• —My name is Ada Wong— manifesto la impostora, tomando un lugar que no le pertenecia, mas por venganza que por otra razón.
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  • Había perdido rastro de aquella ordenada oficial a la que se le ha criado desde un principio, volviéndose completamente distinta, ya no era como la de antes siendo manejada por el odio, el rencor y el resentimiento de haber perdido a una persona cercana suya.

    Ahora solo evita su deseo de venganza, hacer que aquella persona pague por sus crímenes.
    Había perdido rastro de aquella ordenada oficial a la que se le ha criado desde un principio, volviéndose completamente distinta, ya no era como la de antes siendo manejada por el odio, el rencor y el resentimiento de haber perdido a una persona cercana suya. Ahora solo evita su deseo de venganza, hacer que aquella persona pague por sus crímenes.
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    ***Edad del Caos***
    - Helior Prime y los Pecados de Padre e Hija.

    Con el paso de los años, la aldea nómada dejó de ser un refugio temporal para Yen y se convirtió en su verdadero hogar. Bajo cielos abiertos y lejos del juicio de otros, creció como una más entre los suyos. Cazaba junto a Onix, aprendía de los mayores y, por primera vez en su vida, no era vista como algo extraño ni como un error.

    Ese entorno de calma tuvo un efecto inesperado en ella, el poder de Yen dejó de hacerla crecer de forma descontrolada. Ya no era una llama salvaje que amenazaba con devorarlo todo, sino un fuego contenido, estable, que crecía al ritmo de su propia vida. Como cualquier otra niña aunque en su interior habitara algo mucho más antiguo.

    Aun así, había algo que nunca cambiaba. Una vez al mes su padre venía pero no lo hacía con su verdadero cuerpo, nunca se arriesgaría a exponerla. En su lugar, pequeños animales aparecían en los límites de la aldea: un cuervo de ojos oscuros, un lobo silencioso, incluso criaturas más pequeñas que pasaban desapercibidas. Nadie sospechaba nada.

    Pero Yen sí lo sabía., podía sentirlo, no era presencia, no era mana, era algo más profundo, un eco, una resonancia que nacía desde lo más hondo de su existencia.

    Del mismo modo en que Oz, en un tiempo olvidado, podía reconocer a aquellos seres nacidos del gran poder sin necesidad de palabras ni nombres, Yen podía reconocerlo a él porque estaban conectados.

    Oz nunca rompió su vínculo con el poder original y Yen comenzaba a formar el suyo, no era algo aprendido, era algo que simplemente ocurría.

    Por eso, cada mes, cuando ese eco aparecía, Yen sonreía sin importar dónde estuviera. Sabía que su padre la estaba observando, sabía que seguía con vida.

    Mientras tanto, el mundo seguía ardiendo, lo que comenzó como una venganza, se convirtió en algo más grande. Razas enteras comenzaron a seguir a Oz; hombres bestia, cansados de ser tratados como inferiores, tribus olvidadas, borradas de la historia por los Elunai.
    Incluso algunos demonios, que reconocían en él algo familiar.

    No lo seguían solo por poder, lo seguían por lo que representaba: Libertad, venganza, caos. Fue entonces cuando los cielos respondieron, uno de los dioses descendió, Helior Prime, no como símbolo de autoridad sino como ejecutor.

    El enfrentamiento sacudió la tierra misma., donde chocaron el mundo se quebró. Fuego contra caos, divinidad contra origen. Durante un breve momento, el destino del mundo quedó suspendido entre ambos y terminó… sin un vencedor.

    Helior Prime se retiró, Oz permaneció en pie pero la verdad fue otra. Oz había sido herido gravemente, aun así, no mostró debilidad, no frente a un dios. Helior, incapaz de asegurar su victoria, decidió retirarse… sin saber que, de haber continuado, aquel combate habría terminado de forma muy distinta.

    Desde ese día, los rumores comenzaron, los seguidores de Helior empezaron a referirse a Oz con un nuevo nombre: "Mao.” De esa forma, cada region, cada tribu lo llamaba de diferentes formas: Señor demonio, Rey del caos, Destructor de templos.

