba a intervenir entre sonrisas amables, caricias demasiado largas para ser formales, insistiendo en que acabara las investigaciones pertinentes antes de escalar la situación. "Bien podría solo ser una pobre oveja víctima de las adicciones y otras aficciones, no podemos utilizar todos nuestros recursos en una sola persona..como bien dice nuestro señor, ayúdate que yo te ayudaré" esas fueron las palabras del anciano cuando acarició con el pulgar su dorso desnudo cuando intentó entregarle la decena de evidencias que hubo acumulado, ese desagradable recuerdo retumbo en su cabeza sentiendo su cicatriz punzar de la frustracion. Quiso arrancarse la mano ahí mismo, pero en su lugar la llevó a agua caliente hasta que la piel se vio tan irritada que se volvió marca de quemadura menor. Ya estaba divagando de nuevo, pensando en cosas que no le corresponden. Debe concentrarse, esta vez tiene que ser suficiente, tenía que ser suficiente. Parpadeó y se sorprendió al ver las manecillas tan cambiadas, apenas logrando abrir los ojos al ser demasiado el peso cargado en sus párpados. Suspiro y cerro el cuaderno con un golpe seco, no porque quisiera, sino por necesidad. Teniendo que levantarse para que su cuerpo dejara de doler al haber estado sentada durante tantas horas. Apoyó su posterior al escritorio y con las manos apoyadas se estiró buscando corregir su postura y que su espalda pudiera alinearse librándola del intenso dolor que le venía desde su coxis. ¿Tiene veintinueve años o ciento nueve? Sus iguales incluso se lo han preguntado entre susurros al verla caminar por los pasillos de la iglesia. Para ella era normal, ser indeseable no importa el templo que pise, es algo habitual en ese punto de su vida. Un golpe en la puerta la distrae y ella alza la mirada, observando el umbral hecho de madera vieja, un material que le recuerda a ella misma. ── Pase, no es mi oficina así que no tiene que pedir permiso..pero aprecio la educación ── Y era verdad. Agnieszka es un peón sin hogar, pasando como fantasma por las iglesias asistiendo investigaciones o supliendo elementos caídos, pero ya llevaba un tiempo en esa misma casa del señor, a esas alturas sintiendo brotes de raíces salir de sus pies. ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❛ https://www.youtube.com/watch?v=DwHpDOWhkGk
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  • El joven cura de gorra de caza roja y largo abrigo oscuro permanecía sentado en una de las sillas de plástico blanco de aquella nueva iglesia. Desde afuera, el edificio parecía más un supermercado recién inaugurado que un templo: paredes lisas, carteles luminosos y una fachada tan moderna que apenas conservaba algo de aspecto religioso.

    Mientras el pastor hablaba desde el escenario, caminando de un lado a otro con micrófono en mano, el cura lo observaba fijamente. Sus ojos ardían con una intensidad difícil de ignorar. No asentía, no sonreía, no participaba de los aplausos; simplemente escuchaba, inmóvil, como una llama contenida.

    Entonces llegó el momento de los testimonios.

    <¿Hay alguien que quiera compartir su experiencia con el Señor>

    Preguntó el pastor con entusiasmo.

    Una mano se alzó entre la multitud. Era la del cura.

    Varias personas lo observaron mientras avanzaba por el pasillo central. Sus botas resonaban contra el suelo brillante hasta llegar al presbiterio. Tomó el micrófono. Durante unos segundos reinó el silencio.

    Habló con voz firme y clara:

    ●Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anuncie otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.

    El silencio duró apenas un instante. Los insultos estallaron desde todos los rincones. Alguien le gritó que se marchara. Otro le arrojó una botella de plástico. Luego vino una de vidrio que se hizo añicos contra una pared cercana. Los abucheos crecieron mientras el joven sacerdote descendía tranquilamente del escenario. No respondió a nadie. Simplemente siguió caminando.

    Botellas y objetos golpeaban el suelo a su alrededor mientras atravesaba el pasillo central con las manos en los bolsillos del abrigo. Finalmente alcanzó la puerta principal.

    Al abrirla, una intensa luz del exterior inundó el recinto. Por un instante su figura quedó reducida a una simple silueta oscura rodeada de resplandor, como si la claridad misma se negara a dejar ver su rostro. Y así se fue con una pequeña sonrisa de satisfacción dibujándose bajo la visera de su gorra roja, convencido de que había cumplido exactamente aquello para lo que había entrado.
    El joven cura de gorra de caza roja y largo abrigo oscuro permanecía sentado en una de las sillas de plástico blanco de aquella nueva iglesia. Desde afuera, el edificio parecía más un supermercado recién inaugurado que un templo: paredes lisas, carteles luminosos y una fachada tan moderna que apenas conservaba algo de aspecto religioso. Mientras el pastor hablaba desde el escenario, caminando de un lado a otro con micrófono en mano, el cura lo observaba fijamente. Sus ojos ardían con una intensidad difícil de ignorar. No asentía, no sonreía, no participaba de los aplausos; simplemente escuchaba, inmóvil, como una llama contenida. Entonces llegó el momento de los testimonios. <¿Hay alguien que quiera compartir su experiencia con el Señor> Preguntó el pastor con entusiasmo. Una mano se alzó entre la multitud. Era la del cura. Varias personas lo observaron mientras avanzaba por el pasillo central. Sus botas resonaban contra el suelo brillante hasta llegar al presbiterio. Tomó el micrófono. Durante unos segundos reinó el silencio. Habló con voz firme y clara: ●Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anuncie otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. El silencio duró apenas un instante. Los insultos estallaron desde todos los rincones. Alguien le gritó que se marchara. Otro le arrojó una botella de plástico. Luego vino una de vidrio que se hizo añicos contra una pared cercana. Los abucheos crecieron mientras el joven sacerdote descendía tranquilamente del escenario. No respondió a nadie. Simplemente siguió caminando. Botellas y objetos golpeaban el suelo a su alrededor mientras atravesaba el pasillo central con las manos en los bolsillos del abrigo. Finalmente alcanzó la puerta principal. Al abrirla, una intensa luz del exterior inundó el recinto. Por un instante su figura quedó reducida a una simple silueta oscura rodeada de resplandor, como si la claridad misma se negara a dejar ver su rostro. Y así se fue con una pequeña sonrisa de satisfacción dibujándose bajo la visera de su gorra roja, convencido de que había cumplido exactamente aquello para lo que había entrado.
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  • ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❝𝑫𝒆𝒔 𝒑𝒓𝒊𝒆̀𝒓𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒊 𝒓𝒆𝒄̧𝒐𝒊𝒗𝒆𝒏𝒕 𝒖𝒏𝒆 𝒓𝒆́𝒑𝒐𝒏𝒔𝒆❞
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ #𝑚𝑜𝑛𝑜𝑟𝑜𝑙

