• "Hunhow, siempre juraste destruirnos, te aliaste con Ballas, te aliaste con la sombra, nunca superaste la pérdida de tu hija, Natah."

    Reflexiona en el silencio de la noche, la tenue luz de la fogata y el cansancion de los músculos del cuerpo de Chroma, el último mensaje de Hunhow, recibido en la red de los tennos, definitivamente no fue una disculpa, ni una súplica, simplemente un favor de respeto mutuo entre rivales.

    "Tal vez otros tennos cuidarán bien de Natah, ahí te fallaré, sin embargo, ¿sabes lo raro que es la vida que brota fuera de la ciencia? gracias por darle un futuro a la Sombra y su descendencia, Orión o Sirius, a ellos, si comprometo a su bienestar, al menos se lo debemos a Jade."

    "Hunhow, siempre juraste destruirnos, te aliaste con Ballas, te aliaste con la sombra, nunca superaste la pérdida de tu hija, Natah." Reflexiona en el silencio de la noche, la tenue luz de la fogata y el cansancion de los músculos del cuerpo de Chroma, el último mensaje de Hunhow, recibido en la red de los tennos, definitivamente no fue una disculpa, ni una súplica, simplemente un favor de respeto mutuo entre rivales. "Tal vez otros tennos cuidarán bien de Natah, ahí te fallaré, sin embargo, ¿sabes lo raro que es la vida que brota fuera de la ciencia? gracias por darle un futuro a la Sombra y su descendencia, Orión o Sirius, a ellos, si comprometo a su bienestar, al menos se lo debemos a Jade."
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  • COMUNICADO OFICIAL DE ZYXS

    Bueno.

    Ganaron.

    Habrá campamento.

    Mañana comenzamos oficialmente la actividad. Preparen a sus personajes, porque pasarán varios días perdidos en medio del bosque conviviendo con gente que probablemente no soportan.

    Habrá exploración, misiones, misterios, convivencia y oportunidades para que hagan avanzar sus tramas.

    También habrá consecuencias para las decisiones estúpidas.

    Algunas.

    Tal vez.

    Nos vemos mañana.

    Los odio mucho.
    COMUNICADO OFICIAL DE ZYXS Bueno. Ganaron. Habrá campamento. Mañana comenzamos oficialmente la actividad. Preparen a sus personajes, porque pasarán varios días perdidos en medio del bosque conviviendo con gente que probablemente no soportan. Habrá exploración, misiones, misterios, convivencia y oportunidades para que hagan avanzar sus tramas. También habrá consecuencias para las decisiones estúpidas. Algunas. Tal vez. Nos vemos mañana. Los odio mucho.
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  • {El agua golpeaba las piedras rotas de la plaza como si el propio cielo quisiera borrar aquel lugar del mundo.

    Ivandore permanecía inmóvil bajo la lluvia, con la espada baja y el escudo levantado. Su respiración resonaba dentro del yelmo mientras observaba a la aberración que se alzaba frente a él.

    No era un hombre.

    No era una bestia.

    Era un títere.

    Uno de aquellos engendros de madera y tela maldita que habitaban los rincones olvidados de los viejos caminos.

    Las cuerdas descendían desde la oscuridad sobre la criatura de verdes ropajes, perdiéndose en las alturas de las ruinas. Sus ojos rojizos brillaban con una luz enfermiza mientras avanzaba con movimientos imposibles, torciendo las articulaciones en ángulos antinaturales.

    Ivandore hundió una bota en el barro.}

    —Sea quien sea el que mueve tus hilos... hoy los cortaré.

    {La marioneta emitió un chirrido semejante a una carcajada rota y lanzó una de sus afiladas hojas hacia el caballero.

    El acero chocó contra el escudo con un estruendo seco.

    Sin perder un segundo, Ivandore avanzó.

    Una zancada.

    Dos.

    Tres.

    Su espada describió un arco brillante bajo la lluvia, obligando al monstruo a retroceder. Las cuerdas se tensaron violentamente mientras la criatura saltaba hacia atrás con una agilidad imposible.

    Pero el caballero no se detuvo.

    Había sobrevivido a Arkenfall.

    Había sido expulsado de la Orden.

    Había caminado solo por las tierras salvajes de Asteria.

    Y no pensaba caer ante una marioneta.