    Los nombres se extendieron, cruzó lenguas, culturas, razas, y con el tiempo el nombre de oz fue cambiado por Oz-Mao

    Hasta que el mundo comenzó a susurrarlo de otra forma, un nombre que ya no era solo un apodo sino una leyenda naciente, Ozma.

    Ese mes… no pudo ir a ver a su hija.

    Las heridas que recibió no eran normales. Aunque su cuerpo podía regenerarse, el daño fue tan profundo que se vio obligado a usar una cantidad excesiva de su poder para regenerarse. Aquello lo dejó en un estado de agotamiento total que no había experimentado en mucho tiempo.

    En la aldea, Yen sintio el silencio, la ausencia del eco. Por primera vez desde que entendía ese vínculo no estaba y aun así no dudó, no lloró.

    Simplemente esperó con la certeza de que su padre volvería, porque él siempre volvía. Quizás como un cuervo, como un lobo pero volvería.

    Mientras tanto, Oz comprendió algo durante su recuperación, algo que cambiaría el curso de todo. Su poder estaba evolucionando, no como resultado del combate sino como respuesta a su propia esencia.

    Oz no buscaba poder por ambición, no deseaba dominar por simple deseo, lo que lo movía era proteger a su hija, proteger lo poco que le quedaba y fue precisamente ese deseo el que deformó su habilidad.

    Cuando su fuerza no era suficiente para cumplir ese propósito su poder tomaba lo que necesitaba, absorbía y acumulaba.

    Hacía suyo aquello que le faltaba, los Elunai, al observar esto en enfrentamientos posteriores, le dieron un nombre: "Codicia".

    Pero estaban equivocados, no era codicia, era protección llevada al extremo. Era un instinto que, al no poder cumplir su función de forma natural comenzó a devorar todo lo necesario para hacerlo.

    Y eso lo volvía mucho más peligroso que cualquier interpretación superficial, por otra parte, Yen también comenzaba a ser observada.

    Los registros que sobrevivieron del laboratorio no se habían perdido, los Elunai sabían lo que era. Sabían lo que podía llegar a ser pero no entendían su esencia.

    Para ellos, su deseo de aprender, de comprender, de descubrir era visto como algo voraz, insaciable. La llamaron "Gula".

    Pero, al igual que con Oz estaban equivocados, Yen no deseaba consumir, deseaba entender, desde pequeña había buscado respuestas.

    ¿Por qué era diferente?

    ¿Quién era su padre realmente?

    ¿Cuál era su lugar en el mundo?

    Ese deseo de conocimiento era su verdadera naturaleza, no devoraba por hambre, buscaba porque necesitaba comprender.

    Así, sin saberlo, padre e hija caminaban por senderos distintos pero reflejando la misma verdad. Los llamados "Pecados" no eran más que interpretaciones erróneas, nombres dados por miedo, etiquetas creadas por quienes no podían comprender algo más grande que ellos.

    Porque lo que habitaba en Oz y lo que comenzaba a despertar en Yen no eran pecados, eran fragmentos de algo mucho más antiguo, más puro, más peligroso.