    La iglesia llevaba cerrada casi una hora, y las últimas velas consumían lentamente sus llamas frente al altar mientras el resto del edificio permanecía sumido en silencio. Evander permanecido en silencio durante el rito sagrado en la sacristía, pero no estaba solo; pues una mujer ocupaba uno de los primeros bancos.

    No rezaba. Tampoco parecía especialmente interesada en hacerlo. Simplemente permanecía allí, observando la cruz suspendida sobre el altar como si esperara que esta tuviera algo que decirle. Y entonces, Chevalier abrió los ojos, girando el rostro al costado derecho para poder observar a sus espaldas a quien permanece en silencio.

    —La mayoría de las personas que vienen a estas horas buscan estar a solas —rompió el silencio, algo que hizo a la mujer apartar la vista de la cruz.

    — Quizás —respondió.

    — Y sin embargo sigue aquí —el rosario entre sus manos se menea con ligereza ante el poco movimiento, con la cruz apuntando al sacrosanto crucificado frente suyo. Ella soltó una pequeña sonrisa.

    — ¿Eso le molesta?

    —No —el padre Chevalier observó las velas durante unos segundos antes de devolver la mirada vuelta a ella—. Solo me vuelve curioso.

    El silencio se prolongó entre ambos, siendo el sonido del fuego crepitar entre algunas velas y los inciensos. El silencio se prolongó entre ambos hasta que fue Evander quien continuó.

    — ¿Por qué reza? —devolvió su rostro hacia delante una vez más, esperando una respuesta o el silencio de parte de la mujer, quien pareció sorprenderse.

    — Porque necesito creer que alguien escucha.

    El sacerdote se limita a asentir lentamente.

    — Ya veo.

    — ¿Y usted? ¿Por qué reza?

    Por primera vez alzó la mirada hacia el altar de ello. La mirada permanece fija en los clavos tallados del Nazareno, en la sangre y la imagen de mártir que lo precede. Saboreaba una respuesta en la punta de la lengua, entreabriendo los labios al punto de no emitir algo todavía.

    — Curiosidad.

    La respuesta hizo que ella frunciera el ceño, evaluando una respuesta tan inesperada, y quizás una que rozaba con salirse de los morales dogmáticos.

    — Esa es una razón extraña para un sacerdote.

    Una leve sonrisa aparece entonces en el rostro del inquisidor.

    — Las personas rezan esperando encontrar respuestas. Yo rezo porque las preguntas siguen mejorando. Es la única razón por la que vale la pena formular una pregunta si uno está preparado para aceptar cualquier respuesta. Sea incómoda o no.



    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ † ─────────────────── †
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎https://youtu.be/9BONcpuDcrc
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ † ─────────⟡ ✟ ⟡───────── †
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❝𝑫𝒆𝒔 𝒑𝒓𝒊𝒆̀𝒓𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒊 𝒓𝒆𝒄̧𝒐𝒊𝒗𝒆𝒏𝒕 𝒖𝒏𝒆 𝒓𝒆́𝒑𝒐𝒏𝒔𝒆❞ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ #𝑚𝑜𝑛𝑜𝑟𝑜𝑙 La iglesia llevaba cerrada casi una hora, y las últimas velas consumían lentamente sus llamas frente al altar mientras el resto del edificio permanecía sumido en silencio. Evander permanecido en silencio durante el rito sagrado en la sacristía, pero no estaba solo; pues una mujer ocupaba uno de los primeros bancos. No rezaba. Tampoco parecía especialmente interesada en hacerlo. Simplemente permanecía allí, observando la cruz suspendida sobre el altar como si esperara que esta tuviera algo que decirle. Y entonces, Chevalier abrió los ojos, girando el rostro al costado derecho para poder observar a sus espaldas a quien permanece en silencio. —La mayoría de las personas que vienen a estas horas buscan estar a solas —rompió el silencio, algo que hizo a la mujer apartar la vista de la cruz. — Quizás —respondió. — Y sin embargo sigue aquí —el rosario entre sus manos se menea con ligereza ante el poco movimiento, con la cruz apuntando al sacrosanto crucificado frente suyo. Ella soltó una pequeña sonrisa. — ¿Eso le molesta? —No —el padre Chevalier observó las velas durante unos segundos antes de devolver la mirada vuelta a ella—. Solo me vuelve curioso. El silencio se prolongó entre ambos, siendo el sonido del fuego crepitar entre algunas velas y los inciensos. El silencio se prolongó entre ambos hasta que fue Evander quien continuó. — ¿Por qué reza? —devolvió su rostro hacia delante una vez más, esperando una respuesta o el silencio de parte de la mujer, quien pareció sorprenderse. — Porque necesito creer que alguien escucha. El sacerdote se limita a asentir lentamente. — Ya veo. — ¿Y usted? ¿Por qué reza? Por primera vez alzó la mirada hacia el altar de ello. La mirada permanece fija en los clavos tallados del Nazareno, en la sangre y la imagen de mártir que lo precede. Saboreaba una respuesta en la punta de la lengua, entreabriendo los labios al punto de no emitir algo todavía. — Curiosidad. La respuesta hizo que ella frunciera el ceño, evaluando una respuesta tan inesperada, y quizás una que rozaba con salirse de los morales dogmáticos. — Esa es una razón extraña para un sacerdote. Una leve sonrisa aparece entonces en el rostro del inquisidor. — Las personas rezan esperando encontrar respuestas. Yo rezo porque las preguntas siguen mejorando. Es la única razón por la que vale la pena formular una pregunta si uno está preparado para aceptar cualquier respuesta. Sea incómoda o no. ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ † ─────────────────── † ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎https://youtu.be/9BONcpuDcrc ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ † ─────────⟡ ✟ ⟡───────── †
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  • La plaza del pueblo estaba sumida en el caos.