    Con un rugido contenido, Ivandore cargó una vez más, dispuesto a acabar con aquella criatura y descubrir qué oscuro titiritero se ocultaba tras las sombras de la ciudad maldita.}
    {El agua golpeaba las piedras rotas de la plaza como si el propio cielo quisiera borrar aquel lugar del mundo. Ivandore permanecía inmóvil bajo la lluvia, con la espada baja y el escudo levantado. Su respiración resonaba dentro del yelmo mientras observaba a la aberración que se alzaba frente a él. No era un hombre. No era una bestia. Era un títere. Uno de aquellos engendros de madera y tela maldita que habitaban los rincones olvidados de los viejos caminos. Las cuerdas descendían desde la oscuridad sobre la criatura de verdes ropajes, perdiéndose en las alturas de las ruinas. Sus ojos rojizos brillaban con una luz enfermiza mientras avanzaba con movimientos imposibles, torciendo las articulaciones en ángulos antinaturales. Ivandore hundió una bota en el barro.} —Sea quien sea el que mueve tus hilos... hoy los cortaré. {La marioneta emitió un chirrido semejante a una carcajada rota y lanzó una de sus afiladas hojas hacia el caballero. El acero chocó contra el escudo con un estruendo seco. Sin perder un segundo, Ivandore avanzó. Una zancada. Dos. Tres. Su espada describió un arco brillante bajo la lluvia, obligando al monstruo a retroceder. Las cuerdas se tensaron violentamente mientras la criatura saltaba hacia atrás con una agilidad imposible. Pero el caballero no se detuvo. Había sobrevivido a Arkenfall. Había sido expulsado de la Orden. Había caminado solo por las tierras salvajes de Asteria. Y no pensaba caer ante una marioneta. Con un rugido contenido, Ivandore cargó una vez más, dispuesto a acabar con aquella criatura y descubrir qué oscuro titiritero se ocultaba tras las sombras de la ciudad maldita.}
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  • "Dicen que los lunares son donde te besaron en tu vida pasada.."

    Oh!..oh..
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  • – Ausencia de Energon, ausencia de Grimlock en sus vidas.
    – Ausencia de Energon, ausencia de Grimlock en sus vidas.
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  • — Otra vez lunes y otro comienzo de semana laboral. Esto de trabajar para sobrevivir no es para nada divertido. La vida de un adulto normal y corriente es tan agotadora...

    Daría un par de caladas más, si bien, en momentos así era algo necesario para poder continuar como sí todo esto viera "bien".
    — Otra vez lunes y otro comienzo de semana laboral. Esto de trabajar para sobrevivir no es para nada divertido. La vida de un adulto normal y corriente es tan agotadora... Daría un par de caladas más, si bien, en momentos así era algo necesario para poder continuar como sí todo esto viera "bien".
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  • 𝙲𝙰𝙿𝙸𝚃𝚄𝙻𝙾 [𝙸] ──── 𝙽𝙴𝙶𝙾𝙲𝙸𝙾𝚂 𝚈 𝙽𝚄𝙴𝚅𝙰𝚂 𝙲𝙰𝚁𝙰𝚂.
    Categoría Acción
    𝚆𝚒𝚝𝚑 : 𝙀𝙧𝙞𝙣

    La niebla se enredaba entre las columnas de piedra agrietada del viejo mausoleo olvidado, un rincón oculto en el cementerio de las afueras donde ni siquiera los más osados mortales se atrevían a entrar después del anochecer.

    El lugar olía a tierra húmeda, musgo y décadas de abandono. Apenas un par de velas negras titilaban sobre un altar improvisado, proyectando sombras largas que bailaban sobre los nombres borrados de los sepulcros.

    Santiago permanecía de pie, inmóvil como una estatua, con las manos entrelazadas a la espalda y la mirada fija en la única entrada visible entre los muros derruidos.

    Su traje oscuro se confundía con la penumbra, y solo el leve brillo plateado de sus ojos delataba su impaciencia contenida.

    Había elegido aquel sitio precisamente porque casi nadie acudía allí; ni vivos ni muertos. Un terreno neutral, discreto y cargado de historia. Era un punto de encuentro por ahora.

    Por varios medios se entero de la existencia de Erin y tenía en cuenta que era un elemento importante en la política vampírica actual, y Santiago no tenía intención de desperdiciar esta reunión.