    El eco del origen mismo de todo.
    ***Edad del Caos*** - Helior Prime y los Pecados de Padre e Hija. Con el paso de los años, la aldea nómada dejó de ser un refugio temporal para Yen y se convirtió en su verdadero hogar. Bajo cielos abiertos y lejos del juicio de otros, creció como una más entre los suyos. Cazaba junto a Onix, aprendía de los mayores y, por primera vez en su vida, no era vista como algo extraño ni como un error. Ese entorno de calma tuvo un efecto inesperado en ella, el poder de Yen dejó de hacerla crecer de forma descontrolada. Ya no era una llama salvaje que amenazaba con devorarlo todo, sino un fuego contenido, estable, que crecía al ritmo de su propia vida. Como cualquier otra niña aunque en su interior habitara algo mucho más antiguo. Aun así, había algo que nunca cambiaba. Una vez al mes su padre venía pero no lo hacía con su verdadero cuerpo, nunca se arriesgaría a exponerla. En su lugar, pequeños animales aparecían en los límites de la aldea: un cuervo de ojos oscuros, un lobo silencioso, incluso criaturas más pequeñas que pasaban desapercibidas. Nadie sospechaba nada. Pero Yen sí lo sabía., podía sentirlo, no era presencia, no era mana, era algo más profundo, un eco, una resonancia que nacía desde lo más hondo de su existencia. Del mismo modo en que Oz, en un tiempo olvidado, podía reconocer a aquellos seres nacidos del gran poder sin necesidad de palabras ni nombres, Yen podía reconocerlo a él porque estaban conectados. Oz nunca rompió su vínculo con el poder original y Yen comenzaba a formar el suyo, no era algo aprendido, era algo que simplemente ocurría. Por eso, cada mes, cuando ese eco aparecía, Yen sonreía sin importar dónde estuviera. Sabía que su padre la estaba observando, sabía que seguía con vida. Mientras tanto, el mundo seguía ardiendo, lo que comenzó como una venganza, se convirtió en algo más grande. Razas enteras comenzaron a seguir a Oz; hombres bestia, cansados de ser tratados como inferiores, tribus olvidadas, borradas de la historia por los Elunai. Incluso algunos demonios, que reconocían en él algo familiar. No lo seguían solo por poder, lo seguían por lo que representaba: Libertad, venganza, caos. Fue entonces cuando los cielos respondieron, uno de los dioses descendió, Helior Prime, no como símbolo de autoridad sino como ejecutor. El enfrentamiento sacudió la tierra misma., donde chocaron el mundo se quebró. Fuego contra caos, divinidad contra origen. Durante un breve momento, el destino del mundo quedó suspendido entre ambos y terminó… sin un vencedor. Helior Prime se retiró, Oz permaneció en pie pero la verdad fue otra. Oz había sido herido gravemente, aun así, no mostró debilidad, no frente a un dios. Helior, incapaz de asegurar su victoria, decidió retirarse… sin saber que, de haber continuado, aquel combate habría terminado de forma muy distinta. Desde ese día, los rumores comenzaron, los seguidores de Helior empezaron a referirse a Oz con un nuevo nombre: "Mao.” De esa forma, cada region, cada tribu lo llamaba de diferentes formas: Señor demonio, Rey del caos, Destructor de templos. Los nombres se extendieron, cruzó lenguas, culturas, razas, y con el tiempo el nombre de oz fue cambiado por Oz-Mao Hasta que el mundo comenzó a susurrarlo de otra forma, un nombre que ya no era solo un apodo sino una leyenda naciente, Ozma. Ese mes… no pudo ir a ver a su hija. Las heridas que recibió no eran normales. Aunque su cuerpo podía regenerarse, el daño fue tan profundo que se vio obligado a usar una cantidad excesiva de su poder para regenerarse. Aquello lo dejó en un estado de agotamiento total que no había experimentado en mucho tiempo. En la aldea, Yen sintio el silencio, la ausencia del eco. Por primera vez desde que entendía ese vínculo no estaba y aun así no dudó, no lloró. Simplemente esperó con la certeza de que su padre volvería, porque él siempre volvía. Quizás como un cuervo, como un lobo pero volvería. Mientras tanto, Oz comprendió algo durante su recuperación, algo que cambiaría el curso de todo. Su poder estaba evolucionando, no como resultado del combate sino como respuesta a su propia esencia. Oz no buscaba poder por ambición, no deseaba dominar por simple deseo, lo que lo movía era proteger a su hija, proteger lo poco que le quedaba y fue precisamente ese deseo el que deformó su habilidad. Cuando su fuerza no era suficiente para cumplir ese propósito su poder tomaba lo que necesitaba, absorbía y acumulaba. Hacía suyo aquello que le faltaba, los Elunai, al observar esto en enfrentamientos posteriores, le dieron un nombre: "Codicia". Pero estaban equivocados, no era codicia, era protección llevada al extremo. Era un instinto que, al no poder cumplir su función de forma natural comenzó a devorar todo lo necesario para hacerlo. Y eso lo volvía mucho más peligroso que cualquier interpretación superficial, por otra parte, Yen también comenzaba a ser observada. Los registros que sobrevivieron del laboratorio no se habían perdido, los Elunai sabían lo que era. Sabían lo que podía llegar a ser pero no entendían su esencia. Para ellos, su deseo de aprender, de comprender, de descubrir era visto como algo voraz, insaciable. La llamaron "Gula". Pero, al igual que con Oz estaban equivocados, Yen no deseaba consumir, deseaba entender, desde pequeña había buscado respuestas. ¿Por qué era diferente? ¿Quién era su padre realmente? ¿Cuál era su lugar en el mundo? Ese deseo de conocimiento era su verdadera naturaleza, no devoraba por hambre, buscaba porque necesitaba comprender. Así, sin saberlo, padre e hija caminaban por senderos distintos pero reflejando la misma verdad. Los llamados "Pecados" no eran más que interpretaciones erróneas, nombres dados por miedo, etiquetas creadas por quienes no podían comprender algo más grande que ellos. Porque lo que habitaba en Oz y lo que comenzaba a despertar en Yen no eran pecados, eran fragmentos de algo mucho más antiguo, más puro, más peligroso. El eco del origen mismo de todo.
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    — Un capítulo más y terminamos la historia de venganza de Maral Romanov —