    Fragmentos de piedra rodaban por el suelo entre una nube de polvo gris. La enorme estatua que representaba a Dios, venerada durante generaciones, yacía destruida a los pies de la iglesia. El sonido del último golpe aún resonaba en el aire cuando el joven cura dejó caer el pesado martillo y observó los restos con expresión severa.

    A su alrededor, los habitantes del pueblo gritaban indignados. Algunos lloraban. Otros apretaban los puños, exigiendo explicaciones. Para ellos, aquella figura era sagrada; el corazón mismo de su fe.

    -¡Blasfemo!

    Gritó un anciano.

    -¡Has destruido la imagen del Señor!

    -¡Deberían expulsarte!

    El sacerdote levantó la mirada hacia la multitud. Su sotana estaba cubierta de polvo y pequeñas heridas marcaban sus manos por el esfuerzo. Sin embargo, no había duda ni miedo en sus ojos. Cuando los gritos comenzaron a apagarse, habló con voz firme:

    ●¿La imagen del Señor?

    Se inclinó y tomó uno de los fragmentos de piedra caídos.

    ●Esto es piedra.

    Lo dejó caer nuevamente.

    ●Nada más.

    El silencio empezó a extenderse entre la multitud.

    ●Habéis olvidado las mismas enseñanzas que decís defender.

    Entonces recitó con fuerza, como si estuviera pronunciando una sentencia:

    ●«Maldito el hombre que haga ídolo o imagen de fundición, abominación al Señor, obra de las manos del artífice, y la erige en secreto».

    Muchos bajaron la vista.

    El cura señaló los restos de la estatua.

    ●¿Quién la hizo? Un hombre.

    Señaló los fragmentos dispersos.

    ●¿Quién la rompió? Otro hombre.

    Después llevó una mano a su pecho.

    ●¿Y acaso Dios cambió por ello?

    Nadie respondió.

    ●Dios no necesita estatuas. No necesita pinturas. No necesita que el hombre le dé una forma para existir. Él no es como los dioses paganos nacidos de la piedra, del metal o de la madera. Porque ÉL es Dios.

    El viento atravesó la plaza mientras las palabras resonaban entre las casas.

    ●Vosotros os arrodillabais ante una obra humana y olvidasteis aquello que representaba. Protegíais la imagen, pero descuidabais las enseñanzas. Defendíais la piedra con más fervor que la misericordia, la justicia y la verdad.

    Uno a uno, los rostros furiosos comenzaron a transformarse en expresiones de duda.

    El cura extendió los brazos hacia la multitud.

    ●Ahora responded como ordena la Escritura.

    Su voz retumbó en la plaza.

    ●«Y todo el pueblo responderá, y dirá: Amén».

    Durante unos segundos nadie habló.

    Entonces una anciana inclinó la cabeza.

    -Amén...

    Otro la siguió.

    -Amén.

    Y poco a poco, como una ola que recorría la plaza, las voces comenzaron a unirse.

    -Amén.

    -Amén.

    -Amén.

    Mientras el eco de aquella palabra llenaba el pueblo, el joven sacerdote permaneció inmóvil frente a los restos de la estatua, sin celebrar su victoria. Porque para él no había destruido una imagen de Dios.