    Los negocios que debían tratar eran delicados, de aquellos que podían inclinar balanzas de poder si se manejaban con astucia.

    Sacó un reloj de bolsillo antiguo, lo miró un instante y lo guardó de nuevo.

    ──── 𝘠𝘢 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢𝘳á. . . 𝘌𝘴𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘴𝘢𝘭𝘨𝘢 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘧𝘦𝘤𝘵𝘰. ────

    Su con voz baja y grave resonando en el ambiente.

    El silencio del mausoleo era absoluto, roto solo por el ocasional aleteo de algún murciélago en las alturas.

    Sonrió ligeramente, paciente, pero con esa tensión propia de quien sabe que está a punto de jugar una partida peligrosa. No sabe lo que le espera; no sabe como será ella, solo espera no llevarse una desilusión y no llegar a un acuerdo mutuo.
    𝚆𝚒𝚝𝚑 : [Black.Rose] La niebla se enredaba entre las columnas de piedra agrietada del viejo mausoleo olvidado, un rincón oculto en el cementerio de las afueras donde ni siquiera los más osados mortales se atrevían a entrar después del anochecer. El lugar olía a tierra húmeda, musgo y décadas de abandono. Apenas un par de velas negras titilaban sobre un altar improvisado, proyectando sombras largas que bailaban sobre los nombres borrados de los sepulcros. Santiago permanecía de pie, inmóvil como una estatua, con las manos entrelazadas a la espalda y la mirada fija en la única entrada visible entre los muros derruidos. Su traje oscuro se confundía con la penumbra, y solo el leve brillo plateado de sus ojos delataba su impaciencia contenida. Había elegido aquel sitio precisamente porque casi nadie acudía allí; ni vivos ni muertos. Un terreno neutral, discreto y cargado de historia. Era un punto de encuentro por ahora. Por varios medios se entero de la existencia de Erin y tenía en cuenta que era un elemento importante en la política vampírica actual, y Santiago no tenía intención de desperdiciar esta reunión. Los negocios que debían tratar eran delicados, de aquellos que podían inclinar balanzas de poder si se manejaban con astucia. Sacó un reloj de bolsillo antiguo, lo miró un instante y lo guardó de nuevo. ──── 𝘠𝘢 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢𝘳á. . . 𝘌𝘴𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘴𝘢𝘭𝘨𝘢 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘧𝘦𝘤𝘵𝘰. ──── Su con voz baja y grave resonando en el ambiente. El silencio del mausoleo era absoluto, roto solo por el ocasional aleteo de algún murciélago en las alturas. Sonrió ligeramente, paciente, pero con esa tensión propia de quien sabe que está a punto de jugar una partida peligrosa. No sabe lo que le espera; no sabe como será ella, solo espera no llevarse una desilusión y no llegar a un acuerdo mutuo.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
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  • —Y en frases motivacionales del día:

    "No te das cuenta de lo que has perdido hasta que ya no lo tienes a tu disposición."
    Quizá en otra vida.
    —Y en frases motivacionales del día: "No te das cuenta de lo que has perdido hasta que ya no lo tienes a tu disposición." Quizá en otra vida.
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  • Theo llegó a su habitación después de contarle la sorpresa a sus padres, pero venía la parte más importante: contarlo a Lorenzo. Para esto, Theo ya había citado al mayor para mañana en la mañana, así que la sorpresa debía quedar lista. Buscó una caja algo grande, sacó copia de los resultados, escribió una cartita y sacó un peluche de osito que había comprado y unos zapatitos café de bebé. Estaba todo listo para mañana.

    Después de eso se duchó y se preparó para dormir cuando empezó un fuerte dolor en la parte baja de su abdomen, tan fuerte que lo hizo doblarse por el dolor. Duró unos 3 minutos así, pero después se quitó por sí solo.

    — Mhg... debieron darme el café con leche entera... uff...