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    Basado en el relato publicado por Ozma

    ***Edad del Caos***
    El Encuentro con Arcyelle

    El Templo del Norte se alzaba imponente entre los árboles, antiguo y silencioso, como si observara el paso del tiempo sin pertenecer a él.

    Oz avanzaba sin detenerse, a su lado, Onix lo seguía en silencio, atenta a cada detalle. No comprendía del todo lo que ocurría, pero podía sentirlo con claridad: el ser que caminaba frente a ella ya no era simplemente un hombre, era algo más, algo que incluso el mundo parecía rechazar pero aun así, para esta niña, aquel ser era el único en el que ella podía confiar.

    Los guardianes Elunai descendieron los escalones del templo y bloquearon el camino. Sus armaduras reflejaban la luz plateada de Yue, pero sus expresiones estaban tensas, marcadas por una mezcla de desconfianza y temor.

    Oz no redujo el paso hasta estar frente a ellos, los guardianes percibían lo mismo: el rastro de poder que venía con él. Una energía que no pertenecía a ese lugar, era poder corrupto, algo que no debía existir. Para ellos, no había duda, Oz era el origen de ese caos y entonces lo llamaron "Señor del Caos", un título no fue rechazado ni negado. Por primera vez, Oz no solo permitió que lo definieran de esa forma… sino que lo llevó más allá.

    Si aquello era lo que veían en él, entonces no tenía sentido ocultarlo, n cuando el mundo ya había decidido lo que era. Su presencia se volvió más pesada, más opresiva, como si el aire mismo comenzara a ceder ante su voluntad.

    Los guardianes intentaron detenerlo pero no fue suficiente, un solo movimiento bastó para apartarlos. Sus cuerpos fueron lanzados contra las estructuras del templo, cayendo sin conciencia. No hubo combate, solo una diferencia absoluta de poder.

    Fue entonces cuando ella apareció, Arcyelle Veltharys, la luz lunar la envolvía, dándole una presencia casi irreal, como si perteneciera a otro plano, pero Oz no vio divinidad en ella, por lo que no le importo que el titulo de Santa que los guardianes usaban con ella para exigir respeto al intruso.

    Oz solo vio a alguien que había tenido el poder de actuar y no lo hizo. La distancia entre ambos desapareció en un instante.

    Oz se lanzó hacia ella sin contenerse. Arcyelle reaccionó de inmediato, levantó una barrera de luz pero no era una defensa cualquiera, era una creación específica. Ella conocía la verdad, había sido parte del grupo que investigó los cuerpos artificiales. Sabía que el cuerpo actual de Oz estaba basado en los Nómadas, una estructura imperfecta, vulnerable a ciertos tipos de energía.

    Aquella barrera había sido diseñada para romperlo pero algo había cambiado. Cuando Oz la atravesó, la barrera no lo destruyó, sino que lo reveló.

    El poder que recorría su cuerpo reaccionó al contacto, se expandió, se desbordó, tomó forma. Lo que antes estaba contenido dejó de estarlo, su cuerpo mutó y creció aun mas.