    ●Te Deum laudamus

    Había destruido un ídolo.
    La plaza del pueblo estaba sumida en el caos. Fragmentos de piedra rodaban por el suelo entre una nube de polvo gris. La enorme estatua que representaba a Dios, venerada durante generaciones, yacía destruida a los pies de la iglesia. El sonido del último golpe aún resonaba en el aire cuando el joven cura dejó caer el pesado martillo y observó los restos con expresión severa. A su alrededor, los habitantes del pueblo gritaban indignados. Algunos lloraban. Otros apretaban los puños, exigiendo explicaciones. Para ellos, aquella figura era sagrada; el corazón mismo de su fe. -¡Blasfemo! Gritó un anciano. -¡Has destruido la imagen del Señor! -¡Deberían expulsarte! El sacerdote levantó la mirada hacia la multitud. Su sotana estaba cubierta de polvo y pequeñas heridas marcaban sus manos por el esfuerzo. Sin embargo, no había duda ni miedo en sus ojos. Cuando los gritos comenzaron a apagarse, habló con voz firme: ●¿La imagen del Señor? Se inclinó y tomó uno de los fragmentos de piedra caídos. ●Esto es piedra. Lo dejó caer nuevamente. ●Nada más. El silencio empezó a extenderse entre la multitud. ●Habéis olvidado las mismas enseñanzas que decís defender. Entonces recitó con fuerza, como si estuviera pronunciando una sentencia: ●«Maldito el hombre que haga ídolo o imagen de fundición, abominación al Señor, obra de las manos del artífice, y la erige en secreto». Muchos bajaron la vista. El cura señaló los restos de la estatua. ●¿Quién la hizo? Un hombre. Señaló los fragmentos dispersos. ●¿Quién la rompió? Otro hombre. Después llevó una mano a su pecho. ●¿Y acaso Dios cambió por ello? Nadie respondió. ●Dios no necesita estatuas. No necesita pinturas. No necesita que el hombre le dé una forma para existir. Él no es como los dioses paganos nacidos de la piedra, del metal o de la madera. Porque ÉL es Dios. El viento atravesó la plaza mientras las palabras resonaban entre las casas. ●Vosotros os arrodillabais ante una obra humana y olvidasteis aquello que representaba. Protegíais la imagen, pero descuidabais las enseñanzas. Defendíais la piedra con más fervor que la misericordia, la justicia y la verdad. Uno a uno, los rostros furiosos comenzaron a transformarse en expresiones de duda. El cura extendió los brazos hacia la multitud. ●Ahora responded como ordena la Escritura. Su voz retumbó en la plaza. ●«Y todo el pueblo responderá, y dirá: Amén». Durante unos segundos nadie habló. Entonces una anciana inclinó la cabeza. -Amén... Otro la siguió. -Amén. Y poco a poco, como una ola que recorría la plaza, las voces comenzaron a unirse. -Amén. -Amén. -Amén. Mientras el eco de aquella palabra llenaba el pueblo, el joven sacerdote permaneció inmóvil frente a los restos de la estatua, sin celebrar su victoria. Porque para él no había destruido una imagen de Dios. ●Te Deum laudamus Había destruido un ídolo.
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  • La pequeña iglesia de madera se alzaba a medio terminar en el centro del pueblo. Las paredes apenas alcanzaban la altura de un hombre y el techo todavía era un esqueleto de vigas desnudas. Alrededor, las casas mostraban el mismo aspecto de abandono y miseria: ventanas cubiertas con tablas, huertos secos y rostros marcados por semanas de hambre.

    Entre el polvo y los tablones trabajaba el joven cura de gorra de caza roja y abrigo oscuro. Sus manos estaban cubiertas de tierra mientras ayudaba a levantar una de las paredes. Cerca de la obra, varias ollas humeaban sobre un fuego improvisado.

    "Padre... tenemos hambre". Murmuró uno de los aldeanos, observando la escasa comida que quedaba.

    El cura dejó el martillo a un lado y miró la fila de personas que aguardaban. No había mucho: apenas unas pocas papas que había racionado cuidadosamente. Sin embargo, tras días explorando los alrededores, había encontrado un terreno fértil junto al río donde ya comenzaban a crecer nuevos cultivos. Tomó una de las ollas y comenzó a repartir las porciones.

    -Niños y mujeres comerán primero.

    Algunos hombres intercambiaron miradas preocupadas y replicando: "Pero padre."

    -Los hombres comeremos cuando sus estómagos estén saciados

    Continuó con firmeza.

    -Ningún niño de este pueblo volverá a acostarse con hambre mientras yo pueda evitarlo.

    El silencio se extendió entre los presentes. Las porciones eran pequeñas, pero suficientes para devolver algo de color a los rostros agotados. Los niños se acercaron tímidamente con sus cuencos, y las madres recibieron la comida con ojos humedecidos.

    El cura señaló entonces hacia las afueras del pueblo, donde varias hileras de tierra recién removida se extendían bajo el sol.

    -Hoy comemos poco. Mañana plantaremos más. Y cuando llegue la cosecha, este pueblo no dependerá de la caridad de nadie.
    La pequeña iglesia de madera se alzaba a medio terminar en el centro del pueblo. Las paredes apenas alcanzaban la altura de un hombre y el techo todavía era un esqueleto de vigas desnudas. Alrededor, las casas mostraban el mismo aspecto de abandono y miseria: ventanas cubiertas con tablas, huertos secos y rostros marcados por semanas de hambre. Entre el polvo y los tablones trabajaba el joven cura de gorra de caza roja y abrigo oscuro. Sus manos estaban cubiertas de tierra mientras ayudaba a levantar una de las paredes. Cerca de la obra, varias ollas humeaban sobre un fuego improvisado. "Padre... tenemos hambre". Murmuró uno de los aldeanos, observando la escasa comida que quedaba. El cura dejó el martillo a un lado y miró la fila de personas que aguardaban. No había mucho: apenas unas pocas papas que había racionado cuidadosamente. Sin embargo, tras días explorando los alrededores, había encontrado un terreno fértil junto al río donde ya comenzaban a crecer nuevos cultivos. Tomó una de las ollas y comenzó a repartir las porciones. -Niños y mujeres comerán primero. Algunos hombres intercambiaron miradas preocupadas y replicando: "Pero padre." -Los hombres comeremos cuando sus estómagos estén saciados Continuó con firmeza. -Ningún niño de este pueblo volverá a acostarse con hambre mientras yo pueda evitarlo. El silencio se extendió entre los presentes. Las porciones eran pequeñas, pero suficientes para devolver algo de color a los rostros agotados. Los niños se acercaron tímidamente con sus cuencos, y las madres recibieron la comida con ojos humedecidos. El cura señaló entonces hacia las afueras del pueblo, donde varias hileras de tierra recién removida se extendían bajo el sol. -Hoy comemos poco. Mañana plantaremos más. Y cuando llegue la cosecha, este pueblo no dependerá de la caridad de nadie.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ( Fin de semana para ser nahuales y aterrorizar iglesias en las noches.