    No le dio más importancia y se fue a acostar feliz por la gran noticia de mañana, aunque algo ansioso por la vida que le espera, en específico una: la seguridad de su familia.
    Theo llegó a su habitación después de contarle la sorpresa a sus padres, pero venía la parte más importante: contarlo a Lorenzo. Para esto, Theo ya había citado al mayor para mañana en la mañana, así que la sorpresa debía quedar lista. Buscó una caja algo grande, sacó copia de los resultados, escribió una cartita y sacó un peluche de osito que había comprado y unos zapatitos café de bebé. Estaba todo listo para mañana. Después de eso se duchó y se preparó para dormir cuando empezó un fuerte dolor en la parte baja de su abdomen, tan fuerte que lo hizo doblarse por el dolor. Duró unos 3 minutos así, pero después se quitó por sí solo. — Mhg... debieron darme el café con leche entera... uff... No le dio más importancia y se fue a acostar feliz por la gran noticia de mañana, aunque algo ansioso por la vida que le espera, en específico una: la seguridad de su familia.
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  • #Headcanon #DesmondSterling


    El dia que el agente murio
    [𝐀𝐮 𝐫𝐞𝐯𝐨𝐢𝐫 / 𝐅𝐫𝐚𝐠𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐮𝐧 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐫𝐨𝐭𝐨 𝐩𝐭.𝟐]
    𝟐𝟎/𝟎𝟓/𝟐𝟎𝟐𝟑 𝐂𝐚𝐭𝐡𝐞𝐝𝐫𝐚𝐥𝐞 𝐒𝐚𝐢𝐧𝐭𝐞 𝐂𝐫𝐨𝐢𝐱, 𝐎𝐫𝐥𝐞𝐚𝐧𝐬, 𝐅𝐫𝐚𝐧𝐜𝐢𝐚.

    —¡Sólo repórtalo con Grey! ¡No tengo tiempo para estas cosas!

    Abandonó la escena del crimen sin mirar atrás, sin dar más detalles sobre el arresto y quebrando el frágil protocolo que lo venía asfixiando desde su juventud. Las calles barrocas de Orleans se convirtieron en un simple borrón bajo sus pisadas aceleradas, corría con la desesperación de quien intenta ganarle al tiempo, cruzando aquella ciudad nostálgica que, sin querer, se había adherido a su identidad; o al menos, eso era lo que su espíritu le suplicaba creer.

    La luz ambarina del ocaso comenzaba a caer, anunciando lo inevitable, era demasiado tarde; pues la promesa estaba rota; la única promesa que juró preservar, aun sin tener la certeza de poder hacerlo. Lo único que le dio la bienvenida al funesto evento fue el tañido implacable de las campanas marcando las seis de la tarde. El sonido lo devolvió de golpe a la realidad, a una verdad que no pudo sostener; en el día más importante de su vida, no solo se había fallado a sí mismo, sino que acababa de romperle el alma a la única mujer que juró no decepcionar tras aquel incidente en años anteriores en el este asiático.

    —¡SÉRAPHINE!

    No fue un grito; fue la voz rota de un hombre suplicándole al destino que se le concediera un rastro de piedad, pero, el destino le devolvió la mirada, y no de la manera que él anhelaba. La novia estaba de espaldas, frente al altar vacío.

    Sus brazos caían inertes a los costados y las flores del ramo yacían desparramadas sobre la piedra fría. No hubo una respuesta explosiva, ni llantos histéricos, ni escándalo. Ella simplemente giró con una lentitud sepulcral; tenía el maquillaje corrido, aquel que le había robado tantas horas de ilusión a la estilista, ahora descendía en surcos oscuros por su rostro.

    —Séraphine… Yo… Lo lamento tant…

    Las palabras del británico murieron en su garganta cuando la pelirroja alzó una mano, exigiendo silencio. Fue un gesto elegante y noble, pero con una carga ahora devastadora. El eco de los tacones de la novia resonó en la nave, sólo para ser devorado por su voz, fina, prístina y cargada de una decepción insondable.

    —Yo también lo lamento, Arthur. Lamento tanto haberme enamorado de ti. Lamento haberle entregado mi corazón a un hombre que prefirió su trabajo antes que a la mujer que se le entregó en cuerpo y alma…

    Arthur guardó silencio. Cuando intentó articular una excusa, fue interrumpido antes de emitir el más mínimo sonido.

    —«¿Quién se enamoraría de una simple bibliotecaria? Él es mucho para una mujer tan mediocre, era obvio que la dejaría plantada en el altar…». Eso es lo que decían. Lo que todos murmuraban a mis espaldas…

    La voz le tembló, pero sus ojos se clavaron en él como dagas.

    —Y tú… tú les diste toda la razón al no venir. Sabiendo que habíamos planeado esto durante meses… O quizá nunca me amaste, y solo fui una más en tu vida.