    Se volvió más denso, más violento en su estructura. La piel verde se oscureció, endurecida como si ya no fuera completamente orgánica. Sus músculos se tensaron con una fuerza que parecía romper los límites de su forma anterior.

    Sus colmillos se alargaron, sus rasgos se deformaron hacia algo más primitivo y más cercano a una bestia que a un hombre.

    No era una transformación elegante, sino que era una verdad expuesta. Onix retrocedió, incapaz de ocultar el miedo, Arcyelle, por su parte, comprendió de inmediato lo que estaba ocurriendo.

    No lo había herido, había liberado algo y eso era peor. Oz avanzó un paso más y con él, el peso de su existencia pareció aplastar el entorno.

    Pero más allá de la ira… había algo más, "Dolor". Arcyelle lo entendió y supo que no podía detenerlo. Así que eligió la única opción que le quedaba, la verdad. La revelación cayó como un balde agua fria. Su hija estaba viva.

    El cambio fue inmediato, el poder dejó de crecer, la presión desapareció, el caos… se detuvo.

    Oz no se movió pero todo en él cambió, por primera vez desde que había llegado, no era destrucción lo que lo sostenía. Era algo más frágil, era esperanza.

    Arcyelle continuó, ya no confiaba en los dioses. Había visto señales y escuchado rumores. Los experimentos con los niños Nómadas ya no eran simples teorías, ya que aquella niña que acompañaba a Oz era la prueba de sus mas grandes temores.

    Anteriormente, aunque sus sospechas no se habían confirmado, Arcyelle uso la escusa que la pequeña Yen’naferiel no soportaría el viaje hasta el templo principal de los Dioses, esto porque había sido herida durante su secuestro, por lo que la Santa de los Elunia ordeno que la llevaran a otro templo mientras se recuperaba, de esa forma había ganado algo de tiempo mientras investigaba el templo del Oeste.

    Le llegada de Oz cambio los planes de Arcyelle, si bien había confirmado sus sospechas, también había perdido la oportunidad de escapar con la niña, pero aun tenia la esperanza de recuperar a Yen’naferiel, ya que tampoco podía dejarla con su padre.

    Oz escuchó todo en silencio mientras Arcyelle le decía la ubicación de su hija. Antes de irse le dejo algo muy claro, si Yen’naferiel no estaba en aquel lugar con vida, no habría lugar en el mundo donde ocultarse.

    Oz salio del templo acompañado de Onix, habia dejado vivir un poco mas a Arcyelle, no por compasión ni por perdón, sino porque había algo más importante que la venganza en ese momento,

    Arcyelle permaneció inmóvil, consciente de que había sobrevivido a algo que no debía tener forma.

    Mientras tanto, el mundo comenzaba a susurrar un nuevo nombre, un nombre nacido del miedo: "Mao" , y con el tiempo… uno que ni siquiera los dioses podrían ignorar... Ozma.