    Respondí poco a poco uvu la presión laboral me aplasta. )
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  • [Escena: Es un atardecer en una iglesia cuyo dios ha sido olvidado. Casi vacía, la gente llega usualmente a descansar y rezar por sus respectivos dioses.

    Elizabeth está sentada dentro de la cabina de confesiones. En el lado de escucharlas de las personas. Ella apenas y puede ver sus rostros por los patrones de la madera recién pulida. Esta ciudad le pidió un favor: atender las iglesias. Y más que nada, hacer algunas "labores" divinas de clériga Para el desdén de Elizabeth. Ella no sabe ni tres cuartos sobre ser clériga Pero la gente, al escuchar sobre ella siendo bendecida por los dioses, pensaron ella seria apta para esta labor.

    Ella espera y espera. Hasta escuchar a ~tu personaje~ entrar a la cabina por la puerta del otro lado. Ella se sorprende un poco. No esperaba que alguien viniera buscando confesarse. Aún más en una iglesia sin un dios. Aunque pensándolo bien, si no tienes un dios, no tienes a qué temerle. Confesarte en ese sentido es solo una limpieza de conciencia. Liberar fantasmas internos.

    "Bienvenido, adelante. Confiesa lo que gustes. No importa lo grande o pequeño que esto sea."

    Le invita ella a sacar sus males y dudas que sientan amenazar sus corazones... los pesos de la conciencia. La voz de Elizabeth es suave como seda, dulce y femenina como esferas de azúcar.
    [Escena: Es un atardecer en una iglesia cuyo dios ha sido olvidado. Casi vacía, la gente llega usualmente a descansar y rezar por sus respectivos dioses. Elizabeth está sentada dentro de la cabina de confesiones. En el lado de escucharlas de las personas. Ella apenas y puede ver sus rostros por los patrones de la madera recién pulida. Esta ciudad le pidió un favor: atender las iglesias. Y más que nada, hacer algunas "labores" divinas de clériga Para el desdén de Elizabeth. Ella no sabe ni tres cuartos sobre ser clériga Pero la gente, al escuchar sobre ella siendo bendecida por los dioses, pensaron ella seria apta para esta labor. Ella espera y espera. Hasta escuchar a ~tu personaje~ entrar a la cabina por la puerta del otro lado. Ella se sorprende un poco. No esperaba que alguien viniera buscando confesarse. Aún más en una iglesia sin un dios. Aunque pensándolo bien, si no tienes un dios, no tienes a qué temerle. Confesarte en ese sentido es solo una limpieza de conciencia. Liberar fantasmas internos. "Bienvenido, adelante. Confiesa lo que gustes. No importa lo grande o pequeño que esto sea." Le invita ella a sacar sus males y dudas que sientan amenazar sus corazones... los pesos de la conciencia. La voz de Elizabeth es suave como seda, dulce y femenina como esferas de azúcar.
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  • ❝Por suerte estamos aquí...❞
    Fandom The Walking Dead
    Categoría Slice of Life
    ㅤㅤㅤ
    ㅤㅤㅤㅤ ⧽ 𝐒𝐓𝐀𝐑𝐓𝐄𝐑
    ㅤㅤㅤㅤ ˹ Daryl Dixon



    Puede que aquella fuera la época en la que realmente tocaran fondo como familia. Todo se volvió más duro y complicado desde que salieron de la Terminal. Gracias a Carol y un golpe de suerte escaparon de aquella trampa mortal de caníbales dispuestos a matarnos. Y con ello se reunieron con Tyresse, quien habia pasado todo aquel tiempo cuidando de Judith. Recuperar a Judith fue la mejor sensación que Liv pudo llevarse consigo.

    Después de aquello, tras salvarle la vida a Gabriel, un pastor que guardaba un terrible secreto, se acomodaron en su iglesia. Allí, el equipo de Abraham les propuso acompañarlos a Washington para que Eugene, quien al parecer podía resolver el problema de los caminantes, obrara un milagro. Y aunque aquello parecía esperanzador, la vida les pondría la zancadilla una y otra vez… Perdieron a Bob por culpa de los supervivientes de La Terminal, encontrarían a Beth en un hospital de Atlanta solo para volver a perderla. Esta vez para siempre. Un golpe muy duro para Maggie, quien habia perdido a su padre unas semanas atrás. Y, para colmo de desgracias, Eugene se reveló como un farsante. Porque, aunque resultaba imposible que un solo hombre pudiera resolver aquello, ellos aun guardaban las esperanzas…

    Incorporaron a Noah al equipo, un chico que habia conocido a Beth en el hospital y que queria regresar a la casa de su madre en Richmond. Solo Rick, Michonne, Glenn y Tyresse lo acompañaron. El resto del grupo se quedó resguardado en una casa a unos kilómetros. Daryl habia estado taciturno desde la muerte de Beth y Liv, sabiendo que a él le habia importado la joven no sabía bien como consolarle. Intentaba dejarle a solas el tiempo que él requería, pero tampoco era capaz de dejarlo pasar. Le dolía verle pasarlo mal…

    Carol habia hablado con Liv mientras esperaban por noticias de Rick o los demás:

    -Tiene que dejar ir el dolor. Daryl es… Bueno, ya le conoces -dijo Carol mientras reunían bayas para hacer algo de comer- Es introspectivo, callado y se guarda esas cosas para sí mismo… Acabará explotando…

    Asi que, con esas palabras en mente, Liv habia decidido salir a acompañar a Daryl a buscar algo de caza. No habia hecho falta proponérselo. Simplemente, se compenetraban asi de bien, a pesar de todo… Por lo que los dos recorrían el bosque aledaño a la casita donde se alojaban, en silencio intentando no hacer ruido. Solo cuando encontraron un par de conejos y regresaban, Liv se atrevió a hablar. Alargó una mano hacia la masculina y tiró de él levemente para llamar su atención.