    Séraphine terminó de acortar la distancia hasta quedar frente a quien, hace unas horas, debía convertirse en su esposo. Levantó una mano temblorosa mientras las lágrimas caían sin contención, terminando de arruinar su casi inexistente maquillaje de novia; quiso abofetearlo. Quiso golpearlo con todas sus fuerzas, pero comprendió que cualquier castigo físico sería ínfimo en comparación con lo que él merecía. En lugar de eso, dejó caer la mano y lo escudriñó con un vacío tan absoluto que heló la sangre del británico.

    —Me hiciste creer que este amor era real, cuando para ti solo era un pasatiempo entre tus juicios y tu prestigioso bufete…

    Murmuró ella, con la voz ahogada en llanto, instantes antes de que el dolor mutara en una frialdad gélida. Enderezó la postura, aferrándose a la tela de su vestido blanco con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Su prístina voz resonó en el silencio sepulcral de la iglesia, destilando veneno y pura agonía.

    —Tu m’abandonnes sur cet autel comme une vulgaire fille de joie dont tu t'es lassé...
    (Me abandonas en este altar como a una vulgar ramera de la que te has cansado…)

    Arthur intentó dar un paso hacia ella, un reflejo inútil, pero Séraphine retrocedió al instante, mirándolo con absoluta repulsión.

    —Tu n'es pas un homme. Tu n'es qu'une coquille vide et égoïste... Tu es un misérable!
    (No eres un hombre. No eres más que un cascarón vacío y egoísta... ¡Eres un miserable!).

    El silencio cayó de nuevo, más pesado que el plomo. El espía, aquel hombre entrenado para resistir la tortura y mirar a la muerte a los ojos sin parpadear, no supo cómo soportar el aplastante peso de esa mirada llena de asco.

    Séraphine dio media vuelta lentamente. Ya no había ira en sus movimientos, solo la abrumadora pesadez de un duelo absoluto. Antes de dar el primer paso por el pasillo central, giró el rostro un milímetro, regalándole un último susurro; el tiro de gracia que destrozaría cualquier rastro de humanidad que aún habitara en él.

    —Au revoir... mon ange.
    (Adiós... mi ángel).

    El eco de los tacones sobre la piedra fría de la iglesia fue el único sonido que acompañó a Arthur Brubeck, mientras veía desaparecer a la única mujer que lo había amado por lo que fingía ser.