    Basado en el relato publicado por [Oz_The_Chaos] ***Edad del Caos*** El Encuentro con Arcyelle El Templo del Norte se alzaba imponente entre los árboles, antiguo y silencioso, como si observara el paso del tiempo sin pertenecer a él. Oz avanzaba sin detenerse, a su lado, Onix lo seguía en silencio, atenta a cada detalle. No comprendía del todo lo que ocurría, pero podía sentirlo con claridad: el ser que caminaba frente a ella ya no era simplemente un hombre, era algo más, algo que incluso el mundo parecía rechazar pero aun así, para esta niña, aquel ser era el único en el que ella podía confiar. Los guardianes Elunai descendieron los escalones del templo y bloquearon el camino. Sus armaduras reflejaban la luz plateada de Yue, pero sus expresiones estaban tensas, marcadas por una mezcla de desconfianza y temor. Oz no redujo el paso hasta estar frente a ellos, los guardianes percibían lo mismo: el rastro de poder que venía con él. Una energía que no pertenecía a ese lugar, era poder corrupto, algo que no debía existir. Para ellos, no había duda, Oz era el origen de ese caos y entonces lo llamaron "Señor del Caos", un título no fue rechazado ni negado. Por primera vez, Oz no solo permitió que lo definieran de esa forma… sino que lo llevó más allá. Si aquello era lo que veían en él, entonces no tenía sentido ocultarlo, n cuando el mundo ya había decidido lo que era. Su presencia se volvió más pesada, más opresiva, como si el aire mismo comenzara a ceder ante su voluntad. Los guardianes intentaron detenerlo pero no fue suficiente, un solo movimiento bastó para apartarlos. Sus cuerpos fueron lanzados contra las estructuras del templo, cayendo sin conciencia. No hubo combate, solo una diferencia absoluta de poder. Fue entonces cuando ella apareció, Arcyelle Veltharys, la luz lunar la envolvía, dándole una presencia casi irreal, como si perteneciera a otro plano, pero Oz no vio divinidad en ella, por lo que no le importo que el titulo de Santa que los guardianes usaban con ella para exigir respeto al intruso. Oz solo vio a alguien que había tenido el poder de actuar y no lo hizo. La distancia entre ambos desapareció en un instante. Oz se lanzó hacia ella sin contenerse. Arcyelle reaccionó de inmediato, levantó una barrera de luz pero no era una defensa cualquiera, era una creación específica. Ella conocía la verdad, había sido parte del grupo que investigó los cuerpos artificiales. Sabía que el cuerpo actual de Oz estaba basado en los Nómadas, una estructura imperfecta, vulnerable a ciertos tipos de energía. Aquella barrera había sido diseñada para romperlo pero algo había cambiado. Cuando Oz la atravesó, la barrera no lo destruyó, sino que lo reveló. El poder que recorría su cuerpo reaccionó al contacto, se expandió, se desbordó, tomó forma. Lo que antes estaba contenido dejó de estarlo, su cuerpo mutó y creció aun mas. Se volvió más denso, más violento en su estructura. La piel verde se oscureció, endurecida como si ya no fuera completamente orgánica. Sus músculos se tensaron con una fuerza que parecía romper los límites de su forma anterior. Sus colmillos se alargaron, sus rasgos se deformaron hacia algo más primitivo y más cercano a una bestia que a un hombre. No era una transformación elegante, sino que era una verdad expuesta. Onix retrocedió, incapaz de ocultar el miedo, Arcyelle, por su parte, comprendió de inmediato lo que estaba ocurriendo. No lo había herido, había liberado algo y eso era peor. Oz avanzó un paso más y con él, el peso de su existencia pareció aplastar el entorno. Pero más allá de la ira… había algo más, "Dolor". Arcyelle lo entendió y supo que no podía detenerlo. Así que eligió la única opción que le quedaba, la verdad. La revelación cayó como un balde agua fria. Su hija estaba viva. El cambio fue inmediato, el poder dejó de crecer, la presión desapareció, el caos… se detuvo. Oz no se movió pero todo en él cambió, por primera vez desde que había llegado, no era destrucción lo que lo sostenía. Era algo más frágil, era esperanza. Arcyelle continuó, ya no confiaba en los dioses. Había visto señales y escuchado rumores. Los experimentos con los niños Nómadas ya no eran simples teorías, ya que aquella niña que acompañaba a Oz era la prueba de sus mas grandes temores. Anteriormente, aunque sus sospechas no se habían confirmado, Arcyelle uso la escusa que la pequeña Yen’naferiel no soportaría el viaje hasta el templo principal de los Dioses, esto porque había sido herida durante su secuestro, por lo que la Santa de los Elunia ordeno que la llevaran a otro templo mientras se recuperaba, de esa forma había ganado algo de tiempo mientras investigaba el templo del Oeste. Le llegada de Oz cambio los planes de Arcyelle, si bien había confirmado sus sospechas, también había perdido la oportunidad de escapar con la niña, pero aun tenia la esperanza de recuperar a Yen’naferiel, ya que tampoco podía dejarla con su padre. Oz escuchó todo en silencio mientras Arcyelle le decía la ubicación de su hija. Antes de irse le dejo algo muy claro, si Yen’naferiel no estaba en aquel lugar con vida, no habría lugar en el mundo donde ocultarse. Oz salio del templo acompañado de Onix, habia dejado vivir un poco mas a Arcyelle, no por compasión ni por perdón, sino porque había algo más importante que la venganza en ese momento, Arcyelle permaneció inmóvil, consciente de que había sobrevivido a algo que no debía tener forma. Mientras tanto, el mundo comenzaba a susurrar un nuevo nombre, un nombre nacido del miedo: "Mao" , y con el tiempo… uno que ni siquiera los dioses podrían ignorar... Ozma.
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  • "¿Cómo eliminar a un tio inmortal?", esa pregunta se repetía sin descanso en su cabeza. Una y otra vez. Porque de entre todas las criaturas habidas y por haber, ese al que se enfrentaba era el peor de todos... sin alma, sin corazón. Sin deseos más allá de la venganza....
    "¿Cómo eliminar a un tio inmortal?", esa pregunta se repetía sin descanso en su cabeza. Una y otra vez. Porque de entre todas las criaturas habidas y por haber, ese al que se enfrentaba era el peor de todos... sin alma, sin corazón. Sin deseos más allá de la venganza....
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    Me he percatado que el camino a la venganza será una historia muy larga.
    Pienso tomarme unos días de descanso antes de continuar escribiendola.
    Pido disculpas si es mucho texto y eso les aburre.