    -Oye… -le dijo dando un paso adelante para colocarse delante de él- Sé que… quizás ahora no es el mejor momento, pero… no puedes guardártelo dentro…- le dijo solamente- Estoy aquí. Siempre. Y no volveré a irme -le aseguró antes de acortar la distancia entre los dos y dejar un beso cariñoso en su labio inferior.
    Por supuesto, aún era demasiado pronto para que Daryl se decidiera a hablar. Aun asi, Liv no se separaba de él. Lo buscaba para dormir, compartía con él la poca comida que tenían y cuando lo de Richmond resultó ser un fracaso, perdieron tambien a Tyresse y tuvieron que regresar a la carretera (aunque ahora con un destino ya que Michonne pensó que Eugene queria ir a DC por algo), respetó sus espacios y momentos de ausencia.

    Lo ocurrido en el granero, aquella tormenta que logró volver a aunar al grupo, ayudó a limpiar un poco la racha de mala suerte, pero más la limpió el momento en que un desconocido llamado Aaron apareció en escena con intenciones de llevarlos a su hogar. Aunque Rick fue reticente al principio, lo cierto era que Liv estaba en desacuerdo con él. Al igual que Maggie y Sasha, quienes lo habían encontrado primero. No se cortó un pelo en contarle sus impresiones a Daryl, con quien habia revisado la carretera siguiendo las ordenes de su padre.

    -Pues yo si creo que Aaron dice la verdad -dijo, y ante la mirada de Daryl, ella se encogió de hombros- No sé, llámame ingenua, pero creo que puede funcionar. Creo que hemos tenido bastante mala suerte en las ultimas semanas como para que algo se nos vuelva a ir a la mierda. Entiendo que papá esté a la defensiva, pero… Ha de ser algo bueno de verdad…

    Y lo fue. Fueron horas tensas pero tras encontrar al, a todas luces, novio de Aaron, el grupo entero consiguió llegar hasta las puertas enrejadas de Alejandria. Aaron no habia mentido. Habia muros, se escuchaban niños en el interior del enclave y estaba seguro… Liv alzó las cejas hacia Daryl en un mudo: “¿Lo ves?”

    Tras dejar sus armas en la armería, aunque no le hiciera demasiada gracia deshacerse de su arco de poleas (el que Daryl habia rescatado de Joe y su grupo de saqueadores y que Carol habia encontrado después en La Terminal), lo dejó sobre la mesa metálica al lado de la ballesta de Daryl. Después de aquello llegó la hora de las entrevistas con Deanna, la líder de Alejandria. Primero fue Rick, después Carl, y tras aquello llegó el turno de Liv.

    -¿A qué te dedicabas antes? -preguntó Deanna desde su sillón mirándola afablemente.

    Liv miró a su alrededor, sintiendo que era irreal estar sentada en medio de una sala de estar ordenada, limpia y segura. Como si el mundo no se hubiera ido a la mierda. ¿Qué? ¿Mientras ellos habían estado durmiendo en celdas o al raso esa gente habia estado allí todo el tiempo? ¿Sin problemas? ¿Sin enemigos? No sabían la suerte que tenían.

    -Olivia…- la llamó Deanna con suavidad. Liv la miró, sorprendida. Deanna sonrió- ¿A qué te dedicabas antes?

    Liv esbozó una tímida sonrisa de disculpa.

    -Perdone… -pronunció echando una ultima mirada alrededor de forma rápida. Sus dedos tironeaban de un hilo suelto de uno de sus guantes- Pues… Estudiaba medicina -rodó los ojos- Queria… ser cirujana.

    Deanna pareció conforme con su respuesta.

    -Tenemos un médico. Uno muy bueno, quizás te gustaría aprender de él…- propuso Deanna.

    Y Liv, que llevaba mas de un año sin tocar siquiera una aguja, se sintió abrumada.

    -Seria… No quiero ser un estorbo -dijo la muchacha.

    -No digas tonterías. Pete te enseñará todo lo que necesitas -decía Deanna- ¿No te ves siendo médico, Olivia?

    Y Liv, cuyo sueño, desde niña, habia sido ser médico de pronto pensó que quizás tendría oportunidad de realizar su sueño.

    -Me veo… Cuidando de mi familia. De mi padre, de mis hermanos, de Daryl y los demás. Es lo que he hecho desde que todo esto empezó. Aprender a valerme sola. Aprender a sobrevivir… Vivir un día más… -decía la muchacha- No sé -rio algo conmocionada con aquel cambio- Perdóneme… Es que… No me creo esto… Llevamos tanto tiempo fuera que…

    Deanna asintió.

    -Tu padre dice que habéis estado fuera desde el principio. ¿Cómo fue?

    Liv hinchó los mofletes y resopló.

    -Cuando dispararon a mi padre pareció que el mundo se fue a la mierda. Mi madre, Carl y yo salimos de nuestro pueblo con… un amigo de la familia… Y fuimos a Atlanta. Acampamos en el exterior. Después de un mes, o dos… mi padre volvió. Nos encontró. Y después… El Centro de Control de Enfermedades, una granja en medio de Georgia, la carretera, una prisión, la carretera otra vez…

    Deanna asintió.