    NOTA: La identidad de Desmond en ese entonces era la de Arthur Brubeck, un abogado inglés que fue contratado temporalmente en un bufete francés.
    #Headcanon #DesmondSterling El dia que el agente murio [𝐀𝐮 𝐫𝐞𝐯𝐨𝐢𝐫 / 𝐅𝐫𝐚𝐠𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐮𝐧 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐫𝐨𝐭𝐨 𝐩𝐭.𝟐] 𝟐𝟎/𝟎𝟓/𝟐𝟎𝟐𝟑 𝐂𝐚𝐭𝐡𝐞𝐝𝐫𝐚𝐥𝐞 𝐒𝐚𝐢𝐧𝐭𝐞 𝐂𝐫𝐨𝐢𝐱, 𝐎𝐫𝐥𝐞𝐚𝐧𝐬, 𝐅𝐫𝐚𝐧𝐜𝐢𝐚. —¡Sólo repórtalo con Grey! ¡No tengo tiempo para estas cosas! Abandonó la escena del crimen sin mirar atrás, sin dar más detalles sobre el arresto y quebrando el frágil protocolo que lo venía asfixiando desde su juventud. Las calles barrocas de Orleans se convirtieron en un simple borrón bajo sus pisadas aceleradas, corría con la desesperación de quien intenta ganarle al tiempo, cruzando aquella ciudad nostálgica que, sin querer, se había adherido a su identidad; o al menos, eso era lo que su espíritu le suplicaba creer. La luz ambarina del ocaso comenzaba a caer, anunciando lo inevitable, era demasiado tarde; pues la promesa estaba rota; la única promesa que juró preservar, aun sin tener la certeza de poder hacerlo. Lo único que le dio la bienvenida al funesto evento fue el tañido implacable de las campanas marcando las seis de la tarde. El sonido lo devolvió de golpe a la realidad, a una verdad que no pudo sostener; en el día más importante de su vida, no solo se había fallado a sí mismo, sino que acababa de romperle el alma a la única mujer que juró no decepcionar tras aquel incidente en años anteriores en el este asiático. —¡SÉRAPHINE! No fue un grito; fue la voz rota de un hombre suplicándole al destino que se le concediera un rastro de piedad, pero, el destino le devolvió la mirada, y no de la manera que él anhelaba. La novia estaba de espaldas, frente al altar vacío. Sus brazos caían inertes a los costados y las flores del ramo yacían desparramadas sobre la piedra fría. No hubo una respuesta explosiva, ni llantos histéricos, ni escándalo. Ella simplemente giró con una lentitud sepulcral; tenía el maquillaje corrido, aquel que le había robado tantas horas de ilusión a la estilista, ahora descendía en surcos oscuros por su rostro. —Séraphine… Yo… Lo lamento tant… Las palabras del británico murieron en su garganta cuando la pelirroja alzó una mano, exigiendo silencio. Fue un gesto elegante y noble, pero con una carga ahora devastadora. El eco de los tacones de la novia resonó en la nave, sólo para ser devorado por su voz, fina, prístina y cargada de una decepción insondable. —Yo también lo lamento, Arthur. Lamento tanto haberme enamorado de ti. Lamento haberle entregado mi corazón a un hombre que prefirió su trabajo antes que a la mujer que se le entregó en cuerpo y alma… Arthur guardó silencio. Cuando intentó articular una excusa, fue interrumpido antes de emitir el más mínimo sonido. —«¿Quién se enamoraría de una simple bibliotecaria? Él es mucho para una mujer tan mediocre, era obvio que la dejaría plantada en el altar…». Eso es lo que decían. Lo que todos murmuraban a mis espaldas… La voz le tembló, pero sus ojos se clavaron en él como dagas. —Y tú… tú les diste toda la razón al no venir. Sabiendo que habíamos planeado esto durante meses… O quizá nunca me amaste, y solo fui una más en tu vida. Séraphine terminó de acortar la distancia hasta quedar frente a quien, hace unas horas, debía convertirse en su esposo. Levantó una mano temblorosa mientras las lágrimas caían sin contención, terminando de arruinar su casi inexistente maquillaje de novia; quiso abofetearlo. Quiso golpearlo con todas sus fuerzas, pero comprendió que cualquier castigo físico sería ínfimo en comparación con lo que él merecía. En lugar de eso, dejó caer la mano y lo escudriñó con un vacío tan absoluto que heló la sangre del británico. —Me hiciste creer que este amor era real, cuando para ti solo era un pasatiempo entre tus juicios y tu prestigioso bufete… Murmuró ella, con la voz ahogada en llanto, instantes antes de que el dolor mutara en una frialdad gélida. Enderezó la postura, aferrándose a la tela de su vestido blanco con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Su prístina voz resonó en el silencio sepulcral de la iglesia, destilando veneno y pura agonía. —Tu m’abandonnes sur cet autel comme une vulgaire fille de joie dont tu t'es lassé... (Me abandonas en este altar como a una vulgar ramera de la que te has cansado…) Arthur intentó dar un paso hacia ella, un reflejo inútil, pero Séraphine retrocedió al instante, mirándolo con absoluta repulsión. —Tu n'es pas un homme. Tu n'es qu'une coquille vide et égoïste... Tu es un misérable! (No eres un hombre. No eres más que un cascarón vacío y egoísta... ¡Eres un miserable!). El silencio cayó de nuevo, más pesado que el plomo. El espía, aquel hombre entrenado para resistir la tortura y mirar a la muerte a los ojos sin parpadear, no supo cómo soportar el aplastante peso de esa mirada llena de asco. Séraphine dio media vuelta lentamente. Ya no había ira en sus movimientos, solo la abrumadora pesadez de un duelo absoluto. Antes de dar el primer paso por el pasillo central, giró el rostro un milímetro, regalándole un último susurro; el tiro de gracia que destrozaría cualquier rastro de humanidad que aún habitara en él. —Au revoir... mon ange. (Adiós... mi ángel). El eco de los tacones sobre la piedra fría de la iglesia fue el único sonido que acompañó a Arthur Brubeck, mientras veía desaparecer a la única mujer que lo había amado por lo que fingía ser. NOTA: La identidad de Desmond en ese entonces era la de Arthur Brubeck, un abogado inglés que fue contratado temporalmente en un bufete francés.
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