    User~
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  • —Vale, está decidido. Dejaré mis sueños de poder y venganza atrás —mentira— y estudiaré una carrera. Ahora solo me falta decidir que es lo que quiero hacer el resto de mi existencia. Algo que me deje dinero y no requiera madrugar, ¿sugerencias? (?)
    —Vale, está decidido. Dejaré mis sueños de poder y venganza atrás —mentira— y estudiaré una carrera. Ahora solo me falta decidir que es lo que quiero hacer el resto de mi existencia. Algo que me deje dinero y no requiera madrugar, ¿sugerencias? (?)
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  • "Todo permanece debajo de los restos. Todo se retuerce por debajo de los restos. Cada aberración, cada horror, cada gota de grasa negra que corre por sus corrosivas venas se arrastra debajo de los restos, carcomiendo poco a poco, residuo a residuo. Una amalgama de carne, metal, putrefacción y el óxido palpable es todo lo que nos rodea. Y yo, Crosis, emergeré nuevamente. Gobernando con puño de hierro a cualquier criatura indeseable que desee una oportunidad de venganza."

    *Proclamé con una voz distorsionada y casi 'robótica', el rostro con una notable desfiguración, mientras de los baldíos Grixianos emergen bestialidades inenarrables con trozos de acero, fauces llenas de un líquido negro y tóxico, lanzando alaridos frenéticos ante el inminente regreso del padre de las Aberraciones.*
    "Todo permanece debajo de los restos. Todo se retuerce por debajo de los restos. Cada aberración, cada horror, cada gota de grasa negra que corre por sus corrosivas venas se arrastra debajo de los restos, carcomiendo poco a poco, residuo a residuo. Una amalgama de carne, metal, putrefacción y el óxido palpable es todo lo que nos rodea. Y yo, Crosis, emergeré nuevamente. Gobernando con puño de hierro a cualquier criatura indeseable que desee una oportunidad de venganza." *Proclamé con una voz distorsionada y casi 'robótica', el rostro con una notable desfiguración, mientras de los baldíos Grixianos emergen bestialidades inenarrables con trozos de acero, fauces llenas de un líquido negro y tóxico, lanzando alaridos frenéticos ante el inminente regreso del padre de las Aberraciones.*
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  • —AYUDA¡ LOS PATOS ME RODEAN, ¡QUIEREN COMER MI ALMA!
    *dijo el conejo alienígena mientras una orda de patos asesinos lo rodeaban, emanando sed de sangre*
    —AAAAA¡ CORRE PERRA, CORRE¡-
    *Mort salió corriendo del lugar mientras el ejército de patos lo seguían, esto era la venganza de los patos*
    —AYUDA¡ LOS PATOS ME RODEAN, ¡QUIEREN COMER MI ALMA! *dijo el conejo alienígena mientras una orda de patos asesinos lo rodeaban, emanando sed de sangre* —AAAAA¡ CORRE PERRA, CORRE¡- *Mort salió corriendo del lugar mientras el ejército de patos lo seguían, esto era la venganza de los patos*
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