    -Parece que habéis hecho un largo recorrido…

    Liv asintió.

    -No se lo imagina…



    #Personajes3D #3D #Comunidad3D #Starter #TheWalkingDead
    ㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤ ⧽ 𝐒𝐓𝐀𝐑𝐓𝐄𝐑 ㅤㅤㅤㅤ ˹ [DarylDixon] Puede que aquella fuera la época en la que realmente tocaran fondo como familia. Todo se volvió más duro y complicado desde que salieron de la Terminal. Gracias a Carol y un golpe de suerte escaparon de aquella trampa mortal de caníbales dispuestos a matarnos. Y con ello se reunieron con Tyresse, quien habia pasado todo aquel tiempo cuidando de Judith. Recuperar a Judith fue la mejor sensación que Liv pudo llevarse consigo. Después de aquello, tras salvarle la vida a Gabriel, un pastor que guardaba un terrible secreto, se acomodaron en su iglesia. Allí, el equipo de Abraham les propuso acompañarlos a Washington para que Eugene, quien al parecer podía resolver el problema de los caminantes, obrara un milagro. Y aunque aquello parecía esperanzador, la vida les pondría la zancadilla una y otra vez… Perdieron a Bob por culpa de los supervivientes de La Terminal, encontrarían a Beth en un hospital de Atlanta solo para volver a perderla. Esta vez para siempre. Un golpe muy duro para Maggie, quien habia perdido a su padre unas semanas atrás. Y, para colmo de desgracias, Eugene se reveló como un farsante. Porque, aunque resultaba imposible que un solo hombre pudiera resolver aquello, ellos aun guardaban las esperanzas… Incorporaron a Noah al equipo, un chico que habia conocido a Beth en el hospital y que queria regresar a la casa de su madre en Richmond. Solo Rick, Michonne, Glenn y Tyresse lo acompañaron. El resto del grupo se quedó resguardado en una casa a unos kilómetros. Daryl habia estado taciturno desde la muerte de Beth y Liv, sabiendo que a él le habia importado la joven no sabía bien como consolarle. Intentaba dejarle a solas el tiempo que él requería, pero tampoco era capaz de dejarlo pasar. Le dolía verle pasarlo mal… Carol habia hablado con Liv mientras esperaban por noticias de Rick o los demás: -Tiene que dejar ir el dolor. Daryl es… Bueno, ya le conoces -dijo Carol mientras reunían bayas para hacer algo de comer- Es introspectivo, callado y se guarda esas cosas para sí mismo… Acabará explotando… Asi que, con esas palabras en mente, Liv habia decidido salir a acompañar a Daryl a buscar algo de caza. No habia hecho falta proponérselo. Simplemente, se compenetraban asi de bien, a pesar de todo… Por lo que los dos recorrían el bosque aledaño a la casita donde se alojaban, en silencio intentando no hacer ruido. Solo cuando encontraron un par de conejos y regresaban, Liv se atrevió a hablar. Alargó una mano hacia la masculina y tiró de él levemente para llamar su atención. -Oye… -le dijo dando un paso adelante para colocarse delante de él- Sé que… quizás ahora no es el mejor momento, pero… no puedes guardártelo dentro…- le dijo solamente- Estoy aquí. Siempre. Y no volveré a irme -le aseguró antes de acortar la distancia entre los dos y dejar un beso cariñoso en su labio inferior. Por supuesto, aún era demasiado pronto para que Daryl se decidiera a hablar. Aun asi, Liv no se separaba de él. Lo buscaba para dormir, compartía con él la poca comida que tenían y cuando lo de Richmond resultó ser un fracaso, perdieron tambien a Tyresse y tuvieron que regresar a la carretera (aunque ahora con un destino ya que Michonne pensó que Eugene queria ir a DC por algo), respetó sus espacios y momentos de ausencia. Lo ocurrido en el granero, aquella tormenta que logró volver a aunar al grupo, ayudó a limpiar un poco la racha de mala suerte, pero más la limpió el momento en que un desconocido llamado Aaron apareció en escena con intenciones de llevarlos a su hogar. Aunque Rick fue reticente al principio, lo cierto era que Liv estaba en desacuerdo con él. Al igual que Maggie y Sasha, quienes lo habían encontrado primero. No se cortó un pelo en contarle sus impresiones a Daryl, con quien habia revisado la carretera siguiendo las ordenes de su padre. -Pues yo si creo que Aaron dice la verdad -dijo, y ante la mirada de Daryl, ella se encogió de hombros- No sé, llámame ingenua, pero creo que puede funcionar. Creo que hemos tenido bastante mala suerte en las ultimas semanas como para que algo se nos vuelva a ir a la mierda. Entiendo que papá esté a la defensiva, pero… Ha de ser algo bueno de verdad… Y lo fue. Fueron horas tensas pero tras encontrar al, a todas luces, novio de Aaron, el grupo entero consiguió llegar hasta las puertas enrejadas de Alejandria. Aaron no habia mentido. Habia muros, se escuchaban niños en el interior del enclave y estaba seguro… Liv alzó las cejas hacia Daryl en un mudo: “¿Lo ves?” Tras dejar sus armas en la armería, aunque no le hiciera demasiada gracia deshacerse de su arco de poleas (el que Daryl habia rescatado de Joe y su grupo de saqueadores y que Carol habia encontrado después en La Terminal), lo dejó sobre la mesa metálica al lado de la ballesta de Daryl. Después de aquello llegó la hora de las entrevistas con Deanna, la líder de Alejandria. Primero fue Rick, después Carl, y tras aquello llegó el turno de Liv. -¿A qué te dedicabas antes? -preguntó Deanna desde su sillón mirándola afablemente. Liv miró a su alrededor, sintiendo que era irreal estar sentada en medio de una sala de estar ordenada, limpia y segura. Como si el mundo no se hubiera ido a la mierda. ¿Qué? ¿Mientras ellos habían estado durmiendo en celdas o al raso esa gente habia estado allí todo el tiempo? ¿Sin problemas? ¿Sin enemigos? No sabían la suerte que tenían. -Olivia…- la llamó Deanna con suavidad. Liv la miró, sorprendida. Deanna sonrió- ¿A qué te dedicabas antes? Liv esbozó una tímida sonrisa de disculpa. -Perdone… -pronunció echando una ultima mirada alrededor de forma rápida. Sus dedos tironeaban de un hilo suelto de uno de sus guantes- Pues… Estudiaba medicina -rodó los ojos- Queria… ser cirujana. Deanna pareció conforme con su respuesta. -Tenemos un médico. Uno muy bueno, quizás te gustaría aprender de él…- propuso Deanna. Y Liv, que llevaba mas de un año sin tocar siquiera una aguja, se sintió abrumada. -Seria… No quiero ser un estorbo -dijo la muchacha. -No digas tonterías. Pete te enseñará todo lo que necesitas -decía Deanna- ¿No te ves siendo médico, Olivia? Y Liv, cuyo sueño, desde niña, habia sido ser médico de pronto pensó que quizás tendría oportunidad de realizar su sueño. -Me veo… Cuidando de mi familia. De mi padre, de mis hermanos, de Daryl y los demás. Es lo que he hecho desde que todo esto empezó. Aprender a valerme sola. Aprender a sobrevivir… Vivir un día más… -decía la muchacha- No sé -rio algo conmocionada con aquel cambio- Perdóneme… Es que… No me creo esto… Llevamos tanto tiempo fuera que… Deanna asintió. -Tu padre dice que habéis estado fuera desde el principio. ¿Cómo fue? Liv hinchó los mofletes y resopló. -Cuando dispararon a mi padre pareció que el mundo se fue a la mierda. Mi madre, Carl y yo salimos de nuestro pueblo con… un amigo de la familia… Y fuimos a Atlanta. Acampamos en el exterior. Después de un mes, o dos… mi padre volvió. Nos encontró. Y después… El Centro de Control de Enfermedades, una granja en medio de Georgia, la carretera, una prisión, la carretera otra vez… Deanna asintió. -Parece que habéis hecho un largo recorrido… Liv asintió. -No se lo imagina… #Personajes3D #3D #Comunidad3D #Starter #TheWalkingDead
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
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  • **La lluvia caía fina sobre las calles adoquinadas, convirtiendo la ciudad en un laberinto gris de charcos sucios y luces temblorosas. Entre el humo de las chimeneas y el murmullo lejano de las tabernas, avanzaba un joven cura con el paso lento de alguien que había dejado de esperar algo bueno del mundo.

    Vestía una vieja chaqueta marron encima de la sotana, desgastada por los viajes y el clima, y una gorra de caza roja que hacía juego con su bufanda de mismo color. En una mano llevaba una maleta de cuero golpeada y húmeda; en la otra, un cigarrillo consumiéndose entre sus dedos mientras el humo escapaba de sus labios con cansancio. No fumaba por placer. Fumaba para llenar el silencio.

    Sus ojos hundidos recorrían las calles con desprecio silencioso. Había pasado demasiados años dentro de iglesias cubiertas de oro, escuchando sermones sobre pureza pronunciados por hombres podridos hasta los huesos. Obispos comprando indulgencias. Sacerdotes escondiendo atrocidades detrás de rezos. Fanáticos condenando inocentes mientras levantaban cruces como si fueran armas. Y él había sido parte de eso.

    Dentro, cuidadosamente protegida entre telas viejas y documentos gastados, descansaba una vasija metálica con las cenizas de su amada. El único recuerdo que le quedaba de ella. La única persona que logró hacerle creer que todavía existía algo puro en el mundo. Por eso se iba, para encontrar el lugar que ella siempre soñó ver y esparcir allí sus cenizas. Le debía eso. Tal vez le debía mucho más.**

    **La lluvia caía fina sobre las calles adoquinadas, convirtiendo la ciudad en un laberinto gris de charcos sucios y luces temblorosas. Entre el humo de las chimeneas y el murmullo lejano de las tabernas, avanzaba un joven cura con el paso lento de alguien que había dejado de esperar algo bueno del mundo. Vestía una vieja chaqueta marron encima de la sotana, desgastada por los viajes y el clima, y una gorra de caza roja que hacía juego con su bufanda de mismo color. En una mano llevaba una maleta de cuero golpeada y húmeda; en la otra, un cigarrillo consumiéndose entre sus dedos mientras el humo escapaba de sus labios con cansancio. No fumaba por placer. Fumaba para llenar el silencio. Sus ojos hundidos recorrían las calles con desprecio silencioso. Había pasado demasiados años dentro de iglesias cubiertas de oro, escuchando sermones sobre pureza pronunciados por hombres podridos hasta los huesos. Obispos comprando indulgencias. Sacerdotes escondiendo atrocidades detrás de rezos. Fanáticos condenando inocentes mientras levantaban cruces como si fueran armas. Y él había sido parte de eso. Dentro, cuidadosamente protegida entre telas viejas y documentos gastados, descansaba una vasija metálica con las cenizas de su amada. El único recuerdo que le quedaba de ella. La única persona que logró hacerle creer que todavía existía algo puro en el mundo. Por eso se iba, para encontrar el lugar que ella siempre soñó ver y esparcir allí sus cenizas. Le debía eso. Tal vez le debía mucho más.**
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